domingo, 23 de agosto de 2015

EL CÓNSUL LUCIO LICINIO LÚCULO


Lucio Licinio Lúculo (c. 110-56 a.C.), general y político romano. Nacido probablemente en Roma, actuó en la Guerra Social (90-88 a.C.) bajo el mando del general Lucio Cornelio Sila.

 

Más tarde tomó parte en la primera guerra contra Mitrídates (88-85 a.C.), convirtiéndose en el favorito de Sila; desempeñó cargos públicos en Roma (edil en el 80 a.C.) y gobernó en calidad de pretor la provincia de África (77-75 a.C.). Fue cónsul en el 74 a.C. y más tarde reforzó el mando del Ejército romano durante la tercera guerra contra Mitrídates (74-63 a.C.).

 

 Durante ocho años mantuvo la guerra con éxito, a pesar de los obstáculos de sus oponentes en Roma, quienes minaron su eficacia, y las sublevaciones de sus soldados, que se resintieron de su dura disciplina. En el 66 a.C., Pompeyo Magno, más popular que él, le sustituyó como comandante del Ejército. Lúculo regresó a Roma, alejándose de la vida pública.

 

En el 63 a.C., se admitió tardíamente su triunfo. Durante su carrera pública adquirió gran riqueza, vivió lujosamente y patrocinó a artistas y escritores. Sus banquetes destacaron en especial por su gran opulencia.


EL CÓNSUL LUCIO JUNIO BRUTO


Lucio Junio Bruto (en latín, Lucius Junius Brutus) nacido en fecha indeterminada y muerto en 509 a. C. es, según la tradición, el fundador de la República Romana y uno de los más grandes personajes de la historia de la ciudad eterna.



De origen patricio e hijo de una hermana de Tarquinio el Soberbio, se desconocen muchos datos de su vida, principalmente por la falta de fuentes históricas solventes, y por tanto algunas informaciones sobre su persona están envueltas en la leyenda. La fuente de información principal de la que disponemos para reconstruir su vida proviene como sucede en la etapa monárquica del historiador Tito Livio.
 
El último rey de Roma, llamado Lucio Tarquinio o Tarquinio el Soberbio, era etrusco y descendiente de Tarquinio Prisco, un rey que había conseguido el trono mediante argucias después de Anco Marcio. Durante el tiempo de los Tarquinios el reino se había extendido hasta alcanzar 800 km² y la ciudad albergaba a unos treinta y cinco mil habitantes. Las ciudades latinas reconocían la fuerza del rey romano y le eran serviles.

 

Lucio Junio Bruto acompañó a los hijos de Tarquinio a un viaje al Oráculo de Delfos, al que preguntaron que quién sería el próximo gobernante de Roma. El Oráculo respondió que la siguiente persona que besara a su madre, llegaría a ser rey. Sólo Bruto interpretó que madre se refería a la madre Tierra, así que fingió tropezar, y besó el suelo. Resultado de ello fue una fuerte persecución política contra su persona de la que se salvó incluso de ser asesinado. Según Tito Livio, su habilidad para simular ser disminuido psíquico le sirvió para evitar la muerte (en latín brutus se traduce por estúpido)

 

Es muy probable que con la llegada al trono de Tarquinio el Soberbio las familias nobles de Roma se vieran parcialmente marginadas del poder por los intentos del rey etrusco de restringir las convocatorias del Senado, órgano que era el medio de expresión de la clase aristocrática y contrapeso al poder monárquico.



Este hecho unido a su arbitrariedad no harían más que aumentar el malestar de la población romana, llegando a su cénit según la tradición, cuando el hijo de Tarquinio el Soberbio, Sexto Tarquinio, violó y mancilló el honor de una noble casada llamada Lucrecia la cual ante la ofensa recibida optó por suicidarse.

 

Este acontecimiento fue aprovechado hábilmente por Lucio Junio Bruto para agitar a la población y forzar la expulsión de la dinastía de los Tarquinios y, aprovechando el vacío de poder creado, establecer un nuevo sistema político: La República. Se cree que esto ocurrió en el año 509 o 505 a. C.

 

Alguna tendencia historiográfica ha llegado a apuntar incluso que el derrocamiento del último rey etrusco no tenía como objetivo acabar con la monarquía sino la ocupación del trono por parte del mismo Lucio Junio Bruto.



Inmediatamente se creó un Senado permanente, y se designaron dos magistrados que ejecutarían las decisiones de los primeros, a los que se les llamó pretores y luego cónsules. Los primeros cónsules de la República fueron Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, el esposo de la finada Lucrecia.

 

No obstante, la primera medida que tomó Junio Bruto como cónsul de Roma fue presionar a Tarquinio Colatino para que abandonara su cargo político basándose en que era un miembro emparentado con la familia etrusca de los Tarquinios. Una vez expulsado Colatino, el senado hizo extensiva la expulsión a toda la familia. Paradójicamente Lucio Junio Bruto tenía un grado de parentesco superior con el rey depuesto que el desterrado Colatino.

 

Los primeros momentos de la joven república fueron muy difíciles debido a las conspiraciones fomentadas desde el interior de la ciudad y desde el exterior por los Tarquinios y sus seguidores. De acuerdo a Plutarco, en una de las conspiraciones tomaron parte los mismos hijos de Lucio Junio Bruto. Descubierta la trama, el fundador de la República no vaciló en ordenar el ajusticiamiento de sus propios hijos, presenciando in situ la ejecución.

 

Fue en una de las tentativas emprendidas por los seguidores del antiguo rey donde Lucio Junio Bruto encontró la muerte. Fue en el mismo año 509 a. C.



Varios siglos después, un miembro de la familia Bruto, Marco Junio Bruto, se vio implicado en la conspiración contra Julio César en los idus de marzo de 44 a. C.

La república como sistema político en Roma se instauró en el mismo año de la muerte de su precursor, 509 a. C., y se prolongó hasta el año 27 a. C. cuando César Augusto inauguró el período imperial.




jueves, 20 de agosto de 2015

CONSULADO DE CRASO Y POMPEYO: MITRÍDATES


Mitridates del Ponto


Marco Licinio Craso era un antiguo protegido de Sila que había conquistado una gran fortuna gracias a las proscripciones y a un cuerpo de vigilantes reclutados entre los esclavos.



Con su colega Pompeyo tomó el sentido contrario de las reformas de Sila. Los dos cónsules ofrecieron al pueblo "pan y juego" (panem et circenses) para lograr el apoyo de las masas.


Lo mismo que los tribunos, los censores fueron repuestos en sus cargos. Los caballeros recuperan su puesto en los tribunales y, de nuevo, el encargo de la percepción de los impuestos de Sicilia y de Asía, así como sus asientos de honor en el teatro.


A favor de las guerras civiles, bandas de piratas habían formado flotas temibles que saqueaban los barcos de los comerciantes y las costas, llegando incluso en su atrevimiento a desembarcar cerca de Roma.


Pompeyo se hizo conceder poderes extraordinarios y con 500 naves y veinte legiones persiguió a los piratas, matando a millares de ellos y dispersando a los demás en las colonias (67-66 a. de J.C.).


Gran triunfador, no le fue difícil que le fuera asignado el mando de la segunda guerra contra Mitrídates. 


Los desórdenes de Italia habían envalentonado al rey del Ponto, que reanudó la guerra en el año 74 a. de J.C., aliándose con Sertorio, con los piratas y con Tigranes, rey de Armenia.


El procónsul Lúculo, penetrando hasta Armenia, lo había expulsado de la provincia de Asia (74-68 a. de J.C.).


Pero Lúculo, honesto y austero, disminuyendo los impuestos y los tipos de interés, se había atraído la hostilidad de los caballeros y de los publicanos, y Pompeyo ocupó su lugar.


Mitrídates tuvo que huir y se hizo matar por un soldado en Crimea, después de haber probado en vano todos los venenos.


Tigranes tuvo que someterse y Pompeyo reorganizó el Oriente que, en los sucesivo, tuvo siete provincias: Asia, Ponto, Bitinia, Cilicia, Cirenaica y Creta, más una docena de protectorados entre los que estaban Galacia, Capadocia, Armenia, Cólquida y Decápolis de Judea, donde Pompeyo había tomado al asalto Jerusalén.


Cuando volvió a Italia (62 a. de J.C.), Pompeyo celebró un fantástico triunfo, y al año siguiente vistió la clámide (manto de gala) de Mitrídates. 


Pero durante su ausencia se habían producido graves acontecimientos y otro nombre se hacer oír: El de Julio César.



TITO LIVIO DICE SOBRE MARCO FURIO CAMILO



Fue, en efecto, un hombre realmente único en todas las situaciones, el primero en la paz y en la guerra antes de exiliarse; más brillante en el exilio, bien por la añoranza de la ciudad que, una vez en poder del enemigo, imploró su ayuda cuando estaba ausente, o bien por la suerte con que, devuelto a su patria, a la vez que su persona la propia patria fue devuelta con él; luego, a lo largo de veinticinco años, estuvo a la altura de semejante título de gloria y fue digno de que se le considerase el segundo fundador de la ciudad de Roma contando a Rómulo.



martes, 18 de agosto de 2015

TRASIMENO Y CANNAS



PUNOS EN ITALIA

Gracias a un sutil juego de maniobras, Aníbal atrajo a un segundo ejército romano a las orillas del lago Trasimeno (217 a. de J.C.). La derrota de las legiones, en las que por primera vez militaban esclavos, fue tan completa que casi ningún soldado se salvó, y su jefe, el cónsul Flaminio, estuvo entre los caídos.




Roma fue víctima del pánico, pero, como siempre, volvió a encontrar en el peligro las razones para sacar fuerzas de flaqueza. Nombró un dictador, Quinto Fabio Máximo, que pasó a la historia con el nombre de Cunctator (el Contemporizador). Este evitó hábilmente las batallas en campo abierto, debilitando al adversario con continuas escaramuzas.



Pero los caprichos de la política romana condujeron a la sustitución de Fabio por Varrón, un plebeyo demagogo que, para satisfacer a sus electores, buscó un éxito rápido. Su ejército, cuatro veces superior en número al del general cartaginés, atacó a éste en Cannas.



Pero Aníbal, con un golpe maestro de estrategia militar (fingió ceder en el centro, atrayendo a los romanos entre sus dos alas reforzadas que se cerraron sobre ellos como un cepo), logró una nueva victoria: 45.000 romanos resultaron muertos y 20.000 fueron hechos prisioneros. Varrón, huyendo de la muerte, pidió indulgencia al pueblo romano (216 a. de J.C.).



La urbe parecía condenada, y una parte de Italia se sublevó. Siracusa volvió a aliarse con Cartago.



En Hispania, Escipión resistió; Aníbal negoció con Filipo de Macedonia, decidido a intervenir para expulsar a los romanos de Iliria, donde fijaron un protectorado en el 229 a. de J.C.

EL EMPERADOR MACRINO


Marcus Opellius Macrinus, conocido como Macrino (164 - 218), fue un emperador romano. Nació en 164 en Cesarea (Mauritania Cesariense) como hijo de la nobleza local aunque probablemente no disponían de muchos medios económicos.


Cayo Fulvio Plautiano, prefecto del pretorio, le nombró su asesor legal personal durante el gobierno de Septimio Severo. Tras el asesinato de Plautiano en 205, Macrino se dedicó a la administración del patrimonio imperial como abogado del fisco, y en 212, cuando Caracalla ya gobernaba, es nombrado prefecto del pretorio. 



En el año 217 fue uno de los líderes del atentado contra Caracalla y fue nombrado emperador.


Según Dion Casio, su procedencia era inusual y costaba habituarse a ella, pero atribuye al emperador una alta fiabilidad y buen sentido común.


GOBIERNO

Como Macrino fue declarado emperador por sus soldados sin consultar al Senado, sólo pudo apoyarse en la fidelidad de sus propias tropas, a las que repartió dinero tan pronto ascendió al trono. El Senado pronto tuvo que aprobar la elección.


Intentó paliar las consecuencias de la política de Caracalla y prometió gobernar en el espíritu de Marco Aurelio. Su mayor problema era la guerra contra los partos que había empezado ya bajo Caracalla y que no pudo llevar a buen término.


Tras la sangrienta batalla de Nisibis, que duró tres días y terminó sin un ganador definitivo, Macrino dio fin a las masacres pagando a los partos la suma de 200 millones de sestercios y abandonando Armenia, en retirada hacia Antioquía. Los pagos fueron financiados por recortes en el sueldo de los legionarios. Esto cambió la actitud de las tropas hacia él.


Macrino fijó desde entonces su residencia en Antioquía, desde donde se dedicó a planear reformas judiciales. Desde allí nombró a Dion Casio gobernador de Pérgamo y Esmirna.


La situación política se agravó al presentarse Vario Avito Bassiano (Heliogábalo), quien contaba apenas con catorce años, como presunto heredero de Caracalla. 



En la mañana del 16 de mayo de 218 las legiones romanas proclamaron a este joven de 14 años como emperador. Macrino reaccionó proclamando a su propio hijo Diadumeniano como Augusto, pero no consiguió calmar la situación. Finalmente abandonó y huyó.


EL FINAL

El 8 de junio de 218 finalmente se produjo la batalla entre las tropas de Macrino y las de Heliogábalo. En esta batalla, Macrino fue derrotado. 



Un último intento de controlar la situación con los pretorianos fracasó al producirse un motín entre sus últimas tropas. Macrino consiguió huir del campo de batalla afeitándose la barba.


Finalmente fue reconocido en Calcedonia, esperando un barco que le debía llevar al otro lado del Bósforo, y capturado. Su hijo fue hecho preso en Siria. Macrino fue ejecutado en junio o julio de 218 en Archelais. Su sucesor fue Heliogábalo.