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domingo, 5 de mayo de 2019

EL CÓNSUL SEXTO APULEYO



Sexto Apuleyo (en latín, Sextus Appuleius Sex. f. Sex. n.) fue un senador y cónsul de la República romana en 29 a. C. como colega de Augusto. Su hermano Marco Apuleyo fue también cónsul en el año 20 a. C.

 

Era hijo de Sexto Apuleyo y de Octavia la Mayor, la hermanastra de Octavio, y por lo tanto sobrino de este último. El año de su nacimiento es incierto; pero, tomando como base el año de su consulado, fue probablemente un poco antes del año 60 a. C.

 

Sexto Apuleyo obtuvo una serie de importantes magistraturas durante el reinado de su tío. Nombrado augur en el año 31 a. C.,​ fue cónsul ordinario con Octaviano en el año 29 a. C.​ Posteriormente sirvió como procónsul en Hispania en 28 a. C. y luego como gobernador de la provincia de Asia entre los años 23 y 22 a. C. Como resultado de alguna acción no identificada durante su primer proconsulado, probablemente sobre los cántabros, se le concedió un triunfo en enero de 26 a. C.​

 

También parece haber sido gobernador de Iliria en 8 a. C., sucediendo a Tiberio en ese puesto.

 

Es posible que haya sido este Sexto Apuleyo, y no su padre, quien fue flamen Iulialis.​ Se ha propuesto que el flamen de mediana edad que figura en el Ara Pacis es Sexto Apuleyo en su papel de flamen Iulialis.

 

Dion Casio  menciona que alrededor del año 12 a. C., Apuleyo y Mecenas fueron acusados ante un tribunal de prestar ayuda para la consumación de un adulterio.

 

Según una inscripción en la provincia de Asia,​ Sexto estaba casado con una mujer llamada Quintilia, que era hermana del político y general romano Publio Quintilio Varo.​ Con ella, Sexto tuvo dos hijos muy destacados durante el Principado: un hijo, también llamado Sexto Apuleyo, cónsul en el año 14 y una hija llamada Apuleya Varila. La fecha de su muerte es desconocida.


martes, 9 de abril de 2019

CARTA DEL TRIUNVIRO CÉSAR OCTAVIO AL TRIUNVIRO MARCO ANTONIO PARA DISUADIRLE DE ENTRAR EN ITALIA



 
Mi querido Antonio:

Estamos en un punto muerto ya que mis legionarios rehusan combatir contra los tuyos y los tuyos rehúsan combatir contra los míos. Ellos pertenecen a Roma, dicen, no a cualquier hombre, incluso un triunviro. Los días de las eran de las gratificaciones, dicen, han pasado. Estoy de acuerdo con ellos. Desde Filipos he sabido que no podemos seguir resolviendo nuestras diferencias a través de ir a la guerra el uno contra el otro. Puede que tengamos el imperium maius, pero para poder hacerlo cumplir debemos mandar a soldados dispuestos. Y no lo hacemos.
 
Por lo tanto, propongo, Marco Antonio, que cada uno de nosotros elija a un único hombre como su agente para encontrar una solución a este punto muerto. Como persona neutral a quien ambos consideremos justa e imparcial, ¿podríamos nombrar a Lucio Cocceio Nerva?. Estás en libertad para discutir esta elección y nombrar a otro hombre. Mi agente será Cayo Mecenas, y ni tú ni yo debemos estar presentes en este encuentro. Asistir significaría caldear los ánimos.




viernes, 14 de agosto de 2015

CAYO CILNIO MECENAS


Cayo Mecenas (c. 74-8 a.C.), político romano y protector de las letras. 



Fue amigo y consejero del emperador romano Augusto, a quien representó con frecuencia en misiones diplomáticas.



Mecenas fue benefactor de la literatura y las letras, estimuló especialmente a los poetas romanos Sexto Propercio, Virgilio y Horacio, a quien regaló una pequeña granja en las colinas de Sabina, donde el poeta escribió sus Odas. Su patronímico es el origen de la palabra mecenas (‘protector de artistas o escritores’).


EL ATRIO DE MECENAS. PINTURA DE STEFAN BAKALOWICZ



miércoles, 10 de junio de 2015

CARTA DE OCTAVIO A MARCO ANTONIO, AMBOS TRIUNVIROS


Mi querido Antonio:

Estamos en un punto muerto ya que mis legionarios rehúsan combatir contra los tuyos y los tuyos rehúsan combatir contra los míos. Ellos pertenecen a Roma, dicen, no a cualquier hombre, incluso un triunviro. Los días de las grandes gratificaciones, dicen, han pasado. Estoy de acuerdo con ellos. Desde Filipos he sabido que no podemos seguir resolviendo nuestras diferencias a través de ir a la guerra el uno contra el otro. Puede que tengamos el imperium maius, pero para poder hacerlo cumplir debemos mandar a soldados dispuestos. Y no lo hacemos.


Por lo tanto, propongo, Marco Antonio, que cada uno de nosotros elija a un único hombre como su agente para encontrar una solución a este punto muerto. Como persona neutral a quien ambos consideremos justa e imparcial, ¿podríamos nombrar a Lucio Cocceio Nerva? Estás en libertad para discutir esta elección y nombrar a otro hombre. Mi agente será Cayo Mecenas, y ni tú ni yo debemos estar presentes en este encuentro. Asistir significaría caldear los ánimos.


( C. McC. )


sábado, 9 de agosto de 2014

VIRGILIO





(Publio Virgilio Marón, en latín Publius Vergilius Maro; Andes, hoy Pietole, actual Italia, 70 a.C.-Brindisi, id., 19 a.C.) Poeta latino. Aunque hijo de padres modestos, Virgilio estudió retórica y lengua y filosofía griegas en Cremona, Milán, Roma y Nápoles.




Si bien no intervino de modo directo en la vida política, desde muy pronto Virgilio disfrutó del apoyo de mecenas y amigos, como Cayo Mecenas, el poeta Horacio e incluso Octavio, el futuro emperador Augusto, en parte propiciado por el éxito de su primera obra mayor, las Bucólicas, en las que desarrolla muchos temas de la tradición pastoril, tomados sobre todo de los Idilios de Teócrito, aunque introdujo numerosas alusiones a personajes y situaciones de su época.




Incitado por sus protectores, escribió las Geórgicas, en apoyo de la política imperial de relanzar la agricultura en Italia, en las cuales recrea la belleza de la vida campesina y sus distintos aspectos: labranza, ganadería y apicultura. La vertiente pública de la poesía de Virgilio llegó a su cima cuando afrontó la tarea de escribir un ambicioso poema patriótico a imagen de las grandes epopeyas homéricas, la Eneida, que debía cantar las virtudes del pueblo romano y cimentar una mitología propia para la nación. Para ello escogió la conocida figura legendaria del héroe troyano Eneas. Durante otros doce años trabajó en la composición de esta su obra maestra, poema épico que incluye doce cantos.




Al principio, Eneas logra huir del desastre de Troya llevando sobre los hombros a su anciano padre, Anguises, y a su hijo Ascanio de la mano; reúne una flota y zarpa con los supervivientes troyanos rumbo a Tracia, Creta, Epiro y Sicilia, antes de abordar las costas de África. 

MOSAICO ROMANO QUE REPRESENTA A VIRGILIO

Luego relata los amores de la reina de Cartago, Dido, con Eneas, y el suicidio de ella tras la partida del héroe. Tras un interludio, la última parte narra la llegada de Eneas a Italia, y la guerra que sostiene con Turno, rey de los rútulos; la victoria le otorga la mano de Lavinia, princesa del Lacio. Según Virgilio, el linaje romano procede del hijo de Eneas, Ascanio, que habría fundado la ciudad de Roma. El modelo homérico está presente tanto a nivel formal como temático, aunque es visible también la influencia de poetas romanos como Ennio, Lucrecio y Apolonio de Rodas.



El verso de Virgilio en la Eneida fue considerado en su propia época, y a partir de entonces, como modelo de perfección literaria tanto por su equilibrio métrico como por su musicalidad. Sin embargo, el poeta no pudo terminar su obra, pues en el 19 a.C. emprendió un viaje por Grecia y Asia con la intención de corroborar sobre el terreno las referencias paisajísticas y geográficas de su obra maestra, prácticamente finalizada para entonces, y para profundizar en el estudio de la filosofía. Durante el viaje enfermó gravemente, y en su lecho de muerte pidió a sus amigos Vario y Plocio que destruyeran la Eneida, por considerarla imperfecta, ruego que no fue atendido por orden de Augusto.


Se atribuye asimismo a Virgilio la composición de un conjunto de obras menores de carácter épico, elegíaco y didáctico, conocido como el Appendix vergiliana, que quizás podrían ser obras de juventud, aunque no está bien dilucidada su autoría. El renombre de que gozó fue enorme no sólo en su época, sino a lo largo de toda la Edad Media, que le consideró como un cristiano anticipado, e incluso se llegó a ver en una de sus Bucólicas una profecía de la llegada del Mesías. En su Divina Comedia, Dante lo convirtió en su guía a través del Infierno y el Purgatorio, y le consideró su maestro.