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domingo, 12 de abril de 2020

PASIÓN DE ATENAS



Pasión (griego antiguo Πασίων, Pasíôn) fue un célebre banquero ateniense de la época clásica (hacia 430-370 a. C.).  Su trayectoria y la de su familia son características de una ascensión social exitosa, desde el estatus de esclavo al de ciudadano y liturgo. Las fuentes disponibles, esencialmente judiciales, diseñan el retrato de un personaje talentoso mezclado en negocios complejos al límite de la legalidad.

Hay poca información disponible sobre la juventud de Pasión, incluyendo su origen, que permanece desconocido. Jeremy Trevett ha emitido la hipótesis de un origen fenicio:​ tiene un nombre griego, pero ello no significa necesariamente que lo fuera, ya que los esclavos de origen bárbaro podían ser denominados con otro nombre por su propietario. La obscuridad de su carrera inicial está unida al hecho de que Pasión desarrolló primero su talento en el manejo de dinero como esclavo de los más antiguos trapezitas conocidos de Atenas, sus amos Antístenes y Arquéstrato, probablemente en los últimos años del siglo V a. C.



Como muy tarde en 395 a. C.,​ estos últimos, «en quien él había inspirado confianza por su integridad y honestidad»,​ le transmitieron su negocio, después de haberle manumitido en fecha desconocida. Fue entonces, como meteco, cuando Pasión volvió a comprar el establecimiento bancario de sus antiguos dueños,​ quizás después de haberlo alquilado algunos años,​ y sin ser, en cualquier caso, el propietario de los edificios dado que los metecos no podían ser propietarios hipotecarios en Atenas.


En una fecha desconocida, pero antes del 395 a. C., Pasión se había casado con Arquipa, sin duda hija de un meteco, con la que tuvo dos hijos, Apolodoro (nacido en 394 a. C.) y Pasicles (nacido en 380 a. C.)​ Arquipa era probablemente muy joven cuando se casó con Pasión, puesto que su primer hijo Apolodoro nació en el año 394 a. C., y aún tuvo dos hijos después de su segundo matrimonio, con Formión, en 368 a. C.


Pasión desarrolló relaciones de negocios con los medios mercantiles de Atenas y de El Pireo (los locales del banco estaban situados en el puerto:​ en 377 a. C., el padre de Demóstenes disponía de un depósito de 2400 dracmas en el banco de Pasión).​ Sin embargo, no practicaba más que el crédito comercial (préstamo a la gruesa ventura): los negociantes (emporoi) clientes de Pasión, como Licón de Heraclea por ejemplo,​ se contentaban con solicitar operaciones de cambio y de depósito.​ Pasión podía acordar a cambio darles préstamos personales, como lo hizo con los grandes personajes de Atenas, aunque estos descuidaban liquidar sus créditos: fue el caso, por ejemplo, del estratego Timoteo, lo que obligó al hijo de Pasión, Apolodoro, a intentar un proceso contra él. En este último caso, el hecho de que Apolodoro no reclamara intereses, y que el préstamo hubiera sido establecido por Pasión «sin fianzas ni testigos»,​ parece indicar que este último «lo hizo, no sólo por amistad, sino también porque tenía la esperanza de obtener algunas ventajas a través de la influencia del general».​


Pasión no se contentó con invertir en la actividad bancaria, y poseía también una fábrica de escudos, lo que le permitió hacer una donación de 1000 escudos a la ciudad (lo que representaba un valor total de la mercancía de 3 talentos y 2000 dracmas).​ La generosidad de Pasión con Atenas es subrayada por los oradores áticos: «no era un hombre que quisiera apropiarse de los bienes del Estado; era más bien pródigo en obedecer las órdenes de la ciudad».​ Sus vínculos con los dirigentes atenienses le permitieron obtener la ciudadanía ateniense «por los servicios rendidos a la ciudad»,​ probablemente en 376 a. C.,​ algunos años antes de su muerte.


Mientras tanto fue un ciudadano ejemplar, participando en numerosas liturgias, equipando sobre todo cinco trirremes (a razón de alrededor de un talento por cada uno​ en el marco de la trierarquía​) en una época en la que la ciudad emprendió el reforzamiento de su poder naval unido al desarrollo de la Segunda Liga ateniense. Por otra parte, sabiendo que en Atenas únicamente los ciudadanos podían poseer un patrimonio hipotecario o construido, aprovechó su nuevo estatus jurídico para adquirir un número espectacular de bienes inmobiliarios en poco tiempo, si se juzga por los 20 talentos de bienes raíces que disponía a su muerte;​ entre sus posesiones destacaron sobre todo dos inmuebles, dos edificios de renta y su casa de El Pireo.


Los alegatos civiles redactados por Demóstenes constituyen la principal fuente sobre Pasión.El gran éxito de Pasión se explica por un contexto favorable: en el primer cuarto del siglo IV a. C. la economía ateniense era globalmente frágil, pero el elevado nivel de las tasas de interés en esta época, y la extensión de la especulación y del crédito,​ sustentaban el desarrollo de la actividad bancaria. Por otra parte, si esta última era particularmente arriesgada —se conocen numerosas quiebras de bancos que no disponían de suficientes fondos de rotación y enfrentados a los reintegros masivos de sus clientes, por ejemplo en 371 a. C. como resultado de la victoria de Tebas sobre Esparta en Leuctra—,​ los gastos fijos (personal y construcción) eran poco importantes y el cambio, una de las principales actividades de los bancos, constituía una fuente segura e importante de provecho.


Sobre todo, Pasión era reconocido en Atenas por su competencia y su probidad, aunque fuera implicado en numerosos procesos. La gran confianza que inspiraba a sus clientes era esencial en la medida en que, si hay que creer a Demóstenes, «en el mundo del comercio y de la banca, la reputación de un hombre trabajador unida a la honestidad es de un valor incomparable: en los negocios, el crédito es el mejor de los capitales».​


Pasión, con la ayuda de los esclavos que había adquirido por su gran competencia, desarrolló así su establecimiento hasta absorber más de 80 talentos,​ de depósitos, de los cuales al menos el 30% (24 talentos) no estaban invertidos y constituían la caja capital de trabajo de la banca. ​ Cerca de la mitad de esos 80 talentos le pertenecían en propiedad.​ De hecho, a condición de ser hábil, el banco constituía en esta época uno de los mejores medios para constituir rápidamente una importante fortuna susceptible de abrir interesantes perspectivas: entre los metecos en beneficiarse con la concesión de la ciudadanía figuran numerosos banqueros.​


Las actividades de Pasión le aseguraron así de media un ingreso anual de cinco talentos durante la veintena de años que pasó al frente de su banco, e incluso once talentos los mejores años.​ Acumuló así una fortuna considerable, sin duda la más importante de esta época en Atenas: poco antes de su muerte poseía, ​ además de sus bienes mobiliarios y los de su mujer, 20 talentos en bienes inmobiliarios y más de 39 talentos en créditos, así como su fábrica de escudos, valorada en 10 talentos, con un centenar de esclavos. Raymond Bogaert estima el conjunto de los bienes de Pasión en 74 talentos en el momento en el que se retiró de los negocios en el año 371 a. C.,​ a los cuales puede añadirse el valor comercial de su banco, difícil de estimar, pero particularmente elevado si se juzga por el alquiler muy elevado pagado por Formión para explotarlo.​


Gracias a que los sucesores de Pasión (sobre todo su esclavo manumitido Formión y su hijo Apolodoro) insistieron en su honestidad y a que el éxito de sus negocios parece confirmar la confianza que inspiraba a sus clientes, se sabe de sus prácticas profesionales cuando se situaron al margen de la legalidad, lo que se explica por las fuentes sobre las que se apoyan los historiadores, esencialmente los alegatos civiles de los oradores áticos.


Es el caso especialmente de un discurso de Isócrates pronunciado al principio de la carrera de Pasión, entre 393 y 391 a. C., el Trapezítico. Según éste, el hijo de Sopeo, un allegado del rey del Bósforo cimerio, Sátiro, se encontraba (probablemente hacia 395/393 a. C.) en Atenas provisto de una fuerte suma de dinero perteneciente a su padre cuando éste, en plena desgracia y acusado de traición,​ fue encarcelado por Sátiro. El rey, temiendo que el hijo estuviera confabulado con su padre para conspirar contra su poder, exigió que regresara y que el conjunto de sus bienes fuera embargado. Con los consejos de Pasión, el hijo de Sopeo decidió «obedecer las órdenes de Sátiro, de entregarle todos sus bienes visibles valores inmobiliarios, pero cuando las sumas fueron depositadas a Pasión, no solamente negó su existencia, sino que se declaró deudor con él y con otros de sumas con intereses; en una palabra, emplear todos los medios que podían para convencer mejor a los agentes de Sátiro de que a él no le quedaba dinero».​


Convencidos estos últimos, el hijo de Sopeo quiso recuperar su dinero, pero Pasión negó que existiese dicho depósito, apoyándose en la múltiples declaraciones anteriores de su cliente que pretendían convencer a los enviados del rey del Bósforo de que era insolvente, y asegurarse de que no reconsiderase sus declaraciones en tanto que su padre estaría en una posición delicada respecto a Sátiro. Sin embargo, algún tiempo después, Sopeo fue liberado y volvió a tener el favor del rey Sátiro. Desde entonces su hijo tomó medidas para recuperar los siete talentos que le había sustraído Pasión. Este último, temiendo que su esclavo Kito revelara la malversación bajo tortura,​ eligió el contraataque: hizo desaparecer a Kito y acusó a su antiguo cliente de haberle robado seis talentos, con la complicidad de su prostatès Menexeno,​ sobornando a Kito, después de haber hecho suprimir este molesto testigo. Algún tiempo después, Menexeno descubrió que Kito trabajó siempre para su amo.



Desde entonces, Pasión no cesó de tergiversar, pretendiendo, para sustraer a Kito a la tortura, que le había manumitido (un hombre libre no podía ser torturado). Aceptó a continuación que fuera sometido a tortura pero cambió de opinión en el último momento. Después se volvió conciliador y propuso a su adversario un encuentro en un santuario. Llegado «a la Acrópolis, se cubrió para esconder su emoción, vertió lágrimas, dijo que sus problemas le habían forzado a negar su deuda, y que se esforzaría para devolver el dinero en el plazo más breve; suplicó a su adversario que le perdonara y le ayudara a esconder su desgracia, temiendo que se viera, recibiendo los depósitos, que había sido culpable de tal abuso de confianza».​ Redactó un contrato, cuando accedió a entregarse en secreto en el reino del Bósforo para pagar la cantidad debida, a fin de no perjudicar su reputación en Atenas. El contrato fue confiado a un tercero, con el encargo de destruirlo si Pasión lo ejecutaba o remitirlo a Sátiro en caso contrario. Pero poco después Pasión, logrando sobornar a los esclavos del depositario del contrato para falsificar el contenido, se negó a proceder según lo planeado con Sátiro y exigió que el contrato fuera abierto ante un testigo: en él estaba escrito que el hijo de Sopeo abandonaba la persecución de Pasión.


El juicio en el que el discurso fue pronunciado por Isócrates parece haber dado lugar a la absolución de Pasión, si se le juzgaba por su brillante carrera de banquero y por la falta de presentación de pruebas o el testimonio determinante del acusador. Sin embargo, la culpa de Pasión parece ser indudable, aunque algunos historiadores han dejado abierta esta posibilidad.​ Como subraya Raymond Bogaert, «la tentación era demasiado grande: el depósito comportaba varios talentos, la víctima era un extranjero, sin experiencia en el derecho ático; había declarado tener deudas con el banco».​


Antes de su muerte, probablemente en 371 a. C.,​ debilitado por la enfermedad (poco a poco se fue quedando ciego),​ Pasión dejó la gestión de sus negocios a su antiguo esclavo Formión, manumitido y en el que tenía plena confianza. Este último, a cambio, debía pagar, hasta que Pasicles fuera mayor de edad, un alquiler considerable a los dos hijos de Pasión, del orden de 100 minas por el banco y 60 minas por la fábrica de escudos. Además, Formión se comprometió a no abrir su propio banco, por miedo a no absorber con este establecimiento la clientela del banco de Pasión.​


A pesar de esta precaución, Pasión mostró su confianza y su amistad con su antiguo esclavo, dándole en testamento a su viuda Arquipa en matrimonio,​ (efectivo en 368 a. C.), así como una dote de cinco talentos.​ En el mismo documento, designaba a Formión (conjuntamente con un tal Nicocles) como tutor de su hijo menor, Pasicles.


El patrimonio de Pasión fue repartido en tres fases. La primera, a su muerte «bajo el arcontado de Disniqueto»​ (370/369 a. C.), en el curso del cual Apolodoro, el hijo mayor, recibió diversos bienes inmobiliarios (un dominio en el campo, una casa en la ciudad) y mobiliarios (copas y coronas de oro).​ Lo esencial debía permanecer teóricamente indiviso hasta la mayoría de edad de Pasicles, pero en 368 a. C. «ante la dilapidación de Apolodoro, que pensó que para sus gastos sólo tenía que acudir al fondo común, los tutores [sobre todo Formión] se reunieron en consejo; [...] viendo que la herencia iba a reducirse a nada, decidieron, en interés del menor, un reparto inmediato de toda ella, salvo los bienes que Formión había recibido en alquiler [el banco y la fábrica de escudos], y la mitad de la renta se atribuyó a Apolodoro».​ Una vez Pasicles alcanzó la mayoría de edad, en 364/363 a. C., se procedió a un tercero y último reparto: Apolodoro escogió la fábrica de escudos y dejó el banco, más lucrativo pero menos seguro, a su hermano.


Para cada una de las dos empresas se puso fin al arrendamiento de Formión, quien pudo abrir un nuevo banco a su nombre. Sin embargo, los dos hermanos prefirieron vivir como rentistas y hacer política,​ en vez de asumir la dirección de sus establecimientos respectivos, por lo que los alquilaron por un periodo de diez años a cuatro socios: Jenón, Eufreo, Eufrón y Calístrato.​ En esta época, estos cuatro personajes eran esclavos de Pasicles y de Apolodoro, lo que no fue aparentemente un obstáculo para el establecimiento de un contrato en su nombre con sus amos.​ Se trataba probablemente de antiguos empleados del banco de Pasión.​ Manumitidos algún tiempo después «en recompensa a sus servicios»,​ entregaron el banco a Pasicles al término del contrato de arrendamiento en 354/353 a. C., sin que se tenga constancia de si este último asumió la dirección o lo alquiló de nuevo por cien minas por año. Se sabe, sin embargo, gracias a un fragmento de Hipérides, que en 340 a. C. Pasicles y Formión se encontraban entre los 300 atenienses más ricos, en concreto entre los obligados a la trierarquía.


jueves, 9 de abril de 2020

HIPÉRIDES



Hipérides (Υπερείδης, Atenas, c. 389 a. C. - Peloponeso, 322 a. C.): político y orador ateniense, uno de los diez oradores áticos.




Discípulo de Platón e Isócrates, según una tradición nunca confirmada, fue un gran orador, político y abogado, que, entre otras muchas actividades, colaboró con Demóstenes en su oposición a la supremacía macedonia.


En el 343 a. C. denunció ante el pueblo a Filócrates, responsable de la paz del mismo nombre, por corrupción, pero Filócrates huyó antes del juicio por miedo a la más que probable sentencia desfavorable. 


Tras la derrota de Atenas en Queronea (338 a. C.), participó en la defensa de la ciudad por medio de su famoso y controvertido decreto por el cual se concedía la libertad a los esclavos y la amnistía a desterrados, así como otra serie de medias de carácter excepcional, encaminadas a enfrentar un eventual ataque de Filipo II, que, no obstante, nunca llegó a producirse. Murió asesinado por orden de Antípatro, regente de Grecia tras la muerte de Alejandro Magno, en castigo a su promoción de la Guerra Lamiaca, con el objeto de librar a Grecia y, especialmente, a su patria Atenas, del dominio macedonio.


Como orador fueron famosos sus discursos en memoria de los caídos en la mencionada Guerra Lamiaca (323 a. C.) y en defensa de la hetera Friné, acusada por Eutias, un galán desdeñado por ella, de haber hecho una sacrílega parodia de los misterios de la diosa Deméter, hecho castigado con la muerte; como no conseguía persuadir a los jueces, se cuenta que Hiperides desnudó el busto de la mujer ante ellos. Los jueces, sobrecogidos de temor religioso por el asombroso parecido de la hetera con la diosa Afrodita, decretaron su absolución.


En los años 2005 y 2008, se han publicado las editiones principes de dos discursos suyos identificados en el Palimpsesto de Arquímedes y de los que no se conocía prácticamente nada: el Contra Timandro y el Contra Diondas.​ Ambas obras arrojan nueva luz sobre la figura del orador y ofrecen datos y hechos histórico-sociales de la última mitad del siglo IV a. C. hasta ahora ignorados o escasamente documentados.


domingo, 8 de julio de 2018

HIPÉRIDES



 
Hipérides (Υπερείδης, Atenas, c. 389 a. C. - Peloponeso, 322 a. C.): político y orador ateniense, uno de los diez oradores áticos.
 
Discípulo de Platón e Isócrates, según una tradición nunca confirmada, fue un gran orador, político y abogado, que, entre otras muchas actividades, colaboró con Demóstenes en su oposición a la supremacía macedonia.
 
En el 343 a. C. denunció ante el pueblo a Filócrates, responsable de la paz del mismo nombre, por corrupción, pero Filócrates huyó antes del juicio por miedo a la más que probable sentencia desfavorable. Tras la derrota de Atenas en Queronea (338 a. C.), participó en la defensa de la ciudad por medio de su famoso y controvertido decreto por el cual se concedía la libertad a los esclavos y la amnistía a desterrados, así como otra serie de medias de carácter excepcional, encaminadas a enfrentar un eventual ataque de Filipo II, que, no obstante, nunca llegó a producirse. Murió asesinado por orden de Antípatro, regente de Grecia tras la muerte de Alejandro Magno, en castigo a su promoción de la Guerra Lamiaca, con el objeto de librar a Grecia y, especialmente, a su patria Atenas, del dominio macedonio.
 
Como orador fueron famosos sus discursos en memoria de los caídos en la mencionada Guerra Lamiaca (323 a. C.) y en defensa de la hetera Friné, acusada por Eutias, un galán desdeñado por ella, de haber hecho una sacrílega parodia de los misterios de la diosa Deméter, hecho castigado con la muerte; como no conseguía persuadir a los jueces, se cuenta que Hiperides desnudó el busto de la mujer ante ellos. Los jueces, sobrecogidos de temor religioso por el asombroso parecido de la hetera con la diosa Afrodita, decretaron su absolución.


En los años 2005 y 2008, se han publicado las editiones principes de dos discursos suyos identificados en el Palimpsesto de Arquímedes y de los que no se conocía prácticamente nada: el Contra Timandro y el Contra Diondas. Ambas obras arrojan nueva luz sobre la figura del orador y ofrecen datos y hechos histórico-sociales de la última mitad del siglo IV a. C. hasta ahora ignorados o escasamente documentados.

sábado, 9 de septiembre de 2017

DÍDIMO DE ALEJANDRÍA


Dídimo de Alejandría (en latín, Didymus Chalcenterus; en griego, Δίδυμος χαλκέντερος, esto es, Didymos chalkenteros, «Dídimo tripas de bronce»), h. 63 a. C. - 10 d. C., fue un erudito y gramático griego helenístico.​ Este sabio alejandrino, de prolífica producción, floreció en la época de Cicerón y Octavio Augusto. Para él, todas las características de la gramática griega podían encontrarse fácilmente en el latín. Siguió el sistema estoico de las clases de palabras, en el que el artículo y los pronombres personales iban en una sola clase gramatical, por lo que no le extrañó la falta de la forma correspondiente al artículo griego en la clasificación que hizo del latín.
 
Perteneció a la escuela fundada por Aristarco de Samotracia en Alejandría, en la que también enseñó. Apodado Chalkenteros ("Tripas de bronce") y Bibliolathas ("Olvidalibros"), este último por las contradicciones ocasionales debidas a los olvidos de lo que había dicho en obras anteriores.
 
Su importancia para la historia de la literatura reside principalmente en la compilación que realizó de las obras críticas y exegéticas de eruditos anteriores.
 
Más que un investigador original, fue un editor de temas misceláneos y un trasmisor de conocimientos que, de no ser por él, se hubieran perdido. Algunos escritores posteriores lo criticaron, por ejemplo, Harpocratión.

Erudito infatigable y de grandes conocimientos, se dice que escribió entre 3.500 y 4.000 obras.
 
Obras:

1. Realizó un estudio de la recensión que hizo Aristarco del texto homérico, comparando distintas copias y analizando los comentarios y tratados especializados de aquél. Sus conclusiones, Demóstenes, Hipérides y Dinarco.
Gran parte del material más antiguo que aparece entre los escolios sobre Píndaro, Sófocles, Eurípides y Aristófanes proviene en último término de Dídimo.

3. Lexicografía: Léxeis tragikaí y Léxeis kōmikaí ("expresiones trágicas" y "expresiones cómicas"). Ambas colecciones se convirtieron en fuente de gran valor para los escoliastas, por ejemplo, Hesiquio de Alejandría. Sobre expresiones corruptas, Sobre expresiones de significado dudoso, Expresiones metafóricas y Sobre los proverbios, fuente principal de las obras de los paremiógrafos que han llegado a nuestras manos.

4. Gramática: Sobre ortografía, Sobre la analogía entre los romanos y Sobre la flexión.

5. Literatura y antigüedades: Sobre los poetas líricos, Xénē historia (sobre mitos y leyendas), Miscelánea de poemas simposíacos (Symmikta symposiaka), Sobre los axones de Solón, obras sobre la muerte de Eneas, el lugar de nacimiento de Homero, etc., y una polémica contra Cicerón, República, que fue contestada por Suetonio. Aunque esta última quizá perteneciera a su homónimo Claudio Dídimo.


miércoles, 19 de julio de 2017

DINARCO

Dinarco, (Δείναρχος, Corinto, ca. 361 a. C. - ca. 291 a. C.) fue el último de los diez oradores áticos, hijo de Sóstrato (o, según la enciclopedia bizantina Suda, de Sócrates). En lo concerniente a los aspectos generales de su vida, dependemos de la obra de Dionisio de Halicarnaso: Sobre Dinarco, cap. 2, 3 y 9. Dinarco nació en Corinto, pero se marchó a Atenas para estudiar retórica con Teofrasto.
 
A partir de 336/365 trabajó siempre con mucho éxito como logógrafo—un escritor de discursos para los tribunales. Al ser extranjero residente en Atenas (meteco), no pudo desarrollar una carrera política ni tampoco le estuvo permitido hablar directamente en los tribunales.
 
Tras la Guerra Lamiaca y con los grandes oradores de la época, Demóstenes e Hipérides, ya fallecidos, Dinarco se quedó solo y ejerció la supremacía en esa actividad tan lucrativa.
Durante el gobierno de su amigo y protector Demetrio de Falero, alcanzó su máximo encumbramiento y los años 317-317 fueron los más prósperos de su vida. En la caída de Demetrio Faléreo en (307/306) y la restauración de la democracia por Demetrio Poliorcetes, Dinarco, sospechoso por su riqueza y quizá aún más por su amistad con "los que abolieron la democracia" , fue condenado a muerte y tuvo que exiliarse a Calcis en Eubea.
 
Dionisio conocía 87 de los discursos atribuidos a Dinarco y de 60 de ellos confirmó su autoría. Sólo poseemos tres considerados auténticos por los especialistas: Contra Demóstenes, Contra Aristogitón, y Contra Filocles, todos ellos relacionados con las investigaciones de la desaparición del dinero depositado en Atenas para Hárpalo en (324/323 adC) por el Areópago, el cual después de consultar, informó que nueve hombres habían recibido sobornos de Hárpalo, (el tesorero fugitivo de Alejandro), y designó fiscales para el caso. Dinarco escribió para uno o más de los fiscales los tres discursos antedichos.
 
Tres discursos incluidos en la lista de Dionisio de Halicarnaso se encuentran en el corpus de Demóstenes (Orationes 45, 46 y 58), pero los especialistas no creen que puedan atribuirse a Dinarco.
 
Las simpatías de Dinarco fueron en favor de una oligarquía ateniense bajo control macedonio; pero ello podría recordar que él no era ciudadano ateniense.
Esquines y Démades no lo tuvieron como excusa.
 
En el asunto de Hárpalo, Demóstenes era sin duda inocente, y, probablemente, fue otro de los acusados. Sin embargo, Hipérides, el más ardiente patriota, estuvo del mismo lado que Dinarco.
 
Bajo la regencia de su viejo maestro, Demetrio de Falero, Dinarco ejerció gran influencia política. Dinarco señala el declive de la oratoria ática. Demostró ser poco original excepto en una cierta habilidad para el uso de metáforas nueva. Imitó a sus precedesores, sobre todo a Demóstenes (Hermógenes, Id.ii.11 lo llama krítinos Dēmosthénēs, "un Demóstenes de bagatela"), pero no desarrolló un estilo propio.
 
Conocía la técnica de la composición en prosa y dominaba todos los trucos del oficio de orador.
 
Fue competente hasta cierto punto, pero su obra es descuidada y falta de gusto.
 
El orden de sus discursos resulta incoherente. Sus frases son largas y sin forma, de algunas figuras retóricas, e.g. epanalepsis y asíndeton, hace un uso desmesurado, y su invectiva es tan sumamente exagerada que pierde todo su significado.
 
Sobre el 292, gracias a las negociaciones de su amigo Teofrasto, pudo regresar a Atenas. Ya prácticamente ciego, se quedó a vivir en casa de su amigo Próxeno, a quien al poco tiempo denunció para recuperar un dinero que se le había extraviado en la casa, la única vez que Dinarco estuvo en los tribunales. Éste es el último dato de su vida que conocemos.


Dinarco murió en Atenas hacia el 291 a C.