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martes, 27 de diciembre de 2022

EL EMPERADOR JOVIANO

 



Flavius Claudius Iovianus, en español Joviano, (332 - 17 de febrero de 364) era un oficial cristiano del ejército de Juliano, originario de Singidunum (hoy Belgrado), que a la muerte del emperador por las heridas sufridas durante una campaña en territorio persa, fue nombrado emperador por el ejército, el 26 de junio del 363.




ASCENSO AL PODER

Joviano nació en Singidunum en 332, era hijo de uno de los comandantes de la guardia de Constantino II. Tras integrarse en dicho cuerpo, ascendió en 363 al puesto que había ocupado su padre. Acompañó ese mismo año como capitán al emperador Juliano en su desastrosa campaña persa contra Sapor II. Encontrándose el ejército romano en retirada fue atacado por el ejército persa numéricamente superior. Durante el enfrentamiento el emperador Juliano fue herido mortalmente. Al día siguiente después de su muerte y tras renunciar a la púrpura Salustio, prefecto de Oriente, la elección del ejército recayó sobre Joviano. Su elección causó sorpresa considerable, Amiano Marcelino sostiene que fue debido a una confusión, o bien lo identificaron incorrectamente con otro Joviano, el principal notario, que también había sido propuesto, o bien durante las aclamaciones los soldados confundían Joviano (Jovianus en latín) con Juliano (Julianus), y que se imaginaban que el último se había recuperado de sus heridas.


REINADO
Joviano continuó inmediatamente la retirada comenzada por Juliano, y, acosado continuamente por los persas, tuvo éxito en alcanzar las riberas del Tigris, en donde Joviano, en el territorio interior profundo persa, fue forzado a demandar un tratado de paz en términos humillantemente desfavorables. A cambio de seguridad en su retirada a territorio romano, aceptó renunciar a las cinco provincias romanas conquistadas por Galerio en 298, al este del Tigris, y que Diocleciano había anexionado y permitir que los persas ocuparan las fortalezas de Nísibis, Castra Maurorum y Singara. El emperador Joviano tuvo también que entregar sus intereses en el reino de Armenia a los persas y el rey cristiano de Armenia, Arshak II, fue forzado a permanecer neutral en los conflictos futuros entre los dos imperios y a ceder parte de su reino a Sapor II. El tratado fue considerado como una deshonra y un gran desprestigio para Joviano. Después de llegar a Antioquía decididió ir a toda prisa a Constantinopla para consolidar su posición. Joviano era cristiano, en contraste con su precursor Juliano, quien había procurado un renacimiento del paganismo, y abolió las diposiciones de Juliano en contra de la Iglesia Cristiana. El decreto de tolerancia que publicó fijó que, mientras el ejercicio de ritos mágicos sería castigado severamente, sus temas debían gozar de la libertad de la conciencia completa. 

EL EMPERADOR FLAVIO CLAUDIO JOVIANO

Aunque ordenó quemar la biblioteca de Antioquía en el año 364. El 11 de septiembre de ese año, en un edicto imperial, ordena la pena de muerte para todos los que rindan culto a sus dioses ancestrales o practiquen la adivinación («sileat omnibus perpetuo divinandi curiositas»). Tres decretos diferentes, (4 de febrero, 9 de septiembre, 23 de diciembre) ordenan la confiscación de todas las propiedades de los templos paganos y castigan con la muerte la participación en rituales paganos, incluso los privados. Joviano tuvo un gran respeto por Atanasio, a quien reinstaló en la sede archiepiscopal, favoreciéndolo para elaborar una declaración de la fe católica. Murió el 17 de febrero de 364 después de un reinado de solamente ocho meses. Durante su vuelta a Constantinopla, Joviano fue encontrado muerto en la cama en su tienda en Dadastana, a medio camino entre Ancira y Nicea. Un exceso de setas o los humos venenosos de un fuego que calentaban su tienda se han asignado como la causa de su muerte.


miércoles, 11 de enero de 2017

DEL EMPERADOR JOVIANO A TEODOSIO, PASANDO POR VALENTINIANO I, VALENTE, GRACIANO, VALENTINIANO II, MAGNO MÁXIMO, Y EL INTRIGANTE OBISPO AMBROSIO

 
EMPERADOR JOVIANO

Durante la retirada, y con miras a su propia salvación en aquella hora de peligro, el Ejército nombró un sucesor entre sus oficiales. Y fue un tal Joviano a quien la suerte concedió el cumplir, como emperador, un solo acto, pero estúpido y vil: una paz presurosa, que concedía a los persas Armenia y Mesopotamia, como en pago de una victoria que aquéllos no habían alcanzado. Hecho lo cual, y antes de haber vuelto a la capital, Joviano enfermó y murió.
 
EMPERADOR JULIANO EL APÓSTATA
 EN UNA CONFERENCIA
Nuevamente se detuvo el Ejército para designar otro emperador y esa vez el elegido fue Valentiniano, un buen general, hijo de un cordelero de Panonia, a quien Juliano, dicen había destituido antes porque no quiso renegar de su fe cristiana. Espantado por las responsabilidades que, con el trono, se le echaban encima, Valentiniano se asoció a partes iguales con su hermano Valente, a quien dejó Constantinopla con las provincias orientales, quedándose con las occidentales, de las que Milán era ya capital. Corría el año 364 después de Jesucristo.
 
EMPERADOR VALENTE
Ambos hermanos tuvieron que enfrentarse en seguida con dos grandes problemas. Valente se halló ante la insurrección de Procopio que, único pariente de Juliano, se puso a la cabeza de algunos destacamentos en Capadocia haciéndose proclamar emperador. Fue derrotado, capturado y decapitado Valentiniano tuvo que habérselas con los germanos que, a la noticia de la muerte de Juliano, a quien le tenían un miedo atroz porque les había derrotado estrepitosamente, reanudaron sus violaciones de fronteras en la Galia. El emperador les cercó en el Rin y les aniquiló. Luego, mandó a Britania a su mejor general, Teodosio, quien restableció el orden dispersando a sajones y escoceses. Pero aquel buen soldado estuvo mal recompensado por los servicios que había prestado. Pues, enviado en seguida después a África para restaurar la paz, cayó víctima de las intrigas de algunos funcionarios malversadores que, con sus calumnias, le hicieron procesar por traición, condenar y decapitar.
 
EMPERADOR VALENTINIANO
Valentiniano, engañado a su vez, cometió ciertamente ese error de buena fe. No era hombre de mente esclarecida, pero tenía buen sentido común y un carácter firme y recto. Por desgracia, estaba sujeto a ataques de cólera y fue cuando estuvo presa de estos iracundos estremecimientos cuando cometió los dos mayores errores de su vida: la firma del veredicto condenatorio de Teodosio y su propia muerte. En efecto, se dejó fulminar por un síncope el día que cogió una imponente rabieta con los cuados que se habían rebelado contra él.

EMPERADOR GRACIANO

Estamos en noviembre del 375 después de Jesucristo. Mas, esta vez, la sucesión al trono estaba ya arreglada, porque Valentiniano se había asociado ocho años antes como colega a su hijo Graciano, a quien, a los quince años, dio por mujer a Constancia, de trece, hija póstuma de Constancio, cuya viuda había casado después con Procopio y que también enviudó de éste, pero con un hijo más: Valentiniano II. Sí, es un poco difícil, me doy cuenta, y por esto trataré de explicarme mejor.

EMPERADOR USURPADOR PROCOPIO

Valentiniano tenía, además del hermano Valente a quien le quedaba la mitad oriental del Imperio, un hijo llamado Graciano. Éste había casado con Constancia, hija del emperador Constancio. Su madre, Justina, casó después, al enviudar, con el usurpador Procopio, el cual le dio un hijo llamado Valentiniano, que era, por lo tanto, hermanastro de Constancia. ¿Está claro? Ahora bien, Justina, que era una mujer muy ambiciosa, se afanó e intrigó tanto que incitó a su consuegro Valentiano a asumir como colega no sólo a Graciano, sino también a Valentiniano, que entonces tenía cuatro años. De modo que, a la muerte del emperador, mientras en Constantinopla permanecía Valente, en Milán subía al trono el joven Graciano, tutor de Valentiniano II, con el que después había de compartir el poder.

EMPERADOR VALENTINIANO II

Era un mal momento, porque a la sazón estaban irrumpiendo desde Rusia aludes de bárbaros más terribles que todos los demás; los hunos. Habían establecido ya contacto con los godos, que el rey Hermanrico había reunido en una federación en los confines orientales del Imperio. Aterrorizados, éstos pidieron ser anexionados a Valente, prometiendo a cambio hacer de centinelas. Tras muchas vacilaciones, Valente aceptó, pero para arrepentirse en seguida, cuando vio aquellos nuevos súbditos, que oscilaban entre doscientos y trescientos mil, entregarse al bandidaje y al saqueo como era su costumbre. Él estaba a punto de volver a tomar las armas contra Persia. Tuvo que dejar a un lado el proyecto para acudir a Adrianópolis, donde habían llegado los pendencieros godos. En vez de aguardar a su sobrino Graciano, que, según se había convenido, bajaba del Norte para triturar al enemigo en una tenaza, Valente atacó en seguida, solo, y dejó todo el ejército en la contienda. Él mismo, herido, fue quemado vivo en la cabaña donde sus asistentes le habían resguardado.

EMPERADOR TEODOSIO Y OBISPO AMBROSIO

Graciano, al quedar solo, no se atrevió a atacar. Aun cuando sólo tenía veinte años, había demostrado ya ser un buen general. Pero a la sazón dio también pruebas de gran sensatez. Se retiró cautamente, reagrupando sus fuerzas para proteger Iliria e Italia. Luego, dándose cuenta de que no podía compartir la responsabilidad del Imperio con un niño como era su concuñado Valentiniano II, pensó en asociarse con un colega para Oriente. Con mucha sagacidad, eligió al general Teodosio, el hijo homónimo de aquel que Valentiniano hizo matar en África, y le confió el Imperio de Oriente. Pero, entretanto, había salido a escena otro y decisivo personaje: Ambrosio, obispo de Milán, que ahora todos los italianos, especialmente los lombardos, veneran como santo.

SAN AMBROSIO, OBISPO DE MILÁN

No era sacerdote y no provenía de un seminario. Era un bonísimo funcionario laico, que hasta 374 había sido gobernador de Liguria y de Emilia. Como tal había tenido que dirimir las controversias entre católicos y arríanos, que arreciaban también en aquella diócesis. Lo hizo tan bien, que a la muerte del obispo Ausencio, arriano también, fue aclamado como sucesor. A la sazón ni siquiera estaba bautizado, y la elección presentaba todo el cariz de una irregularidad. Pero Valentiniano II, que le tenía en gran estima, la confirmó. Y Ambrosio, en pocos días, recibió los sacramentos, las órdenes y el capelo episcopal.

OBISPO SAN AMBROSIO DE MILÁN

Y Graciano que, muerto su padre, se le confió plenamente, halló en él su más valioso colaborador. Obispo y soberano condujeron juntos la lucha contra el paganismo y la herejía arriana. Esta última, muerto Valente que había sido su prisionero, no tuvo ya defensores. Teodosio que tal vez debía en buena parte su nombramiento a Ambrosio, fue, en materia religiosa, un celoso ejecutor de sus órdenes. El paganismo estaba definitivamente enterrado. Y en el caso del cristianismo, era el catolicismo el que triunfaba. Por desgracia, las cosas no marcharon tan bien en el plano estrictamente político. Acusando a Graciano de ser, como hoy se diría, un democristiano bajo de techo y gazmoño, el gobernador de Britania, Magno Máximo, se rebeló contra él. El complot tenía ramificaciones hasta en la corte del joven emperador, que en aquel momento se hallaba en París y que fue apuñalado cuando trataba de escapar. Hipócritamente, Máximo deploró el incidente en una carta a Teodosio en la que le proponía dividir el Imperio en tres partes dejando a Valentiniano, bajo la tutela de su madre y de Ambrosio, Italia, y de confiarle a él, Máximo, las provincias occidentales.

MAGNO MÁXIMO

Teodosio era un hombre de bien, de reflejos lentos. Sus enemigos le llamaban «cagadudas», y tal vez, efectivamente, exageraba un poco en meditar las decisiones a tomar. El fin de su amigo y colega Graciano, a quien tanto debía, le indignó. Pero en las condiciones en que se encontraba entonces el Imperio con los godos en ebullición y los hunos y los persas a las puertas, una guerra le pareció una elección que tenía que descartar. Mandó una respuesta dilatoria y tergiversadora. Máximo la interpretó en sentido positivo. Y, olvidando la acusación de gazmoñería lanzada contra Graciano, desplegó gran celo en la lucha contra los heréticos para ganarse el favor de Ambrosio. Pese a los compromisos adquiridos con Valentiniano, pensaba con ansia en Italia, donde logró que se aceptase acantonar algunas de sus unidades más fieles con el pretexto de reforzar las guarniciones fronterizas, y todo hubiese acabado con otro regidicio si Justina, asustada, no se hubiese escapado a casa de Teodosio, llevándose consigo al hijo emperador y la hija, Gala, que, entre paréntesis, era un encanto de hijita.


Tan bella, que Teodosio, al verla, se prendó de golpe, y el amor hizo lo que el cálculo político no había podido, para impulsarle a castigar al usurpador. El encuentro entre los dos ejércitos tuvo lugar en Panonia. Y Máximo, derrotado, fue decapitado. Teodosio casó con Gala, acompañó a suegra y cuñadito a Milán, les hizo un rato de compañía, y también con este gesto estableció una especie de tutela del Imperio de Oriente sobre el de Occidente.


Entretanto, Ambrosio había continuado su lucha contra la herejía. Los arríanos, derrotados por Teodosio en Constantinopla, habían sido protegidos en Italia por Justina, que educó a Valentiniano según sus teorías. Y pidió que ahora se le concediese por lo menos una iglesia. Ambrosio contestó que no. Valentiniano le conminó al exilio. Ambrosio no se movió. Era un santo, sí, pero tenía un gran carácter. Inmediatamente después se produjeron otros señalados episodios. Los cristianos de Calinico incendiaron la sinagoga. Teodosio, todavía en Milán, ordenó que fuese reconstruida a expensas de los culpables. Ambrosio fue a pedir la revocación de la orden. Y, como no fue recibido, tomó pluma y tintero: Yo te escribo para que tú me escuches en tu palacio. De lo contrario, me haré escuchar en mi iglesia...


¿Qué había sucedido en el Mundo, que permitía a un sacerdote erigirse en juez del jefe supremo del Estado, del cual hasta aquel momento no era más que un simple funcionario? Tal fue la cólera de Teodosio que, de haber sido Valentinano II, hubiese fallecido también de un síncope. En cambio, calló y se doblegó. Poco después hubo de intervenir contra los de Tesalónica, que habían asesinado a las guardias, tras de haber detenido a un auriga, ídolo de los «hinchas». Lo hizo con mano un poco pesada, es verdad, mas esa vez no se trataba de cuestiones religiosas. Sin embargo, también en tal ocasión se insubordinó Ambrosio, habló desde el púlpito, se negó a entrevistarse con el emperador y le prohibió el acceso a la iglesia hasta que no le hubo pedido solemne y humildemente perdón. Era el triunfo del poder espiritual sobre el temporal, y para celebrarlo se compuso un himno ex profeso; el Te Deum laudamus.


El paganismo tuvo aún otro sobresalto con Argobasto, un condotíiero franco que le había permanecido fiel y que, bajo Graciano, prestó relevantes servicios al Imperio. A la sazón era jefe de la guardia de Valentiniano, pero despreciaba a aquel muchacho que se ponía de rodillas ante Ambrosio y le besaba el anillo. Un día el joven emperador fue hallado muerto en su cama. Argobasto dijo que se había suicidado, pero no usurpó su puesto. Se daba cuenta de que el Imperio romano, aunque en decadencia, no había llegado todavía hasta el punto de tolerar en el trono a un bárbaro como él. Y nombró a Flavio Eugenio, jefe de las oficinas civiles, algo así como canciller de Su Majestad, reservándose para sí el mando del Ejército.

FLAVIO EUGENIO

Tampoco esta vez Teodosio reaccionó en seguida. Al contrario, dejó pasar dos años antes de decidir el castigo. En ese período, Argobasto impuso a Eugenio una política que quería ser de tolerancia y equidistante de las dos religiones. Pero tuvo que darse cuenta de que el paganismo no resucitaba ni con inyecciones de adrenalina.


En 394, el emperador y el usurpador se declararon la guerra. Flavio y Argobasto, que esperaban al enemigo en Italia, sembraron los pasos de los Alpes con estatuas de Júpiter, que, armado de rayos de oro, hizo así su última aparición entre los hombres. Antes de partir, Teodosio había ido al desierto de Tebaida a visitar a un anacoreta que le había vaticinado la victoria. En suma, cada uno de los dos ejércitos había movilizado al propio Dios, y, en efecto, el encuentro estuvo resuelto por una especie de milagro meteorológico; un viento huracanado que, soplando en los ojos de los flavianos, casi les cegó. Júpiter, Argobasto y Eugenio fueron víctimas de la misma catástrofe. Pero los que les derrotaron en nombre de Jesús, aunque fuese bajo el mando del emperador romano, Teodosio, fueron sobre todos los godos paganos a las órdenes de Aladeo.

INVASIÓN DE LOS GODOS

Teodosio, llegado triunfador a Milán, murió de hidropesía en esta ciudad. El emperador romano no tenía aún cincuenta años y no había estado nunca en Roma, entonces ya al margen de la gran política. Había sido, no un grande, sino un buen soberano, leal y honrado, si bien un poco timorato y temeroso.


Dejó dos hijos: Arcadio, de dieciocho años, y Honorio, de once.






martes, 16 de agosto de 2016

SAPOR II, REY DE PERSIA


Sapor II (a veces llamado Sapor II el Grande; en persa, شاپور دوم بزرگ) fue gobernante del Imperio sasánida a partir del 309 a 379. Durante su largo reinado, el Imperio sasánida vivió su primera era de oro desde el reinado de Sapor I (241-272).
 
Cuando el rey Ormuz II (302-309) murió, los magnates persas mataron a su hijo mayor (Adarnases) pocos meses después, cegaron al segundo, y encarcelaron al tercero (Ormuz, que se escapó luego al Imperio romano). El trono era reservado para el niño de una de las esposas de Hormizd II. 

MEDALLA DE ORO REPRESENTANDO A SAPOR II

Se dice que Sapor II pudo haber sido el único rey de la historia en ser coronado en el útero: la corona fue colocada sobre el vientre de su madre. Este niño, nombrado Sapor, era rey por lo tanto aún no nacido; el gobierno fue conducido por su madre y los magnates. Pero cuando Sapor II fue mayor de edad, resultó ser uno de los monarcas más grandes de la dinastía.
 
En 337, antes de la muerte de Constantino I (324-337), Sapor II rompió la paz firmada en 297 entre Narsés (293-302) y el emperador Diocleciano (284-305), que había sido observada durante cuarenta años. Los veintiséis años de conflicto (337-363) comprendieron dos guerras, la primera de 337 a 350, durante las cuales Sapor II conquistó varias de las más importantes fortalezas de la Mesopotamia romana: Singara, Nísibis, y Amida (Diarbekr).
 
El emperador romano Constancio II (353-361) fue derrotado en la batalla de Singara. A pesar de vencer en varias batallas Sapor II hizo pocos progresos; la potencia militar de su reino no era suficiente para mantener una ocupación duradera del territorio conquistado. Al mismo tiempo, los escitas y otras tribus centroasiáticas atacaron Persia desde el este pero, después de una lucha prolongada (353-358), fueron forzadas a firmar la paz y su rey, Grumbates, acompañó a Sapor II en la guerra contra los romanos.
 
En 358 Sapor II estaba listo para su segunda guerra contra Roma que se desarrolló con mucho más éxito. En 359, Sapor II conquistó Amida después de un sitio de setenta y tres días, y tomó Singara y otras fortalezas en el año próximo (360). En 363 el emperador Juliano II (361-363), al frente de un gran ejército, avanzó hacia la capital de Sapor II en Ctesifonte y derrotó un ejército superior de sasánidas en la batalla de Ctesifonte, pero fue muerto durante un enfrentamiento. 
Su sucesor Joviano (363-364) aceptó una paz ignominiosa, por la cual los distritos en el Tigris y el Nísibis (un total de cinco provincias romanas) fueron entregadas a los persas y los romanos prometieron no interferir más en Armenia. El gran éxito se representa en las esculturas en la roca cerca de la ciudad de Bisapor en Persis (Stolze, Persepolis, P. 141); en las cuales el caballo del rey pisa el cuerpo de un enemigo, probablemente Juliano, y un romano suplica al emperador Joviano que pida la paz.
 
Sapor II posteriormente invadió Armenia, donde capturó al rey Arsaces II, el fiel aliado de los romanos, preso por traición y lo forzó a suicidarse. Entonces procuró introducir la ortodoxia del zoroastrismo en Armenia. Sin embargo, los nobles armenios se opusieron a él con éxito, apoyados secretamente por los romanos, que enviaron al rey Pap, el hijo de Arsaces II, a Armenia. La guerra con Roma amenazó con explotar de nuevo, pero Valente sacrificó al rey Pap, arreglando su asesinato en Tarso, donde había buscado refugio (374). Sapor II había conducido gran cantidad de cautivos del territorio romano a sus dominios, la mayor parte de los cuales fueron asentados en Susiana. Aquí reconstruyó Susa después de haber matado a los habitantes rebeldes de la ciudad.
 
A su muerte en 379 el Imperio persa era más fuerte que nunca, considerablemente mayor que cuando ocupó el trono, los enemigos del Este habían sido pacificados, y Persia había ganado control sobre Armenia.
 
Durante el reinado de Sapor II, y como respuesta a la cristianización del Imperio romano bajo el reinado de Constantino I, se terminó la colección del Avesta, se castigaron la herejía y la apostasía, y se persiguió a los cristianos. Sapor II tuvo éxito en el este, donde fundó la gran ciudad Nishapur en Jorasán (Parthia del este). También fundó otras ciudades.