domingo, 31 de agosto de 2014

DEMÓSTENES DE ATENAS





Demóstenes (c. 385-322 a.C.), político ateniense, el orador más grande de la antigua Grecia, dirigió la oposición de Atenas frente a Macedonia. Nació en el demo de Paeonia, cerca de Atenas. Su padre murió cuando era un niño de siete años, dejando una fortuna en fideicomiso para su hijo. Tan pronto como Demóstenes alcanzó la mayoría de edad, procesó a los fideicomisarios, que habían intentado estafarle. Sin embargo, sólo consiguió recuperar una parte de su herencia y centró su actividad en escribir discursos que usó en litigios legales particulares. Según sus biógrafos sufría un impedimento del habla y sus intentos de expresar sus propios discursos fueron tan infructuosos que recurrió a medios poco frecuentes para superar su defecto, incluida la práctica de hablar con guijarros en la boca.



Aunque Demóstenes continuó la práctica legal privada, se interesó cada vez más por los asuntos públicos. Se dedicó a restablecer el espíritu público en Atenas y a la conservación de la cultura griega. La mayoría de sus principales discursos estuvieron dirigidos contra el poder creciente del rey Filipo II de Macedonia, a quien veía como una amenaza no sólo para Atenas sino para todas las ciudades-estado griegas. El tema principal de su primer discurso contra Filipo, conocido como la Primera Filípica (351 a.C.), fue todo un presagio, ya que dos años más tarde Filipo atacó Olinto, aliado de Atenas, y en tres discursos, llamados las Olínticas, Demóstenes exhortó a Atenas a ayudar a su aliado. Cuando Olinto fue destruido, Demóstenes estaba entre los enviados (346 a.C.) para negociar la paz entre Atenas y Filipo. Sin embargo, durante los ocho años siguientes, continuó con sus advertencias contra los abusos macedónicos. Entre sus discursos de este periodo destacan la Segunda Filípica, el discurso conocido como Sobre la falsa embajada, contra Esquines, orador rival y partidario de Filipo, y la Tercera Filípica, considerada la mejor de este grupo, en la que se exigía una acción resuelta contra Filipo. En gran parte a través de los esfuerzos de Demóstenes, el intento de Filipo, en el 340 a.C., de capturar Bizancio (ahora Estambul) se retrasó. A pesar de una alianza entre Tebas y Atenas, ciudades hostiles entre sí durante largo tiempo, Filipo las derrotó en Queronea en el 338 a.C. Demóstenes continuó hablando a favor de la liberación, incluso después de la conquista de Grecia por Macedonia. En el 336 a.C. el orador Ctesifonte propuso que Atenas honrara a Demóstenes por sus servicios a la ciudad presentándole, según la costumbre, con una corona dorada. Esta propuesta se convirtió en una cuestión política, y en el 330 a.C., mediante un tecnicismo legal, Esquines procesó a Ctesifonte por haber ofrecido la corona. En su brillante discurso Sobre la corona, Demóstenes no sólo defendió a Ctesifonte sino que también atacó a quienes pudieran haber preferido la paz con Macedonia. Como resultado, Ctesifonte fue absuelto y Esquines se vio obligado a exiliarse.

En el 324 a.C. Demóstenes fue declarado culpable, es posible que injustamente, de aceptar un soborno de Harpalo, a quien el hijo de Filipo, Alejandro Magno, había confiado grandes tesoros y que se había fugado refugiándose en Atenas. Después de la muerte de Alejandro en el 323 a.C. Demóstenes exigió de nuevo a los griegos liberarse del control macedónico, pero el sucesor de Alejandro, Antípatro, sofocó toda resistencia y exigió que los atenienses le entregaran a Demóstenes y a otros líderes patriotas. Cuando la asamblea ateniense aprobó una sentencia condenando a muerte a los patriotas, Demóstenes huyó a un santuario en la isla de Calauria, donde se suicidó. La fama de sus discursos continuó durante siglos, inspirando al orador romano Cicerón, entre otros, en sus discursos contra Marco Antonio después de la muerte de Julio César.

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