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domingo, 8 de mayo de 2022

EUSEBIO DE NICOMEDIA

Eusebio de Nicomedia y Constantinopla (m. 341) fue obispo de Berito (actual Beirut), posteriormente de Nicomedia cuando la corte imperial residió allí y finalmente de Constantinopla desde 338 hasta su muerte. Fue uno de los obispos arrianos más importantes. Propagó el arrianismo entre los pueblos germánicos, particularmente los visigodos, ostrogodos y vándalos.

 

Estaba emparentado lejanamente con la familia imperial de Constantino I el Grande, lo que le proporcionó los medios para ascender desde la insignificante sede episcopal de Berytus hasta la de Constantinopla, y además le permitió alcanzar gran poder eclesiástico. Gozó de completa confianza por parte de Constantino I y Constancio II excepto por un breve período, y algunos creen que fue él quien bautizó al primero en su lecho de muerte en mayo de 337,​ momento en el que está aún en comunión con la Iglesia.

 

Como Arrio, era discípulo de Luciano de Antioquía, y es probable que mantuviese los mismos puntos de vista que Arrio desde muy joven.​ Posteriormente modificó parcialmente sus ideas en algunos aspectos, o quizá bajo la presión de las circunstancias, pero de todos modos fue, si no el maestro, el líder de la corriente arrianista.

 

Durante el Primer Concilio de Nicea (325) firmó la Confesión, pero solo tras una larga y desesperada oposición.​ Su defensa de Arrio y sus tesis encolerizó al emperador y un par de meses después del concilio fue condenado al exilio. Tras un intervalo de tres años, consiguió recuperar la confianza imperial y tras su vuelta en 329 consiguió que toda la maquinaria del gobierno se pusiera de su lado para imponer sus tesis sobre toda la Iglesia Cristiana.

 

No debe ser confundido con su contemporáneo Eusebio de Cesarea, autor de un conocido libro sobre la Historia de la Iglesia.



domingo, 8 de diciembre de 2019

CRISMÓN



 
Crismón es la denominación de la más usual de las representaciones del cristograma​ o monograma de Cristo: XP. El DRAE lo da como sinónimo de lábaro, el estandarte de los emperadores romanos, que a partir de Constantino I el Grande lo incorporaba.​
 
Consiste en las letras griegas Χ (ji) y Ρ (rho), las dos primeras del nombre de Cristo en griego: Χριστός (Khristós -"el ungido"-). En otras versiones, la Ρ se sustituye por la Τ (tau) haciendo así una pequeña cruz latina. El crismón aparece a veces acompañado de otros elementos, como las letras α (alfa) y ω (omega), la primera y la última del alfabeto griego, que representan a Cristo como principio y fin de todas las cosas.
 
Otros cristogramas son IC, XC, la primera y última letra de cada uno de los dos nombres ΙΗΣΟΥΣ ΧΡΙΣΤΟΣ (Jesús Cristo), que es el más común en las iglesias ortodoxas bizantinas, e IHC o bien IHS, las tres primeras letras del nombre ΙΗΣΟΥΣ (Jesús), que es el más común en la iglesia latina.
 
Un estudio que se mantiene fiel a los datos históricos sobre el crismón es el de Francisco de Asís García García de la Universidad Complutense, el cual contiene también una larga bibliografía.​ En el uso previo al cristianismo, el monograma Χ (ji) Ρ (rho) era una marca relativamente común para indicar los pasajes importantes de un manuscrito, dado que abreviaba la palabra griega jrēston, es decir, bueno. Algunas monedas lágidas (de Ptolomeo III Evergetes) y otras de Herodes, también están marcadas con el crismón como indicio de calidad​.
 
Al convertirse Constantino I al cristianismo, se empezó a interpretar el chi-rho como abreviatura de Cristo.
 
El cristograma empezó a aparecer en las monedas romanas después del Edicto de Milán (313) con el que Constantino I establecía la libertad de culto para los cristianos.
 
Las fuentes no se ponen de acuerdo sobre el momento y las razones del emperador Constantino para adoptarlo. Los textos principales son de Eusebio de Cesarea y Lactancio. Según la Vida de Constantino de Eusebio, el motivo fue una visión que tuvo antes de la Batalla del Puente Milvio contra Majencio, consistente en el signo del crismón en el cielo junto con el lema en griego «Ἐν τούτῳ νίκα» (con esto vence). Según De mortibus persecutorum (Sobre las muertes de los perseguidores) de Lactancio, lo de Constantino no fue una visión, sino un sueño la noche anterior a la batalla.
 
El monograma IHS, basado en las tres primeras letras del nombre de "Jesús" en griego, ΙΗΣΟΥΣ (latinizado IESOUS), ha sido erróneamente interpretado no sólo como un anagrama o especie de abreviatura para la expresión Iesus Hominum Salvator (Jesús Salvador de los Hombres), sino también las tres palabras iniciales de la frase In hoc signo vinces, versión latina de Ἐν τούτῳ νίκα.

















lunes, 24 de junio de 2019

FLAVIA JULIA HELENA DE CONSTANTINOPLA, MADRE DE CONSTANTINO EL GRANDE




Flavia Julia Helena, también conocida como santa Elena y Elena de Constantinopla (Trapani, hacia 250 - Roma, hacia 330), fue una emperatriz romana y, posteriormente, proclamada como santa de las Iglesias católica, luterana y ortodoxa.
 

Probablemente nació en Drépano (actual Hersek), en Bitinia,​ al noroccidente de Anatolia, Turquía y que fue renombrada Helenópolis por su hijo Constantino I. Aunque supuestamente era hija de un sirviente, ello no impidió que fuese la primera esposa del tetrarca Constancio Cloro.

 

Constancio Cloro la tomó como esposa y más tarde se divorció de ella en 292 para casarse con la hijastra de Maximiano, Flavia Maximiana Teodora. El hijo de Helena, Constantino, se convirtió en emperador del Imperio romano y, después de su coronación, ella tuvo una destacada presencia en la corte imperial. Ya durante el reinado de Constantino se convirtió al cristianismo, siendo él quien, contrariamente a lo que se suele pensar, sirvió de influencia para la conversión de su madre.

 

Es considerada por los ortodoxos y católicos como santa, famosa por su piedad. Eusebio tomó detalles de su peregrinaje a Tierra Santa y otras provincias del Medio Oriente. Aunque Eusebio no se lo reconoce, es tradicionalmente conocida por buscar las reliquias de la Vera Cruz (la auténtica cruz de Cristo), buscar los restos de los Reyes Magos, que actualmente se conservan en la Catedral de Colonia así como los del Apóstol Matías, depositados en la abadía de San Matías de Tréveris. En su búsqueda de la cruz donde Jesucristo murió, demolió el templo erigido a Venus en el monte Calvario e hizo cavar hasta que le dieron noticias, en los primeros días de mayo, de haber encontrado la Cruz. Helena mandó construir un templo allí y otro en el monte de los Olivos. En todas estas actividades le acompañó el obispo Macario I de Jerusalén.

 

Su día festivo se celebra en los cristianos orientales de Rito bizantino con el de su hijo Constantino, el 21 de mayo. La Iglesia romana la conmemora el 18 de agosto. Además, está muy vinculada a la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, que conmemora cada 3 de mayo el hallazgo de las reliquias de la cruz de Cristo por la emperatriz, un hecho que realmente no se añadió a su leyenda hasta finales del siglo IV. En el santoral católico, esta santa es considerada patrona de la arqueología, de la conversión y de los matrimonios difíciles.

 

Su iconografía habitual la muestra como emperatriz romana, vestida con ricos ropajes, y portando casi siempre la Vera Cruz, y a veces con su hijo Constantino. Es muy habitual la representación del momento del hallazgo de las reliquias (Exaltación de la Cruz) en el monte Calvario y los milagros subsiguientes. Artistas como Piero della Francesca o Pedro Berruguete ilustraron estos episodios.

 

En Inglaterra, en una leyenda posterior, mencionada por Geoffrey de Monmouth, se dice que fue hija del rey bretón Coel, que se alió con Constancio para evitar la guerra entre los bretones y Roma.

 

SANTA ELENA EN EL MUNDO HISPANO Y ROMA:

Es la patrona de Caravaca de la Cruz, una de las cinco ciudades santas, a la cual se le atribuye el descubrimiento de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.

En una aldea de Fuente Obejuna (provincia de Córdoba), Los Morenos, tienen a Santa Helena como patrona. El 18 de agosto, al procesionar la imagen, se conserva la tradición de cubrir las andas con albahaca. Según la leyenda, esta planta olorosa abundaba en el campo donde se encontró la Cruz que la santa emperatriz buscaba.

Existe en Biescas, en el Valle de Tena (provincia de Huesca) la antigua ermita de Santa Elena erigida en su honor, y hasta dicho santuario se organizan varias peregrinaciones al año, destacando especialmente la llamada Romería de las Cruces: el día de Pascua de Pentecostés, representantes de todos los pueblos del Valle de Tena y de la Tierra de Biescas acuden hasta el santuario con sus cruces parroquiales para rendir tributo a la santa patrona de ambas comarcas. Según la leyenda local, la santa encontró refugio en una cueva (ahora dentro de la
ermita) de la persecución que sufrió.

En la provincia de Jaén se encuentra el municipio de Santa Elena, en el cual, tras nueve días de novena para venerar a la patrona del pueblo, se culminan los cultos procesionando su imagen el día 18 de agosto por las calles del pueblo.

El sábado de la tercera semana de mayo procesiona en San Fernando (provincia de Cádiz) la hermandad de Santa Elena.

En Ocaña funciona la hermandad de la Santa Cruz y Santa Elena que celebra su mayor festividad el primer sábado del mes de mayo en la Iglesia de Santa María de la Asunción.

En Villalba del Alcor (Huelva) veneran desde hace años la imagen de santa Elena emperatriz, que comparte capilla con la Cruz de la calle Cerrillo.

Magaz de Abajo celebra las fiestas en honor a su patrona, Santa Helena, el último fin de semana de abril.

La ciudad de Santa Elena en la provincia de Entre Ríos (Argentina) de le debe su nombre. La ciudad tiene uno de los mayores festejos en honor a la santa, que incluye cabalgatas, procesión náutica, salva de bombas a las 00 hs. y una multitudinaria celebración eucarística y procesión a pie.

En varias parroquias argentinas ha adquirido una gran y creciente devoción, particularmente en Ingeniero Luiggi, Buenos Aires, Mar del Plata, Tucumán, Córdoba y Neuquén, entre otras.

En Chile existe la Viña San Helena.

En Ecuador, la provincia 24 lleva el nombre de Santa Elena en honor a la Santa Emperatriz, debido a que, la península donde se encuentra la actual provincia, fue descubierta por el conquistador Francisco Pizarro el 18 de agosto de 1527.

En El Salvador un municipio lleva su nombre.

La Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano fue construida en el terreno adquirido por la santa para tal fin; allí en torno al baldaquino hay una enorme estatua bajo la cual se conserva el fragmento más grande del Lignum Crucis.

Frente a la Archibasílica de San Juan de Letrán, en Roma, conservan una bellísima imagen que reposa sobre la Escalera Santa, traída por ella desde el palacio de Poncio Pilatos.

Santa Elena de la Cruz es también patrona del Municipio de Río Grande del estado de Zacatecas, México, desde los albores de su fundación alrededor del año 1562. La parroquia madre dedicada a ella es erigida el año de 1848, cuyo primer templo, conocido como Santa Elena antigua, construido en dos etapas, fue derrumbado en los 60's por deterioro y riesgo de derrumbe para dar paso al segundo de tipo moderno. Las fiestas de Santa Elena son durante el mes de agosto, realizando, del 9 al 17 de dicho mes, rosarios de aurora y peregrinaciones vespertinas con carros temáticos evangelizadores culminando con la Sagrada Eucaristía, además de otros eventos tanto religiosos, culturales o tradicionales en días distintos del novenario. El día 18 de agosto, el templo es adornado con un sin fin de flores, hay vigilia desde un día antes para culminar con la primera Eucaristía con las tradicionales mañanitas. La Misa principal es celebrada por el arzobispo de Durango, a donde pertenece la parroquia, en compañía de sacerdotes locales e invitados, es en esta celebración donde se entronizado la sagrada imagen de Santa Elena ataviada de diferentes vestimentas cada año. Por la tarde se realiza la magna peregrinación donde la Cofradía "Custodios de Santa Elena" saca la sagrada imagen por las principales calles de la ciudad. Al final del día hay quema de pirotecnia.


martes, 28 de mayo de 2019

RURICIO POMPEYANO


Ruricio Pompeyano (en latín, Ruricius Pompeianus), fue un prefecto del pretorio y comandante del Ejército romano, que vivió entre los siglos III y IV. Sirvió al Imperio romano en el reinado de los emperadores Galerio (r. 293-311), Constantino el Grande (r. 306-337), Majencio (r. 306-312) y Licinio (r. 308-324). Luchó en la guerra civil de Constantino I y Majencio, comandando el ejército de este último emperador. Falleció en el verano de 312, durante la batalla de Verona.
 
Ruricio Pompeyano es mencionado en los Panegíricos Latinos, en dos relatos de la campaña de Constantino contra Majencio: En el primero se le llama «Pompeianus», mientras que en otra mención se le conoce como «Ruricius». Como es claramente la misma persona, el conflicto suele resolverse mediante la combinación de los nombres «Ruricius Pompeianus».
 
Durante la guerra civil de Constantino I y Majencio, trabada entre 311 y 312, Ruricio fue prefecto del pretorio y comandante de la caballería e infantería de Majencio en Italia.
 
En el verano de 312, Ruricio recibió noticias de la proximidad de Constantino, quien venía de Mediolanum (hoy Milán). Rápidamente envió un contingente de caballería pesada a las inmediaciones de Brixia (actual Brescia) con el fin de bloquear el paso al ejército invasor. Sin embargo, una arremetida de la caballería de Constantino desarticuló a las fuerzas contrarias, de esta manera el emperador obtuvo una rápida victoria en la batalla de Brescia. Las tropas restantes de Ruricio tuvieron que replegarse hacia Verona.
 
Constantino aprovechó la oportunidad para dirigirse hacia Verona, en donde Ruricio había agrupado a un numeroso ejército proveniente de Venetia. Las tropas constantinianas comenzaron a sitiar la ciudad. Pompeyano consiguió escapar antes del sitio, huyendo al este para conseguir refuerzos. Pronto regresó con un considerable ejército, colocando al emperador en la difícil situación de luchar en dos frentes. Constantino dejó una parte de sus tropas para contener a la guarnición de la ciudad, mientras que el resto atacó a los refuerzos. Pompeyano murió durante el combate y sus huestes se desintegraron. Los defensores de Verona se desmoralizaron, capitulando inmediatamente.