Bien, padres conscriptos, básicamente está todo
hecho. Era mi intención declarada
volver a poner a Roma en pie y decretar nuevas leyes que
correspondiesen a las
necesidades del mos maiorum. Y eso he hecho. Pero continuaré en el cargo de
dictador hasta julio, cuando
se celebrarán las elecciones para las magistraturas del año que viene. Ya lo
sabíais. Empero, creo que
algunos de vosotros os negáis a creer que un hombre dotado de tal poder se
avenga a cederlo. Por ello,
os repito que dejaré el cargo de dictador tras las elecciones de julio. Esto
significa que los magistrados
del año que viene serán los últimos elegidos personalmente por mí. En años
venideros habrá elecciones
libres, abiertas a cuantos candidatos se presenten. Hay quienes no han cesado
de desaprobar que el dictador
elija los magistrados y ponga únicamente a votación el mismo número de
nombres como cargos hay,
pero, como yo siempre he sostenido, el dictador debe trabajar con hombres que
estén dispuestos a apoyarle
incondicionalmente. No se puede confiar en que el electorado escoja a los
mejores, ni siquiera a los
que merecen y les corresponde el cargo por su categoría y experiencia. Así pues,
como dictador he podido tener
la seguridad de que me rodeaba de los que yo deseaba y para quienes el
cargo era un derecho moral y
ético. Como es el caso del ausente pontífice máximo, mi querido Quinto
Cecilio Metelo Pío, que sigue
gozando de mi favor y está ya camino de la Hispania Ulterior para enfrentarse
al criminal proscrito Quinto
Sertorio.
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
Mostrando entradas con la etiqueta MOS MAIORUM. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MOS MAIORUM. Mostrar todas las entradas
miércoles, 17 de julio de 2019
SILA ANUNCIA AL SENADO QUE DEJARÁ EL CARGO DE DICTADOR
domingo, 28 de abril de 2019
EL DICTADOR SILA DICE SOBRE FAVORECER A LOS PATRICIOS
Desde los siglos transcurridos
desde la primera sublevación plebeya, la categoría de patricio ha ido perdiendo
relevancia. La única ventaja que posee un patricio es que puede acceder a
cargos religiosos vedados a un plebeyo. Y no considero que esta situación
corresponda al mos maiorum tradicional. Los patricios proceden por limpio
linaje de la época anterior a los reyes; y el simple hecho de que existan
demuestra que sus familias han servido a Roma desde hace más de quinientos
años. Por lo tanto, creo que es justo a tenor de ello que los patricios gocen
de algún honor particular, secundario quizá, pero exclusivo. Por consiguiente,
voy a permitir que los patricios puedan acceder al cargo curul de pretor o
cónsul dos años antes que los plebeyos.
lunes, 22 de abril de 2019
CÉSAR OCTAVIO DICE SOBRE UN NUEVO MOS MAIORUM (LA MANERA ROMANA COMO SIEMPRE SE HABÍAN HECHO LAS COSAS -LA CONSTITUCIÓN ROMANA NO ESCRITA-)
Ahora es el momento para una
estructura política diferente, una más adecuada para gobernar un gran imperio.
¿Puedo yo, César Divi Filius, permitir verme secuestrado por un puñado de
hombres decididos a arrebatarme mi poder político?. Divus Julius permitió que
eso le ocurriese, tuvo que cruzar el Rubicón en un acto de rebeldía para
salvarse. Pero un buen mos maiorum nunca hubiese permitido que los Cato Uticenses,
los Marcelo y los Pompeyo empujasen a mi divino padre a estar fuera de la ley.
Un buen mos maiorum lo hubiese protegido, porque no había hecho nada que aquel
sapo orgulloso de Pompeyo Magno no hubiese hecho una docena de veces. Era el caso
clásico de una ley para ese hombre, Pompeyo, pero otra ley para aquel otro
hombre, César. A César se le había partido el corazón ante la mancha en su honor,
de la misma manera que se le había roto cuando la Novena y la Décima se
amotinaron. Ninguna de estas cosas hubiese ocurrido de haber mantenido un ojo
más atento y un mayor control, sobre todo, desde sus locos oponentes políticos hasta
sus inquietos parientes. ¡Bueno, eso no va a ocurrirme a mí!. Voy a cambiar el
mos maiorum y la manera de gobernar Roma para que se acomode a mí y a mis necesidades.
No me veré declarado fuera de la ley. No libraré una guerra civil. Lo que deba
hacer lo haré legalmente.
domingo, 18 de noviembre de 2018
DISCURSO DEL DICTADOR CÉSAR EN EL SENADO NEGÁNDOSE A ACEPTAR HONORES Y A SER REY DE ROMA
Honorable cónsul inferior, cónsules, pretores, ediles, tribunos de
la plebe y padres conscriptos del Senado, os he convocado para informaros de
que esos honores que insistís en otorgarme deben cesar de inmediato. Está bien
que el dictador de Roma reciba ciertos honores, pero únicamente los honores
apropiados para un hombre. ¡Un hombre!. Un miembro corriente de la gens humana,
no un dios ni un rey. Hoy algunos de vosotros me habéis presentado unos honores
que infringen nuestro mos maiorum y a nivel público me parecen
de extremado mal gusto. Nuestras leyes están grabadas en bronce, no en plata, y
de bronce deberán ser todas las leyes. Las vuestras eran de plata con
inscripciones de oro, dos metales preciosos que tienen otros usos mucho más
adecuados que las placas de leyes. He ordenado que las destruyan y que el metal
sea devuelto al Erario.
Padres conscriptos, quiero advertiros que estas señales ridículas
de adulación deben terminar. No las he pedido, no las deseo y no pienso
aceptarlas. Éste es mi dictado y será obedecido. ¡Esta Cámara no aprobará
ningún decreto que pueda interpretarse como un intento para coronarme rey de
Roma!. Tal título fue abrogado cuando nació la República, es un título
aborrecible. ¡Yo no necesito ser rey de Roma!. Soy el dictador de Roma,
legalmente nombrado, y eso es todo lo que voy a ser.
Y que lleve las botas escarlata de los reyes no quiere decir que
pretenda ser Rey de Roma. Las llevo sencillamente porque me abrigan más las
piernas. Como sacerdote de Júpiter Lacial, tengo derecho a llevar las botas
sacerdotales. Y no voy a aceptar falsas suposiciones sobre esta premisa.
Voy a ordenar al jefe de los lictores que se lleve a sus
hombres al colegio de lictores. Cuando los necesite se lo comunicaré. No puedo
despedir a los propios lictores es ilegal, pero si prescindir de ellos cuando
lo desee. No son las fasces ni quienes las portan quienes dan
poder a un magistrado curul. Ese poder reside en la lex curiata.
Hoy es un día laborable, así que id a atender vuestros asuntos. Pero recordad
lo que he dicho. En ninguna circunstancia aceptaré la idea de dirigir Roma como
rey. Rex es una palabra, nada más. César no necesita ser Rex. Ser César es
suficiente.
martes, 6 de noviembre de 2018
EL LEGADO SILA DICE AL CÓNSUL LUCIO JULIO CÉSAR SOBRE LA GUERRA MÁRSICA
Sé que venceremos.¡Créeme, Lucio Julio, venceremos! Mira, esto no
es como las elecciones. En las elecciones, los primeros votos son reflejo del
resultado final, pero en la guerra, la victoria es finalmente para el bando que
no cede. Los itálicos dicen que luchan por su libertad. A primera vista no
puede haber mejor motivación, pero no es así, porque es algo intangible, un
simple concepto, Lucio Julio, y nada más. Mientras que Roma lucha por su
supervivencia. Y por eso vencerá. Los itálicos no luchan a vida o muerte igual
que nosotros. Ya conocen una vida a la que están acostumbrados hace muchas
generaciones. Puede que no sea la ideal, que no sea la que desean; pero es
tangible. ¡Aguarda, Lucio Julio, y ya verás que cuando los itálicos se cansen
de luchar por un sueño, la situación se volverá en su contra!. Ellos no son una
entidad. No tienen una historia y una tradición como nosotros. ¡Carecen de mos
maiorum!. Roma es real. Italia es una entelequia.
¡Te digo que oigo aletear a la Victoria a nuestro alrededor!.
Haremos polvo a los itálicos. Pueden vencernos en una batalla o dos, pero no
pueden ganar la guerra. ¡No puede nadie!. Roma es Roma, poderosa y eterna. ¡Yo
creo en Roma!
domingo, 5 de julio de 2015
DISCURSO DEL DICTADOR CAYO JULIO CÉSAR EN EL SENADO, RECHAZANDO PROPUESTAS DE DIVERSOS HONORES Y LA OFERTA DE SER REY DE ROMA
Honorables
cónsules, pretores, ediles, tribunos de la plebe y padres conscriptos del
Senado, ¡no quiero ser Rey de Roma, ni nada parecido!. Os he convocado para informaros de que esos
honores que insistís en otorgarme deben cesar de inmediato. Está bien que el
dictador de Roma reciba ciertos honores, pero únicamente los honores apropiados
para un hombre. ¡Un hombre! Un miembro corriente de la gens humana,
no un dios ni un rey. Hoy algunos de vosotros me habéis presentado unos honores
que infringen nuestro mos maiorum y a nivel público me parecen de
extremado mal gusto. Nuestras leyes están grabadas en bronce, no en plata, y de
bronce deberán ser todas las leyes. Las vuestras eran de plata con
inscripciones de oro, dos metales preciosos que tienen otros usos mucho más adecuados
que las placas de leyes. He ordenado que las destruyan y que el metal sea
devuelto al Erario.
Padres
conscriptos, quiero advertiros que estas señales ridículas de adulación deben terminar.
No las he pedido, no las deseo y no pienso aceptarlas. Éste es mi dictado y
será obedecido. ¡Esta Cámara no aprobará ningún decreto que pueda interpretarse
como un intento para coronarme rey de Roma! Tal título fue abrogado cuando
nació la República, es un título aborrecible. ¡Yo no necesito ser rey de Roma!
Soy el dictador de Roma, legalmente nombrado, y eso es todo lo que voy a ser.
Eso
es todo lo que tenía que decir sobre la cuestión de los honores. Sin embargo,
para subrayar
mi intención, para demostraros a todos de forma concluyente que no soy más que
un hombre, un romano, y no deseo absolutamente nada más de lo que mi rango me
otorga, ahora mismo voy a despedir a mis veinticuatro lictores. Los reyes
necesitan guardaespaldas y los lictores de un magistrado curul representan el
equivalente republicano de los guardaespaldas. Por lo tanto, voy a desplazarme
a mis asuntos oficiales sin ellos siempre que esté dentro de un radio de dos kilómetros
de Roma.
Ya sé
que pensaréis que despedir a los propios lictores es ilegal. Pero no son las fasces
ni quienes las portan quienes dan poder a un magistrado curul. Ese poder
reside en la lex curiata. Hoy es un día laborable, así que id a atender
vuestros asuntos. Pero recordad lo que he dicho. En ninguna circunstancia
aceptaré la idea de dirigir Roma como rey. Rex es una palabra, nada más. César
no necesita ser Rex. Ser César es suficiente. Gracias.
sábado, 4 de julio de 2015
MARCO TULIO CICERÓN, DECÍA SOBRE EL DIFUNTO MARCO PORCIO CATÓN, EN SU LIBRO "EL CATÓN":
Catón
era el romano más noble que había existido, el servidor más leal y más firme de
la extinta República, el enemigo de todos los tiranos como César, el permanente
protector del mos maiorum, el héroe incluso en la muerte, el perfecto
marido y padre, el orador brillante, el frugal dueño de sus apetitos físicos,
el verdadero estoico hasta el final, y muchas cosas más.
jueves, 4 de junio de 2015
CÉSAR, COMO SILA, DICTADOR DE ROMA
¿César
o Sila?. En las balanzas de los dioses estaba cuál de los dos había pasado
mayores dificultades para alcanzar el lugar que por méritos corresponde al
Primer Hombre de Roma, el Primer Ciudadano de Roma. La diferencia era escasa:
un pelo, una fibra. Los dos se habían visto obligados a preservar su dignitas
-su parte de fama pública, de posición y valía marchando sobre
Roma. Los dos habían llegado a dictador, el único cargo por encima del proceso democrático
o exento de acusaciones futuras. La diferencia entre ellos estribaba en cómo se
habían comportado tras su nombramiento: Sila había proscrito, había llenado las
arcas vacías del tesoro matando a los comerciantes y senadores ricos y
confiscando sus bienes; César había preferido la clemencia, perdonaba a sus
enemigos y permitía a la mayoría de ellos conservar sus propiedades.
Los
boni habían forzado a César a marchar sobre Roma.
Con plena conciencia, con deliberación -e incluso con entusiasmo-, habían
empujado a Roma a una guerra civil por no conceder a César ni un ápice de lo
que habían dado a Pompeyo Magno a cambio de nada, a saber, el derecho a
presentarse a la elección a cónsul sin necesidad de aparecer en persona en la
ciudad. En cuanto un hombre con poderes cruzaba los límites sagrados de la
ciudad, perdía esos poderes y podía ser procesado en los tribunales. Y los boni
habían inducido a los tribunales a condenar a César por
traición en cuanto renunciara a los poderes de gobernador a fin de aspirar a un
segundo consulado, absolutamente legítimo. Había solicitado que le permitieran
presentarse in absentia,
una petición razonable, pero los boni lo
habían vetado y habían obstaculizado todos sus intentos por llegar a un
acuerdo. Cuando todo lo demás falló, César emuló a Sila y marchó sobre Roma. No
para conservar la cabeza, que nunca había corrido peligro. La sentencia en un
tribunal plagado de adláteres de los boni habría
sido el exilio perpetuo, un destino peor que la muerte.
¿Era
traición aprobar leyes que distribuían las tierras públicas de Roma de manera
más equitativa? ¿Traición, aprobar leyes para evitar que los gobernadores
expoliaran sus provincias? ¿Traición, trasladar las fronteras del mundo romano
a un límite natural a lo largo del río Rin y proteger así Italia y el Mare
Nostrum de los germanos? ¿Eran éstas traiciones? ¿Había traicionado
César a su país al aprobar estas leyes?
Para
los boni, sí, eso había hecho. ¿Por qué? ¿Cómo
era posible? Porque para los boni tales
leyes y medidas representaban una ofensa contra el mos
maiorum, el modo en que funcionaba Roma
según la tradición y las costumbres. Las leyes y medidas de César cambiaron lo
que Roma siempre había sido. Poco importaba que
los cambios fueran por el bien común, por la seguridad de Roma,
por la felicidad y prosperidad no sólo de todos los romanos sino también de los
súbditos de las provincias: no eran leyes y medidas en consonancia con las
costumbres arraigadas, las costumbres que habían sido apropiadas para una
pequeña ciudad situada en las rutas de la sal de la Italia central hacía
seiscientos años. ¿Por qué no se daban cuenta los boni
de que las antiguas costumbres
no eran ya útiles para la única gran potencia al oeste del río Éufrates? Roma
había heredado todo el mundo occidental, y sin embargo algunos de sus
gobernantes vivían aún en los tiempos de la inicial ciudad-estado.
Para
los boni, el cambio era el enemigo, y César era
el más brillante servidor del enemigo que jamás había existido. Como Catón
solía proclamar desde la tribuna del Foro romano, César era la encarnación de
la más pura maldad. Y todo porque César tenía una mente lo bastante lúcida y perspicaz
para saber que a menos que se produjeran los cambios adecuados, Roma perecería,
acabaría envuelta en hediondos andrajos sólo apropiados para un leproso.
Así
que allí, en aquella nave, estaba
el dictador César, soberano del mundo. Él, que nunca había deseado nada más que
lo que le pertenecía: ser elegido legítimo cónsul por segunda vez diez años
después de su primer consulado, tal como estipulaba la lex
Genucia. Después de ese segundo consulado, planeaba convertirse en
un anciano hombre de estado más sensato y eficiente que aquel individuo
vacilante y timorato, Cicerón. Aceptar una misión senatorial de vez en cuando para
mandar un ejército al servicio de Roma como sólo César sabía hacerlo. Pero
¿terminar gobernando el mundo? Ésa era una tragedia digna de Esquilo o
Sófocles.
LOS SOBORNOS POLÍTICOS EN ROMA
Era
cosa frecuente entre los más ricos comprar políticos ( senadores, tribunos de
la plebe, etc..) para que procuraran por sus intereses, a cambio de importantes
sumas de dinero .Una de las normas más rigurosas de la conducta política romana
era el código que gobernaba a aquellos que aceptaban sobornos. Una vez que se
compraba a un hombre, comprado quedaba. Porque el deshonor no estaba en que lo
compraran, sino en no permanecer comprado. En la antigua Roma, un hombre que
aceptaba un soborno y luego faltaba a su palabra se convertía en un marginado
social de entonces en adelante.
sábado, 24 de enero de 2015
BREVE CARTA DE LUCIO CORNELIO SILA, A CNEO POMPEYO MAGNO
Me
apena, Cneo Pompeyo, verme obligado por decisión del Senado a enviarte a tu primo
Rufo en estas circunstancias. Nadie aprecia mejor que yo los numerosos
servicios que has rendido a Roma. Y nadie sabe mejor que yo que puedes rendirle
a Roma otro gran servicio de indecible importancia para nuestras carreras.
Nuestro
mutuo colega, Quinto Pompeyo, es un hombre muy afectado. Desde la muerte de su
hijo -mi yerno y padre de mis dos nietos- nuestro pobre amigo ha experimentado
un alarmante decaimiento. Como su presencia en Roma es un grave inconveniente,
me he visto obligado a enviarle fuera. Sucede que no se aviene a aprobar las
medidas que me he visto obligado - obligado, repito- a adoptar en defensa del mos
maiorum.
Como
sé, Cneo Pompeyo, que tú apruebas plenamente estas medidas, dado que te he mantenido
informado y nos hemos comunicado asiduamente, considero muy sinceramente que Quinto
Pompeyo necesita urgentemente un prolongado descanso. Y espero que lo tenga ahí
en Umbría a tu lado.
Espero
que me perdones por haberle contado a Quinto Pompeyo tus fervientes deseos de ser
relevado del mando antes de licenciar a tus tropas. Para él ha sido un desahogo
saber que le recibirías con los brazos abiertos.
( C.
McC. )
miércoles, 31 de diciembre de 2014
REFLEXIÓN DE LUCIO CORNELIO SILA EXPUESTA A LUCIO JULIO CÉSAR SOBRE LAS REVUELTAS ITÁLICAS CONTRA ROMA
Sé
que venceremos. ¡Créeme, Lucio Julio, venceremos! Mira, esto no es como las elecciones.
En las elecciones, los primeros votos son reflejo del resultado final, pero en
la guerra, la victoria es finalmente para el bando que no cede. Los itálicos
dicen que luchan por su libertad. A primera vista no puede haber mejor
motivación, pero no es así, porque es algo intangible, un simple concepto,
Lucio Julio, y nada más. Mientras que Roma lucha por su supervivencia. Y por
eso vencerá. Los itálicos no luchan a vida o muerte igual que nosotros. Ya
conocen una vida a la que están acostumbrados hace muchas generaciones. Puede
que no sea la ideal, que no sea la que desean; pero es tangible. ¡Aguarda, Lucio
Julio, y ya verás que cuando los itálicos se cansen de luchar por un sueño, la
situación se volverá en su contra! Ellos no son una entidad. No tienen una
historia y una tradición como nosotros. ¡Carecen de mos maiorum! Roma es
real. Italia es una entelequia.
jueves, 11 de diciembre de 2014
GUERRA CIVIL ENTRE LOS CONSULARES SILA Y CARBÓN
Sila propugnaba
el mos maiorum, aquellas costumbres ancestrales consagradas por la tradición
que designaban a la aristocracia terrateniente como dirigente tanto en la paz
como en la guerra, mientras que Carbón era partidario de la hegemonía del comercio
y los negocios, de la gestión de los caballeros y de los tribuni aerarii. Como
ninguno de los dos bandos se avenía a compartir el poder, uno de los dos había
de obtener la hegemonía mediante otra guerra civil de romanos contra romanos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








.jpg)

.jpg)
.jpg)