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domingo, 19 de febrero de 2023

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS ENTREGADOS A MOISÉS

Sabemos que los 10 mandamientos son un decálogo que todo buen cristiano debe cumplir para vivir liberado de la esclavitud del pecado. 

Según la historia bíblica narrada en el libro de Éxodo, Dios escribió con su dedo los 10 mandamientos en dos tablas de piedra y se los entregó entre truenos a Moisés en el monte Sinaí. Son, por tanto la ley que Dios entregó al pueblo de Israel y que hoy rigen la moral del cristianismo y del judaísmo.

Los tres primeros mandamientos están relacionados con el amor a Dios y los otros siete, con el amor al prójimo. Según recoge la versión digital de la Enciclopedia Católica, los mandamientos divinos están considerados obligatorios para cada criatura humana y su violación se toman como una ofensa dolorosa o mortal contra Dios.

Estos son los 10 Mandamientos:


I) Amarás a Dios por sobre todas las cosas.

II) No tomarás el Nombre de Dios en vano.

III) Santificarás las fiestas en nombre de Dios.

IV) Honrarás a tu padre y a tu madre.

V) No matarás.

VI) No cometerás actos impuros.

VII) No robarás.

VIII) No darás falso testimonio ni mentirás.

IX) No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

X) No codiciarás los bienes ajenos.

Explicación más matizada y detallada de cada Mandamiento: 


1. AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

Sólo existe un Dios, creador y todopoderoso, al que adorar. "Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto" (Ex 20, 2-5).

2. NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO

Nada de blasfemar, maldecir o jurar, pues son ofensas a Dios. "No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios". (Ex 20, 7; Dt 5, 11). "Se dijo a los antepasados: "No perjurarás"... Pues yo os digo que no juréis en modo alguno" (Mt 5, 33-34).

3. SANTIFICARÁS LAS FIESTAS

Habla de trabajar seis días a la semana, de descansar el séptimo para honrar a Dios y de rendir culto en los días de fiesta. "Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado" (Ex 20, 11). La Iglesia, después de cambiar el día de descanso del Sabbath judío, o séptimo día de la semana, al primero, fijó el domingo como Día del Señor.

4. HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE

Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida y que nos han transmitido el conocimiento de Dios. "Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar" (Ex 20, 12).

5. NO MATARÁS

"La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, intr. 5).

6. NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS

Se refiere a las relaciones sexuales fuera del matrimonio y a otros actos considerados inmorales. "Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón" (Mt 5, 27-28).

7. NO ROBARÁS

Según explica el Catecismo de la Iglesia Católica, "el séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo injustamente y perjudicar de cualquier manera al prójimo en sus bienes. Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y de los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo".

8. NO DARÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRÁS

"No darás testimonio falso contra tu prójimo" (Ex 20, 16). "Este precepto moral deriva de la vocación del pueblo santo a ser testigo de su Dios, que es y que quiere la verdad", sostiene la Iglesia. "Las ofensas a la verdad expresan, mediante palabras o acciones, un rechazo a comprometerse con la rectitud moral", esgrime.

9. NO CONSENTIRÁS PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS

Se refiere a la concupiscencia, que en la moral católica significa, en palabras de la RAE, deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos. "No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo" (Ex 20, 17).

10. NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS

Prohíbe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada. "No desearás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo" (Dt 5, 21). "Donde [...] esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mt 6, 21).



miércoles, 21 de diciembre de 2022

BREVES COSAS QUE DIOS DIJO A MOISÉS

«Yo soy el Señor tu dios, no tendrás otro dios más que a mi. No te harás escultura ni imagen, ni de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el agua».






lunes, 25 de diciembre de 2017

SÉPTIMA CARTA DE LUCIO PONCIO PILATOS AL EMPERADOR TIBERIO CLAUDIO CÉSAR

 


Lucio Poncio Pilatos a Claudio Tiberio César, salud.

 

Lo que temíamos, César, ha sucedido. Cuando Johanan comprendió que a través de medios pacíficos no lograría sus propósitos, decidió recurrir a la misma estrategia que su padre utilizó hace casi treinta años, es decir al ataque al templo de Jerusalén para adueñarse del tesoro y de las armas allí guardadas. Su padre, como recordarás tuvo éxito con esta estrategia en Séforis, la capital de Galilea y casi logró su cometido en Jerusalén.

 

Desde la tetrarquía de Filipo viajó por el este del Jordán y se presentó en Jericó, desde donde, después de ajusticiar a los soldados herodianos que había tomado en el camino, se dirigió hacia Jerusalén seguido de una gran multitud, armada con espadas y varas. En su recorrido las gentes le gritaban “Libéranos hijo de David”, lo cual indica que lo que esperaban era un ataque a la fortaleza Antonia y una liberación de los ocupantes extranjeros.

 

En lugar de atacar a los soldados romanos, Johanan atacó el Templo, el cual se encontraba bien protegido por las milicias al servicio de los sacrificadores, las cuales habían sido advertidas de su llegada. Parte de quienes le seguían se decepcionaron, pues no esperaban una guerra entre judíos sino una guerra de todos los judíos contra Roma. En conclusión, su acometida fue un fracaso y debió retirarse hacia el monte llamado de los olivos. En cualquier caso, su actitud comprobó que Claudia Prócula tenía razón, al creer que el objeto de su ira no era Roma sino la corrupción moral y religiosa de los saduceos y fariseos.

 

Tratando de evitar que la guerra entre facciones continuara, envié una cohorte a la prensa de aceite de Getsemaní, donde Johanan se había refugiado, y después de una breve batalla pudimos capturarlo.

 

Mi intención hubiera sido buscar alguna forma de compromiso entre las llamadas facciones “zelotas”, es decir celosas de la Ley de Moisés, y los saduceos y fariseos. Como recordarás, César, en mi primera carta te relaté como en una ocasión pude servirme de militantes zelotes para controlar una insurrección en Jerusalén y desde entonces he tenido contactos con miembros de este movimiento. Desgraciadamente ello no fue posible, por cuanto algunos seguidores de Johanan se resistieron al arresto de su líder y mesías y en la lucha fue vertida sangre romana, lo que no me dejó otra alternativa que condenar a muerte a Johanan y a algunos de sus guardaespaldas que pudimos atrapar con él, con gran pesar de Claudia Prócula, pero atendiendo mi obligación de prefecto romano.

 

Los sucesos que ocurrieron después son bastante inciertos. Cuando Johanan era conducido al norte de la ciudad, para ser crucificado en el montículo al que llaman gólgota, por su forma de calavera, una tropa de sus seguidores atacó a nuestros soldados y lograron liberarlo. El jefe de los atacantes, un tal Simón de Cirene fue capturado durante la revuelta y los soldados procedieron a crucificarlo en lugar de Johanan inmediatamente, lo cual obedeció a su ira del momento, pero nos impidió interrogarlo debidamente, de forma que durante unos cuarenta días perdimos el rastro de Johanan.

 

Cuando volvimos a saber de él, se encontraba organizando una nueva revuelta en Samaria. Fuimos informados de este nuevo levantamiento por algunos de sus seguidores, quienes abandonaron el movimiento por considerar que una rebelión en tierras de Samaria no podía tener ninguna posibilidad de extenderse hasta Jerusalén, dado el desprecio que los judíos sienten por los samaritanos. Esto nos permitió tomar acciones a tiempo y ahogar de raíz este nuevo levantamiento.

 

Para entender como y porque ocurrió este levantamiento, en tierra samaritana, donde menos lo hubiéramos podido esperar, es preciso que conozcas, César, que los samaritanos no creen en los mesías anunciados por los antiguos profetas de Israel, por cuanto para ellos los únicos libros de la Ley son los cinco libros más antiguos, a los que llaman la Torá, mientras que el anuncio del mesías liberador de Israel figura en los libros de los profetas, que ellos rechazan. Sin embargo, guiándose por el Deuteronomio, en el que Moisés afirma que “El Señor tu dios levantará de entre tus hermanos un profeta como yo, a él sí lo escucharás”, los samaritanos siempre han esperado un nuevo gran Profeta, restaurador religioso, cuya llegada iniciaría el retorno del favor de dios para Israel, un periodo de dicha al que llaman la Rahuta, que pondría fin al periodo de alejamiento del favor divino al que llaman la Fanuta. A este profeta y mesías lo denominan los samaritanos como “hijo de José”, para diferenciarlo del mesías judío llamado “hijo de David” (de la tribu de Judá). No se cómo logró Johanan, después de ser derrotado y escapar del suplicio en Jerusalén, convencer a estas ingenuas gentes de que él era el profeta anunciado por Moisés, el Taheb. Mis informes aseguran que los samaritanos creían que el Taheb descubriría el manuscrito original de su ley, escrito de puño y letra de Moisés y que Johanan ofreció a quienes le siguieran a la cima del monte sagrado, el Garizim, descubrirles esta manuscrito, momento en que se iniciaría la rebelión contra los ocupantes extranjeros y la nueva época de la Rahuta, por lo que debían acudir armados. Además, según crían los samaritanos, el Taheb debería llegar del desierto y la aparición de una estrella nueva y permanente en los cielos debía anunciar su nacimiento. Por esta razón, los seguidores de Johanan difundieron la leyenda de que su nacimiento había sido anunciado de esta forma y de que había pasado una época de su vida preparándose para su misión profética en el desierto. En cualquier caso, un número muy grande de gentes creyeron que el profeta anunciado por Moisés había llegado e iniciaron el ascenso del monte Garizim. Los desertores del movimiento nos habían alertado sobre los planes de Johanan, por lo que pudimos sorprenderlos al pasar por la aldea de Tirathaba y hacer una gran masacre entre ellos.

 

Johanan fue tomado vivo y decapitado sin mayor proceso, como reo contumaz, en el mismo lugar en donde lo prendimos. Para evitar dar mayor publicidad a estos hechos y evitar nuevos levantamientos, no clavamos el acta de acusación en ningún templo o edificio público, como es la costumbre, sino que la enterramos junto con su cadáver.

 

Y este es, César, el final de la historia de Johanan, conocido también como el mesías salvador (el mesías o cristo Jesús, que en hebreo se escribe Jeoshua y significa el salvador), como el mesías hijo de David por los judíos y como el profeta y mesías hijo de José (el patriarca) por los samaritanos. No puedo afirmar si será también el final de su movimiento zelote. Sus hermanos no se encontraban con él y no sabemos donde se hallan. Johanan murió y fue enterrado en el borde del monte Garizim, tal y como los samaritanos creían que ocurriría con el Taheb. Mientras se crea que fue el profeta anunciado por Moisés, muerto por Roma, su recuerdo no contribuirá al mantenimiento de la paz en esta región. Por eso pienso que lo mejor es que estos hechos sean olvidados lo antes posible.
 
 










domingo, 3 de mayo de 2015

HECHOS SOBRE LA TERRIBLE SECTA QUE ACABÓ CON EL IMPERIO ROMANO



EL CONCILIO DE JERUSALEM DEL AÑO 50.

EL IMPULSO DEFINITIVO DE LA RELIGIÓN CRISTIANA. PEDRO Y PABLO, EN CONTRA DE OTROS APÓSTOLES, DECIDEN QUE EL CRISTIANISMO PUEDA ENSEÑARSE TAMBIÉN A LOS NO JUDÍOS.

JESUS, QUE ERA JUDÍO. SÓLO PREDICO EN ISRAEL PARA LOS JUDÍOS Y SOLO BAUTIZO A JUDÍOS. LOS APÓSTOLES EN ESTE CONCILIO DECIDEN BAUTIZAR TAMBIÉN A LOS NO JUDÍOS INCLUIDOS LOS ROMANOS.

CASI 300 AÑOS DESPUÉS ROMA ADOPTARÁ EL CRISTIANISMO COMO RELIGIÓN OFICIAL.

El Concilio de Jerusalén es el nombre dado a la primera reunión normativa del cristianismo (la iglesia cristiana primitiva) hacia el año 50, según se relata en el capítulo 15 de los Hechos de los apóstoles. Existe la controversia de si llamarlo o no concilio, normalmente no se le incluye dentro de los concilios de la Iglesia Católica aunque en la mayoría de las ediciones católicas de la Biblia aparece con este nombre.

Cuando llegaron judíos creyentes en Jesucristo a la comunidad de Antioquía, se escandalizaron al ver que los miembros conversos no habían sido circuncidados ni cumplían otros preceptos de las leyes judías. Estas personas, que no aparecen determinadas mayormente en el texto de los Hechos, comenzaron a predicar que era necesaria la circuncisión y la asunción de toda la Torá (Antiguo testamento), causando un gran estupor entre los primeros creyentes griegos.

Por esta razón, los discípulos de Antioquía encomendaron a Pablo de Tarso y Bernabé junto a “algunos de ellos” a acudir hasta Jerusalén para zanjar la situación.

El principal objetivo de este concilio era determinar si el gentil piadoso creyente en Jesús debía convertirse formalmente al judaísmo (lo que implicaba ser circuncidado y seguir todos los preceptos del Antiguo testamento (o sea, la Torá judía). Aunque estos preceptos abarcaban desde lo civil, lo sanitario y lo religioso, en realidad son la clave de la conexión con Dios. Algunos de estos preceptos están en la Torá en forma expresa, otros se deducen en el texto o bastaba con seguir ciertos preceptos que la Torá impuso antes de que Israel fuese nación, junto con la obediencia a Jesús, el Mesías.

La posición de no enseñar ni observar mas leyes de la torah aplica solo a los nuevos conversos durante un breve tiempo, porque al comenzar con la vida congregacional, asistiendo regularmente los sábados a la sinagoga y a toda la liturgia hebrea, lo natural es que las personas aprendan de los rabinos y maestros la observancia de los mandamientos, asunto base de la predicación de los apóstoles y las enseñanzas del Mesias.

En cuanto a la idea de que Jesus no hizo nada distinto del judaismo ni menos que lo abolió, queda totalmente aclarado por las palabras expuestas en el libro de mateo:

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos, les dijo: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced pues y observad todo lo que os digan, pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen."
Mateo 23, 1-3 Nueva Biblia de Jerusalén
Otra importante declaración de que los mandamientos en ningún momento han salido de la vida del creyente es Jesus es la siguiente:
"No penséis que he venido a abolir la Ley de los Profetas."

"No he venido a abolirlos sino a darles cumplimiento. Os aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni un tilde de la ley hasta que todo suceda"
Mateo 5, 17-18 Nueva Biblia de Jerusalén

En este contexto se pueden comprender perfectamente el acuerdo final de Pablo con Santiago respecto a la observancia de mandamientos básicos para los gentiles recién convertidos, dado que se espera aprendan de los escribas y fariseos los mandamientos entregados por Dios a Moises para su pueblo.

Este tema también lo trata Pablo con gentiles convertidos, quienes al provenir de religiones paganas querían volver a incorporarlas a su diario vivir:

"En otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses. Mas, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor, que él os ha conocido, ¿Cómo volvéis a someteros a esos elementos sin fuerza ni valor, a los cuales queréis servir de nuevo? Celebráis la llegada de ciertos días, meses, estaciones y años... Me da miedo pensar que mis desvelos por vosotros puedan haber sido inútiles".
Epístola a los Gálatas 4, 8-11 Nueva Biblia de Jerusalén


Participantes y proceso
Además de los mencionados Pablo, Bernabé y miembros de la iglesia de Antioquía, participaron los apóstoles, y presbíteros (ancianos) de la comunidad de Jerusalén.

Primero expusieron algunos de la rama farisaica, que proponían imponer toda la Torá (ley) de Moisés a los gentiles, luego Pablo y Bernabé explicaron sus posturas, pronunciaron dos importantes discursos Pedro y Yakov (Santiago el Mayor). Este Yakov evidentemente no es el mismo apóstol que murió en el año 44. Y parece que fue el mismo Yakov que escribió el libro bíblico que lleva el nombre de Jacobo (o Santiago, en algunas versiones).

Al final del concilio se escribe el “decreto de Jerusalén” que luego de exponer la situación determina que los conversos no judíos sólo deben cumplir con ciertos preceptos durante un breve tiempo mientras vayan incorporando a través del tiempo la observancia de los mandamientos de Dios entregados mediante Moises.

En la ilustración de arriba, el Concilio de Jerusalén del año 50

domingo, 1 de febrero de 2015

ANTIGUO TESTAMENTO 11

EL PASO DEL MAR ROJO
EL PASO DEL MAR ROJO

Frente a ellos estaba el Mar Rojo. Dios dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar". Moisés obedeció y las aguas se separaron formando un muro a ambos lados.   Los israelitas pasaron a pie al otro lado del Mar Rojo sin mojarse.


EL MAR VUELVE A SU CAUCE
EL MAR VUELVE A SU CAUCE

Una vez hubo pasado al otro lado el último israelita, Dios ordenó a Moisés que extendiera de nuevo su mano para que las aguas volvieran a su cauce.


DESTRUCCIÓN DEL EJÉRCITO EGIPCIO
DESTRUCCIÓN DEL EJÉRCITO EGIPCIO

Por la mañana, los egipcios habían continuado la persecución, y llegaron al Mar Rojo cuando los últimos israelitas alcanzaban la margen opuesta. Cuando todo el ejército egipcio había penetrado en el lecho seco del mar, las aguas se cernieron de repente, pereciendo todos. Así libró Dios a los israelitas de los egipcios.


 EL MANÁ
 EL MANÁ

Al encontrarse en el desierto, pasaron hambre los israelitas.  Pero una mañana, apareció el suelo cubierto de una especie de rocío. Moisés les dijo: "Éste es el pan que el Señor os da para comer".  Todos comieron encontrándole agradable sabor. Este alimento al que llamaron "maná" no les faltó ninguna mañana durante los cuarenta años que vagaron por el desierto.


EL AGUA DE LA PEÑA
EL AGUA DE LA PEÑA

Cierto día en que les faltó el agua, Moisés por orden de Dios, tocó con su vara una roca, y al punto brotó agua en tal abundancia, que el pueblo pudo saciar su sed.


MOISÉS SUBE AL SINAÍ
 MOISÉS SUBE AL SINAÍ

Tres meses después de su partida de Egipto, llegaron al pie del monte Sinaí. Plantaron sus tiendas y Moisés subió al monte donde el Señor, entre relámpagos y truenos le dio su ley. Moisés permaneció cuarenta días en el Sinaí hablando con el Señor.



EL BECERRO DE ORO

 EL BECERRO DE ORO

Viendo el pueblo que Moisés permanecía demasiado tiempo en el monte, obligó a su hermano Aarón a que construyese un becerro de oro parecido al que se adoraba en Egipto. Luego organizaron fiestas y diversiones.


 LAS TABLAS DE LA LEY
 LAS TABLAS DE LA LEY

Cuando Moisés descendió del Sinaí portando las tablas de la Ley, y vio que su pueblo se había entregado a la idolatría, rompió las tablas y ayudado por los que habían permanecido fieles, destruyó el becerro de oro y exterminó a más de 20.000 idolatras. La cólera de Dios se apaciguó y entregó a Moisés otras tablas con los Diez Mandamientos.