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domingo, 5 de mayo de 2019

MACARES



Macares (en griego, ο Μαχάρης: ο Μαχάρης; significa en persa: guerrero), (muerto 65 a. C.) fue un príncipe de Ponto, hijo del rey Mitrídates VI y de la reina Laodice.​ Fue hecho gobernante del Reino del Bósforo por su padre, después de que Mitrídates, por segunda vez, redujera ese país, tras una corta guerra con el romano L. Murena, en 80 a. C.

 

En 73 a. C., Mitrídates, después de su derrota por los romanos en Cícico, pidió socorros a Macares, de los que éste estaba bien provisto por entonces; pero dos años después, los repetidos desastres de la tercera guerra mitridática de Mitrídates fueron excesivos para la fidelidad de Macares, y envió una embajada al general romano Lúculo con un presente de una corona de oro, pidiendo ser admitido en términos de alianza con Roma.

 

 Esto fue fácilmente concedido por Lúculo, y como prueba de su sinceridad, Macares proporcionó el general romano suministros y asistencia en el asedio de Sinope. Pero cuando Mitrídates, después de su derrota por Pompeyo, adoptó la atrevida resolución de marchar con su ejército al Bósforo, y renovar el combate desde allí, Macares se sintió alarmado por las consecuencias de su deserción, y huyó a la ciudad de Quersoneso, donde poco después, desconfiando del perdón, se suicidó.

 

Dion Casio, por contrario, cuenta que Mitrídates le engañó con promesas de seguridad, y luego le dio muerte.


domingo, 7 de abril de 2019

SITIO DE ATENAS (86 A. C.)


El sitio de Atenas del año 86 a. C. tuvo lugar en la antigua Atenas, durante la primera guerra mitridática entre la República romana y el tirano de Atenas, aliado del Reino del Ponto. Las fuerzas romanas de Lucio Cornelio Sila derrotaron al ejército greco póntico, al mando de Aristion.
 
La invasión de Mitrídates, el rey del Ponto al Reino de Bitinia, aliado de Roma, y aún más, el asesinato de ciudadanos romanos en las vísperas asiáticas, generó una guerra abierta con Roma. Tras la derrota de Manio Aquilio, el Senado nombró a Lucio Cornelio Sila como comandante de la expedición del Ponto. Entre tanto, Mitrídates se había ganado a todas las ciudades griegas, para entonces sometidas a Roma, como aliadas suyas. Sin embargo, cuando Sila llegó, la mayoría de estas se pasaron a su bando, pero no así Atenas, en la que su tirano impuesto por Mitrídates, Aristion, no estaba dispuesto a capitular.
 
Rápidamente, Sila comenzó su marcha hacia Atenas, y cuando llegó, decidió sitiarla. Esto era un problema, pues los Muros Largos, que conectaban el puerto del Pireo y Atenas estaban en ruinas, por lo que tuvo que sitiar las dos ciudades por separado. Aristion decidió defender Atenas, mientras que el general póntico Arquelao prefirió defender el puerto del Pireo, cosa que era más fácil, pues sus compatriotas dominaban el mar y podía pedirles refuerzos cuando se le antojase. Además, tenía provisiones de sobra, mientras que en Atenas habían comenzado a escasear. Unos días después, Sila atacó el puerto del Pireo, pero fue rechazado, por lo que decidió construir máquinas de asedio de mayor resistencia. Sin embargo, en su siguiente ataque, a pesar de tomar las murallas, se encontró con que Arquelao había construido otras en el interior de la ciudad. Viendo que sería difícil acabar con Arquelao, Sila decidió concentrar sus esfuerzos en la toma de Atenas.
 
No tardó mucho tiempo Sila en enterarse de que sus opositores políticos en Roma habían tomado las riendas del poder, y que no lo iban a ayudar en su campaña aportándole, como él pensaba, dinero. Por ello, ordenó saquear todos los templos cercanos para tener dinero suficiente para continuar con su expedición. Dicen que una de las personas enviadas a hacerlo, se asustó debido a que cuando entró al templo oyó carcajadas, y que Sila le dijo que si escuchaba risas era porque estaban felices y no enojados. Mientras tanto, en Atenas, donde la escasez de comida era ya un serio problema, Aristion se volvía cada vez más impopular. El ataque de Sila se inició el 1 de marzo de 86 a. C., tras cinco meses de asedio.
 Lo realizó por un lugar en el que unos desertores enemigos le habían informado que era fácil de atacar. Las tropas de Sila no tardaron en entrar en la ciudad, y la saquearon. Aristion, tras quemar el Odeón, huyó con los suyos a la Acrópolis, donde se las arreglaron para tener provisiones durante algunas semanas. Durante ese mismo mes, Arquelao se retiró del Pireo, al verse rodeado por los romanos, para partir en busca de los refuerzos que Mitrídates le iba a enviar. Sila, para evitar la reunión de Arquelao con sus refuerzos, salió de Atenas con la mitad de su ejército, y le dejó a Curión la tarea de tomar la Acrópolis. Aunque, al principio Aristión y los suyos resistieron, al enterarse de la derrota póntica en Queronea, se rindieron y fueron ejecutados.
 
Así cayó Atenas el 1 de marzo de 86 a. C.. Ese mismo año, Sila aniquilaría a otras tropas pónticas en la batalla de Queronea, y al año siguiente haría lo mismo en la batalla de Orcómeno. Finalmente, Sila y Mitrídates VI se reunirían en 85 a. C. y firmarían el tratado de Dárdanos, concluyendo así la guerra.


lunes, 10 de diciembre de 2018

DISCURSO DE SILA EN EL SENADO EN SU ÚLTIMO DÍA COMO CÓNSUL



Si no fuera por mí, padres conscriptos, no existiríais. Puedo decirlo y lo digo. Si las leyes de Publio Sulpicio hubiesen permanecido inscritas en las tablillas, la plebe, ¡no ya el pueblo!, gobernaría ahora en Roma sin control alguno. El Senado sería otra reliquia con senadores insuficientes para alcanzar consenso. No se podrían dirigir recomendaciones a la plebe ni al pueblo, ni adoptar decisiones en asuntos que nosotros consideramos de estricta competencia senatorial. Así que, antes de que comencéis a llorar y gimotear respecto a la suerte de la plebe y del pueblo, antes de que comencéis a compadecer desaforadamente a la plebe y al pueblo, os sugiero que recordéis que este augusto organismo no existiría de no ser por mí.


Recordad también, que si queréis conservar el derecho a orientar y equilibrar el gobierno de Roma, debéis respaldar mis leyes. ¡Antes de soliviantaros, pensad en Roma!. Por el bien de Roma, debe haber paz en Italia. Por el bien de Roma, debéis hacer un ingente esfuerzo para encontrar la solución a los apuros financieros y devolver la prosperidad a Roma. No podemos concedemos el lujo de dejar que los tribunos de la plebe se subleven. ¡La situación que yo he establecido debe mantenerse! Sólo así se recobrará Roma. ¡No pueden consentirse las necedades de un Sulpicio!


Ya mañana después de la ceremonia de toma de posesión de los nuevos cónsules, me reuniré con mis legiones acampadas en Capua para marchar hacia la guerra contra Mitridates de cuyo mando me habéis otorgado, pero si vosotros y los nuevos consulares no respetáis mis leyes, preveo un riesgo muy serio de otra guerra civil, que hemos de evitar, y eso me preocupa mucho, no lo olvidéis. Gracias a todo y velad por Roma. ¡Viva Roma!. 


domingo, 2 de diciembre de 2018

CARTA DEL TIRANO DE ATENAS ARISTIÓN AL REY MITRÍDATES VI EUPATOR DEL PONTO



Nada nos detendrá ahora, oh poderoso Mitrídates, pues Atenas marcará el camino a Grecia. Inicié mi campaña hablando de la antigua hegemonía y riqueza de Atenas, porque en mi opinión la gente mayor piensa en la gloria del pasado con profunda nostalgia, y, por ello, es fácil seducirla con la promesa de un regreso a esos días gloriosos. Hablé en el ágora seis meses seguidos, venciendo poco a poco a la oposición y ganando prosélitos. Incluso convencí a mi público de que Cartago se había aliado con vos contra Roma, ¡y me creyeron!. ¡Qué lejanos los tiempos en que los atenienses eran el pueblo más culto del mundo! . Nadie sabía que Cartago fue totalmente arrasado por Roma hace casi cincuenta años. Increíble.
 
Escribo porque tengo el placer de comunicaros que acabo de ser elegido capitán militar de Atenas; escribo a mediados de Poseidón. Y me han concedido autoridad para elegir a mis colegas. Naturalmente, he elegido a hombres que creen firmemente que la salvación de nuestro mundo griego está en vuestras manos, gran rey, y que ansían ver el día en que aplastéis a Roma con vuestra bota leonina.
 
Atenas es totalmente mía, incluido el Pireo. Lamentablemente, los elementos romanos y mis enemigos jurados huyeron antes de que pudiera echarles la mano encima, pero los que han sido tan necios de quedarse -casi todos atenienses ricos que no acababan de creerse que pudieran Correr peligro- ya han perecido. He confiscado todas las propiedades de los desterrados y los muertos y he reunido un fondo para nuestra guerra contra Roma.
 
Lo que he prometido a mis electores lo cumpliré, tengo que cumplirlo, pero no entorpecerá vuestra campaña, oh gran rey. Les he prometido liberar la isla de Delos de los romanos. Es un emporio muy rentable, cuyas rentas mantuvieron la prosperidad ateniense en épocas de máxima hegemonía. A principios de Gamelio, mi amigo Apelicón (magnífico almirante y diestro general) organizará una expedición contra Delos. Es una manzana podrida y no opondrá resistencia.
 
Y eso es todo de momento, mi señor y dueño. La ciudad de Atenas es vuestra y el puerto del Pireo está abierto a vuestras naves siempre que lo necesitéis.

domingo, 25 de noviembre de 2018

MITRIDATES VI DEL PONTO EUPATOR ANUNCIA A SU CORTE DE SÍNOPE QUE DECLARA LA GUERRA A ROMA


Declaro la guerra contra Roma. Ya ha llegado la hora. No por decisión mía, y seguramente tampoco por decisión de ellos, sino provocada por tres delegados romanos codiciosos que sólo aspiran invadir mi reino para apoderarse de mi oro. Estoy decidido. Haré la guerra a Roma. El Ponto entrará en guerra. El Ponto dará una lección a Manio Aquilio y a Cayo Casio, esos codiciosos legados romanos que sólo ambicionan apoderarse de mis riquezas. El Ponto va a ser dueño de la provincia romana de Asia. Y el Ponto va a cruzar el Helesponto para irrumpir en Macedonia oriental y avanzar por la Via Egnatia hacia el oeste. El Ponto hará zarpar sus naves del Euxino rumbo al Egeo para extenderse hacia occidente. Hasta que Italia y Roma se sometieran a los ejércitos y flotas del Ponto.
 
El rey del Ponto será el rey de Roma, el soberano más poderoso de la historia, muchísimo más grande que Alejandro Magno. Mis hijos reinarán por todo el orbe en lugares tan remotos como Hispania y Mauritania, mis hijas serán reinas de todas las tierras desde Armenia hasta Numidia y la Galia Transalpina. Todos los tesoros del mundo serán del rey del mundo, todas las mujeres hermosas, ¡las tierras de todo el orbe!. Y mi yerno Tigranes de Armenia se quedará con el reino de los partos y se expansionara hacia la India y los misteriosos paises aún más lejanos, como Serica.