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jueves, 1 de noviembre de 2018

EL CÓNSUL MANIO ACILIO GLABRIÓN



Manio Acilio Gabrión (en latín, Manius Acilius Me. F. Me. N. Glabrio) fue un político y general de la antigua Roma, hijo del tribuno de la plebe del mismo nombre y de Mucia, hija de Quinto Mucio Escévola, y por lo tanto nieto del famoso jurista Publio Mucio Escévola y cónsul del año 133 a. C.

 

Siendo pretor urbano, en el año 70 a. C. presidió el juicio contra Cayo Verres.

 

En el año de su consulado, el año 67 a. C., y según Dión Casio, promulgó junto con Cayo Calpurnio Pisón, su colega en el consulado, una ley denominada Lex Acilia Calpurnia, para tratar de luchar contra las malas prácticas en las elecciones.

 

Al año siguiente, fue nombrado procónsul de Cilicia, a la que se añadieron las provincias de Ponto y Bitínia en virtud de la ley Gabínia, y sustituyó a Lucio Licinio Lúculo en la dirección de la guerra contra Mitrídates VI Eupator. Glabrio se encontró con un ejército indisciplinado y a un enemigo que no estaba a un paso de ser derrotado como él pensaba, y se mantuvo inactivo dentro de las fronteras de Bitinia. Poco después de su llegada a Asia, hizo una proclamación liberando a los soldados de su lealtad a Lúculo fomentando aún más la indisciplina de las tropas.Lúculo le entregó el mando de las legiones, Mitridates pudo así asolar Capadocia y recuperar gran parte de los territorios que había perdido. Más adelante fue sustituido por Cneo Pompeyo Magno de acuerdo con lo establecido en la lex Manilia.

 

Se sabe poco más de su vida, salvo que declaró en favor de la pena de muerte en el caso de la conspiración de Catilina. Estuvo casado con una hijastra de Lucio Cornelio Sila, Emilia, hija de la cuarta esposa de este, Dalmática Cecilia Metela, y de Escauro; a los que Sila separó durante el mandato de su dictadura (81- 79 a.C.) para casar a Emilia con Pompeyo Magno, quien se había ganado su favor. Emilia estaba embarazada de Glabrión, pero tanto el hijo como ella murieron en el parto.

 

Fue miembro del colegio de pontífices en el año 57 a. C.


EL CÓNSUL LUCIO LICINIO CRASO ORATOR



Lucio Licinio Craso (latín Lucius Licinius L. F. Crassus), apodado el Orador (140 a. C.-91 a. C.) fue un político romano que ocupó el cargo de cónsul de la República Romana. Craso Orator fue, junto a Marco Antonio Orator el mejor orador de su época, según Cicerón.

 

Nació en el año 140 a. C., fue educado por su padre con el mayor cuidado, y recibió instrucción del célebre historiador y jurista Lucio Celio Antípatro.​ A muy temprana edad comenzó a mostrar su capacidad de oratoria. En 119 a. C., a la edad de 21 años​ acusó a Cayo Carbón, un hombre que era odiado por el partido aristocrático al que Craso pertenecía. Valerio Máximo​ da un ejemplo de su conducta honorable en este caso. Cuando un esclavo de Carbón presentó a Craso una caja llena de papeles de su maestro, Craso la devolvió a Carbón con el sello intacto, junto con su esclavo encadenado. Carbón escapó a la condena mediante suicidio.​

 

En el año siguiente (118 a. C.) defendió la propuesta de ley de establecer una nueva colonia en Narbo en la Galia. La medida era rechazada por el Senado, que temía que producto de la asignación de tierras a ciudadanos más pobres, el aerarium sufriría por la disminución de las rentas del ager publicus, pero, en esta ocasión, Craso prefería la popularidad a su adhesión a la aristocracia y gracias a su elocuencia consiguió su aprobación siendo uno de los que fundó la colonia.

 

En 114 a. C., emprendió la defensa de una pariente, la vestal Licínia, que era acusada de incesto junto con otras dos vestales más, Marcia y Emilia, pero, aunque en un juicio anterior su cliente había sido absuelta por Lucio Cecilio Metelo, Pontifex Maximus, y por todo el colegio de los pontífices, la energía puesta en su defensa no pudo prevalecer contra la severidad de L. Casio, que fue nombrado inquisidor por el pueblo con el propósito de revisar la sentencia indulgente.

 

Después fue cuestor con Quinto Mucio Escévola con el que ejerció otras magistraturas (todas con excepción de tribunado de la plebe y la censura). En su cuestura viajó a través de Macedonia a Atenas a su regreso de Asia, que parece haber sido su provincia. En Asia habría escuchado las enseñanzas de Metrodoro de Escepsis, y en Atenas recibió clases de Carmades y otros filósofos y retóricos, pero no permaneció mucho tiempo en esa ciudad, debido a la negativa de los atenienses a repetir la solemnización de los misterios, que acontecieron dos días antes de su llegada.​

 

A su regreso a Roma defendió a sus amigos, entre ellos a Sergio Orata acusado de apropiación de aguas públicas para sus cultivos de ostras.​ En 107 a. C. fue tribuno de la plebe.

 

En el año 106 a. C. apoyó la lex Servília, promovida por el cónsul Quinto Servilio Cepión que privaba a los caballeros del nombramiento de jueces que estaba en manos del orden senatorial. En 122 a. C., por la lex Sempronia de Cayo Graco, la judicia fueron trasladados desde el Senado a los equites. En 106 a. C. por la lex Servilia, estos privilegios fueron restaurados para el Senado. La lex Servilia de Cepión tuvo una existencia muy breve, pues cerca de 104 a. C., por la lex Servilia de C. Servilio Glaucia, la judicia se traspasó de nuevo a los caballeros. El discurso de Craso en favor de la lex Servilia de Cepión fue de notable poder y elocuencia.​ Fue en este discurso, que atacó a Memmius​ que era un vigoroso oponente de la rogativa de Cepión.

 

En 103 a. C. fue edil curul junto con Quinto Mucio Escévola y celebró unos espléndidos juegos en los que se introdujo la lucha de leones.​ Después fue pretor y augur.

 

Obtuvo el consulado en 95 a. C. Durante su consulado, Craso Orator y su colega consular Quinto Mucio Escévola aprobaron una ley, (la Lex Licinia Mucia de Civibus regundis) que obligaba a todos los ciudadanos que se hubieran inscrito en el censo desarrollado por los censores Marco Antonio Orator y Valerio Flaco sin poder demostrar esa ciudadanía (ese censo fue burdamente manipulado por los itálicos) a abandonar sus ciudades, además algunos serían azotados o se les confiscarían las propiedades. Cuando la ley se aprobó estalló la guerra social.

 

Durante aquel año defendió a Quinto Servilio Cepión acusado de traición (majestas) por el tribuno Cayo Norbano, pero Cepión fue condenado.​

 

Se apresuró en llegar a su provincia, la Galia Cisalpina, y explorar los Alpes en busca de enemigos, pero no encontró ninguna oposición y se limitó a someter a algunas pequeñas tribus. Por este éxito insignificante solicitó los honores de un triunfo, y tal vez su demanda hubiera sido concedida por el senado, si no es porque su colega Escévola se opuso a concederle tal honor.​ Con excepción de este hecho, su conducta en la administración de su provincia fue irreprochable.


Participó en una de las causas privadas más célebres en los anales de la jurisprudencia romana como fue el pleito de herencia entre Marco Curio y Marco Coponio (93 a. C.) defendidos por Craso y por Quinto Escévola respectivamente y en el que Craso triunfó brillantemente.​

 

En 92 a. C. fue elegido censor junto con Cneo Domicio Ahenobarbo y prohibió las escuelas de los llamados retóricos latinos.​

 

Aunque los dos censores estuvieron de acuerdo en esta medida, el resto del período en el cargo lo pasaron en disputas y discordias, al ser ambos de caracteres y costumbres muy diferentes. Craso era aficionado a la elegancia y el lujo. Él tenía una casa en el Palatino, que, a pesar de que no superaba en magnificencia a la mansión de Q. Catulo en la misma colina, era notable por su tamaño, su mobiliario, y la belleza de sus adornos. Ahenobarbo, su colega, se horrorizaba ante este tipo de corrupción de las costumbres.

 

Poco antes de su muerte, habló a favor de Cn. Planco defendiéndolo de la acusación de M. Junio Bruto. La réplica exitosa de Craso fue registrada por Cicerón y Quintiliano.

 

Su último discurso fue pronunciado en el senado en el año 91 a. C., contra Lucio Marcio Filipo, cónsul enemigo de los optimates. La vehemencia apasionada que puso en este hecho destrozó su salud y provocó una fiebre. Al cabo de siete días murió en su hogar.

 

Craso Orator se casó con Mucia Escévola, hija menor del cónsul Quinto Mucio Escévola Augur con su esposa Lelia, hija del cónsul Cayo Lelio Sapiens, cónsul en el 141 a. C. Craso Orator tuvo dos hijas con Mucia.

 

Licinia Crasa Maior, casada con el pretor Publio Cornelio Escipión Nasica, descendiente de Escipión el Africano y Publio Cornelio Escipión Nasica Corculum. De este matrimonio nació Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión Nasica Corneliano. Licinia Crasa Minor, casada con el cónsul Quinto Cecilio Metelo Pío, Pontifex Maximus y amigo íntimo de Lucio Cornelio Sila Félix. Metelo Pío era hijo de Quinto Cecilio Metelo el Numídico. Según Plutarco y Cicerón, una de las Licinias estuvo brevemente casada con Cayo Mario el joven. La esposa de Craso y sus hijas eran conocidas en Roma por la pureza de su latín.



lunes, 24 de septiembre de 2018

BATALLA DE CORNUS



 
La batalla de Cornus fue un encuentro armado que tuvo lugar en las inmediaciones de la isla de Sardinia en el año 215 a. C., entre el ejército púnico, comandado por Asdrúbal el Calvo y Hampsicora, y las tropas romanas dirigidas por Tito Manlio Torcuato. La batalla tuvo lugar cuando un ejército cartaginés navegó hasta Sardinia en apoyo de la revuelta de sus ciudadanos contra la ocupación romana.
 
Los ejércitos que se enfrentaron eran de tamaños similares y el enfrentamiento se produjo en algún lugar entre Cornus y Caralis. Los romanos destruyeron al ejército púnico, y más tarde lograron expulsar a su flota en una batalla en el sur de Sardinia.
 
Tras la debacle de Cannas, los romanos habían tenido que hacer frente a la traición de varias ciudades del sur de Italia, que se unieron a Cartago. Aníbal Barca y su ejército se encontraban activos en la región de Campania y un segundo ejército cartaginés bajo las órdenes de Hanón el Viejo se movilizaba a través del territorio de Bruttium. Los romanos decidieron enviar varios ejércitos, evitando atacar directamente a Aníbal y enfrentándose a sus aliados siempre que les fuera posible.
 
En Hispania, tras su derrota en el Ebro, Asdrúbal Barca, el hermano de Aníbal, se encontraba combatiendo a los hermanos Escipión en un estado de inferioridad. Entretanto, los senadores cartagineses habían decidido enviar refuerzos a Asdrúbal con órdenes de marchar sobre Italia (216 a. C.), y en África se había organizado un ejército compuesto por 12 000 soldados de infantería, 1500 jinetes y 20 elefantes de guerra comandados Magón Barca, quien tenía órdenes de unirse a Aníbal.
 
Los romanos habían estado enfrentados durante mucho tiempo con los nativos de la isla de Cerdeña, tras haber obtenido su control por medio del chantaje en 237 a. C., y ya en el año 216 a. C., la situación de la isla estaba madura para la rebelión. La única legión estacionada en la isla se encontraba diezmada por las enfermedades y el pretor que la gobernaba, Quinto Mucio Escévola también había caído enfermo. Además, los salarios de los soldados y las provisiones llegaban de manera irregular desde Roma, por lo que el ejército se veía obligado a financiarse directamente de impuestos que recaían sobre la población nativa. Hampsicora, un cacique de los nativos isleños, se puso en contacto con Cartago solicitando ayuda, a lo que la ciudad respondió enviando a un oficial llamado Hannón con órdenes de financiar la revuelta y de reclutar un ejército de un tamaño similar al de Magón. Con ello los cartagineses pretendían vencer a la guarnición romana. Asdrúbal el Calvo y otro Magón fueron designados comandantes de esta fuerza.
 
Sin embargo, antes de que el ejército cartaginés partiera hacia la isla, la situación militar había cambiado. Hannón el Viejo había sido derrotado por Tiberio Sempronio Longo en Lucania y Asdrúbal Barca había perdido la mayor parte de su ejército en Dertosa, una batalla librada en Hispania. El Senado cartaginés ordenó a Magón partir para Hispania, y la expedición a Cerdeña salió como estaba planeado. No obstante, su armada fue atrapada por una fuerte tormenta que desvió a la flota hacia las Islas Baleares, dónde muchos de los barcos que la componían tuvieron que ser transportados a tierra a fin de ser reparados, lo que retrasó mucho la llegada de los cartagineses a Cerdeña.
 
Mientras tanto, Hampsicora se encontraba ocupado reclutando un ejército y obteniendo provisiones suficientes para las tropas en las cercanías de la ciudad de Cornus (cerca de Cuglieri, en la costa occidental de la isla). El retraso de los cartagineses dio la oportunidad a los romanos de enviar tropas de refuerzo al pretor Escévola. El ejército de refresco, comandado por Tito Manlio Torcuato que había servido como cónsul en la isla (235 a. C.), elevó las fuerzas de la provincia a 20 000 soldados de infantería y 1200 de caballería.
 
Manlio provocó a Hiosto, el hijo de Hampsicora para que atacara a los romanos mientras su padre estaba ausente en una misión de reclutamiento. En la batalla que siguió cayeron 5700 soldados sardos, lo que produjo la desintegración de las fuerzas sediciosos. Asdrúbal el Calvo alcanzó Cerdeña en el otoño del año 215 a. C., desembarcó en las inmediaciones de Cornus, y reunió a todas las tropas sardas que pudo. Finalmente marchó a la cabeza de su ejército hacia Carales. En respuesta, Torcuato salió a hacerle frente.
 
Los dos ejércitos no se enfrentaron de manera inmediata; establecieron sus campamentos en lugares cercanos el uno del otro y, tras unos días en los que se produjeron escaramuzas de ínfima importancia en las que ninguna de las partes obtuvo ninguna ventaja, los comandantes de los respectivos ejércitos decidieron librar la batalla.
 
Ambos ejércitos formaron a la manera tradicional, con las alas constituidas por caballería y el centro ocupado por infantería; se desconoce si los cartagineses contaban con elefantes de guerra. El combate se prolongó durante cuatro horas sin alcanzarse un resultado claro. El momento decisivo se produjo cuando uno de los destacamentos romanos que se enfrentaba a una tropa compuesta por sardos situados en una de las alas del ejército cartaginés logró ponerles en fuga. La victoria romana en esta sección hizo que las tropas giraran hacia el centro, demoliendo la resistencia cartaginesa.
 
Asdrúbal, Magón, Hannón e Hiosto fueron capturados y asesinados. Hampsicora huyó del campo de batalla, y luego se suicidó. Los supervivientes se refugiaron en Cornus, que fue tomada mediante un asalto directo a los pocos días. La flota púnica consiguió salvar a algunos de los supervivientes.
 
La expedición cartaginesa que constaba de unos 60 quinquerremes y un número desconocido de transportes, embarcó a los supervivientes de la expedición y zarpó para África. En el camino se encontraron con una armada romana botada desde Sicilia que volvía de una incursión en la costa africana. Los romanos, comandados por Tito Otacilio Craso, superaban a los cartagineses, al disponer de 100 quinquerremes. El combate se saldó con la captura de siete buques cartagineses. Los supervivientes se dispersaron y continuaron, de forma bastante poco uniforme, su travesía hacia las costas africanas. Se desconoce cual fue el número de pérdidas romanas, aunque se deduce que fue bastante inferior al de los cartagineses.
 
Las ciudades rebeldes sardas se rindieron a los romanos, lo que permitió a Manlio enviar una buena parte de sus tropas de regreso a territorio italiano. La victoria trajo estabilidad al suministro de grano procedente de Cerdeña (Sardinia). Por su parte, la armada púnica abandonó las bases que poseía torno a los puertos italianos más importantes, haciendo más seguro el tránsito por ellos. La campaña de Aníbal había devastado los campos italianos y había hecho mucho daño a la agricultura romana, por lo que la protección del suministro de grano era crucial en ese momento.
 
Tras esta batalla, los cartagineses no volvieron a amenazar el dominio romano en esta isla; con la excepción de las incursiones navales llevadas a cabo en 210 a. C.
 
Paralelamente, mientras la armada siciliana se encontraba ocupada asegurando el control de Sardinia, Bomílcar, comandante de la flota cartaginesa, navegó desde Locri hacia Bruttium, donde desembarcó una fuerza compuesta por 4000 jinetes númidas y 40 elefantes de guerra. Partiendo de la base de que una de las razones por las cuales fracasó el intento de Aníbal de tomar Italia fue la falta de apoyos militares y políticos desde la capital, la llegada de estos refuerzos podría haber sido determinante.

domingo, 29 de abril de 2018

MUCIA TERCIA



 
Mucia Tercia (en latín, Mucia Tertia) fue una dama romana del siglo I a. C., tercera esposa de Pompeyo. Durante el periodo triunviral medió entre sus hijos y Augusto.
 
Mucia Tercia fue miembro de los Mucios Escévolas, la principal rama republicana de la gens Mucia, e hija de Quinto Mucio Escévola. A través de su madre —cuyo nombre no ha quedado registrado—, fue media hermana de Quinto Cecilio Metelo Nepote. Sus conexiones familiares propiciaron sus matrimonios con Pompeyo y Marco Emilio Escauro.
 
Alrededor del año 79 a. C., Sila se la entregó en matrimonio a Pompeyo para asegurar su lealtad. Tras regresar de las provincias orientales en el año 62 a. C., Pompeyo se divorció por carta de Mucia alegando, según Cicerón, infidelidad conyugal. Suetonio indica que Mucia estuvo entre las amantes de Julio César sin precisar una fecha. Este divorcio provocó que Metelo Nepote se opusiera vigorosamente a Pompeyo durante su consulado.
 
Cuando su segundo esposo fue condenado por soborno y exiliado de Italia, Mucia permaneció en Roma.
 
En el año 39 a. C., a ruegos del pueblo de Roma —que había amenazado con quemar la casa de Pompeyo con Mucia dentro—, fue a Sicilia para mediar entre su hijo Sexto Pompeyo y Augusto, quien la tenía en gran estima. Todavía estaba viva en el año 31 a. C. cuando intercedió ante Augusto para salvar la vida de su hijo Marco Emilio Escauro.
 
Descendencia:

De su matrimonio con Pompeyo, tuvo tres hijos:

Cneo Pompeyo.— Siguió la guerra empezada por su padre y murió en Hispania en la batalla de Munda.

Sexto Pompeyo.— Gobernó Sicilia durante el Segundo Triunvirato. Fue derrotado por Augusto y murió ejecutado en Mileto.

Pompeya.— Casada sucesivamente con Fausto Cornelio Sila y Lucio Cornelio Cinna.

Tuvo la desdicha de sobrevivir a los tres. De su matrimonio con Escauro, tuvo un hijo:

Marco Emilio Escauro.— Antoniano, participó en la batalla de Actium.



domingo, 14 de enero de 2018

EL CÓNSUL LUCIO LICINIO CRASO EL ORADOR

Lucio Licinio Craso (latín Lucius Licinius L. F. Crassus), apodado el Orador (140 a. C.-91 a. C.) fue un político romano que ocupó el cargo de cónsul de la República Romana. Craso Orator fue, junto a Marco Antonio Orator el mejor orador de su época, según Cicerón.
 
Nació en el año 140 a. C., fue educado por su padre con el mayor cuidado, y recibió instrucción del célebre historiador y jurista Lucio Celio Antípatro.​ A muy temprana edad comenzó a mostrar su capacidad de oratoria. En 119 a. C., a la edad de 21 años​ acusó a Cayo Carbón, un hombre que era odiado por el partido aristocrático al que Craso pertenecía. 
Valerio Máximo​ da un ejemplo de su conducta honorable en este caso. Cuando un esclavo de Carbón presentó a Craso una caja llena de papeles de su maestro, Craso la devolvió a Carbón con el sello intacto, junto con su esclavo encadenado. Carbón escapó a la condena mediante suicidio.
 
En el año siguiente (118 a. C.) defendió la propuesta de ley de establecer una nueva colonia en Narbo en la Galia. La medida era rechazada por el Senado, que temía que producto de la asignación de tierras a ciudadanos más pobres, el aerarium sufriría por la disminución de las rentas del ager publicus, pero, en esta ocasión, Craso prefería la popularidad a su adhesión a la aristocracia ​ y gracias a su elocuencia consiguió su aprobación siendo uno de los que fundó la colonia.
 
En 114 a. C., emprendió la defensa de una pariente, la vestal Licínia, que era acusada de incesto junto con otras dos vestales más, Marcia y Emilia, pero, aunque en un juicio anterior su cliente había sido absuelta por Lucio Cecilio Metelo, Pontifex Maximus, y por todo el colegio de los pontífices, la energía puesta en su defensa no pudo prevalecer contra la severidad de L. Casio, que fue nombrado inquisidor por el pueblo con el propósito de revisar la sentencia indulgente.
 
Después fue cuestor con Quinto Mucio Escévola con el que ejerció otras magistraturas (todas con excepción de tribunado de la plebe y la censura). En su cuestura viajó a través de Macedonia a Atenas a su regreso de Asia, que parece haber sido su provincia. En Asia habría escuchado las enseñanzas de Metrodoro de Escepsis, y en Atenas recibió clases de Carmades y otros filósofos y retóricos, pero no permaneció mucho tiempo en esa ciudad, debido a la negativa de los atenienses a repetir la solemnización de los misterios, que acontecieron dos días antes de su llegada.​
 
A su regreso a Roma defendió a sus amigos, entre ellos a Sergio Orata acusado de apropiación de aguas públicas para sus cultivos de ostras.​ En 107 a. C. fue tribuno de la plebe.
 
En el año 106 a. C. apoyó la lex Servília, promovida por el cónsul Quinto Servilio Cepión que privaba a los caballeros del nombramiento de jueces que estaba en manos del orden senatorial. En 122 a. C., por la lex Sempronia de Cayo Graco, la judicia fueron trasladados desde el Senado a los equites. En 106 a. C. por la lex Servilia, estos privilegios fueron restaurados para el Senado. La lex Servilia de Cepión tuvo una existencia muy breve, pues cerca de 104 a. C., por la lex Servilia de C. Servilio Glaucia, la judicia se traspasó de nuevo a los caballeros. El discurso de Craso en favor de la lex Servilia de Cepión fue de notable poder y elocuencia.​ Fue en este discurso, que atacó a Memmius​ que era un vigoroso oponente de la rogativa de Cepión.
 
En 103 a. C. fue edil curul junto con Quinto Mucio Escévola y celebró unos espléndidos juegos en los que se introdujo la lucha de leones.​ Después fue pretor y augur.
 
Obtuvo el consulado en 95 a. C. Durante su consulado, Craso Orator y su colega consular Quinto Mucio Escévola aprobaron una ley, (la Lex Licinia Mucia de Civibus regundis) que obligaba a todos los ciudadanos que se hubieran inscrito en el censo desarrollado por los censores Marco Antonio Orator y Valerio Flaco sin poder demostrar esa ciudadanía (ese censo fue burdamente manipulado por los itálicos) a abandonar sus ciudades, además algunos serían azotados o se les confiscarían las propiedades. Cuando la ley se aprobó estalló la guerra social.
 
Durante aquel año defendió a Quinto Servilio Cepión acusado de traición (majestas) por el tribuno Cayo Norbano, pero Cepión fue condenado.
 
Se apresuró en llegar a su provincia, la Galia Cisalpina, y explorar los Alpes en busca de enemigos, pero no encontró ninguna oposición y se limitó a someter a algunas pequeñas tribus. Por este éxito insignificante solicitó los honores de un triunfo, y tal vez su demanda hubiera sido concedida por el senado, si no es porque su colega Escévola se opuso a concederle tal honor. Con excepción de este hecho, su conducta en la administración de su provincia fue irreprochable.
 
Participó en una de las causas privadas más célebres en los anales de la jurisprudencia romana como fue el pleito de herencia entre Marco Curio y Marco Coponio (93 a. C.) defendidos por Craso y por Quinto Escévola respectivamente y en el que Craso triunfó brillantemente.
 
En 92 a. C. fue elegido censor junto con Cneo Domicio Ahenobarbo y prohibió las escuelas de los llamados retóricos latinos.
 
Aunque los dos censores estuvieron de acuerdo en esta medida, el resto del período en el cargo lo pasaron en disputas y discordias, al ser ambos de caracteres y costumbres muy diferentes. Craso era aficionado a la elegancia y el lujo. Él tenía una casa en el Palatino, que, a pesar de que no superaba en magnificencia a la mansión de Q. Catulo en la misma colina, era notable por su tamaño, su mobiliario, y la belleza de sus adornos. Ahenobarbo, su colega, se horrorizaba ante este tipo de corrupción de las costumbres.
 
Poco antes de su muerte, habló a favor de Cneo Planco defendiéndolo de la acusación de Marco Junio Bruto. La réplica exitosa de Craso fue registrada por Cicerón​ y Quintiliano.
 
Su último discurso fue pronunciado en el senado en el año 91 a. C., contra Lucio Marcio Filipo, cónsul enemigo de los optimates. La vehemencia apasionada que puso en este hecho destrozó su salud y provocó una fiebre. Al cabo de siete días murió en su hogar.
 
Craso Orator se casó con Mucia Escévola, hija menor del cónsul Quinto Mucio Escévola Augur con su esposa Lelia, hija del cónsul Cayo Lelio Sapiens, cónsul en el 141 a. C. Craso Orator tuvo dos hijas con Mucia.
 
Licinia Crasa Maior, casada con el pretor Publio Cornelio Escipión Nasia, descendiente de Publio Cornelio Escipión el Africano y Publio Cornelio Escipión Nasica Corculum. De este matrimonio nació Quinto Cecilio Metelo Pío Escipión Nasica Corneliano. Licinia Crasa Minor, casada con el cónsul Quinto Cecilio Metelo Pío, Pontifex Maximus y amigo íntimo de Lucio Cornelio Sila Félix. Metelo Pío era hijo de Quinto Cecilio Metelo el Numídico.
 
Según Plutarco y Cicerón, una de las Licinias estuvo brevemente casada con Cayo Mario el joven. La esposa de Craso y sus hijas eran conocidas en Roma por la pureza de su latín.