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viernes, 2 de junio de 2023

LA LUCHA POR EL PODER EN EL IMPERIO ROMANO DURANTE EL SIGLO IV

Galerio, hombre de buen carácter y sobresaliente en asuntos militares, cuando se dio cuenta de que Italia, con la aquiescencia de Constancio, había pasado también a su administración, nombró dos Césares: Maximino, a quien puso al mando de Oriente, y Severo, a quien entregó Italia. Él permaneció en el Ilírico, pero, una vez muerto Constancio, Constantino, hijo suyo, de un matrimonio más que oscuro, fue nombrado emperador en Britania y sucedió a su padre como el gobernante más deseado. Entretanto en Roma los pretorianos, tras iniciar una sublevación, nombraron Augusto a Majencio, hijo de Herculio, que estaba en una villa pública no lejos de la ciudad. Cuando se anunció esto, Maximiano Herculio, estimulado por la esperanza de recobrar su rango, que había dejado en contra de su voluntad, corrió hacia Roma desde Lucania, donde había elegido retirarse como ciudadano, para envejecer en el campo, en un lugar muy agradable; pidió también a Diocleciano que volviera a tomar el poder, que había abandonado, por medio de una carta que aquél no tomó en consideración. Pero Severo César, enviado a Roma por Galerio a reprimir la sublevación de los pretorianos y de Majencio, llegó con el ejército y en el asedio de la ciudad fue abandonado por la traición de sus propios soldados.


( Eutropio en Brevario de la historia de Roma )







lunes, 1 de mayo de 2023

EL APÓSTATA EMPERADOR JULIANO Y SU POSTURA ANTI-CRISTIANA

Juliano el Apóstata fue el emperador que intentó restaurar la religión pagana y limitar la influencia del cristianismo en el Imperio Romano.

 

Juliano pensaba que el cristianismo había dado al mundo una gran cantidad de hipócritas y fanáticos. Esta afirmación se basa en la observación de que algunos cristianos habían actuado de manera hipócrita al decir una cosa y hacer otra, y además estando muy divididos y reafirmados en sus fanáticas creencias que no admitían crítica ni discusión. Mientras la tradicional religión romana se mostraba tolerante y respetuosa con el resto de religiones del Imperio, el cristianismo lo consideraba como un fanatismo que consideraba como la única verdadera su propia fe, pese a haber varias divisiones dentro de la secta de los seguidores de Cristo.

 

Consideraba al cristianismo como una religión de esclavos, marginados, y mendigos, que les proporcionaba consuelo espiritual a esos excluidos en el más bajo eslabón social, con una idealización de una salvación divina, en un mundo muy hostil al que no podían aspirar a mucho. Con esta chusma, era fácil que esta secta que fuera difundida por la ignorancia y la credulidad de sus miembros, que necesitaban creer en ese mensaje y predica de amor y perdón, en aquel mundo tan violento, brutal, y riguroso, donde unos tenían derechos y otros aparte de no tenerlos, incluso podrían ser propiedad de otros. Por eso el emperador entendía que tuviera tantos adeptos entre los esclavos que se creían ese mensaje de amor y paz que les enseñaban los sucesores de los apóstoles de un tal Jesús, al que llamó "el galileo". Estando en tan bajo escalón social, como no podían envidiar ni aspirar en mejorar la posición social, necesitaban creer en algo que les reconociera y les diera alguna importancia frente a tanta hostilidad.

 

Juliano el Apóstata creía que el cristianismo llevaría al genero humano humanidad por la senda de la superstición y la ignorancia, porque con esta religión tan inflexible e intolerante que se tenían como la verdadera,  ya no se podría enseñar ni aprender la filosofía, la ciencia y las artes, entre otros saberes de los más destacados, porque no gustaba a los obispos y demás dirigentes religiosos que veían amenazada su nueva posición social en la estructurada sociedad romana.

 

Juliano consideraba que cristianismo es una religión que promueve la debilidad y la sumisión de las masas, cuando era necesaria una ciudadanía romana fuerte y disciplinada, que salvaguardara el legado y la civilización de sus antepasados romanos, y eso le hacia sentir la buena y entrenada preparación militar de la que disponía en su persona y que lo había llevado a ser emperador desafiando incluso a su primo el cristiano emperador Constancio II, que murió de unas fiebres antes de enfrentarse a él. Y con ello consideraba que el cristianismo sería un obstáculo y un peligro para el progreso y la sabiduría, y así lo veía porque él antes de ser emperador había sido una persona muy estudiosa que se preparaba para la posible alta magistratura imperial a la que le llevaría el destino. Juliano creía que el cristianismo impediría el progreso científico y filosófico al limitar la libertad de pensamiento y el cuestionamiento crítico, algo tan tradicionalmente romano que había dado tantos sabios romanos, y que había hecho que una simple pequeña aldea del Tíber llegara a dominar y señorearse de buena parte del mundo conocido.

 

Y entendía que una religión basada en el miedo y la ignorancia, causaría división y conflicto, debilitando las bases del Imperio, y arriesgando a que fuera invadido por pueblos bárbaros ansiosos de apoderarse de las riquezas y las comodidades proporcionadas por la civilización romana tradicional, terminando con la paz romana y con ello llevando a un mundo de injusticias y abusos en los que el derecho ya no podría amparar a los ciudadanos.

 

Por eso el emperador Juliano consideraba que el cristianismo era una enfermedad que debe ser erradicada para que la humanidad pueda avanzar, porque es un obstáculo para el progreso humano.

 

Tales tipos de actitud y propósitos del emperador Juliano, hizo a los obispos cristianos de la época considerar que los mensajes de Juliano eran como una amenaza a su fe y su posición en la nueva sociedad romana donde la secta se había expandido y crecido considerablemente, empezando a disponer de ciertos privilegios políticos, sociales y religiosos.

Naturalmente los obispos cristianos se sintieron atacados por las afirmaciones de Juliano sobre la religión cristiana al asegurar que, es una religión de esclavos y mendigos, que se basa en la ignorancia y el miedo, o que había corrompido el verdadero mensaje de amor y paz que había enseñado el judío Jesús de Nazaret, al que llamaba el galileo. Estas afirmaciones habrían sido vistas como una falta de respeto y una falta de comprensión de lo que el cristianismo realmente significaba para sus seguidores de entonces. Aparte porque con el objeto de pagar a sus legiones, el emperador Juliano trataba de ir confiscando bienes de la Iglesia de los obispos que más le contrariaban, descalificaban, y cuestionaban, con el objetivo, aparte, de debilitar el creciente poder de la iglesia cristiana. Por eso se sospecha que en la última batalla donde combatió el emperador contra el Imperio Parto, la lanza que le atravesó causándole la muerte procedía de un fanático legionario cristiano de sus propias filas ( hay muchos historiadores que piensan que fue así).

 

¿Por qué le repelía el cristianismo, y deseaba volver al antiguo paganismo romano?. Se supone que el emperador Juliano, cuando era adolescente, había sobrevivido a la matanza del año 338, provocada por la revuelta ocurrida a la muerte de su tío Constantino el Grande. El recuerdo de los muchos magnates y obispos implicados en aquella violenta represión debió marcar su vida. Así como sería uno de los motivos que le condujo a reaccionar contra el cristianismo, volviendo sus ojos hacia la cultura de los antiguos clásicos.

No hay que olvidar que su mandato se inició cuando su primo Constancio II lo llamó en auxilio suyo a Oriente (360) y estuvo presidido por una tolerancia «ingeniosa y pérfida», que lo llevó a idear una iglesia pagana paralela a la cristiana y que se distinguiría por la exaltación de los valores de la Antigüedad. Una iglesia cuya religión debería ser de mayor altura que la cristiana. Porque para Juliano la religión cristiana era propia de pescadores incultos.

Esta proyectada vuelta al paganismo estuvo influida además por una serie de familias patricias que reclamaban los esplendores de la Roma clásica y sus antiguos privilegios senatoriales. Reacción que tuvo una especial virulencia a finales del siglo IV.

Junto a estos motivos de tipo personal y sociológico habría que añadir la influencia en Juliano del neoplatonismo procedente de Grecia, cuya élite intelectual se resistió tradicionalmente al cristianismo. La suma de todas estas circunstancias fue la causante formal de su apostasía, pese a ser el único varón que quedó de la dinastía de Constantino el Grande, el gran protector y promotor del cristianismo al que venía como el mejor instrumento político y religioso para mantener unido y cohesionado lo que quedaba del extenso Imperio Romano.

Al final su proyecto político en favor del paganismo no llegó a ocasionar más estragos gracias a que su reinado fue efímero. El mismo escribió una obra de polémica religiosa denominada: “Contra los galileos”.

 

Su muerte se produjo accidentalmente, según parece por el lanzamiento de una jabalina que recibió en una escaramuza contra enemigo, cuando su ambiciosa campaña contra los persas, iniciada desde Antioquía el año 363, y de la que ya he dicho, el posible asesino del emperador Juliano el Apóstata, fue un fanático legionario cristiano de sus propias filas, tal como han indicado algunos historiadores..

 

Es importante tener en cuenta que, en el momento en que Juliano el Apóstata estaba en el poder, el cristianismo ya había adquirido una gran influencia en el Imperio Romano y se había convertido en la religión dominante. Ya desde la época de Nerón se iniciaron las primeras persecuciones contra cristianos, y fue en la época que crucificaron al apóstol Pedro. También cabe destacar a emperadores como Domiciano, Diocleciano, Galerio, o Decio, que son muy conocidos porque trataron con mucha crueldad a los cristianos, tratando de volver a la tradicional religión romana, aunque finalmente sin éxito.

 Y luego en la época del reinado de Constantino el Grande, el emperador la promovió como religión oficial del imperio, más que nada, porque la veía como una aportación para la estabilidad social y política de la época, aunque su sobrino, el culto emperador filósofo Juliano el Apostata no opinara igual como su tío sobre la mejor manera de mantener más unido y coherente todo el Imperio Romano.


miércoles, 19 de abril de 2023

EL CÓNSUL EUNUCO EUTROPIO DE ÉFESO

 

 El cónsul eunuco Eutropio de Éfeso fue un influyente funcionario romano del Imperio romano de Oriente en el siglo IV d.C. Su historia es fascinante y llena de intriga política en la corte imperial. Comenzó su carrera como eunuco en el palacio del emperador Teodosio, y tras la muerte de Teodosio en 395, Eutropio demostró su habilidad política al asegurar el matrimonio del nuevo emperador Arcadio con Eudoxia, frustrando así los planes del principal ministro Rufino de casar a Arcadio con su hija.

 

La ascendencia de Eutropio en la corte imperial se consolidó después del asesinato de Rufino en el mismo año, lo que lo llevó a convertirse en el consejero más cercano a Arcadio. Su poder e influencia aumentaron aún más cuando lideró con éxito la derrota de una invasión huna en 398. Al año siguiente, en un giro sorprendente de los acontecimientos, Eutropio se convirtió en el primer eunuco en ser designado cónsul, uno de los cargos políticos más altos en el Imperio romano. Se ganó la enemistad de Gainas, el jefe de los mercenarios godos del ejército imperial, y de Eudoxia, la emperatriz, quienes lograron su caída el mismo año que se convirtió cónsul.

 

Una de las razones por las que Eutropio se ganó la enemistad del pueblo fue su reputación de crueldad y avaricia. Durante su ascenso al consulado, su comportamiento despótico y su búsqueda de riqueza generaron descontento entre la población.

 

El ascenso y caída de Eutropio en la corte imperial es un ejemplo intrigante de la política y la intriga en el Imperio romano de Oriente en el siglo IV d.C. También arroja luz sobre el papel de los eunucos en la sociedad romana de la época, así como la importancia del poder y la influencia en la política de la corte imperial. La historia de Eutropio es un recordatorio de cómo la ambición y la crueldad pueden llevar a la caída de incluso los funcionarios más poderosos, y cómo la política en la antigüedad estaba llena de rivalidades y luchas por el poder.

 

Y hablando del primer cónsul eunuco del Imperio Romano, cabe considerar: Los eunucos eran hombres castrados que desempeñaban un papel importante en la sociedad del bajo Imperio Romano, que se refiere a la última fase de la historia de la antigua Roma, desde aproximadamente el siglo III hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C. Los eunucos se encontraban en diversas posiciones y roles en la sociedad romana de esa época, y sus funciones abarcaban desde la administración imperial hasta la vida religiosa y social.

 

En el bajo Imperio Romano,  tal como ya dio a conocer Ammiano Marcelino, los eunucos servían en la corte imperial como funcionarios y consejeros cercanos del emperador. Eran considerados de confianza debido a su condición de castrados, lo que se creía que les otorgaba una mayor lealtad y capacidad de mantener secretos. Los eunucos ocupaban puestos clave en la administración imperial, como el cuido del harén imperial, la custodia de los tesoros, la administración de la justicia y la supervisión de la burocracia imperial. Eran especialmente influyentes en la corte de las emperatrices y las princesas, y tenían un acceso directo y exclusivo a los círculos más cercanos del poder. Podemos poner los casos de Artemidoro, que fue el consejero del emperador Adriano, de Hierocles, el comandante de los pretorianos del emperador Diocleciano, o el mencionado Eutropio que llegaría a ser cónsul.

 

Además de su papel en la administración imperial, los eunucos también desempeñaban funciones en la vida religiosa y social del bajo Imperio Romano. Algunos eunucos eran empleados como guardianes de los templos, donde se encargaban de la supervisión y la administración de los rituales religiosos. También podían ser nombrados como supervisores de los eunucos que servían en el harén imperial, y algunos también ocupaban posiciones de liderazgo en la comunidad eunuca.

 

Sin embargo, a pesar de su influencia y estatus en el bajo Imperio Romano, los eunucos también enfrentaban discriminación y estigmatización debido a su condición de castrados. Eran considerados socialmente inferiores y a menudo eran objeto de burla y desprecio. A pesar de ello, muchos eunucos lograron alcanzar altos cargos y posiciones de poder en la sociedad romana de la época.




sábado, 10 de diciembre de 2022

DONATO MAGNO

Donato Magno fue el personaje que dio nombre a la secta cristiana cismática donatista constituida en el Norte de África. Se cree que murió hacia el año 355.

 

Poco se sabe de sus primeros años, a causa de haberse perdido su correspondencia y primeros trabajos. Su primera aparición en los registros eclesiásticos es en octubre de 313, como Demetrio Casae Nigrae. Casae era un asentamiento situado en la frontera sur de las llanuras de Numidia, al sur de Teveste, un área ocupada predominantemente por descendientes del pueblo bereber.

 

El motivo fue que el obispo Melquíades le halló culpable de rebautizar a los clérigos lapsi de las persecuciones cristianas, con lo que se originó un cisma con la Iglesia. Estos acontecimientos pueden haber tenido lugar hacia el año 311, antes de que Donato llegara a Cartago.

 

El fondo de la controversia fue la oleada de persecuciones anticristianas que desató el emperador Diocleciano. Algunos dirigentes de la Iglesia, que no deseaban sufrir torturas ni convertirse en mártires, estuvieron dispuestos a adorar a los dioses del viejo panteón, considerados ídolos por los cristianos, o a entregar los Libros sagrados y las propiedades eclesiásticas a las autoridades imperiales. Estos llegaron a ser conocidos como traditores. Uno de ellos, llamado Félix de Aptungi, participó —entre otros— en la consagración episcopal, como obispo de Cartago, de Ceciliano. Los fieles que se negaron a aceptar su autoridad eligieron a Majoriano como obispo rival o antiobispo. Éste murió al poco tiempo, y le sucedió Donato, dispuesto a continuar la lucha.

 

El cisma entre las dos ramas cristianas se centró en la situación del clero traditor. Los donatistas sostenían que aquellos no podían ser readmitidos si no se volvían a bautizar y a ordenar. Asimismo sostenían que los rituales eclesiásticos llevados a cabo por los mismos eran inválidos. Por tanto, las personas que habían sido bautizadas o consagradas no debían ser reconocidas por la Iglesia. Esto era relativamente consistente con el pensamiento de San Cipriano, que murió mártir unos cincuenta años atrás. Sin embargo, la Iglesia romana creía que los clérigos lapsos podían llevar a cabo su labor si seguían el ritual eclesiástico.

 

Ante esta situación, la secta donatista se expandió durante cuarenta años, aunque no consiguió el reconocimiento oficial. Este esfuerzo fracasó porque los donatistas fueron incapaces de probar en una serie de concilios que Ceciliano había sido un traditor, o que lo había sido el obispo que le ordenó, Félix de Aptunga, pero triunfó momentáneamente debido a la impopularidad de Ceciliano entre la administración romana y la población rural. Además, los obispos y sacerdotes donatistas estaban más próximos a los campesinos, tanto a los granjeros romanos como a los descendientes de los indígenas bereberes y fenicios anteriores a la conquista romana. En efecto, la mayoría de su clero hablaba las lenguas vernáculas libia o púnica, tan bien como el latín, mientras que el clero católico, sólo el latín.

 

En mayo de 321 el emperador Constantino I renunció a los múltiples esfuerzos desplegados con vistas a restablecer la unidad de la Iglesia, debido a que iniciaba una guerra con Licinio, y permitió el regreso de los donatistas desterrados. Esto permitió a Donato llevar a cabo la organización y consolidación interna de su Iglesia. Así, se erigieron capillas, iglesias e incluso grandes basílicas, a pesar de choques esporádicos con los católicos, que iban quedando reducidos a una minoría.

 

El éxito donatista fue considerable en el Norte de África, aunque no en otras regiones. Sólo en Roma pudieron fundar una comunidad relativamente pequeña. En tiempos del emperador Constante, Donato se atrevió a solicitar la unificación de los cristianos del Norte de África bajo dirección donatista. Sin embargo, chocó con los funcionarios imperiales enviados y no hubo ningún acuerdo.

 

A partir de 340 cobró importancia el movimiento de los circunceliones, marginal, pero muy combativo. No hay una única explicación sobre su origen y finalidad. Sus adeptos preferían llamarse «milites Christi» o «agonistici», con lo cual querían ser tenidos como herederos y representantes de los mártires cristianos, hasta el punto de que, en su ansia fanática de la muerte, se exponían a combates sangrientos con los enemigos de la fe, ya fueran paganos o católicos. Quienquiera que hallara la muerte en combate era tenido por mártir, por lo que se le sepultaba en el interior de un templo y se le dedicaba una lápida conmemorativa. Junto al fanatismo religioso había un elemento social, declarándose a veces enemigos de los ricos terratenientes romanos de Numidia y Mauritania, a los que asaltaban y secuestraban.

 

El régimen donatista se sirvió de ellos, según sus intereses, apoyándolos o distanciándose, según las circunstancias. Cuando en 347 el obispo Donato de Bagai lanzó a los circunceliones a la resistencia armada contra las tropas romanas en Numidia, su decisión tuvo consecuencias fatales para la causa, pues la resistencia fue desbaratada y el obispo, ejecutado. Estos y otros acontecimientos hicieron virar la política religiosa del emperador en el Norte de África.

 

Un edicto del mismo año dispuso la unión de ambas Iglesias, bajo la dirección del pastor católico Grato de Cartago. Donato y otros dirigentes fueron enviados al destierro, después de la conferencia de Arlés, donde la apelación de Donato fue rechazada. Esto produjo gran conmoción en el pueblo llano, que se sometió al mandato con escasa resistencia. Donato permaneció en la Galia hasta su muerte

 

La unión subsistió catorce años, hasta la llegada del emperador Juliano el Apóstata en 361. Este tiempo no fue aprovechado por la Iglesia católica para consolidar el proceso. Juliano revirtió a la situación anterior, permitiendo la vuelta de los donatistas exiliados y la restitución de sus iglesias. Ahora, la minoría católica fue represaliada, ante la indiferencia de los funcionarios.

 

El movimiento donatista llegó a su apogeo bajo el obispo Parmeniano, sucesor de Donato, pero la situación se deterioró a partir de 372, cuando la Iglesia donatista apoyó al usurpador Firmo, pues los romanos aplastaron la rebelión y prohibieron el culto donatista.

 

Tras la muerte de Parmeniano, le sucedió el extremista Primiano, que provocó una escisión en 393, degenerando los circunceliones en tropas paramilitares a las órdenes del obispo, y abocando a la decadencia definitiva de la secta.


domingo, 25 de octubre de 2020

JULIANO EL APÓSTATA DICE SOBRE LA POMPA IMPERIAL ANTE LA PLEBE

 

Fue el emperador Diocleciano quien decidió que deberíamos convertimos en reyes asiáticos —de hecho ya que no de título— para ser exhibidos en raras ocasiones como brillantes efigies de dioses. La razón de Diocleciano era comprensible, quizá ineludible, ya que en el último siglo los emperadores fueron puestos y sacados con toda facilidad según el capricho del ejército. Diocleciano pensó que si éramos apartados, santificados ante los ojos del pueblo y rodeados por un ritual imponente, el ejército tendría menos oportunidades de tratarnos con tan fácil desdén. En cierta medida esta política logró sus objetivos. Sin embargo, todavía cuando cabalgo con gran ceremonia y veo el temor en el rostro del pueblo, un temor no inspirado por mí sino por la teatralidad de la pompa, me siento un perfecto impostor y me entran ganas de sacarme todo el oro de encima y de gritar: «¿Deseáis una estatua o un hombre?» Por supuesto, no lo hago porque me responderían: «¡Una estatua!.