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sábado, 10 de diciembre de 2022

DONATO MAGNO

Donato Magno fue el personaje que dio nombre a la secta cristiana cismática donatista constituida en el Norte de África. Se cree que murió hacia el año 355.

 

Poco se sabe de sus primeros años, a causa de haberse perdido su correspondencia y primeros trabajos. Su primera aparición en los registros eclesiásticos es en octubre de 313, como Demetrio Casae Nigrae. Casae era un asentamiento situado en la frontera sur de las llanuras de Numidia, al sur de Teveste, un área ocupada predominantemente por descendientes del pueblo bereber.

 

El motivo fue que el obispo Melquíades le halló culpable de rebautizar a los clérigos lapsi de las persecuciones cristianas, con lo que se originó un cisma con la Iglesia. Estos acontecimientos pueden haber tenido lugar hacia el año 311, antes de que Donato llegara a Cartago.

 

El fondo de la controversia fue la oleada de persecuciones anticristianas que desató el emperador Diocleciano. Algunos dirigentes de la Iglesia, que no deseaban sufrir torturas ni convertirse en mártires, estuvieron dispuestos a adorar a los dioses del viejo panteón, considerados ídolos por los cristianos, o a entregar los Libros sagrados y las propiedades eclesiásticas a las autoridades imperiales. Estos llegaron a ser conocidos como traditores. Uno de ellos, llamado Félix de Aptungi, participó —entre otros— en la consagración episcopal, como obispo de Cartago, de Ceciliano. Los fieles que se negaron a aceptar su autoridad eligieron a Majoriano como obispo rival o antiobispo. Éste murió al poco tiempo, y le sucedió Donato, dispuesto a continuar la lucha.

 

El cisma entre las dos ramas cristianas se centró en la situación del clero traditor. Los donatistas sostenían que aquellos no podían ser readmitidos si no se volvían a bautizar y a ordenar. Asimismo sostenían que los rituales eclesiásticos llevados a cabo por los mismos eran inválidos. Por tanto, las personas que habían sido bautizadas o consagradas no debían ser reconocidas por la Iglesia. Esto era relativamente consistente con el pensamiento de San Cipriano, que murió mártir unos cincuenta años atrás. Sin embargo, la Iglesia romana creía que los clérigos lapsos podían llevar a cabo su labor si seguían el ritual eclesiástico.

 

Ante esta situación, la secta donatista se expandió durante cuarenta años, aunque no consiguió el reconocimiento oficial. Este esfuerzo fracasó porque los donatistas fueron incapaces de probar en una serie de concilios que Ceciliano había sido un traditor, o que lo había sido el obispo que le ordenó, Félix de Aptunga, pero triunfó momentáneamente debido a la impopularidad de Ceciliano entre la administración romana y la población rural. Además, los obispos y sacerdotes donatistas estaban más próximos a los campesinos, tanto a los granjeros romanos como a los descendientes de los indígenas bereberes y fenicios anteriores a la conquista romana. En efecto, la mayoría de su clero hablaba las lenguas vernáculas libia o púnica, tan bien como el latín, mientras que el clero católico, sólo el latín.

 

En mayo de 321 el emperador Constantino I renunció a los múltiples esfuerzos desplegados con vistas a restablecer la unidad de la Iglesia, debido a que iniciaba una guerra con Licinio, y permitió el regreso de los donatistas desterrados. Esto permitió a Donato llevar a cabo la organización y consolidación interna de su Iglesia. Así, se erigieron capillas, iglesias e incluso grandes basílicas, a pesar de choques esporádicos con los católicos, que iban quedando reducidos a una minoría.

 

El éxito donatista fue considerable en el Norte de África, aunque no en otras regiones. Sólo en Roma pudieron fundar una comunidad relativamente pequeña. En tiempos del emperador Constante, Donato se atrevió a solicitar la unificación de los cristianos del Norte de África bajo dirección donatista. Sin embargo, chocó con los funcionarios imperiales enviados y no hubo ningún acuerdo.

 

A partir de 340 cobró importancia el movimiento de los circunceliones, marginal, pero muy combativo. No hay una única explicación sobre su origen y finalidad. Sus adeptos preferían llamarse «milites Christi» o «agonistici», con lo cual querían ser tenidos como herederos y representantes de los mártires cristianos, hasta el punto de que, en su ansia fanática de la muerte, se exponían a combates sangrientos con los enemigos de la fe, ya fueran paganos o católicos. Quienquiera que hallara la muerte en combate era tenido por mártir, por lo que se le sepultaba en el interior de un templo y se le dedicaba una lápida conmemorativa. Junto al fanatismo religioso había un elemento social, declarándose a veces enemigos de los ricos terratenientes romanos de Numidia y Mauritania, a los que asaltaban y secuestraban.

 

El régimen donatista se sirvió de ellos, según sus intereses, apoyándolos o distanciándose, según las circunstancias. Cuando en 347 el obispo Donato de Bagai lanzó a los circunceliones a la resistencia armada contra las tropas romanas en Numidia, su decisión tuvo consecuencias fatales para la causa, pues la resistencia fue desbaratada y el obispo, ejecutado. Estos y otros acontecimientos hicieron virar la política religiosa del emperador en el Norte de África.

 

Un edicto del mismo año dispuso la unión de ambas Iglesias, bajo la dirección del pastor católico Grato de Cartago. Donato y otros dirigentes fueron enviados al destierro, después de la conferencia de Arlés, donde la apelación de Donato fue rechazada. Esto produjo gran conmoción en el pueblo llano, que se sometió al mandato con escasa resistencia. Donato permaneció en la Galia hasta su muerte

 

La unión subsistió catorce años, hasta la llegada del emperador Juliano el Apóstata en 361. Este tiempo no fue aprovechado por la Iglesia católica para consolidar el proceso. Juliano revirtió a la situación anterior, permitiendo la vuelta de los donatistas exiliados y la restitución de sus iglesias. Ahora, la minoría católica fue represaliada, ante la indiferencia de los funcionarios.

 

El movimiento donatista llegó a su apogeo bajo el obispo Parmeniano, sucesor de Donato, pero la situación se deterioró a partir de 372, cuando la Iglesia donatista apoyó al usurpador Firmo, pues los romanos aplastaron la rebelión y prohibieron el culto donatista.

 

Tras la muerte de Parmeniano, le sucedió el extremista Primiano, que provocó una escisión en 393, degenerando los circunceliones en tropas paramilitares a las órdenes del obispo, y abocando a la decadencia definitiva de la secta.


sábado, 10 de octubre de 2020

GUERRA CIVIL ENTRE CONSTANTE Y CONSTANTINO II

EMPERADOR CONSTANTE

En el año 340, Constante y Constantino II tuvieron un enfrentamiento y entraron en guerra. Constantino II cayó en una celada en Aquilea y fue ejecutado. Constante se convirtió en el dueño de Occidente. Luego un general llamado Magnencio se proclamó Augusto y envió a Constante de Autun a los Pirineos, donde fue asesinado en el invierno del año 350. En Occidente reinaba el caos. Mientras Magnencio trataba de mantener unido a su Imperio, un general del Danubio llamado Vetranio se proclamó emperador.

( Juliano el Apóstata )





domingo, 22 de septiembre de 2019

BATALLA DE MONS SELEUCUS


 
La batalla de Mons Seleucus ocurrió en el año 353 entre las fuerzas de Constancio II y las fuerzas del usurpador Magnencio. Las fuerzas de Constancio salieron vencedoras del combate, y Magnencio acabó suicidándose.
 
Magnencio había reclamado el trono del Imperio romano en 350, apoyado por el ejército frente a Constante, quien fue asesinado.
 
Con el apoyo de las provincias occidentales y considerado como un emperador más tolerante tanto con cristianos como con paganos, puso a hombres de su confianza en los altos cargos de la península Itálica, incluido Decencio (probablemente su hermano) como césar.
EMPERADOR CONSTANCIO II

Constancio II dejó sus campañas en oriente para enfrentarse a Magnencio, cosa que hizo en 351 en la batalla de Mursa Major, venciendo. Sin embargo, el golpe definitivo lo dio con esta batalla. Tuvo lugar en el departamento de los Altos Alpes en el Sur de la actual Francia contemporánea. Tras el fatal desenlace para él en el cambio de batalla, Magnencio se suicidó echándose sobre su propia espada.

EMPERADOR MAGNENCIO

domingo, 6 de mayo de 2018

PROARESIO




Proaresio (en armenio Պարույր, Parouyr, en griego Προαιρέσιος, 276-368) fue un retórico y maestro cristiano de Armenia originario de Cesarea quien enseñó en Atenas. Fue uno de los sofistas destacados de la época, junto con Diofanto y Epifanio.

 

Antes de trasladarse a Atenas, Proaresio estudió con el rétor Ulpiano en Antioquía. En la época de estudiante de Proaresio, era tan pobre que él y su amigo Hefastión, teniendo sólo una ropa decente entre los dos, la llevaban en días alternos.

 

También estudió con Juliano de Capadocia, quien enseñó a muchos estudiantes. Una vez los estudiantes de Proaresio se pelearon con los del espartano Apsines. El asunto fue llevado a Juliano, entonces un hombre mayor que pidió a Proaresio que terminara con el asunto pasíficamente.​

 

No sobreviven libros de texto de Proaresio, pero su influencia como maestro está descrita por famosos sofistas y retóricos de la segunda mitad del siglo IV como Himerio y Libanio. Muchos armenios habían viajado a Atenas a estudiar con Proaresio a quien Sozomeno llamó el más célebre sofista de su época.

 

Atraído por la fama de su genio de erudición, el emperador Constante lo invitó a su palacio en la Galia y le entretuvo con magnificencia, aunque el invitado era de hábitos muy sencillos y ascéticos. Entonces el emperador lo envió a Roma, donde se convirtió en objeto de veneración popular, que culminó con la erección de su estatua, con la inscripción Regina rerum Roma, Regi Eloquentiae esto es, «(de) Roma, la reina de las ciudades, al rey de la elocuencia».

 

Proaresio también recibió una prefectura pretoriana honorífica del emperador. Entre otros alumnos destacados, tuvo a Gregorio Nacianceno y Basilio el Grande. El historiador Eunapio fue el estudiante favorito de Proaresio y su biógrafo. Eunapio relató que cuando el emperador Juliano prohibió a los cristianos tener cargos educativos en el año 362, Proaresio estuvo entre ellos.​

 

A Proaresio le dieron una dispensa especial. Juliano, un hombre académico que fue hecho emperador contra su voluntad en 361, admiraba grandemente a Proaresio, y en una carta habló de su «exuberante y desbordante discurso... poderoso en el discurso, como Pericles». Con la esperanza de ganar a Proaresio para la Teúrgia, Juliano lo mantuvo en su cátedra profesoral, expulsando al resto; pero Proaresio permaneció leal a su fe, y voluntariamente renunció a su lucrativo puesto.​

 
Es interesante destacar que de manera diferente, Eunapio describió a Proaresio en términos paganos, comparándole con famosas figuras mitológicas griegas como Gerión y Hermes, y con el gobernante ateniense Pisístrato. En conjunto, Eunapio presentó a su maestro Proaresio como un icono de santidad helenística.



sábado, 21 de enero de 2017

EL SENADOR Y ASTRÓLOGO JULIO FÍRMICO MATERNO


 Julio Fírmico Materno (en latín, Iulius Firmicus Maternus; n. Siracusa, comienzos del siglo IV) fue un escritor y astrólogo romano de época tardoimperial, finalmente convertido en apologista cristiano.
 
Pocos son los datos sobre él. Nació a comienzos del siglo IV después de Cristo en Junin, Siracusa. Fue senador romano y por un tiempo abogado, pero abandonó la profesión a causa de los enemigos que le acarreaba y para dedicarse a los estudios humanísticos. Escribió Matheseos libri VIII y casi diez años después, convertido al cristianismo, el De errore profanarum religionum.
 
Los Matheseos libri octo fueron escritos entre el 335 y el 337,  según Mommsen, con el título De Nativitatibus sive Matheseos libri VIII, y fue dedicada al gobernador de la Campania Lolliano Mavorcio. Constituye el más vasto tratado de astrología de la Antigüedad, fruto de experiencias y estudios en el saber del neoplatonismo.
 
El primer libro resulta interesante en cuanto que, a diferencia de los otros siete, de contenido exclusivamente técnico, contiene una verdadera y propia apología moral de la astrología, ciencia caída en sospecha y recelo inevitablemente para los cristianos, pero ampliamente practicada en el tiempo del autor por influjo de la especulación neoplatónica. Afirma que la influencia de los astros se ejercita sobre la parte divina del alma humana y que sólo un alma pura y libre de todos los pecados puede apoyarse en la astrología, disciplina que pone en constante contacto con la divinidad.
 
Se demuestra por la importancia de los astros en determinar la vida humana y la súplica de la historia del mundo hasta la edad de Saturno a la luz de tal principio. Y los restantes libros esparcen diversas nociones técnicas relativas a la materia, con un estilo compilativo que sin embargo rinde cuentas como síntesis de una larga tradición precedente.
 
Si esta primera obra mostraba ya a un autor como un alma naturalmente cristiana, no sorprende su consiguiente conversión al Cristianismo, de la cual ignoramos causa, lugar y fecha. No hay otro inequívoco testimonio que su obra apologética De errore profanarum religionum, escrita entre el año 346 y el 350.
 
La tradición del texto se reduce a un único testimonio: un códice Vaticano-Palatino del siglo XI acéfalo (falto del principio): la parte restante comienza reseñando los cultos naturalistas a los elementos y demostrando su absurdo. Considera después que los cultos de origen oriental que eran antaño más practicados fueron asumidos por los paganos: los Misterios de Isis, Cibeles, Mitra, el culto de los Coribantes, de Adonis y otros. Aplica los principios de Evémero de Mesene para demostrar que todas esas divinidades no son otra cosa que hombres ensalzados después de su muerte hasta alcanzar honores celestiales y de cuyos pecados los hombres se sirvieron para justificar los propios.
 
Con algunas fantasías etimológicas (por ejemplo, Serapis es hecho derivar de Σάρρας παίς, "el hijo de Sara", esto es, José) intenta explicar los orígenes de algunos seres a partir de textos bíblicos. En los capítulos siguientes ofrece noticia de las frases y fórmulas usadas en los códices usados en las religiones mistéricas vinculándolas a las fórmulas bíblicas.
 
La lengua del autor aspira a la pureza del clasicismo, pero no se sustrae a incluir vocablos de su época, abusando bastante de la expresión retórica, el énfasis y las incursiones en la prosa poética. El uso de cláusulas métricas lo vincula a la tradición oratoria cicieroniana. El estilo de la obra reclama ser vecino del de los africanos Tertuliano y Arnobio, y recurre voluntariamente a la irrisión y el sarcasmo.
 
En sus obras resalta el fanatismo casi feroz con que el autor exhorta a los emperadores Constante y Constancio II a perseguir sin piedad a los secuaces del Paganismo. 
Se deduce de su obra cuál debía ser el estado de ánimo en muchos cristianos, particularmente los neófitos, en el breve tiempo entre las sangrientas persecuciones de Diocleciano y el Edicto de Milán.
 
Hoy su obra apologética es considerada de particular interés para la historia de las religiones, ofreciendo material de primera mano y plausible sobre los cultos mistéricos practicados en Sicilia en época tardoimperial.
 
El cráter lunar Firmicus lleva este nombre en su memoria.