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domingo, 28 de abril de 2019

BATALLA DE NOLA


 La batalla de Nola se libró en el año 216 a. C. entre las fuerzas del general cartaginés Aníbal y una fuerza romana dirigida por Marco Claudio Marcelo. Aníbal estaba tratando de apoderarse de la ciudad de Nola, pero fracasó. Tras la primera batalla de Nola, volvería a intentar otros dos asaltos a la ciudad en los siguientes dos años, pero también fracasarían.
 
El comandante cartaginés envió al sur, a Brucia, a su hermano Magón Barca, con parte de sus fuerzas, para dar la bienvenida a aquellas ciudades que abandonaran a los romanos y amenazar a las que se negaran a hacerlo. Aníbal, con el grueso del ejército, se dirigió a la Campania, donde obtuvo la defección de Capua, en aquella época, la segunda ciudad en importancia de la península, tras Roma.
 
Después, retomó las operaciones en Campania, tratando en vano de someter a Neapolis, y conduciendo luego a su ejército al territorio de Nola, con la esperanza de que esta ciudad se rindiera sin llegar al recurso de las armas.
 
El senado de Nola era favorable a mantener la alianza con Roma, pero el pueblo era favorable al comandante cartaginés. Debido a que los senadores temían no poder oponerse a la multitud, intentaron ganar tiempo, y mientras fingían intentar la defección de Aníbal, enviaron embajadores al pretor romano, Marco Claudio Marcelo, para informar de la situación de la ciudad.
 
Marcelo llegó a Nola, atravesando montañas, mientras que Aníbal prefirió dirigirse a Neapolis, deseoso de asegurarse una base para acoger posibles refuerzas de África. Sin embargo, al enterarse de que dicha ciudad había sido ocupada por el prefecto romano Marco Junio Silano, se dirigió hacia la Nocera Inferiore, que saqueó e incendió., y luego volvió a Nola.
 
Una vez enfrentados los dos ejércitos, ambos comandantes ordenaron a las tropas en orden de batalla, comenzando algunas escaramuzas aisladas, pero sin presentar batalla campal.
 
Marcelo fue informado por algunos senadores de Nola de la existencia de conversaciones secretas del pueblo con los cartagineses, para traicionar a los romanos, por lo que decidió presentar batalla. Dividió su ejército en tres partes, cada una frente a una de las puertas de la ciudad, con su mejor legión y su caballería frente a la puerta central. De repente, el prefecto romano dio orden de ataque, sorprendiendo al centro del ejército cartaginés, a la vez que también salieron los dos legados de Marcelo para atacar las alas enemigas.
 
El estruendo generado hizo creer a los cartagineses que estaba siendo atacado por una fuerza superior. En el encuentro, según Tito Livio, murieron 2.800 cartagineses, y tan sólo 500 romanos.
 
Dejó escrito Tito Livio: "En aquel día, está registrada una empresa grande para aquella guerra. El hecho de no ser vencidos por Aníbal fue, en efecto, más difícil que vencerle después."

lunes, 24 de septiembre de 2018

BATALLA DE CORNUS



 
La batalla de Cornus fue un encuentro armado que tuvo lugar en las inmediaciones de la isla de Sardinia en el año 215 a. C., entre el ejército púnico, comandado por Asdrúbal el Calvo y Hampsicora, y las tropas romanas dirigidas por Tito Manlio Torcuato. La batalla tuvo lugar cuando un ejército cartaginés navegó hasta Sardinia en apoyo de la revuelta de sus ciudadanos contra la ocupación romana.
 
Los ejércitos que se enfrentaron eran de tamaños similares y el enfrentamiento se produjo en algún lugar entre Cornus y Caralis. Los romanos destruyeron al ejército púnico, y más tarde lograron expulsar a su flota en una batalla en el sur de Sardinia.
 
Tras la debacle de Cannas, los romanos habían tenido que hacer frente a la traición de varias ciudades del sur de Italia, que se unieron a Cartago. Aníbal Barca y su ejército se encontraban activos en la región de Campania y un segundo ejército cartaginés bajo las órdenes de Hanón el Viejo se movilizaba a través del territorio de Bruttium. Los romanos decidieron enviar varios ejércitos, evitando atacar directamente a Aníbal y enfrentándose a sus aliados siempre que les fuera posible.
 
En Hispania, tras su derrota en el Ebro, Asdrúbal Barca, el hermano de Aníbal, se encontraba combatiendo a los hermanos Escipión en un estado de inferioridad. Entretanto, los senadores cartagineses habían decidido enviar refuerzos a Asdrúbal con órdenes de marchar sobre Italia (216 a. C.), y en África se había organizado un ejército compuesto por 12 000 soldados de infantería, 1500 jinetes y 20 elefantes de guerra comandados Magón Barca, quien tenía órdenes de unirse a Aníbal.
 
Los romanos habían estado enfrentados durante mucho tiempo con los nativos de la isla de Cerdeña, tras haber obtenido su control por medio del chantaje en 237 a. C., y ya en el año 216 a. C., la situación de la isla estaba madura para la rebelión. La única legión estacionada en la isla se encontraba diezmada por las enfermedades y el pretor que la gobernaba, Quinto Mucio Escévola también había caído enfermo. Además, los salarios de los soldados y las provisiones llegaban de manera irregular desde Roma, por lo que el ejército se veía obligado a financiarse directamente de impuestos que recaían sobre la población nativa. Hampsicora, un cacique de los nativos isleños, se puso en contacto con Cartago solicitando ayuda, a lo que la ciudad respondió enviando a un oficial llamado Hannón con órdenes de financiar la revuelta y de reclutar un ejército de un tamaño similar al de Magón. Con ello los cartagineses pretendían vencer a la guarnición romana. Asdrúbal el Calvo y otro Magón fueron designados comandantes de esta fuerza.
 
Sin embargo, antes de que el ejército cartaginés partiera hacia la isla, la situación militar había cambiado. Hannón el Viejo había sido derrotado por Tiberio Sempronio Longo en Lucania y Asdrúbal Barca había perdido la mayor parte de su ejército en Dertosa, una batalla librada en Hispania. El Senado cartaginés ordenó a Magón partir para Hispania, y la expedición a Cerdeña salió como estaba planeado. No obstante, su armada fue atrapada por una fuerte tormenta que desvió a la flota hacia las Islas Baleares, dónde muchos de los barcos que la componían tuvieron que ser transportados a tierra a fin de ser reparados, lo que retrasó mucho la llegada de los cartagineses a Cerdeña.
 
Mientras tanto, Hampsicora se encontraba ocupado reclutando un ejército y obteniendo provisiones suficientes para las tropas en las cercanías de la ciudad de Cornus (cerca de Cuglieri, en la costa occidental de la isla). El retraso de los cartagineses dio la oportunidad a los romanos de enviar tropas de refuerzo al pretor Escévola. El ejército de refresco, comandado por Tito Manlio Torcuato que había servido como cónsul en la isla (235 a. C.), elevó las fuerzas de la provincia a 20 000 soldados de infantería y 1200 de caballería.
 
Manlio provocó a Hiosto, el hijo de Hampsicora para que atacara a los romanos mientras su padre estaba ausente en una misión de reclutamiento. En la batalla que siguió cayeron 5700 soldados sardos, lo que produjo la desintegración de las fuerzas sediciosos. Asdrúbal el Calvo alcanzó Cerdeña en el otoño del año 215 a. C., desembarcó en las inmediaciones de Cornus, y reunió a todas las tropas sardas que pudo. Finalmente marchó a la cabeza de su ejército hacia Carales. En respuesta, Torcuato salió a hacerle frente.
 
Los dos ejércitos no se enfrentaron de manera inmediata; establecieron sus campamentos en lugares cercanos el uno del otro y, tras unos días en los que se produjeron escaramuzas de ínfima importancia en las que ninguna de las partes obtuvo ninguna ventaja, los comandantes de los respectivos ejércitos decidieron librar la batalla.
 
Ambos ejércitos formaron a la manera tradicional, con las alas constituidas por caballería y el centro ocupado por infantería; se desconoce si los cartagineses contaban con elefantes de guerra. El combate se prolongó durante cuatro horas sin alcanzarse un resultado claro. El momento decisivo se produjo cuando uno de los destacamentos romanos que se enfrentaba a una tropa compuesta por sardos situados en una de las alas del ejército cartaginés logró ponerles en fuga. La victoria romana en esta sección hizo que las tropas giraran hacia el centro, demoliendo la resistencia cartaginesa.
 
Asdrúbal, Magón, Hannón e Hiosto fueron capturados y asesinados. Hampsicora huyó del campo de batalla, y luego se suicidó. Los supervivientes se refugiaron en Cornus, que fue tomada mediante un asalto directo a los pocos días. La flota púnica consiguió salvar a algunos de los supervivientes.
 
La expedición cartaginesa que constaba de unos 60 quinquerremes y un número desconocido de transportes, embarcó a los supervivientes de la expedición y zarpó para África. En el camino se encontraron con una armada romana botada desde Sicilia que volvía de una incursión en la costa africana. Los romanos, comandados por Tito Otacilio Craso, superaban a los cartagineses, al disponer de 100 quinquerremes. El combate se saldó con la captura de siete buques cartagineses. Los supervivientes se dispersaron y continuaron, de forma bastante poco uniforme, su travesía hacia las costas africanas. Se desconoce cual fue el número de pérdidas romanas, aunque se deduce que fue bastante inferior al de los cartagineses.
 
Las ciudades rebeldes sardas se rindieron a los romanos, lo que permitió a Manlio enviar una buena parte de sus tropas de regreso a territorio italiano. La victoria trajo estabilidad al suministro de grano procedente de Cerdeña (Sardinia). Por su parte, la armada púnica abandonó las bases que poseía torno a los puertos italianos más importantes, haciendo más seguro el tránsito por ellos. La campaña de Aníbal había devastado los campos italianos y había hecho mucho daño a la agricultura romana, por lo que la protección del suministro de grano era crucial en ese momento.
 
Tras esta batalla, los cartagineses no volvieron a amenazar el dominio romano en esta isla; con la excepción de las incursiones navales llevadas a cabo en 210 a. C.
 
Paralelamente, mientras la armada siciliana se encontraba ocupada asegurando el control de Sardinia, Bomílcar, comandante de la flota cartaginesa, navegó desde Locri hacia Bruttium, donde desembarcó una fuerza compuesta por 4000 jinetes númidas y 40 elefantes de guerra. Partiendo de la base de que una de las razones por las cuales fracasó el intento de Aníbal de tomar Italia fue la falta de apoyos militares y políticos desde la capital, la llegada de estos refuerzos podría haber sido determinante.

domingo, 6 de mayo de 2018

BATALLA DE CANNAS POR POLIBIO



Apenas llego a Roma la noticia de que los dos ejércitos se hallaban al frente y que cada día se hacían escaramuzas, la ciudad se lleno de inquietud y sobresalto. Las frecuentes derrotas anteriores ponían en cuidado a todos del futuro, y la imaginación les presentaba y anticipaba las funestas consecuencias de la República, caso que fuesen vencidos. No se oía hablar sino de vaticinios. Todos los templos, todas las casas estaban llenas de presagios y prodigios, de que provenían votos, sacrificios, suplicas y ruegos a los dioses. Pues en las calamidades publicas los romanos se exceden en aplicar a los dioses y a los hombres, y en tales circunstancias nada reputan por indecente e indecoroso de cuanto conduzca a este objeto.

 

Lo mismo fue recibir Varrón el mando al dia siguiente (217 años antes de J. C.), que mover sus tropas al rayar el día de los dos campos; y haciendo pasar el Aufido a los de su mayor campamento, al punto los formo en batalla. A estos unió los del menor y los coloco sobre una linea recta, dándoles todo el frente hacia el Mediodía. La caballería romana cubría el ala derecha sobre el mismo río, y a continuación se prolongaba la infantería sobre la misma línea. Los batallones de la retaguardia estaban mas densos que los de la vanguardia; pero las cohortes del frente tenían mucha mas profundidad. La caballería auxiliar se hallaba colocada sobre el ala izquierda. Delante de todo el ejercito estaban apostados los armados a la ligera. El total con los aliados ascendía a ochenta mil infantes, y poco mas de seis mil caballos. Entretanto Aníbal hizo pasar el Aufido a sus baleares y lanceros, y los puso al frente del ejercito. Saco del campamento el resto de sus tropas, las hizo pasar el río por dos partes y las opuso al enemigo. En la izquierda situó la caballería española y gala, apoyada sobre el mismo río en contraposición de la romana; y a continuación la mitad de la infantería africana pesadamente armada. Seguían después los españoles y galos, con los que estaba unida la otra mitad de africanos. La caballería númida cubría el ala derecha. Luego que hubo prolongado todo el ejercito sobre una línea recta, tomo la mitad de las legiones españolas y galas y salio al frente, de suerte que las otras tropas de sus flancos se hallaban naturalmente sobre una linea recta, y el con las del centro formaba el convexo de una media luna, debilitado por sus extremos. Su propósito en esto era que los africanos sostuviesen a los españoles y galos, que habían de entrar primero en la acción.

 

Los africanos estaban armados a la romana. Aníbal los había adornado con los mejores despojos que había ganado en la batalla anterior. Los escudos de los españoles y galos eran de una misma forma; pero las espadas tenían una hechura diferente. Las de los españoles no eran menos aptas para herir de punta que de tajo; pero las de los galos servían únicamente para el tajo, y esto a cierta distancia. Estas tropas se hallaban alternativamente situadas por cohortes; los galos desnudos, y los españoles cubiertos con túnicas de lino de color de púrpura a la costumbre de su país, espectáculo que causo novedad y espanto a los romanos. El total de la caballería cartaginesa ascendía a diez mil, y el de la infantería a poco mas de cuarenta mil hombres con los galos.

 

Emilio mandaba el ala derecha de los romanos, Varrón la izquierda, y los cónsules del año anterior Servilio y Atilio, ocupaban el centro. A la izquierda de los cartagineses estaba Asdrúbal, a la derecha Hannon, y en el cuerpo de batalla Aníbal, acompañado de Magón, su hermano. Como la formación de los romanos miraba hacia el Mediodía, según hemos dicho anteriormente, y la de los cartagineses al Septentrión, cuando salio el sol ni a unos ni a otros ofendían sus rayos. La acción empezó por la infantería ligera, que estaba al frente, y de una y otra parte fueron iguales las ventajas. Pero desde que la caballería española y gala de la izquierda se hubo aproximado, los romanos se batieron con furor y como bárbaros. No peleaban según las leyes de su milicia, retrocediendo y volviendo a la carga, sino que una vez venidos a las manos, saltaban del caballo, y hombre a hombre median sus fuerzas. Pero al fin vencieron los cartagineses. La mayor parte de romanos pereció en la refriega, no obstante haberse defendido con valor y esfuerzo; el resto, perseguido a lo largo del río, fue muerto y pasado a cuchillo sin piedad alguna. Entonces la infantería pesada ocupo el lugar de la ligera, y vino a las manos. Durante algún tiempo guardaron la formación los españoles y galos, y resistieron con valor a los romanos, pero arrollados con el peso de las legiones, cedieron y volvieron pies atrás, abandonando la media luna. Las cohortes romanas, con el anhelo de seguir el alcance, se abrieron paso por las lineas de los contrarios, tanto a menos costa, cuanto la formación de los galos tenia muy poco fondo, y ellos recibían de las alas frecuentes refuerzos en el centro, donde era lo vivo del combate. Pues solo en el cuerpo de batalla, a causa de que los galos, formados a manera de media luna, sobresalían mucho mas que las alas, y representaban el convexo al enemigo. Efectivamente, los romanos siguen y persiguen a estos hasta el centro y cuerpo de batalla, donde se introducen tan adentro, que por ambos flancos se vieron cercados de la infantería africana pesadamente armada. En ese instante los cartagineses, unos por un cuarto de conversión de derecha a izquierda, otros por el movimiento contrario, arremeten con sus escudos y picas, y atacan por los costados a los contrarios, advirtiéndoles lo que habían de hacer el mismo lance. Esto era cabalmente lo que Aníbal se había imaginado; que los romanos, persiguiendo a los galos, serian cogidos en medio por los africanos. De allí adelante los romanos ya no pelearon en forma de falange, sino de hombre a hombre y por bandas, teniendo que hacer frente a los que les atacaban por los flancos.

 

Emilio, aunque desde el principio había estado en el ala derecha, y había intervenido en el choque de la caballería, se hallaba aun sin lesión alguna. Pero queriendo que las obras correspondiesen a lo que había dicho en la arenga, y advirtiendo que en la infantería legionaria estribaba la decisión de la batalla, atraviesa a caballo las lineas, se incorpora a la acción, mata a cuantos se le ponen por delante, animando y estimulando a sus gentes. Aníbal, que desde el principio mandaba esta parte del ejercito, hacia lo mismo con los suyos. Los númidas del ala derecha que peleaban con la caballería romana de la izquierda, aunque por su particular modo de combatir, ni hicieron ni sufrieron daño de consecuencia; sin embargo, atacando al enemigo por todos lados, le tuvieron siempre ocupado y entretenido. Pero cuando Asdrúbal, derrotada la caballería romana de la derecha a excepción de muy pocos, llego desde la izquierda al socorro de sus númidas; la caballería auxiliar de los romanos, presintiendo el ataque, volvió la espalda y echo a huir. Cuentan que Asdrúbal en esta ocasión hizo una acción sagaz y prudente. Viendo el gran numero de los númidas, y la habilidad y vigor con que persiguen a los que una vez vuelven la espalda, los encargo el alcance de los que huían; y él, mientras marcho con el resto adonde era la acción, para dar socorro a los africanos. Efectivamente, carga por la espalda sobre las legiones romanas y las ataca sucesivamente por compañías en diferentes partes, con lo que a un tiempo anima a los africanos, y abate y aterra el espíritu de los romanos. Entonces fue cuando Lucio Emilio Paulo, cubierto de mortales heridas, perdió la vida en la misma batalla; personaje que, lanzó en el resto de su vida como en este ultimo trance, cumplió tan bien como otro con lo que debía a la patria. Entretanto los romanos peleaban y resistían, haciendo frente por todos lados a los que los rodeaban; pero muertos los que se hallaban en la circunferencia, y por consiguiente encerrados en mas corto espacio, fueron al fin pasados todos a cuchillo. Del numero de estos fueron los cónsules del año anterior, Atilio y Servilio, varones de probidad y que durante la acción dieron pruebas del valor romano. En el transcurso de la batalla, los númidas siguieron el alcance de la caballería que huía. De esta los más fueron muertos, otros despeñados por los caballos, y unos cuantos se refugiaron en Venusia, entre los que estaba Varrón, cónsul romano, hombre de un corazón depravado, cuyo mando fue a su patria tan ruinoso.