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viernes, 13 de diciembre de 2019

BATALLA DE SULCI


La batalla de Sulci se libró en el año 258 a. C. entre las armadas romana y cartaginesa en las costas cercanas a la ciudad de Sulci, Cerdeña. La batalla supuso una victoria menor para la República romana, obtenida por el cónsul Cayo Sulpicio Patérculo.
 
Esta victoria romana supuso el final de la dominación púnica de Cerdeña, a excepción de la fortaleza de Olbia, al norte de la isla. Ambos contendientes emplearon un centenar de barcos cada uno. Los romanos aprovecharon el avance de la bruma para sorprender a la flota púnica, que después de sufrir algunas pérdidas, consiguió refugiarse en el puerto. Los romanos avanzaron en la bruma, y esperaron al desembarco enemigo para atacar a las naves amarradas. Los cartagineses perdieron unas cuarenta naves en el encuentro.​
 
El almirante cartaginés vencido, Aníbal Giscón, fue crucificado por sus propios soldados. En el siguiente otoño, los romanos fueron expulsados de Olbia por el cartaginés Hannón, probablemente hijo de Aníbal Giscón.

jueves, 5 de abril de 2018

POMPONIO MELA



Pomponio Mela (m. 45)​ (en latín, Pomponius Mela) nació en Tingentera (Algeciras), en el siglo I, contemporáneo de la época del emperador Claudio. Falleció en torno al año 45 d. C.
 
Su obra más famosa, que le llevó a ser citado por Plinio el Viejo, fue un compendio geográfico que se compone de tres volúmenes de título "De Chorographia" y que escribió en la década de los años 40 del siglo I, también denominada "De Situ Orbis" (Sobre los lugares del mundo).
 
De Chorographia se compone de tres volúmenes en los que, de forma imprecisa, se describen los lugares del mundo conocido a comienzos de nuestra era: Hispania, la Galia, Germania, África, Asia, Britania y Arabia.
 
En el primer volumen, Pomponio Mela describe el mundo conocido en la época y sus regiones, además de unos hipotéticos habitantes en las regiones africanas del sur, lo que denomina "tierras templadas", desconocidas en aquella época en Imperio romano. Su visión del mundo es la de una Europa, África y Asia rodeadas por un gran océano desconocido, en donde no precisa distancias, careciéndose además de mapas que hubiera usado para su descripción. En dicho volumen, comenzó describiendo las tierras donde nació, la zona Bética y el Estrecho de Gibraltar.
 
El tercer libro se refiere a países como Hispania, Galia, Germania, llega hasta Asia y analiza parte del continente africano. Aunque esta es una de las primeras obras donde se realiza un análisis puramente geográfico, no contiene datos técnicos y alguna información que trasmite resulta equívoca. La obra contiene gran cantidad de topónimos y de detalles económicos, culturales y naturales de las tierras que describe.
 
Uno de los apartados más interesantes, son las descripciones que realiza de los pueblos. Su estilo literario recuerda a Salustio, por su complicada retórica, obra que fue fuente de documentación para muchos autores, desde Plinio, hasta Petrarca.
 
Durante el Renacimiento fue uno de los autores más admirados de la Antigüedad. El tomo más antiguo de la obra es una copia publicada en Milán en el año 1471, a partir de entonces comenzó a extenderse su conocimiento por Europa, publicándose en los siglos XVI y XVII muchas copias de gran calidad.
 
Así describe a Hispania:

Hispania misma está rodeada del mar por todas partes menos por donde está en contacto con la Galias y, aunque por donde está unida a ellas es muy estrecha, poco a poco se despliegan hacia el Mar Nuestro y hacia el Océano y más ancha se encamina hacia Occidente y allí se hace amplísima, siendo también abundante en hombres, en caballos, en hierro, en plomo, en cobre, en plata, en oro y hasta tal punto fértil que, si en algunos sitios es estéril y diferente de sí misma, con todo, en esos lugares produce lino o esparto
(Pomponio Mela, "De Chorographia" (II, 5, 86))
 
Pomponio Mela describió grandes regiones conocidas para Roma, a partir de fuentes de autores griegos y romanos. Básicamente realizó una recopilación de topónimos, acompañados de descripciones geográficas, económicas, culturales y naturales, como ya se dijo. Sin embargo, a partir de una traducción comentada de 1644, de José Antonio González de Salas, nos podemos encontrar con descripciones de islas, que corresponden con las islas Canarias y Cabo Verde, se relata el viaje épico del cartaginés Hannón, y se realizan extrañas descripciones de tierras que algún estudioso ha comparado con la costa oriental de América.


viernes, 2 de septiembre de 2016

AMÍLCAR BARCA


Amílcar Barca o Barcas (c. 275 a 228 a. C.) fue un general y estadista cartaginés, líder de la familia Bárcida, y padre de Aníbal, Asdrúbal y Magón. Fue también suegro de Asdrúbal el Bello. El nombre de Amílcar (púnico-fenicio 𐤇𐤌𐤋𐤒𐤓𐤕 ḥmlqrt, «hermano de Melkart») era un nombre común para los hombres de Cartago. El nombre 𐤁𐤓𐤒 (Brq o Baraq) significa "rayo" en el idioma púnico y por lo tanto equivalente al epíteto o sobrenombre Cerauno, común entre muchos comandantes griegos contemporáneos. La palabra permanece en árabe y hebreo con el mismo significado.
 
Amílcar mandó las fuerzas de tierra cartaginesas en Sicilia durante 247-241 a. C., durante las últimas etapas de la primera guerra púnica. Mantuvo su ejército intacto y encabezó una exitosa guerra de guerrillas contra los romanos en Sicilia. Después de la derrota de Cartago en 241 a. C. Amílcar se retiró a África después de un tratado de paz. Cuando la Guerra de los mercenarios estalló en 239 a. C., Amílcar fue llamado a mandar las fuerzas cartaginesas y fue fundamental en la conclusión del conflicto con éxito. Amílcar dirigió la expedición cartaginesa en Iberia en 237 a C , y después de ocho años amplió el territorio cartaginés en Iberia antes de morir en la batalla de Illici en 228 a C .
 
ORIGEN

Nacido en Cartago, posiblemente originario de una familia aristocrática cartaginesa de Cirene (actual Libia) emigrada a Cartago. La tradición habla de que la familia descendía directamente de Dido (Elisa), fundadora de la ciudad púnica según la mitología cartaginesa. En el 247 a.C, a la edad de 33 años, asume el mando de las tropas cartaginesas en Sicilia durante la primera guerra púnica contra Roma.
 
FUNDADOR DE LA DINASTÍA BÁRCIDA

Amílcar (o 𐤇𐤌𐤋𐤒𐤓𐤕, Hmlqrt, en púnico «hermano de Melqart», dios de los fenicios que los cartagineses denominarían Baal), es el fundador de la estirpe de los Bárcidas (de 𐤁𐤓𐤒, Barqa o Baraq, «rayo, fulgor»), una serie de generales y hombres de estado al servicio de Cartago. Héroe de la primera guerra púnica, de la Guerra de los Mercenarios y padre del célebre Aníbal -el Bárcida que alcanzaría el cénit de la dinastía durante la segunda guerra púnica-. También es conocido como gobernante de la Iberia cartaginesa y como posible fundador de varias ciudades españolas como Alicante (Akra Leuké) o Barcelona.
 
CARRERA MILITAR

PRIMERA GUERRA PÚNICA

En la Primera guerra púnica, Amílcar, tras haber desembarcado por sorpresa en el noroeste de Sicilia al mando de un heterogéneo y reducido contingente militar formado en su mayor parte por mercenarios de diversas nacionalidades, confirma no obstante el control cartaginés sobre la isla, tradicional feudo romano. Utiliza para ello tácticas y elementos mixtos e innovadores, al estilo de Pirro y Alejandro, dotando a sus hombres de una versatilidad y disciplina extraordinarias (con las dificultades ya comentadas, al tratarse de fuerzas muy diversas en tipología y origen) mediante las cuales consigue hacerse fuerte en el monte Heirktê o Ercte (actual Monte Pellegrino, cerca de Palermo) y desde donde hace frente a los continuos ataques romanos en constante inferioridad numérica, llegando incluso más allá de la defensa, armando un contraataque que le llevaría exitosa y prácticamente hasta la costa sur de Italia. Si bien Amílcar no llegó a recuperar ninguna de las ciudades perdidas ante Roma ni a ganar batallas relevantes, su actuación fue siempre digna y exitosa, causando numerosas bajas y provocando un elevado y continuo coste en recursos a los romanos. Tras la derrota cartaginesa en la primera guerra púnica, Amílcar acabó invicto, retirándose con sus 20.000 hombres ordenadamente sin rendir las armas (algo inaudito entre los enemigos derrotados por Roma) y con un bien ganado prestigio entre sus hombres y sus enemigos.
 
GUERRA DE LOS MERCENARIOS

La situación en Cartago tras la derrota era de profundo malestar, y las condiciones de la rendición ante Roma suponían una humillante sumisión al vencedor, aparte de un notable déficit económico tanto por las pérdidas sufridas como por los tributos a pagar al bando victorioso. La desazón se hace especialmente ardua entre las tropas mercenarias que deseaban cobrar su paga –algunos no la cobraban desde mucho antes de acabar el conflicto-, aunque también entre los campesinos libios, así como los comerciantes que veían ahora cortadas las rutas comerciales y con ellas sus ingresos. Esta crisis desemboca en lo que se llamó la Rebelión de los Mercenarios los cuales, unidos a esclavos fugitivos y a campesinos empobrecidos, y dirigidos por el líder libio Mathô, el mercenario galo Autarito y el esclavo campano Spendios, alzan un ejército de cerca de 90.000 hombres, creando un alzamiento popular contra Cartago, apoderándose y levantando la mayoría de las ciudades aliadas y llegando a poner cerco a la misma capital.
 Con la metrópoli en jaque por las derrotas de las exiguas tropas cartaginesas al mando de Hannón, en una situación mucho más peligrosa y cercana al saqueo y a la destrucción que durante toda la primera guerra púnica, Amílcar resulta ser elegido como caudillo para sofocar tan peligrosa revuelta, en base al respeto y el temor que su imagen causaba entre los mercenarios, aparte del prestigio militar y la demostrada capacidad en el manejo de tropas labrados contra Roma. Así pues, con la ciudad cercada, consigue sacar de noche a sus tropas (muy inferiores en número a las rebeldes) por sorpresa y, tras una larga, dura y magistral campaña de hostigamiento, tras tres sangrientos años y cuatro meses de arduas luchas acaba con la cruenta rebelión, crucificando a los rebeldes supervivientes.
 
EXPANSIÓN HACIA IBERIA

Tras tan notable y duro triunfo, Amílcar consigue una enorme popularidad, y a pesar de los recelos de sus adversarios en el Senado Cartaginés, consigue el puesto de comandante en jefe del ejército, convirtiéndose prácticamente en el auténtico dueño y señor de Cartago. Ante la pérdida de Sicilia, Cerdeña y Córcega ante Roma, Amílcar pone sus ojos en Iberia, inhóspita tierra de extraordinaria riqueza, como base para expansión y también para compensar las pérdidas económicas y navales, comenzando así la reconstrucción de la potencia cartaginesa. Recluta y entrena un nuevo ejército, y tras pacificar Numidia y sellar el control púnico sobre el norte de África, decide lanzarse sobre Iberia (236 a. C.). Durante ocho años, consolida los cimientos de lo que sería la nueva potencia cartaginesa a partir de la riqueza de los nuevos territorios conquistados en Iberia, estableciendo alianzas diplomáticas con los pueblos nativos y sacando provecho de los ricos yacimientos mineros ibéricos y demás materias primas. Enriquece las tropas cartaginesas con los fieros soldados íberos y baleares, y consigue sofocar, en compañía de su yerno Asdrúbal el Bello, las numerosas y continuas rebeliones de los nativos no sumisos ante la expansión cartaginesa.
 
MUERTE

En invierno de 229-228 a. C., en una escaramuza contra rebeldes oretanos, acontece su prematura muerte en las cercanías de Helike. La localización de Helike es conflictiva. Tradicionalmente, se ha venido especulando con Elche de la Sierra (Albacete) , Elche (Alicante), e incluso Belchite (Zaragoza). Otras interpretaciones modernas, se limitan a ubicarla en alguna ciudad oretana, sin concretar más, dadas las contradicciones en las fuentes históricas, que tantas polémicas han generado a lo largo de los años.
 
Amilcar sería sucedido en el mando por su yerno, Asdrúbal el Bello.

 

LEGADO

Amílcar es, sin lugar a dudas, un relevante personaje, clave en la historia de su nación y también en la de sus enemigos, espejo en el cual se miraron sus “cachorros de león” –como a él le gustaba llamar a sus hijos-, especialmente su hijo mayor, el más célebre de los púnicos y para muchos, el más grande general de todos los tiempos: Aníbal.

viernes, 2 de enero de 2015

CARTAGO (ANTIGUA)



INTRODUCCIÓN

Cartago (antigua), antigua ciudad, situada en la costa septentrional de África, cerca de la actual ciudad de Túnez. Su legendaria fundadora y primera reina sería la mitológica Dido, pero la historiografía ha determinado que los fenicios establecieron Cartago como puesto comercial probablemente hacia finales del siglo IX a.C. Los primeros objetos desenterrados por los arqueólogos en el emplazamiento datan del 800 a.C.


 La ciudad era conocida por sus habitantes púnicos (nombre por el que los romanos identificaban a los cartagineses) o fenicios como la Ciudad Nueva, probablemente para distinguirla de Útica, la Ciudad Vieja. Construida en una península que sobresale del golfo de Túnez, Cartago tuvo dos espléndidos puertos, conectados a través de un canal. Por encima de los puertos, sobre una colina, se encontraba la fortaleza amurallada de Byrsa.


EXTENSIÓN DEL IMPERIO

Hacia el siglo VI a.C., Cartago había sojuzgado a las tribus libias y anexionado las antiguas colonias fenicias, controlando de este modo toda la costa del norte de África, desde el océano Atlántico hasta la frontera occidental de Egipto, así como Cerdeña, Malta, las islas Baleares y parte de Sicilia. En el siglo V a.C., el navegante cartaginés Hannón emprendió un viaje a lo largo de la costa atlántica del norte de África. El poder marítimo permitió a los cartagineses extender sus asentamientos y conquistas, formando un imperio disperso dedicado al comercio. Entre sus empresas comerciales destacaban la minería de plata y plomo, la fabricación de camas y ropa de cama, una industria maderera en las montañas de la cordillera del Atlas, la fabricación de cerámica, joyería y cristalería sencilla y barata, y la exportación de animales salvajes de las junglas africanas, fruta, nueces, marfil y oro.


La mayoría de las obras de arte de este primer periodo eran imitaciones de obras egipcias, griegas y fenicias. De su literatura sólo conocemos unas pocas obras de carácter técnico. De este modo, poco se sabe de la vida cotidiana, el gobierno o el idioma de la primera Cartago. La religión implicaba sacrificios humanos a los dioses principales, Baal y Tanit, el equivalente de la diosa fenicia Astarté. Se adoptaron los cultos relacionados con la diosa griega Deméter y con Perséfone, así como con la diosa romana Juno, para adecuarse a las prácticas religiosas cartaginesas.


Cartago estuvo en guerra casi continuamente con Grecia y Roma durante 150 años. Las guerras con Grecia, que comenzaron en el 409 a.C., se produjeron por el control de Sicilia, situada aproximadamente a 160 km al norte de Cartago, que formaba un puente natural entre el norte de África y la península Itálica. Cartago, en un principio, fue derrotada en Sicilia en el 480 a.C., cuando las fuerzas cartaginesas bajo el mando del general Amílcar fueron vencidas por Gelón, tirano de Gela y Siracusa. Los intentos cartagineses adicionales para conquistar Sicilia fueron repelidos por los ejércitos bajo el mando de los tiranos de Siracusa Dionisio I el Viejo, Dionisio II el Joven, Agátocles y por el rey de Epiro, Pirro. Incluso tras su derrota final en el 276 a.C., los cartagineses continuaron manteniendo territorio en Sicilia; 12 años después, comenzó la primera de las Guerras Púnicas contra la República de Roma.


GUERRAS PÚNICAS

En la primera Guerra Púnica (264-241 a.C.) destacó el general cartaginés Amílcar Barca. Derrotado en Sicilia, Amílcar invadió la península Ibérica. Sus conquistas en el sur peninsular fueron completadas por su yerno Asdrúbal (que fundó Cartago Nova, la actual ciudad española de Cartagena) y por su hijo Aníbal. 

GENERAL ASDRUBAL

Cartago cedió sus posesiones en Sicilia a Roma un año después de la victoria romana en las islas Égates (242 a.C.).





Durante la segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), Aníbal marchó hacia el este a lo largo de la costa norte del Mediterráneo desde Hispania y cruzó los Alpes llegando a Italia. Sin embargo, Aníbal fue finalmente derrotado provocando la pérdida de Hispania y de distintas posesiones isleñas de Cartago. En la tercera Guerra Púnica (149-146 a.C.), los romanos, comandados por Publio Cornelio Escipión Emiliano, arrasaron en el 146 a.C. la ciudad de Cartago satisfaciendo de este modo el deseo del político romano Catón el Viejo.


Durante 25 años se prohibió ocupar el lugar. En el 122 a.C. se fundó una nueva ciudad, Colonia Junonia, pero sólo duró 30 años. En el 46 a.C., el cónsul y dictador romano Julio César visitó el emplazamiento y afirmó que allí debía construirse una ciudad. Sus deseos fueron cumplidos por Augusto, futuro emperador romano, quien fundó Colonia Iulia en el 29 a.C. Esta nueva ciudad consiguió volver a destacar, pasando a ser la segunda después de Roma en prosperidad e importancia administrativa. Cartago también se convirtió en centro de la cristiandad y tuvo su propio obispo desde finales del siglo II d.C. Distintas figuras importantes de la Iglesia primitiva se relacionan con Cartago, incluido san Cipriano, que fue su obispo en el 248; Tertuliano, escritor eclesiástico que nació, vivió y trabajó en la ciudad durante la segunda mitad del siglo II y los primeros años de la centuria siguiente; y san Agustín, quien fue obispo de la cercana Hipona durante los últimos años del siglo IV y comienzos del siglo siguiente.


Cartago se fortificó contra el ataque de los pueblos bárbaros en el 425. En el 439, el rey vándalo Genserico ocupó la ciudad y la estableció como su capital. En el 534, el general bizantino Belisario expulsó a los vándalos y la renombró Colonia Justiniana Cartago en honor del emperador bizantino Justiniano I. Continuó siendo parte del Imperio bizantino hasta el 697, cuando la expansión del islam llevada a cabo por los árabes llegó hasta sus proximidades antes de destruirla de nuevo en el 705. 


Desde finales del siglo XIX, Cartago ha sido escenario de una intensa actividad arqueológica, apareciendo objetos púnicos y edificios romanos, bizantinos y vándalos que incluyen algunos de los mosaicos más lujosos y mejor conservados de los siglos III y IV d.C. Actualmente Cartago es un suburbio residencial de la ciudad de Túnez.