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miércoles, 15 de febrero de 2023

POMPEYA (ESPOSA DE JULIO CÉSAR)

Pompeya (fl. siglo I a. C.), fue la segunda o tercera esposa de Julio César, era hija de Quinto Pompeyo Rufo, un antiguo cónsul, y de Cornelia, hija del dictador romano Lucio Cornelio Sila. Era una mujer hermosa y encantadora pero tal vez no muy inteligente.

 

César se casó con ella en 68 a. C., después de haber ejercido las funciones de cuestor en Hispania, y tras la muerte de su primera esposa, Cornelia, el año anterior.​ César era el sobrino de Cayo Mario mientras que Cornelia era la hija de Lucio Cornelio Cinna. Mario y Cinna, jefes de los populares, habían sido derrotados durante la guerra civil entre Mario y Sila (88-87 a. C.) y la guerra civil entre Cinna y Sila (82-81 a. C.). El matrimonio de César con una nieta de Sila, que le había sin embargo proscrito en su juventud, marca tal vez su voluntad de aceptar la nueva situación política romana.

En 63 a. C., César fue elegido pontífice máximo (es decir, sumo pontífice de la religión romana), lo que le daba derecho a residir en la domus publica, residencia oficial en la Vía Sacra.​ En esta casa, Pompeya acogió las fiestas de la Bona Dea (en español, la Buena Diosa), una antigua diosa romana, en cuya fiesta anual estaba prohibida toda presencia masculina. Sin embargo un joven patricio, Publio Clodio Pulcro, consiguió introducirse en la casa, disfrazado de mujer, aparentemente con el propósito de seducir a Pompeya. Fue desenmascarado y perseguido por profanación. César no aportó ninguna prueba contra Clodio durante el juicio, y este fue absuelto. Sin embargo César se divorció de Pompeya, aduciendo: «Mi esposa debe estar por encima de toda sospecha».​ Esta cita de César ha pasado a ser famosa con la siguiente forma: «La esposa de César no solo debe ser honesta, sino parecerlo».


lunes, 2 de mayo de 2022

CÉSAR RETRATA A CLEOPATRA

En cuanto a Cleopatra, mi honor y seguridad vinieron, por obra de las circunstancias, a estar comprometidos con los de ella. Por cierto que Cleopatra me encantaba y aún me encanta. Es una mujer de energía y ambiciones inmensas, extremadamente inteligente, osada y sin piedad. En estos aspectos me recuerda a Fulvia, que estuvo casada con Clodio y es ahora la mujer de Antonio. Pero Cleopatra tiene una especie de gracia y encanto femeninos y sinuosos que le faltan a Fulvia. De las dos mujeres, Antonio indudablemente preferiría a la reina de Egipto. Y por cierto que, después de haberla conocido recientemente en Roma (creo que permanecerá aquí aún unos días más), Antonio me habló de ella con extraordinario entusiasmo y me expresó la envidia que me tenía por el dominio que aún ejerzo sobre ella. Personalmente sé que ese dominio me viene, ante todo, de mi posición de poder. Cleopatra me lo debe todo, y sólo yo puedo garantizarle la posesión de lo que tiene. Si Antonio se hallara en mi lugar ella bien pronto le dedicaría su afecto y (ésta es una cualidad bastante encantadora de ella) se persuadiría de que ese cambio de sus sentimientos era sincero y desinteresado. Probablemente esto no sería bueno para Antonio, a quien lo domina demasiado fácilmente la pasión, y podría verse inducido por ella a obrar contra las mejores decisiones de su juicio. Y no es que piense que ella no sienta afecto por mí. Es más aún, hasta es posible que me ame en la medida en que es capaz de amar a alguien. Yo la complací de muchas maneras y no poco con el hecho de que la comprendo. Cleopatra puede ser honesta conmigo, puesto que no me escandalizan ni me sorprenden sus pensamientos y planes. Y para ella constituye un alivio poder ser de vez en cuando honesta. Está también orgullosa de haberme dado un hijo, y yo le he permitido que llame al niño Cesarión; pero en estas cosas no puede esperarse que las mujeres sean del todo honestas y creo que sólo el tiempo habrá de indicar si el niño es mío o no. Probablemente lo sea, pero también es posible que sea hijo de Apolodoro el Siciliano, que fue fiel amigo de Cleopatra y, según imagino, también su amante.









sábado, 5 de septiembre de 2020

CÉSAR DICE SOBRE EL LIDERAZGO DEL EJÉRCITO



(...)  ...de pronto me vi frente a una situación que no esperaba y frente a la cual, según confío, nunca me volveré a encontrar. Logré vencerla en parte, creo, a causa de mi larga experiencia en la política, que me había enseñado que la gente agrupada está la mayoría de las veces fuera del alcance de toda razón. Un rumor no confirmado, una falsa insinuación, una promesa que nunca se cumple, puede, al suscitar una clase especial de emoción fácilmente comunicable, privar hasta a las personas inteligentes de la capacidad para considerar una situación o proposición por sus propios méritos. Entonces no existe ninguna razón capaz de hacerles recobrar el sentido, sino sólo una apariencia de razón, dirigida a impedir una persuasión lógica, que puede sustituir una emoción por otra. Por regla general, la estructura y la disciplina de un ejército constituyen barreras eficaces a estos estallidos de irresponsables sentimientos, tan comunes en los civiles cuando se hallan reunidos en multitud. Pero cuando, por cualquier causa, un ejército pierde su cohesión interna, cuando los soldados comienzan a pensar como si fueran civiles, entonces la situación puede llegar a ser mucho peor de lo que solemos encontrar en el foro. En las Galias recordé muy bien en aquellos momentos lo que Clodio me dijo sobre el ejército de su cuñado Lúculo, en cuya desintegración el propio Clodio desempeñó un importante y deshonroso papel. Lúculo era uno de los mejores generales que tuvimos. En mi juventud siempre lo atacaba porque había sido amigo de Sila y podía convertirse en enemigo mío; pero aun así no podía dejar de reconocer su genio militar. Conquistó el este más rápidamente y con menos tropas que Pompeyo. Y en un momento que debería haber sido la culminación de sus victoriosos avances, los soldados se le sublevaron. Me complace pensar que mi propia acción en Roma contra Lúculo, que emprendí por razones puramente políticas, no tuvo efecto alguno en el hecho de que desertaran tan desdichadamente las tropas de aquel gran general. Sin embargo, ha de reconocerse que Lúculo, a pesar de su grandísima habilidad, no merecía la devoción de los soldados. No existía el menor lazo entre él y sus hombres. Lúculo era -como habría dicho Mario- un aristócrata; y no era -en el sentido que yo doy a la palabra- un dios.




martes, 3 de diciembre de 2019

FULVIA FLACA BAMBALIA



Fulvia (77 a. C.-40 a. C.) fue una dama romana que vivió en el siglo I a. C. Fue la primera mujer no mitológica en aparecer retratada en las monedas romanas. Según Plutarco, Fulvia no tenía ningún interés en las labores del hilado, ni en el hogar ni en un marido que no tuviera como objetivo la vida pública. Quería gobernar, tenía ansias de poder y deseaba ser comandante en jefe. Habría de ser recordada en la historia de la República romana tardía por su ambición y su actividad política. El historiador afirmó que la reina Cleopatra VII de Egipto estaba en deuda con ella por haber enseñado a Marco Antonio a obedecer la autoridad de una mujer.
 
Fulvia nació como Fulvia Flaca Bambalia (Fulvia Flacca Bambalia), aunque también se la conoce como Fulvia Bambalia (Fulvia Bambalia). Nació y creció ya sea en Roma o Tusculum, Italia. Fulvia era miembro de los Flaco (Flacci), rama de la gens Fulvia que provenía de Tusculum. De familia plebeya, varios miembros lograron ser cónsules y se habían convertido en senadores. Fulvia fue el único descendiente directo de Marco Fulvio Flaco Bambalio y Sempronia Graca. Su padre recibió el apodo Bambalio debido a la vacilación en su discurso. Su abuelo paterno era Marco Fulvio Flaco (cónsul 125 a. C.), que había sido un aliado de los políticos Tiberio Graco y Cayo Graco.
 
Sus abuelos maternos eran el célebre Cayo Graco y Licinia Crasa. A través de su abuelo materno era también sobrina nieta de Tiberio Graco, descendientes abuelo y tío abuelo del general romano Escipión el Africano, y del general romano Lucio Emilio Paulo Macedónico. A través de su abuela materna era descendiente de la gens Licinia y de la gens Claudia. Cuando su madre murió en 63 a. C. Fulvia heredó la gran fortuna de los Graco. Su padre aún vivía cuando ella se casó con Publio Clodio Pulcro.
 
Su primer esposo fue Publio Clodio Pulcro, un demagogo político, famoso por causar inestabilidad en los asuntos internos de Roma, a menudo involucrado en conspiraciones y que recurría a la violencia. Se dice que Fulvia apoyó financieramente la carrera de su marido e inspiró la mayoría de sus acciones. Fulvia le dio una hija llamada Claudia. Durante este período, la joven Fulvia se vio metida en una serie de intrigas y conspiraciones.
 
Clodio actuó entonces contra Cicerón y Catón el Joven. A Marco Tulio Cicerón, sus propiedades le fueron confiscadas por orden de Clodio, su casa en el Palatino derribada, y su cargo puesto a la venta mediante subasta. La persecución de Cicerón era un asunto personal para Clodio. Tras la partida de César a las Galias, Clodio se convirtió en el dueño de Roma, con la ayuda de su banda personal, una de las muchas que actuaban en aquel momento en la ciudad. En el año 57 a. C., un tribuno propuso que se le permitiera la vuelta del exilio a Cicerón, por lo que Clodio recurrió a la violencia para impedir la aprobación de esta medida. Sus esfuerzos fueron no obstante frustrados por Tito Anio Milón, quien reunió una banda propia lo suficientemente fuerte como para controlar a la banda de Clodio. Furioso, Clodio atacó a los trabajadores que reconstruían la casa de Cicerón con dinero público, asaltando al propio Cicerón en la calle, y prendiendo fuego a la casa del hermano del orador, Quinto Tulio Cicerón. Aquí comienzan una serie de acontecimientos que enfrentan al marido de Fulvia con Milón y Cicerón.
 
Mientras Milón era candidato al consulado y Clodio aspiraba al proconsulado, ambos rivales reunieron sus bandas, que se enfrentaron en las calles de Roma. Finalmente, el 18 de enero del 52 a. C., Clodio fue asesinado cerca de Bovillae. Sus enfurecidos seguidores establecieron su pira funeraria en el propio edificio senatorial, dejando viuda a una ambiciosa Fulvia de veinticinco años, que pasaría a encabezar en la sombra la facción de su primer marido, acumulando rencor y vengándole tiempo después.
 
Su viudez no duró mucho. Pronto se casó con Cayo Escribonio Curio, un influyente y talentoso tribuno cuya defección a César, a cambio de un enorme soborno, cambió el equilibrio en favor de Julio César en su lucha con el Senado romano en 50 a. C. Con el estallido de la Guerra Civil, César confió en Curión para una expedición para conquistar África. Pero, mal informado sobre el ejército enemigo, sufrió una grave derrota frente al rey Juba I de Numidia en la que murió y sus tropas fueron aniquiladas (49 a. C.).
 
La propia carrera política de Fulvia se inició con su tercer matrimonio, con el futuro triunviro romano Marco Antonio. Plutarco escribió que ella necesitaba maridos con un activo político y el ambicioso Antonio estaba altamente cualificado. Como Publio Clodio Pulcro había hecho anteriormente, Marco Antonio estaba feliz de aceptar el dinero de Fulvia para impulsar su carrera. Antonio cambió el nombre de la antigua ciudad griega de Eunemia o Eumeneia a Fulvia, en honor a ella.
 
Fulvia y Antonio tuvieron dos hijos:

Marco Antonio Crético (47 a. C.-1 de agosto de 30 a. C.) y

Julio Antonio Crético (45 a. C.-2 a. C.).
 
A raíz del asesinato de Julio César el 15 de marzo de 44 a. C., Antonio formó el segundo triunvirato con Octavio (el futuro emperador Augusto) y Marco Emilio Lépido y se embarcó en una salvaje proscripción. Para solidificar la alianza política, Fulvia ofreció a su hija, Claudia, al joven Octaviano como esposa. Antonio persiguió y proscribió a sus enemigos políticos, principalmente a Marco Tulio Cicerón, que le había criticado abiertamente en las Filípicas. Fulvia exhibió la cabeza y las manos de Cicerón en el Foro, cortados por un centurión, Herenio (Herennius).
 
Fulvia estaba complacida al vengarse así de Marco Tulio Cicerón no sólo por Antonio, sino también por Publio Clodio Pulcro. Dión Casio describió la alegría con la que atravesó la lengua del muerto Cicerón con sus horquillas de oro, como una última venganza contra la "lengua" de Cicerón.
 
Sobre la muerte de Cicerón y lo que hizo Fulvia, esposa de Marco Antonio. (Extraído de Dión Casio; Historia romana; Editorial Gredos, Traducción de Juan Pedro Oliver Segura.):

“Y cuando les enviaron la cabeza de Cicerón (pues cuando huía fue apresado y degollado), Antonio, después de dirigirle muchos y desagradables improperios, ordenó que la colocaran en un lugar destacado, más visible que las demás, en la tribuna de oradores , allí desde donde había pronunciado tantas soflamas contra él, y allí se podía ver junto con su mano derecha, que le había sido amputada, y Fulvia cogió la cabeza con las manos, antes de que se la llevaran, y, enfurecida con ella y escupiéndole, la colocó sobre las rodillas y abriéndole la boca le arrancó la lengua y la atravesó con los pasadores que utilizaba para el pelo, al tiempo que se mofaba con muchas y crueles infamias.”
 
Poco después, tras el reparto de los triunviros, Antonio se fue a Egipto, donde se reunió con Cleopatra VII mientras Octaviano se quedaba en Italia reorganizándola. Estas acciones causaron disturbios políticos y sociales. Fulvia recibió el divorcio de Octaviano y Claudia como un insulto a su familia y decidió actuar. Junto con Lucio Antonio, el hermano de Marco Antonio, reunió ocho legiones en Italia para luchar por los derechos de Antonio contra Octavio.
 
El ejército resistió en la Roma ocupada por un corto tiempo, pero finalmente se retiró a Perusia (la actual Perugia). Sitiados por las tropas de Octavio y hambrientos, Fulvia y Lucio Antonio se rindieron, en el invierno de 41 a. C. - 40 a. C. Fulvia fue exiliada a Sición (Sicyon), donde falleció de una enfermedad repentina, mientras Antonio se dirigía a reunirse con ella. Aún no tenía cuarenta años.
 
Su muerte abrió una esperanza de conciliación para Octavio y Antonio. Ahora el viudo de Fulvia se casó con la única hermana del triunviro Octavio, Octavia. El destino de la hija de Fulvia después de su divorcio se desconoce. Su hijo Antilo fue decapitado por Octaviano en Alejandría¨en 30 a. C.


domingo, 16 de junio de 2019

CLODIA



Clodia fue una dama patricia romana, nacida en 95 a. C., tercera hija del patricio Apio Claudio Pulcro y Cecilia Metela y hermana de Publio Clodio Pulcro.
 
Como las mujeres de clase alta de su época, Clodia recibió buena educación en Griego y en Filosofía, con un talento especial para escribir poesía. Su vida, inmortalizada en los escritos de Cicerón y también, según creencia general, en los poemas de Catulo, fue caracterizada por unos continuos escándalos.
 
Junto con su hermano Publio Clodio Pulcro, se cambió el nombre patricio Claudia al de Clodia, de connotación plebeya.
 
Clodia se casó con Lúculo y se divorció en 66 a. C. tras una disputa entre éste y su hermano Publio, y después con su primo Quinto Cecilio Metelo Céler. El matrimonio no fue feliz.
 
Clodia tuvo varias aventuras con hombres casados y esclavos, convirtiéndose al mismo tiempo en una famosa jugadora y bebedora. Las discusiones con Metelo Celer eran constantes, a menudo en público. Cuando Metelo Celer murió en extrañas circunstancias en 59 a. C., se sospechó que ella le había envenenado.
 
Como viuda, Clodia empezó a ser conocida como una mujer de vida alegre, tomando varios amantes, entre ellos posiblemente al poeta Catulo, quien perdería el favor de Clodia y, celoso y encolerizado, empezó a escribir contra Clodio. Pero fue otra de sus aventuras la que causó un tremendo escándalo, la que mantuvo con Marco Celio Rufo, el amigo de Catulo.
 
 Después de terminar la relación con Celio en 56 a. C., Clodia le acusó públicamente de intentar envenenarla. Hubo acusación de asesinato y un juicio. El defensor de Celio era Cicerón, que la trató muy duramente, (discurso Pro Caelio) ya que tenía un interés personal en el caso, porque su hermano Publio Clodio era su enemigo político más acérrimo.
 
 Entre otras cosas, Clodia fue acusada de ser una seductora y una borracha en Roma y en Baiae, así como de cometer incesto con su hermano Publio. La llamó una desgracia para su familia y la apodó Clodia la Medea del Palatino. Parece ser que el matrimonio de Cicerón con Terencia sufría por las sospechas persistentes de ésta de que Cicerón estaba teniendo una aventura con Clodia.
 
Quizás la palabra «celo» viene del enfrentamiento entre Celio y Cátulo. Es en este discurso de Cicerón donde se indica claramente su pertenencia a la gens Claudia, a través de su padre y su antecesor, Apio Claudio el Censor, responsable de la construcción de la Vía Apia.
 
Después del juicio de Celio, en el que éste fue encontrado no culpable, no se sabe nada o muy poco sobre Clodia, y se desconoce la fecha de su muerte. Debido a que las mujeres romanas no eran identificadas con nombres personalizados, hay cierta dificultad en identificarlas. Tal vez esta Clodia o una hermana estaba aún viva en 44 a. C.
El poeta Catulo escribió varios poemas de amor referentes a una mujer llamada Lesbia,​ identificada en la segunda mitad del siglo por el escritor Apuleyo (Apología 10) como una "Clodia". Esta práctica de sustituir nombres reales por unos con idéntico valor métrico era usual en la poesía latina de la época.
 
 La identificación de Lesbia con Clodia, basada sobre todo en el retrato que hizo de ella Cicerón, es un hecho aceptado, a pesar de detractores ocasionales.
 
La historiadora especializada en Roma, Suzanne Dixon, refiere un poderoso argumento no sólo contra la identificación de Clodia con Lesbia sino también sobre que 'Lesbia' se refería a una mujer real.
 
Existe una muy interesante versión sobre los amores de Clodia con su hermano y demás patricios romanos en un cuento de la colección Vidas imaginarias, de Marcel Schwob. Hay edición en español de la editorial Longseller.



domingo, 20 de enero de 2019

EL CÓNSUL LUCIO CALPURNIO PISÓN CESONINO



Lucio Calpurnio Pisón Cesonino (en latín, Lucius Calpurnius L. f. L. n. Piso Caesoninus) fue un político y militar romano del siglo I a. C., cónsul en 58 a. C. Fue suegro de Julio César. Cicerón lo describe de manera muy negativa en varios de sus escritos, pero como Pisón fue un enemigo político y personal del orador, no resulta tan atendible.
 
Nieto de Lucio Calpurnio Pisón Cesoniano, cónsul en el año 112 a. C., y biznieto de Lucio Calpurnio Pisón Cesoníno, cónsul de 148 a. C.
 
Fue mencionado por primera vez en 59 a. C., cuando fue llevado a juicio por el tribuno Publio Clodio por saquear una provincia que había administrado como propretor y fue absuelto con bastante dificultad.​ Al mismo año su hija Calpurnia se casó con Julio César y por la influencia de éste, Pisón consiguió el consulado para el año 58 a. C. junto con Aulo Gabinio, el candidato de Cneo Pompeyo.
 
Al comienzo del Primer Triunvirato, César había intentado atraerse a Cicerón, llegando incluso a ofrecerle el puesto de legado, pero al verse rechazado, decidió deshacerse de él por medio del tribuno Publio Clodio Pulcro, que era su enemigo mortal. En efecto, Clodio presentó en 58 a. C. la Lex de capite civis, dirigida contra todo magistrado que hubiera hecho ejecutar sin juicio a ciudadanos romanos. Esta ley afectaba a Cicerón, por la muerte de Catilina, y que tuvo que exiliarse y ver sus bienes confiscados.
 
Los dos cónsules de 58 a. C., Pisón y Aulo Gabinio, prestaron su apoyo a Clodio y se vieron recompensados al dejar el cargo, con los gobiernos de las provincias de Macedonia y Siria, respectivamente. Con este fin el tribuno presentó un proyecto de ley ante el pueblo en este sentido, aunque el Senado era el órgano constitucional para disponer de las provincias. Cicerón acusó a Pisón de transferir a su propia casa el botín de las viviendas expropiadas de Cicerón. La conducta de Pisón en apoyo de Clodio produjo un resentimiento extremo en la mente de Cicerón, como se demostró en muchas ocasiones posteriores.
 
Pisón gobernó Macedonia desde 57 a. C. hasta 56 a. C. donde cometió todo tipo de exacciones. En 56 a. C. el Senado romano decidió nombrar un sucesor y Pisón tuvo que renunciar y ceder el gobierno a Quinto Ancario en el año 55 a. C.. Cicerón (que había vuelto en 57 a. C.) aprovechó esta circunstancia para lanzar un virulento ataque contra él. El discurso que pronunció en esta ocasión ha llegado hasta nosotros (De Provinciis Consularibus), donde derrama un torrente de invectivas contra Pisón, acusándolo de todos los crímenes posibles en el gobierno de su provincia.
 
Pisón, a su regreso, en 55 a. C., se quejó ante el Senado de los ataques de Cicerón, y justificó la administración de su provincia, ante lo cual Cicerón reiteró sus acusaciones en un discurso (In Pisonem), en que retrata a su enemigo con las más selectas palabras de virulencia que la lengua latina podía proporcionar. Cicerón, sin embargo, no se atrevió a llevar a juicio al suegro de César.
 
En 50 a. C. Pisón fue censor junto con Apio Claudio Pulcro, y llevó a cabo esta magistratura, a petición de César.
 
Cuando estalló la segunda guerra civil, Pisón, que aún ocupaba el cargo de censor, se ofreció como mediador, pero el partido aristocrático no lo quiso escuchar. Pisón acompañó a Pompeyo en su huida de la ciudad, y aunque no fue con él hacia Grecia, todavía se mantuvo apartado de César. Cicerón en consecuencia lo elogió, y escribió a su amigo Ático, "Adoro a Pisón" Pisón posteriormente regresó a Roma, y aunque no tomó parte en la guerra civil, fue tratado con respeto por César.
 
Después de la muerte de César, en 44 a. C., insistió en que se llevaran a cabo sus disposiciones de manera estricta. Por un tiempo se opuso a Marco Antonio, pero luego fue uno de sus partidarios más entusiastas, y cuando éste fue a la Galia Cisalpina, hacia finales de año, para proseguir la guerra contra Décimo Bruto, Pisón permaneció en Roma, para defender su causa y promover sus puntos de vista.
 
A principios del año siguiente, 43 a. C., fue uno de los embajadores enviados a Antonio en Módena. Después de este hecho su nombre no vuelve a aparecer en los anales.
 
Se le atribuye la máxima : «Fiat justitia, ruat coellum» (Hágase la justicia, aunque se hunda el cielo)