Mostrando entradas con la etiqueta MANIO AQUILIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MANIO AQUILIO. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de abril de 2019

SITIO DE ATENAS (86 A. C.)


El sitio de Atenas del año 86 a. C. tuvo lugar en la antigua Atenas, durante la primera guerra mitridática entre la República romana y el tirano de Atenas, aliado del Reino del Ponto. Las fuerzas romanas de Lucio Cornelio Sila derrotaron al ejército greco póntico, al mando de Aristion.
 
La invasión de Mitrídates, el rey del Ponto al Reino de Bitinia, aliado de Roma, y aún más, el asesinato de ciudadanos romanos en las vísperas asiáticas, generó una guerra abierta con Roma. Tras la derrota de Manio Aquilio, el Senado nombró a Lucio Cornelio Sila como comandante de la expedición del Ponto. Entre tanto, Mitrídates se había ganado a todas las ciudades griegas, para entonces sometidas a Roma, como aliadas suyas. Sin embargo, cuando Sila llegó, la mayoría de estas se pasaron a su bando, pero no así Atenas, en la que su tirano impuesto por Mitrídates, Aristion, no estaba dispuesto a capitular.
 
Rápidamente, Sila comenzó su marcha hacia Atenas, y cuando llegó, decidió sitiarla. Esto era un problema, pues los Muros Largos, que conectaban el puerto del Pireo y Atenas estaban en ruinas, por lo que tuvo que sitiar las dos ciudades por separado. Aristion decidió defender Atenas, mientras que el general póntico Arquelao prefirió defender el puerto del Pireo, cosa que era más fácil, pues sus compatriotas dominaban el mar y podía pedirles refuerzos cuando se le antojase. Además, tenía provisiones de sobra, mientras que en Atenas habían comenzado a escasear. Unos días después, Sila atacó el puerto del Pireo, pero fue rechazado, por lo que decidió construir máquinas de asedio de mayor resistencia. Sin embargo, en su siguiente ataque, a pesar de tomar las murallas, se encontró con que Arquelao había construido otras en el interior de la ciudad. Viendo que sería difícil acabar con Arquelao, Sila decidió concentrar sus esfuerzos en la toma de Atenas.
 
No tardó mucho tiempo Sila en enterarse de que sus opositores políticos en Roma habían tomado las riendas del poder, y que no lo iban a ayudar en su campaña aportándole, como él pensaba, dinero. Por ello, ordenó saquear todos los templos cercanos para tener dinero suficiente para continuar con su expedición. Dicen que una de las personas enviadas a hacerlo, se asustó debido a que cuando entró al templo oyó carcajadas, y que Sila le dijo que si escuchaba risas era porque estaban felices y no enojados. Mientras tanto, en Atenas, donde la escasez de comida era ya un serio problema, Aristion se volvía cada vez más impopular. El ataque de Sila se inició el 1 de marzo de 86 a. C., tras cinco meses de asedio.
 Lo realizó por un lugar en el que unos desertores enemigos le habían informado que era fácil de atacar. Las tropas de Sila no tardaron en entrar en la ciudad, y la saquearon. Aristion, tras quemar el Odeón, huyó con los suyos a la Acrópolis, donde se las arreglaron para tener provisiones durante algunas semanas. Durante ese mismo mes, Arquelao se retiró del Pireo, al verse rodeado por los romanos, para partir en busca de los refuerzos que Mitrídates le iba a enviar. Sila, para evitar la reunión de Arquelao con sus refuerzos, salió de Atenas con la mitad de su ejército, y le dejó a Curión la tarea de tomar la Acrópolis. Aunque, al principio Aristión y los suyos resistieron, al enterarse de la derrota póntica en Queronea, se rindieron y fueron ejecutados.
 
Así cayó Atenas el 1 de marzo de 86 a. C.. Ese mismo año, Sila aniquilaría a otras tropas pónticas en la batalla de Queronea, y al año siguiente haría lo mismo en la batalla de Orcómeno. Finalmente, Sila y Mitrídates VI se reunirían en 85 a. C. y firmarían el tratado de Dárdanos, concluyendo así la guerra.


martes, 12 de febrero de 2019

LA MUERTE DEL PROCÓNSUL MANIO AQUILIO A MANOS DE MITRIDATES VI EUPATOR DEL PONTO



A principios de Gamelio, acariciando sus secretos, el rey del Ponto salió de Éfeso para viajar a Pérgamo, donde le esperaba algo especial.

 

Los otros dos delegados y los oficiales de Manio Aquilio habían optado por huir a Pérgamo, mientras que Manio Aquilio estaba refugiado en Mitilene en la isla de Lesbos, con la intención de tomar allí un barco para Rodas, donde, por un mensaje, sabía que se encontraba refugiado Cayo Casio. Pero nada más desembarcar en Lesbos cayó enfermo de fiebres tifoideas y tuvo que posponer el viaje. Pero cuando los de Lesbos se enteraron de la caída de la provincia de Asia (de la que oficialmente formaban parte), enviaron prudentemente al procónsul romano de regalo al rey Mitrídates.

 

Desembarcado en el pequeño puerto de Atarneus, enfrente de Mitilene, Manio Aquilio fue encadenado a la silla de montar de un gigantesco jinete bastamiano y arrastrado hasta Pérgamo, donde le aguardaba ansioso y relamiéndose el rey del Ponto. Cayendo constantemente, tropezando, cubierto de porquería, zaherido e injuriado, Aquilio logró sobrevivir a aquel horrendo viaje, enfermo como estaba. Pero cuando Mitrídates le examinó en Pérgamo, comprendió que si seguían dándole semejante trato no duraría mucho y le fastidiarían unos planes maravillosos que tenía dispuestos para el romano.

 

Así, el procónsul fue atado a la silla de un pollino, montado al revés, y paseado cruelmente de arriba abajo por Pérgamo para que los ciudadanos de la antigua capital romana viesen la estima en que tenía el rey del Ponto a un magistrado romano y lo poco que temía las represalias.

 

Finalmente, lleno de mierda y convertido en sombra de lo que había sido, Manio Aquilio fue conducido a presencia del autor de sus tormentos. Sentado sobre un estrado, en trono dorado con un lujoso dosel en medio del ágora de Pérgamo, el rey bajó la vista hacia el hombre que se había negado a retirar el ejército de Bitinia, le había impedido la defensa de su reino y no había querido presentar directamente sus quejas al Senado y al pueblo de Roma.

 

Fue en aquel momento, al ver el cuerpo informe y lleno de pústulas de Manio Aquilio, cuando el rey Mitrídates del Ponto perdió el último vestigio de temor hacia Roma. ¿De qué había tenido miedo? ¿Por qué había retrocedido ante aquel ridículo y débil ser?. ¡El, Mitrídates del Ponto era mucho más poderoso que Roma!. Cuatro modestos ejércitos con menos de veinticinco mil hombres!. Era Manio Aquilio quien encarnaba Roma, no Cayo Mario ni Lucio Cornelio Sila. Su concepto de Roma había sido un mito perpetuado por dos romanos atípicos. La Roma auténtica la tenía allí a sus pies.

 

-¡Procónsul! -clamó con fuerte voz.

Aquilio alzó la vista, pero no tenía fuerzas para hablar.

-Procónsul de Roma, he decidido darte el oro que codiciabas.

 

La guardia subió hasta el dosel a Manio Aquilio y le obligó a sentarse en una  banqueta a cierta distancia a la izquierda del rey, donde le ataron fuertemente los brazos al cuerpo con correas de cuero, sujetando un soldado las del lado izquierdo y otro las del derecho para que no se moviera.

 

Acto seguido llegó un herrero con unas tenazas y un crisol al rojo vivo, capaz para varias copas de metal fundido, que despedía un humo acre y un olor abrasador.

 

Un tercer soldado se colocó a la espalda del romano, le agarró del pelo y le obligó a echar la cabeza hacia atrás; luego le cogió de la nariz con la otra mano y le cerró brutalmente las coanas. Manio Aquilio no pudo evitar el acto reflejo de respirar, y abrió la boca. Al instante un chorro de turgente y brillante metal le entró en la garganta y continuó vertiéndose mientras él aullaba debatiéndose en vano para levantarse de la banqueta, hasta que expiró, con la boca, la barbilla y el pecho cubiertos por una cascada de oro solidificado.

 

-Abridle en canal y recuperad hasta la última partícula -dijo el rey Mitrídates, recreándose en la escena del meticuloso raspado interno y externo del romano.

-Arrojad sus restos a los perros -añadió el rey, levantándose del trono, descendiendo despreocupadamente del estrado y cruzando ante los restos despedazados de Manio Aquilio, procónsul de Roma.

 

¡Todo iba estupendamente!. Nadie lo sabía mejor que el rey Mitrídates mientras paseaba por las frescas terrazas del palacio de Pérgamo, en lo alto de las montañas, aguardando a que finalizase Gamelio, el Quinctilis romano. Le habían llegado noticias de Aristión desde Atenas, diciendo que su misión había tenido éxito.


miércoles, 4 de abril de 2018

PRIMER DISCURSO DE CAYO MARIO EN SU SEGUNDO CONSULADO ANTE EL SENADO SOLICITANDO LA LIBERACIÓN DE LOS ESCLAVOS ITÁLICOS PARA INCORPORARLOS COMO NUEVOS SOLDADOS DE LAS LEGIONES


 Los itálicos no son romanos pero son nuestros mejores aliados en todas nuestras empresas y comparten con nosotros la península de Italia. Comparten también la carga de aportar tropas para defender Italia y no han sido bien servidos. Como tampoco lo ha sido Roma. Como sabéis, padres conscriptos, actualmente se está dando un caso lamentable en la Asamblea de la plebe, en la que el consular Marco Junio Silano se está defendiendo de la imputación que ha presentado contra él el tribuno de la plebe Cneo Domicio. Aunque no se ha pronunciado la palabra traición, la implicación está clara: Marco Junio es uno de esos magistrados consulares de estos últimos años que ha perdido un ejército entero, incluidas legiones de aliados itálicos.

 

No me corresponde hoy exponer ningún cargo contra Marco Junio. Simplemente menciono un hecho. Que otros organismos y otros hombres se ocupen de la querella. Yo simplemente menciono un hecho. Marco Junio no necesita hablar hoy aquí en defensa de sus actos por causa mía. Yo simplemente menciono un hecho. Marco Junio Silano tiene ocasión de decir algo, pero ya veo que no tiene intención de hablar.

 

Yo simplemente menciono un hecho, padres conscriptos. Simplemente eso; un hecho es un hecho.

 

En la carga que nuestros aliados itálicos comparten con nosotros facilitándonos tropas para defender Italia. Una de las objeciones para aportar tropas que se repite en ese alud de cartas de los magistrados de los samnitas, los apuleos, los marsos y otros que ahora os estoy mostrando se refiere a la legalidad de que exijamos a los aliados itálicos la provisión de tropas para realizar campañas fuera de las fronteras de Italia y de la Galia itálica. Los aliados itálicos, augustos y notables padres conscriptos, sostienen que han estado aportando tropas, y perdiendo miles y miles de hombres, ¡para las guerras de Roma en el extranjero!, y cito textualmente.

 

Y debemos tener en cuenta lo que dicen esas cartas por la simple razón de que yo imagino que esta cámara tendrá que recibir en breve embajadas de todos los pueblos de Italia que han manifestado su descontento en tan numerosas cartas.

 

Bien, ¡basta de escaramuzas! , Vivimos en una península codo con codo con nuestros amigos itálicos, que no son romanos y nunca lo serán. Que se hayan elevado a su actual prominente posición en el mundo se debe exclusivamente a los grandes logros de Roma y los romanos. Que los pueblos itálicos estén ampliamente presentes en las provincias y esferas de influencia romana se debe estrictamente a los grandes logros de Roma y los romanos. El pan de su mesa, el fuego de sus casas en invierno, la salud y el número de sus hijos se lo deben a Roma y a los romanos. Antes de Roma, era el caos, la total desunión. Antes de Roma estaban los crueles reyes etruscos al norte de la península y los codiciosos griegos al sur. Por no hablar de los celtas de la Galia.

 

Padres conscriptos, vosotros y el pueblo de Roma me habéis dado un mandato para librar a Italia de los germanos. Tan pronto como sea posible, llevaré como legados a la Galia Transalpina al propretor Manio Aquilio y al valiente senador Lucio Cornelio Sila. ¡Aunque nos cueste la vida, os libraremos de los germanos y garantizaremos la eterna seguridad de Roma e Italia!.  Eso os prometo en mi nombre y en nombre de mis legados y de todos mis soldados. Nuestro cometido es sagrado para nosotros y nada se opondrá a nuestro paso. ¡Llevaremos a la cabeza las águilas de plata de las legiones de Roma y alcanzaremos la victoria!

 

No obstante, antes de partir, debo suplicar a esta cámara que haga lo que pueda para paliar la preocupación de nuestros aliados itálicos. No podemos dar pábulo a estas alegaciones de que se emplean tropas itálicas para luchar en campañas que no son de incumbencia de los aliados itálicos, ni podemos dejar de alistar a todos los soldados que los aliados itálicos aceptaron formalmente darnos en virtud de un tratado. Los germanos amenazan a toda la península, incluida la Galia itálica. Pero la terrible escasez de hombres idóneos para servir en las legiones afecta a los aliados itálicos tanto como a Roma. El pozo se ha secado, colegas senadores, y el nivel de las aguas que lo alimentaban tardará en subir. Me gustaría dar a nuestros aliados itálicos la seguridad de que mientras exista un mínimo aliento de vida en este organismo nada augusto y nada notable, nunca más las tropas itálicas, ni romanas, perderán la vida en los campos de batalla. ¡Yo trataré con más reverencia y respeto que mi propia vida la vida de los hombres que lleve conmigo a defender a la patria! Así os lo prometo.

 

Ha llegado a mi conocimiento una reprensible situación. Se trata de que nosotros, el Senado y el pueblo de Roma, hemos sometido a esclavitud a muchos miles de itálicos y aliados en concepto de deuda, enviándolos como esclavos a las tierras de nuestros dominios en los confines del Mediterráneo. Como la mayoría de ellos proceden de la agricultura, casi todos se hallan cancelando su deuda en nuestros graneros de Sicilia, Cerdeña, Córcega y Africa. ¡Eso, padres conscriptos, es una injusticia! Si a los deudores romanos ya no se les inflige la esclavitud, tampoco debemos hacerlo con nuestros aliados itálicos. No, no son romanos, y nunca serán romanos; pero son nuestros hermanos de la península, y ningún romano esclaviza a sus hermanos por deudas.

 

Hasta que pueda dar a nuestros grandes terratenientes de las regiones trigueras la mano de obra a base de esclavos germanos, deberán procurársela de otro modo que no sea el de esclavos itálicos por deudas. Porque nosotros, padres conscriptos, debemos promulgar hoy mismo un decreto, que ratifique la Asamblea de la plebe, manumitiendo a todos los esclavos nacidos en los pueblos itálicos que son aliados nuestros. No podemos imponer a nuestros aliados más antiguos y fieles lo que no es aplicable entre nosotros. ¡Hay que liberar a esos esclavos! Tienen que volver a Italia para cumplir con su deuda natural con Roma: servir en las legiones auxiliares romanas.

 

Se me informa que no queda población capíte censi en ningún pueblo itálico porque están reducidos a la esclavitud. Pues bien, colegas del Senado, el capite censi de Italia puede utilizarse mejor que trabajando en las regiones de abastecimiento de trigo. ¡Ya no podemos formar ejércitos al estilo tradicional, porque los pequeños propietarios que servían en ellos son demasiado viejos, demasiado jóvenes o han muerto! De momento, el censo por cabezas es el único recurso para alistar soldados. Mi valiente ejército africano, totalmente reclutado entre ese censo, ha demostrado que estos hombres llegan a ser magníficos soldados. Y del mismo modo que se ha demostrado que los propietarios procedentes de los pueblos itálicos, como soldados, no son en nada inferiores a los propietarios romanos, en los años venideros se demostrará que los hombres del censo por cabezas de los pueblos itálicos no son en nada inferiores a los soldados del censo por cabezas romano.

 

¡Quiero ese decreto, padres conscriptos! ¿Me lo concederéis?

 

¿Y cómo voy a lograr que los terratenientes trigueros acepten el decreto teniendo en cuenta que gran cantidad de esclavos son itálicos y la producción de grano en Sicilia funciona gracias a ello?. Pues ya tengo a mis agentes trabajando para que sea posible, y os aseguro que mis propuestas saldrán bien.He realizado un estudio y los resultados son bien elocuentes, y muy interesantes. 


Sí, hay muchos miles de esclavos procedentes de los pueblos itálicos aliados trabajando en las zonas trigueras. Pero en Sicilia, por ejemplo, la gran mayoría de ellos son griegos. Y en Africa haré que el rey Gauda sustituya la mano de obra cuando liberen a los esclavos itálicos. Gauda es cliente mío y no le queda más remedio que avenirse a mis deseos. Cerdeña resulta más dificil, porque allí casi todos los esclavos son itálicos. 


No obstante, estoy seguro de que al nuevo gobernador, nuestro estimado propretor Tito Albicio y a su cuestor Pompeyo el Bizco de Picenum  , se le puede ganar para mi causa. Muchas gracias.


viernes, 30 de marzo de 2018

DISCURSO DEL PRETOR MANIO AQUILIO EN EL SENADO SOLICITANDO EL MANDO SUPREMO PARA CAYO MARIO EN ARAS DE HACER FRENTE A LA INVASIÓN GERMANA TRAS LA DERROTA ROMANA DE AURASIO



Publio Rutilio, Marco Emilio, padres conscriptos, coincido con el cónsul en que sólo hay un hombre con capacidad para sacarnos de apuros, y estoy de acuerdo en que ese hombre es Cayo Mario. Pero la solución que nuestro estimado cónsul propone no es la adecuada. No podemos restar posibilidades a Cayo Mario con un imperium proconsular limitado a la Galia Transalpina. En primer lugar, ¿qué sucederá si la guerra trasciende de la Galia Transalpina? ¿Qué sucederá si se extiende a la Galia itálica, a Hispania o a la propia Italia? ¡Pues que el mando pasaría automáticamente al gobernador correspondiente o al cónsul del año!.  Cayo Mario cuenta con muchos enemigos en esta cámara. Y yo, para empezar, no estoy muy seguro de que esos enemigos antepongan el interés de Roma a sus rencores. La negativa de Quinto Servilio Cepio a colaborar con Cneo Malio Máximo constituye inequívoco ejemplo de lo que sucede cuando un miembro de la antigua nobleza antepone su dignitas a la dignitas de Roma.

 

 Sí, príncipe del Senado, ya sé que me habéis dicho que Quinto Servilio mantuvo su dignitas idéntica a la de Roma. Hacéis muy bien en corregirme y os agradezco la rectificación. ¡La dignitas de Roma y la de Quinto Servilio Cepio son idénticas! Pero ¿por qué sostener que la dignitas de Cayo Mario sea inferior a la de Quinto Servilio Cepio? ¡Qué duda cabe de que la contribución personal de Cayo Mario es bastante alta, si no más alta, a pesar de que sus antepasados no tuvieran nada! ¡La carrera personal de Cayo Mario es ilustre! ¿Piensa, por ello, algún miembro de esta cámara que Cayo Mario anteponga Arpinum a Roma? ¿Cree seriamente algún miembro de esta cámara que Cayo Mario piensa en Arpinum como si no fuese una parte integrante de Roma? ¡Todos nosotros tenemos antepasados que fueron hombres nuevos! ¡Hasta Eneas, que llegó al Lacio desde la lejana Ilión! ¡El era un hombre nuevo! Cayo Mario ha sido pretor y cónsul, ennobleciéndose con ello, y sus descendientes serán nobles hasta el final de los tiempos.

 

Veo hoy aquí a varios padres conscriptos que llevan el nombre de Porcio Catón. Pues su abuelo era un hombre nuevo. Sin embargo, ¿no consideramos hoy a estos Porcios Catones pilares de esta cámara, nobles descendientes de un hombre que en su día causaba el mismo efecto en romanos con el nombre de Cornelio Escipión, del mismo modo que Cayo Mario lo causa hoy en otros con el nombre de Cecilio Metelo?

 

Es Cayo Mario y no otro quien debe ostentar el mando supremo contra los germanos ¡Independientemente de donde se plantee la guerra! Por consiguiente, no basta con investir a Cayo Mario con imperium proconsular limitado a la Galia Transalpina.

 

Como es evidente, Cayo Mario no se halla aquí para dar su opinión, y el tiempo corre como un corcel desbocado. Cayo Mario debe ser cónsul. Es el único modo de concederle el poder que va a necesitar. ¡Hay que hacerle candidato a las próximas elecciones consulares... candidato in absentia!

 

¿Puede alguien aquí negar que los hombres de las centurias son lo mejor del pueblo?.  Pues yo os digo, ¡dejad que decidan los hombres de las centurias! ¡Que elijan cónsul a Cayo Mario in absentia o que no lo elijan!.  Porque la decisión de conceder el mando supremo es de suma responsabilidad para que la adopte esta cámara. Y también lo es para la Asamblea de la plebe o para todo el pueblo. ¡Yo os digo, padres conscriptos, que la decisión de otorgar el mando supremo en la guerra contra los germanos debe trasladarse a esa capa del pueblo romano que más cuenta, los ciudadanos de primera y segunda clase que voten en su propia asamblea comitia centuriata!. Gracias.



EL CÓNSUL MANIO AQUILIO



Manio Aquilio (en latín, Manius Aquilius o Aquillius) fue un político y militar romano miembro de la gens Aquilia que ocupó el consulado en 101 a. C.
 
Probablemente fue hijo de Manio Aquilio cónsul en -129 a. C., un leal seguidor de Cayo Mario. Durante la campaña electoral para el cuarto consulado de Mario, Aquilio quedó como comandante del ejército por si los cimbrios atacaban antes de que Mario pudiese volver para dirigir el ejército en persona.
 
Como premio por su lealtad, Cayo Mario compartió el consulado con él en 101 a. C. Después del consulado, con Roma azotada por las hambrunas causadas por la revuelta de esclavos de Sicilia, Aquilio fue enviado a aplastarla y restablecer la paz y el suministro de grano a la capital. Aquilio sometió por completo a Atenión y sus rebeldes, y obtuvo una ovación en Roma en el año 100 a. C.​ En -98 a. C., Aquilio fue acusado de malversación en Sicilia por Lucio Fufio. En el juicio consiguiente fue defendido por Marco Antonio el Orador y, aunque había pruebas concluyentes de su culpabilidad, fue absuelto por su valor en la pasada guerra.
 
En -88 a. C. fue destinado a Asia como uno de los legados consulares enviados a combatir en la guerra contra Mitrídates VI y sus aliados. Fue derrotado en la batalla del Monte Escorobas, cerca de Protostaquium y fue entregado, prisionero, a Mitrídates por los habitantes de Mitilene. El rey del Ponto volcó sobre él todo su salvajismo y le ejecutó obligándole a beber un caldero lleno de oro fundido.


domingo, 16 de octubre de 2016

EL CÓNSUL MANIO AQUILIO


 
Manio Aquilio Nepote (en latín: MANIVS•AQUILIVS•NEPOS), fue miembro de la antigua gens Aquillia romana, fue cónsul en 101 a. C.
 
Probablemente fue hijo de Manio Aquilio cónsul en 129 a. C., un leal seguidor de Cayo Mario. Durante la campaña electoral para el cuarto consulado de Mario, Aquilio quedó como comandante del ejército por si los Cimbrios atacaban antes de que Mario pudiese volver para dirigir el ejército en persona.
 
Como premio por su lealtad, Cayo Mario compartió el consulado con él en 101 a. C. Después del consulado, con Roma azotada por las hambrunas causadas por la revuelta de esclavos de Sicilia, Aquilio fue enviado a aplastarla y restablecer la paz y el suministro de grano a la capital. Aquilio sometió por completo a Atenion y sus rebeldes, y obtuvo una Ovación en Roma en el año 100 a. C.1 En 98 a. C., Aquilio fue acusado de malversación en Sicilia por L. Fufio. En el juicio consiguiente fue defendido por Marco Antonio el Orador, y aunque había pruebas concluyentes de su culpabilidad, fue absuelto por su valor en la pasada guerra.
 
En 88 a. C. fue destinado a Asia como uno de los legados consulares enviados a combatir en la guerra contra Mitrídates VI y sus aliados. Fue derrotado en la batalla del monte Escorobas, cerca de Protostaquium y fue entregado, prisionero, a Mitrídates por los habitantes de Mitilene. El rey del Ponto volcó sobre él todo su salvajismo y le ejecutó obligándole a beber un caldero lleno de oro fundido