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viernes, 30 de diciembre de 2022

DIVERSIDAD DE CASTIGOS MÁS DESTACADOS EN LAS LEGIONES ROMANAS

 

Los castigos leves deben considerarse inevitables y los colectivos, desafortunados. Hay que saber que generalmente ningún legionario incurre en faltas graves o incumple seriamente con su deber mas de una vez, porque es ejecutado la primera vez que lo hace.

 

CASTIGOS LEVES (EN GENERAL, ERAN INEVITABLES)

CASTIGATIO.- Es posible que este castigo no pase de un zurriagazo con el vitis, un bastón de madera de vid que los centuriones llevan con ese propósito, pero también que suponga una paliza en toda regla, aplicada con el mismo bastón. Uno de los centuriones destacados en el Rin en el 14 d. C., era conocido con el apodo de "Dame-otro", porque solía partir mas de un bastón cuando aplicaba este castigo.)

 

PECUNIARIA MULTO.- Es una confiscación parcial de la paga, especialmente por perder parte del equipo (no importa como) o por enfrascarse en peleas con la población local, empleándose la deducción de la paga en reparar los daños.

 

MUNERUM INDICTIO.- Supone recibir trabajos extra, normalmente en los establos o en las letrinas. Es corriente que el legionario transforme el castigo en pecunaria multo sobornando al centurión correspondiente, y a menudo se sospecha que los centuriones aplican el castigo precisamente con vistas a recibir dichos sobornos. Algunas veces estas tareas han de ser realizadas en condiciones humillantes. Es especialmente popular mandar a un legionario a hacer guardia sin cinturón, lo que hace que su túnica se asemeje a un vestido de mujer.

 

Los castigos expuestos mas arriba sirven para castigar pequeñas faltas cotidianas. Las faltas mas graves o las negligencias en el cumplimiento del deber llevan a las autoridades a ponerse bastante mas serias.

 


FALTAS GRAVES:

MILITIAE MUTATIO.- Supone una perdida de graduación o de los privilegios obtenidos por la antigüedad en el servicio, y dado que estos últimos solo se consiguen tras pasar por largas y dolorosas experiencias, dicha perdida resulta muy amarga. La gradus deiectio acarrea la misma pena, con el añadido del traslado a una unidad inferior.

 

ANIMADVERSIO FUSTIUM.- Una tanda de latigazos. No se trata de unos cuantos porrazos aplicados por el centurión, sino de una flagelación en toda regla frente al resto de la unidad. Este castigo se aplica como pena por la comisión de negligencias graves, como quedarse dormido cuanto se esta de guardia en el campamento. (No es infrecuente recostarse a dormitar en el escudo apoyado sobre un pilum, pero si el soldado se queda dormido tan profundamente que acabe por derribar el improvisado tripode lo mas probable es que el estrépito que esto produce acabe por delatarlo.)

 

FUSTUATIUM.- Al soldado que sea sorprendido mientras duerme durante una guardia en el campamento le espera un doloroso futuro. Aquel que sea sorprendido dormido durante una guardia en campaña no tiene futuro alguno. La pena es ser golpeado hasta morir. La sentencia se ejecuta tras un juicio celebrado ante los oficiales de mayor graduación del campamento, que como mínimo han de ser tribunos militares. Una vez que se haya dictado sentencia, el tribuno toca ligeramente al reo con su bastón y se retira. A partir de ese momento son los propios compañeros del soldado quienes pueden elegir entre patear, azotar o apedrear al reo hasta la muerte. A menudo, y a causa del peligro que suponen los ataques nocturnos al campamento, estos lo hacen con gran entusiasmo, pero si el soldado es especialmente popular solo le pegan una paliza que lo deja lisiado de por vida.

 

CASTIGOS COLECTIVOS (POR ORDEN DE SEVERIDAD):

FRUMENTUM MUTATUM.- El frumentum es la ración diaria de alimento. Una unidad caída en desgracia pierde el derecho a comer carne, y en vez de trigo recibe centeno. Esto supone una notable perdida de estatus, porque habitualmente el centeno se emplea como forraje para los animales. En ocasiones, el oficial al mando pone la guinda confiscando al mismo tiempo la paga de los miembros de la unidad.

 

EXTRA MUROS.- Con esta pena se sentencia a la unidad a colocar sus tiendas fuera de los muros del campamento. Incluso cuando se esta en terreno amigo y el clima es benigno, los legionarios sufren al verse excluidos de la única comunidad que conocen. Normalmente, estos castigos colectivos se acompañan de otros de naturaleza individual. Una unidad diezmada suele además verse expulsada al exterior del campamento, debiendo permanecer ahí hasta que vuelva a ganarse el favor del resto con actos de heroísmo suicida ante el enemigo.

 


MISSO IGNOMINOSA.- Esto ocurre cuando el emperador simplemente decide que una unidad es demasiado patética como para formar parte del ejercito romano. Sus miembros - a veces una legión entera- son despedidos para que se vayan a su casa y se pasen el resto de su vida cubiertos de escarnio. También pierden sus pensiones. La misso ignominosa también puede aplicarse a soldados concretos.



miércoles, 15 de julio de 2015

martes, 14 de julio de 2015

GRADUACIONES EN LA LEGIÓN DE ABAJO HACIA ARRIBA

 
El termino es en este caso un tanto engañoso, porque el ejercito romano no les ofrece a los legionarios una carrera en el sentido estricto. La mayor parte de los alistados abandona las filas del ejercito con el mismo rango con el que entraron 25 anos antes. Es posible alcanzar el rango de centurión desde la posición de soldado raso si se observa una conducta intachable, pero lo mas frecuente es que estas posiciones se obtengan con dinero o influencias antes incluso de alistarse. Las graduaciones mas altas -el legado legionario y el tribuno militar con el que aquel comparte tienda- son políticos que cumplen con una carrera militar antes de acometer tareas mas importantes.

 

Pero eso no quiere decir que todos los legionarios sean iguales. Algunos son mas iguales que otros, y un soldado ambicioso se apresurara a poner distancia entre si mismo y el resto del rebaño.

 

MUNIFEX.-  El recluta recién llegado ostentara el rango de munifex. Un munifex es un soldado sin graduación ni privilegio alguno. Ni siquiera es el peldaño mas bajo de la escala militar; es el barro en el que se apoya la escala. Si eres un munifex, lo mas probable es que los burros que cargan con las tiendas de campana sean tus superiores.

 

IMMUNIS.- El primer objetivo tras firmar y completar la instrucción es convertirse en immunis. Los legionarios se dividen en dos tipos, aquellos que tienen responsabilidades especiales -los immunes- y los que no. Los no especialistas son los encargados de ir a por leña y de acarrear agua; las tareas mas desagradables, como limpiar las letrinas o hacer los trabajos mas duros, siempre recaen sobre ellos. Los que estén eximidos de estas funciones tendrán un trabajo concreto que hacer, como ayudar al herrero o llevar las cuentas de la legión. Un immunis sigue siendo un miles gregarius, un soldado raso, pero su vida es en general mas cómoda, como prueba el hecho de que su rango puede serle retirado por mala conducta.

 

Si el legionario aspira a convertirse en immunis- y debería ser así- es conveniente adquirir habilidades concretas, como la fontanería, la fabricación de armas o la carpintería. Saber leer y escribir es una ventaja inestimable, porque las legiones siempre necesitan secretarios para mantener la correspondencia y manejar los archivos. Cualquiera que sepa leer y escribir debería comunicárselo inmediatamente al cornicularis, el corneta, que por lo general tambien se encarga de coordinar a los secretarios de la legión. Una de las mayores ventajas de trabajar en las oficinas es que casi siempre se hace a cubierto. Es cierto que esto se hace para proteger los papeles, no al legionario, pero el secretario se beneficia de ello de igual modo. Un soldado especialmente hábil con los números puede convertirse en signifer, portaestandarte de la legión (no el aguila, esta es responsabilidad del aquilifer, cuyo rango es superior). El signifer porta la llamada "mano abierta", emblema que recuerda a los soldados su juramento, estando también al cargo del fondo de pensiones de los legionarios. El hecho de que las pensiones se confíen a un hombre que funciona como un imán para las lanzas enemigas resulta menos desconcertante si tenemos en cuenta la desesperación con la que los legionarios defienden sus estandartes, entre otras cosas porque esto supone proteger al único que conoce el estado real de sus pensiones.

 

PRINCIPALIS.- Aquellos cuya única habilidad sea la de ser buenos soldados deben aspirar a alcanzar la posición de principalis. Ser principalis es aun mejor que ser immunis, y por tanto son menos los legionarios que lo consiguen. Un tesserarius es un ejemplo de principalis. Como indica su nombre, es uno de los encargados de repartir las guardias (la contraseña del dia normalmente se escribe sobre un trozo de cerámica o tessera). El optio, cuyo trabajo es hacerse cargo de las funciones del centurión porque éste esté ocupado con otras tareas o porque tenga una lanza clavada en el pecho, tambien se encuentra entre los principales. Los optiones tienen su propio gremio (schola), y junto con los otros principales forman un grupo muy compacto. Los principales tienen mas opciones que nadie de convertirse en centuriones, con los que en cualquier caso trabajan de forma muy estrecha. Una vez que el legionario meta sus caliga en este selecto club, tiene la casi completa seguridad de que el resto de sus años de servicio transcurrirán de forma apacible.


 

CENTURIONES Y OTROS OFICIALES


Los legionarios tienen poco contacto con los grandes jefazos de la legión. Una buena regla a seguir consiste en evitar a cualquiera que lleve una cresta puesta de forma transversal sobre el casco o una bonita cinta bajo el pectoral de la coraza. Las cintas identifican a los oficiales, y de ellos no puede decirse nada bueno, aparte de que pelean igual que los demás y que mueren al mismo ritmo que los demás. De hecho, se supone que los centuriones deben inspirar al resto con su valor, y puesto que sus distintivas crestas los convierten en objetivos especialmente visibles, el enemigo suele matarlos a puñados, hecho que no quita el sueno a demasiados legionarios...

 

LOS RANGOS NO LEGIONARIOS

CENTURIÓN

Los centuriones están organizados según una jerarquía compleja e incestuosa, cuyo principal objeto parece ser decidir quien se queda con el mejor asiento en la taberna o quien se encarga de dirigir a una patrulla bajo la lluvia. Hay unos 60 centuriones por legión -cualquier soldado dirá que son demasiados- y los de la primera cohorte se consideran superiores a los del resto, aunque los que ocupan la primera fila [pilusprior) también se consideran superiores a los que ocupan la ultima (pilusposterior).

 

Que un pilus hastatus prior (los nombres se refieren a la posición mantenida durante la batalla) de la tercera cohorte sea superior o no a un pilus principes prior de la quinta puede ser una cuestión de enorme importancia para los dos implicados, pero al resto de los integrantes de la legión les importa un pito. Para un legionario sin graduación,
todos los centuriones son dolor capitis (un dolor de cabeza) y solo se les tiene aprecio cuando están cumpliendo alguna misión por ahí, lo que ocurre frecuentemente. Los centuriones aúnan una combinación de iniciativa y rango que los convierte en la herramienta multiusos del ejercito romano, adecuada tanto para llevar a cabo misiones diplomáticas como para escoltar a prisioneros importantes o dirigir destacamentos en incursiones, misiones de reconocimiento o tareas de retaguardia.

 

PRIMUS PILUS.- El principal centurión de la legión. Este cargo se consigue demostrando virtudes militares en la batalla y habilidad en las intrigas políticas de retaguardia. Sus principales cualidades son el valor, la determinación, un gran talento organizativo y un carácter poco compasivo. Sera respetado y, casi con seguridad, temido, pero habrá pocos que lo aprecien.

 


TRIBUNOS MILITARES

Ignora comentarios del tipo "si alguna vez alguien saluda a un tribuno militar, será porque haya poca luz". Es cierto que en el pasado estos aprendices de generales solo se alistaban en el ejercito para impulsar sus carreras políticas, y que era frecuente que se desmoronaran con solo enterarse de que el enemigo estaba cerca. No obstante, en el ejercito moderno la mayor parte de tribunos cuentan con experiencia de servicio en una unidad auxiliar y pueden dirigir una o dos cohortes en el campo de batalla con una profesionalidad tranquilizadora. Hay cinco tribunos por legión. Su nivel de eficacia varia, pero todos comparten una ambición y una determinación de hierro.

 

PRAEFECTUS CASTRORUM

Prefecto del campamento. El resto de oficiales sabrán o no como hacer su trabajo, pero con toda seguridad el praefectus sera profesional hasta la medula. Por lo general, es el centurión mas antiguo de la legión, y nadie conoce mejor que él su historia y su funcionamiento. Afortunadamente, su rango es superior al de los tribunos militares, y hará falta un tribunus laliclavus con gran confianza en si mismo para no seguir su consejo. El praefectus es el único que puede llevarse al primus pilus a un aparte y darle un par de consejos o pegarle una bronca si hace falta (los mas probable es que antes de ser ascendido haya ejercido el mismo el cargo de primus).

 

TRIBUNUS LATICLAVUS

En caso de ocurrirle algo malo al legado (por ejemplo, que reciba la orden de volver a Roma para ser ejecutado como posible traidor) el tribunus laticlavus tomara el mando. El termino "laticlavus" se debe a que sus togas están adornadas con una ancha banda, porque teóricamente este oficial, al igual que su comandante, debe pertenecer a la clase senatorial. No obstante, en la actualidad estan empezando a ponerse no senadores al frente de algunas legiones, lo que puede ser interpretado como un signo de decadencia en la vida publica o de una creciente profesionalización del ejercito, dependiendo del punto de vista. Es de esperar que sea un novato y que este todo el tiempo preguntándole al praefectus castrorum que debe hacer.

 

LEGADO LEGIONARIO

El pez gordo. Si se trata de la única legión de la provincia, probablemente también ostentara el cargo de gobernador. Como media, el legado ocupa el cargo apenas durante tres o cuatro anos, porque a los emperadores no les agrada que los soldados le tomen demasiado aprecio a su general. Después de todo, cuando uno se encuentra al mando de una proporción significativa del poder militar de Roma, es posible que empiecen a ocurrírsele ideas propias.
  



miércoles, 8 de julio de 2015

lunes, 20 de abril de 2015

LAS LEGIONES DE ROMA



RECLUTAMIENTO

Durante la época imperial los requisitos para convertirse en legionario eran: medir al menos 1,75 m de altura, ser delgado pero musculoso, con buena vista y oído.

También era preciso saber leer y escribir y, sobre todo, ser ciudadano romano.

Esto no quería decir que fuera ciudadano de Roma, sino que tuviese la ciudadanía romana.

La ciudadanía se conseguía después de servir en el ejército durante 25 años en puestos auxiliares, lo que le otorgaba derechos y privilegios especiales a él y toda su familia.

Los aspirantes a soldados tras acudir a la oficina de reclutamiento que se encontraba en la capital de provincia, eran sometidos a una entrevista y un reconocimiento médico.

Una vez admitidos, prestaban juramento de obedecer a sus superiores y no desertar.

Sus documentos junto con un certificado del gobernador y las dietas de viaje -tres monedas de oro por cabeza-, se entregaban a un oficial que les acompañaba en el largo viaje hasta el destacamento asignado.



                               EL FAMOSO ACTOR JOHN WAYNE, DE CENTURIÓN



INSTRUCCIÓN Y ENTRENAMIENTO

Durante cuatro meses los nuevos reclutas eran sometidos a un entrenamiento implacable.

Al concluir este periodo los supervivientes ya podían llamarse soldados -milites-. Los que no podían resistir el entrenamiento eran rechazados.

Primero se les enseñaba a desfilar marcando el paso. Luego se les llevaba de marcha, forzándolos al máximo hasta que fueran capaces de recorrer 20 millas romanas -30 Km.- en cinco horas.

Después tendrían que recorrer la misma distancia cargados con todo su equipo, que incluía armas y armaduras, utensilios de cocina, estacas para la empalizada, instrumentos para cavar y provisiones para varios días, pues al final de cada marcha tenían que levantar un campamento con terraplenes y fosos de defensa.

El entrenamiento continuaba hasta que eran capaces de recorrer 24 millas -36 Km.- en cinco horas.

En un principio los legionarios utilizaron bestias de carga y carros para transportar el equipo.

Pero el célebre general Mario impulsor de grandes reformas en el ejército, les obligó a transportar personalmente casi toda la impedimenta necesaria para reducir el tamaño de las caravanas de intendencia.

El equipo completo debía pesar por lo menos 30 kilos, y las armas y armaduras más de 20.

Los legionarios realizaban marchas tres veces al mes durante 25 años.

Este entrenamiento y capacidad de desplazamiento fue una de las causas por la que el ejército romano era tan superior a otros ejércitos.

Esto era solo parte de la instrucción, puesto que el programa de entrenamiento también incluía carreras, saltos, equitación y natación.

Cuando se consideraba que se encontraba en buena forma física comenzaba la instrucción en el manejo de las armas.

Los reclutas aprendían a atacar a una gruesa estaca clavada en el suelo con una pesada espada de madera y un escudo de mimbre que pesaba el doble que un escudo normal.

Se les insistía que golpearan de frente, sin describir arcos con la espada, que puede evitarse con más facilidad.

También se les entrenaba en el lanzamiento de pesadas jabalinas de madera contra las estacas.

Una vez superado este paso, se les consideraban dignos de empuñar armas auténticas forradas de cuero para evitar accidentes, que les deberían de parecer ligerísimos en comparación con las pesadas armas de madera.




RUTINA DIARIA

Terminada los cuatro meses de instrucción y ya convertidos en soldados -milites-, seguían realizando marchas, ejercicios y entrenamientos aunque ya disponían de algún tiempo libre, pero se les mantenían ocupados durante las horas de trabajo.

Al amanecer se presentaban al centurión para que les asignaran las tareas de la jornada, principalmente guardias o trabajos de limpieza.

A veces patrullas o funciones de policía, pero también la construcción de calzadas y obras civiles, en donde debían de picar piedra en las canteras, cavar cimientos, alisar caminos y pavimentar.

Todo nuevo legionario procuraba conseguir un destino que le evitara trabajos desagradables. Estos trabajos, destinados para los que conocían un oficio -herreros, carniceros, enfermeros, domadores de caballos, ...- eximían de realizar otras tareas.

Percenio, líder de un motín contra Tiberio en el año 14 d.C. se expresaba de las siguiente manera: "el servicio militar es duro y poco provechoso. Tu cuerpo y alma se valoran en unas cuantas monedas por día; con esta limosna tienes, además, que pagar la ropa, las armas y las tiendas de campaña, así como los sobornos para los centuriones que son demasiados crueles, y poder librarte así de los encargos pesados".

Además, los soldados tenían prohibido casarse, por ello eran muy usuales los matrimonios informales e incluso que tuvieran hijos, estos no serían legítimos, pero esto se arreglaba cuando se retiraran.

De hecho, tan pronto cualquier hombre que se integrara en el ejército, su matrimonio quedaba legalmente anulado.

El emperador Séptimo Severo -193-211 d.C.- dio permiso a los soldados para que vivieran con sus esposas en vez de obligarles volver cada noche al campamento.

Pero también existían algunas ventajas: una paga regular considerablemente superior a la de un labrador, y el mejor servicio médico del Imperio.

También se podían aprender otros oficios, y después de la derrota del enemigo muchas veces se presentaban oportunidades de saqueo.

Además de la paga también se recibían otras recompensas.

Augusto entregó 75 sestercios a cada uno de los legionarios, mientras que Claudio estableció una costumbre de pagar un donativo en metálico al inicio del mandato de un nuevo emperador.

Augusto también se preocupó de que se gozara de una buena jubilación después del cumplimiento del servicio; los licenciados recibían una parcela de tierra o una buena cantidad de dinero, equivalente a la paga de doce años.




JERARQUIA

El ejército romano se encontraba muy jerarquizado.

En la cúpula se encontraba el emperador.

El prefecto del pretorio era, en cierto modo, el ministro de la Guerra y estaba asistido en Roma por el prefecto de las cohortes pretorianas, de los oficiales y de los centuriones.

En las provincias, cada ejército regional estaba bajo el mando de un general, el legado del ejército.

Al mando de cada legión había un comandante -legado-, 7 oficiales -un prefecto del campamento y seis tribunos, los tribunos se encargaban de la selección de sus soldados- y 59 centuriones.

Cada unidad auxiliar tenía un jefe y varios centuriones -infantería- o decuriones -caballería-.

En la marina, cada barco se organizaba como una centuria, fuese cual fuere su tamaño; su comandante, que estaba a las órdenes de un prefecto almirante-, ostentaba el título de centurión.

Dentro de una legión, un hombre empezaba como simple soldado de a pie -miles-, después de varios años de servicio y para los soldados con oficio, el primer ascenso era de miles a inmunis; aunque tenía el mismo salario, les eximía de las rutinas generales de los demás soldados.

Pero el primer ascenso verdadero convertía al soldado en principal, de los que existían dos clases: los que cobraban paga y media -sesquiplicarii- y los que percibían doble paga -duplicarii-.

El primer grupo incluía varios tipos de suboficiales, como el tesserarius -ordenanza-.

Entre los segundos estaban los portaestandartes -signiferi y vexillarii-, los optiones y otros oficiales.

El siguiente grado era el de centurión, en donde los más veteranos y experimentados - primi ordines- formaban parte de la primera cohorte, y el más antiguo de ellos -primus pilus- tenía derecho a asistir a los consejos de guerra.

El verdadero carácter de los centuriones aparece ilustrado en un episodio de la Guerra de las Galias de Julio Cesar.

En el año 5 a.C., las tropas de César trataron de conquistar la fortaleza de Gergovia, pero fueron rechazados y tuvieron que retirarse monte abajo.
En estas condiciones habrían sufrido terribles bajas, pero los centuriones se quedaron a cubrir la retirada de sus hombres: murieron casi 700 hombres, de los cuales 46 eran centuriones -uno por cada 14 legionarios, cuando la proporción normal era de 1 a 80-.




ORGANIZACIÓN DE TROPAS

La legión constituía la base del ejército romano.

Originalmente el término "legión" se aplicaba a todo el ejército, hasta que en el siglo IV a.C., adquirió un significado más familiar para describir un regimiento de infantería pesada.

El secreto de su éxito radicaba en su organización, sumamente flexible.

En el siglo I a.C., una legión con toda su capacidad, estaba formada por 5120 hombres y dividida en diez cohortes.

Una cohorte normal comprendía 480 hombres y se dividía en seis centurias de 80 hombres; no obstante, la primera cohorte de la legión, formada por los mejores soldados, tenía cinco centurias dobles de 160 hombres.

El mando de cada centuria estaba en manos del centurión, asignado por méritos especiales.

Cada centuria de 80 hombres se dividía a su vez en 10 contubernios -unidad mínima del ejército romano, que era alojado en una tienda-, y dos centurias formaban un manipulo por lo que una cohorte esta compuesta por tres manipulos.

Un ejército lo componía habitualmente cuatro legiones aunque esta cifra podía variar incluso a cinco.

La primera cohorte era siempre la mejor de una legión, la sexta la componían los mejores hombres jóvenes, la octava eran tropas selectas, y la décima buenas tropas.

Las cohortes más débiles eran la 2ª, 4ª, 7ª y 9ª, compuestas la 7ª y 9ª por tropas con poca experiencia.



                                                           LA LEGIÓN ROMANA. ESQUEMA GRÁFICO COMPARATIVO



DESPLIEGUE EN EL CAMPO

En los primeros tiempos, un ejército romano estaba compuesto por aproximadamente 1000 hombres, estos estaban divididos en cinco categorías -según su nivel económico-, los más ricos estaban armados como hoplitas griegos -largas lanzas, espadas, corazas, grebas y escudos redondos--, el grueso del ejército lo componía las otras cuatrocategorías, con menor armamento, y los más pobres no llevaban ninguna armadura y
estaban armados con ondas.

Adoptaban la formación de una falange, esta consistía en un largo bloque de soldados con varias líneas de fondo protegidas por sus escudos y lanzas-.

A principios del siglo IV a.C. la legión formada por unos 4800 hombres tiene en la infantería cinco clases de soldados: los hastati, los príncipes, los triarii, los rorarii, y los accensi.

Los hastati, eran los hombres más jóvenes, llevaban armadura completa y escudo rectangular, como armas ofensivas, empleaban el pilum, y una espada corta.

Unidos a estos estaban las levas, que eran los más pobres, llevando una lanza y varios pilum.

Los príncipes, mejor armados que los hastati, pero eran hombres con más experiencia y madurez que aquellos.

Los triarii, que eran los soldados más aguerridos de la legión e iban armados de corazas y largas lanzas.

Los rorarii eran los hombres más jóvenes e inexpertos, los accensi eran los luchadores menos seguros.

La primera fila, o sea el grueso de la legión, la formaban los hastati, en las alas de la formación se colocaba la caballería; en segunda fila y como reserva para relevar y defender la primera línea se situaban los príncipes y, en la tercera, como reserva y para acudir a los sitios comprometidos, formaban los triarii.

Entre los espacios que dejaban las turmas de caballería se solían situar máquinas arrojadizas.

En el siglo II a.C. los rorarii y los accensi se convirtieron en vélites y fueron repartidos entre todos los demás grupos a razón de 20 hombres por manipulo, se convirtieron en las tropas más móviles del ejército, ya que después de lanzar los pilum contra el enemigo, retrocedían entre las líneas de los hastati y los príncipes.

Los manipulos eran ahora de 160 hombres, con dos centuriones al frente de cada uno.

Otro hecho a destacar en este periodo fué el aumento en el número de las tropas auxiliares, y el descenso del número de ricos romanos que quisieran prestar servicio en el ejército.

El cónsul Mario introdujo el ejército profesional, aumentando el periodo de servicio que hasta ahora había sido de seis años, esto atrajo a muchos pobres que veían el servicio como un oficio, se tuvo cuidado de reenganchar a los soldados veteranos y de dar un buen retiro al finalizar el servicio.

También se le otorga a él, el eliminar las diferencias entre las distintas líneas, dándole a todos igual armadura y armamento y la división de la legión en diez cohortes.

De este modo la legión entraba al combate en una formación de cinco cohortes en la primera línea y de otras cinco, cubriendo los espacios que quedaban entre las primeras.

Entre la reforma de Mario y el emperador Augusto hubo dos cambios que modificaría para siempre el ejército: el primero daba autoridad a los gobernadores provinciales para reclutar tropas, permitiendo levantar las nuevas tropas en cualquier provincia del imperio; y el segundo punto era que la lealtad de los soldados pasaba ahora a los comandantes, los cuales podían proporcionarle un botín.

En el siglo I a.C. Julio César reformó esta disposición, añadiendo una tercera fila de tres cohortes; es decir, que la formación combativo de la legión, desde entonces, consistió en un frente de cuatro cohortes, cuyos intervalos se cubrieron con tres en segundo término, y las tres de última fila quedaban como reservas.

Con tal cambio, fue borrándose la importancia de la legión como unidad táctica, viniendo a ser reemplazada por la cohorte.

Es a partir de la segunda mitad del siglo I d.C. cuando se aumenta a 480 hombres el número de cada cohorte, dividida en seis centurias, y 810 hombres la primera cohorte dividida en cinco centurias.

El método de combatir consistía en arrojar al enemigo una lluvia de flechas y piedras por parte de los arqueros y honderos de las tropas auxiliares, rápidamente estas tropas se retiraban para dar paso al resto de tropas mediante el arrojo de los pilum hasta llegar al cuerpo a cuerpo, en donde se usaba la espada corta y el escudo.