domingo, 22 de septiembre de 2019

REFORMA CONSTITUCIONAL DE SILA



Sila, detentando de hecho un poder real o tiránico, no objeto de una elección sino de la fuerza y la violencia, pero necesitando, por otro lado, parecer que había sido elegido, siquiera externamente, alcanzo incluso este objetivo del siguiente modo. Otrora, los reyes romanos eran elegidos por su valor y, cuando alguno de ellos moría, un senador tras otro ejercían el poder real por cinco días, hasta que el pueblo decidía quien debía ser el nuevo rey. Aquel que ejercía el poder durante cinco días era llamado interrex, pues era rey en ese tiempo. Los magistrados salientes presidían siempre las elecciones de los cónsules y, si en alguna ocasión no había por casualidad un cónsul, también se elegía entonces un interrex para los comicios consulares. Sila, aprovechándose precisamente de esta costumbre, como no había cónsules puesto que Carbón habia muerto en Sicilia y Mario en Preneste, se alejo un poco de la ciudad y ordeno al senado que eligiera un interrex. El senado eligió a Valerio Flaco en la esperanza de que iba a presidir la elección de los cónsules. Sin embargo, Sila ordeno a Flaco, por medio de una carta, que hiciera llegar al pueblo su opinión de que Sila estimaba que seria útil para la ciudad, en la situación presente, la magistratura que llamaban dictadura, cuya practica había ya decaído hacia cuatrocientos anos. Y aconsejo, además, que el que eligiesen detentara el cargo no por un tiempo fijado, sino hasta que hubiesen quedado consolidados en su totalidad la ciudad, Italia y el gobierno, zarandeados, a la sazón, por luchas intestinas y por guerras. El espíritu de la propuesta aludía al propio Sila y no cabía lugar a dudas, pues Sila, sin recato hacia su persona, había revelado al final de la carta que le parecía que el seria, en especial, útil a la ciudad en esta coyuntura.

 

Estas eran las propuestas de la carta de Sila. Y los romanos, contra su voluntad, pero no pudiendo celebrar ya una elección conforme a la ley y al juzgar que el asunto en su conjunto no dependía de ellos, recibieron con alegría, en medio de su total penuria, el simulacro de elección a modo de una imagen externa de libertad, y eligieron a Sila dictador por el tiempo que quería.

 

Ya antes, el poder de los dictadores era un poder absoluto, pero limitado a un corto espacio de. tiempo; en cambio entonces, por primera vez, al llegar a ser ilimitado en su duración devino en autentica tiranía. Tan solo añadieron, para dar prestancia al titulo, que lo elegían dictador para la promulgación de las leyes que estimara convenientes y para la organización del Estado. De este modo los romanos, después de haberse gobernado por reyes durante mas de sesenta olimpiadas y por una democracia con cónsules elegidos anualmente durante otras cien olimpiadas, ensayaron de nuevo el sistema monárquico. Entonces corría entre tos griegos la ciento setenta y cinco olimpiada, pero ya no se celebraba en Olimpia ninguna competición atlética a excepción de la carrera en el estadio, porque Sila se había llevado a Roma a los atletas y todos los demás espectáculos para celebrar sus triunfos sobre Mitridates o en las guerras de Italia, aunque el pretexto había sido conceder un respiro y procurar diversión al pueblo de sus fatigas.

 

Sila, no obstante, para mantener la apariencia de la constitución patria encargo que fueran designados cónsules, y resultaron elegidos Marco Tulio y Cornelio Dolabella. Y el propio Sila, como si se tratase de un rey, era dictador sobre los cónsules. Se hacia preceder, como dictador, de veinticuatro fasces, numero igual al que precedía a los antiguos reyes, y se hacia rodear de una numerosa guardia personal; abolía unas leyes y promulgaba otras; prohibió que se ejerciera la pretura antes de la cuestura y que se fuera cónsul antes que pretor, y también veto que se desempeñara la misma magistratura antes de haber transcurrido diez anos. De igual modo, casi destruyo también el poder de los tribunos de la plebe, debilitándolo en grado máximo al impedir por ley que un tribuno pudiera ejercer ya ninguna otra magistratura. Por lo cual todos aquellos que por razón de fama o linaje competían por esta magistratura la rechazaron en el futuro. Yo no puedo decir con exactitud si Sila, como ocurre ahora, transfirió este cargo del pueblo al senado. Incremento el numero de senadores, que había quedado bastante menguado a causa de las luchas civiles y las guerras, con trescientos nuevos miembros reclutados entre los caballeros mas destacados, concediendo a las tribus el voto sobre cada uno de ellos. A su vez, inscribió en el partido popular a los esclavos mas jóvenes y robustos, mas de diez mil, de aquellos ciudadanos muertos, después de haberles concedido la libertad y les otorgo el derecho de ciudadanía romana y les dio el nombre de Cornelios por su propio nombre, a fin de tener dispuestos a todo a diez mil personas entre el partido del pueblo. Persiguiendo el mismo objetivo con respecto a Italia distribuyo a las veintitrés legiones que habían servido bajo su mando, según he dicho, una gran cantidad de tierra en numerosas ciudades, de la que una parte era propiedad publica que estaba aún sin repartir y la otra se la había quitado a las ciudades en pago de una multa.

( Apiano en "Guerras Civiles" )


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