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viernes, 2 de junio de 2023

CAYO SUETONIO PAULINO, EL GENERAL ROMANO QUE DERROTÓ A BOUDICA

Cayo Suetonio Paulino a​ fue un político y general romano que vivió en el siglo I, conocido por ser el comandante que derrotó a la rebelión encabezada por la reina Boudica.


Habiendo sido pretor, fue destinado a Mauritania en el año 42 en calidad de legatus legionis con orden de suprimir una revuelta. Fue el primer romano que cruzó la cordillera del Atlas. Plinio el Viejo describe su histórica marcha en su obra Naturalis Historia.


En el año 59 fue nombrado gobernador de Britania, en sustitución de Quinto Veranio. Paulino continúo la agresiva política de Veranio subyugando a las tribus asentadas en el territorio que hoy en día es Gales, y durante sus dos primeros años en el cargo tuvo éxito. Su reputación como general rivalizaba con la de Cneo Domicio Corbulón. Bajo sus órdenes sirvieron dos futuros gobernadores de la provincia: Quinto Petilio Cerial como legado de la Legio IX Hispana, y Cneo Julio Agrícola como tribuno militar de la Legio II Augusta.


En el año 61 Suetonio asedió la isla de Mona (Anglesey), que constituía el refugio central de los druidas fugitivos de la isla y ejercía como su capital. Las tribus del sudeste aprovecharon la ausencia del general y se rebelaron liderados por la reina Boudica de los icenos.
Era en el año 60 o 61 d.C., cuando la reina celta Boudica lideró una rebelión contra los romanos en Britania. La rebelión fue motivada por la opresión y el abuso de poder de los romanos hacia las tribus locales. Boudica logró reunir un gran ejército y derrotó a varias legiones romanas en su camino hacia Londinium (actual Londres). Sin embargo, su victoria no duró mucho tiempo porque Cayo Suetonio Paulino reunió a sus tropas y se enfrentó a Boudica en la Batalla de Watling Street. A pesar de que el ejército de Boudica era mucho más grande, los romanos lograron vencer gracias a su disciplina y estrategia militar .

La destrucción de la colonia romana ubicada en Camulodunum (Colchester) obligó a la legión dirigida por Petilio Cerial a regresar. Tras arrasar la isla de Man, Suetonio marchó a través de la carretera construida sobre el territorio de Watling Street hacia Londinium (Londres), el próximo objetivo de los rebeldes. Sin embargo, los romanos juzgaron que carecían de suficientes tropas para defender la ciudad y ordenaron su evacuación. A su llegada los rebeldes la destruyeron e hicieron lo mismo con Verulamium (St Albans).



Como he mencionado, Suetonio reagrupó a las tropas de la XIV Gemina, a algunos destacamentos de la XX Valeria Victrix y a un gran número de tropas auxiliares. La II Augusta, acampada en Exeter, estaba disponible, pero su prefecto, Poenio Postumo, decidió hacer caso omiso a la llamada. Sin embargo Suetonio fue capaz de reunir una considerable fuerza compuesta por unos diez mil hombres, fuertemente en minoría con respecto a las tropas de Boudica, quien disponía de 100.000 hombres según escribe Tácito en Anales y 230.000 según escribe Dión Casio en Historia Romana. Los dos ejércitos se enfrentaron en un lugar desconocido en las inmediaciones de un desfiladero boscoso, probablemente en la región de Midlands del Oeste, en lo que se llamó después la Batalla de Watling Street. Durante la batalla, la táctica y la disciplina de las legiones romanas triunfaron sobre las hordas britanas. La huida de los britanos se vio dificultada por la presencia de sus propias familias y sus carros, que habían acampado en un anillo en torno al campo de batalla, y por tanto se convirtió en una auténtica masacre. Tácito estima las bajas de los britanos en unos 80.000 hombres en comparación con los 400 romanos. La propia Boudica se envenenó y Póstumo se suicidó al darse cuenta que había negado a sus hombres su parte de la victoria.

 

La victoria de Cayo Suetonio Paulino sobre Boudica ayudó a consolidar el control romano sobre Britania. Los romanos reforzaron su presencia militar en la isla y establecieron una serie de fortificaciones para protegerse de futuras rebeliones. También adoptaron una política más conciliadora hacia las tribus locales para evitar futuros conflictos.


Tras la gran victoria, Suetonio reagrupó a su ejército, reforzado por legionarios y algunos auxiliares de diferente nacionalidad e inició una serie de expediciones de castigo por el territorio de las tribus que habían apoyado la rebelión de Boudica. El nuevo procurator de la provincia, Cayo Julio Alpino Clasiciano informó al emperador Nerón que las actividades de Paulino estaban destinadas a continuar las hostilidades y se creó un proceso contra el gobernador dirigido por el liberto Policlito. Los investigadores, utilizando como excusa la pérdida de unos barcos, depusieron a Paulino y lo reemplazaron por el más conciliador Publio Petronio Turpiliano.

 

A largo plazo, la rebelión de Boudica tuvo un impacto significativo en la relación entre los romanos y las tribus locales. Aunque los romanos lograron sofocar la rebelión, la brutalidad con la que trataron a los rebeldes dejó una huella duradera en la memoria colectiva de las tribus locales. No obstante, la rebelión también demostró que los romanos no eran invencibles y que las tribus locales podían resistir su dominio.


Suetonio fue designado consul ordinarius en el año 66.​ En el año 69, durante el año de guerras civiles que siguieron a la muerte de Nerón, conocido como el año de los cuatro emperadores, Suetonio se unió a Otón y fue nombrado comandante y consejero militar. Él y Publio Mario Celso derrotaron a uno de los generales de Vitelio, Aulo Cecina Alieno en las inmediaciones de Cremona. Sin embargo Suetonio no permitió a sus tropas perseguir a los enemigos derrotados para matarlos y por ello fue acusado de traición. Cuando el ejército de Cecina se unió a las tropas de Fabio Valente, Suetonio aconsejó a Otón evitar la batalla, pero no se le escuchó y como resultado se produjo la decisiva derrota del emperador en Bedriacum. Suetonio fue capturado por Vitelio tras la derrota pero obtuvo el perdón del nuevo emperador al clamar que había conducido deliberadamente a la derrota a Otón, aunque esto sea probablemente incierto.

A modo de semblanza, cabe decir que Cayo Suetonio Paulino fue un hombre ambicioso y dedicado que se convirtió en general romano motivado por su amor por la patria y su deseo de servir al Imperio. Como muchos romanos de su tiempo, probablemente buscaba gloria y honor en el campo de batalla, así como el ascenso social y político que acompañaba a los éxitos militares. Su dedicación a Roma y su ambición personal lo impulsaron a perseguir una carrera en el ejército y a destacarse como líder militar. Desde joven Suetonio mostró una gran habilidad para la estrategia militar y la política, lo que lo llevó a ser nombrado pretor y luego legatus legionis en Mauritania.

Suetonio era conocido por ser un líder carismático, por su disciplina y  por sus habilidades tácticas, lo que le permitió ganarse el respeto y la lealtad de sus tropas. Mantenía una estrecha relación con sus legionarios, compartiendo sus dificultades y liderándolos en el campo de batalla. Este enfoque de liderazgo basado en la confianza y el respeto mutuo contribuyó a su éxito en la dirección de sus soldados. También se dice que era un hombre de gran inteligencia y cultura, que valoraba la educación, el estudio constante,  y la investigación.

En sus relaciones con otros líderes políticos y militares, Suetonio era conocido por ser un hombre astuto y diplomático, que sabía cómo manejar las complejas relaciones entre las diferentes facciones del Imperio, teniendo una especial rivalidad con Cneo Domicio Corbulón, y sorteando tanto al emperador Otón como al emperador Vitelio, sin salir demasiado afectado entre las disputas por el trono imperial. También se dice que era un hombre leal y comprometido con sus aliados, y que trabajó duro para mantener buenas relaciones con los líderes locales y los gobernadores de las provincias.

Tenía los valores y principios comprometidos con los ideales romanos de disciplina, lealtad y servicio a Roma,  que guiaron su vida y su carrera, Suetonio era un hombre profundamente patriótico que creía en la grandeza del Imperio Romano y en la importancia de mantener la ley y el orden en todas las provincias. También se dice que era un hombre de gran integridad y honestidad, que se negaba a aceptar sobornos o participar en actividades ilegales.





martes, 25 de abril de 2023

CAYO PLINIO SEGUNDO ( PLINIO EL VIEJO )


 

Cayo Plinio Segundo (Comum, c. 23-Estabia, 25 de agosto de 79) fue un escritor y militar romano del siglo I, conocido por el nombre de Plinio el Viejo para diferenciarlo de su sobrino e hijo adoptivo Plinio el Joven. Perteneció al orden ecuestre y ejerció cargos administrativos y financieros en la Galia y en Hispania. Hizo estudios e investigaciones en fenómenos naturales, etnográficos y geográficos recopilados en su obra Historia natural, siendo modelo enciclopédico de muchos conocimientos hasta mediados del siglo XVII cuando sus estudios fueron sustituidos por investigaciones basadas en el método científico y el empirismo moderno. Su obra fue usada por muchos exploradores occidentales de los siglos XVI y XVII.

 

Murió durante la erupción del Vesubio por la inhalación de gases tóxicos.

 

Plinio Segundo fue miembro de la clase social de los caballeros romanos (eques), ya que su padre, Cayo Plinio Celer, pertenecía al orden ecuestre, y su madre era hija de un senador. Su padre lo envió a Roma y fue educado por el poeta y general Publio Pomponio Segundo. Dos siglos después de la muerte de los Gracos, tuvo acceso a algunos de sus manuscritos autógrafos conservados en la biblioteca de su preceptor, de quien redactó más tarde una biografía. Plinio nombra en su Naturalis Historia a los gramáticos y retóricos Remio Palemón y Aurelio Fusco, de los que fue alumno. En Roma, Plinio estudió botánica en el jardín de Antonio Castor y conoció los antiguos árboles-lotos plantados en los terrenos que habían pertenecido en su día a Craso. Bajo la influencia de Séneca, llegó a ser un estudiante de la filosofía y la retórica y ejerció la profesión de abogado.

 

Tras estudiar en Roma, a los veintitrés años inició su carrera militar en Germania a las órdenes de Corbulón, con una duración de doce años. En el año 47 tomó parte en la construcción de un canal entre el Rin y el Mosa, la fossa Corbulonis. Llegó a ser comandante de caballería, praefectus alae, antes de regresar a Roma, en el año 57, donde se dedicó al estudio de la literatura. A partir del año 69 desempeñó varios cargos oficiales al servicio del emperador Vespasiano. Fue autor de algunos tratados de caballería, redactó un ensayo sobre las técnicas de combate a caballo (De iaculatione equestri), una historia de Roma y varias crónicas históricas, hoy perdidos. Fue procurador romano en Galia e Hispania alrededor del año 73.

 

En Galia y en Hispania, aprendió el significado de algunas palabras célticas. Observó los lugares relacionados con la invasión romana en Germania; las causas de las victorias de Druso y soñó que el vencedor le conminaba a transmitir sus hazañas a la posteridad, según cuenta su sobrino Plinio el Joven, en su obra Cartas, en la intitulada Cayo Plinio a Bebio Macro. Añade que el sueño le incitó a su tío a relatar la historia de todas las guerras entre romanos y germanos en De las guerras de Germania, en veinte libros; obra también mencionada por Tácito y por Suetonio.

 

Durante el mandato de Nerón vivió principalmente en Roma, donde asistió a la construcción de la Domus Aurea del emperador después del gran incendio del año 64. Dedicó tiempo a temas como la gramática y la retórica. Studiosus, es un trabajo detallado sobre la retórica que fue seguido por los ocho libros de De dubii sermonis en 67.

 

Bajo el principado de su amigo Vespasiano, se reincorporó al servicio del estado como procurador en la Galia Narbonense en 70 y en la Hispania Tarraconense en 73. Visitó también la Galia Bélgica en 74. Durante su estancia en Hispania, se familiarizó con la agricultura y las minas del país. Luego visitó la provincia de África. A su regreso a Italia, aceptó un cargo de Vespasiano, quien le consultaba antes de dedicarse a sus ocupaciones oficiales. Al final de su mandato, se dedicó esencialmente a sus estudios. Escribió una Historia de nuestra época que continuaba la obra de Aufidio Baso, pero que no quiso que se publicara hasta después de su muerte para que no le acusaran de adulador. Esta obra es citada por Tácito y tuvo influencia sobre Suetonio y Plutarco.

 

Casi llegó a terminar su gran obra Historia natural, una enciclopedia en la que Plinio reúne una gran parte del saber de su época desde el punto de vista del Imperio romano. Este trabajo había sido planificado bajo la dirección de Nerón. Las informaciones que recoge llegan a ocupar alrededor de ciento sesenta volúmenes. Larcio Licinio, el legado pretor de la Hispania Tarraconense, intentó en vano comprarlos por el equivalente a más de cuatrocientos mil sestercios. Dedicó esta obra al emperador Tito en el año 77.

 

Poco después Vespasiano le nombró prefecto de la flota romana en Misenum. El 24 de agosto de 79, cuando se produce la erupción del Vesubio que sepultó las ciudades de Pompeya y Herculano, se encontraba en Miseno. Queriendo observar el fenómeno más de cerca y deseando socorrer a algunos de sus amigos que se encontraban en dificultades sobre las playas de la bahía de Nápoles, se dice que atravesó con sus galeras la bahía llegando hasta Estabia (actual Castellammare di Stabia), donde murió, posiblemente asfixiado por los gases volcánicos del flujo piroclástico, a la edad de cincuenta y seis años.

 

La erupción fue descrita por su sobrino Plinio el Joven, de ahí que en vulcanología se haya denominado «erupción pliniana» a la erupción violenta de un volcán liberando gases en una columna eruptiva que puede alcanzar decenas de kilómetros. El relato de sus últimas horas es contado en una carta que su sobrino y heredero, Plinio el Joven, dirige, 27 años después de los hechos, a Tácito. También envió, a otro corresponsal, un informe sobre los escritos y el modo de vida de su tío:

 

Comenzaba a trabajar al salir el día.... No leía nada sin hacer un resumen porque decía que no había libro, por malo que fuese, que no contuviera algún valor. Estando en casa, sólo excluía la hora del baño para estudiar. Cuando viajaba, y había sido descargado de otras obligaciones, se consagraba únicamente al estudio. En una palabra, consideraba como perdido el tiempo que no podía dedicar al estudio.

( Plinio el Joven)

La única obra suya que se ha conservado es su Naturalis Historia, que fue utilizada como referente durante siglos.

 

Su filosofía

 

Una de las phalerae de caballo de Xanten custodiadas en el Museo Británico, midiendo 10,5 cm (centímetros). Tiene una inscripción formada por punciones: PLINIO PRAEF EQ; i.e., Plinio praefecto equitum, "Plinio prefecto de caballería". Se cree que fue usada por miembros de la unidad de Plinio. La figura es el busto del emperador.

Como muchos de los hombres cultos de principios del Imperio romano, Plinio es adepto del estoicismo. Está ligado a su representante, Publio Clodio Thrasea Peto, y tiene también la influencia de Séneca.

 

Fue también influenciado por el epicureísmo, el academicismo y la renaciente escuela pitagórica. Pero su visión de la naturaleza y de los dioses es esencialmente estoica. Según él, es la debilidad de la humanidad la que encierra la deidad bajo formas humanas mancilladas de faltas y de vicios. La divinidad es real; es el alma del mundo eterno, dispensando sus beneficios tanto sobre la tierra como sobre el sol y las estrellas . La existencia de la divina Providencia es incierta, pero la creencia en su existencia y en el castigo de los pecados es saludable; y la recompensa de la virtud consiste en la elevación a la divinidad de los que se asemejarían a un dios haciendo el bien por la humanidad. "Es malo indagar sobre el futuro y violentar la naturaleza recurriendo a las artes mágicas; pero la importancia de los prodigios y los presagios no debe ser rechazada".

 

La visión que Plinio tiene de la vida es sombría: ve a la raza humana hundida en la ruina y la miseria. Se entrega a declamaciones contra el lujo y la corrupción moral, y su retórica florece prácticamente contra los inventos útiles (como el arte de la navegación) a la espera del buen sentido y del buen gusto. Combina la admiración de las virtudes que han integrado la República y su grandeza . No elude los hechos históricos desfavorables a Roma, e incluso cuando alaba a los miembros eminentes de las familias romanas distinguidas, es libre de la parcialidad de Tito Livio por la aristocracia. Las clases agrícolas y los viejos señores del orden ecuestre (Cincinato, Manio Curio Dentato, Serrano y Catón el Viejo) son para él los pilares del Estado; y se lamenta amargamente del declive de la agricultura en Italia. Incluso para la Historia de los comienzos de Roma, prefiere seguir a los autores anteriores a Augusto; sin embargo, ve al poder imperial como indispensable para el gobierno del imperio y saluda el salutaris exortus de Vespasiano. En literatura atribuye el lugar más alto a Homero y Cicerón y coloca en segundo lugar a Virgilio.

 

Sus indices auctorum suelen ser las autoridades que el mismo ha consultado, a veces estos nombres representan los autores principales sobre el tema, que no son conocidos sino en forma subsidiaria. Su estilo es contrario a la influencia de Séneca. Apunta menos a la claridad que al epigrama. Está lleno de antítesis, preguntas, exclamaciones, tropos, metáforas y otros manierismos de la época Julio-Claudia. La forma rítmica y artística de la frase es cambiada por el énfasis que espera hablar del sujeto al final del periodo. La estructura de la frase es también a menudo errática e inconexa. Se nota también una utilización excesiva del ablativo absoluto, y frases en ablativo son con frecuencia puestas en aplicativo para expresar la opinión del autor sobre un enunciado que precede inmediatamente.

 

Hacia la mitad del siglo III, Solino realizó un resumen de las partes geográficas de la obra de Plinio y al inicio del siglo IV, los Medicina Plinii reunieron sus pasajes sobre medicina. A comienzos del siglo VIII, Beda el Venerable poseía un manuscrito de toda la obra. En el siglo IX, Alcuino envió a Carlomagno un ejemplar de los primeros libros ; y Dicuil reunió extractos de las páginas de Plinio para su Mensura orbis terrae .

 

Los trabajos de Plinio eran muy valiosos en la Edad Media. El número de manuscritos que quedan es alrededor de 200, destacándose el de la Biblioteca Estatal de Bamberg, que solo contiene los libros XXXII a XXXVII. Robert de Cricklade, superior de Saint Frideswide en Oxford, dirigió al rey Enrique II un Defloratio que contenía nueve volúmenes de selecciones tomadas de uno de los manuscritos de esta clase. Entre los manuscritos más antiguos, el Codex vesontinus, que se encontraba en otro tiempo en Besançon (siglo XI), fue separado en tres partes, apareciendo una en Roma, otra en París, y la última en Leiden (donde existe también una transcripción del manuscrito total). Plinio se interesó especialmente en la fabricación de papiros y en las diferentes clases de tintas de púrpura. La descripción del canto del ruiseñor es un ejemplo del carácter de su prosa.

 

Se pueden ver estatuas de los dos Plinios en postura sedente, revestidos del hábito de los eruditos de los años 1500, en la entrada principal de la catedral de Como. Las anécdotas de Plinio el Viejo sobre los artistas griegos inspiraron a Lazaro Vasari los temas de los frescos que aún decoran las paredes de su antigua casa en Arezzo.

 

Lamentablemente, de su abundante obra solo se ha conservado la Historia Natural en 37 libros, fruto de la información recogida de más de 2000 libros. En ella recopila los principales conocimientos científicos de la antigüedad que abarcan la botánica, la zoología, la mineralogía, la medicina, la geografía, la cosmología, la metalurgia y la etnografía, entremezclando hechos verídicos con leyendas y rumores.

 

La Historia Natural está presentada en un formato enciclopédico, aunque no obstante, no es similar al formato moderno de enciclopedia. El libro contiene artículos dedicados a la historia natural del camaleón, los usos médicos de la col, y los efectos de la sangre de cabra en el diamante, entre otros. Plinio usa la clasificación de la naturaleza de Aristóteles (animal, vegetal, mineral) para recrear un mundo natural en una forma literaria. En vez de representar de forma separada los temas en orden alfabético, Plinio ordena la naturaleza como un grupo coherente, en forma de guía.

 

El libro X está dedicado a las aves y se inicia con el estudio sobre el avestruz. Plinio lo considera como el punto de paso de las aves a los mamíferos. Aborda el estudio de numerosas especies, particularmente sobre las águilas y otras rapaces. Toma prestados numerosos pasajes de Aristóteles, aunque su obra es inferior y los relatos más fabulosos cohabitan con los de hechos más realistas.

 

Su obra fue la base de muchos exploradores occidentales como Odorico de Pordenone, Marco Polo, Antonio Pigafetta, Cristóbal Colón y Fernando de Magallanes, así como del conquistador español Hernán Cortés, quienes hacían coincidir las descripciones geográficas y etnológicas de Plinio con sus propios descubrimientos, incluyendo seres y regiones fantásticas de la mitología grecolatina.

 

Su obra fue la base de muchas otras enciclopedias durante el Renacimiento, principalmente por la recuperación de los conocimientos de las culturas romana y griega en este periodo. En Alemania la obra de Hartmann Schedel con su obra titulada "Las Crónicas de Núremberg" en 1493 fue un documento que se basó en la Naturalis Historia y base de los conocimientos científicos en la región hasta finales del siglo XVIII.

 

Sin embargo Nicolas Léonicène en 1509 con su obra De Erroribus Plinii ("Sobre los errores de Plinio") critica por primera vez a Plinio por no tener un verdadero método científico a diferencia de Teofrasto o Dioscórides, y por no tener suficiente conocimiento en la filosofía y la medicina. Sir Thomas Browne expresó su escepticismo en 1646 acerca de la confiabilidad de la obra de Plinio con su obra Pseudodoxia Epidemica.

 

Georges-Louis Leclerc de Buffon fue apodado El Plinio de Montbard, en honor a este naturalista romano.





















 

domingo, 19 de mayo de 2019

TIRIDATES I DE ARMENIA



Tiridates o Tirídates I  fue rey de Armenia desde 53 hasta su muerte, así como el instaurador de la dinastía arsácida en el territorio, cuya administración perduraría hasta el derrocamiento de su último representante, Artaxias IV (428).​

 

El emperador Nerón le coronó en 66 —a pesar de que su reinado se iniciara en el año antes señalado y experimentara dos interrupciones, una en 54 y otra en 58-63— en un intento de consolidar un territorio muy inestable debido a las consecuencias derivadas de la lucha entre romanos y partos.​ La coronación de Tiridates sentó un importante precedente por el que los reyes de Armenia serían príncipes partos cuyo nombramiento dependiera de la aprobación del Imperio romano. Cabe destacar además de este acontecimiento que, si bien convirtió a Armenia en una especie de «Estado satélite» de Roma, ciertos autores creen que implicó una cesión de facto del territorio al Imperio parto. ​
 

Tiridates destacó también por ser un sacerdote zoroastriano; incluso en su coronación acudió a Roma acompañado de otros maginota.​ A comienzos del siglo XX Cumont especuló con la posibilidad de que Tiridates tuviese un papel relevante en el desarrollo del mitraísmo,​ al que considera en esencia un zoroastrismo romanizado; no obstante, esta teoría ha sido rechazada en numerosas ocasiones.​ Tiridates desempeña uno de los roles principales en la opera Radamisto de Händel, así como en Octavia, de Keiser.


 

Nacido de la relación entre Vonones II y una concubina helena, apenas conocemos nada de su niñez ni de su adolescencia, únicamente que la pasó en Media, territorio que administró su padre durante el reinado del hermano de éste Gotarces II. El nombre Tiridates quiere decir «dado por Tir» —Tir era el dios armenio-parto de la literatura, la ciencia y el arte derivado del avéstico Tishtrya y muy asociado a la divinidad helena Apolo.​ En 51 el procurator romano de Capadocia, Julio Peligno, invadió Armenia y arrasó el país, entonces dominado por el usurpador iberio Radamisto, que había asesinado a su tío Mitrídates.​

 

Sin esperar instrucciones desde el imperio, el procurador romano reconoció a Radamisto como nuevo monarca de Armenia. El administrador de la provincia de Siria Ummidio Quadrato envió a Helvidio Prisco al mando de un importante contingente con la misión de poner orden en el territorio,​ pero la expedición tuvo que detenerse cuando desde Roma llegaron órdenes de no llevar a cabo ninguna acción que el Imperio parto pudiera interpretar como una provocación.​

 

En el año 52, el rey Vologases I de Partia aprovechó la inestabilidad de la zona para invadir Armenia, conquistando rápidamente Artaxata y proclamando a su hermano menor Tiridates como nuevo rey.​ Esta acción constituía una violación del acuerdo que había alcanzado Octavio con Fraates IV en el que se explicitaba que eran los romanos los que tenían el derecho de nombrar y coronar a los monarcas armenios. Vologases declaró que no podía permitir que el trono de Armenia, otrora propiedad de sus ancestros, acabara usurpado por un asesino. ​ Una epidemia invernal y una insurrección liderada por su heredero Vardanes hicieron que Vologases tuviera que retirar sus tropas de Armenia, momento del que se valió Radamisto para volver e iniciar una severa política de represión que causó la rebelión del pueblo armenio y la proclamación como nuevo rey del príncipe parto Tiridates (55).

 

Radamisto escapó con su esposa Zenobia que, a causa de su embarazo, pidió a su marido que acabara con su vida para no ser capturada. Radamisto la apuñaló con una daga meda y arrojó su cuerpo al Aras, pero la herida no resultó mortal y Zenobia sería encontrada por unos pastores que la enviaron con Tiridates, quien la recibió amablemente y la trató como un miembro más de la estirpe real.​ Radamisto pudo retornar a Iberia, donde su padre Farasmanes le condenó a muerte por haber conspirado contra el poder real.

 

La creciente influencia del Imperio parto en Oriente causó una enorme inquietud al emperador Nerón,​ que envió allí a Corbulón al mando de un gran ejército y con órdenes de restaurar el dominio romano en la zona.​ Como el comandante romano permanecería en campaña una importante temporada un asmoneo llamado Aristóbulo recibió la administración de Armenia Menor —constituida esencialmente por Nicópolis y Satala— mientras que Armenia Sophene le correspondió a Sohaemo de Emesa. En la primavera de 58 Corbulón penetró en Armenia desde Capadocia y marchó sobre Artaxata mientras Farasmanes de Iberia atacaba desde el norte y Antíoco IV de Comagene realizaba una incursión por el sudoeste. Apoyado por su hermano, Tiridates envió columnas volantes para asaltar en varios puntos las columnas romanas, pero Corbulón contestó empleando las mismas tácticas, y utilizó a las tribus nativas Moschoi para que saquearan las regiones fronterizas de Armenia.​ Tirídates pudo huir de la capital antes de que la capturaran los romanos, que la quemaron hasta los cimientos. Ese mismo verano Corbulón avanzó sobre Tigranocerta a través de un duro terreno que pasaba por Taronitida, donde numerosos oficiales murieron en una emboscada orquestada por la resistencia armenia. Sin embargo, cuando alcanzaron la ciudad ésta capituló y abrió sus puertas a excepción de una de las ciudadelas urbanas, destruida al asalto por los invasores.​ En este punto la mayor parte del pueblo armenio había abandonado la resistencia y aceptado al príncipe nombrado por Roma.

 

Nerón nombró nuevo rey de Armenia al último de los descendientes reales de la monarquía capadocia, nieto de Glafira —la heredera de Arquelao de Capadocia— y Alejandro de Judea —el hermano de Herodes Arquelao y heredero de Herodes el Grande, que asumió el trono con el nombre de Tigranes VI.​ Su heredero Alejandro contraería matrimonio con Iotapa —hija de Antíoco VI— y obtendría el reino de Cilicia. Las victorias en Oriente complacieron al pueblo romano, que aclamó públicamente a su emperador​ y propició que éste recompensara a Corbulón con la administración de la provincia de Siria. Tigranes recibió una guardia de mil legionarios, tres cohortes auxiliares y dos divisiones de caballería para que impidiera la invasión de su territorio, cuyos límites territoriales pasaron al dominio de los aliados romanos que había apoyado a Corbulón, entre los que destacan Polemón II, Parasmanes, Aristóbulo y Antíoco.​

 

Por el contrario, el emperador parto estaba ahora enormemente contrariado por el hecho de que de nuevo un monarca extranjero ocupara el trono armenio, pero no pudo apoyar de inmediato la causa de su hermano al hallarse combatiendo a los hircanios, que se habían rebelado.Tigranes aprovechó el impasse para invadir el reino de Adiabene y deponer a Monobaces (61), un vasallo de los partos.

 

Vologases consideró este movimiento como un acto de agresión de los romanos e inició una campaña para restaurar a Tiridates en el trono armenio ordenando al spahbod Moneses —al que concedió el mando de un contingente de catafractos y auxiliares adiabenianos— expulsar a Tigranes de Armenia. El mismo Vologases participó en persona en la campaña tras acabar con los hircanios rebeldes. Cuando fue informado del inminente ataque, Corbulón envió inmediatamente dos legiones lideradas por Verulano Severo y Vetio Bolano a apoyar a Tigranes, aunque con instrucciones secretas de actuar de forma cautelosa en lugar de agresiva. Envió una carta a Nerón en la que le solicitaba el envío de otro comandante, pues ahora eran dos provincias —Armenia y Siria— las que se encontraban en peligro. El resto de las legiones serían estacionadas a orillas del Éufrates y las tropas irregulares en el resto de provincias cercanas. Como la región tenía una importante escasez de agua ordenó la construcción de defensas en los puentes y ocultó los arroyos enterrándolos con arena.​

 

Moneses marchó sobre Tigranocerta, pero no pudo atravesar los muros de la ciudad al no estar sus tropas preparadas para un asedio de larga duración. Corbulón envió entonces a un centurión llamado Casperio al campamento de Vologases en Nisibis —ubicada a 37 kilómetros de Tigranocerta— con la petición de que los partos levantaran el sitio, requerimiento al que los partos accedieron, en parte debido a una plaga de langostas y a la escasez de pastos para su caballería, si bien a cambio de que se le entregara Armenia para alcanzar un acuerdo de paz.​ Vologases demandó que tanto las tropas romanas como los soldados partos fueran evacuados del territorio armenio, que Tigranes fuera depuesto, y que Tiridates fuera reconocido, condiciones a las que decidió no acceder. Tras la ruptura de las negociaciones Roma envió a la región a Cesenio Peto, gobernador de Capadocia, para resolver la cuestión anexionando Armenia a la administración romana.

 

Pero Peto demostraría su incapacidad como comandante al conducir a las tropas romanas a una humillante derrota en la batalla de Rhandeia en 62,​ que comportó la destrucción de numerosas unidades auxiliares y un grave quebranto de las legiones XII Fulminata, comandada por Calvisio Sabino y de la IIII Scythica comandada por Funisulano Vetoniano, por lo que Nerón concedió de nuevo el mando a Corbulón, que en 63 realizó una incursión en Militene y penetró en Armenia eliminando a todos los gobernadores regionales de los que sospechaba que pudieran apoyar a los partos.

 

Ese mismo año Corbulón y Tiridates decidieron reunirse en Randeya para acordar un tratado de paz; la localización era importante para los dos: para el monarca armenio suponía la conmemoración de un campo de batalla en el que los partos habían alcanzado una trascendental victoria, mientras que para el comandante romano era esencial realizar un acto que acabara con la mala reputación de la zona. 


Cuando Tiridates entró en el campamento romano se quitó su diadema real y la puso a los pies de una estatua de Nerón, acordando que no volvería a recibirla hasta que le fuera entregada de manos del mismo emperador en la capital.​ En ese momento Tiridates pasó a ser un rey vasallo del Imperio romano, que mantendría una guarnición permanente en el territorio. Tiridates —en compañía de Annio Viniciano— marchó de inmediato a Roma para participar en la ceremonia de coronación.​

 

Antes de embarcarse para Roma, Tiridates realizó una visita a su madre y a sus dos hermanos en Media Atropatene y Partia. En su travesía —que duró nueve meses en los que el monarca armenio cabalgó con su esposa y sus herederos a su lado— le acompañó un séquito constituido por sus parientes y una representación de la nobleza armenia escoltada por 3000 soldados montados que cruzó Tracia, Iliria, la costa oriental del Adriático y el Piceno, en el noreste de Italia antes de alcanzar la capital.

 

El historiador Dion Casio le describe en estos términos: «Tiridates estaba en la flor de la vida, una notable figura en razón de su juventud, belleza, familia e inteligencia».​ En octubre de ese mismo año se produciría el primer encuentro entre Nerón y Tiridates en Neapolis (Nápoles). Tiridates dio muestra de su amor propio cuando se negó a entregar su espada en compañía del emperador, aunque a nadie le estuviera permitido estar armado cerca del princeps. En Puteolis (Pozzuoli) —localidad ubicada cerca de Nápoles— Nerón ordenó la celebración de pruebas de atletismo en honor a su invitado, que demostró su habilidad como arquero al disparar un proyectil entre los cuerpos de dos búfalos. Cabe destacar que el de Puteolis era el primer espectáculo en el que está probada la aparición de una gladiadora.

 

Nerón le admiró por esta acción [la negativa de Tiridates a desprenderse de su espada] y lo entretuvo de numerosas maneras, entre las que destaca la celebración de combates de gladiadores en Puteoli. Bajo la dirección de Patrobio, uno de sus libertos, ofreció un brillante y ostentoso espectáculo, como demuestra el hecho de que uno de los días no aparecieron personas sino etíopes —hombres, mujeres y niños— en el teatro.

 

El clímax de las celebraciones estaría reservado para su estancia en la capital, decorada para la ocasión con banderas, antorchas y guirnaldas y cuyas calles estaban espléndidamente iluminadas por la noche y atestadas de personas.

 

El día siguiente a la llegada de Tiridates a Roma, Nerón entró en el Foro ataviado con ropas triunfales y rodeado de mandatarios y soldados, todos espléndidamente engalanados con sus resplandecientes armaduras. Mientras Nerón tomaba asiento en el trono imperial, Tiridates y su séquito avanzaron entre dos hileras de soldados hasta alcanzar el estrado en el que estaba el emperador, momento en que Tiridates se arrodilló con las manos unidas sobre el pecho. Cuando cesaron las aclamaciones de los excitados ciudadanos el monarca armenio declaró:

Mi señor, soy descendiente de Arsaces y hermano de los reyes Vologases y Pacoro. He venido a ti, que eres mi Dios; te he adorado como al Sol.  Debo ser aquello que me ordenes ser, porque eres mi destino y mi suerte.

 

Nerón replicó:

Has hecho bien en acudir aquí para disfrutar de mi presencia en persona. Aquello que tu padre no te ha legado y que tus hermanos no han podido preservar para ti, te lo doy, y te nombró rey de Armenia, de modo que tú, al igual que ellos, sepas que tengo el poder de arrebatar y conceder reinos.​

 

Entonces Tiridates subió los peldaños de la tribuna y se arrodilló mientras Nerón colocaba la diadema real en su cabeza. Cuando el rey iba a arrodillarse de nuevo Nerón le detuvo con la mano derecha y, después de besarle, ordenó que se sentara a su lado en una silla un poco menos alta que la suya, acto que el pueblo recompensó con una sonora ovación a ambos líderes. Como Tiridates hablaba en griego un pretor interpretó y explicó sus palabras al público.​ Plinio escribe que Tiridates presentó a Nerón a sus acompañantes magi cuando acabó la ceremonia,​ mientras que Tácito destaca el enorme interés por todos los aspectos de la cultura romana que mostró el líder armenio.

 

Las celebraciones públicas continuaron después de la ceremonia de coronación. El interior del Teatro de Pompeyo estaba especialmente decorado para la ocasión, por lo que los ciudadanos romanos llamaron a este día «el día dorado». 


Las festividades diurnas no fueron menos fastuosas que las nocturnas: Toldos pintados con la púrpura real se colocaron como protección ante el calor del sol. Nerón, vestido de verde y con un tocado de conductor de carros tomó parte en una carrera. En los banquetes nocturnos Nerón cantaba y tocaba la lira con un acompañamiento de cítara.


 Tiridates se mostró sorprendido e incómodo ante las excentricidades del emperador, mientras que sólo tenía elogios para Corbulón, al que expresó su sorpresa por servir a un amo como ese. No ocultó su punto de vista en presencia de Nerón y observó sarcásticamente:

"Señor, tienes un maravilloso servidor en la persona de Corbulón"

 

Para conmemorar estos acontecimientos el Senado concedió al emperador la corona lauréola y el título de imperator. Nunca en la historia romana se realizó una recepción diplomática que pudiera compararse a éste en tamaño o esplendor. Al tremendo desembolso realizado en las celebraciones hubo que añadir el hecho de que la administración imperial corriera con los gastos del viaje de Tiridates y su séquito, tanto el de ida como el de vuelta. Nerón llevaría a cabo otro imprudente dispendio al dar a Tiridates un presente de cincuenta millones de sestercios.

 

En su retorno a Armenia, Tiridates presenció una exhibición de pankration. Al ver que uno de los participantes continuaba recibiendo golpes después de haber caído al suelo exclamó:

Esta es una lucha injusta. No es justo que un hombre que ha caído sea golpeado.​

 

Espoleado por el aparente éxito diplomático, Nerón intentó en varias ocasiones convocar a Roma al rey parto Vologases, que, cuando no podía continuar desatendiendo las peticiones del emperador romano sin desairarle, envió un despacho diciendo:

Es mucho más sencillo para ti que para mi atravesar tan importante cuerpo de agua. Por lo tanto, si viniera a Asia podríamos reunirnos.

Existen teorías que establecen que la visita de Tiridates, un acontecimiento que impresionó enormemente a sus contemporáneos, sería empleada por los cristianos como base de la adoración de los Reyes Magos.​ La leyenda cristiana cambió Roma por Belén y sustituyó a Tiridates por Gondofares, un rey que ya estaba vinculado al cristianismo por su supuesta relación con Tomás el Apóstol.

 

Con la conclusión de la disputa por el control de Armenia comenzó un periodo de paz en todo el Imperio romano, por lo que Nerón ordenó cerrar las puertas del Templo de Jano. Cuando Tiridates entró en su país ordenó de inmediato a los más célebres artesanos armenios que reconstruyeran Artaxata, que pasaría a llamarse Neronia en honor al emperador;​ también embelleció la residencia real de Garni,​ con la construcción de opulentos monumentos y la adición de un nuevo templo. Por otro lado, el crecimiento del comercio entre ambos continentes permitió que Armenia consolidara su independencia de Roma.​ Ahora el Imperio contaba con un leal aliado en ese país, incluso después de la muerte de Nerón y el ascenso al poder de Vespasiano. Políticamente, la paz obtenida en ese territorio constituyó una relevante victoria política de Nerón.​

 

El beneficio inmediato de la estabilización de Armenia sería la posibilidad de que Roma centrara su atención en los problemas de Judea, donde el descontento ciudadano desembocó en el estallido de la primera guerra judeo-romana (66-73) tan sólo un año después de la coronación de Tiridates. Durante la contienda el Imperio envió numerosos soldados a Judea desde Siria, lo que en situación de guerra habría sido imposible, puesto que hubiera comprometido la seguridad de la zona.​ La popularidad de Nerón se acrecentó enormemente en las provincias orientales, así como entre los armenios y los partos. La paz entre Partia y el Imperio romano duraría cincuenta años, hasta que el emperador Trajano invadiera Armenia (114).​
 

En 72 los alanos, una belicosa tribu sármata, realizaron una incursión en Media Atropatene y en varios distritos del norte de Armenia. Tiridates y su hermano Pacoro, rey de Media Atropatene, combatieron al invasor en numerosas batallas; en una de ellas un soldado alano le atrapó con una cuerda, pero el monarca armenio reaccionó rápidamente y pudo cortarla antes de resultar capturado. Tras saquear Armenia y Media Atropatene los alanos decidieron retirarse con un enorme botín.​ El rey de Iberia pidió protección contra los alanos a Vespasiano, que contribuyó a la reconstrucción de Harmozica, una ciudadela localizada cerca de la capital iberia Miskheta, en las inmediaciones de la moderna Tbilisi. Una inscripción aramea encontrada cerca de Tbilisi indica que Tiridates combatió a Iberia durante sus últimos años de vida. Desconocemos el año exacto de la conclusión de su reinado, y diversas fuentes mencionan a Sanatruces como su sucesor.45​ Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que el sobrino de Tiridates, Axidares, hijo de Pacoro II, alcanzaría el trono armenio en 110.