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domingo, 30 de julio de 2017

QUINTA CARTA DE LUCIO PONCIO PILATOS AL EMPERADOR CLAUDIO TIBERIO

 
Lucio Poncio Pilatos a Claudio Tiberio César, salud.

 

Tu carta, César, me ha dejado perplejo, pues me preguntas lo mismo que tu nieta me pregunta desde hace algún tiempo. Me regocija que mi querida esposa hay heredado algo de tu reconocida sagacidad.

 

Volviendo a tu pregunta, la verdad es que no se bien como contestarte. Seguramente mi inteligencia limitada no me permite ver las cosas con claridad. ¡Ofrecer a Johanan la tetrarquía que acabas de arrebatar a su tío Filipo!. Quieres saber mi opinión al respecto y la verdad es que el miedo a equivocarme pesa demasiado sobre mi conciencia.

 

Por un lado tienes razón, César, en pensar que la población de la tetrarquía de Filipo pudiera recibir bien este nombramiento. Johanan ha permanecido buena parte de los últimos tiempos en la tetrarquía de su tío, en los alrededores de Cesarea de Filipo y de Betsaida Julias, y no parece haber tenido conflictos con la población local. Quienes respetaban a Filipo y pueden estar descontentos con su destitución, verán sin duda con buenos ojos que el nuevo tetrarca sea un sobrino de este. También es cierto que de esta forma mostramos a los príncipes herodianos que estos territorios que el divino Julio encomendó en el pasado a su abuelo Antipater, padre del primer Herodes, no son su propiedad ni pueden hacer con ellos lo que quieran. Más importante todavía, al pacificar la región que nos separa de los partos, contribuimos a la solidez de nuestras fronteras. Sin duda estas razones que con razón comentas a favor de nombrar nuevo tetrarca a Johanan son poderosas y las comparto. Sin embargo, permíteme, César, expresarte mis inquietudes al respecto.

 

¿Que pasará en la Galilea y en la Perea de Antipas si en la tetrarquía vecina nombramos un tetrarca que por ser hijo de Judas de Gamala, quién para muchos fue un héroe, puede gozar del amor de sus súbditos, a diferencia de lo que ocurre con Antipas? ¿No haremos más difícil mantener la paz en estas regiones?.


 

Y, lo que más me preocupa, si me permites, César, revelarte el fondo de mi inquietud, ¿Qué pasará en los territorios que me has confiado? sobretodo en el caso de Judea, ¿no se encenderán los espíritus de los nacionalistas zelotes contra nosotros, cuando vean que uno de los suyos, en realidad el principal
 representante de su causa, como hijo de Judas, reina en una tetrarquía? ¿Podré mantener la paz, tal y como he podido hacerlo hasta ahora?

 

Aunque he procurado mantenerme informado sobre el movimiento de Johanan, tal y como creo haber podido demostrarte, en mis cartas anteriores, la verdad es que desconocemos todavía varios aspectos del entorno de Johanan y de sus verdaderas intenciones. ¿Como reaccionarán sus numerosos hermanos, no aspirarán también ellos a otras tetrarquías?

 

Los informes que he tenido sobre las enseñanzas de Johanan en Galilea y en la tetrarquía de Filipo parecen indicar que el principal objeto de su ira es la dinastía herodiana y la impureza de los sacrificadores y levitas, tal y como te comenté antes. Pero en realidad ¿que es lo que desea? ¿Se contentaría con un reemplazo de la dinastía herodiana por un reestablecimiento de la dinastía de David, manteniendo la sumisión a Roma? ¿O bien lo que busca es la independencia de Roma, tal y como la buscaron su padre y su abuelo?

 

Por el momento no puedo responder a todos estos interrogantes y creo que lo mejor es esperar compartir la decisión con tu legado Cayo, cuya próxima venida, de camino a su misión en Armenia, me anuncias y que la amistad de Claudia Prócula con la princesa Salomé nos permita obtener nuevos conocimientos sobre Johanan y sobre su movimiento.



domingo, 29 de enero de 2017

TERCERA CARTA DE LUCIO PONCIO PILATOS A CLAUDIO TIBERIO CÉSAR


Lucio Poncio Pilatos a Claudio Tiberio César, salud.

 

Comparto contigo, César, las preocupaciones que me expresas en tu carta sobre la incapacidad de los príncipes herodianos para mantener en paz los territorios que les hemos confiado. En particular la situación en Galilea y la Perea, exige toda nuestra atención, por cuanto la población en estas regiones tiene un mayor componente judío que en el caso de las tetrarquías de Filipo o de Lysanias, que tienen mayor población de cultura griega. El tetrarca de Galilea y Perea, Herodes Antipas, parece muy poco capaz de mantener la paz en sus territorios, como prueban los sucesos de los que paso a informarte.

 

En los territorios de Antipas apareció recientemente un supuesto profeta judío de nombre Johanan. Según sus seguidores, su nacimiento había sido anunciado en sueños a su anciano padre y habría sido fruto de una especie de concepción divina, pues, según afirman, el divino niño habría sido “implantado desde lo alto” y su nacimiento milagroso anunciado por una estrella. Sus seguidores se refieren a él como “el buen pastor” y “pescador de almas”.

 

Este supuesto profeta predica la proximidad del fin de los tiempos. Según explica a sus seguidores, en el pasado ya habían ocurrido catástrofes similares a la que él vaticinaba para un futuro muy próximo. La primera fue la destrucción por agua, que narran sus libros sagrados, la segunda la destrucción por el viento que derrumbó la gran torre de Babilonia y la tercera la destrucción por el fuego que, según sus libros, destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra. Estos desastres siempre habrían seguido a épocas de depravación similares a la que, según Johanan, conocemos en la actualidad. La próxima catástrofe sería el resultado de la “ira de dios” y la única salvación posible, según este profeta, el arrepentimiento por las transgresiones a la ley de Moisés, la purificación mediante el bautismo y el desconocimiento de la autoridad de Antipas y de Roma, que no puede, según ellos, suplantar la obediencia debida a su único señor, Yahvé.

 

El bautismo que Johanan ofrece como única forma de salvación frente al próximo fin de los tiempos es un acto de rebeldía frente a las autoridades religiosas herodianas. Según la religión judía, los gentiles que desean adoptar su religión, están obligados a un bautismo de purificación antes de ser admitidos a compartir lo que ellos llaman los privilegios de los hijos de Abraham. Se trata de un bautismo destinado a regenerar al converso en presencia de testigos, durante el cual se leen a los bautizados partes de los libros sagrados y se le hunde completamente en el agua, lo cual significa que se ahoga su ser impío anterior para que renazca como un verdadero judío. Los judíos de nacimiento, los elegidos de dios, no están sujetos a este rito de purificación y regeneración.

 

Al bautizar a los judíos de igual forma que a los gentiles conversos, en la forma estipulada para el rito de regeneración, lo que Johanan pretende demostrar es que todo el pueblo ha pecado y ha perdido los privilegios de la alianza con su dios, a causa de la corrupción que han traído consigo los príncipes herodianos y los ocupantes romanos.

 

Según predica Johanan, dios lo ha enviado para enseñar el “camino de la ley” y liberar a los judíos de todo poder y dominio que no sean los del dios de los judíos.

 

La situación no sería tan peligrosa sino fuera por cuanto la conducta de Antipas, con sus permanentes transgresiones de la ley y de las costumbres judías, fomenta estos brotes de rebelión popular. Antipas erigió en tu nombre, César, la ciudad de Tiberiades, pero la construyó sobre un antiguo cementerio, lo cual viola las leyes sobre la pureza y la impureza de los judíos, por lo que se negaron a vivir en ella, lo que le obligó a poblarla con gentiles y vagabundos. En su palacio real mandó pintar animales, lo cual también viola las leyes judías.

 

Tal y como te comenté en mi carta anterior, César, la unión de Herodes Antipas con la esposa de su hermano Herodes Filipo (hijo de Herodes y de Miriam II), estando este vivo y sin haberla repudiado, constituyó una trasgresión grave a las leyes judías. Ya Agripa  te advirtió, César, sobre la rapacidad insaciable de este príncipe, quién lejos de aplacar a sus súbditos con una conducta moderada, los enfurece con el desenfreno de su vida privada.

 

Volviendo al mencionado Johanan, no cabe duda que representa un peligro permanente para el mantenimiento de la paz, si tenemos en cuenta sus antecedentes familiares que paso a relatarte. Recordarás, César, que en mi última carta te relataba la historia de la familia de Judas de Gamala y de su padre Ezequias , quienes en el pasado se alzaron contra Roma pretendiendo ser los legítimos herederos de la dinastía del rey David. Los hijos de Judas, de quienes no se había vuelto a saber desde que su padre fuera derrotado y crucificado durante la rebelión que se produjo durante el censo de Quirino, reaparecieron ahora, convertidos en cabecillas de un movimiento antiherodiano, en la región de Galilea, aprovechando la relatada creciente desafección de los súbditos de esta región hacia Antipas. La ciudad de Gamala, a la que también se conoce como “la montaña” y de donde proviene esta familia, sigue siendo su principal fortaleza. Gamala se sitúa en la tetrarquía de Filipo, por lo que les ofrece un refugio seguro frente a Antipas.

 

El mayor de los hermanos es precisamente Johanan y lo acompañan Judas, de quién afirman que es su hermano gemelo, Santiago y Simón, también hijos de Judas y de Myriam, quién según afirman sus seguidores sería una descendiente a la vez de David y de Aarón. Esto explica que, según proclaman sus seguidores, Johanan pueda aspirar al mismo tiempo a la suma sacrificatura, como descendiente de Aarón y a la realeza, como descendiente de David.

 

El movimiento cuenta con seguidores incluso dentro de la familia herodiana. Según mis informantes reciben apoyo financiero de la princesa Salomé, hija de Herodías y de su primer esposo, Herodes Filipo, y por tanto sobrina e hijastra de Antipas. Salomé odia a su padrastro, a quién no perdona haber arrebatado su madre a su padre y se considera discípula de Johanan, con quién, según se dice, se encuentra unida por lazos sentimentales. También otros disidentes de Antipas, como Juana, la esposa de Chuza, intendente del palacio de Antipas, acompañan a Johanan.

 

Es posible que la proximidad de gente herodiana, como la princesa Salomé o Juana con Johanan provenga de la antigua relación que existió entre ambas familias durante la época del primer Herodes, cuando esté se casó con una hermanastra de Myriam, la madre de Johanan, llamada también Myriam. Esta Myriam había conspirado ya contra el primer Herodes, por lo que fue repudiada por este y participa ahora activamente en el movimiento de Johanan, su sobrino. Seguramente los vínculos del movimiento con familiares de Antipas provienen de esta Myriam a quién llaman la hija de Cleofás; su madre, Ana, se casó en segundas nupcias, después de la muerte de Cleofás, con el hermano de este, Simón hijo de Betos, a quién el primer Herodes convirtió en sumo sacrificador después de casarse con su hijastra. Esta Myriam hija de Cleofás es por tanto a la vez la tía materna de Johanan, madre de Filipo el tetrarca y abuela de la princesa Salomé, la cual, como dije, participa en el movimiento de su pariente Johanan.

 

Johanan es descendiente por consiguiente de la dinastía de David por parte de su padre, lo cual sustenta sus aspiraciones a la realeza, de David y de Aarón por parte de su madre, lo cual le permite aspirar a la suma sacrificatura y es el primo de Filipo, lo cual le permite aspirar a la tetrarquía de este. No es de extrañar entonces el gran odio que Antipas siente por él, al punto de que, según me han contado, ha prometido matarlo, odio que parece ser mutuo pues aparentemente Johanan se refiere a Antipas como “esa zorra”.

 

Por el momento tenemos información de que Johanan y sus seguidores, perseguidos por Antipas, han buscado refugio primero en Tiro, de donde después de que Johanan fuera reconocido salieron hacia Sidón y de allí a la Decápolis.
 
Estaremos atentos a nuevas noticias de este grupo y, de producirse, os pondremos prestamente al corriente.

sábado, 14 de enero de 2017

SEGUNDA CARTA LUCIO PONCIO PILATOS A CLAUDIO TIBERIO CÉSAR


Lucio Poncio Pilatos a Claudio Tiberio César, salud.

Comprendo tu extrañeza ante la situación de odio que, según te comenté en mi
relato anterior, el pueblo judío siente hacia la dinastía herodiana. También comparto, César, tu preocupación por la oposición entre facciones judías a favor y en contra de esta dinastía, a la que me refería en dicho relato.

Tienes razón, César, en temer que esta rivalidad entre facciones pueda facilitar la penetración de Artabano, en la región de Siria y Palestina. Como bien recuerdas, tal cosa ocurrió ya en los tiempos de Marco Antonio, cuando los judíos se dividieron como ahora en dos facciones, cada una de las cuales apoyaba a un pretendiente Macabeo. La facción que apoyaba a Antígono en contra de Hircano se alió con Frahartes, rey de los partos y con su general Barzafarnes y juntos expulsaron a Herodes y a los romanos. Solo tres años después y a costa de una guerra terriblemente sangrienta pudieron Herodes y Sosius  recuperar Judea. Si esta situación se repitiera, las consecuencias sobre nuestra situación en Armenia y otras regiones sería desastrosa, tal y como justamente temes, César.

Mi impresión sobre la situación en Judea, César, si me permites ser franco contigo, como mi condición de amicus cesari me obliga , es que no podemos seguir ignorando el enorme rencor que los judíos sienten hacia una dinastía extranjera que los romanos les hemos impuesto, violando sus leyes y sus tradiciones.

 

Te extrañará que califique a los herodianos como extranjeros por cuanto Herodes y su padre Antipater siempre se presentaron ante Roma como verdaderos y auténticos judíos. En realidad Antipater era idumeo  y su hijo Herodes proviene de su matrimonio con Cypros, princesa nabatea . No existía en Herodes por tanto una sola gota de sangre judía. Es más, los judíos siempre han despreciado a los idumeos o edomitas, como una raza inferior contra la que sus antepasados siempre guerrearon, desde su llegada a Palestina. Solo recientemente fue Idumea anexionada a Judea. Los judíos de la época de Herodes se referían a él como el “esclavo edomita”, refiriéndose a su origen y a su sumisión a Roma.

Herodes deslumbró a Roma con su magnanimidad hacia nosotros y hacia otras naciones del Imperio y con su fidelidad a las costumbres griegas y romanas. Financió, por ejemplo, la reconstrucción del templo de Apolo en Rodas, donó grandes sumas para ayudar a Augusto en la construcción de la ciudad de  Nicópolis cerca de Actium y para el embellecimiento de Antioquia, hizo construir colegios en Trípoli, Ptolemais y Damasco, teatros en Sidón y Damasco, acueductos en Laodicea y baños y fontanas en Ascalón. Más aún, otorgó una gran suma anual para el mantenimiento de los juegos olímpicos, lo que le valió el ser nombrado superintendente perpetuo de los Juegos. Para financiar estas y otras muchas obras creó cada vez más tributos, que llevaron a los judíos a la miseria y a la desesperación.

En Judea misma, Herodes construyó un gran anfiteatro para celebrar competencias de lucha y de atletismo en honor de Augusto, introdujo las luchas entre fieras y judíos condenados a muerte y las representaciones teatrales, sin tener en cuenta que estas cosas enfrentaban gravemente la religión y las costumbres judías.

 

Para legitimizar su trono, Herodes se casó con Myriam, de la familia Macabea , que había reinado anteriormente y que los judíos amaban por cuanto le deben la independencia lograda frente a los reyes seleúcidas que reinaron anteriormente en Judea. De ella tuvo dos hijos, Alejandro y Aristóbulo, a quienes el pueblo consideraba los legítimos pretendientes de la realeza.

Una vez asentado su poder, Herodes asesinó a todos los descendientes de la estirpe Macabea, incluyendo a su esposa Myriam y a sus dos hijos, pese a que el divino Augusto tratara de evitarlo.

A medida que el odio del pueblo hacia él aumentó por estas acciones, Herodes se volvió cada vez más cruel con sus súbditos. En sus últimos días erigió sobre la puerta principal del templo de Jerusalén una enorme águila de oro, con ánimo de humillar a los judíos, cuyas leyes les prohíben elaborar y menos adorar figuras humanas o de animales. El pueblo se sublevó, no pudiendo soportar tal afrenta y Herodes, después de vencer a los sublevados, procedió a quemar vivos a todos los participantes en la revuelta.

Poco después, encontrándose gravemente enfermo, ordenó a los principales de los judíos, bajo pena de muerte en caso de desobediencia, dirigirse a Jericó, donde los encerró en el hipódromo. A continuación ordenó a su hermana Salomé que, una vez fallecido, procediera a asesinar a todos ellos, de forma que su muerte fuera la más celebre, al ser acompañada por la de sus súbditos principales.

Pese a su enorme crueldad, el rey Herodes supo mantener en paz, bajo una mano férrea, los amplios dominios que vuestros antepasados, César, le concedieron. A su muerte, sin embargo, todo el odio reprimido durante más de 40 años de reinado  estalló con furor en varias revueltas simultáneas.

 

La principal de estas revueltas fue encabezada por Judas de Gamala, hijo de Ezequías, quién era de linaje real, descendiente del rey David y se había levantado contra Roma 40 años antes, siendo apresado y muerto por Herodes, cuando este era gobernador de Galilea. Esta acción fue duramente reprochada a Herodes por el pueblo judío, por lo que debió justificarse ante el Sanedrín en Jerusalén.

La fortaleza de Judas Bar Ezequías era la ciudad de Gamala, ciudad situada al noreste del lago de Kenaret, sobre una alta montaña, de difícil acceso, lo que la hace prácticamente inexpugnable. Los galileos se refieren a ella justamente como “la montaña”. Judas se proclamó mesías, es decir el rey ungido de quién los judíos esperan la liberación de Roma y de la dinastía herodiana, pues, según ellos, sus profetas así lo han anunciado. Tomó la ciudad de Séforis, capital administrativa de Galilea, en donde se apoderó de un importante arsenal y de mucho dinero, allí atesorado. Llegó a imprimir sus propias monedas y fue reconocido como rey o mesías por muchos judíos. Durante el reinado de Arquelao  se mantuvo en su fortaleza de Gamala y cuando este fue depuesto por el divino Augusto, aprovechó la ocasión del censo de Quirino para levantarse nuevamente, convenciendo al pueblo que debían rechazar este censo que solo podía llevarles a pagar más tributos y a una mayor servidumbre. En esta ocasión le acompañó un líder religioso llamado Sadoc y entre ambos consiguieron extender la rebelión por todo el país y tomar varias ciudades.

Judas no fue el único mesías que se rebeló después de la muerte de Herodes. Hubo otros que también se declararon mesías o cristos (es el nombre griego), es decir reyes ungidos libertadores, como Simón, antiguo funcionario de Herodes, quién tomó la ciudad de Jericó, al este de Jerusalén, cuyo palacio real incendió y el pastor Atronge, ambos reducidos con grandes dificultades por Grato y por Tolomeo, respectivamente.

 

Los judíos opuestos a Roma y a la dinastía herodiana siguen hoy día esperando un nuevo mesías o cristo, que encabezará la rebelión contra Roma, de forma que no debemos descartar la posibilidad de nuevas revueltas. En particular sigue viva la esperanza en la dinastía Davídica, pues tanto Ezequias como su hijo Judas gozaron de gran popularidad y se cree que este último tuvo varios hijos con una descendiente del sumo sacerdote Aaron, llamada Myriam, cuyo paradero desconocemos.

Paso ahora, César, a responder tu inquietud sobre los reproches de los judíos a los actuales reyes o tetrarcas de la dinastía herodiana. Como recordarás, a la muerte de Herodes, la primera intención del divino Augusto fue la de nombrar como su heredero en todos los territorios de su reino a su hijo Arquelao . Sin  embargo, pronto se hizo evidente que la excesiva crueldad de este príncipe no sería tolerada por sus súbditos. Antes de partir hacia Roma para recibir la confirmación del divino Augusto, muchos judíos le solicitaron castigar a los responsables de la cruel represión de la revuelta con ocasión del águila que Herodes situara en el portal del templo de Jerusalén, como antes relaté y cambiar al último gran sacrificador  impuesto por Herodes por otro que mostrara una mayor virtud. Su respuesta fue enviar sus soldados al templo y proceder a una represión sangrienta e indiscriminada que costó la vida a unos tres mil judíos.

Después de informarse sobre estos y otros hechos que ponen en duda la madurez de este príncipe y de escuchar una delegación de cincuenta judíos que se desplazaron a Roma para quejarse del triste estado de cosas en su país, el divino Augusto decidió otorgar a Arquelao únicamente la Judea, la Samaria e Idumea, con el título de etnarca, a su hermano Antipas le dió la Galilea y la Perea y a su hermano Filipo la Batanea, la Traconítide, la Auranítide y la Gaulanítide , ambos con el título de tetrarcas.

El comportamiento de estos príncipes y de sus familiares ha constituido desde entonces motivo de consternación para el pueblo judío. Como sabes, César, Arquelao siguió tratando a sus súbditos con la mayor crueldad, por lo que el divino Augusto lo desterró a Viena, en la Galia, en el noveno año de su reinado, asumiendo desde entonces Roma la administración de Judea, Samaria e Idumea.
Los opositores a estos príncipes herodianos y a sus familiares les reprochan el violar la ley de Moisés, habiéndose dejado atrapar en lo que ellos llaman las tres redes de Belial, que trato de explicarte a continuación, aunque posiblemente, César, alguno de tus súbditos judíos, versado en temas religiosos, pueda aclararte estos asuntos mejor que yo.

La primera red de Belial es el pecado de la fornicación, que ellos aplican a los matrimonios entre parientes, frecuentemente tíos con sobrinas, entre primos o hermanos con sus cuñadas que son prohibidos por su ley, así como a los divorcios no justificados por adulterio y a la poligamia. Herodes y sus descendientes incurrieron y siguen incurriendo en todos estos delitos religiosos. Estos matrimonios provocan permanentemente la ira de los judíos y algunos predicadores se refieren a ellos como la prueba del carácter sacrílego de los príncipes herodianos. Ha sido también práctica común de los herodianos la poligamia y los matrimonios y divorcios sucesivos, siguiendo el ejemplo del primer Herodes, quién se casó nueve veces y tuvo numerosas concubinas.

La segunda red de Belial es, para estos opositores, la acumulación de riquezas, que viola sus mandatos religiosos de amor al prójimo y ayuda al necesitado. Desde Herodes, estos príncipes rodean sus vidas de lujos extraordinarios y construyen fortalezas y palacios a costos muy altos, financiados por enormes tributos que paga una población cada vez más pobre. Te aseguro, César, que no existe en Roma un palacio tan suntuoso como el que Herodes construyó, sobre varios niveles, en la roca de Masada.

 

La tercera red de Belial es para ellos la corrupción del templo de Jerusalén, por cuanto no pueden soportar que en este recinto tan sagrado para ellos se hagan sacrificios por el bienestar del pueblo de Roma y de los emperadores romanos o que se reciban obsequios y contribuciones de gentiles (no judíos) como son para ellos los herodianos de origen idumeo.

En cuanto a tu pregunta, César, sobre quienes son y en que creen los opositores a Roma y a Herodes, pienso que es un tema bastante complejo por la gran variedad de nombres que se dan a ellos mismos, algunos de los cuales son simplemente formas distintas de llamar al mismo movimiento, mientras que otros pueden ocultar algunas diferencias más de matiz que de sustancia.

Las denominaciones más comunes, como te mencioné en mi escrito anterior son las de zelotes , que significa celosos de la ley de Moisés y la de nazareos, que significa los custodios o guardianes de la ley , nombres como ves, César, que significan lo mismo. Algo parecido significa otra denominación bastante corriente que es la de esenios, que quiere decir los que hacen o siguen la ley. También se conocen como ebionitas, que significa los pobres, lo cual se refiere a la costumbre que tienen algunos de ellos de compartir sus bienes, sicarios, por la costumbre también de algunos de ellos de llevar oculta una pequeña daga a la que llaman “sica” o zadoquitas que significa a la vez hijos de Zadoc o hijos de la rectitud.

Todas estas otras denominaciones se refieren, César, a judíos nacionalistas, que esperan un mesías o cristo que lidere una guerra victoriosa contra Roma, que reemplace a los príncipes herodianos y que instaure en Judea una era de paz, prosperidad y dominio sobre las otras naciones. En relación con este esperado nuevo mesías o cristo, la doble descendencia, de David y de Aarón, mencionada antes, tiene para ellos una gran importancia, pues algunos de sus libros hablan de un “mesías de Aarón y de Israel”, lo que interpretan como un pretendiente a la vez al trono real y a la suma sacrificatura, condición que no reunían los mesías aparecidos en los últimos tiempos, como Judas de Gamala, Simón o Atronge.

Conciben el mundo en una forma muy sencilla: por un lado están los hijos de la luz que son ellos y por otro los hijos de las tinieblas que son los romanos y quienes colaboran con ellos (los herodianos, los saduceos y los fariseos). Al final de los tiempos unos y otros serán juzgados, ellos tendrán una vida eterna en el “reino de Dios” y nosotros una condena eterna en la Gehena, que es como conocen nuestro Hades, pero con una vida de eternos tormentos.

Te agradezco, César, tu preocupación por la salud y bienestar de tu nieta Claudia Prócula. Sigue bien de salud y ha sido para mi una ayuda invaluable para comprender las razones de la división entre los judíos que he tratado de transmitirte. A través de su amistad con la princesa Salomé , nos ha sido posible obtener información sobre los movimientos de oposición mencionados, la cual habría sido muy difícil de obtener de otra manera.