«Sea lo que quieren –dijo-, pero tengan cuidado con este joven. Lleva su cinturón como una muchacha, pero hay más de un Mario en su corazón».
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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miércoles, 3 de mayo de 2023
SILA DICE SOBRE EL JOVEN CÉSAR QUE SE OPUSO A SU ORDEN DE DIVORCIARSE
miércoles, 3 de octubre de 2018
CÉSAR DICE SOBRE LAS MUJERES
Cinnilla era una buena esposa, y las buenas esposas
son poco comunes. Por eso cuando Sila me ordenó divorciarme de ella, ya que era
la hija de su enemigo, yo me negué rotundamente. Hay mujeres que valen lo que
valen, y cuando una vale, es de tontos perderla o dejarla escapar.
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jueves, 8 de septiembre de 2016
CAYO JULIO CÉSAR REPLICA A UN LUCIO CORNELIO SILA QUE QUIERE OBLIGARLE A DIVORCIARSE DE LA HIJA DEL CONSULAR CINNA
Y ¿qué es la verdad?. Sólo Júpiter Optimo Máximo lo sabe.
Las leyes humanas no pueden ser verdaderas leyes a menos que estén basadas en
lo posible en las leyes de Júpiter. Nuestras antiguas leyes establecen que ningún
hombre se divorcie de su mujer a menos que sea por adulterio o incapacidad de
tener hijos, por locura o por infidelidad. Cinnilla no ha cometido ninguna de
esas faltas. Por tanto yo no puedo divorciarme de ella.
domingo, 31 de mayo de 2015
CÉSAR A CINNILLA, SU PRIMERA ESPOSA
César la abrazó, la besó, para deleite de ella que tanto lo había ansiado en sueños, y comprobaba que era mejor en la realidad; le entregó su boca, le devolvió los besos, le acarició y se vio tumbada en la cama a su lado, con su cuerpo respondiendo con deliciosos espasmos y estremecimientos a aquel contacto pleno con el cuerpo del hombre. Descubría que la piel de él era casi tan sedosa como la suya y el gusto que le procuraba aquel contacto encendió su deseo.
Aunque sabía exactamente lo que tenía que suceder, la imaginación no podía compararse a la realidad. Hacía tantos años que le amaba, que era el centro de su existencia, que ser su esposa auténtica, además de legal, era una maravilla. Valía la pena haber tenido que esperar; una espera que formaba parte de aquel estado de exaltación. Sin prisas, César aguardó a que estuviera a punto y no hizo ninguna de aquellas fantasías que habían nutrido sus sueños de virgen. Le causó algo de daño, pero no al extremo de interrumpir aquella excitación en aumento. Sentirle dentro era lo mejor de todo, y le retuvo así hasta que un espasmo mágico e inesperado sacudió su ser. Aquello no se lo había advertido nadie, pero ahora comprendía que era eso precisamente lo que hacía que las mujeres quisieran seguir casadas.
-¡Qué estupendo estar casado por fin! -dijo César.
-Pues sí -añadió Cinnilla, que tenía el aspecto feliz y esplendoroso de cualquier novia tras la noche de bodas.
viernes, 29 de mayo de 2015
CÉSAR A SOLAS, PENSANDO EN SERVILIA
César se metió en el baño con rostro pensativo. Aquélla era una mujer fuera de lo corriente. ¡Un tormento sobre seductoras plumas de vello negro! Qué cosa más tonta para causarle a él su caída. Caída hacia abajo, como el vello. Un buen juego de palabras, aunque accidental. Ahora que se habían convertido en amantes, no estaba muy seguro de que ella le resultase más simpática, aunque César sabía que tampoco estaba dispuesto a despedirla. Además, ella era una rareza en otros aspectos, aparte de en su carácter. Las mujeres de la clase a la que pertenecía Servilia que sabían comportarse entre las sábanas sin inhibición eran tan escasas como los cobardes en un ejército de Craso. Incluso su querida Cinnilla había conservado el recato y el decoro. Bien, así era como se las educaba, pobrecillas. Y, como César había caído en la costumbre de ser honrado consigo mismo, tuvo que admitir que no haría nada por tratar de que Julia fuera educada de otro modo. Oh, también había marranas entre las mujeres de su clase, ya lo creo, mujeres que eran tan famosas por sus artimañas sexuales como cualquier puta, desde la difunta gran Colubra hasta la ya entrada en años Precia. Pero cuando a César le apetecía una juerga sexual desinhibida, prefería procurársela entre las honradas, francas, prácticas y decentes mujeres de Subura. Hasta el día que había conocido a Servilia en ese terreno. ¿Quién iba a imaginarlo? Y además, ella no iría por ahí cotilleando sobre su aventura amorosa. Se volvió del otro lado dentro del baño y alcanzó la piedra pómez; era inútil usar una strigilis con el agua fría, un hombre tenía que sudar para poder frotarse.
jueves, 14 de agosto de 2014
CÉSAR REFLEXIONANDO SOBRE LA PÉRDIDA DE LAS MUJERES DE SU VIDA
Julia.
Todas mis amadas mujeres han muerto, dos de ellas intentando traer hijos al
mundo. Mi adorable Cinila, mi querida Julia, las dos recién cruzado el umbral
de la vida adulta. Ninguna me causó jamás un solo dolor excepto al morir, ¡qué
injusto, qué injusto! Cierro los ojos y las veo allí: Cinila, la esposa de mi
juventud; Julia, mi única hija. La otra Julia, la tía Julia, la esposa de Cayo
Mario, aquel monstruo abominable. Su perfume aún me provoca el llanto cuando lo
huelo en alguna desconocida. En mi infancia no habría conocido el amor si no
hubiera sido por sus abrazos y sus besos. Mater, la perfecta adversaria
partisana, era incapaz de abrazar y besar por temor a que un cariño
muy manifiesto me corrompiera. Me consideraba demasiado orgulloso, demasiado consciente
de mi inteligencia, demasiado dispuesto a llegar a la realeza. Pero todas han
desaparecido, mis amadas mujeres. Ahora estoy solo.
domingo, 10 de agosto de 2014
CINNILLA, LA SEGUNDA ESPOSA DE CAYO JULIO CÉSAR
Cornelia Cina minor (Cinnilla) (94 a. C.- 69 a. C. o 68 a. C. ), hija de Lucio Cornelio Cinna, uno de los principales líderes del partido de Cayo Mario. Casada en 83 a. C. con Julio César , cuando ella contaba con trece años de edad y él tenía dieciocho; tuvo con él una hija,Julia, a la que César casó con Pompeyo Magno en 60 a. C.
Debido a su parentesco con la viuda de Mario (su tía Julia) y a su alianza con la familia de Cinna, César era el blanco perfecto de la venganza del dictador Lucio Cornelio Sila Felix cuando éste proscribió a los miembros del partido de Mario. Requerido para que repudiase a Cornelia, César rehusó con altanería y prefirió huir de Roma, pasando varios meses en la clandestinidad antes de ser finalmente perdonado gracias a los potentes apoyos de su familia materna.
Cornelia murió a los veinticuatro o veinticinco años justo antes de la marcha de César para Hispania como cuestor. Tal como lo había hecho poco tiempo antes con su tía Julia, pronunció su elogio fúnebre en las Rostras. No era costumbre para una mujer tan joven y el pueblo vio en ello una señal de sensibilidad y de cariño. Es probable sin embargo que César, que nunca actuaba sin pensar, aprovechara la ocasión para reafirmar sus juramentos políticos como lo había hecho en las exequias de su tía.
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| LAS MUJERES DE CÉSAR |
martes, 5 de agosto de 2014
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