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domingo, 16 de agosto de 2015

LOS PATRICIOS





Eran la antigua aristocracia romana. Los patricios eran ciudadanos distinguidos antes de que Roma tuviera reyes; a partir de entonces, se convirtieron en sus consejeros y, durante los primeros tiempos de la República ocuparon puestos en el Senado y en todas las magistraturas.



Disfrutaban de un prestigio que no podían alcanzar los plebeyos, por muy nobles que afirmaran ser. Sin embargo, cuando el poder y la riqueza de los plebeyos aumentaron, los de los patricios comenzaron un inexorable declive.



En tiempos de César, ser patricio significaba simplemente tener antepasados ilustres. No todos los clanes patricios tenían la misma antigüedad; por ejemplo, los julianos y fabios eran anteriores a los claudios.



En los últimos tiempos de la República, algunas familias patricias como la de Emilio, Claudio, Cornelio, Fabio (aunque sólo por adopción), Julio, Manlio, Papirio, Pinario, Póstumo, Quintiliano, Sergio, Servilio, Sulpicio o Valerio seguían proporcionando senadores.










domingo, 27 de julio de 2014

LUCIO CORNELIO SILA




Lucio Cornelio Sila Felix, nació alrededor del 138 a.C. en el seno de una familia patricia, pero vivió en la más abyecta pobreza y no pudo entrar en el Senado debido a su falta de recursos. Según Plutarco, asesinó a su amante y a su madrastra para obtener el dinero suficiente y acceder a él. Su primera esposa fue una Julia, posiblemente pariente cercana de la mujer de, Cayo Mario, tía del gran César, ya que Sila mantuvo una alianza con Mario durante muchos años. 


Lucharon juntos en la guerra contra el rey Yugurta de Numidia y fue el propio Sila quien lo capturó, aunque no le dio ninguna importancia hasta que escribió sus memorias. Continuó trabajando durante los consulados de Mario para derrotar a los germanos, y al parecer llevó a cabo actividades secretas para él. Tras votar el Senado en contra de Mario, Sila no podía ser elegido pretor; fue por ello por lo que no alcanzó el cargo hasta el 97 a.C. Como propretor gobernó Cilicia, y cruzó el río Éufrates con un ejército -fue el primero en hacerlo- para firmar un tratado con los partos.


 Durante la guerra contra los aliados italianos, sirvió con brillantez en el campo de batalla meridional. Fue elegido cónsul en el 88 a.C., año en el que Mitrídates el Grande invadió la provincia de Asia y solicitó liderar esa guerra, al igual que hizo el envejecido Mario. El Senado le concedió el mando, pero el tribuno de la plebe Sulpicio se lo arrebató para concedérselo a Mario, mientras Sila, que estaba en Capua, marchó sobre Roma. Mario se exilió y Sila se dirigió hacia el este para luchar contra Mitrídates. Después de que Mario muriera y Cina obtuviera el control sobre Roma, 


Sila aceleró la guerra y volvió a casa en el 82 a.C. Cina lo había proscrito, de modo que marchó sobre Roma por segunda vez y se nombró a sí mismo dictador. A partir de entonces, proscribió sin piedad y mantuvo su dictadura el tiempo suficiente para alterar la constitución romana y convertirla en algo que amordazaba a los tribunos de la plebe, a quienes veía como los peores enemigos de Roma. Abandonó la dictadura en el 79 a.C. y se retiró para entregarse a una vida disipada. Murió en el 78 a.C.