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sábado, 29 de junio de 2019

AURELIA COTTA, MADRE DEL JOVEN CAYO JULIO CÉSAR, DICE A SILA



Yo no veo en él a ningún Mario. Deberías haber dicho que ves en él muchos Silas. Hubiera sido más exacto; porque no se parece en nada a Mario y, sin embargo, muchas veces es igual a ti.


martes, 9 de abril de 2019

REPROCHE DE AURELIA COTTA AL DICTADOR LUCIO CORNELIO SILA POR NO CONCEDERLE EL PERDÓN DE SU HIJO CAYO JULIO CÉSAR



Una vez lloré por ti. Y te gustó. Ahora siento ganas de volver a llorar por ti; pero no te agradarán esas lágrimas. Porque son de aflicción al ver el final de un gran hombre; pues ahora me doy cuenta de que eres un hombre que ha caído tan bajo que quieres vengarte de niños. La hija de Cinna tiene doce años, y mi hijo dieciocho. ¡Son unos niños!. Sin embargo la viuda de Cinna se pasea por Roma con toda impunidad porque se ha casado con otro, y ese otro es de los tuyos. La hija de Cinna está en la pobreza, sin poder marcharse del país: otra niña. Mientras que la viuda de Cinna, que no es ninguna niña, medra como nunca. Claro que las hijas de Cinna son pelirrojas. ¿Es de una de ella esa peluca que llevas en la cabeza?.




sábado, 23 de marzo de 2019

CAVILACIONES DE AURELIA COTTA SOBRE SU JOVEN HIJO, EL FLAMEN DIALIS CAYO JULIO CÉSAR



Una persona excelente; obra mía y de nadie más. Aunque tiene muchas buenas cualidades, dista mucho de ser perfecto. No es tan simpático, tolerante o afectuoso como su padre, a pesar de que se parece a él. Y a mí también. Y es extraordinario en muy diversas cosas. Acude a donde haga falta en el edificio, y es capaz de arreglar lo que sea: tuberías, tejas, escayolas, persianas, desagües, pinturas, madera... ¡Y hay que ver cómo ha mejorado los frenos y cabrias del viejo inventor!. Sabe escribir en hebreo y en medo y habla doce lenguas, gracias a la fantástica diversidad de inquilinos. Ya de niño era famoso en el campo de Marte, como me jura Lucio Decumio. Nada, monta a caballo y corre como el viento. Y escribe poemas como los de Ennio y obras de teatro tan buenas como las de Plauto; aunque, como madre suya, no debería decirlo. Y, según me dice Marco Antonio Cnifo, no tiene rival en las clases de retórica. ¿Cómo lo dice Cnifo?. Ah, sí, que mi hijo puede conmover a las piedras y enfurecer a las montañas. Sabe de leyes y puede leer cualquier cosa de corrido por abstrusa que sea la escritura. Y no hay nadie en Roma capaz de eso; ni el prodigioso Marco Tulio Cicerón. ¡Y hay que ver cómo le persiguen las mujeres!. Por todo el Subura. El cree que no lo sé y que pienso que es casto y aguarda a casarse. Bueno, mejor así. Los hombres son seres extraños en lo que respecta a esa parte que denota su virilidad. Pero no es que mi hijo sea perfecto, sino que es un superdotado. Tiene un carácter extraño, aunque lo oculte; y en muchos aspectos es egoísta y poco sensible a los sentimientos y necesidades de los demás. En cuanto a su obsesión por la limpieza, me complace mucho, pero no la ha heredado de mí; se niega a mirar a una mujer si no acaba de salir del baño, y creo que hasta debe examinarlas de pies a cabeza y entre los dedos de los pies. ¡En el Subura!. De todos modos, como tantas le desean, la higiene ha aumentado entre la población femenina desde que cumplió los catorce años. ¡Qué animalito precoz!.  Yo solía pensar que mi esposo recurría durante sus largas ausencias a las mujeres de los sitios por donde andaba, pero él me confesó que jamás lo hacía y que esperaba a regresar a casa; y no había cosa que más detestara en él, porque me cargaba con un sentimiento de culpabilidad. Mi hijo no hará eso con su esposa; espero que ella aprecie esa suerte.





martes, 6 de noviembre de 2018

sábado, 17 de febrero de 2018

CARTA DE MARCO LIVIO DRUSO A QUINTO SERVILIO CEPIO PROPONIÉNDOLE CASARSE ÉL CON SU HIJA Y EL HIJO DE ÉL CON SU HERMANA, TRAS SER RECHAZADOS LOS DOS COMO PRETENDIENTES POR PARTE DE AURELIA COTTA ( MADRE DEL FUTURO CAYO JULIO CÉSAR)



Tenía diecinueve años al morir mi padre el censor, quien me dejó en herencia no sólo sus bienes, sino también el cargo de paterfamilias. Quizá por suerte, la única carga molesta fue mi hermana de trece años, por ser huérfana de padre y madre. En aquel entonces, mi madre Cornelia se ofreció a admitir a mi hermana en su casa, pero, naturalmente, yo me negué. Aunque no hubo divorcio, sé que conocéis la frialdad que existía entre mis padres y que llegó a su punto culminante cuando mi padre dispuso que mi hermano fuese adoptado. Mi madre siempre le quiso más que a mi y, al convertirse en Marco Emilio Lépido Liviano, alegó que era muy joven y fue a vivir con él en el nuevo hogar, en donde, efectivamente, encontró una clase de vida mucho más libre y licenciosa de la que habría tenido bajo el techo de mi padre. Os refresco la memoria en estas cosas por pundonor, pues considero mancillado mi honor por la conducta vil y egoísta de mi madre.

 

Me enorgullezco de haber criado a mi hermana Livia Drusa como corresponde a su alta posición. Tiene ahora dieciocho años y está en edad casadera. Igual que yo mismo, Quinto Servilio, con mis veinticinco años. Sé que existe la costumbre de aguardar hasta pasados los veinticinco años para casarse y sé que hay muchos que prefieren esperar hasta entrar en el Senado, pero yo no puedo. Soy el paterfamilias y el único Livio Druso varón que queda de mi generación. Mi hermano Mamerco Emilio Lépido Liviano ya no puede reclamar sus derechos al nombre de Livio Druso ni a heredar parte de la fortuna. Por consiguiente, me incumbe a mí el casarme y procrear, si bien al morir mi padre había decidido esperar hasta que mi hermana tuviese edad para casarse.

 
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Por consiguiente, Quinto Servilio, desearía, como cabeza de familia, proponeros una alianza matrimonial a vos, cabeza de vuestra familia. Por cierto, no he considerado oportuno hablar de este asunto con mi tío Publio Rutilio Rufo. Aunque nada tengo contra él como marido de mi tía Livia y padre de sus hijos, no creo tampoco que su sangre y su carácter tengan suficiente categoría como para que su consejo cuente. Por ejemplo, hace poco llegó a mis oídos que había convencido a Marco Aurelio Cota para que permitiese a su hijastra Aurelia elegir esposo por si misma. Difícil es imaginar actitud más antirromana. Y naturalmente, ella eligió a un guapo mozo llamado Julio César, un muchacho débil y pobre que nunca llegará a nada.

 

Al decidir esperar a mi hermana, pensé que evitaba a mi futura esposa la responsabilidad de acogerla en su casa y corresponder a su conducta. No veo virtud alguna en transmitir las tareas de uno a quienes no puede esperarse que las desempeñen con igual esmero.

 

Lo que os propongo, Quinto Servilio, es que consintáis en darme en matrimonio a vuestra hija, Servilia Cepionis, y permitáis que vuestro hijo Quinto Servilio se case con mi hermana Livia Drusa. Es una solución ideal para ambas familias. Nuestros lazos conyugales se remontan a muchas generaciones y tanto mi hermana como vuestra hija tienen dotes iguales, lo cual significa que no habrá dinero que cambie de manos, una ventaja en estos tiempos de escasez monetaria.

 

Os ruego me comuniquéis vuestra decisión.

 



RESPUESTA DE QUINTO SERVILIO CEPIO, TENIENDO EN CUENTA LA INMENSA FORTUNA DE LOS LIVIOS DRUSO (AL IGUAL QUE SU ALCURNIA):

Mi apreciado Marco Livio, estoy encantado. Tenéis mi permiso para hacer todos los preparativos.

ESCULTURA QUE REPRESENTA
 EL MATRIMONIO ROMANO


viernes, 10 de noviembre de 2017

CRIANZA Y EDUCACIÓN DE UN JOVENCÍSIMO CAYO JULIO CÉSAR


 

Después de una infancia que suponemos feliz y libre de cuidados, nuestro joven César encañó en un adolescente espigado y rubiasco, despabilado y simpático, con la cara llena de granos, y una libido quizá algo excesiva. Tenía quince años cuando quedó huérfano de padre. El noble Cayo falleció de repente, fulminado por un infarto cuando estaba atándose un zapato. El muchacho había quedado huérfano en muy mala edad pero la prudente Aurelia, matrona romana de las antiguas, discreta, voluntariosa e inteligente, supo hacer de padre y de madre para dar a su hijos (César tenía una hermana) la esmerada educación que los nobles vástagos requerían. 
AURELIA COTTA ( MADRE DE CAYO JULIO CÉSAR )
SEGÚN UN DIBUJO DE COLLEEN McCULLOUGH

César recibió una sólida formación griega y latina con los mejores profesores y completó sus estudios en el extranjero, en Rodas y Atenas, que eran las ciudades universitarias más prestigiosas de su tiempo. Mientras aprendía argucias retóricas y se ensayaba en el espléndido estilo literario que admiramos en sus obras, se ejercitaba al aire libre y adquiría la forma física que en su madurez le permitiría compartir, sin esfuerzo aparente, las marchas y privaciones de sus soldados.

( Juan Eslava Galán en "Julio César, el hombre que pudo reinar")



sábado, 9 de septiembre de 2017

COSUCIA, SUPUESTA PRIMERA ESPOSA DE CÉSAR


Cosucia (en latín, Cossutia; fl. Siglo I a. C.) fue una noble romana.
 
No se sabe nada de su familia, tan sólo que formaba parte de la gens Cosucia, una familia de la nobleza ecuestre de Roma y probablemente originaria de Corinto. Según Suetonio estuvo prometida a Julio César en 82 a. C., mientras éste llevaba la toga pretexta.​ La repudió un año más tarde para casarse con Cornelia, hija de Lucio Cornelio Cinna, cónsul en 87 a. C.​
 
Esa primera esposa en realidad fue una maniobra de Aurelia Cotta, madre de Cayo Julio César, para evitar que su hijo ingresara en el sacerdocio de Jupíter a lo que le obligaba su tío Cayo Mario, ya que el matrimonio era algo incompatible con tan alto sacerdocio. La madre lo hizo para que su hijo tuviera el camino despejado en su carrera política.
 
Las fuentes modernas difieren sobre su relación con César. Algunos eruditos, como Ludwig Friedrich Otto Baumgarten-Crusius, Napoleon III, Merrivale, James Anthony Froude, Dodge, Warde Fowler, Ernest Gottlieb Sihler, y John Carew Rolfe. mantienen que nunca estuvo casada con él. En cambio, el francés Nicolas Bouillet la coloca como primera esposa, antes de Cornelia, Pompeya y Calpurnia. Plutarco no menciona a Cosucia en los textos que nos han llegado, pero quizá la nombrara como una de las esposas de César.​










miércoles, 30 de agosto de 2017

EL SACRILEGIO DE LA FIESTA DE LA DAMIA EN HONOR A LA DIOSA BONA DEA, POR PARTE DE PUBLIO CLODIO


Existía en Roma una curiosa fiesta, llamada las Damia, de remotos orígenes, probable pervivencia de cultos matriarcales paleolíticos a la Bonna Dea, que reunía durante toda una noche a muchas matronas en la casa de un magistrado cum imperio. Aquel año le había tocado a Julio César y por lo tanto su esposa Pompeya oficiaba como anfitriona. El culto era eminentemente femenino y requería que todos los moradores masculinos abandonaran la casa. El escándalo estalló cuando las celebrantes descubrieron que se había colado un hombre disfrazado de tañedora de arpa. Al principio se pensó que se trataba tan sólo de un curioso que pretendía asistir a sus ritos, pero después de las primeras averiguaciones resultó que lo que el sacrilego pretendía era encontrarse a solas con una dama de la que estaba encaprichado. Una vez dentro de la mansión no daba con la mujer que buscaba y tuvo que preguntar por ella a una criada. Lo hizo atiplando la voz, pero a pesar de ello su interlocutora sospechó que se trataba de un hombre y lo delató.

 

Cuando se extendió la noticia, las mujeres elevaron tal clamor que se conmocionó todo el barrio. La madre de César, la prudente Aurelia, tomó las disposiciones oportunas, como persona de más autoridad: suspendió la fiesta y despidió a las celebrantes.

 

A la mañana siguiente, en Roma no se hablaba de otra cosa. El intruso era un tal Publio Clodio. Se rumoreaba que la dama que iba buscando era Pompeya, la esposa de Julio César. Es posible que César hubiese querido echar tierra al asunto y olvidarlo, pero sus enemigos en el Senado se encargaron de airearlo cuanto les fue posible. Después de discutirlo en solemne sesión, decidieron que se había producido un sacrilegio y ordenaron una encuesta oficial. César, en vista del cariz que tomaban los acontecimientos, repudió a su esposa.

 

Publio  Clodio fue procesado dos meses después. Presentó testigos dispuestos a jurar que cuando ocurrieron los hechos se hallaba con ellos, lejos de la fiesta. Por otra parte las mujeres no estaban seguras de que el hombre descubierto en la fiesta fuera Clodio. Titubeaba el jurado cuando Cicerón desarmó la defensa del acusado revelando que el día de autos el presunto culpable se había entrevistado con él en Roma y por lo tanto mentía cuando aseguraba que se hallaba lejos de la ciudad.

 

Nuevas deliberaciones del jurado y finalmente compareció Julio César, al que preguntaron: « ¿Por qué has repudiado a tu mujer?» . Fue en esta ocasión cuando pronunció aquellas palabras tan repetidas por los políticos de nuestro tiempo: « La esposa de César no sólo debe ser honesta, sino que debe parecerlo» .

 

Deliberó el jurado y emitió su voto. Veinticinco condenatorios; treinta y uno absolutorios. « Éstos son los que se han dejado sobornar por el acusado» , observó Cicerón, al que no se le escapaba un detalle en cuestiones legales. Pero con soborno o sin él, Clodio resultó absuelto.

( Juan Eslava Galán, en "Julio César, el hombre que pudo reinar" )



jueves, 23 de febrero de 2017

EL CÓNSUL LUCIO AURELIO COTTA


Lucio Aurelio Cota (en latín clásico: LVCIVS·AVRELIVS·COTTA) fue un cónsul romano, tío materno del dictador Julio César, perteneciente a la familia noble de los Aurelii Cotta, hermano de los cónsules Gayo Aurelio Cotta, y Marco Aurelio Cotta.
 
Como pretor electo en el año 70 a. C., Cotta impulsó una ley (lex Aurelia judiciaria) que reformaba las listas de jurados. A través de esta ley, estos no se formarían exclusivamente por senadores como había estipulado Lucio Cornelio Sila, sino que estarían formados por senadores, equites y tribuni aerarii.
 
Un tercio de los jurados serían senadores, y dos tercios hombres procedentes del ordo equester, la mitad de los cuales tenían que ser tribuni aerarii. En el año 66 a. C. Cotta y Lucio Manlio Torcuato acusaron de soborno electoral a los cónsules electos para el año siguiente; (Publio Cornelio Sila y Publio Autronio Peto). Sila y Peto fueron condenados y Cotta y Torcuato ocuparon sus puestos. Apenas habían entrado en su consulado, Publio Autronio Peto participó en la primera conjuración de Catilina para matar a los cónsules y a la mayoría de los senadores, conspiración que fue descubierta y frustrada.
 
El año después de su consulado, 64 a. C., fue elegido censor, pero junto a su colega abdicó del cargo por culpa de la manipulación de los tribunos de la plebe.
 
En el año 63 a. C., tras la represión de la Conspiración de Lucio Sergio Catilina, Cotta propuso ante la plebe que se legislara un día de acción de gracias (supplicatio) para Marco Tulio Cicerón por los servicios prestados, y cuando el orador partió hacia el exilio, apoyó en el Senado la moción por el regreso del orador, dejando la ley de Clodio sin validez.
 
Posteriormente Lucio se unió a Cayo Julio César, cuya madre Aurelia era su pariente y, esperando que éste recibiera el título de rey de Roma, escribió en sus libros que el Imperio Parto sólo podría ser derrotado por un rey, pues en ese entonces era quindecemviro. Las intenciones de Cotta no se pudieron realizar debido al asesinato de César y, a su muerte, se retiró de la vida pública.



jueves, 16 de febrero de 2017

LA MUJER DEL CÉSAR HA DE ESTAR POR ENCIMA DE TODA SOSPECHA



En el tribunal que juzgaba a Publio Clodio por supuesta violación de una vestal, este alegó ser inocente y presentó testigos que juraron que en la noche del festival religioso de las mujeres en casa de César, había estado con ellos en el campo. Entonces, irritado, Cicerón citó a Julio como testigo, para que apoyara las declaraciones de Aurelia, su madre, que es la que había hecho la denuncia; pero César declaró enfáticamente que no sabía nada del caso. El fiscal le preguntó entonces amablemente, que dadas las circunstancias, por qué se había divorciado de Pompeya, a lo cual él replicó poniendo cara inocente, con la frase que habría de hacerse famosa: —Mi esposa ha de estar por encima de toda sospecha.



domingo, 7 de agosto de 2016