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viernes, 2 de junio de 2023

CAYO SUETONIO PAULINO, EL GENERAL ROMANO QUE DERROTÓ A BOUDICA

Cayo Suetonio Paulino a​ fue un político y general romano que vivió en el siglo I, conocido por ser el comandante que derrotó a la rebelión encabezada por la reina Boudica.


Habiendo sido pretor, fue destinado a Mauritania en el año 42 en calidad de legatus legionis con orden de suprimir una revuelta. Fue el primer romano que cruzó la cordillera del Atlas. Plinio el Viejo describe su histórica marcha en su obra Naturalis Historia.


En el año 59 fue nombrado gobernador de Britania, en sustitución de Quinto Veranio. Paulino continúo la agresiva política de Veranio subyugando a las tribus asentadas en el territorio que hoy en día es Gales, y durante sus dos primeros años en el cargo tuvo éxito. Su reputación como general rivalizaba con la de Cneo Domicio Corbulón. Bajo sus órdenes sirvieron dos futuros gobernadores de la provincia: Quinto Petilio Cerial como legado de la Legio IX Hispana, y Cneo Julio Agrícola como tribuno militar de la Legio II Augusta.


En el año 61 Suetonio asedió la isla de Mona (Anglesey), que constituía el refugio central de los druidas fugitivos de la isla y ejercía como su capital. Las tribus del sudeste aprovecharon la ausencia del general y se rebelaron liderados por la reina Boudica de los icenos.
Era en el año 60 o 61 d.C., cuando la reina celta Boudica lideró una rebelión contra los romanos en Britania. La rebelión fue motivada por la opresión y el abuso de poder de los romanos hacia las tribus locales. Boudica logró reunir un gran ejército y derrotó a varias legiones romanas en su camino hacia Londinium (actual Londres). Sin embargo, su victoria no duró mucho tiempo porque Cayo Suetonio Paulino reunió a sus tropas y se enfrentó a Boudica en la Batalla de Watling Street. A pesar de que el ejército de Boudica era mucho más grande, los romanos lograron vencer gracias a su disciplina y estrategia militar .

La destrucción de la colonia romana ubicada en Camulodunum (Colchester) obligó a la legión dirigida por Petilio Cerial a regresar. Tras arrasar la isla de Man, Suetonio marchó a través de la carretera construida sobre el territorio de Watling Street hacia Londinium (Londres), el próximo objetivo de los rebeldes. Sin embargo, los romanos juzgaron que carecían de suficientes tropas para defender la ciudad y ordenaron su evacuación. A su llegada los rebeldes la destruyeron e hicieron lo mismo con Verulamium (St Albans).



Como he mencionado, Suetonio reagrupó a las tropas de la XIV Gemina, a algunos destacamentos de la XX Valeria Victrix y a un gran número de tropas auxiliares. La II Augusta, acampada en Exeter, estaba disponible, pero su prefecto, Poenio Postumo, decidió hacer caso omiso a la llamada. Sin embargo Suetonio fue capaz de reunir una considerable fuerza compuesta por unos diez mil hombres, fuertemente en minoría con respecto a las tropas de Boudica, quien disponía de 100.000 hombres según escribe Tácito en Anales y 230.000 según escribe Dión Casio en Historia Romana. Los dos ejércitos se enfrentaron en un lugar desconocido en las inmediaciones de un desfiladero boscoso, probablemente en la región de Midlands del Oeste, en lo que se llamó después la Batalla de Watling Street. Durante la batalla, la táctica y la disciplina de las legiones romanas triunfaron sobre las hordas britanas. La huida de los britanos se vio dificultada por la presencia de sus propias familias y sus carros, que habían acampado en un anillo en torno al campo de batalla, y por tanto se convirtió en una auténtica masacre. Tácito estima las bajas de los britanos en unos 80.000 hombres en comparación con los 400 romanos. La propia Boudica se envenenó y Póstumo se suicidó al darse cuenta que había negado a sus hombres su parte de la victoria.

 

La victoria de Cayo Suetonio Paulino sobre Boudica ayudó a consolidar el control romano sobre Britania. Los romanos reforzaron su presencia militar en la isla y establecieron una serie de fortificaciones para protegerse de futuras rebeliones. También adoptaron una política más conciliadora hacia las tribus locales para evitar futuros conflictos.


Tras la gran victoria, Suetonio reagrupó a su ejército, reforzado por legionarios y algunos auxiliares de diferente nacionalidad e inició una serie de expediciones de castigo por el territorio de las tribus que habían apoyado la rebelión de Boudica. El nuevo procurator de la provincia, Cayo Julio Alpino Clasiciano informó al emperador Nerón que las actividades de Paulino estaban destinadas a continuar las hostilidades y se creó un proceso contra el gobernador dirigido por el liberto Policlito. Los investigadores, utilizando como excusa la pérdida de unos barcos, depusieron a Paulino y lo reemplazaron por el más conciliador Publio Petronio Turpiliano.

 

A largo plazo, la rebelión de Boudica tuvo un impacto significativo en la relación entre los romanos y las tribus locales. Aunque los romanos lograron sofocar la rebelión, la brutalidad con la que trataron a los rebeldes dejó una huella duradera en la memoria colectiva de las tribus locales. No obstante, la rebelión también demostró que los romanos no eran invencibles y que las tribus locales podían resistir su dominio.


Suetonio fue designado consul ordinarius en el año 66.​ En el año 69, durante el año de guerras civiles que siguieron a la muerte de Nerón, conocido como el año de los cuatro emperadores, Suetonio se unió a Otón y fue nombrado comandante y consejero militar. Él y Publio Mario Celso derrotaron a uno de los generales de Vitelio, Aulo Cecina Alieno en las inmediaciones de Cremona. Sin embargo Suetonio no permitió a sus tropas perseguir a los enemigos derrotados para matarlos y por ello fue acusado de traición. Cuando el ejército de Cecina se unió a las tropas de Fabio Valente, Suetonio aconsejó a Otón evitar la batalla, pero no se le escuchó y como resultado se produjo la decisiva derrota del emperador en Bedriacum. Suetonio fue capturado por Vitelio tras la derrota pero obtuvo el perdón del nuevo emperador al clamar que había conducido deliberadamente a la derrota a Otón, aunque esto sea probablemente incierto.

A modo de semblanza, cabe decir que Cayo Suetonio Paulino fue un hombre ambicioso y dedicado que se convirtió en general romano motivado por su amor por la patria y su deseo de servir al Imperio. Como muchos romanos de su tiempo, probablemente buscaba gloria y honor en el campo de batalla, así como el ascenso social y político que acompañaba a los éxitos militares. Su dedicación a Roma y su ambición personal lo impulsaron a perseguir una carrera en el ejército y a destacarse como líder militar. Desde joven Suetonio mostró una gran habilidad para la estrategia militar y la política, lo que lo llevó a ser nombrado pretor y luego legatus legionis en Mauritania.

Suetonio era conocido por ser un líder carismático, por su disciplina y  por sus habilidades tácticas, lo que le permitió ganarse el respeto y la lealtad de sus tropas. Mantenía una estrecha relación con sus legionarios, compartiendo sus dificultades y liderándolos en el campo de batalla. Este enfoque de liderazgo basado en la confianza y el respeto mutuo contribuyó a su éxito en la dirección de sus soldados. También se dice que era un hombre de gran inteligencia y cultura, que valoraba la educación, el estudio constante,  y la investigación.

En sus relaciones con otros líderes políticos y militares, Suetonio era conocido por ser un hombre astuto y diplomático, que sabía cómo manejar las complejas relaciones entre las diferentes facciones del Imperio, teniendo una especial rivalidad con Cneo Domicio Corbulón, y sorteando tanto al emperador Otón como al emperador Vitelio, sin salir demasiado afectado entre las disputas por el trono imperial. También se dice que era un hombre leal y comprometido con sus aliados, y que trabajó duro para mantener buenas relaciones con los líderes locales y los gobernadores de las provincias.

Tenía los valores y principios comprometidos con los ideales romanos de disciplina, lealtad y servicio a Roma,  que guiaron su vida y su carrera, Suetonio era un hombre profundamente patriótico que creía en la grandeza del Imperio Romano y en la importancia de mantener la ley y el orden en todas las provincias. También se dice que era un hombre de gran integridad y honestidad, que se negaba a aceptar sobornos o participar en actividades ilegales.





domingo, 12 de abril de 2020

EL CÓNSUL SEXTO JULIO FRONTINO



Sexto Julio Frontino (en latín, Sextus Iulius Frontinus; c. 40-103) fue un político del Imperio romano, uno de los más importantes aristócratas de finales del siglo I. Es principalmente famoso por sus obras y escritos, especialmente por un informe en el que habla de los acueductos de la ciudad de Roma.

 

Lo primero que se conoce de la carrera de Julio Frontino fue su elección para la pretura en el año 70. En 73, Vespasiano le nombró consul suffectus.​ En el año 75, se le envió a la provincia de Britania para que sucediera a Quinto Petilio Cerial en el gobierno de la isla. 


Durante su cargo, Frontino subyugó a los siluros y a otras tribus hostiles de Gales, estableciendo una nueva base para la Legio II Augusta en Caerleon o Isca Augusta y un sistema de fortificaciones que constaba de fortalezas situadas a 20 km de distancia entre ellas, incluyendo la de Luentinum, que tenía como objetivo controlar las minas de oro de Dolaucothi. En el año 78, Frontino fue sucedido en el gobierno de Britannia por el general Cneo Julio Agrícola.

 

Poco después, entre 81 y 85, fue gobernador de la provincia Germania Inferior,​ participando en las operaciones emprendidas por Domiciano contra los catos. En 86 fue nombrado procónsul de la provincia Asia.​

 

En el año 95, Frontino fue nombrado comisionado de los acueductos de la capital imperial (curator aquarum) por el emperador Nerva. En el cargo estuvo pocos meses. No obstante, dadas las dificultades vividas para dominar el cargo, relativo a la mayor empresa del imperio - el abastecimiento de agua de la ciudad de Roma - esto le llevó a continuar la redacción del informe incluso tras abandonar el cargo, hasta su conclusión. En la introducción hace constar el fin con el que lo escribió.

 

El cargo de curator aquarum era exclusivo de personas de gran influencia política, lo que revela la importancia que Frontino logró durante su carrera. Además de ello, Frontino formaba parte del Colegio de Augures. Durante su cargo de comisionado de las aguas de la ciudad, Frontino redactó un informe acerca del estado de todos los acueductos de la ciudad. Este informe, el primero que se escribía acerca del tema, y el primero conservado redactado en forma de prosa profesional, ha sido una de las más importantes fuentes de información sobre obras de ingeniería de la Edad Clásica.

 

Durante su cargo, Frontino siguió la política de otro estadista romano, Marco Agripa, quien en el año 34 a. C. organizó una campaña pública de reparaciones y mejoras de los edificios de Roma. Durante la campaña de Agripa, el Aqua Marcia fue sometido a una importante renovación y se ampliaron las tuberías de la ciudad. A través de estas acciones, Agripa siguió la línea que había iniciado tras su nombramiento como edil (funcionario encargado de los edificios y festivales de Roma). Durante la edilidad de Agripa, las calles se repararon y las alcantarillas se limpiaron y renovaron. En épocas posteriores, Agripa seguiría mejorando y embelleciendo la ciudad al ampliar la Cloaca Máxima, sistema de alcantarillado de Roma, y construir termas, pórticos y jardines.

 

En 98, por voluntad de Trajano, fue elegido consul suffectus por segunda vez, dentro de los sucesivos sustitutos elegidos para suplir al fallecido emperador Nerva, culminando su carrera en 100, cuando Trajano lo nombró consul ordinarius junto con él, alcanzando el raro honor de un tercer consulado sin pertenecer a la familia imperial.​

 

Su obra más importante, De aquaeductu, constituye un informe oficial para el emperador que registra el estado de los acueductos de Roma. De aquaeductu presenta la historia y descripción del suministro de agua a Roma, incluyendo las leyes relativas a su uso y mantenimiento. Además de describir la historia de todos los acueductos de la capital imperial, la obra de Frontino registra los tamaños de todos los canales, las tasas de aprobación de su construcción entre la población y la calidad de las aguas de los acueductos en función de que su fuente fuera un río, lago o manantial. Entre los acueductos citados en el escrito se encuentran el Aqua Appia, el Aqua Alsietina, el Aqua Tepula, el Anio Novus, el Aqua Virgo, el Aqua Claudia y el Aqua Traiana.

 

Lo primero a lo que Frontino se dedicó cuando fue nombrado comisionado de las aguas de Roma fue a elaborar un mapa del sistema de acueductos, canales y alcantarillas de la capital a fin de poder evaluar su estado antes de proceder a su mantenimiento. Tras terminar el mapa, Frontino alegó que muchos de los acueductos se habían descuidado y que no funcionaban a pleno rendimiento. Preocupado principalmente por la falta de escrúpulos de granjeros y comerciantes, que aprovechaban el emplazamiento de los acueductos para insertar tubos con el fin de apropiarse de parte del suministro de agua, Frontino se entregó a una profunda investigación a lo largo de toda el área por la que discurría el agua. Frontino tomó como modelo la obra de Vitruvio, De Architectura, que habla de la construcción y mantenimiento de los acueductos en el siglo anterior. Casualmente, se adjuntó el informe de Julio Frontino a la edición primera de Vitruvio publicada en Roma en (1486).

 

El modo en que se distribuía el agua en Roma dependía de la zona por la que entrara a la ciudad, de su calidad y del modo de gestionarla. Por regla general, el agua de mala calidad se empleaba para regar jardines, mientras que únicamente la de mejor calidad estaba destinada a ser consumida por los ciudadanos. Por otra parte, el agua de calidad intermedia se empleaba para suministrar a baños y fuentes. Al acceder al cargo de comisionado, Frontino criticó que se mezclaran sin miedo aguas procedentes de diferentes fuentes. Una de sus primeras decisiones fue separar las aguas de cada acueducto.

 

Frontino mantuvo siempre una fuerte preocupación por la existencia de fugas en el sistema, especialmente en los conductos subterráneos, más difíciles de localizar y reparar, problema que todavía hoy es una fuente de preocupación entre los ingenieros. Los acueductos que circulaban por encima del suelo se mantuvieron en buenas condiciones, especialmente los que estaban sujetos por estructuras de gran tamaño. Según Frontino era esencial mantener los árboles a una distancia prudencial de los acueductos a fin de que no dañaran las estructuras con sus raíces. Durante su tiempo en el cargo, Frontino reformó la ley que vigilaba el estado de los acueductos, modificando gran parte de sus estatutos.

 

Durante su vida, Frontino escribió un tratado teórico sobre la ciencia militar, el cual se ha perdido. La obra que sí ha perdurado, su Strategemata, es una colección de ejemplos de tácticas militares empleadas durante la hegemonía de los mundos griego y romano. Probablemente esta obra se escribió sobre la base de sus experiencias bélicas mientras dirigía los ejércitos estacionados en Britania contra las tribus nativas de la isla.

 

No tuvo la fortuna del otro autor romano que trató sobre la guerra, Vegecio, pero también fue ampliamente conocido y leído durante la Edad Media. Así se hicieron traducciones al español, al catalán y al aragonés medieval.

 

La versión catalana, que se conserva en un único manuscrito (BNE, ms. 6293) fue la base de la versión aragonesa medieval (BNE, ms. 10198). Al castellano se hicieron dos traducciones independientes: una anónima en el siglo XV que se conserva en tres manuscritos (BNE, mss. 9253, 9608 y 10204) que acaban de ser publicados6​ y una segunda traducción a cargo de Diego Guillén de Ávila impresa en Salamanca en 1516.


domingo, 22 de enero de 2017

EL JURAMENTO DE LOS BÁTAVOS, DEL HOLANDÉS REMBRANDT HARMENSZOON VAN RIJN




Los bátavos (en latín: batavi) fueron un pueblo germánico que vivía en la zona que en la actualidad ocupan los Países Bajos. Originalmente, eran parte del pueblo cato y fueron citados por Tácito como habitantes del delta del Rin (Tácito, Historiae iv). Esto llevó a llamar en latín Batavia a la región.

Durante algún tiempo, entre 1795 y 1806, los Países Bajos adoptaron el nombre de República Bátava. Incluso Yakarta, la capital de Indonesia, fue denominada Batavia entre 1619 y 1942, durante la colonización neerlandesa.


Julio César cita a los bátavos (Batavi) en su obra Comentarios a la guerra de las Galias, libro IV, 10.1, situándolos en una isla donde el Rin se separa en un brazo, el Waal. La posición estratégica del lugar fue aprovechada por los romanos para establecer fortificaciones.

Los descubrimientos arqueológicos evidencian que vivían en pequeñas poblaciones, de 6 a 12 casas, cultivando las fértiles tierras que se encuentran entre los dos ríos, viviendo de la agricultura y la cría del ganado. El mayor asentamiento romano en la zona fue un Oppidum Batavorum, destruido por completo durante las revueltas bátavas.

Tácito, en su obra De origine et situ Germanorum, cita a los bátavos como las más bravas tribus de la zona, endurecidos en las guerras, que tenían sus propias cohortes con sus jefes que combatieron en Britania. Afirma que mantenían relaciones amistosas con Roma, como aliados, sin necesidad de pagar tributos o tasa alguna. «Sólo suministraron al Imperio armas y hombres», remarcó Tácito. Estaban bien preparados, por su destreza con los caballos y su increíble capacidad para cruzar los ríos con sus fuerzas sin perder la formación y sin necesidad de usar puentes. Dión Casio describe esta sorprendente táctica empleada por Aulo Plaucio contra los bárbaros en la batalla del río Medway.

A pesar de la alianza con Roma, los bátavos se sublevaron en la Germania Inferior entre el 69 y el 70, liderados por Cayo Julio Civilis, dando cuenta de cuatro legiones en una humillante derrota del ejército romano. Después, un gran contingente al mando de Quinto Petilio Cerial derrotó a los bátavos. El origen se remonta a Galba, quien disolvió con deshonor los Corporis Custodes, guardia personal de los emperadores romanos compuesta por bátavos y ordenó la detención de sus dos príncipes: Cayo Julio Civilis y su hermano Claudio Paulo. Se desconocen las razones de Galba, pero parecen estar fundadas en la lealtad mostrada por los bátavos a Nerón en Germania. Cayo regresó a Batavia, pero su hermano fue ejecutado en el 68.

Han sido encontradas numerosas tumbas y altares de bátavos a lo largo del Muro de Adriano, en especial en Escocia, Alemania, Yugoslavia, Hungría, Rumania y Austria, datadas en los siglos II y III. Se cree que a partir de este último, los bátavos se fusionaron con otros pueblos, como los francos y los frisones.









sábado, 18 de julio de 2015

BOUDICA


Boudica fue una reina guerrera de los icenos, que acaudilló a varias tribus britanas, incluyendo a sus vecinos los trinovantes, durante el mayor levantamiento en Inglaterra contra la ocupación romana, entre los años 60 y 61 d. C., durante el reinado del emperador Nerón. Estos hechos fueron narrados sobre todo por dos historiadores, Tácito (en sus Anales y en La vida de Julio Agrícola) y Dión Casio (en Historia romana).



Su nombre significaba ‘victoria’. También se la conoce como Búdica, Buduica, Bonduca, o por su forma latinizada de Boadicea.


DATOS BIOGRÁFICOS

Tácito y Dión Casio coinciden en que Boudica provenía de familia de aristócratas icenos. Dión Casio narra de ella que “poseía una inteligencia más grande que la que generalmente tienen las mujeres”, que era alta, de voz áspera y mirada feroz, cabello pelirrojo hasta la cadera, túnica de muchos colores y un manto grueso ajustado con un broche. Siempre usaba un grueso collar de oro, posiblemente un torque, aditamento que entre los pueblos celtas siempre significaba nobleza.


Su esposo Prasutago (Prasutagus) (probablemente llamado Esuprasto (Esuprastus) era el rey de los icenos, tribu que habitaba la zona del actual Norfolk (al este de Inglaterra). Al principio no fueron parte del territorio invadido por los romanos, porque tuvieron el estatuto de aliados durante la conquista romana de Britania llevada a cabo por Claudio y sus generales en el año 43.


Como todos los pueblos celtas, daban gran importancia a su independencia, y hubo varios roces entre los romanos y los icenos anteriores al levantamiento del año 60, el más importante de los cuáles se verificó cuando el entonces gobernador de Britania Publio Ostorio Escápula los amenazó con desarmarlos.


Sin embargo, Prasutago vivió una larga vida de riqueza. Pero había un problema y era que no tenía hijos varones y que, aunque la realeza pudiera pasar a sus hijas según la costumbre celta, ello sin embargo no aseguraba la independencia formal frente al Imperio romano; por eso se le ocurrió la idea de nombrar al emperador romano coheredero de su reino, junto con sus dos hijas. Este tipo de testamentos eran habituales en la época romana (recordemos la donación del entero reino de Pérgamo) pues se conseguía que, al menos durante la vida del rey cliente, se respetara un estatus de semi-independencia.


Debido a estos factores y a que la ley romana solo permitía la herencia a través de la línea paterna, cuando Prasutago murió, su idea de preservar su linaje fue ignorada, y su reino fue anexado como si hubiera sido conquistado. Las tierras y todos los bienes fueron confiscados, y los nobles tratados como esclavos. Debido a que Prasutago había vivido pidiendo prestado dinero a los romanos, al fallecer, todos sus súbditos quedaron ligados a esa deuda, que Boudica, la entonces reina, no podía pagar.


Dion Casio dice que los publicanos romanos (incluido Séneca el Joven), desencadenaron la violencia saqueando las aldeas y tomando esclavos como pago de la deuda. Tácito parece apoyar esto al criticar —en referencia a este tema— al procurador Cato Deciano por su "avaricia". De acuerdo con Tácito, los romanos azotaron a Boudica y violaron a sus dos hijas, lo que desató la furia incontenible de la reina.


En el año 60 o 61, mientras el gobernador Cayo Suetonio Paulino estaba en el norte de Gales llevando a cabo una campaña en la isla de Mona, hoy Anglesey, que era un refugio de los británicos rebeldes y un centro druídico, los icenos conspiraron, entre otros con sus vecinos, los trinovantes, para levantarse contra los romanos y eligieron a Boudica como su líder.

Es posible que se inspiraran en el ejemplo de Arminio, el príncipe de los Queruscos, que en el año 9 había masacrado tres legiones romanas en la batalla del bosque de Teutoburgo o que recordaran a sus propios ancestros, que habían luchado contra Julio César cuándo éste desembarcó por dos veces en Britania.


Lo cierto es que Dión Casio dice que Boudica empleó un método de adivinación liberando a una liebre de los pliegues de su ropa e interpretando la dirección en que corría, e invocó a Andraste, la diosa britana de la victoria.

El primer blanco de los rebeldes fue Camulodunum (Colchester), la antigua capital de Trinovantia, que se había vuelto una colonia romana. Los soldados veteranos romanos se habían establecido allí siguiendo la costumbre romana, y se había erigido un templo al emperador Claudio a expensas de los trinovantes. Esto hizo que la ciudad se convirtiera en un foco de resentimiento.


Los romanos pidieron refuerzos pero el procurador Cato Deciano, solo había enviado 200 auxiliares. El ejército de Boudica cayó sobre una ciudad mal defendida y la destruyó. Sitiaron a los últimos defensores en el templo durante dos días hasta que cayeron, matando a mujeres, niños y ancianos. Después la incendiaron.

El futuro gobernador, Quinto Petilio Cerial, entonces legado de la Legión IX Hispana, intentó socorrer a la ciudad con un destacamento de esa legión, pero sus fuerzas fueron derrotadas. Su infantería fue emboscada en una zona boscosa y solo el comandante y parte de su caballería consiguió escapar. Deciano Cato, el provocador de los acontecimientos por su codicia, consideró más prudente poner tierra por medio y huyó hacia Galia.

Cuando las noticias llegaron a Cayo Suetonio Paulino (gobernador de Britania), éste ordenó dirigirse a Londinium, el próximo objetivo de Boudica; pero ante la imposibilidad de defenderla, se retiró de la misma, pudiendo así Boudica incendiar la ciudad y masacrar a sus habitantes. Suetonio Paulino no llegó a tiempo para defender Verulamium, y la ciudad también fue arrasada.


Por fin, Suetonio y Boudica entablaron combate en la batalla de Watling Street, en un sitio todavía no determinado, en la ruta actualmente llamada Watling Street, entre la antigua Londinium y Viroconium (actualmente Wroxeter en Shropshire).

Los romanos estaban en gran inferioridad numérica, 5 a 1 aproximadamente, pero se ubicaron en un terreno rodeado de bosques, donde no podía ser flanqueados, rebasados ni emboscados. El ejército romano estaba bien disciplinado y armado; el de Boudica era muy numeroso pero poco uniforme en cuanto a las armas que portaban y a la edad de los guerreros (desde niños de 10 años hasta ancianos). La noche anterior a la batalla, después de ordenar levantar el campamento, Suetonio solicitó ser despertado tan pronto el ejército rebelde se presentase en el campo de batalla. Cuando ello ocurrió, las legiones se formaron en filas de siete en fondo, con sus escudos, espadas y lanzas (dos por cada soldado). Cuando Suetonio vio que en el campo enemigo los carros de transporte y las familias de los guerreros habían sido colocados detrás de los combatientes, comprendió que había ganado la batalla. Cuando la infantería britana atacó, las mucho más disciplinadas formaciones romanas hicieron caer sobre ellos una lluvia de lanzas que diezmó sus primeras líneas. Eso sumió en la confusión a los britanos y los hizo retroceder, dejando en el campo un tendal de muertos. Suetonio ordenó a sus soldados avanzar a paso lento pero sostenido, en una línea en forma de sierra dentada, cubriendo sus flancos con sus escudos. Al verlos venir, los guerreros de Boudica volvieron a cargar, encajonándose entre los "dientes" de las filas romanas. Los legionarios de la primera hilera, defendidos por los escudos, atravesaron con sus espadas a centenares de atacantes, casi sin recibir daños. Al cabo de cuatro o cinco minutos de combate, a una señal de sus oficiales, dejaban el puesto al que formaba detrás, colocándose en la última posición. Eso permitía entrar en combate a soldados "frescos" y recuperar fuerzas a los que habían peleado. La masacre fue total y al no poder perforar la formación enemiga, los britanos sintieron pánico y comenzaron a retroceder, aplastándose unos a otros mientras los romanos seguían su avance implacablemente.


En su desesperación por huir, los britanos no solo empujaron a los guerreros que avanzaban detrás sino a las mujeres, niños y ancianos que aguardaban el desenlace de la batalla en cercanías de los carros. La avalancha que produjeron fue tal, que cerca de 40 000 murieron aplastados entre los combatientes en desbandada y los vehículos que impedían la retirada.

Los romanos no tuvieron piedad, ni siquiera de mujeres encintas y niños y durante horas se dedicaron a asesinar a los heridos y a perseguir a los que habían logrado traspasar los carromatos.

Boudica acabó suicidándose con veneno para evitar que los romanos la atraparan, según Tácito, aunque Dión Casio da otra versión de los hechos. Tal fue el grado de violencia que los romanos aplicaron, que durante los cuatro siglos siguientes, la provincia se mantuvo en paz. Incluso el emperador Nerón calificó de "muy duro" el castigo infligido a los celtas que lucharon en esa batalla.


¿BOUDICA O BOADICEA?

Hasta fines del siglo XX, Boudica era más conocida como Boadicea, un nombre que probablemente se deba a un error de transcripción cuando el manuscrito de Tácito fue copiado en la Edad Media.

Su nombre adopta varias formas en los manuscritos: Boadicea y Boudicea en Tácito; Βουδουικα, Βουνδουικα y Βοδουικα en Dión Casio, pero es casi seguro que originalmente era Boudica, derivada de la palabra céltica bouda: ‘victoria’ (del protocelta boudīko: ‘victorioso’); en irlandés bua, buaidheach, y en galés buddug.


Basándose en el desarrollo posterior del galés y el irlandés, se ha determinado que la ortografía correcta del nombre es Boudica, pronunciado boudíka /bəʊˈdiːka:/, aunque muchos pronuncian erróneamente búdika /ˈbuːdɪkə/.6

Sin embargo, la muy reciente aparición (febrero de 2015) en excavaciones en Cirencester (Gloucestershire) de una estela fúnebre en la que se menciona a una difunta de aparente nombre Bodica, no sólo es la primera vez que se atestigua el nombre en Britannia, sino que sin duda planteará nuevos debates sobre la corrección del que citaban las fuentes literarias.


HISTORIA Y LITERATURA

Boudica fue olvidada durante la Edad Media. No aparece en la Historia ecclesiastica gentis Anglorum de Beda el Venerable, ni en la Historia Regum Britanniae de Godofredo de Monmouth.

Pero el redescubrimiento de las obras de Tácito y Dión Casio durante el Renacimiento le permitió a Polidoro Virgilio reintroducirla en la historia británica en 1534. Sin embargo, malinterpretó que la “Voadicea” que encontró en Tácito era distinta que la “Bunduica” de Dión Casio.

La historia de Boudica también está incluida en The Chronicles of England, Scotlande, and Irelande o "Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda" de Raphael Holinshed e inspiró a Francis Beaumont y a John Fletcher —dos contemporáneos de Shakespeare (más jóvenes que él)— a escribir la obra de teatro Bonduca en 1610.


En 1782, William Cowper escribió un popular poema, Boadicea, an ode.

En la era victoriana, la fama de Boudica tomó proporciones legendarias. La reina Victoria fue considerada su epónima por Alfred Lord Tennyson, el poeta laureado de la reina, que en su honor escribió el poema Boadicea

También se puso su nombre a un buque de guerra, el HMS Boadicea.


El príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha financió una gran estatua de bronce de Boudica en su carro de guerra (anacrónicamente adornado con guadañas al estilo del imperio persa), junto con sus hijas; el conjunto fue creado por Thomas Thornycroft. Se instaló en 1905 cerca del puente de Westminster y el Palacio de Westminster sede del Parlamento británico, en Londres, con dos versos del poema de Cowper dedicado a ella, que se refieren al imperio británico: «Regiones que el César nunca conoció / tus herederos dominarán».




Irónicamente, la gran rebelde luchadora contra un imperio era identificada en la época victoriana con la emperatriz del nuevo.