sábado, 6 de enero de 2018

CAYO MARIO CUESTIONA ANTE EL SENADO LA ABOLICIÓN DE LA LEY SEMPRONIA DE CAYO GRACO SOBRE LAS LEVAS MILITARES



La anulación por parte del Senado de la lex Sempronia de Cayo Graco, que limitaba el número de campañas completas exigible, es una decisión legislativa muy perjudicial. Si un veterano desea retirarse al cabo de diez años o seis campañas completas, debe permitírsele con la garantía de que no va a ser llamado nunca más a filas. ¡Estamos diezmando a los pequeños propietarios, señorías! ¿Cómo puede un hombre abandonar sus escasas tierras al cabo, quizá, de veinte años de servicio en las legiones, y esperar que éstas prosperen en su ausencia? ¿Cómo puede engendrar hijos que le sustituyan en su granja y en las legiones?. Cada vez recae con mayor peso sobre la esposa la tarea de cuidar la tierra, y las mujeres no poseen la fuerza, la previsión y la aptitud para ello. Deberíamos procurarnos tropa de otra manera y protegerla de los generales.


Considero que es una mala legislación, porque con esto estamos consintiendo que perezca toda una clase de ciudadanos por no tener el valor y la presencia de espíritu para poner coto a todos esos pretendidos generales que hemos estado nombrando durante años. ¡La sangre de los soldados romanos no es para derrocharla, señorías, sino para emplearla en una vida útil!.


Cuando al principio estructuramos nuestro ejército, era para realizar campañas en Italia, de manera que los hombres pudieran volver a sus hogares en invierno para atender sus tierras, engendrar hijos y asesorar a sus mujeres. Pero, hoy día, cuando un hombre se alista o se ve obligado a incorporarse por la leva, le envían a ultramar y, en lugar de servir en una campaña que dure un verano, está en filas dos años seguidos sin poder volver a casa, de modo que esas seis campañas pueden suponerle doce y hasta quince años... ¡y fuera de su patria! ¡Cayo Graco legisló en contra de eso para impedir que los pequeños terratenientes itálicos no cayesen en las garras de la especulación y codicia de los grandes latifundistas agricultores. ¡Ah, pero se me olvidaba, claro! ¿no os dais cuenta que a los grandes latifundistas les encanta ver cómo van a parar a sus manos esas pequeñas propiedades, cuando los hombres que deberían volver a casa caen en suelo extranjero por culpa de la brutal desidia y la codicia de la aristocracia que sois vosotros mismos, los miembros de esta ilustre entidad de la que formo parte?.


Existen los otros romanos, los del censo por cabezas, los proletarios, los que no tienen casi nada, y a esos si habrían que alistarlos a las legiones, con su correspondiente paga, si no queremos que pronto Roma se quede seca y falta de legionarios propietarios. 


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