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viernes, 30 de diciembre de 2022

EL EMPERADOR GRACIANO







Flavio Graciano (359-383), emperador romano de Occidente (375-383). Era el hijo mayor del emperador de Occidente Valentiniano I y se convirtió en corregente junto con su padre en el 367 (cuando fue nombrado augusto). 



Después de la muerte de éste, en el 375, gobernó junto con su joven hermanastro Valentiniano II, con quien se repartió el Imperio de Occidente, entregándole Italia, África e Iliria. Firme partidario de la Iglesia cristiana, comenzó el proceso de disociación del Estado romano de la vieja religión pagana.

Rechazó el título de pontifex maximus (gran pontífice), tradicionalmente desempeñado por los emperadores, ordenó el traslado de la estatua de la diosa Victoria del edificio del Senado, y puso fin a la ayuda económica a los cultos paganos. Pasó la mayor parte de su reinado en la Galia, protegiendo las provincias occidentales contra las tribus germanas. 



En el 378, rechazó una invasión alamana de la Galia, cerca de la actual Colmar, y les obligó a regresar al otro lado del río Rin. En el 383, Magno Clemente Máximo, su comandante en Britania, se rebeló contra él y las legiones le proclamaron emperador. Abandonado por sus tropas, Graciano huyó a Lyon, donde le alcanzaron y asesinaron.






MONEDA QUE REPRESENTA AL EMPERADOR  GRACIANO Y LA DIOSA ROMA

jueves, 29 de diciembre de 2022

EL EMPERADOR VALENTINIANO I





Valentiniano I (321-375), emperador romano de Occidente (364-375). Nacido en Cibalae (Panonia), fue un militar destacado con los emperadores Juliano y Joviano y, tras la muerte de este último en el 364, el Ejército romano le eligió su sucesor. 



Ese mismo año Valentiniano I nombró augusto a su hermano Flavio Valente para compartir el mando como emperador romano de Oriente, y se reservó para sí Iliria, Italia, la Galia, Britania, Hispania y el norte de África. 




Bajo su administración, se restauró la autoridad romana en la Galia, África y Britania, y venció a los alamanes. 



En el 367 nombró augusto a su primogénito Flavio Graciano, asociándole así al Imperio en el territorio occidental.

EL EMPERADOR VALENTINIANO I

Fomentó la educación en todo el Imperio y proporcionó asistencia médica a los ciudadanos pobres de Roma; a pesar de ser cristiano ortodoxo, fue tolerante en los asuntos religiosos.










miércoles, 11 de enero de 2017

DEL EMPERADOR JOVIANO A TEODOSIO, PASANDO POR VALENTINIANO I, VALENTE, GRACIANO, VALENTINIANO II, MAGNO MÁXIMO, Y EL INTRIGANTE OBISPO AMBROSIO

 
EMPERADOR JOVIANO

Durante la retirada, y con miras a su propia salvación en aquella hora de peligro, el Ejército nombró un sucesor entre sus oficiales. Y fue un tal Joviano a quien la suerte concedió el cumplir, como emperador, un solo acto, pero estúpido y vil: una paz presurosa, que concedía a los persas Armenia y Mesopotamia, como en pago de una victoria que aquéllos no habían alcanzado. Hecho lo cual, y antes de haber vuelto a la capital, Joviano enfermó y murió.
 
EMPERADOR JULIANO EL APÓSTATA
 EN UNA CONFERENCIA
Nuevamente se detuvo el Ejército para designar otro emperador y esa vez el elegido fue Valentiniano, un buen general, hijo de un cordelero de Panonia, a quien Juliano, dicen había destituido antes porque no quiso renegar de su fe cristiana. Espantado por las responsabilidades que, con el trono, se le echaban encima, Valentiniano se asoció a partes iguales con su hermano Valente, a quien dejó Constantinopla con las provincias orientales, quedándose con las occidentales, de las que Milán era ya capital. Corría el año 364 después de Jesucristo.
 
EMPERADOR VALENTE
Ambos hermanos tuvieron que enfrentarse en seguida con dos grandes problemas. Valente se halló ante la insurrección de Procopio que, único pariente de Juliano, se puso a la cabeza de algunos destacamentos en Capadocia haciéndose proclamar emperador. Fue derrotado, capturado y decapitado Valentiniano tuvo que habérselas con los germanos que, a la noticia de la muerte de Juliano, a quien le tenían un miedo atroz porque les había derrotado estrepitosamente, reanudaron sus violaciones de fronteras en la Galia. El emperador les cercó en el Rin y les aniquiló. Luego, mandó a Britania a su mejor general, Teodosio, quien restableció el orden dispersando a sajones y escoceses. Pero aquel buen soldado estuvo mal recompensado por los servicios que había prestado. Pues, enviado en seguida después a África para restaurar la paz, cayó víctima de las intrigas de algunos funcionarios malversadores que, con sus calumnias, le hicieron procesar por traición, condenar y decapitar.
 
EMPERADOR VALENTINIANO
Valentiniano, engañado a su vez, cometió ciertamente ese error de buena fe. No era hombre de mente esclarecida, pero tenía buen sentido común y un carácter firme y recto. Por desgracia, estaba sujeto a ataques de cólera y fue cuando estuvo presa de estos iracundos estremecimientos cuando cometió los dos mayores errores de su vida: la firma del veredicto condenatorio de Teodosio y su propia muerte. En efecto, se dejó fulminar por un síncope el día que cogió una imponente rabieta con los cuados que se habían rebelado contra él.

EMPERADOR GRACIANO

Estamos en noviembre del 375 después de Jesucristo. Mas, esta vez, la sucesión al trono estaba ya arreglada, porque Valentiniano se había asociado ocho años antes como colega a su hijo Graciano, a quien, a los quince años, dio por mujer a Constancia, de trece, hija póstuma de Constancio, cuya viuda había casado después con Procopio y que también enviudó de éste, pero con un hijo más: Valentiniano II. Sí, es un poco difícil, me doy cuenta, y por esto trataré de explicarme mejor.

EMPERADOR USURPADOR PROCOPIO

Valentiniano tenía, además del hermano Valente a quien le quedaba la mitad oriental del Imperio, un hijo llamado Graciano. Éste había casado con Constancia, hija del emperador Constancio. Su madre, Justina, casó después, al enviudar, con el usurpador Procopio, el cual le dio un hijo llamado Valentiniano, que era, por lo tanto, hermanastro de Constancia. ¿Está claro? Ahora bien, Justina, que era una mujer muy ambiciosa, se afanó e intrigó tanto que incitó a su consuegro Valentiano a asumir como colega no sólo a Graciano, sino también a Valentiniano, que entonces tenía cuatro años. De modo que, a la muerte del emperador, mientras en Constantinopla permanecía Valente, en Milán subía al trono el joven Graciano, tutor de Valentiniano II, con el que después había de compartir el poder.

EMPERADOR VALENTINIANO II

Era un mal momento, porque a la sazón estaban irrumpiendo desde Rusia aludes de bárbaros más terribles que todos los demás; los hunos. Habían establecido ya contacto con los godos, que el rey Hermanrico había reunido en una federación en los confines orientales del Imperio. Aterrorizados, éstos pidieron ser anexionados a Valente, prometiendo a cambio hacer de centinelas. Tras muchas vacilaciones, Valente aceptó, pero para arrepentirse en seguida, cuando vio aquellos nuevos súbditos, que oscilaban entre doscientos y trescientos mil, entregarse al bandidaje y al saqueo como era su costumbre. Él estaba a punto de volver a tomar las armas contra Persia. Tuvo que dejar a un lado el proyecto para acudir a Adrianópolis, donde habían llegado los pendencieros godos. En vez de aguardar a su sobrino Graciano, que, según se había convenido, bajaba del Norte para triturar al enemigo en una tenaza, Valente atacó en seguida, solo, y dejó todo el ejército en la contienda. Él mismo, herido, fue quemado vivo en la cabaña donde sus asistentes le habían resguardado.

EMPERADOR TEODOSIO Y OBISPO AMBROSIO

Graciano, al quedar solo, no se atrevió a atacar. Aun cuando sólo tenía veinte años, había demostrado ya ser un buen general. Pero a la sazón dio también pruebas de gran sensatez. Se retiró cautamente, reagrupando sus fuerzas para proteger Iliria e Italia. Luego, dándose cuenta de que no podía compartir la responsabilidad del Imperio con un niño como era su concuñado Valentiniano II, pensó en asociarse con un colega para Oriente. Con mucha sagacidad, eligió al general Teodosio, el hijo homónimo de aquel que Valentiniano hizo matar en África, y le confió el Imperio de Oriente. Pero, entretanto, había salido a escena otro y decisivo personaje: Ambrosio, obispo de Milán, que ahora todos los italianos, especialmente los lombardos, veneran como santo.

SAN AMBROSIO, OBISPO DE MILÁN

No era sacerdote y no provenía de un seminario. Era un bonísimo funcionario laico, que hasta 374 había sido gobernador de Liguria y de Emilia. Como tal había tenido que dirimir las controversias entre católicos y arríanos, que arreciaban también en aquella diócesis. Lo hizo tan bien, que a la muerte del obispo Ausencio, arriano también, fue aclamado como sucesor. A la sazón ni siquiera estaba bautizado, y la elección presentaba todo el cariz de una irregularidad. Pero Valentiniano II, que le tenía en gran estima, la confirmó. Y Ambrosio, en pocos días, recibió los sacramentos, las órdenes y el capelo episcopal.

OBISPO SAN AMBROSIO DE MILÁN

Y Graciano que, muerto su padre, se le confió plenamente, halló en él su más valioso colaborador. Obispo y soberano condujeron juntos la lucha contra el paganismo y la herejía arriana. Esta última, muerto Valente que había sido su prisionero, no tuvo ya defensores. Teodosio que tal vez debía en buena parte su nombramiento a Ambrosio, fue, en materia religiosa, un celoso ejecutor de sus órdenes. El paganismo estaba definitivamente enterrado. Y en el caso del cristianismo, era el catolicismo el que triunfaba. Por desgracia, las cosas no marcharon tan bien en el plano estrictamente político. Acusando a Graciano de ser, como hoy se diría, un democristiano bajo de techo y gazmoño, el gobernador de Britania, Magno Máximo, se rebeló contra él. El complot tenía ramificaciones hasta en la corte del joven emperador, que en aquel momento se hallaba en París y que fue apuñalado cuando trataba de escapar. Hipócritamente, Máximo deploró el incidente en una carta a Teodosio en la que le proponía dividir el Imperio en tres partes dejando a Valentiniano, bajo la tutela de su madre y de Ambrosio, Italia, y de confiarle a él, Máximo, las provincias occidentales.

MAGNO MÁXIMO

Teodosio era un hombre de bien, de reflejos lentos. Sus enemigos le llamaban «cagadudas», y tal vez, efectivamente, exageraba un poco en meditar las decisiones a tomar. El fin de su amigo y colega Graciano, a quien tanto debía, le indignó. Pero en las condiciones en que se encontraba entonces el Imperio con los godos en ebullición y los hunos y los persas a las puertas, una guerra le pareció una elección que tenía que descartar. Mandó una respuesta dilatoria y tergiversadora. Máximo la interpretó en sentido positivo. Y, olvidando la acusación de gazmoñería lanzada contra Graciano, desplegó gran celo en la lucha contra los heréticos para ganarse el favor de Ambrosio. Pese a los compromisos adquiridos con Valentiniano, pensaba con ansia en Italia, donde logró que se aceptase acantonar algunas de sus unidades más fieles con el pretexto de reforzar las guarniciones fronterizas, y todo hubiese acabado con otro regidicio si Justina, asustada, no se hubiese escapado a casa de Teodosio, llevándose consigo al hijo emperador y la hija, Gala, que, entre paréntesis, era un encanto de hijita.


Tan bella, que Teodosio, al verla, se prendó de golpe, y el amor hizo lo que el cálculo político no había podido, para impulsarle a castigar al usurpador. El encuentro entre los dos ejércitos tuvo lugar en Panonia. Y Máximo, derrotado, fue decapitado. Teodosio casó con Gala, acompañó a suegra y cuñadito a Milán, les hizo un rato de compañía, y también con este gesto estableció una especie de tutela del Imperio de Oriente sobre el de Occidente.


Entretanto, Ambrosio había continuado su lucha contra la herejía. Los arríanos, derrotados por Teodosio en Constantinopla, habían sido protegidos en Italia por Justina, que educó a Valentiniano según sus teorías. Y pidió que ahora se le concediese por lo menos una iglesia. Ambrosio contestó que no. Valentiniano le conminó al exilio. Ambrosio no se movió. Era un santo, sí, pero tenía un gran carácter. Inmediatamente después se produjeron otros señalados episodios. Los cristianos de Calinico incendiaron la sinagoga. Teodosio, todavía en Milán, ordenó que fuese reconstruida a expensas de los culpables. Ambrosio fue a pedir la revocación de la orden. Y, como no fue recibido, tomó pluma y tintero: Yo te escribo para que tú me escuches en tu palacio. De lo contrario, me haré escuchar en mi iglesia...


¿Qué había sucedido en el Mundo, que permitía a un sacerdote erigirse en juez del jefe supremo del Estado, del cual hasta aquel momento no era más que un simple funcionario? Tal fue la cólera de Teodosio que, de haber sido Valentinano II, hubiese fallecido también de un síncope. En cambio, calló y se doblegó. Poco después hubo de intervenir contra los de Tesalónica, que habían asesinado a las guardias, tras de haber detenido a un auriga, ídolo de los «hinchas». Lo hizo con mano un poco pesada, es verdad, mas esa vez no se trataba de cuestiones religiosas. Sin embargo, también en tal ocasión se insubordinó Ambrosio, habló desde el púlpito, se negó a entrevistarse con el emperador y le prohibió el acceso a la iglesia hasta que no le hubo pedido solemne y humildemente perdón. Era el triunfo del poder espiritual sobre el temporal, y para celebrarlo se compuso un himno ex profeso; el Te Deum laudamus.


El paganismo tuvo aún otro sobresalto con Argobasto, un condotíiero franco que le había permanecido fiel y que, bajo Graciano, prestó relevantes servicios al Imperio. A la sazón era jefe de la guardia de Valentiniano, pero despreciaba a aquel muchacho que se ponía de rodillas ante Ambrosio y le besaba el anillo. Un día el joven emperador fue hallado muerto en su cama. Argobasto dijo que se había suicidado, pero no usurpó su puesto. Se daba cuenta de que el Imperio romano, aunque en decadencia, no había llegado todavía hasta el punto de tolerar en el trono a un bárbaro como él. Y nombró a Flavio Eugenio, jefe de las oficinas civiles, algo así como canciller de Su Majestad, reservándose para sí el mando del Ejército.

FLAVIO EUGENIO

Tampoco esta vez Teodosio reaccionó en seguida. Al contrario, dejó pasar dos años antes de decidir el castigo. En ese período, Argobasto impuso a Eugenio una política que quería ser de tolerancia y equidistante de las dos religiones. Pero tuvo que darse cuenta de que el paganismo no resucitaba ni con inyecciones de adrenalina.


En 394, el emperador y el usurpador se declararon la guerra. Flavio y Argobasto, que esperaban al enemigo en Italia, sembraron los pasos de los Alpes con estatuas de Júpiter, que, armado de rayos de oro, hizo así su última aparición entre los hombres. Antes de partir, Teodosio había ido al desierto de Tebaida a visitar a un anacoreta que le había vaticinado la victoria. En suma, cada uno de los dos ejércitos había movilizado al propio Dios, y, en efecto, el encuentro estuvo resuelto por una especie de milagro meteorológico; un viento huracanado que, soplando en los ojos de los flavianos, casi les cegó. Júpiter, Argobasto y Eugenio fueron víctimas de la misma catástrofe. Pero los que les derrotaron en nombre de Jesús, aunque fuese bajo el mando del emperador romano, Teodosio, fueron sobre todos los godos paganos a las órdenes de Aladeo.

INVASIÓN DE LOS GODOS

Teodosio, llegado triunfador a Milán, murió de hidropesía en esta ciudad. El emperador romano no tenía aún cincuenta años y no había estado nunca en Roma, entonces ya al margen de la gran política. Había sido, no un grande, sino un buen soberano, leal y honrado, si bien un poco timorato y temeroso.


Dejó dos hijos: Arcadio, de dieciocho años, y Honorio, de once.






jueves, 21 de mayo de 2015

DE ROMA AL IMPERIO BIZANTINO



( EN LA FOTO  DE ARRIBA, EL EMPERADOR JULIANO EL APOSTATA)


LA MUERTE DE CONSTANTINO


A la muerte de Constantino vuelve a plantearse un problema de sucesión. Sus tres hijos se reparten el Imperio.

La muerte de Constantino II el Joven deja a dos emperadores enfrentados: Constante en Occidente y Constancio en Oriente. Este último tenía más prerrogativas que el Augusto occidental y prolongó la política asfixiante y totalitaria de Constantino.




El problema de sucesión no se transformó en crisis ni fue causa de ninguna guerra civil: Después de Juliano el Apóstata (361-363 d. de J.C.), Valentiniano I (364-375 d. de J.C.) fundó una dinastía que en 395 d. de J.C. adoptó el principio de una división del Imperio (reparto de la sucesión de Teodosio: Honorio, emperador de Occidente, y Arcadio, emperador de Oriente).




Por esta época, Occidente está a punto de derrumbarse bajo las acometidas de los bárbaros y ya no existe un verdadero Estado romano. Parece que los emperadores de Constantinopla empujan intencionadamente a los bárbaros hacia Occidente.




Pero de hecho, el Oriente, amenazado también por los bárbaros, es presa de numerosas dificultades internas (lucha contra las herejías) y externas: El peligro persa, la llegada en el siglo IV de los árabes beduinos, que instalan "reinos árabes" en Hira (los Lakhmidas), cerca de Damasco (los Gasánidas), en Petra y en Nejd (los Kinditas), y las primeras invasiones eslavas en el Danubio.




Al final del siglo V, ya no existe el Imperio romano de Occidente. Subsiste un Imperio romano de Oriente, que conviene llamar desde ahora Imperio bizantino.




Se puede plantear el problema de la fecha exacta en que concluye, en Occidente, la Antigüedad clásica y empieza, en Oriente, el Imperio bizantino. Las opiniones de los historiadores están divididas. Se han propuesto las fechas siguientes:

- 330 d. de J.C. Fundación de Constantinopla.
- 378 d. de J.C. Batalla de Andrinópolis: victoria de los visigodos sobre el emperador Valente.
- 395 d. de J.C. División del Imperio en romano de Oriente y romano de Occidente.
- 408 d. de J.C. El griego, idioma oficial en Constantinopla.
- 410 d. de J.C. Conquista de Roma por Alarico.
- 476 d. de J.C. Deposición de Rómulo Augústulo por Odoacro.




viernes, 17 de octubre de 2014

EL EMPERADOR VALENTINIANO II





Valentiniano II (371-392), emperador romano de Occidente (375-392). Hijo y sucesor de Valentiniano I, compartió los ocho primeros años de su imperio con su hermanastro Flavio Graciano; su territorio comprendía el norte de África, Italia y parte de Iliria. Durante su minoría de edad su madre, Justina, dirigió el gobierno. En el 387, Magno Clemente Máximo, quien había planeado la muerte de Graciano en el 383, le expulsó de Italia. Buscó refugio con Teodosio I el Grande, emperador romano de Oriente, que le ayudó a recuperar el poder en el 388. Fue asesinado por el tutor que le había impuesto Teodosio, el galo Arbogasto (fallecido en el 394), quien instaló en el trono a Eugenio, un emperador títere.


domingo, 3 de agosto de 2014

JULIANO EL APÓSTATA, LOS VALENTINIANOS Y TEODOSIO



(EN LA FOTO DE ARRIBA , ESCULTURA DEL EMPERADOR VALENTINIANO)


LA HERENCIA DE CONSTANTINO

Los tres hijos de Constantino el Grande se repartieron el Imperio, no sin haber asesinado a cierto primo suyo que les parecía peligroso para el porvenir.

Constante, que había permanecido solo en Italia, fue derribado por un levantamiento militar; Constancio reconquistó el Occidente, pero, dueño ya de todo el Imperio, confió la defensa de la Galia a un primo suyo que había sido excluido en el año 337 a causa de su poca edad: Juliano.




Después regresó a Constantinopla, donde persiguió encarnizadamente a los obispos hostiles al arrianismo, como el obispo de Alejandría, Atanasio, que huyó al desierto con san Antonio. Todo Oriente parecía arriano.




En la Galia, Juliano había expulsado a los francos y a los alemanes. Muy popular a causa de su administración, adorado por sus soldados, fue proclamado emperador en el año 360. De cultura griega, seguía siendo pagano de corazón y rechazó el cristianismo.

Instalado en Lutecia (París), cuyo clima le agradaba, continuó la reforma de la administración imperial, disminuyó los impuestos, toleró todas las sectas religiosas, pero sobre todo intentó una verdadera reconstrucción de la Iglesia pagana con su jerarquía (de la cual era jefe), y algunos dogmas que mezclaban cultos solares, neoplatonismo y moral cristiana.




Debemos repartir nuestras riquezas con todos los hombres -decía-, pero sobre todo con los buenos, los débiles y los pobres.

Se aprestaba a perseguir abiertamente a la Iglesia cristiana cuando murió en el año 363, mereciendo así el sobrenombre de Apóstata, puesto que había sido bautizado.






Con él se extinguía la dinastía de Constantino. En el año 364, un oficial de la guardia, Valentiniano, de origen danubiano, fue proclamado emperador, fundando una dinastía que habría de durar hasta el año 392. Cedió Oriente a su hermano Valente, reservándose Occidente para él y para su hijo Graciano.




Los Valentinianos: El desastre de Adrianópolis


Instalado en Tréveris, Valentiniano se dedicó enérgicamente a la defensa de las fronteras en Britania, Galia y Africa.

Murió en el año 375, cerca del Danubio, siendo sucedido por Graciano. Pero éste, educado por Ausonio, poeta de Burdeos, se interesaba sobre todo por la literatura y el arte.




La Galia conoció un período de prosperidad y de brillantez. Por el contrario, Valente fue menos afortunado en Oriente.

Empujados por los hunos, procedente de Mongolia, los godos, divididos en numerosas tribus (ostrogodos, godos brillantes, godos nobles o visigodos), algunas de las cuales se habían convertido al cristianismo arriano, pidieron asilo y después forzaron la frontera del Danubio.




Valente trató de contenerlos, pero los jinetes acorazados derrotaron a sus legiones cerca de Adrianópolis, donde el emperador encontró la muerte (año 378). Los godos entraron en masa en el Imperio.

El débil Graciano recurrió a un general hispanorromano, Teodosio, confiándole el gobierno de Oriente.




Poco a poco, Teodosio sometió a los godos, les concedió el estatuto de aliados o federados y dejó a su custodia las provincias fronterizas. El peligro externo había desaparecido, pero Graciano fue víctima de una revuelta en la Galia.

Teodosio tuvo que intervenir para expulsar al usurpador Máximo (338). La muerte del último Valentiniano (392) le dejó dueño del Imperio.