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viernes, 9 de junio de 2023

PALABRA DE JÚPITER, PADRE Y REY DE LOS DIOSES

 “¿Qué hay en la tierra o el cielo que no esté sujeto a la ley de la obediencia?. Todos los seres reciben órdenes y, a su vez, gobiernan sobre otros. Cada tierra tiene su rey respectivo.

( Publio Papinio Estacio )

 

Esta frase es de Publio Papinio Estacio, un poeta y maestro latino que nació en Nápoles alrededor del año 45 y murió en Roma en el año 96. Escribió varios poemas épicos, como la "Tebaida" y la "Aquileida",  y una colección de poemas líricos llamada "Silvas".

 

Esa frase pertenece a la "Tebaida", un poema que narra la guerra entre los dos hijos de Edipo, Eteocles y Polinices, por el trono de Tebas. La frase está en el libro primero, verso 208, y forma parte de un discurso de Júpiter, el rey de los dioses, que explica por qué permite que los mortales sufran las consecuencias de sus acciones. 

Júpiter dice que todo el universo está sometido a la ley de la obediencia, y que cada ser tiene su lugar en la jerarquía cósmica. Así, los dioses obedecen al destino, los hombres obedecen a los dioses y los reyes, y los animales obedecen a los hombres. Esta es la forma en que se mantiene el orden y la armonía en el mundo.

 

En mi opinión se refiere a que existen unas leyes naturales, que hay que respetar, para que no se altere el orden de la cosas. Y esto entre los antiguos romanos se entendía como el respeto a las leyes divinas que salvaguardaban sacerdotes y Vestales, porque de no ser así se podría llegar al caos social, la inestabilidad política, y la decadencia de la sociedad, ya que se suponía que estas leyes naturales que proceden de los dioses eran inquebrantables.



sábado, 3 de junio de 2023

PLEGARÍA AL DIOS NEPTUNO POR LA PROTECCIÓN EN EL MAR

   

“Dioses cuyo deseo es salvar los audaces navíos y amainar los crueles peligros del ventoso ponto, alisad suavemente el mar y haced vuestra asamblea plácida a mis plegarias; y que, ante mi ruego, el oleaje, apaciguado, no alborote. Una prenda grande y preciada encomiendo a tus profundidades, Neptuno.”

( Publio Papinio Estacio )

 

Esta plegaria al dios Neptuno,  muestra la importancia de que los antiguos romanos daban al mar ya la navegación. El poeta Estacio, en su obra "Silvae", hace una sílica a Neptuno para que proteja a los barcos ya los marineros de los peligros del mar.

Esa plegaria es parte de su obra “Silvae”, una colección de poemas cortos que escribió en honor a amigos y patrocinadores.

 

La plegaria también incluye una ofrenda a Neptuno, una prenda grande y preciada que se confía a las profundidades del mar. Esta ofrenda es un gesto de respeto y gratitud hacia el dios, y muestra la creencia de que Neptuno tiene el poder de proteger y bendecir a aquellos que lo honran.

 

En general, esta plegaria refleja la profunda conexión que los antiguos romanos tenían con la naturaleza y los dioses, y su creencia en la importancia de la devoción y el respeto hacia los seres divinos.



domingo, 28 de mayo de 2023

LA CRUELDAD DE LA GUERRA Y UNA REFLEXIÓN SOBRE EL VALOR DE LA PAZ, INSPIRADA EN UNA FRASE DE ESTACIO

La crueldad de la guerra induce a la paz.

 

( Publio Papinio Estacio )

 

Reflexión: Los antiguos romanos estaban muy familiarizados con las guerras, que incluso tenían un dios de la guerra, al que llamaban Marte.   La frase de Estacio  sugiere que la experiencia de la crueldad y el sufrimiento causados por la guerra puede llevar a la búsqueda y el deseo de la paz. Cuando las personas son testigos de los horrores y las consecuencias destructivas de los conflictos armados, pueden comprender la importancia y el valor de la paz y estar dispuestas a trabajar activamente para alcanzarla. Pensad que Marco Tulio Cicerón ya manifestó una vez que era preferible una peor paz, que la mejor guerra, porque las consecuencias y los daños de las guerras son una cosa horrible, lo peor que se puede encontrar en la vida.

Se supone que la dramática crueldad vivida en guerra puede despertar en las personas un fuerte anhelo de poner fin a la violencia y las tragedias que tienen su origen en ello, buscar soluciones pacíficas y promover la armonía entre las naciones y las comunidades para que no se vuelvan a repetir tan malas y despiadadas experiencias. La devastación, la tragedia, y el sufrimiento que se experimentan en los tiempos de guerra pueden servir como un recordatorio muy doloroso de la necesidad de construir un mundo más pacífico y compasivo, en el que se busque la justicia, la convivencia, la prosperidad, y la libertad entre diferentes pueblos que han de estar condenados a entenderse, para no volver a caer otra vez en las atrocidades y locuras que derivan de las guerras, y que hacen de la vida un infierno mientras se puede soportar de la peor manera, a pesar de que para los romanos la esperanza era lo último que se perdía

Pero para esto también se tiene que abordar las causas subyacentes del conflicto, como puede ser la pobreza, la desigualdad, la ambición desmedida e injustificada, y la injusticia, para evitar futuros conflictos que solo causan dolor y sufrimiento a todos los involucrados, y siempre víctimas ya irrecuperables de las que siempre se lamentan su pérdida.

Naturalmente que muchas veces la guerra es un último recurso y siempre hay que hacer todo lo posible para evitarla,  y que la paz es preferible en todo momento. Sin embargo, también entiendo que a veces y de forma desafortunada la guerra es necesaria y se justifica  para protegerse de amenazas y agresiones externas, que conllevarían a la violencia y a la opresión con la implementación de otros intereses que nos son ajenos, dejándonos en unas situaciones mucho peores que si no se luchara como es debido, tanto por la fuerza de las palabras como las de las armas

Pero hay que considerar, también, que toda guerra conlleva sufrimiento y violencia permanente, y por eso se debe de evitar en la medida de lo posible, porque las consecuencias de ello es que también conlleva generar resentimiento y odio del enemigo ( tengan o no tengan razón), lo que puede llevar a futuros nuevos conflictos y guerras que perpetúan el ciclo de la venganza,  la opresión, y las miserias que de ello derivan. Por eso los romanos tienen otro dicho muy conocido: “Si quieres la paz, prepara la guerra”, y otro no menos conocido que reza: ¡Ay de los vencidos!. Pero en todo caso mi opinión personal es que cuando más civilizadas somos las personas, más tenemos que luchar siempre por la paz, y evitar siempre cualquier tipo de guerras, y nunca hay que rendirse o desfallecer en este empeño tan noble y extremado a la vez.


jueves, 25 de mayo de 2023

LA FORTUNA ELEVA TU REPUTACIÓN

 

“No fue ilustre, es verdad, placidísimo anciano, la línea de tu estirpe, ni tu árbol genealógico se remonta a ancestros lejanos, pero tu enorme fortuna compensó tu linaje y ocultó la bajeza de tus padres.”

 

( Publio Papinio Estacio )

 

Supongo que Estacio trata de expresar un mensaje realista y de reflexión sobre la fortuna y la reputación Es cierto su linaje no era ilustre y que sus antepasados no eran figuras destacadas en la historia de Roma. Sin embargo, la Fortuna le favoreció y le otorgó riqueza y éxito, lo cual ya es mucho mérito en una sociedad tan clasista como la romana, donde se daba muchísima importancia y se repetaba mucho la alta posición social. No en vano entre los propios romanos llamaban “Favorito de la Fortuna”, a aquel que ascendía de posición social por méritos propios y a costa de grandes trabajos y sacrificios.

Dejando aparte que en la cultura romana, la Fortuna ( que además era una diosa, y no se refiere solo a las grandes riquezas materiales) era vista como una fuerza divina que podía influir en el destino de las personas. Por eso los mismos romanos decían que la Fortuna era caprichosa, lo mismo fuera que lograras las cosas por suerte como por los muchos esfuerzos empeñados en el propósito.

Creo que con su frase Estacio quiso transmitir que la fortuna puede tener un impacto significativo en la reputación de cada uno y cómo son percibidos por los demás. Y en todo caso, en la sociedad romana se valoraba mucho la riqueza, el estatus, y la familia de procedencia, a veces incluso por encima de los méritos individuales. Aunque ser un “Favorito de la Fortuna” podía ser visto como algo positivo, también se consideraba que una persona que dependía demasiado de la suerte no era digna de respeto, ya que los méritos conllevaban el propio reconocimiento es los demás.

 

Aunque la fortuna, es decir, la riqueza y el éxito, pueden abrir puertas y ofrecer oportunidades, no es el único factor determinante en la vida. La fortuna puede ser volátil y efímera, como reconocían los propios romanos y era necesario tener en cuenta otros aspectos fundamentales. Quiero decir que en lugar de basar la vida y la reputación únicamente en que se disponga de la suerte de que la fortuna les sea favorable o no, la gente debería aspirar a construir su propia base sólida de valores, virtudes y habilidades. El esfuerzo, la dedicación y la búsqueda del conocimiento son elementos fundamentales para desarrollarlos como individuos y obtener un reconocimiento genuino. Para tener más suerte en la vida y llegar a ser un “Favorito de la Fortuna” es importante que en las primeras etapas de la vida se dedique una atención especial al estudio y al aprendizaje, a experimentar, y a leer sin descanso ni interrupción todo cuanto nos pueda ser de utilidad y nos valga para mejorar como personas. 

Y ejercitarse duramente en estar en buenas condiciones físicas, porque la salud es la base para obtener todo lo demás. Por esto los miembros de la nobleza romana sabían cómo aplicarse en lo del “cursus honorum”, en el aprendizaje de todo tipo de conocimientos y disciplinas, así como todas las artes marciales, para obtener prestigio militar, ya que llegar a ascender socialmente ( cuánto más, mejor) era uno de los mayores honores a los que los romanos podían aspirar. Cabe citar, por ejemplo, los ejercicios marciales de la juventud romana en el Campo de Marte, de Roma.  Pero la aristocracia era como una casta aparte, y bastante cerrada, que se resistía a admitir a nuevos miembros, por lo cual en otros sectores sociales, lo de ascender socialmente, podía ser a base de amasar una inmensa cantidad de dinero y de riquezas, pues quien no podía ser noble de sangre o familia, indirectamente podía ennoblecerse por la obra y acción del dinero.

 

No obstante es importante recordar que el linaje y el estatus social no definian por completo la valía de un romano, aunque había un profundo celo respecto a la propia posición social. Es verdad que la grandeza no se encuentra exclusivamente en las raíces familiares, aunque en la mentalidad de los antiguos romanos generalmente era así), sino en las acciones y logros personales de cada ciudadano romano. A lo largo de la Historia, habían habido personas extraordinarias que surgieron de orígenes humildes y que dejaron un legado duradero, y es el caso de los plebeyos que llegaron a formar parte de la nobleza patricia, generalmente estableciendo alianzas familiares con la enorme riqueza que podían aportar a la familia patricia con la que buscaban tener enlaces de parentesco.

 

Por tanto, reflexionando en el enunciado de Estacio, llego a la conclusión de que  no hay que limitarse a buscar una reputación basada únicamente en la fortuna o la posición social. Conviene cultivar e carácter, desarrollar los talentos propios y esforzarse por alcanzar las metas fijadas con determinación y perseverancia. Ser conscientes de que el verdadero valor reside en lo que somos y en lo que aportamos al mundo, y no lo que se ha recibido en herencia o en simple suerte inesperada.

 La Fortuna puede brindar oportunidades, pero depende de nosotros aprovecharlas y demostrar nuestra valía. No se debe permitir que las circunstancias externas de nacimiento o de simple suerte inesperada definan el éxito o la reputación. Hay que trabajar arduamente, seguir las propias pasiones y ser fieles a los propios principios. Solo así se puede construir una reputación sólida y duradera basada en su propio mérito, que es lo que realmente importa, y lo que indirectamente hace que los demás les tengan un respeto, ya que la verdadera grandeza no se mide por la suerte que se haya tenido, sino por el impacto que dejamos en el mundo y en las vidas de los demás, tanto debido a nuestros propios esfuerzos como en la calidad de persona que podemos llegar a ser. 

Por tanto, no se debe de subestimar el poder de las propias acciones y el potencial que cada uno puede tener para forjar su propio camino hacia el éxito, ya que el dinero no lo es todo, aunque ayuda mucho, y lo mismo la procedencia social recibida en herencia, llegada inesperadamente por un golpe de suerte, o la que se ha ido ganando poco a poco a base de inmensas luchas, esfuerzos y sacrificios.




viernes, 19 de mayo de 2023

EL MIEDO Y EL NACIMIENTO DE LOS DIOSES: UNA REFLEXIÓN DE PUBLIO PAPINIO ESTACIO


Publio Papinio Estacio fue un poeta y maestro latino nacido en Nápoles alrededor del año 45 d.C. . Se trasladó a Roma en el año 69 para convertirse en un poeta cortesano y comenzó a declamar sus versos públicamente . Estuvo casado con Claudia, una viuda que tenía una hija y estaba muy vinculada a la vida mundana de Roma .

 

Estacio escribió varias obras importantes, incluyendo "La Tebaida", un poema épico dedicado al emperador Domiciano que narra el ataque de los siete contra Tebas . También escribió "Las Silvas", una colección de poesías originales que abarcan una amplia variedad de temas .

 

En este artículo me quiero centrar en lo que dijo sobre :  El miedo fue lo primero que dio en el mundo nacimiento a los dioses”.

 

Esto era una reflexión sobre el papel del miedo en el nacimiento de los dioses. Estacio, como poeta, había pasado mucho tiempo meditando sobre la naturaleza humana y su relación con lo divino. Y había llegado a la conclusión de que el miedo fue lo primero que dio en el mundo nacimiento a los dioses.

 

¿Qué quiso decir con esto?.  Pues bien, considerando la naturaleza del miedo, esta es una emoción negativa y poderosa que nos impulsa a buscar protección y seguridad. Cuando nos enfrentamos a peligros desconocidos o incertidumbres, nuestro instinto natural es buscar refugio y consuelo. Y ¿qué mejor refugio y consuelo que los dioses, cuando ya no te quedan otros remedios al alcance?

 

Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han creado diversidad de dioses para explicar lo inexplicable y para supuestamente protegernos de los peligros del mundo. Los antiguos romanos tenían dioses para todo: por ejemplo: Júpiter para protegerlos de las tormentas, Marte para ayudarlos en la guerra, Ceres para asegurar sus cosechas, Venus para inspirarse en el amor y confiar la fertilidad,…..entre sus muchos dioses

Los dioses eran una forma de hacer frente a sus miedos y de encontrar consuelo en un mundo incierto, que les proporcionara un poco de paz y tranquilidad, en medio de tanta superstición.

 

Pero los romanos pensaban que los dioses no solo los protegen de los peligros externos,  también les ayudaban a enfrentar sus naturales miedos internos, ante la ignorancia a lo desconocido. ¿Quién no ha sentido miedo ante el hambre, la guerra, la muerte, o la enfermedad?.  ¿O ante la soledad o el fracaso, por citar dos ejemplos?.  

Los romanos pensaban que los dioses les ofrecían consuelo y esperanza en momentos de incertidumbre, preocupación, o desesperanza,  y les ayudaban a encontrar la fuerza para seguir adelante, porque pensaban que si los adoraban, rezaban, y les hacían sacrificios, los dioses estaban con ellos ante los problemas de la vida y los peligros del mundo.

 

Esos dioses eran el fruto del miedo y de la esperanza, y en este sentido Estacio quiso dar a entender que mientras existiera el miedo y la ignorancia, seguirán existiendo los dioses, como otra forma más de creen en ciertas esperanzas.


viernes, 11 de septiembre de 2020

domingo, 22 de marzo de 2020

PUBLIO PAPINIO ESTACIO DESCRIBE UN COMBATE DE GLADIADORES



Ahora se necesita coraje. Utilizad el terrible caestus en una pelea encarnizada, después de las espadas, esta es la mejor forma de demostrar vuestra bravura. Capaneus se puso las correas oxidadas, cubiertas con trozos de plomo, y él era tan duro como el plomo. Su oponente salió, un joven de cabellos rizados llamado Alcidamas. Capaneus le echó un vistazo, se rió y gritó: «¿No tenéis algo mejor que esto?». Elevaron sus brazos, que sonaron terriblemente, como truenos, mirándose a los ojos. Capaneus es un gigante, pero que está envejeciendo, Alcidamas es sólo un jovencillo, pero más fuerte de lo que aparenta. Ellos se tantean, presintiéndose, tocándose sólo los guantes. Entonces, Capaneus se adelanta y da un puñetazo, pero Alcidamas le esquiva y Capaneus sólo cansa sus brazos y pierde sus oportunidades. El joven, un luchador hábil, esquiva, se agacha, se inclina hacia atrás y agacha la cabeza para evitar los golpes. Evita los golpes con los guantes y avanza con los pies manteniendo siempre la cabeza lo más atrás posible. Capaneus es más fuerte y tiene una derecha peligrosa, pero Alcidamas, finta a la derecha e izquierda, le distrae y entonces teniendo su mano derecha sobre el otro, la baja de golpe con fuerza. Le acierta en la frente. Corre la sangre. Capaneus no se da cuenta de la gravedad de la herida pero oye gritar a la multitud y se queda parado para limpiarse el sudor de la cara con el reverso de su guante. Ve la sangre. Ahora sí que se enfurece y va a por el chico. Sus golpes van al aire, muchos de ellos sólo golpean los guantes del oponente y el chico se queda lejos de él, yendo hacia atrás pero pegando cuando le es posible. Capaneus le persigue alrededor de la arena hasta que los dos están demasiado cansados y permanecen cara a cara jadeando. Entonces Capaneus lanza un embate furioso. Alcidamas le esquiva y le golpea en el hombro. ¡Capaneus se desploma!. Cae sobre su cabeza y trata de levantarse pero el chico le vuelve a derribar. De repente, Capaneus se levanta de un salto y va hacia el joven, sacudiendo los puños. El chico cae y Capaneus se agacha sobre él martilleándole la cabeza. El público grita, ‘¡Salva al pobre chico!’. Pero su cráneo está ya partido y Capaneus quiere saltarle los sesos. Los asistentes corren a apartar a Capaneus de su víctima. "¡Ya has ganado!", le dicen. Capaneus brama, "¡Dejadme ir! ¡Le voy a destrozar la cara!. ¡Voy a estropearle ese bonito aspecto que le hace tan condenadamente popular entre la gente!". Los asistentes tuvieron que arrastrarle fuera de la arena.