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domingo, 12 de mayo de 2019

JUNIA CLAUDILA


Junia Claudila o Junia Claudia (en latín, Iunia Claudilla; m. 34-37) fue una dama romana del siglo I, perteneciente a la gens Junia, y primera esposa del emperador Calígula.
 
Junia fue hija del influyente senador Marco Junio Silano. Contrajo matrimonio con Calígula en el año 33 en Antium, antes de que este ascendiera al trono. Falleció de parto ​ en 34, 36, o quizá a principios de 37. El bebé tampoco sobrevivió.

domingo, 28 de abril de 2019

BATALLA DE NOLA


 La batalla de Nola se libró en el año 216 a. C. entre las fuerzas del general cartaginés Aníbal y una fuerza romana dirigida por Marco Claudio Marcelo. Aníbal estaba tratando de apoderarse de la ciudad de Nola, pero fracasó. Tras la primera batalla de Nola, volvería a intentar otros dos asaltos a la ciudad en los siguientes dos años, pero también fracasarían.
 
El comandante cartaginés envió al sur, a Brucia, a su hermano Magón Barca, con parte de sus fuerzas, para dar la bienvenida a aquellas ciudades que abandonaran a los romanos y amenazar a las que se negaran a hacerlo. Aníbal, con el grueso del ejército, se dirigió a la Campania, donde obtuvo la defección de Capua, en aquella época, la segunda ciudad en importancia de la península, tras Roma.
 
Después, retomó las operaciones en Campania, tratando en vano de someter a Neapolis, y conduciendo luego a su ejército al territorio de Nola, con la esperanza de que esta ciudad se rindiera sin llegar al recurso de las armas.
 
El senado de Nola era favorable a mantener la alianza con Roma, pero el pueblo era favorable al comandante cartaginés. Debido a que los senadores temían no poder oponerse a la multitud, intentaron ganar tiempo, y mientras fingían intentar la defección de Aníbal, enviaron embajadores al pretor romano, Marco Claudio Marcelo, para informar de la situación de la ciudad.
 
Marcelo llegó a Nola, atravesando montañas, mientras que Aníbal prefirió dirigirse a Neapolis, deseoso de asegurarse una base para acoger posibles refuerzas de África. Sin embargo, al enterarse de que dicha ciudad había sido ocupada por el prefecto romano Marco Junio Silano, se dirigió hacia la Nocera Inferiore, que saqueó e incendió., y luego volvió a Nola.
 
Una vez enfrentados los dos ejércitos, ambos comandantes ordenaron a las tropas en orden de batalla, comenzando algunas escaramuzas aisladas, pero sin presentar batalla campal.
 
Marcelo fue informado por algunos senadores de Nola de la existencia de conversaciones secretas del pueblo con los cartagineses, para traicionar a los romanos, por lo que decidió presentar batalla. Dividió su ejército en tres partes, cada una frente a una de las puertas de la ciudad, con su mejor legión y su caballería frente a la puerta central. De repente, el prefecto romano dio orden de ataque, sorprendiendo al centro del ejército cartaginés, a la vez que también salieron los dos legados de Marcelo para atacar las alas enemigas.
 
El estruendo generado hizo creer a los cartagineses que estaba siendo atacado por una fuerza superior. En el encuentro, según Tito Livio, murieron 2.800 cartagineses, y tan sólo 500 romanos.
 
Dejó escrito Tito Livio: "En aquel día, está registrada una empresa grande para aquella guerra. El hecho de no ser vencidos por Aníbal fue, en efecto, más difícil que vencerle después."

sábado, 7 de abril de 2018

EL CÓNSUL MARCO JUNIO SILANO



 

Marco Junio Silano (en latín, Marcus Iunius D. f. D. n. Silanus) fue un político de la República romana elegido cónsul en 109 a. C. junto a Quinto Cecilio Metelo.

 

Nació en la segunda mitad del siglo II a. C. Es probable que su familia descendiera del legendario Lucio Junio Bruto, yerno del rey romano Tarquinio el Antiguo. Su colega en el consulado Quinto Cecilio Metelo obtuvo el cognomen de Numídico tras su campaña en tierras africanas.

 

Durante su consulado, redactó y aprobó una ley que privatizaba la totalidad de terrenos considerados públicos. Con ello la mayor parte del ager publicus se tornó propiedad privada; no podía existir ley agraria a mayor escala.


A finales de ese mismo año les negó a los cimbros la concesión de tierras para su colonización y asentamiento en la Galia. En respuesta a la negativa del cónsul, los bárbaros atacaron y derrotaron a su ejército.​ A pesar de ello, el consulado de Silano no finalizó con una derrota, pues rechazó una expedición de galos que pretendían establecerse en Delfos.

 

Fue acusado en el año 104 a. C. por el tribuno de la plebe Cneo Domicio Ahenobarbo de haber injuriado a un amigo del acusador, pero fue absuelto casi por unanimidad, ya que sólo dos tribus de las treinta y cinco votaron a favor de la condena.​

 

Cicerón alaba sus poderes de oratoria. Silano fue padre de Décimo Junio Silano, cónsul en el año 62 a. C.


miércoles, 4 de abril de 2018

PRIMER DISCURSO DE CAYO MARIO EN SU SEGUNDO CONSULADO ANTE EL SENADO SOLICITANDO LA LIBERACIÓN DE LOS ESCLAVOS ITÁLICOS PARA INCORPORARLOS COMO NUEVOS SOLDADOS DE LAS LEGIONES


 Los itálicos no son romanos pero son nuestros mejores aliados en todas nuestras empresas y comparten con nosotros la península de Italia. Comparten también la carga de aportar tropas para defender Italia y no han sido bien servidos. Como tampoco lo ha sido Roma. Como sabéis, padres conscriptos, actualmente se está dando un caso lamentable en la Asamblea de la plebe, en la que el consular Marco Junio Silano se está defendiendo de la imputación que ha presentado contra él el tribuno de la plebe Cneo Domicio. Aunque no se ha pronunciado la palabra traición, la implicación está clara: Marco Junio es uno de esos magistrados consulares de estos últimos años que ha perdido un ejército entero, incluidas legiones de aliados itálicos.

 

No me corresponde hoy exponer ningún cargo contra Marco Junio. Simplemente menciono un hecho. Que otros organismos y otros hombres se ocupen de la querella. Yo simplemente menciono un hecho. Marco Junio no necesita hablar hoy aquí en defensa de sus actos por causa mía. Yo simplemente menciono un hecho. Marco Junio Silano tiene ocasión de decir algo, pero ya veo que no tiene intención de hablar.

 

Yo simplemente menciono un hecho, padres conscriptos. Simplemente eso; un hecho es un hecho.

 

En la carga que nuestros aliados itálicos comparten con nosotros facilitándonos tropas para defender Italia. Una de las objeciones para aportar tropas que se repite en ese alud de cartas de los magistrados de los samnitas, los apuleos, los marsos y otros que ahora os estoy mostrando se refiere a la legalidad de que exijamos a los aliados itálicos la provisión de tropas para realizar campañas fuera de las fronteras de Italia y de la Galia itálica. Los aliados itálicos, augustos y notables padres conscriptos, sostienen que han estado aportando tropas, y perdiendo miles y miles de hombres, ¡para las guerras de Roma en el extranjero!, y cito textualmente.

 

Y debemos tener en cuenta lo que dicen esas cartas por la simple razón de que yo imagino que esta cámara tendrá que recibir en breve embajadas de todos los pueblos de Italia que han manifestado su descontento en tan numerosas cartas.

 

Bien, ¡basta de escaramuzas! , Vivimos en una península codo con codo con nuestros amigos itálicos, que no son romanos y nunca lo serán. Que se hayan elevado a su actual prominente posición en el mundo se debe exclusivamente a los grandes logros de Roma y los romanos. Que los pueblos itálicos estén ampliamente presentes en las provincias y esferas de influencia romana se debe estrictamente a los grandes logros de Roma y los romanos. El pan de su mesa, el fuego de sus casas en invierno, la salud y el número de sus hijos se lo deben a Roma y a los romanos. Antes de Roma, era el caos, la total desunión. Antes de Roma estaban los crueles reyes etruscos al norte de la península y los codiciosos griegos al sur. Por no hablar de los celtas de la Galia.

 

Padres conscriptos, vosotros y el pueblo de Roma me habéis dado un mandato para librar a Italia de los germanos. Tan pronto como sea posible, llevaré como legados a la Galia Transalpina al propretor Manio Aquilio y al valiente senador Lucio Cornelio Sila. ¡Aunque nos cueste la vida, os libraremos de los germanos y garantizaremos la eterna seguridad de Roma e Italia!.  Eso os prometo en mi nombre y en nombre de mis legados y de todos mis soldados. Nuestro cometido es sagrado para nosotros y nada se opondrá a nuestro paso. ¡Llevaremos a la cabeza las águilas de plata de las legiones de Roma y alcanzaremos la victoria!

 

No obstante, antes de partir, debo suplicar a esta cámara que haga lo que pueda para paliar la preocupación de nuestros aliados itálicos. No podemos dar pábulo a estas alegaciones de que se emplean tropas itálicas para luchar en campañas que no son de incumbencia de los aliados itálicos, ni podemos dejar de alistar a todos los soldados que los aliados itálicos aceptaron formalmente darnos en virtud de un tratado. Los germanos amenazan a toda la península, incluida la Galia itálica. Pero la terrible escasez de hombres idóneos para servir en las legiones afecta a los aliados itálicos tanto como a Roma. El pozo se ha secado, colegas senadores, y el nivel de las aguas que lo alimentaban tardará en subir. Me gustaría dar a nuestros aliados itálicos la seguridad de que mientras exista un mínimo aliento de vida en este organismo nada augusto y nada notable, nunca más las tropas itálicas, ni romanas, perderán la vida en los campos de batalla. ¡Yo trataré con más reverencia y respeto que mi propia vida la vida de los hombres que lleve conmigo a defender a la patria! Así os lo prometo.

 

Ha llegado a mi conocimiento una reprensible situación. Se trata de que nosotros, el Senado y el pueblo de Roma, hemos sometido a esclavitud a muchos miles de itálicos y aliados en concepto de deuda, enviándolos como esclavos a las tierras de nuestros dominios en los confines del Mediterráneo. Como la mayoría de ellos proceden de la agricultura, casi todos se hallan cancelando su deuda en nuestros graneros de Sicilia, Cerdeña, Córcega y Africa. ¡Eso, padres conscriptos, es una injusticia! Si a los deudores romanos ya no se les inflige la esclavitud, tampoco debemos hacerlo con nuestros aliados itálicos. No, no son romanos, y nunca serán romanos; pero son nuestros hermanos de la península, y ningún romano esclaviza a sus hermanos por deudas.

 

Hasta que pueda dar a nuestros grandes terratenientes de las regiones trigueras la mano de obra a base de esclavos germanos, deberán procurársela de otro modo que no sea el de esclavos itálicos por deudas. Porque nosotros, padres conscriptos, debemos promulgar hoy mismo un decreto, que ratifique la Asamblea de la plebe, manumitiendo a todos los esclavos nacidos en los pueblos itálicos que son aliados nuestros. No podemos imponer a nuestros aliados más antiguos y fieles lo que no es aplicable entre nosotros. ¡Hay que liberar a esos esclavos! Tienen que volver a Italia para cumplir con su deuda natural con Roma: servir en las legiones auxiliares romanas.

 

Se me informa que no queda población capíte censi en ningún pueblo itálico porque están reducidos a la esclavitud. Pues bien, colegas del Senado, el capite censi de Italia puede utilizarse mejor que trabajando en las regiones de abastecimiento de trigo. ¡Ya no podemos formar ejércitos al estilo tradicional, porque los pequeños propietarios que servían en ellos son demasiado viejos, demasiado jóvenes o han muerto! De momento, el censo por cabezas es el único recurso para alistar soldados. Mi valiente ejército africano, totalmente reclutado entre ese censo, ha demostrado que estos hombres llegan a ser magníficos soldados. Y del mismo modo que se ha demostrado que los propietarios procedentes de los pueblos itálicos, como soldados, no son en nada inferiores a los propietarios romanos, en los años venideros se demostrará que los hombres del censo por cabezas de los pueblos itálicos no son en nada inferiores a los soldados del censo por cabezas romano.

 

¡Quiero ese decreto, padres conscriptos! ¿Me lo concederéis?

 

¿Y cómo voy a lograr que los terratenientes trigueros acepten el decreto teniendo en cuenta que gran cantidad de esclavos son itálicos y la producción de grano en Sicilia funciona gracias a ello?. Pues ya tengo a mis agentes trabajando para que sea posible, y os aseguro que mis propuestas saldrán bien.He realizado un estudio y los resultados son bien elocuentes, y muy interesantes. 


Sí, hay muchos miles de esclavos procedentes de los pueblos itálicos aliados trabajando en las zonas trigueras. Pero en Sicilia, por ejemplo, la gran mayoría de ellos son griegos. Y en Africa haré que el rey Gauda sustituya la mano de obra cuando liberen a los esclavos itálicos. Gauda es cliente mío y no le queda más remedio que avenirse a mis deseos. Cerdeña resulta más dificil, porque allí casi todos los esclavos son itálicos. 


No obstante, estoy seguro de que al nuevo gobernador, nuestro estimado propretor Tito Albicio y a su cuestor Pompeyo el Bizco de Picenum  , se le puede ganar para mi causa. Muchas gracias.


viernes, 8 de diciembre de 2017

ROMA EQUIPA SIETE LEGIONES EN SÓLO DOS MESES


En el año -109 a. C., durante el consulado de Quinto Cecilio Metelo y Marco Junio Silano, ante una preocupante y dramática invasión de los germanos, Roma había reclutado, armado y entrenado someramente un ejército de 50.000 hombres, en apenas ocho semanas, incluidos caballería y no combatientes.Sólo una pesadilla tan horrenda como los germanos podía haber provocado un esfuerzo tan heroico.







lunes, 25 de mayo de 2015

SERVILIA TRAS ENVIUDAR PIDE MATRIMONIO A CÉSAR, PERO ÉSTE LA RECHAZA




De forma muy apropiada, Servilia dejó pasar algunos días después de la muerte de Silano antes de enviarle a César una nota en la que le decía que deseaba verse con él... en las habitaciones del Vicus Patricii.

El César que fue a reunirse con ella no era el César de siempre; si el hecho de saber que aquélla, probablemente, sería una confrontación problemática no hubiera sido suficiente para causar ese cambio, el saber que sus acreedores de pronto le estaban apremiando sí habría bastado. Se había corrido la voz por todo el Clivus Argentarius de que aquel año no habría provincias pretorianas, lo que convertía a César, de ser cierto el rumor, en una pérdida irrecuperable para los acreedores. Era cosa de Catulo, Catón, Bíbulo y el resto de los boni, desde luego. A fin de cuentas habían encontrado un modo de negarles las provincias a los pretores, y Fufio Caleno era un tribuno de la plebe muy bueno. Y por si aún quedara algo que pudiese agravar las cosas, la situación económica las empeoraba; cuando alguien tan conservador como Catón veía la necesidad de bajar el precio del grano hasta una miseria, es porque Roma se encontraba en verdaderos apuros económicos. La suerte, ¿qué había sido de repente de la suerte de César? ¿O era que simplemente la diosa Fortuna lo estaba poniendo a prueba?

Pero por lo visto Servilia no estaba de humor para solucionar la posición en que ella se encontraba; saludó a César completamente vestida y con bastante seriedad; luego se sentó en una silla y pidió vino.

-¿Echas de menos a Silano? -le preguntó él.

-Quizás sí. -Empezó a darle vueltas a la copa entre las manos, una y otra vez-. ¿Piensas algo acerca de la muerte, César? -Sólo que es algo que ha de llegar. No me preocupa con tal de que sea rápida. Si yo tuviera que sufrir el destino de Silano, me atravesaría con la espada.

-Algunos griegos dicen que hay vida después.

-Sí.

-¿Tú crees eso?

-No en un sentido consciente. La muerte es un sueño eterno, de eso estoy seguro. No nos vamos flotando desprovistos de cuerpo y seguimos siendo nosotros mismos. Pero ninguna sustancia perece, y hay mundos de fuerzas que nosotros no vemos ni comprendemos. Nuestros dioses pertenecen a uno de esos mundos, y son lo suficientemente tangibles como para llevar a cabo contratos y pactos con nosotros. Pero nosotros nunca perteneceremos a ese mundo, ni en la vida ni en la muerte. Nosotros servimos para equilibrarlo. Sin nosotros, el mundo de los dioses no existiría. Así que si los griegos ven algo, eso es lo que deben de ver. Y, ¿quién sabe si los dioses son eternos? ¿Cuánto tiempo dura una fuerza? ¿Se forman más fuerzas nuevas cuando las viejas se apagan? ¿Qué le ocurre a una fuerza cuando ya no está? La eternidad es dormir sin soñar, incluso para los dioses. Eso es lo que yo creo.

-Y sin embargo -dijo Servilia lentamente-, cuando Silano murió algo salió de la habitación. Yo no vi cómo se marchaba, ni lo oí. Pero ocurrió, César. La habitación quedó vacía.

-Supongo que lo que se marchó fue una idea.

-¿Una idea?

-¿No es eso lo que todos nosotros somos, una idea?

-¿Para nosotros mismos o para los demás?

-Para todos, aunque no necesariamente la misma idea para nosotros que para los demás.

-Lo único que sé es que tuve esa sensación. Lo que hacía que Silano viviera se marchó.

-Bébete el vino. Servilia apuró la copa.

-Me siento de una forma muy extraña, pero no del mismo modo que me sentía cuando era niña y tantas personas morían. Ni del mismo modo como me sentí cuando Pompeyo Magnus me envió las cenizas de Bruto desde Mutina.



-Tu niñez fue abominable -le dijo César; se levantó, avanzó hacia Servilia y se situó a su lado-. En cuanto a tu primer marido, tú ni lo amabas ni lo elegiste. Sólo fue el hombre que engendró a tu hijo Bruto.

Servilia levantó el rostro para recibir el beso de él, y nunca antes había sido tan consciente de cómo era el beso de César porque siempre lo había deseado con demasiada avidez como para saborearlo y analizarlo. Una perfecta fusión de los sentidos y el espíritu, pensó ella; y le rodeó el cuello con los brazos. César tenía la piel curtida, un poco tosca, y olía débilmente a cierto fuego de los sacrificios, a cenizas en un hogar oscurecido por el fuego. Quizá, continuó divagando la mente de Servilia entre caricias y sabor, lo que yo intento es retener conmigo para siempre algo de la fuerza de él, y la única manera como puedo lograrlo es así, con mi cuerpo apretado contra el suyo, con él dentro de mí, los dos apartados durante unos momentos de todo conocimiento de otras cosas, existiendo sólo el uno en el otro...

Ninguno de ellos habló hasta que ambos se hubieron sumido en un pequeño sueño y hubieron despertado de él; y allí estaba de nuevo el mundo, con niños de pecho llorando, las mujeres gritando, los hombres carraspeando y escupiendo, el estruendo de los carros sobre el empedrado de la calle, la fábrica cercana, el débil temblor que era Vulcano en las profundidades subterráneas.



-Nada dura eternamente -dijo Servilia.

-Incluidos nosotros, como yo te decía.

-Pero tenemos nuestros nombres, César. Si nuestros nombres no se olvidan, es una especie de inmortalidad.

-La única que yo aspiro a alcanzar.

Un súbito rencor se apoderó de Servilia; se dio la vuelta y le dio la espalda a César.

-Tú eres un hombre, tienes oportunidad de conseguir eso. Pero, ¿y yo?

-¿Tú? -le preguntó César tirando de ella para que se pusiera de frente a él.

-Ésa no era una pregunta filosófica -dijo ella.

-No, no lo era.

Servilia se sentó y se abrazó las rodillas; la cresta de vello que le bajaba por la columna vertebral quedaba oculta por una gran cascada de espeso cabello negro.

-¿Cuántos años tienes, Servilia?

-Pronto cumpliré cuarenta y tres. Era ahora o nunca; César también se sentó.

-¿Quieres volver a casarte? -le preguntó él.

-Oh, sí.

-¿Con quién?

Servilia se volvió hacia César y lo miró fijamente con los ojos muy abiertos.

-¿Con quién va a ser, César?

-Yo no puedo casarme contigo, Servilia.

La impresión que ella sufrió fue perceptible; Servilia se encogió.

-¿Por qué?

-Por una parte, están nuestros hijos. No va contra la ley que nosotros nos casemos y que tu
hijo se case con mi hija. El grado de parentesco es permisible. Pero sería demasiado embarazoso, y yo no quiero hacerles eso.

-Eso no es más que una evasiva -dijo ella tensamente.

-No, no lo es. Para mí es una razón válida.

-¿Y qué más?

-¿No has oído lo que dije cuando repudié a Pompeya? -le preguntó César-. «La esposa de César, como toda la familia de César, debe estar por encima de toda sospecha.»

-Yo estoy por encima de toda sospecha.

-No, Servilia, no lo estás.

-¡César, eso no es así! Se dice de mí que soy demasiado orgullosa hasta para aliarme con Júpiter óptimo Máximo.



-Pero no fuiste demasiado orgullosa para aliarte conmigo.

-¡Claro que no!

César se encogió de hombros.

-Pues ahí tienes.

-Ahí tengo, ¿qué?

-Que no estás por encima de toda sospecha. Eres una esposa infiel.

-¡No lo soy!

-¡Bobadas! Llevas siendo infiel años.

-¡Pero contigo, César, contigo! ¡Nunca antes lo había sido con nadie, y no he vuelto a serlo con nadie más desde que te conozco, ni siquiera con Silano!

-No importa que fuera conmigo -dijo César con indiferencia-. Eres una esposa infiel.

-¡No para ti!

-¿Cómo sé yo que eso es verdad? Le fuiste infiel a Silano. ¿Por qué no vas a serme infiel a mí más adelante?

Aquello era una pesadilla; Servilia respiró profundamente y se esforzó por concentrarse en aquellas cosas increíbles que César le estaba diciendo.

-Antes de ti todo hombre era insulsus -dijo ella-. Y después de ti, todo hombre es insulsus.

-No me casaré contigo, Servilia. No estás por encima de toda sospecha, y tampoco libre de reproche.

-Lo que yo siento por ti no puede medirse en términos de si es correcto o incorrecto lo que se hace -dijo ella luchando aún-. Tú eres único. Por ningún otro hombre, ¡ni por ningún dios!, habría yo humillado mi orgullo ni mi buen nombre. ¿Cómo puedes utilizar lo que yo siento por ti en mi contra?

-No estoy utilizando nada en tu contra, Servilia, simplemente te estoy diciendo la verdad. La esposa de César debe estar por encima de toda sospecha.

-¡Yo estoy por encima de toda sospecha!

-No, no lo estás.

-¡Oh, no puedo creerlo! -exclamó ella al tiempo que empezaba a mover la cabeza adelante y atrás, con las manos entrelazadas-. ¡Eres injusto! ¡Injusto!

Estaba claro que la entrevista había terminado; César se levantó de la cama.

-Tú debes verlo de ese modo, naturalmente, pero eso no cambia las cosas, Servilia. La esposa de César debe estar por encima do toda sospecha.

Pasó un rato; Servilia oía a César en el baño, aparentemente en paz con el mundo. Y por fin ella se levantó con esfuerzo de la cama y se vistió.

-¿No te bañas? -preguntó César, sonriéndole de verdad cuando ella entró en la habitación que hacía de baño en la galería.

-Hoy me iré a bañar a mi casa.

-¿Estoy perdonado?

-¿Quieres estarlo?

-Me honra tenerte por amante.

-¡Creo que eso lo dices en serio!

-Así es -le aseguró él con sinceridad. Servilia irguió los hombros y apretó los labios.

-Lo pensaré, César.

-¡Estupendo!

Con lo cual interpretó Servilia que César daba a entender que sabía que ella volvería.



martes, 19 de mayo de 2015

RESPUESTA DE SERVILIA CEPIONIS A LA CARTA DE RHIANNON, LA AMANTE GERMANA DE CÉSAR





Bien, no puedo decir que yo esperase jamás recibir una carta escrita en un latín bastante peculiar de la amante gala de César, pero no deja de resultar divertido, tengo que admitirlo. De modo que tienes un hijo de César. Qué asombroso. Yo tengo una hija de César. Y lo mismo que tu hijo, tampoco lleva el nombre de César. Eso se debe a que yo, por aquel entonces, estaba casada con Marco Junio Silano. Un pariente lejano suyo, otro Marco Junio Silano, es uno de los legados de César este año. Por ello el nombre de mi hija es Junia, y como es la tercera Junia, yo la llamo Tertula.




Dices que eres una princesa. Los bárbaros las tienen, ya lo se. Mencionas ese hecho como si tuviera alguna importancia. No la tiene. Para un romano, la única sangre que importa es la sangre romana. La sangre romana es mejor. El ladrón más mezquino de cualquier callejón trasero es mejor que tú, porque tiene sangre romana. Ningún hijo cuya madre no sea romana podría importarle a César, que tiene la sangre de mayor alcurnia en Roma. Nunca ha sido mancillada por otra sangre que no fuera romana. Si Roma tuviera un rey, César sería ese rey. Sus antepasados fueron reyes. Pero Roma no tiene rey, y César nunca permitiría que Roma tuviera un rey. Los romanos no doblan la rodilla ante nadie.




No tengo nada que enseñarte, princesa bárbara. No es necesario que un romano tenga un hijo de su carne para que herede su posición y lleve el nombre de su familia, porque los romanos pueden adoptar hijos. Esto lo hacen con mucho cuidado. Cualquiera a quien adopten deberá tener la sangre necesaria para continuar su linaje, y como parte de la adopción el nuevo hijo asume su nombre. Mi hijo fue adoptado. Se llamaba Marco Junio Bruto, pero cuando su tío, mi hermano, murió sin dejar un heredero, adoptó a Bruto en su testamento. Bruto se convirtió en Quinto Servilio Cepión, de mi propia familia. Que haya preferido en los últimos años llamarse otra vez Marco Junio Bruto es debido al orgullo que siente por un antepasado juniano, Lucio Junio Bruto, que desterró al último rey de Roma y fundó la res publica romana. Si César no tiene ningún hijo, adoptará uno de sangre juliana y de antepasados impecablemente romanos. Así es la costumbre romana. Y sabedor de esto, César proseguirá su vida seguro, en el convencimiento de que, si no tuviera un hijo de su carne, su último testamento remediaría eso.




No te molestes en contestar esta carta. Me desagrada el hecho de que te consideres a ti misma como una de las mujeres de César. No eres ni más ni menos que un mero recurso circunstancial

( C. McC. )





sábado, 9 de agosto de 2014

LOS HOMBRES DE SERVILIA




Como poseía la cualidad de la objetividad, Servilia pasó luego a analizar la reacción que había tenido ante él. ¿Por qué él precisamente, por qué durante treinta y seis años ningún hombre había significado para ella más que seguridad, condición social? Desde luego, tenía predilección por los hombres rubios. A Bruto no lo había elegido ella; la primera vez que lo vio fue el día de la boda. El hecho de que fuera un hombre muy moreno había causado una desilusión tan grande para ella como resultó ser luego el resto de su persona. Silano, un hombre rubio y sorprendentemente guapo, sí había sido elección de ella. Elección que seguía satisfaciéndola a nivel visual, aunque en todos los demás aspectos también se había llevado una triste desilusión. No era un hombre fuerte y sano, ni de intelecto, ni tenía agallas. ¡No era raro que no hubiera podido engendrar ningún hijo varón en ella! Servilia creía de todo corazón que el sexo de su prole dependía enteramente de ella, y la primera noche que pasó en brazos de Silano la había llevado a tomar la resolución de que Bruto continuaría siendo su.único hijo varón. De ese modo lo que ya era una fortuna muy considerable se vería aumentada por la también muy considerable fortuna de Silano.