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miércoles, 24 de mayo de 2023

QUINTO ENNIO, EL PRIMER GRAN POETA ÉPICO ROMANO

Nació en Rudiae, una región de la Magna Grecia italiana cerca de Lupiae, correspondiente a la actual ciudad de Lecce. Era trilingüe, dominaba tanto el latín y el osco como el griego. Formado en la cultura helénica, Marco Porcio Catón lo llamó a Roma en el 204 a. C. cuando el poeta estaba en Cerdeña haciendo el servicio militar. En Roma enseñó griego y entró en el círculo de Escipión el Africano; también trató a Marco Fulvio Nobilior. Ambos personajes eran muy influyentes y los fue introduciendo en la cultura griega, aunque siempre procuró adaptarla al gusto romano en las obras que publicó e incluso se conservan dos piezas dramáticas de temática puramente romana: Sabinae y Ambricia, así como la comedia Caupuncula. También se quiso hacer pasar por original su creación de Sátiras, género que parecía nuevo en la tradición romana pero que tiene sus precedentes en las invectivas de los poetas yambógrafos griegos y las sátiras menipeas griegas.

 

Compuso una veintena de tragedias inspiradas en Eurípides. El conjunto de su obra tuvo una gran importancia en la consolidación de la poesía nacional romana e influyó notablemente sobre poetas como Lucrecio y Virgilio. Se considera habitualmente a Ennio como el primer gran poeta épico romano por sus Annales donde recoge en 18 libros de hexámetros la historia de Roma hasta su época; de esta magna obra sólo restan fragmentos. El papel de Ennio fue fundamental para sustituir el anticuado y nacional verso saturnio por el hexámetro dactílico de origen griego en el cultivo de los temas narrativos o épicos: él fue el primero que lo utilizó en Roma.

 


En su afán por engrandecer la lengua latina y dotarla de elementos literarios que la hicieran émula del griego, Ennio introduce numerosos préstamos léxicos y recurre a una sinonimia a veces rebuscada. Son comunes otros artificios como la tmesis (Saxo cere comminuit brum, donde se parte en dos la palabra cerebrum) y la aliteración, incluso el parhomoeon (grupos de palabras que empiezan por la misma letra: Macina multa minax minitatur maxima muris; At tuba terribili sonitu taratantara dixit ; o el célebre O Tite tute Tati, tibi tanta, tyranne, tulisti!), que a veces resultan efectivos, pero otras veces irritan al lector moderno.




martes, 23 de mayo de 2023

EL MATRIMONIO, UNA VISIÓN TRÁGICA DE LA VIDA PARA SÓFOCLES

Sófocles dijo sobre casarse: “Me preguntas si debes o no casarte; pues, de cualquier cosa que hagas te arrepentirás”.

 

Sófocles escribió esta famosa frase en su obra *"Áyax*", que trata sobre el destino trágico de un héroe griego que se siente deshonrado y traicionado por los jefes de su ejército, y que termina suicidándose por vergüenza y desesperación. 

Con esta frase, quiso expresar la idea de que el matrimonio es una elección difícil y arriesgada, que puede traer tanto alegría como dolor, según el azar y el destino. Quiso mostrar también la ironía de la vida humana, que nos hace desear lo que no tenemos y lamentar lo que tenemos.

 

Sófocles dijo esta frase en un momento de su vida en el que había experimentado personalmente las dificultades y las contradicciones del matrimonio. El filósofo griego  se casó dos veces, y tuvo varios hijos e hijas. Su primera esposa murió joven, y su segunda esposa Niocóstrata le abandonó por otro hombre. Sus hijos también le causaron problemas y decepciones. Uno de ellos, Iofonte, fue acusado de impiedad por no respetar a los dioses. Otro de ellos, Aristón, fue desterrado por participar en una conspiración contra el gobierno. Así que Sófocles conocía bien el sufrimiento y el arrepentimiento que puede provocar el matrimonio.

 

Sófocles dijo esta frase en un contexto histórico y cultural en el que el matrimonio era una institución social y legal muy importante, pero también muy problemática. El matrimonio tenía como fines principales la procreación y la transmisión de la herencia. Los matrimonios solían ser concertados por los padres o los tutores de los esposos, sin tener en cuenta sus sentimientos o preferencias.

 Las mujeres tenían un papel subordinado y dependiente de sus maridos, y debían ocuparse del hogar y de los hijos. Los hombres podían tener relaciones sexuales fuera del matrimonio con esclavas, prostitutas o amantes masculinos, pues la homosexualidad era muy tolerada en la Antigua Grecia.

 Por eso Sófocles consideraba que el matrimonio podía ser una fuente de conflictos, infidelidades, celos y violencia.

 

El autor dijo esta frase en una época en la que la tragedia griega era un género literario muy popular y prestigioso, que reflejaba los valores y los problemas de la sociedad ateniense. La tragedia griega se basaba en los mitos y las leyendas de los antiguos héroes, pero también los adaptaba a las circunstancias y a las inquietudes del presente. La tragedia griega mostraba el conflicto entre el destino y la voluntad humana, así como los dilemas morales a los que se enfrentaban los personajes.

 La tragedia griega tenía una función educativa y entretenida, que hacía reflexionar al público sobre las cuestiones fundamentales de la vida, y por esto los griegos eran tan aficionados al teatro, cosa que luego le copiarían los romanos, aunque finalmente se inclinaron por los anfiteatros de luchas de gladiadores y carreras de carros tirados por caballos.

 

No obstante no todo el mundo pensaba como Sófocles, y considerando las obras que dejaron y por las que conocemos a algunos de los griegos más destacados, me atrevería a decir que, por ejemplo, Eurípides criticó el matrimonio como una institución social y legal que oprimía a las mujeres y fomentaba la infidelidad y la violencia entre los esposos. Se apoyó en su obra “Medea”, donde la protagonista mata a sus hijos y a su rival por venganza contra su marido infiel. Eurípides destacó el papel de las pasiones y los conflictos humanos en la tragedia, y se mostró escéptico ante los dioses y las leyes.

 

De segundo ejemplo, podríamos mencionar que Ion de Quilos defendió el matrimonio como una fuente de felicidad y armonía, siempre que se basara en el amor y el respeto mutuos. Se inspiró en su obra “Helena”, donde la protagonista se reencuentra con su marido Menelao después de haber sido raptada por Paris. Ion de Quilos elogió la fidelidad y la virtud de Helena, y propuso un modelo de matrimonio idealizado y romántico.

 

De tercer ejemplo para contrastar, expondría que Platón cuestionó el matrimonio como una forma de satisfacer los deseos sexuales y materiales, que alejaban al alma de la contemplación de las ideas. Se valió de su obra “El banquete”, donde varios personajes exponen sus discursos sobre el amor. Platón propuso un amor platónico, que se elevaba por encima de lo físico y lo sensible, y que buscaba la belleza y la sabiduría. De aquí la expresión “amor platónico”.

 

Y finalmente también tendría en cuenta la opinión de Aristóteles que analizó el matrimonio como una relación natural y necesaria para la conservación de la especie y la formación de la polis. Se basó en su obra “Política”, donde explica las diferentes formas de gobierno y las funciones de los ciudadanos. Aristóteles afirmó que el matrimonio era una asociación entre iguales, que debía regirse por la justicia y la amistad.


domingo, 18 de diciembre de 2022

FILÓXENO DE CITERA

Filóxeno de Citera (ca. 435 a. C. — 380 a. C.) fue un poeta ditirámbico griego, famoso por su obra perdida Galatea (también llamada Cíclope), en la que presentaba por primera vez el amor frustrado del cíclope Polifemo por la nereida Galatea, tratado posteriormente por Teócrito, Ovidio y Luis de Góngora,​ entre otros. Se considera a Filóxeno un poeta muy renovador por su defensa de la «nueva música», un movimiento que revolucionó el género del ditirambo e influyó en los coros de Eurípides.

 
Filóxeno nació hacia el año 435 a. C. en la isla de Citera, al sudeste del Peloponeso. Cuando los atenienses tomaron la isla durante la guerra (en los años 426 - 410), fue conducido como esclavo a Atenas, donde el poeta ditirámbico Melanípides lo compró, lo educó y le dio la libertad.

Filóxeno residió más tarde en Sicilia, en la corte del tirano Dionisio. Tenía este prohombre veleideades poéticas, que eran muy aplaudidas por los cortesanos. Filóxeno se negó a adular al tirano, porque consideraba que sus versos no tenían valor alguno. Además, trató de seducir a Galatea, una flautista de la corte por la que el tirano sentía cierto interés. Dionisio lo condenó por ello a realizar trabajos forzados en las latomías (canteras) de Siracusa. En ellas compuso el poeta su obra más conocida: el ditirambo Cíclope o Galatea.


Filóxeno logró escapar de Sicilia y viajó por Grecia, Italia y Asia, recitando sus ditirambos, y murió en Éfeso.
 
Según la Suda, enciclopedia bizantina compilada en el siglo X, Filóxeno compuso veinticuatro ditirambos y un poema lírico sobre los descendientes de Éaco. Se le atribuyen también algunos nomos (himnos a Apolo).


En sus manos, el ditirambo pasó a ser una suerte de ópera cómica, cuya música componía él mismo.


Su obra maestra es Cíclope o Galatea, compuesta hacia el año 390 a. C.2​ Según la tradición, Filóxeno se venga en ella del tirano Dionisio, presentando a este (que, al parecer, era ciego, total o parcial, de un ojo) como el cíclope Polifemo, enamorado de la nereida Galatea (trasunto de la flautista de la corte). Odiseo, que es aquí una máscara del poeta, seduce a Galatea.​ El coro de la obra eran las ovejas y las cabras del Cíclope, y este, que tocaba la cítara, era el corego. Da fe de la popularidad de la obra el hecho de que Aristófanes la parodie en su comedia Pluto (388 a. C.), versos 290-321. La parodia aristofánica cita también a Circe, por lo que es probable que Filóxeno compusiera también una obra sobre este personaje, en la que el coro estaría compuesto por los compañeros de Odiseo, convertidos en cerdos.


Otra obra importante de Filóxeno es la llamada Deipnon («Cena»), probablemente una sátira del lujo de la corte siciliana. Ateneo nos ha conservado fragmentos de esta obra en su Banquete de los eruditos.


Antífanes, poeta cómico ateniense, se refiere en una de sus obras a Filóxeno como «muy superior a todos los poetas, (...) un dios entre los hombres, conocedor de la verdadera música» (fr. 207 K.-A.). Alejandro Magno ordenó que le enviaran sus poemas cuando estaba de campaña en Asia. Los gramáticos alejandrinos le hicieron un sitio en su canon, y en la época de Polibio los jóvenes de la Arcadia solían aprender sus obras y representarlas una vez al año.


 
Según la obra Sobre la música, atribuida a Plutarco, Filóxeno introdujo monodias en los cantos corales (Ps.Plut. De musica 1142a; Aristoph. fr. 641 K.)

 

Los fragmentos de Filóxeno, junto con las noticias que conservamos sobre su vida, fueron editados por G. Bippart en 1843. Theodor Bergk los incluye también en sus Poetae lyrici graeci.

En español, Francisco Rodríguez Adrados ha traducido los fragmentos de Galatea en su obra Lírica griega arcaica (poemas corales y monódicos, 700-300 a. C.), Gredos, 1980, pp. 456-7. Adrados habla sobre Filóxeno en su introducción a los poetas menores (pp. 432-3).

Albin Lesky habla de Filóxeno en el tomo I de su Historia de la literatura griega, pp. 650-1.



domingo, 23 de agosto de 2020

CÉSAR DICE SOBRE CAYO MARIO



En servicio activo, a despecho de la severidad de su disciplina, era capaz de una cierta indulgencia y comprensión. Sus hombres llegaban a tacharlo de demasiado prudente, lo cual demuestra que sabía reservar sus fuerzas para los momentos decisivos. Era moderado en toda su conducta, despiadado empero con el cobarde y el incompetente, justo y recto con todos y por todos amado. Pero cuando llegó el momento de desempeñar un papel en la vida de la ciudad, su carácter se alteró por completo. Se volvió jactancioso, arrogante, grosero y desagradable aun con sus amigos, tanto como insolente y cruel con sus enemigos. Peor aún, estaba casi siempre bebido y en este estado se ponía de muy triste humor, ensombreciendo las más alegres tertulias; o por el contrario, estando la gente, por alguna buena razón, triste o seria, la molestaba con una alegría chabacana y estruendosa, al igual que el Hércules de Eurípides, inoportunamente alegre durante un funeral.

 

Aunque declaraba despreciar y en verdad despreciaba toda muestra de civilización, ello no le impedía vivir durante largos períodos con lujo y ostentación, en una espléndida villa en el balneario de moda de Baiae. Como era totalmente incapaz de apreciar ninguno de los verdaderos refinamientos (las estatuas, pinturas, pórticos) que compró a precios altísimos, pasaba indolentemente su tiempo entregado a sus insaciables y groseros apetitos; la comida, la bebida y las relaciones sexuales (si puede usarse esta expresión para describir un simple y bestial acoplamiento) con las mujeres más bajas y vulgares. Era extraño, siendo un libertino, que no sintiera interés amatorio por personas de su propio sexo, y, en verdad, consideraba la homosexualidad como decadente y afeminada, así como el estudio de la poesía y la filosofía.

( Warner Rex en "El joven César")