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sábado, 31 de diciembre de 2022

EL EMPERADOR MAGNO MÁXIMO



Magno Clemente Máximo (Latín: Magnus Maximus; Hispania, c. 335-40 - Aquileia, 28 de agosto de 388) fue un usurpador hispano-romano que gobernó en la pars occidentalis del Imperio romano desde 383 hasta su muerte.


Proclamado emperador en Britania por sus tropas, logró imponerse al augusto Graciano el Joven y gobernar Britania, Galia e Hispania desde Tréveris, siendo reconocido por Valentiniano II y Teodosio el Grande. En 386 marchó contra Valentiniano, que huyó a Oriente, y en cuyo favor intervino Teodosio. Derrotado en batalla, Máximo fue asesinado por sus propias tropas.


Es conocido como Maximiano y Macsen Wledig en las tradiciones de Gales.


ORÍGENES Y CARRERA MILITAR

Magno Máximo nació en Hispania (posiblemente en la provincia de Gallaecia, o quizás en la Tarraconense), en torno al año 340 d. C. Al parecer, procedía de una familia humilde emparentada de algún modo (por sangre o más bien por lazos de clientela) con el general hispano Teodosio el Viejo.


En 368 marchó junto a su patronus y Teodosio el Joven a Britania, para participar en la campaña que rechazó una invasión de varios pueblos bárbaros en la llamada por Amiano Marcelino, Conspiración Bárbara. Allí cimentaría buena parte de su prestigio personal al participar activamente en la campaña de un modo destacado pero desconocido en sus detalles. Durante estos años crearía fuertes lazos con la población britana.


Expulsados los bárbaros por Teodosio el Viejo, le acompañaría de nuevo en su campaña africana contra Firmo, participando activamente en la captura de algunos de los líderes rebeldes. Desconocemos su actuación ante la conjura palaciega que acabó con la ejecución de Teodosio el Viejo, pero tras la muerte de su patronus se retiró de la escena militar, al igual que Teodosio el Joven, aunque marcharía a Britania, en lugar de su Hispania natal. En 379, tras la batalla de Adrianópolis, el nuevo Emperador de Occidente Graciano nombró a Teodosio emperador en Oriente. En ese momento, Máximo quizás ocupaba ya el título de Dux o tal vez Comes Britanniae, donde habría llevado a cabo una magnífica labor en la lucha contra los piratas sajones y los pictos y attacotes.


TOMA DE LA PÚRPURA IMPERIAL

A finales de 382 o en la primavera del año 383 (en 381 según otras fuentes), en el territorio Attacotes al norte de la frontera, tras una aplastante victoria contra los pictos durante una ofensiva, sus soldados lo nombraron Emperador desembarcando poco después en la Galia para atacar a Graciano quien, tras algunas escaramuzas cerca de Lutetia Parisiorum (act. París), es abandonado en masa por su ejército tras la traición de su magister militum (y cónsul para aquel año) Merobaudes.


El lugar exacto del desembarco se discute. Geoffrey de Monmouth, menciona Armórica y esto ha hecho que algunos historiadores hayan enfocado sus búsquedas sobre Bretaña. Zósimo propone un desembarco en la desembocadura del Rin, lo que contradice a Geofrey de Monmouth, pero sin identificar ni el lugar exacto del desembarco, ni la ruta que siguió hasta París, donde derrotó a Graciano. Autores más modernos como Léon Fleuriot, un respetado historiador bretón, fallecido en 1987, propuso que Máximo, tras desembarcar en la desembocadura del Rhin, se encaminaría primero hacia la región de Maastricht para más tarde caer sobre París antes de conseguir la sumisión de Tréveris. Recientemente se ha propuesto como el lugar del desembarco en Saint-Valery-sur-Somme en la antigua Leuconos en la desembocadura del Somme.


Tras la deserción de su ejército que fue gradual pero casi total, Graciano huyó junto a su guardia personal de 300 jinetes alanos, pero fue alcanzado y asesinado en Lyon, con la supuesta connivencia del gobernador de la ciudad, por Andragatio, uno de los generales de Máximo. Tras su victoria, favorecida por la deserción de Merobaudes, general de Graciano, Máximo estableció su capital en Tréveris.



Muerto Graciano, Máximo trató de ejercer un protectorado sobre Valentiniano II, y compartir el poder con Teodosio, pero una embajada enviada por Justina, madre de Valentiniano II con Ambrosio de Milán, logró ganar tiempo y eludir las intenciones de Máximo.


En 384 Máximo, Teodosio y Valentiniano II pactaron en Verona un reparto del Imperio; Máximo se quedó con Britania, la Galia e Hispania, estableciendo su capital en Tréveris,Teodosio con Oriente y Valentiniano II con Italia, el Ilírico y África.


Aunque Máximo obtuvo del reconocimiento de Milán y Constantinopla, nunca gozó de gran simpatía dentro de la corte de Valentiniano II, y los enfrentamientos y maniobras políticas estaban a la orden del día. Justina, la madre de Valentiniano II siempre lo consideró un usurpador, mientras que Teodosio, si es que no estaba de acuerdo con Máximo, mantuvo, al menos temporalmente, actitud más templada, llegando a una especie de reconocimiento como se manifiesta en el hecho de que se llegó a acuñar moneda con su imagen e instalar estatuas suyas en algunas ciudades de oriente.


POLÍTICA RELIGIOSA

La política religiosa de Máximo se vio marcada por una pronunciada defensa del credo Niceno, establecido por el Concilio de Constantinopla de 381 d. C. El hecho más destacable de su política religiosa fue el proceso conocido como los Juicios de Treveris contra los priscilianistas que acabó con la ejecución del líder de la secta, Prisciliano, y de algunos de sus seguidores. A pesar de todo, Máximo mantuvo buenas y estrechas relaciones con la Iglesia, y únicamente se le ha reprochado su modo de resolver el asunto priscilianista, especialmente por parte del clero galo. Su enfrentamiento más duro fue con Ambrosio de Milán, quien además de censurar la ejecución de Prisciliano, defendía los intereses de Valentiniano II emperador en Milán. Destacan las excelentes relaciones con Martín de Tours, quien le visitaba con frecuencia entre otros motivos para interceder por Prisciliano y por aquellos que aún eran leales a Graciano y a quien Máximo siempre trató con respeto, hasta el punto de compartir mesa con él junto a su esposa en no pocas ocasiones.


GUERRA CONTRA TEODOSIO
En el año 387 d. C., aprovechando una invasión de los alamanes en Retia y respondiendo a una petición de ayuda por parte de la corte de Milán, Máximo ocupa lo territorios pertenecientes a Valentiniano II apropiándose así de toda la parte occidental del Imperio romano tras lo cual nombró a su joven hijo Flavio Víctor césar e intentó obtener el pleno reconocimiento de Teodosio. Éste, que acababa de enviudar de su mujer Aelia Flacila, recibió una jugosa oferta de la emperatriz Justina, que le ofreció a su hija Gala en matrimonio a Teodosio con la condición de que se enfrentara y derrotara a Máximo, que fue declarado usurpador. En el año 388 Valentiniano II desembarcó en Ostia tras eludir a la flota de Máximo mandada por Andragatio, mientras tanto el ejército de Teodosio atacaba a Máximo en el Ilírico, que este comenzaba a ocupar tímidamente la prefectrura de Ilírico. Tras las batallas de Siscia (Sisak) y Poetovio (Ptuj), Teodosio ocupa Emona (Liubliana) y obliga a Máximo a refugiarse en Aquilea, donde fue asesinado por sus soldados el 28 de julio o de agosto de 388 d. C. Su cabeza fue entregada a Teodosio y paseada por todas las provincias. Su hijo Flavio Víctor fue asesinado poco después por orden de Teodosio a manos de Argobasto.


BALANCE DE SU REINADO

En general, el gobierno de Máximo en Occidente no fue del todo negativo. Sabemos que recibió un panegírico, por desgracia perdido, obra de Quinto Aurelio Simmaco, y que muchos autores como Zósimo, Sulpicio Severo y Orosio, a pesar de tacharlo de tirano, le reconocen algunas virtudes. Sólo después de ser derrotado por Teodosio I se le convirtió en usurpador y por lo tanto receptor de los ataques de los panegiristas teodosianos quienes le criticarían con fuerza.


Su reinado se considera como el inicio del fin del dominio romano en Britania.


Su actuación ante un asunto religioso, el juicio a Prisciliano, fue quizás el aspecto negativo y por el que sus contemporáneos le censuraron acusándole de dejarse llevar por el consejo de obispos.


Desde el punto de vista administrativo, sabemos que creó al menos, dos nuevas provincias de rango presidial una en Galia (Máxima Sequania) y otra en Hispania, en laTarraconense. También mantuvo a salvo el limes de incursiones bárbaras, aunque al final de su reinado, mientras luchaba contra Teodosio tuvo lugar una invasión franca que sus generales, Quintinius y Nannienus por la traición de uno de ellos, no pudieron detener. Según Sulpicio Alejandro:


En aquellos tiempos, los francos que tenían como jefes a Genobaudo, Marcomir y Sunnon, entraron en Germania y cuando invadieron la frontera, provocaron grandes masacres, devastaron los países más fértiles y sembraron el pánico en Colonia. Cuando la noticia llega a Tréveris, Nannienus, y Quintiniu, jefes de la milicia, a quienes Máximo había dejado el cuidado de su hijo, que aún era un niño, y la defensa de las Galias, levantaron un ejército y se reunieron en Colonia. Pero los enemigos que tras haber saqueado las provincia iban cargados de botín, cruzaron el Rhin, dejando en el suelo romano numerosos préstamos que recoger. Los romanos se enfrentaron a ellos con facilidad y muchos francos fueron masacrados en el Bosque Carbonario.


En el aspecto económico creó una nueva moneda de oro el Tremis. En el aspecto negativo se le achaca el haber dejado casi sin guarnición Britania, de donde procedían sus tropas más fieles, iniciando así el proceso que culminaría su total abandono por parte de Roma en 409.


LEYENDA

Según la Historia de los reyes de Britania de Godofredo de Monmouth (base para muchas leyendas inglesas y galesas), fue Rey de Britania. De acuerdo con el relato delMabinogion Breuddwyd Macsen (El sueño de Macsen Wledig) la esposa de Máximo era la hija de un poderoso jefe britano de Segontium de la región de Caernarfon en el norte de Gales, conocida como Elen o Elen Luyddog (Elena, también conocida como Saint Helen of Caernarfon o Elen of the Host. A Máximo se le atribuye la iniciativa de la colonización de Bretaña que realizaría con los soldados que trajo desde Britania.


El destino de su familia nos es desconocido aunque parece cierto que además de su esposa e hijas le sobrevivió su madre, perdonadas por Teodosio, y es probable seguir el rastro de algunos de sus descendientes.


-Su hijo y colega en el trono Flavio Víctor fue asesinado por el general Arbogastes, poco después de su padre por orden de Teodosio.
-Su hermano Marcelino, que ya ocupaba algún puesto importante durante el gobierno de Graciano, sirvió a las órdenes de su hermano muriendo probablemente en alguna de las batallas libradas contra Teodosio.
-Su hija Severa nos es conocida por una inscripción de época altomedieval, procedente del Gales, llamada el Pilar de Eliseg, en ella Severa aparece como la esposa de Vortigern, Rey de los bretones. Sus descendientes darían lugar a la dinastía Gwerthernion, que gobernaría el reino de Powys en Gales.
-Otra de sus hijas, de nombre desconocido, fue esposa de Ennodius, procónsul Africae en 395.
-Su nieto, Petronio Máximo, fue otro emperador de trágico final, tras gobernar Roma durante 77 días, murió lapidado el 24 de mayo de 455.
-Entre otros posibles descendientes se encuentran Olibrio, emperador en 472, lo mismo que varios cónsules y obispos como San Enodio (obispo de Pavía en 514-21).
Sin embargo, aparte de Marcelino, de Flavio Víctor y de un tal comes Víctor, que podría ser un tío suyo, los otros nombres citados son sólo suposiciones gratuitas, pues no están comprobadas del todo históricamente, aunque buena parte se basa en tradiciones posteriores.


Otra leyenda dice que San Ilidio de Clermont curó a una de sus hijas que estaba endemoniada



viernes, 30 de diciembre de 2022

EL EMPERADOR GRACIANO







Flavio Graciano (359-383), emperador romano de Occidente (375-383). Era el hijo mayor del emperador de Occidente Valentiniano I y se convirtió en corregente junto con su padre en el 367 (cuando fue nombrado augusto). 



Después de la muerte de éste, en el 375, gobernó junto con su joven hermanastro Valentiniano II, con quien se repartió el Imperio de Occidente, entregándole Italia, África e Iliria. Firme partidario de la Iglesia cristiana, comenzó el proceso de disociación del Estado romano de la vieja religión pagana.

Rechazó el título de pontifex maximus (gran pontífice), tradicionalmente desempeñado por los emperadores, ordenó el traslado de la estatua de la diosa Victoria del edificio del Senado, y puso fin a la ayuda económica a los cultos paganos. Pasó la mayor parte de su reinado en la Galia, protegiendo las provincias occidentales contra las tribus germanas. 



En el 378, rechazó una invasión alamana de la Galia, cerca de la actual Colmar, y les obligó a regresar al otro lado del río Rin. En el 383, Magno Clemente Máximo, su comandante en Britania, se rebeló contra él y las legiones le proclamaron emperador. Abandonado por sus tropas, Graciano huyó a Lyon, donde le alcanzaron y asesinaron.






MONEDA QUE REPRESENTA AL EMPERADOR  GRACIANO Y LA DIOSA ROMA

miércoles, 11 de enero de 2017

DEL EMPERADOR JOVIANO A TEODOSIO, PASANDO POR VALENTINIANO I, VALENTE, GRACIANO, VALENTINIANO II, MAGNO MÁXIMO, Y EL INTRIGANTE OBISPO AMBROSIO

 
EMPERADOR JOVIANO

Durante la retirada, y con miras a su propia salvación en aquella hora de peligro, el Ejército nombró un sucesor entre sus oficiales. Y fue un tal Joviano a quien la suerte concedió el cumplir, como emperador, un solo acto, pero estúpido y vil: una paz presurosa, que concedía a los persas Armenia y Mesopotamia, como en pago de una victoria que aquéllos no habían alcanzado. Hecho lo cual, y antes de haber vuelto a la capital, Joviano enfermó y murió.
 
EMPERADOR JULIANO EL APÓSTATA
 EN UNA CONFERENCIA
Nuevamente se detuvo el Ejército para designar otro emperador y esa vez el elegido fue Valentiniano, un buen general, hijo de un cordelero de Panonia, a quien Juliano, dicen había destituido antes porque no quiso renegar de su fe cristiana. Espantado por las responsabilidades que, con el trono, se le echaban encima, Valentiniano se asoció a partes iguales con su hermano Valente, a quien dejó Constantinopla con las provincias orientales, quedándose con las occidentales, de las que Milán era ya capital. Corría el año 364 después de Jesucristo.
 
EMPERADOR VALENTE
Ambos hermanos tuvieron que enfrentarse en seguida con dos grandes problemas. Valente se halló ante la insurrección de Procopio que, único pariente de Juliano, se puso a la cabeza de algunos destacamentos en Capadocia haciéndose proclamar emperador. Fue derrotado, capturado y decapitado Valentiniano tuvo que habérselas con los germanos que, a la noticia de la muerte de Juliano, a quien le tenían un miedo atroz porque les había derrotado estrepitosamente, reanudaron sus violaciones de fronteras en la Galia. El emperador les cercó en el Rin y les aniquiló. Luego, mandó a Britania a su mejor general, Teodosio, quien restableció el orden dispersando a sajones y escoceses. Pero aquel buen soldado estuvo mal recompensado por los servicios que había prestado. Pues, enviado en seguida después a África para restaurar la paz, cayó víctima de las intrigas de algunos funcionarios malversadores que, con sus calumnias, le hicieron procesar por traición, condenar y decapitar.
 
EMPERADOR VALENTINIANO
Valentiniano, engañado a su vez, cometió ciertamente ese error de buena fe. No era hombre de mente esclarecida, pero tenía buen sentido común y un carácter firme y recto. Por desgracia, estaba sujeto a ataques de cólera y fue cuando estuvo presa de estos iracundos estremecimientos cuando cometió los dos mayores errores de su vida: la firma del veredicto condenatorio de Teodosio y su propia muerte. En efecto, se dejó fulminar por un síncope el día que cogió una imponente rabieta con los cuados que se habían rebelado contra él.

EMPERADOR GRACIANO

Estamos en noviembre del 375 después de Jesucristo. Mas, esta vez, la sucesión al trono estaba ya arreglada, porque Valentiniano se había asociado ocho años antes como colega a su hijo Graciano, a quien, a los quince años, dio por mujer a Constancia, de trece, hija póstuma de Constancio, cuya viuda había casado después con Procopio y que también enviudó de éste, pero con un hijo más: Valentiniano II. Sí, es un poco difícil, me doy cuenta, y por esto trataré de explicarme mejor.

EMPERADOR USURPADOR PROCOPIO

Valentiniano tenía, además del hermano Valente a quien le quedaba la mitad oriental del Imperio, un hijo llamado Graciano. Éste había casado con Constancia, hija del emperador Constancio. Su madre, Justina, casó después, al enviudar, con el usurpador Procopio, el cual le dio un hijo llamado Valentiniano, que era, por lo tanto, hermanastro de Constancia. ¿Está claro? Ahora bien, Justina, que era una mujer muy ambiciosa, se afanó e intrigó tanto que incitó a su consuegro Valentiano a asumir como colega no sólo a Graciano, sino también a Valentiniano, que entonces tenía cuatro años. De modo que, a la muerte del emperador, mientras en Constantinopla permanecía Valente, en Milán subía al trono el joven Graciano, tutor de Valentiniano II, con el que después había de compartir el poder.

EMPERADOR VALENTINIANO II

Era un mal momento, porque a la sazón estaban irrumpiendo desde Rusia aludes de bárbaros más terribles que todos los demás; los hunos. Habían establecido ya contacto con los godos, que el rey Hermanrico había reunido en una federación en los confines orientales del Imperio. Aterrorizados, éstos pidieron ser anexionados a Valente, prometiendo a cambio hacer de centinelas. Tras muchas vacilaciones, Valente aceptó, pero para arrepentirse en seguida, cuando vio aquellos nuevos súbditos, que oscilaban entre doscientos y trescientos mil, entregarse al bandidaje y al saqueo como era su costumbre. Él estaba a punto de volver a tomar las armas contra Persia. Tuvo que dejar a un lado el proyecto para acudir a Adrianópolis, donde habían llegado los pendencieros godos. En vez de aguardar a su sobrino Graciano, que, según se había convenido, bajaba del Norte para triturar al enemigo en una tenaza, Valente atacó en seguida, solo, y dejó todo el ejército en la contienda. Él mismo, herido, fue quemado vivo en la cabaña donde sus asistentes le habían resguardado.

EMPERADOR TEODOSIO Y OBISPO AMBROSIO

Graciano, al quedar solo, no se atrevió a atacar. Aun cuando sólo tenía veinte años, había demostrado ya ser un buen general. Pero a la sazón dio también pruebas de gran sensatez. Se retiró cautamente, reagrupando sus fuerzas para proteger Iliria e Italia. Luego, dándose cuenta de que no podía compartir la responsabilidad del Imperio con un niño como era su concuñado Valentiniano II, pensó en asociarse con un colega para Oriente. Con mucha sagacidad, eligió al general Teodosio, el hijo homónimo de aquel que Valentiniano hizo matar en África, y le confió el Imperio de Oriente. Pero, entretanto, había salido a escena otro y decisivo personaje: Ambrosio, obispo de Milán, que ahora todos los italianos, especialmente los lombardos, veneran como santo.

SAN AMBROSIO, OBISPO DE MILÁN

No era sacerdote y no provenía de un seminario. Era un bonísimo funcionario laico, que hasta 374 había sido gobernador de Liguria y de Emilia. Como tal había tenido que dirimir las controversias entre católicos y arríanos, que arreciaban también en aquella diócesis. Lo hizo tan bien, que a la muerte del obispo Ausencio, arriano también, fue aclamado como sucesor. A la sazón ni siquiera estaba bautizado, y la elección presentaba todo el cariz de una irregularidad. Pero Valentiniano II, que le tenía en gran estima, la confirmó. Y Ambrosio, en pocos días, recibió los sacramentos, las órdenes y el capelo episcopal.

OBISPO SAN AMBROSIO DE MILÁN

Y Graciano que, muerto su padre, se le confió plenamente, halló en él su más valioso colaborador. Obispo y soberano condujeron juntos la lucha contra el paganismo y la herejía arriana. Esta última, muerto Valente que había sido su prisionero, no tuvo ya defensores. Teodosio que tal vez debía en buena parte su nombramiento a Ambrosio, fue, en materia religiosa, un celoso ejecutor de sus órdenes. El paganismo estaba definitivamente enterrado. Y en el caso del cristianismo, era el catolicismo el que triunfaba. Por desgracia, las cosas no marcharon tan bien en el plano estrictamente político. Acusando a Graciano de ser, como hoy se diría, un democristiano bajo de techo y gazmoño, el gobernador de Britania, Magno Máximo, se rebeló contra él. El complot tenía ramificaciones hasta en la corte del joven emperador, que en aquel momento se hallaba en París y que fue apuñalado cuando trataba de escapar. Hipócritamente, Máximo deploró el incidente en una carta a Teodosio en la que le proponía dividir el Imperio en tres partes dejando a Valentiniano, bajo la tutela de su madre y de Ambrosio, Italia, y de confiarle a él, Máximo, las provincias occidentales.

MAGNO MÁXIMO

Teodosio era un hombre de bien, de reflejos lentos. Sus enemigos le llamaban «cagadudas», y tal vez, efectivamente, exageraba un poco en meditar las decisiones a tomar. El fin de su amigo y colega Graciano, a quien tanto debía, le indignó. Pero en las condiciones en que se encontraba entonces el Imperio con los godos en ebullición y los hunos y los persas a las puertas, una guerra le pareció una elección que tenía que descartar. Mandó una respuesta dilatoria y tergiversadora. Máximo la interpretó en sentido positivo. Y, olvidando la acusación de gazmoñería lanzada contra Graciano, desplegó gran celo en la lucha contra los heréticos para ganarse el favor de Ambrosio. Pese a los compromisos adquiridos con Valentiniano, pensaba con ansia en Italia, donde logró que se aceptase acantonar algunas de sus unidades más fieles con el pretexto de reforzar las guarniciones fronterizas, y todo hubiese acabado con otro regidicio si Justina, asustada, no se hubiese escapado a casa de Teodosio, llevándose consigo al hijo emperador y la hija, Gala, que, entre paréntesis, era un encanto de hijita.


Tan bella, que Teodosio, al verla, se prendó de golpe, y el amor hizo lo que el cálculo político no había podido, para impulsarle a castigar al usurpador. El encuentro entre los dos ejércitos tuvo lugar en Panonia. Y Máximo, derrotado, fue decapitado. Teodosio casó con Gala, acompañó a suegra y cuñadito a Milán, les hizo un rato de compañía, y también con este gesto estableció una especie de tutela del Imperio de Oriente sobre el de Occidente.


Entretanto, Ambrosio había continuado su lucha contra la herejía. Los arríanos, derrotados por Teodosio en Constantinopla, habían sido protegidos en Italia por Justina, que educó a Valentiniano según sus teorías. Y pidió que ahora se le concediese por lo menos una iglesia. Ambrosio contestó que no. Valentiniano le conminó al exilio. Ambrosio no se movió. Era un santo, sí, pero tenía un gran carácter. Inmediatamente después se produjeron otros señalados episodios. Los cristianos de Calinico incendiaron la sinagoga. Teodosio, todavía en Milán, ordenó que fuese reconstruida a expensas de los culpables. Ambrosio fue a pedir la revocación de la orden. Y, como no fue recibido, tomó pluma y tintero: Yo te escribo para que tú me escuches en tu palacio. De lo contrario, me haré escuchar en mi iglesia...


¿Qué había sucedido en el Mundo, que permitía a un sacerdote erigirse en juez del jefe supremo del Estado, del cual hasta aquel momento no era más que un simple funcionario? Tal fue la cólera de Teodosio que, de haber sido Valentinano II, hubiese fallecido también de un síncope. En cambio, calló y se doblegó. Poco después hubo de intervenir contra los de Tesalónica, que habían asesinado a las guardias, tras de haber detenido a un auriga, ídolo de los «hinchas». Lo hizo con mano un poco pesada, es verdad, mas esa vez no se trataba de cuestiones religiosas. Sin embargo, también en tal ocasión se insubordinó Ambrosio, habló desde el púlpito, se negó a entrevistarse con el emperador y le prohibió el acceso a la iglesia hasta que no le hubo pedido solemne y humildemente perdón. Era el triunfo del poder espiritual sobre el temporal, y para celebrarlo se compuso un himno ex profeso; el Te Deum laudamus.


El paganismo tuvo aún otro sobresalto con Argobasto, un condotíiero franco que le había permanecido fiel y que, bajo Graciano, prestó relevantes servicios al Imperio. A la sazón era jefe de la guardia de Valentiniano, pero despreciaba a aquel muchacho que se ponía de rodillas ante Ambrosio y le besaba el anillo. Un día el joven emperador fue hallado muerto en su cama. Argobasto dijo que se había suicidado, pero no usurpó su puesto. Se daba cuenta de que el Imperio romano, aunque en decadencia, no había llegado todavía hasta el punto de tolerar en el trono a un bárbaro como él. Y nombró a Flavio Eugenio, jefe de las oficinas civiles, algo así como canciller de Su Majestad, reservándose para sí el mando del Ejército.

FLAVIO EUGENIO

Tampoco esta vez Teodosio reaccionó en seguida. Al contrario, dejó pasar dos años antes de decidir el castigo. En ese período, Argobasto impuso a Eugenio una política que quería ser de tolerancia y equidistante de las dos religiones. Pero tuvo que darse cuenta de que el paganismo no resucitaba ni con inyecciones de adrenalina.


En 394, el emperador y el usurpador se declararon la guerra. Flavio y Argobasto, que esperaban al enemigo en Italia, sembraron los pasos de los Alpes con estatuas de Júpiter, que, armado de rayos de oro, hizo así su última aparición entre los hombres. Antes de partir, Teodosio había ido al desierto de Tebaida a visitar a un anacoreta que le había vaticinado la victoria. En suma, cada uno de los dos ejércitos había movilizado al propio Dios, y, en efecto, el encuentro estuvo resuelto por una especie de milagro meteorológico; un viento huracanado que, soplando en los ojos de los flavianos, casi les cegó. Júpiter, Argobasto y Eugenio fueron víctimas de la misma catástrofe. Pero los que les derrotaron en nombre de Jesús, aunque fuese bajo el mando del emperador romano, Teodosio, fueron sobre todos los godos paganos a las órdenes de Aladeo.

INVASIÓN DE LOS GODOS

Teodosio, llegado triunfador a Milán, murió de hidropesía en esta ciudad. El emperador romano no tenía aún cincuenta años y no había estado nunca en Roma, entonces ya al margen de la gran política. Había sido, no un grande, sino un buen soberano, leal y honrado, si bien un poco timorato y temeroso.


Dejó dos hijos: Arcadio, de dieciocho años, y Honorio, de once.