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domingo, 1 de marzo de 2020

MENTALIDAD DE LOS ROMANOS


El dicho «Gobernáis el mundo porque os consideráis inferiores a los dioses» define el sentido de subordinación que caracterizó a la mentalidad romana. Pero dejemos que Reginald H. Barrow autor del libro  "Los romanos" nos lo explique en el epílogo de su libro:

 

 (...) Durante el transcurso de mil años los romanos habían sido disciplinados como ninguna otra nación de la Tierra y, aunque habían conservado ese sentido de subordinación, habían sido capaces de crear un Imperio de tal trascendencia y tan fundamentalmente humano como lo fue el romano. Por la obediencia se llega al poder. El gran don de la obediencia que poseían los romanos produjo con el tiempo los grandes ideales del derecho romano. Habiendo asimilado costosamente esta enseñanza del valor de la obediencia, Roma impuso esos ideales a las edades posteriores. Los romanos fueron una «nación inspirada por el derecho», pero este derecho fue creación suya y se lo impusieron ellos mismos. Al estudiar las ideas fundamentales de ese derecho se verá que contienen los ideales y las cualidades de los romanos de los primeros tiempos, ampliados, perfeccionados y adaptados para su aplicación universal. El respeto por los valores eternos, por la voluntad de los dioses (pietas), y su expresión como «justicia» objetiva en las cosas prácticas de la vida humana; el respeto por la personalidad humana y las relaciones humanas (humanitas), tanto en la familia como en el Estado o entre los amigos, que se fundaba en el reconocimiento de la personalidad de cada individuo y cuyo resultado era la conservación de su libertad (libertas); el respeto por la tradición (mores), que se aferra a lo que se ha ido transmitiendo de generación en generación, puesto que contiene una sabiduría acumulada que un hombre solo o una sola época no pueden proporcionar; respeto por la autoridad (auctoritas), no como obediencia a un poder superior, sino como reconocimiento del juicio de hombres cuya experiencia y cuyos conocimientos merecen respeto; respeto por la palabra empeñada (fides) y la intención expresada, la fe de los romanos gracias a la cual «conservaban la amistad de sus amigos y de los que confiaran en ellos», y «la cosa más sagrada de la vida».

 

El respeto por estas cosas implicaba una formación (disciplina) que se obtiene en el hogar, en la vida pública, en la vida en general, la formación que proviene de uno mismo (severitas). Una formación de esta clase crea un sentido de responsabilidad (gravitas) que hace conceder la importancia debida a las cosas importantes, de tal manera que, una vez que el hombre ha puesto la mano en el arado, ni mira hacia atrás ni titubea, manteniéndose firme en su propósito (constantia). Éstas son las cualidades que formaron el genio romano.

( Reginald H. Barrow en "Los romanos" )





viernes, 11 de enero de 2019

DIGNITAS ROMANA



La dignistas era la participación personal de un hombre en cuanto a la posición pública que ocupaba en Roma y que implicaba su valía ética y moral, su reputación, su derecho a respetar a sus iguales y a recibir un trato correcto por parte de éstos y de los libros de historia. Se trataba de una acumulación del peso personal como producto de las cualidades y obras propias y únicas. No tenía nada de ver con lo material, fuera dinero o tierras, ni con la magnitud de su auctoritas o su reputación política. Lo más importante era la esencia de Roma en su conjunto.

 

La dignitas era el don más intangible de cualquier noble. La en cambio la auctoritas representaba el ascendiente, la magnitud de su influencia pública, su capacidad para influir en la opinión pública y en las entidades públicas desde los sacerdotes a los encargados del Tesoro. La dignitas era distinto. Era una cualidad profundamente personal y exclusiva, aunque se proyectaba sobre todos los aspectos de la vida pública del individuo. La dignitas resumía lo que un hombre era, como persona y como miembro destacado de la sociedad. Era el conjunto de su orgullo, su integridad, su fidelidad, su inteligencia, sus hazañas, su habilidad, su saber, su posición, su valía como hombre... La dignitas perduraba tras la muerte, era el único medio con que contaba el individuo para triunfar de la muerte. La dignitas era el triunfo del hombre sobre la extinción de su ser físico. Por eso era el valor más alto al que cualquier romano podía aspirar, y es lo que defendían de sí mismos personajes tan célebres como Lucio Cornelio Sila o Cayo Julio César.



sábado, 13 de diciembre de 2014

LA DIGNITAS Y LA AUCTORITAS



La dignitas era el don más intangible de cualquier noble romano. La auctoritas representaba el ascendiente, la magnitud de su influencia pública, su capacidad para influir en la opinión pública y en las entidades públicas desde los sacerdotes a los encargados del Tesoro. La dignitas era distinto. Era una cualidad profundamente personal y exclusiva, aunque se proyectaba sobre todos los aspectos de la vida pública del individuo. ¡Qué difícil de definir! Claro, por eso existía, precisamente, la palabra. La dignitas era... ¿la magnitud del efecto que causaba alguien... el grado de su gloria? La dignitas resumía lo que un hombre era, como persona y como miembro destacado de la sociedad. Era el conjunto de su orgullo, su integridad, su fidelidad, su inteligencia, sus hazañas, su habilidad, su saber, su posición, su valía como hombre... La dignitas perduraba tras la muerte, era el único medio con que contaba el individuo para triunfar de la muerte. Sí, ésa era la mejor definición. La dignitas era el triunfo del hombre sobre la extinción de su ser físico. Y vista bajo esa perspectiva, los protagonistas de la vida romana trataban de hacerse con una reputación y nos méritos que le engrandecieran a ellos y sus familias. En eso residía la razón de ser y el orgullo romano


Por tanto la dignitas emanaba de la participación personal de un hombre en cuanto a la posición pública que ocupaba en Roma y que implicaba su valía ética y moral, su reputación, su derecho a respetar a sus iguales y a recibir un trato correcto por parte de éstos y de los libros de historia. Se trataba de una acumulación del peso personal como producto de las cualidades y obras propias y únicas. Por eso los romanos eran tan individualistas, aunque como pueblo se sintieran como grupo, como una familia común.