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domingo, 16 de abril de 2023

CÉSAR BUSCA LA PAX ROMANA CON POMPEYO

 

¡Salve, querido Cneo Pompeyo Magno!

 

Me dirijo a ti con un corazón pesado, lleno de preocupación y tristeza. Como bien sabes, somos dos grandes líderes de Roma, y nuestro imperio está en peligro. La amenaza de una guerra civil se cierne sobre nosotros, y como padre y líder, siento la responsabilidad de hacer todo lo posible para evitarla y preservar la paz y la estabilidad en nuestra amada Roma.

 

Amigo mío, la guerra no es algo que deba tomarse a la ligera. Es un conflicto violento y destructivo que causa sufrimiento y dolor a las personas. Nuestros soldados y ciudadanos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, todos sufrirían las consecuencias de una guerra civil. Las ciudades serían saqueadas, las tierras arrasadas, la economía se arruinará, y muchas vidas se perderían en el caos y la destrucción.

 

Como líderes, tenemos la responsabilidad de velar por el bienestar de nuestro pueblo y buscar soluciones pacíficas a nuestros desacuerdos. La guerra solo traería desolación, ruína, y sufrimiento a nuestro pueblo, y es nuestro deber evitarla a toda costa.

 

Te insto, querido Cneo, a que detengamos este camino hacia la guerra civil. Debemos buscar el diálogo y la negociación, en lugar de la violencia. Debemos escuchar y entender las preocupaciones y perspectivas del otro, y trabajar juntos para encontrar soluciones que beneficien a ambas partes y a todo el pueblo romano. No es mucho lo que pido: una legión, y un proconsulado en Illiria.

 

La historia nos ha enseñado que la guerra no es la solución a los problemas. Solo conduce a más conflicto y destrucción. Debemos aprender de los errores del pasado y buscar caminos de reconciliación y unidad en lugar de división.

 

Como líderes, tenemos la responsabilidad de ser ejemplo para nuestro pueblo. Debemos mostrarles que la diplomacia, el diálogo y la comprensión son las herramientas más poderosas para resolver conflictos y construir un futuro mejor. Debemos poner los intereses de Roma y de nuestro pueblo por encima de nuestras diferencias personales o políticas. Las cosas se tienen que hablar y debatir en el Senado, y solo teniendo meta de procurar el bienestar y la prosperidad del pueblo romano.

 

Querido Cneo, sé que tenemos diferencias y desacuerdos, pero también sé que somos capaces de encontrar una solución pacífica y justa a nuestros problemas. Te invito a que nos reunamos, que escuchemos el uno al otro y busquemos una salida que beneficie a Roma y a todos los ciudadanos.

 

La paz es un tesoro invaluable que debemos proteger y preservar. No permitamos que la guerra divida y destruya nuestra querida Roma. Juntos, como líderes responsables, podemos encontrar una solución pacífica y evitar una guerra civil que solo traerá sufrimiento y dolor.

 

Espero sinceramente que consideres mis palabras, querido Cneo. Te exhorto a que paremos y evitemos la guerra civil, y trabajemos juntos en aras de la paz y la prosperidad de nuestro amado imperio romano.

 

Con esperanza y determinación,

 

Cayo Julio César, procónsul de la Galia Comata.




miércoles, 12 de abril de 2023

CARTA DE CÉSAR A CLEOPATRA, TRAS CONOCER EL NACIMIENTO DE CESARIÓN

 

Querida Cleopatra,

 

Espero que esta carta te encuentre bien. Me complazco en informarte que acabo de saber que nuestro hijo, Cesarión, ha nacido con buena salud y se encuentra en perfectas condiciones. Ha sido un momento de gran alegría y emoción para mí como padre, y estoy ansioso por regresar a Alejandría y conocerle.

 

Desde el momento en que supe que serías madre de mi hijo, no he dejado de pensar en ti y en el futuro que le espera al pequeño. Sé que compartirás mi deseo de criar a Cesarión con amor, cuidado y dedicación, y estoy comprometido a hacer todo lo posible para asegurar su bienestar.

 

Cleopatra, nuestro hijo es un símbolo de nuestra unión y espero que podamos trabajar juntos para asegurar un futuro próspero para él. Como sabes, tengo una gran responsabilidad como líder de Roma, pero eso no significa que no vaya a estar presente en la vida de Cesarión. Haré todo lo posible para participar en su crianza y brindarle el apoyo y la guía que necesita.

 

Sin embargo, también debemos ser conscientes de los desafíos que enfrentará Cesarión en el futuro. Nuestro romance ha sido objeto de controversia y sé que habrá quienes no vean con buenos ojos su linaje mixto. Pero, como padre, estoy decidido a protegerlo y garantizar que tenga las mejores oportunidades en la vida.

 

Cleopatra, espero que podamos trabajar juntos para criar a Cesarión en un entorno amoroso y seguro. Me gustaría que tuviera la oportunidad de conocer su herencia egipcia y romana, y que se sienta orgulloso de su origen. Estoy dispuesto a apoyarte en todo lo que necesitas y asegurarme de que Cesarión reciba la educación y la formación que merece.

 

Espero con ansias el día en que pueda conocerte como madre y compartir la felicidad de ser padres juntos. Estoy comprometido a ser un buen padre para Cesarión y a brindarle un futuro brillante. Confío en que juntos podamos superar cualquier desafío que se nos presente.

 

Con todo mi amor y compromiso,

 

Cayo Julio César.




domingo, 9 de abril de 2023

AGRADECIMIENTO DE MARCO TULIO CICERÓN A SU ESCLAVO-SECRETARIO MARCO TULIO TIRÓN

 

Innumerabilia tua sunt in me oficia, domestica, forensia, urbana, provincialia, in re privata, in publica, in studiis, in litteris nostris…

 

 Los servicios que me has prestado son innumerables: en mi hogar y fuera de el, en Roma y en el extranjero, en mis asuntos privados y públicos, en mis estudios y en mi obra literaria.

 

 CICERÓN, carta a Tirón, 7 de noviembre de 50 a. C




domingo, 1 de enero de 2023

CARTA DE PLINIO EL JOVEN A TRAJANO


Señor, me hago una obligación de exponerte todas mis dudas. En efecto, quién mejor que tú podrá disipar mis dudas y aclarar mi ignorancia. Yo no había jamás asistido a la instrucción o a un juicio contra los cristianos, por tanto no sé en qué consiste la información que se debe hacer en contra de ellos, ni sobre qué base condenarlos, como tampoco sé de las diversas penas a las cuales se les debe someter. Mi indecisión parte de una serie de puntos que no sé como resolver. ¿Debo tener en cuenta la diferencia de edades entre ellos o, sin distinguir entre jóvenes y viejos, los debo castigar a todos con la misma pena? ¿Debo conceder el perdón a aquellos que se arrepienten? Y, en aquellos que fueron cristianos, ¿subsiste el crimen una vez que dejaron de serlo? ¿Es el mismo nombre de cristianos, independiente de todo otro crimen, lo que debe ser castigado, o los crímenes relacionados con ese nombre? Te expongo la actitud que he tenido frente a los cristianos presentados ante mi tribunal. En el interrogatorio les he preguntado si son cristianos, luego durante el interrogatorio, a los que han dicho que sí, les he repetido la pregunta una segunda y tercera vez, y los he amenazado con el suplicio: si hay quienes persisten en su afirmación yo los hago matar. En mi criterio consideré necesario castigar a los que no abjuraron en forma obstinada. A los que entre estos eran ciudadanos romanos, los puse aparte para enviarlos frente al pretor de Roma. A medida que ha avanzado la investigación se han ido presentando casos diferentes. Me llegó una acusación anónima que contenía una larga lista de personas acusadas de ser cristianos. Unas me lo negaron formalmente diciendo que no lo eran más y otras me dijeron que no lo habían sido nunca. Por orden mía delante del tribunal ellos han invocado a los dioses, quemado los inciensos, ofrecido las libaciones delante de sus estatuas y delante de la tuya que yo había hecho traer, finalmente ellos han maldecido al Cristo, todas cosas que jamás un verdadero cristiano aceptaría hacer.

 

Otros, después de haberse declarado cristianos, aceptaron retractarse diciendo que lo habían sido precedentemente pero que habían dejado de serlo; algunos de éstos habían sido cristianos hasta hace tres años, otros lo habían dejado hace un período más largo, y otros hasta hace más de veinticinco años. Todos estos, igualmente, han adorado tu estatua y maldecido al Cristo. Han declarado que todo su error o su falta ha consistido en reunirse algunos días fijos antes de la salida del sol para cantar en comunidad los himnos en honor a Cristo que ellos reverencian como a un Dios. Ellos se unen por un sacramento y no por acción criminal alguna, sino que al contrario para no cometer fraudes, adulterios, para no faltar jamás a su palabra. Luego de esta primera ceremonia ellos se separan y se vuelven a unir para un ágape en común, el cual, verdaderamente, nada tiene de malo. Los que ante mí pasaron han insistido que ellos han abandonado todas esas prácticas. Luego de mi edicto que, según tus órdenes, prohibía las asambleas secretas, he creído necesario llevar adelante mis investigaciones y he hecho torturar dos esclavas, que ellos llaman "siervos", para arrancarles la verdad. Lo único que he podido constatar es que tienen una superstición excesiva y miserable. Así, suspendiendo todo interrogatorio, recurro a tu sabiduría. La situación me ha parecido digna de un examen profundo, máxime teniendo en cuenta los nombres de los inculpados. Son una multitud de personas de todas las edades, de todos los sexos, de todas las condiciones. Esta superstición no ha infectado sólo las ciudades, sino que también los pueblos y los campos. Yo creo que será posible frenarla y reprimirla. Ya hay un hecho que es claro, y este es que la muchedumbre comienza a volver a nuestros templos que antes estaban casi desiertos; los sacrificios solemnes, por largo tiempo interrumpidos, han retomado su curso. Creo que dentro de poco será fácil enmendar a la multitud.



CARTA DEL HIJO DE QUINTO FUFIO CALENO AL TRIUNVIRO CÉSAR OCTAVIO



Estimado César:

Te escribo para informarte de que mi amado padre, Quinto Fufio Caleno, ha muerto en Narbo. Tenía cincuenta y nueve arlos, lo sé, pero su salud era buena. Cayó muerto, se acabó en un momento. Tomo su legado y ahora estoy a cargo de las once legiones estacionadas por toda la Galia Transalpina, cuatro en Agendicum, cuatro en Narbo y tres en Glanum. En este momento, los galos están tranquilos, después de que mi padre aplastó una rebelión entre los aquitanos el año pasado, pero tiemblo al pensar lo que podría pasar si los galos se enteran de mi mando e inexperiencia. Me parece correcto informarte a ti en lugar de a Marco Antonio porque, aunque las Galias le pertenecen a él, está muy lejos. Por favor, envíame a un nuevo gobernador, alguien con la experiencia militar necesaria para mantener la paz aquí, preferiblemente pronto, ya que me gustaría llevar las cenizas de mi padre de regreso a Roma en persona.





viernes, 30 de diciembre de 2022

CARTA DEL GENERAL LUCIO LICINIO LÚCULO AL DICTADOR LUCIO CORNELIO SILA



Tengo buenas esperanzas de que esto acabe en primavera gracias a una sorprendente circunstancia de la que te hablaré más adelante. En primer lugar, quiero que me concedas un favor. Si logro tomar Mitilene en primavera, ¿puedo regresar a Italia? Ha sido una larga campaña, querido Lucio Cornelio, y tengo ganas de ver Roma, y no digamos a ti. Mi hermano Varrón Lúculo es ya de edad y experiencia para ser edil curul, y me gustaría compartir con él la edilidad. No hay cargo como ése para que lo compartan dos hermanos con la aprobación popular. ¡ Imagínate qué juegos organizaríamos!. Yo tengo treinta y ocho años y mi hermano treinta y seis, casi la edad del pretorado, y no hemos sido ediles. Te ruego que nos concedas ese cargo y luego el de pretor lo antes posible. De todos modos, si consideras que mi solicitud es imprudente o inmerecida, lo entenderé.

 

Parece que Termo controla la provincia de Asia, una vez que a mí me ha asignado el asedio de Mitilene para tenerme entretenido y que no le estorbe. Realmente no es mala persona. Los indígenas le estiman porque tiene paciencia para escuchar sus cuentos de por qué no pueden pagar el tributo, y a mí me gusta porque después de escucharlos con tanta paciencia insiste en que deben pagarlo.

 

Las dos legiones que tengo están formadas por tropas muy tormentosas. Las tuvo Murena en Capadocia y Ponto y Fimbria antes que él. Tienen una independencia de criterio que no me gusta nada, y estoy tratando de quitársela. Naturalmente, están resentidas por tu edicto que no les permite regresar a Italia por haber sancionado el asesinato de Flaco por mano de Fimbria, y periódicamente me envían una delegación para solicitar que se derogue. Saben que dan en hierro frío y al mismo tiempo se dan cuenta de que las diezmaré apenas me den una excusa. Son soldados romanos y tienen que hacer lo que se les ordene. Me pongo frenético cuando los veteranos que han ascendido a oficial y los tribunos jóvenes se creen con derecho a opinar. Pero más adelante te hablo de esto.

 

Yo creo que, tal como andan las cosas, Mitilene habrá cedido bastante en su resistencia en primavera, y entonces intentaré un asalto frontal. Dispondré de varias torres y no puede fallar. Si logro someter esta ciudad antes del verano, el resto de la provincia de Asia se doblegará sumisa.

 

El principal motivo por el que tengo tantas esperanzas se debe a que dispongo de la imponente flota enviada por -ni te lo imaginas- ¡Nicomedes!. Termo envió a tu sobrino político, Cayo Julio César, a finales de quintilis, para solicitarla, y me escribió comunicándomelo, bien que ninguno de los dos esperábamos contar con ella antes de marzo o abril. Pero, mira por dónde, Termo tuvo la audacia de reírse de la seguridad que mostraba el joven César diciéndose capaz de tener reunida la flota tan pronto. Bien, César partió y pidió la flota que Termo quería en una fecha determinada, sin andarse con rodeos. Cuarenta naves, la mitad de ellas quin querremes y trirremes cubiertas, para entregar en las calendas de noviembre. Las órdenes que había dado Termo a este joven arrogante.

 

¿ Y querrás creer que César apareció en mi campamento en las calendas de noviembre con una flota mejor de lo que habría podido esperarse de una persona como Nicomedes?. ¡Y con dos galeras de dieciséis órdenes de remos por las que no he tenido que pagar más que la manutención y los sueldos de las tripulaciones!. Cuando vi la cuenta me quedé aturdido; Bitinia tendrá su ganancia, pero no escandalosa. Lo que me obliga a devolvérsela honorablemente en cuanto caiga Mitilene. Y habrá que pagar. Desde luego, espero poder sacar la suma del botín. Pero si no fuese tan importante como creo, ¿podrías hacer que el Tesoro concediese un empréstito especial?.

 

Tengo que añadir que el joven César se mostró arrogante e insolente cuando me entregó la flota, y me vi obligado a pararle los pies. Naturalmente, sólo hay un medio para haber podido conseguir tan magnífica flota en tan poco tiempo de ese maricón de Nicomedes: acostarse con él. Así se lo dije para que no se diera aires, ¡pero mucho dudo que haya manera de bajarle a César los humos!. Se revolvió como una serpiente de cascabel y me dijo que no necesitaba recurrir a trucos de mujeres para obtener las cosas, y que el día que tuviera que hacerlo se clavaría la espada. Me dejó pensando en cómo someterle a la disciplina; un problema que no suelo tener, como bien sabes. Al final pensé que quizá sus colegas tribunos militares lo consigan. Los recordarás, pues debiste verlos en Roma antes de que marcharan. Son Gabinio, los dos Léntulos, Octavio, Mesala Rufo, Bibulo y el hijo de Filipo.

 

Tengo entendido que el pequeño Bibulo lo intentó y acabó en lo alto de un armario. Desde entonces se han dividido bastante las filas de los tribunos; César ha formado bando con Gabinio, Octavio y el hijo de Filipo; Rufo es neutral, y los dos Léntulos y Bíbulo le odian. Siempre surgen problemas durante las operaciones de asedio; por supuesto, es consecuencia del hastío, y resulta difícil azotar a estos díscolos por faltas de servicio, incluso para mi. Pero es que César causa dificultades sin cuento. Detesto tener que molestarme con una persona a este nivel tan bajo, pero no he tenido más remedio en varias ocasiones. César es tremendo. Bien parecido, seguro de sí mismo, muy consciente de su, ¡ay!, gran inteligencia.

 

Aunque hay que decir que César presta servicio. No para. Yo no sé cómo puede ser, pero casi todos los oficiales por ascenso le conocen, y -lo que es peor- le estiman. Él sabe imponerse. Mis legados han optado por eludirle porque no acepta órdenes en una tarea si a él no le parece bien la forma en que se hace. ¡Y desgraciadamente, la manera que él dice es siempre la mejor!. Es uno de esos individuos que se lo saben todo de antemano, antes de que se dé el primer golpe o el subordinado grite la primera orden. La consecuencia es que la mayoría de las veces mis legados quedan en ridículo, azorados.

 

La única manera que hasta ahora he logrado descubrir que menoscaba su seguridad es comentar cómo logró obtener la flota del rey Nicomedes a precio de ganga. Eso sí funciona; hasta el punto de que se indigna profundamente. Pero ¿piensas que él iba a hacer lo que yo quería, que me agrediese, dándome una excusa para someterle a un tribunal militar?. ¡No!. Es demasiado listo y sabe dominarse. ¡Y tuvo la impudicia de comentarme que mi alcurnia comparada con la suya es menos que polvo!.

 

Basta de jóvenes tribunos. Tengo que encontrar algo que decir de los oficiales mayores, los primeros legados, por ejemplo. Pero me temo que no se me ocurre nada.

 


Me han dicho que has entrado en el mundo de los negocios y que le has encontrado a Pompeyo el joven Carnicero una esposa de categoría muy superior a él. Si te queda tiempo podrías encontrarme una esposa. Estoy fuera de Italia desde que cumplí treinta años y ya tengo casi la edad de pretor y sin esposa ni hijo que me suceda. Lo malo está en que prefiero el buen vino, la buena comida y pasarlo bien en vez de la clase de mujer con la que un Licinio Lúculo debe casarse. Además, me gustan las mujeres muy jóvenes, y ¿quién va a estar tan apurado económicamente que me dé una hija de trece años? Si sabes de alguien, dímelo. Mi hermano se niega rotundamente a actuar de intermediario, así que ya puedes imaginarte lo que me alegra saber que tú te dedicas a ello.

 

Te quiero y te echo de menos, querido Lucio Cornelio.


NOTA PÓSTUMA DE MARCO PORCIO CATÓN A CAYO JULIO CÉSAR



Me niego a deberle la vida a un tirano, un hombre que se burla de la ley perdonando a otros hombres, como si la ley le otorgara derecho a ser su amo. La ley no se lo permite.