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domingo, 9 de abril de 2023

CURSUS HONORUM ROMANO

 

El cursus honorum fue el término utilizado en la Antigua Roma para referirse a la carrera política que una persona debería seguir si deseaba ocupar los cargos más altos y prestigiosos del Estado.

 

El cursus honorum se basaba en una serie de cargos públicos que probablemente estén ocupados en un orden específico. El primer paso era convertirse en un ciudadano romano y luego en un senador. A continuación, se debía ocupar un cargo dentro del cursus honorum, que generalmente comenzaba con la elección al cargo de cuestor, el cual consistía en administrar los fondos públicos.

 

Después del cargo de cuestor, los candidatos podrán presentarse a los siguientes cargos: edil, pretor y finalmente al cargo más alto y prestigioso del cursus honorum, el de cónsul. El consulado era el puesto más alto al que podía aspirar a un ciudadano romano y solo los ciudadanos de una cierta clase social podían ser elegidos.

 

Una vez que un ciudadano había ocupado los cargos requeridos del cursus honorum, su carrera política había sido exitosa y podía retirarse de la vida pública, o bien continuar sirviendo al Estado en cargos menores.

 

El cursus honorum fue una parte integral de la sociedad romana y un ciudadano que logró alcanzar los cargos más altos era visto como un individuo de gran importancia y prestigio.

 

El cursus honorum era el sistema de carrera política que existía en la Antigua Roma y que permitía a los ciudadanos más destacados y ambiciosos ascender en la vida pública y ocupar los cargos más importantes del Estado.

 

El primer requisito para seguir el cursus honorum era ser ciudadano romano, lo que implicaba cumplir ciertos requisitos, como tener un padre ciudadano romano, haber nacido en un territorio controlado por Roma o haber sido liberado de la esclavitud. Una vez que se era ciudadano, se podía aspirar a ocupar los cargos políticos.

 

El cursus honorum se compuso de una serie de cargos públicos que seguramente estarán ocupados en un orden específico. El primer cargo que debía ocupar un ciudadano era el de cuestor, que consistía en administrar los fondos públicos. Los cuestores se encargaban de la gestión financiera del Estado y podrían ser ciudadanos con experiencia y capacidad para administrar.

 

Después del cargo de cuestor, se podía aspirar a los siguientes cargos: edil, pretor y cónsul. Los ediles eran los encargados de la organización de los juegos y espectáculos públicos, mientras que los pretores ejercían como jueces y supervisaban los asuntos legales. El cargo más alto al que se podía aspirar era el de cónsul, que se encargaba de dirigir el gobierno y el ejército romano.

 

Los ciudadanos que habían ocupado los cargos del cursus honorum con éxito eran considerados personas de gran importancia y prestigio en la sociedad romana. Una vez que un ciudadano había alcanzado el cargo de cónsul, su carrera política había sido exitosa y podía retirarse de la vida pública o continuar sirviendo al Estado en cargos menores.

 

El cursus honorum se esperaba un sistema justo y meritocrático, ya que permitía a los ciudadanos más capaces y estaba preparado ascender en la vida pública y alcanzar los cargos más altos del Estado. Sin embargo, solo los ciudadanos de una cierta clase social podrían aspirar a estos cargos, lo que excluía a la mayoría de la población romana. Además, algunos ciudadanos ricos y poderosos podrían influir en el proceso de elección y ocupar cargos sin haber seguido todo el cursus honorum, lo que en ocasiones generaba tensiones y conflictos políticos.



domingo, 26 de julio de 2020

TRAS LA MONARQUÍA ROMANA, LA REPÚBLICA DE LOS CÓNSULES, PRETORES Y CUESTORES



Por supuesto, los romanos, aun bajo una república, debían tener a alguien que los gobernase. Para evitar que este gobernante tuviese demasiado poder (no más Tarquinos, habían decidido los romanos), fue elegido por un año solamente y no podía ser reelegido de inmediato. Además, para asegurarse doblemente, fueron elegidos dos gobernantes, y no sería válida ninguna decisión que no fuese tomada por ambos de común acuerdo. De este modo, aunque uno de los gobernantes anuales hiciese algún intento para aumentar su poder, el otro, por celos naturales, le haría frente. Y ambos, en ciertos aspectos importantes, tenían que inclinarse ante el Senado.

 

Este sistema funcionó bien durante varios siglos.

 

Al principio, estos gobernantes electos fueron llamados pretores, voz proveniente de palabras que significaban «ir a la cabeza». Más tarde, el hecho de que fueran dos pareció lo más importante del cargo y fueron llamados cónsules, que significa «asociados». En otras palabras, debían «consultarse» uno al otro y llegar a un acuerdo antes de emprender una acción.

 

Es por este nombre de «cónsules» por el que mejor conocemos a estos gobernantes. Luego fueron llamados pretores otros magistrados secundarios que servían bajo las órdenes de los cónsules.

 

Los cónsules estaban al frente de las fuerzas armadas de Roma y su misión particular era dirigir esos ejércitos en la guerra. Dentro de la ciudad, una clase inferior de magistrados, los cuestores, también elegidos de a dos y por el término de un año, actuaban como jueces y supervisaban los juicios penales. (La palabra «cuestor» significa «indagar por qué».) En años posteriores, su función cambió y actuaron como funcionarios financieros a cargo del tesoro público.

( Isaac Asimov )


lunes, 5 de noviembre de 2018

SILA Y LAS EDADES DE LOS CÓNSULES



La menor edad en que un ciudadano romano podía llegar a ser legalmente cónsul había sido fijada por Sila en cuarenta y tres años, y aunque antes de eso tenia que ocupar tres distintos puestos oficiales de importancia ascendente, entre ellos cuestor, edil o pretor.



miércoles, 25 de julio de 2018

CUESTOR


 

Un cuestor (del latín QVÆSTOR 'indagador') es un tipo de magistrado de la antigua Roma. Los primeros cuestores fueron jueces encargados de los casos de asesinato y de insurrección o alta traición. Con el tiempo su denominación más común fue Decumviri Perduillionis et parricidii. Eran nombrados para cada caso y no constituían una magistratura permanente.

 

A fines del siglo III a. C., los decumviri o cuestores perdieron sus atribuciones judiciales, que pasaron a los triunviri nocturni.

 

Simultáneamente a estos cuestores judiciales existieron los cuestores administrativos, en los cuales delegaba el rey la administración de los fondos públicos. Con la República (420 a.C.), sus funciones pasaron a los cónsules que las delegaron en: dos cuestores civiles (para el Tesoro público); y dos cuestores militares (para las arcas del Ejército). Es en ese momento en el que los plebeyos logran el acceso a la Cuestura, hasta entonces reservada a los patricios. Su número seguiría incrementándose hasta llegar a 40 en época de César.​ Más tarde su nombramiento pasó a los comicios tribunados.

 

Estos cuatro cuestores eran patricios hasta que el 345 ab urbe condita (309 a.C), los plebeyos pudieron ocupar tres de las cuatro plazas.

 

También existieron cuatro cuestores de la Marina, encargados de la administración de las cuatro bases navales romanas.

 

Finalmente se establecieron, junto a los cuestores existentes, los cuestores itálicos, con competencias para coordinar los censos de la parte de Italia sometida a Roma.

 

Los jóvenes patricios cuando llegaban alrededor de los treinta años, ya ansiaban el cargo de cuestor, cosa que acarreaba, entre otros beneficios, la elevación automática al Senado y ofrecía a un hombre emprendedor muchas oportunidades de rellenar la bolsa de dinero. Si se le nombraba cuestor y se le destinaba a una provincia, era el encargado de llevar las finanzas del gobernador, normalmente sin que nadie lo supervisara; podía manipular los libros, vender exenciones de impuestos, ajustar contratos.

 

 También era posible, si era uno de los tres cuestores que se quedaba en Roma, aprovecharse del nombramiento para llevar las finanzas del Tesoro; podía alterar (por un precio) los registros para borrar alguna deuda, o asegurarse de que alguien recibiera cantidades del Tesoro a las que no tuviera derecho. Por ello cualquier patricio con poco dinero, siempre estaba ansioso por asumir su cargo de cuestor e iniciar ya su carrera política.


domingo, 27 de agosto de 2017

RESUMEN DE LAS PRINCIPALES MAGISTRATURAS O CARGOS POLÍTICOS ROMANOS EN LA ÉPOCA DE CÉSAR

 


-Cuestores (o indagadores): eran los funcionarios de Hacienda que velaban por la tesorería y libraban los pagos. Cuando Roma era sólo algo parecido una modesta alcaldía eran dos, pero en la época de César el Estado había crecido tanto que ya eran cuarenta.

 

-Ediles: eran el equivalente a los concejales municipales. Solían ser cuatro.

 

-Pretores: eran altos funcionarios de algo parecido al ministerio de Justicia y del de Interior. Ocupaban el lugar de los cónsules cuando éstos se ausentaban de la ciudad. En la época de César eran ya dieciséis.

 

-Cónsules (palabra que significa asociados): eran algo parecido a los presidentes de gobierno con poderes casi absolutos. Presidían el Senado y los comicios y capitaneaban el ejército. Como eran dos y sus decisiones debían ser colegiadas, muy a menudo estaban enfrentados y no llegaban a decisión ninguna. Los romanos no lo lamentaban: de este modo se evitaba que uno de ellos acaparara demasiado poder y cayera en la tentación de proclamarse rey. Es que en Roma el mando único estaba muy desprestigiado porque traía aciagos recuerdos de cuando fue monarquía. La palabra rey era tabú hasta el punto que, cuando se restauró la monarquía hereditaria, los reyes jamás se atrevieron a usar tal título y se contentaron con el de emperador, aunque sus poderes fueran tan absolutos y hereditarios como los de cualquier monarca antiguo.

 

-Otros cónsules salientes (los consulares) eran nombrados censores, un importante cargo quinquenal cuyo cometido consistía en elaborar y mantener al día el censo de los ciudadanos, actualizándolo por clases según la fortuna de cada individuo. También designaban a los nuevos senadores y velaban por la pureza de las costumbres.

 

Los cargos gubernativos más bajos (cuestores y ediles) tenían solamente potestas, es decir, poder administrativo; pero los más altos (pretores, cónsules, procónsules) estaban dotados, además, de imperium, poder de vida y muerte, cuyo carácter sagrado confería inviolabilidad. Cuando ejercían su cargo, los magistrados con imperium iban precedidos y escoltados por un número variable de soldados (lictores) que portaban al hombro las fasces, o haces de varas de azotar, símbolo del poder coactivo que otorgaba el cargo.

 

Aparte los romanos también crearon para su gobierno la figura del dictador, al que se le otorgaba temporalmente poderes absolutos, y así ocurría cuando el Estado estaba en gravísimo peligro o riesgo, que requería la resolución pronta y rápida de una sola persona con todos los poderes absolutos y que nada ni nadie le obstruyera en sus decisiones de resolver la grave crisis.



domingo, 30 de julio de 2017

IMPERIUM, TRIBUNOS DE LA PLEBE, PATRICIOS Y PLEBEYOS


A primera vista, el tribuno de la plebe era un cargo menor en la jerarquía senatorial. Los tribunos de la plebe no tenían imperium, palabra sin equivalente en el mundo no romano. Pero ¿qué demonios era el Imperium?, ese poder que se consideraba de emanación divina solo aplicable entre los romanos.  Pues bien, eso de ímperíum equivalía al grado de autoridad que posee un dios en la tierra. Con aquello, un solo pretor podía obligar a un gran rey a que le acompañase. Los gobernadores provinciales tenían imperium, los cónsules tenían ímperíum, los pretores tenían imperium, curules y ediles tenían imperium, pero todos ellos poseían una clase distinta de imperium. La única evidencia tangible de imperium era el lictor. Los lictores eran ayudantes profesionales que iban delante del que ostentaba el imperium abriéndole paso y llevando sobre el hombro izquierdo el fasces o haz de varas sujetas con cintas rojas.

 

Los censores no tenían imperium. Ni los ediles de la plebe, ni los cuestores. Tampoco lo tenían los los tribunos de la plebe. Estos últimos eran los representantes elegidos del pueblo, ese vasto conjunto de ciudadanos romanos sin derecho a la alta distinción de ser patricios. Los patricios eran la aristocracia antigua, aquellos cuya familia había formado parte de los padres de Roma. Cuando la república romana acababa de constituirse, sólo contaban los patricios, pero conforme algunos plebeyos adquirieron dinero y poder e ingresaron en el Senado ocupando una silla curul, también quisieron ser aristócratas, y el resultado fueron los nobilis (nobles). Así, la doble aristocracia la constituían los patricios y los nobles. Para ser noble bastaba con tener un cónsul en la familia, y nada impedía que un plebeyo llegara a cónsul. De este modo quedaban satisfechos el honor y la ambición de los plebeyos.

 

Los plebeyos tenían su propia asamblea de gobierno, a la que les estaba vedada la asistencia y el voto a los patricios. Pero tan poderosos se habían hecho los plebeyos, en detrimento de los patricios, que este nuevo organismo de la Asamblea de la Plebe era quien asumía la mayor parte de la legislación. Para que velaran por sus intereses, la plebe elegía diez tribunos renovables cada año, y ésa era la peor característica del gobierno romano: que sus magistrados sólo ocupaban el cargo durante un año, con la consecuencia de que no se podía sobornar a una persona, al no saber si iba a durar lo bastante para servir los intereses de uno. Así, cada año había que sobornar a un hombre distinto, y generalmente había que sobornar a varios.

 

No, un tribuno de la plebe no tenía imperium ni era un magistrado mayor; en apariencia, no contaba gran cosa, pero tenía el enorme poder de vetar cualquier ley recién votada o aprobada. No obstante, habían logrado convertirse en los magistrados más importantes del común y disponían de auténtico poder, ya que eran los únicos con derecho a veto, un mecanismo político para que manteniera la división de poderes y no llegara a ser absoluto para nadie. Y era un veto que obligaba a todos; sólo el dictador quedaba exento de él.. Un tribuno de la plebe podía vetar a un censor, a un cónsul, a un pretor, al Senado, a sus nueve colegas tribunos de la plebe, vetar las reuniones, las asambleas, las elecciones, prácticamente cualquier cosa, y el esto residía el enorme poder del aparentemente tribuno de la plebe que no disponía de Imperium alguno con el resto de los magistrados. Además, su persona era sacrosanta; es decir, no se le podía impedir físicamente que ejecutara sus funciones. Y, además, hacía las leyes.

 

El Senado no podía legislar, sino únicamente recomendar la adopción de una ley. Es indudable que todo esto tendía a establecer un sistema equilibrado de controles para impedir la posible hegemonía política de un organismo o un individuo. Si los romanos hubieran sido una raza superior de animales políticos, el sistema habría dado resultado; pero como no lo eran, casi no funcionaba. De entre todos los pueblos en la historia universal, los romanos eran los más ingeniosos para encontrar subterfugios legales a la ley, y por eso desarrollaron lo que conocemos como "Derecho Romano".



lunes, 28 de julio de 2014

¿ QUÉ ERA UN CUESTOR?


 

Era el último peldaño del cursus honorum, el escalafón para ascender al consulado. A pesar de que se podía entrar en el Senado mediante la propuesta de los censores y sin pasar por un cargo previo, método que se mantuvo durante la dictadura de César para completar rápidamente la institución, durante su mandato la forma más usual de acceder a él era ser elegido cuestor. 



El cuestor debía tener veintinueve años, de modo que pudiera pasar a formar parte del Senado a los treinta. Ejercía como tal durante un año, y ocupaba su cargo el 5 de diciembre.


Sus principales funciones eran de tipo fiscal.


Podía ser trasladado al Erario, en Roma, o a alguna provincia a colaborar con el gobernador, a algún puerto importante de Italia o a encargarse del suministro de grano. Si se le destinaba a una provincia, el periodo de vigencia de su cargo podía ampliarse, en calidad de procuestor.