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jueves, 27 de abril de 2023

HIPATIA DE ALEJANDRÍA, LA LUCHA DE UNA MUJER VALIENTE ADELANTADA A SU TIEMPO CONTRA LA INTOLERANCIA Y LA IGNORANCIA.

 

Hipatia de Alejandría fue una mujer excepcional en su época y su legado ha sido objeto de fascinación y admiración por muchas personas. Fue una de las primeras mujeres en dedicarse a la filosofía y las matemáticas, en un mundo donde la educación y la enseñanza estaban reservadas para los hombres.  Vivió en los años en que la religión cristiana comenzó a ser la religión oficial del Imperio Romano, sufriendo sus consecuencias.

 

Se sabe poco sobre ella, pero con lo poco que ha llegado a nuestros días se le puede considerar como una mujer adelantada a su tiempo, ya que se introdujo en un mundo masculino donde la libertad y el acceso de la enseñanza a la mujer estaba vetado.

 

Nació en Alejandría en el año 370, aunque otras fuentes lo datan en el año 355. En aquellos momentos, Egipto se encontraba bajo poder romano, se trataba de una provincia más del imperio.

 

No se sabe quién fue su madre, pero su padre fue Teón de Alejandría, un reconocido filósofo y matemático que influyó enormemente en su hija y que la hizo ser como era.Teón educó a su hija con el ideal del individuo griego, es decir, quería que enriqueciera tanto su cuerpo como su mente con virtudes como la sabiduría, la belleza y la razón. 

Para cultivar el cuerpo lo esencial era el ejercicio físico y los baños. Para desarrollar la sabiduría instruyó a su hija en materias como las artes, las ciencias y la música, además de hacer que estudiara filosofía, astronomía, matemáticas, física y lógica durante sus viajes a Roma y Atenas.

 

Hipatia destacó en el campo de la astronomía, elaborando tablas con los movimientos de los cuerpos celestes y contribuyendo a la invención de objetos como el astrolabio o el aerómetro. 

También se interesó por la enseñanza y estudio de las matemáticas, llegando a trabajar junto a su padre en la Escuela neoplatónica y enseñando a alumnos de toda condición social, sin discriminación alguna.

Se cree que muchas de las obras atribuidas a Teón fueron realmente escritas por su hija. Su principal interés fue la astronomía. Elaboró tablas con los movimientos de los cuerpos celestes y contribuyó a la invención de objetos como el astrolabio o el aerómetro.Llegó incluso a defender el heliocentrismo, la teoría que considera que el Sol es el centro del universo.

 

Se consagró al estudio y enseñanza de las matemáticas. Tenía un carácter tolerante y no discriminaba ningún tipo de alumnos, teniendo algunos tan destacados como el obispo Sinesio de Cirene y Orestes, quien años más tarde llegó a ser el prefecto romano de la provincia de Egipto.

 

Esto,  con su libertad de pensamiento y de enseñanza, junto con su racionalidad, fue creando envidias y odios en el obispo Cirilo y sus seguidores, quienes afirmaban que influía demasiado en Orestes, y además la acusaron de practicar hechicería  y brujería.

 

Un factor clave es que en el año 391 el cristianismo se había convertido en la religión única y oficial del Imperio Romano, lo que tuvo como consecuencia que todo lo pagano y lo científico era perseguido. , exacerbándose  los ataques contra los paganos y los científicos que no estuvieran relacionados con la Biblia.

 La posición de Hipatia como pagana y mujer independiente la hizo blanco fácil de la intolerancia religiosa y de la violencia.

 

Durante el tiempo que Teófilo estuvo como obispo, se destruyó todo aquello que guardara conocimiento científico o que no estuviera relacionado con la Biblia. Muchos paganos decidieron convertirse por la presión que estaban ejerciendo contra ellos. 

Sin embargo, Hipatia no quiso hacerlo. En un principio consiguió salvarse gracias a la intervención de Orestes.

 Pero el nuevo obispo, Cirilo, la acusó de ser una bruja y de practicar hechicería. En el año 415 fue asaltada en su carruaje por los parabolanos.

 

En el año 415, Hipatia fue brutalmente asesinada por una turba de parabolanos, quienes la desnudaron, violaron y arrastraron por la ciudad hasta llegar al Cesáreo,  la catedral de Alejandría, donde la golpearon con tejas hasta la muerte. Su cuerpo fue descuartizado, sus restos paseados por la ciudad y finalmente quemados.

 

Orestes informó de los hechos a Constantinopla pero Cirilo salió prácticamente indemne de los hechos. Este episodio representa una de las mayores injusticias y atrocidades de la historia, que terminó con la vida de una mujer valiente, inteligente y adelantada a su tiempo. 

La figura de Hipatia ha inspirado a muchas personas y su legado sigue siendo un recordatorio de la importancia de la libertad de pensamiento y de la igualdad de oportunidades para todos, sin importar su género o su origen. El director de cine español Alejandro Amenábar, rodó una película titulada “Ágora”, en la cual queda reflejada la vida de Hipatia de Alejandría.




viernes, 10 de abril de 2020

AREÓPAGO



El Areópago o «Colina de Ares», es un monte situado al oeste de la Acrópolis de Atenas, sede del Consejo que allí se reunió desde el 480 a. C. hasta el 425 d. C.



Geológicamente, la colina del Areópago es un enorme monolito de mármol gris azulado, veteado de rojo. Mide 115 m de altura y domina el Ágora de Atenas. En la cima y en las laderas se observan cortes en la roca, formando plataformas, que son los únicos restos de antiguos edificios.

Según la leyenda, se llamaba así porque Ares había sido juzgado por los dioses y exonerado de ser ajusticiado por dar muerte a Halirrotio, hijo de Poseidón, que había violado a una hija de Ares: Alcipe. Por otra parte, y también según la leyenda, allí fue juzgado Orestes por el asesinato de su madre Clitemnestra.



En su origen, el Consejo del Areópago dependía del rey y se componía únicamente de Eupátridas. La influencia de éstos aumentaba a medida que iba disminuyendo el poder del rey, hasta el siglo VII a. C., en el que estos últimos llegaron a gobernar.


Tras las reformas de Solón, sus miembros eran escogidos entre los arcontes (magistrados) cuyos cargos eran inamovibles y representaban a los ricos en oposición a los aristócratas, si bien constituían un organismo menos exclusivo.​


Este tribunal controlaba a los magistrados, interpretaba las leyes y juzgaba a los homicidas. ​Sus poderes políticos fueron recortados y, en cierta medida, limitados por Clístenes, pero mantuvieron el poder hasta las Guerras Médicas. ​Con el rápido progreso de las instituciones democráticas, sus poderes resultaban incongruentes. Los arcontes perdieron su prestigio y su poder político en el 487 a. C. y ya no eran escogidos entre los hombres más importantes de la sociedad, sino que eran elegidos por sorteo.


Efíaltes, en el 462 a. C. les retiró la custodia de la constitución, con lo que su competencia disminuyó. ​Conservaron, no obstante, su función de tribunal para juzgar los asuntos criminales, pero perdieron toda su importancia política.


Se encuentra registro bíblico, diciendo en Hechos 17,16-18 y 22, que el apóstol Pablo pronunció un discursó allí, cuando unos filósofos epicúreos y estoicos lo condujeron al Areópago para que explicara aquella enseñanza «extranjera» que publicaba:

 

 Ahora bien, mientras Pablo los esperaba en Atenas, se le irritó el espíritu en su interior al contemplar que la ciudad estaba llena de ídolos.  Por consiguiente, se puso a razonar en la sinagoga con los judíos y con las otras personas que adoraban a Dios, y todos los días en la plaza de mercado con los que por casualidad se hallaban allí.  Pero ciertos individuos, filósofos de los epicúreos así como de los estoicos, entablaban conversación polémica con él, y algunos decían: «¿Qué es lo que este charlatán quisiera contar?». Otros: «Parece que es publicador de deidades extranjeras». Esto se debió a que declaraba las buenas nuevas de Jesús y de la resurrección.  De modo que se apoderaron de él y lo condujeron al Areópago, y dijeron: «¿Podemos llegar a saber qué es esta nueva enseñanza que hablas?»  Pablo entonces se puso de pie en medio del Areópago y dijo: «Varones de Atenas, contemplo que en todas las cosas ustedes parecen estar más entregados que otros al temor a las deidades».

 

En la actualidad hay una placa de bronce que contiene este discurso del apóstol Pablo y que conmemora dicho acontecimiento. No es posible afirmar con certeza que en aquella ocasión Pablo hablase ante el tribunal del Areópago, pero en su auditorio tuvo por lo menos a un componente de ese notable tribunal, según se afirma en Hechos 17:33-34.


Así que Pablo salió de en medio de ellos,  pero algunos varones se unieron a él y se hicieron creyentes, entre los cuales también estuvieron Dionisio, juez del tribunal del Areópago, y una mujer de nombre Dámaris, y otros además de ellos.


martes, 17 de diciembre de 2019

PÍLADES



 

En la mitología griega, Pílades (en griego antiguo Πυλάδης Pyládês) era el hijo del rey Estrofio de Fócide, conocido principalmente por sus lazos afectivos con Orestes.

 

Orestes había sido enviado a Fócide durante el romance de su madre Clitemnestra con Egisto. Allí fue criado con Pílades, a quien por tanto consideraba como un hermano. Mientras Orestes estaba fuera, Egisto cometió adulterio con Clitemnestra. Esta última mató a Agamenón cuando regresa de Troya junto con su esclava Casandra (a la cual también asesina), ya que él había matado a Ifigenia, su hija, como sacrificio a los Dioses para poder partir a Troya, y así evitar los obstáculos que estos podrían anteponer en el naufragio.

 

Orestes regresó a Micenas buscando vengar a su padre Agamenón y, con la ayuda de su amigo Pílades (otra versión dice que fue impulsado por su hermana Electra), mató a su madre y a Egisto. Cuando Orestes comenzó a sentir pena por su madre y a vacilar fue Pílades quien le dio ánimos. Esta historia procede directamente de la única trilogía conservada de la tragedia griega Orestíada de Esquilo, concretamente la segunda obra, Las coéforas.

 

Por haber tomado parte en el crimen fue desterrado por su padre cuando regresó al hogar. Pílades se unió a Orestes para tratar de asesinar a Helena, la esposa de su tío Menelao, cuando éste dejó de ayudarlos. No obstante, secuestraron a Hermíone, hija de la pareja. La aparición del dios Apolo permite subsanar la situación y finalmente Pílades se casa con Electra.

 

El mismo Pílades es un personaje importante en Ifigenia en Táuride de Eurípides. Orestes, acompañado por Pílades, debe escapar a las Erinias yendo a Táuride por orden de Apolo para llevar la estatua de Artemisa de regreso a Atenas.

 

Capturados en Táuride son ofrecidos como sacrificio a Artemisa en el templo donde su sacerdotisa no es otra que su hermana Ifigenia, rescatada por Artemisa cuando iba a ser sacrificada en Áulide por su padre Agamenón en su ruta a la guerra troyana. Ella ofrece liberar a uno de los dos con la condición que lleve una carta informando su destino. Orestes y Pílades desean sacrificarse el uno por el otro, pero cuando la emotiva carta hace que Ifigenia reconozca a su hermano Orestes, los tres escapan llevándose la estatua de Artemisa.

 

A su regreso Orestes se convierte en rey de Micenas añadiendo Argos y Laconia. Se dice que su muerte fue causada por una serpiente en Arcadia y su cuerpo llevado a Esparta donde fue objeto de culto.

 

Una leyenda italiana cambia el lugar por Aricia, para luego ser llevado a Roma, de acuerdo con Servio en la Eneida.


AQUEOS


 
Si hemos de escuchar a los  historiadores  griegos que, hasta cuando hubieron alcanzado la edad de razón (y nadie la tuvo jamás más clara y límpida que ellos), siguieron creyendo en las  leyendas,  la  historia de los aqueos comienza directamente por un dios llamado Zeus, que les  dio  su primer rey en  la persona  de su hijo Tántalo. Éste era  un  gran  pillastre  que, tras haberse aprovechado de su parentesco con los dioses  para  divulgar  sus  secretos  y  robar  el  néctar y la ambrosía en sus despensas, creyó aplacarles ofredándoles en sacrificio su propio vastago, Pélope, tras haberle cortado a lonjas y hervido. Zeus,  afectado en su sentimiento de abuelo, juntó de nuevo a su  nietecito y precipitó en el infierno al hijo parricida, condenándole a babear de hambre y de sed ante inapresables fuentes de mantequilla y copas de vino.
 
PÉLOPE
Pélope, que heredó de su desnaturalizado padre el trono de Frigia, no  tuvo  suerte  en  política  porque sus súbditos le depusieron y le exiliaron a Élida, en aquella parte de Grecia que después, por él, se llamó Peloponeso. Allí reinaba Enómaos, gran aficionado  a las carreras de caballos, en las que era imbatible. Solía desafiar a todos los cortejadores de su hija Hipodamia prometiendo al vencedor la mano de la muchacha y al perdedor la muerte. Y ya muchos «buenos partidos» habían dejado la piel en ellas.
 
EL RAPTO DE HIPODAMÍA
Pélope, que en algunas cosas debía parecerse  un  poco a papá Tántalo, se puso de acuerdo con el caballerizo del rey, Mirtilo, proponiéndole repartirse con él el trono si hallaba el modo de hacerle vencer. Mirtilo apretó el cubo de rueda del carro de Enómaos, quien se cayó y se rompió la cabeza en el incidente. Pélope, habiendo desposado a Hipodamia,  le  sucedió en el trono, pero, en vez de compartirlo con Mirtilo como había prometido, arrojó al mar a éste, quien, antes de desaparecer en los remolinos de agua, lanzó una maldición contra su asesino y todos sus descendientes.

 

Entre éstos hubo Atreo, del cual después la dinastía tomó el nombre definitivo; átrida. Sus hijos, Agamenón y Menelao, casaron respectivamente con Clitemnestra y Helena, hijas únicas del rey de Esparta, Tíndaro. Pareció un gran matrimonio. Y efectivamente, cuando Atreo y Tíndaro murieron, los dos hermanos, Agamenón como rey de Micenas y Menelao como rey de Esparta, fueron los dueños de todo el Peloponeso. Ellos no recordaban, o tal vez ignoraban,  la maldición de Mirtilo. Y, sin embargo, la tenían en casa, personificada en las respectivas esposas.

 

En efecto, algún tiempo después, Paris, hijo de Príamo, rey de Troya, pasando  por aquellos  parajes, se enamoró de Helena. Y aquí no se sabe ya con precisión cómo ocurrieron las cosas. Hay quien dice que Helena le correspondió y siguió a su cortejador. Hay quien dice que él  la  raptó,  y  ésta  fue  la  versión que de todos modos dio el pobre Menelao para salvar ya  la  reputación  de  la  esposa,  ya  la  propia.  Y todos los aqueos  exigieron  al  unísono  el  castigo  del culpable.

 

El resto de la  historia  la  contó  Homero,  a  quien no nos proponemos hacer la competencia. Todos los griegos útiles se agruparon en torno de sus señores aqueos, y en mil naves arribaron a  Troya,  la  asediaron durante diez años y al final la expugnaron, sa- queándola. Menelao recuperó la esposa, pero más bien avejentada, y nadie  le  quitó  ya  de  encima  la  fama  de cornudo. Agamenón, vuelto en casa, halló su sitio junto a Clitemnestra ocupado por el emboscado Egisto, quien, junto con ella le envenenó. Su hijo Orestes vengó más tarde al padre matando a los dos adúlteros, se volvió loco, pero como consecuencia pudo  reunir bajo su cetro los reinos de Esparta y de Argos.  Ulises  se dio a la buena vida, completamente  olvidado  de Ítaca y de Penélope. En suma, la guerra  de  Troya señaló a la vez el apogeo del poderío aqueo y el comienzo de su declive. Agamenón, que lo personificaba, era un, poco  un  rey  de  mentirijillas.  Para  expugnar la ciudad enemiga había perdido buena parte de sus tropas, con muchos de sus  más hábiles capitanes.  En el camino de regreso, una tempestad sorprendió a la flota,  destruyendo  buena  parte  de  ella  y  arrojando a  la  tripulación  náufraga en  las   islas   del  Egeo  y las costas de Asia Menor. Los aqueos ya no se recobraron de estos golpes. Y cuando  un  siglo  después un nuevo invasor vino del Norte, no tuvieron  fuerza para resistirle.
 
CLITEMNESTRA

¿Quiénes eran aquellos aqueos que, durante tres o cuatro siglos fueron sinónimo de griegos, porque dominaron completamente el país?. Hasta todo el siglo  pasado, historiadores,  etnólogos y arqueólogos convinieron que fueron tan sólo una de las tantas tribus locales,  de  raza  pelásgica  como las otras, que en  un momento  determinado  tomaron el poder y desde su cuna, Tesalia, cayeron sobre el Peloponeso constituyendo en todas partes una clase dirigente y patronal.  Según  esta  tesis  habrían  sido los continuadores de la civilización micénica, desarrollándose sobre el modelo de la minoica de Creta, de la cual tan  sólo  representaron un estadio más avanzado.

 

Fue otro  arqueólogo,  esta  vez  inglés,  quien derribó los castillos construidos sobre esta hipótesis. El señor William Ridgeway descubrió que entre la civilización micénica y la aquea había diferencias sustanciales. La primera no había conocido el hierro y la  segunda  sí. La primera enterraba a los muertos y la segunda los incineraba. La primera rezaba mirando a lo alto porque creía que los dioses moraban en la cumbre del Olimpo, o entre las nubes. De lo cual Ridgeway deduce que los aqueos no eran en absoluto una población pelásgica como las otras de Grecia, sino una tribu céltica de Europa central, que cayó sobre el Peloponeso no «desde» Tesalia, sino «a través» de ésta, sometió a los indígenas y, entre los siglos XIV y XIII antes de Jesucristo, se fusionó con ellos creando una nueva civilización y una nueva lengua, la griega, pero siguiendo como clase dirigente.
 
Sir William Ridgeway
Es muy probable que esta hipótesis sea cierta o al menos contenga varias verdades. Sin duda los aqueos,  a diferencia de  los  pelasgos,  fueron  gente  de  tierra; lo cierto es que hasta la guerra de Troya no intentaron empresas por mar, y que cada vez que lo encontraban se detenían. Ni siquiera intentaron  poner pie en las islas más cercanas del continente, y todas sus capitales y ciudadelas se levantaban en el interior. Bajo su dominio, Grecia se limitaba al Peloponeso, Ática y Beoda; mientras que para las poblaciones pelásgicas de la civilización micénica, que eran marineras, aquélla englobaba también todos los archipiélagos del Egeo.
 

En cuanto a las gestas que Hornero atribuye a los aqueos, hasta hace un siglo eran consideradas pura leyenda, incluida la guerra  de  Troya,  de  la  que  incluso se negaba hubiera tenido lugar. En cambio Troya existía, como hemos visto, y significaba una rival peligrosa para las ciudades griegas,  porque  dominaba los Dardanelos, a través de los cuales había que pasar para alcanzar las ricas tierras del Helesponto.  Los aqueos habían inventado una leyenda para estimular a sus súbditos contra  Troya:  la  de  los  argonautas,  o sea la  de  los  navegantes  que  a  bordo  del  Argos  y bajo el mando de Jasón, habían partido a  la  reconquista del Vellocino de Oro en  Cólquida.  Formaban parte de la expedición Teseo  —el  del  Minotauro—, Orfeo, Peleas, padre de Hércules, y el propio Hércules, quien, cuando Troya intentó detener la nave en la  entrada del estrecho, desembarcó, saqueó la ciudad él solo y mató al rey Laomedonte con todos sus hijos, excepto Príamo. La  expedición  se llevó  a cabo gracias a Medea. Y en la mente del pueblo llano quedó el Vellocino de Oro como símbolo de las riquezas del Helesponto y del mar Negro. Mas  para  llegar  allí había que destruir Troya, que controlaba el paso obligado y seguía enriqueciéndose por el comercio que allí se desarrollaba, imponiendo probablemente tributos a los transeúntes.
 
LAOMEDONTE
No se sabe quiénes fueron con exactitud los troyanos. Les llamaban también dárdanos. Pero la hipótesis más atendible es que se tratase de cretenses emigrados a aquel territorio del Asia Menor, en parte para fundar una colonia, en parte tal vez para sustraerse a las catástrofes, fueran las que fuesen, que habían azotado la isla y destruido la civilización minoica. Según Homero, hablaban la  misma  lengua  de los griegos y, como éstos, veneraban el monte Ida, «de las muchas fuentes». Es  probable  que  cretense sólo lo fuera la población ciudadana, mientras que el campo era asiático. Lo cierto es que era un gran emporio comercial del oro, la plata y la madera. Llegaba incluso el jade de China.

 

Los griegos, tras haberla metódicamente destruido, fueron muy caballerosos  al  juzgar  a  sus  habitantes. En su Ilíada, Príamo es más simpático  que  Agamenón, y Héctor resultó un perfecto caballero en comparación con aquel canallita que era  Ulises.  Hasta París, aunque voluble, es amable. Y si un pueblo puede  ser  juzgado  según  la  Casa  real,  hay  que  decir que la de Príamo era más digna, más limpia y más humana que la de Micenas.
 
PRIAMO, REY DE TROYA
Como he dicho, hasta hace un siglo la guerra de  Troya,  sus  protagonistas  y  la  misma  existencia  de  la ciudad eran considerados como puramente imaginarios, fruto de la fantasía de Homero y de Eurípides. Schliemann fue quien les dio consistencia histórica. Ahora puede decirse que lo de Troya fue el primer episodio de una guerra destinada a perpetuarse en milenios y no resuelta aún: la guerra del Oriente asiático contra el Occidente europeo.

 

Por medio de la Grecia de los aqueos el Occidente europeo ganó el primer round.