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jueves, 29 de diciembre de 2022

EL INSACIABLE APETITO SEXUAL DE MESALINA


Mesalina, la mujer del emperador Claudio, considerando que era una victoria digna de una reina, eligió para competir con ella a la más conocida entre las esclavas que se prostituían por dinero y la venció con veinticinco uniones carnales en un día y una noche.


( Plinio en "Historia natural") 







sábado, 10 de diciembre de 2022

VITELIO, POR SUETONIO



 I.-  Muchas y muy diversas tradiciones existen acerca del origen de Vitelio; unas pretenden que fue antiguo y noble; dicen otras que reciente, obscuro y hasta abyecto. Me atrevería a atribuir esta diversidad de opiniones a la adulación o a enemistad, si no remontase a una época muy anterior al reinado de Vitelio. Hay una obra de Q. Vitelio, cuestor del divino Augusto, en la que se afirma que los Vitelios proceden de Fauno, rey de los Aborígenes, y de Vitelia, que en muchos lugares fue adorada como divinidad; que reinaron en todo el Lacio; que sus sucesores pasaron del país de los sabinos a Roma, quedando aquí agregados a los patricios; que subsistieron por mucho tiempo rastros de su existencia, tales como la vía Vitelia, desde el Janículo al mar, y una colonia del mismo nombre, cuya defensa contra los equículos emprendió en otro tiempo esta sola familia; dícese en ella por último, que en la época de la guerra con los sammitas, muchos Vitelios, enviados de guarnición a la Apulia, se establecieron en Nuceria y que sus descendientes, regresados a Roma mucho tiempo después, recuperaron su puesto en el orden de los senadores.


II.-  Por otra parte, algunos autores señalan como tronco de esta raza a un liberto, Casio Severo y otros muchos dicen que este liberto fue un zapatero, un hijo del cual, después de haber ganado algún dinero en ventas y tráficos, casó con una mujer de mala vida, hija de un panadero llamado Antíoco, de la que tuvo un hijo que llegó a ser caballero romano. No quiero discutir tales contradicciones; lo cierto es que P. Vitelio, ya procediese de rancia estirpe, ya de familia despreciable, fue caballero romano y administrador de los bienes de Augusto. Dejó cuatro hijos, que alcanzaron las dignidades más elevadas, y que llevando el mismo apellido, se distinguieron sólo por el nombre, y fueron Aulo, Quinto, Publio y Lucio. Aulo murió siendo cónsul con Domicio, padre del emperador Nerón; era un hombre pródigo, que se hizo célebre por la esplendidez de sus comidas; Quinto, fue eliminado del Senado cuando, a propuesta de Tiberio, se excluyó a todos los que no debían pertenecer a esta orden; Publio, compañero de armas de Germánico, acusó e hizo condenar a Cneo Pisón, enemigo y asesino de aquel joven príncipe; después de su pretura, le prendieron como cómplice de Seyano, y sometido a la custodia de su hermano, se abrió las venas con un buril; cediendo, sin embargo, a los ruegos de su familia, mucho más que al temor a la muerte, dejóse vendar y curar las heridas, y murió de enfermedad en la prisión. Lucio, después de su consulado, gobernó la Siria, Y a fuerza de habilidad decidió a Artabano, rey de los partos, a ir a visitarle y hasta a rendir homenaje a las águilas romanas. Fue luego dos veces cónsul ordinario y más adelante censor con el emperador Claudio, llegando hasta quedar encargado del Imperio en su ausencia, durante la expedición a Bretaña. Era un hombre desinteresado, activo, pero completamente deshonrado por su pasión hacia una liberta, cuya saliva bebía mezclada con miel, como remedio contra una enfermedad de la garganta; y no hacia esto en secreto o rara vez, sino cotidianamente y delante de todos. Tenía, por otra parte, maravilloso talento para la adulación; siendo él el primero que imaginó adorar a Calígula como dios al regresar de Siria este emperador, no se atrevió a acercarse a él sino cubriéndose la cabeza, y después de girar varias veces sobre sí mismo, arrodillándose a sus pies. Viendo a Claudio gobernado por sus mujeres y libertos, y no desdeñando ningún artificio para asegurarse su favor, solicitó un día de Mesalina, como gracia excepcional, permiso para descalzarla; le quitó la sandalia derecha, que llevó constantemente entre la toga y la túnica, besándola de tiempo en tiempo. Entre sus dioses domésticos estaban colocadas las estatuas de Narciso y de Palas, y cuando Claudio celebró los juegos seculares, le dijo: que los celebres muchas veces.


III.-  Un ataque de parálisis le llevó al sepulcro en dos días. Dejó dos hijos nacidos de Sextilia, mujer de severa virtud y de ilustre nacimiento, y a los dos vio cónsules en el mismo año, habiendo sucedido por seis meses el menor al mayor. El Senado decretó los funerales públicos, haciéndole levantar frente a los Rostros una estatua con esta inscripción: A la fidelidad inquebrantable hacia el príncipe. Su hijo, Aulio Vitelio, que fue emperador, nació el 8 de las calendas de octubre (163), o según otros el 7 de los idus de septiembre (164) bajo el consulado de Druso César y de Norbano Flaco. El horóscopo que de su nacimiento obtuvieron los astrólogos asustó de tal manera a la familia, que su padre hizo durante su vida increíbles esfuerzos para substraerle a los honores, y su madre, al verle al frente de un ejército y saber que había sido saludado emperador, comenzó a llorar como si ya le viese perdido. Pasó la infancia y la primera juventud en Capri entre las prostitutas de Tiberio, y fue marcado con el afrentoso nombre de Spintria, llegándose incluso a atribuir a sus repugnantes complacencias con el príncipe el favor que gozaba su Padre.


IV.-  En la edad siguiente continuó manchándose con toda suerte de infamias; consiguió el primer lugar en la corte, llegando a ser favorito de Calígula, con el que guió carros en el Circo, y de Claudio, jugando con él a los dados. Pero satisfizo mucho más a Nerón por las mismas complacencias, y especialmente por un mérito singular, y era que estando presidiendo los juegos Neronianos y viendo que el emperador, con vivos deseos de competir con los tocadores de lira, no se atrevía a hacerlo a pesar de las instancias de la multitud, saliendo incluso del teatro, él fue a buscarle como encargado de expresarle el ardiente anhelo del pueblo, de oírle también, y le proporcionó de este modo el placer de dejarse convencer.


V.-  El favor de estos tres príncipes elevóle a la cumbre de los honores y hasta a las primeras dignidades del sacerdocio. Obtuvo el proconsulado de África y después la intendencia de los trabajos públicos. Su conducta, en estos dos cargos, fue muy distinta, como la reputación que adquirió en ellos. En su gobierno, que duró dos años consecutivos, dio pruebas de extraordinario desinterés, y sirvió como legado bajo el mando de su hermano, que le sucedió. En cambio, durante su administración en Roma, substrajo, según se dice, las ofrendas y ornamentos de los templos, colocando cobre y estaño en el lugar del oro y la plata.


VI. Casó con Petronia, hija de un varón consular, que le dio un hijo, Petroniano, a quien faltaba un ojo. Instituido heredero por su madre, a condición de que no permaneciera bajo la autoridad paterna, le emancipó Vitelio, aunque poco después le hizo perecer acusándole de parricidio, y pretendiendo que, agobiado por los remordimientos, había bebido el veneno dispuesto para el crimen. Casó después con Galerta Fundana, cuyo padre había sido pretor; de ésta tuvo un hijo y una hija, pero el varón balbuceaba hasta el punto de ser casi tenido por mudo.


VII.-  Contra la opinión general, Galba le concedió el mando de la Germania Inferior. Créese que debió este empleo a la influencia de T. Vinio, omnipotente a la sazón, y cuyo favor se había granjeado mucho antes, por razón de su común predilección por el bando de los azules . Entonces dijo Galba, que no hay gentes menos peligrosas que las que sólo piensan en comer y que Vitelio necesitaba las riquezas de una provincia para satisfacer su insaciable glotonería; por lo cual se ve evidentemente que en la designación de este príncipe entró más el desprecio que la consideración. Cosa sabida es que ni siquiera poseía el dinero preciso para el viaje. Estaban sus negocios tan mal parados, que su esposa y sus hijos que quedaron en Roma, se fueron a vivir en una casucha con objeto de alquilar su casa por el resto del año y que para los gastos del camino tuvo que empeñar una perla de los zarcillos de su madre. Por todas partes se veía perseguido por un tropel de acreedores que querían detenerle, entre otros los enviados de Simuesa y de Formio, cuyos impuestos había retenido en provecho propio; éstos cesaron sólo de perseguirle ante el temor de verse acusados por él de calumniadores, pues lo había hecho ya con un liberto que reclamaba una deuda con obstinada tenacidad. Vitelio le procesó en efecto, por ultraje, con el pretexto de que le había dado un puntapié, y no cedió hasta después de haber obtenido de él cincuenta sestercios de oro. El ejército que iba a mandar, mal dispuesto hacia el príncipe, y pronto a emprenderlo todo, le acogió con manifestaciones de regocijo y como presente de los dioses, considerándole hijo de un hombre que había sido cónsul tres veces, jefe joven, complaciente y disipador. Acababa de dar nuevas pruebas de su conocido carácter, besando en el camino a cuantos había encontrado, incluso a simples soldados, bromeando en todos los descansos y en todas las posadas con los caminantes y muleteros, preguntando a cada uno, desde el amanecer, si había almorzado ya, y eructando ante ellos para demostrar que él ya lo había hecho.


VIII. Cuando entró en el campamento no negó nada a nadie y por autoridad propia perdonó la ignominia a los soldados degradados; a los acusados, perdonó la vergüenza del traje, y a los condenados el suplicio. Por este motivo, apenas transcurrido un mes, los soldados, sin tener para nada en cuenta el día y el momento, le sacaron una noche de su cámara de dormir y en el sencillo traje en que se encontraba le saludaron emperador. Le pasearon luego por los barrios más populosos, empuñando la espada de Julio César, que habían arrebatado del templo de Marte y ofrecido a él por un soldado durante las primeras aclamaciones. Cuando regresó al Pretorio, el comedor estaba ardiendo, por haberse incendiado la chimenea, presagio que consternó a todos: Valor —dijo entonces—; la luz brilla para nosotros. Ésta fue la arenga que dirigió a los soldados. Habiéndose manifestado en seguida por Vitelio las legiones de la Germania Superior, que habían ya abandonado a Galba por el Senado, tomó el sobrenombre de Germánico, que por aclamación unánime se le confirió; no aceptó, sin embargo, al mismo tiempo el de Augusto, y rehusó para siempre el de César.


IX.-  Al enterarse de la muerte de Galba puso en orden los asuntos de Germania y dividió sus huestes en dos cuerpos: uno que se adelantó marchando contra Otón y otro cuyo mando se reservó. El primero partió bajo felices auspicios, pues cuando lo hacía, se presentó de pronto un águila por la derecha, giró alrededor de las enseñas y precedió a la legión por el camino que había de seguir. Pero cuando Vitelio puso en movimiento su ejército, las estatuas ecuestres que le habían erigido en muchos sitios, cayeron todas a la vez y se les rompieron las piernas; la corona de laurel que, con todas las ceremonias de la religión, se había colocado en la cabeza, se le cayó en un río, y en Viena, en fin, mientras administraba justicia sentado en su tribunal, se le posó un gallo en el hombro, pasándole de él a la cabeza. Los sucesos posteriores confirmaron tales presagios: sus legados le dieron, en efecto, el Imperio, pero él no pudo mantenerlo.


CLAUDIO EL DIOS Y SU ESPOSA MESALINA, por ROBERT GRAVES

 CLAUDIO EL DIOS Y SU ESPOSA MESALINA, por ROBERT GRAVES


Podéis tener acceso al libro, clicleando encima de las imágenes a continuación y título de arriba.


EL GRAN ROBERT GRAVES


En el díptico que integran "Yo, Claudio y Claudio el dios y su esposa Mesalina", la amplitud y la profundidad de los conocimientos sobre la Antigüedad clásica de Robert Graves (1895-1985) se conjugan con una prosa de enorme belleza a la que da aliento una poderosa y viva imaginación, capaz de reconstruir toda la grandeza y miseria de la Roma imperial. Segundo y último volumen de la supuesta "autobiografía" de este singular emperador, destinado a serlo contra sus propias inclinaciones, en él Claudio alcanza la púrpura imperial y encauza todos sus esfuerzos, con el apoyo del pueblo llano, a reparar el legado de estragos y desastres que ha recibido de su antecesor Calígula, sin que su inesperado ascenso, no obstante, le procure la felicidad personal.









sábado, 24 de agosto de 2019

ELIA PETINA


Elia Petina (en latín, Aelia Paetina) fue una dama romana del siglo I, segunda esposa del emperador Claudio.
 
Petina fue hija del consular Sexto Elio Cato. De su matrimonio con Claudio, fue madre de Antonia.
 
El emperador Claudio la repudió para casarse con Mesalina. Cuando esta murió, los libertos del emperador le propusieron una candidata cada uno para volver a casarse, siendo Petina la seleccionada por Narciso. El liberto alegaba en su favor que ya estuvieron casados previamente y que respetaría a los hijos de Mesalina, no deseándoles ningún mal.5 Claudio escogió finalmente a Agripina la Menor.

lunes, 26 de febrero de 2018

JUVENAL DICE SOBRE LA EMPERATRIZ MESALINA (ESPOSA DEL EMPERADOR CLAUDIO)



¿Por qué te preocupas de lo que hizo la casa de un particular, de lo que hizo una Epia?

 

Vuelve tu vista a los émulos de los dioses, escucha cuánto soportó Claudio. Cuando su mujer se percataba de que su marido dormía, la augusta meretriz osaba tomar su capucha de noche y, prefiriendo la ester a la alcoba del Palatino, lo abandonaba, acompañada por no más de una esclava.

 

Y ocultando su pelo moreno con una peluca rubia entraba en el caliente lupanar de gastadas tapicerías, en un cuartito vacío que era suyo; entonces se prostituía con sus áureas tetas al desnudo, usurpando el nombre de Licisca, y exhibía el vientre de donde naciste, noble Británico. Recibía cariñosamente a los que entraban y les exigía dinero.

 

Luego, cuando el dueño del burdel despedía a sus chicas, se marchaba triste, y hacía lo que podía: cerrar la última el cuarto, todavía ardiendo con la erección de su tieso clítoris, y se retiraba, cansada de tíos pero aún no saciada, y afeada por el humo del candil y las mejillas oscuras llevaba el olor del lupanar a su almohada.



domingo, 13 de agosto de 2017

EL MULTIMILLONARIO CAYO JULIO CALISTO


 
Cayo Julio Calisto o Gayo Julio Calisto fue un liberto (esclavo manumitido) que vivió durante los reinados de Calígula y de Claudio, cuya influencia sobre este emperador propició que detentara el poder. Cuando se vio amenazado por la locura de Calígula tomó parte en la conspiración que lo asesinó.
 
Esclavo de origen griego, fue comprado entre los esclavos de desecho.​ Tras ser manumitido por Calígula, tomó su praenomen y nomen gentilicium. Se enriqueció a causa de su venalidad y su influencia sobre Calígula. Séneca lo vio obligar a su antiguo propietario a esperar de pie y excluirlo de las entrevistas con el emperador.​ Intercedió a favor del senador y orador Gneo Domicio Afro acusado por Calígula ante el Senado.​
 
Su hija Ninfidia habría tenido una romance con Calígula, rumor que propagó Ninfidio Sabino, hijo de Ninfidia, durante sus intrigas contra el emperador Galba.​
 
Preocupado por las fantasías asesinas de Calígula y temiendo por su supervivencia, se involucró en su asesinato en el año 41. Flavio Josefo considera fundamental su papel en la conspiración.​
 
Se ganó el favor de Claudio, el nuevo emperador, por no haber ejecutado la orden de Calígula de envenenarlo.​ Con otros libertos imperiales, Marco Antonio Palas y Narciso, ejerció una influencia considerable sobre Claudio. En el año 48, cuando estaban trabajando juntos para informar a Claudio de la mala conducta de su esposa Mesalina, Calisto renunció por prudencia y dejó que fuese Narciso quien lo pusiera al tanto. Para que Claudio se volviera casar después de la muerte de Mesalina, cada liberto presentó su candidata. Calisto propuso a Lolia Paulina, hija de un senador consular (sin hijos y divorciada de Calígula tras un breve matrimonio), frente a Agripina, la candidata de Marco Antonio Palas.​ El éxito de Agripina pudo ser la probable causa de la caída en desgracia de Calisto. Dion Casio, historiador griego de Roma del siglo II, dice «que murió en la cumbre de su poder».​
 
Su enriquecimiento fue considerable, superior, según Plinio el Viejo, al multimillonario del siglo anterior, Marco Licinio Craso.​ Añade que su tren de vida fue fastuoso y, como ejemplo, menciona que se hizo construir un comedor con treinta magníficas columnas de ónice.





domingo, 7 de mayo de 2017

LOCUSTA, LA ESCLAVA ASESINA DEL EMPERADOR CLAUDIO Y SU HIJO BRITÁNICO


 
Locusta (f. 69) fue una esclava de la Antigua Roma que actuó como envenenadora de confianza a los servicios de Agripina, envenenando a Claudio, y de Nerón, envenenando a Británico. Está considerada como uno de los más antiguos asesinos en serie de los que se tiene constancia. Su nombre significa ‘langosta’ en latín.
 
Agripina, sobrina y a la vez esposa del emperador Claudio, tenía una capacidad maquiavélica para manejar a su antojo el destino de Roma. Su ambición tenía un fin: coronar emperador a su hijo Nerón. Dos elementos le impedían completar su plan: que Claudio y su hijo Británico, fruto del anterior matrimonio del emperador con Mesalina, se mantuvieran vivos. Allí donde sus argucias no sirvieron para allanar el camino, el veneno solucionaría el problema. Para poder llevar a cabo sus planes, Agripina liberó a la esclava Locusta de su condena a muerte, pues había sido sentenciada precisamente por sus habilidades toxicológicas.
 
Su primer encargo, envenenar al emperador. El 13 de octubre del año 54, a Claudio le esperaba un manjar al que no podía resistirse. Esa noche le prepararon un plato de setas, su comida favorita. Después de que Holato, su catador oficial, probara una pequeña porción del plato, el emperador se abalanzó sobre la comida. Tras pedir una jarra de vino, comenzó a asfixiarse. Distintas hipótesis señalan que en el plato se mezclaron las setas con Amanita phalloides -uno de los hongos más mortíferos- y que el curandero Jenofonte, el médico griego de confianza de Agripina, envenenó al emperador al provocarle el vómito con una pluma de avestruz. Sin embargo, los síntomas hacen pensar en la presencia de arsénico en el plato. Claudio sufrió vómitos y diarreas en su lenta agonía, dejando como sucesor al hijo de Agripina. Así, con Nerón al frente del Imperio, Locusta se convirtió, según Tácito, en un «instrumento del Estado».
 
Su nuevo objetivo, terminar con Británico, el otro hijo de Claudio y Mesalina y, por lo tanto, hermanastro de Nerón. Ante el miedo de que la acusasen del crimen, Locusta preparó una bebida que sólo provocó una diarrea al hermanastro del nuevo emperador. Éste, enojado, recriminó a la envenenadora su temor. En un segundo intento, Locusta se aseguró de no fallar. En un grandioso banquete ofrecido por Nerón, se le entregó a Británico un caldo, previamente probado por un catador, excesivamente caliente. Al refrescarlo con agua se añadió el veneno y el hermanastro del emperador murió inmediatamente. Los asistentes dirigieron sus miradas hacia Nerón quien, sin dar mayor importancia a los hechos, declaró que su hermanastro había sufrido uno más de sus ataques de epilepsia. Pero los síntomas indican que Locusta utilizó Sardonia, una planta que crecía en la isla de Cerdeña. Británico estaba próximo a cumplir 14 años de edad.
 
Sin nadie que amenazara su corona, Nerón la colmó de privilegios, permitiéndole practicar sus artes así como instruir a discípulos. Cuando Nerón huyó de Roma, adquirió veneno de Locusta para su propio uso, pero al final murió por otros medios.
 
Tras el suicidio de Nerón, Locusta fue condenada por el emperador Galba a morir, luego de ser acusada de unas cuatrocientas muertes. Su castigo, que intentó ser ejemplar, se convirtió en un hecho sumamente atroz: fue amarrada y públicamente violada por una jirafa amaestrada, para luego ser descuartizada por una manada de leones.
Locusta, en presencia de Nerón,
prueba sobre un esclavo el veneno destinado a Británico.
Pintura de  Joseph-Noël Sylvestre








domingo, 9 de abril de 2017

EL TALENTO ADULADOR DEL PADRE DEL EMPERADOR VITELIO


Después de haber sido cónsul dos veces, el padre de Vitelio ejerció con el emperador Claudio dos nuevos consulados ordinarios y la censura. Asumió asimismo la dirección del Imperio durante la ausencia de este por su expedición a Britania... Tenía además un extraordinario talento para la adulación:


-Pidió a Mesalina (la esposa de Claudio), como supremo favor, que le permitiera descalzarla, y, tras haberle quitado el chapín derecho, lo llevó continuamente entre su toga y sus túnicas, cubriéndolo de besos de cuando en cuando.

- Veneró asimismo entre sus Lares las imágenes de oro de Narciso y Palante (los poderosos libertos de Claudio).

- Suya fue también la famosa frase: "¡Qué puedas hacerlo muchas veces!", con la que felicitó a Claudio cuando éste celebraba los Juegos Seculares (que en principio tenían lugar cada cien años).


( Suetonio en "Vida de Vitelio")


domingo, 8 de enero de 2017

CLAUDIO EL CONQUISTADOR DE BRITANIA


Los pretorianos, que por haber matado a Calígula se habían hecho amos de la situación y querían seguir siéndolo, miraron alrededor suyo en busca de un sucesor de quien poder disponer a su antojo. Y les pareció que el personaje más indicado era el tío del difunto, aquel pobre Claudio ya cincuentón, con las piernas anquilosadas por la parálisis infantil y la lengua, por el tartamudeo, y de expresión atónita, el cual, la noche del asesinato, fue hallado oculto, temblando de miedo, detrás de una columna.

 

Era hijo de Antonia y de Druso, hijo a su vez de Germánico. Y había pasado por en medio de las tragedias de la casa Claudia, protegido por una bien acreditada fama de mentecato. Si la suya había sido una comedia, conviene decir que, desde niño, la representó muy bien, pues hasta su madre le llamaba «un aborto», y cuando quería hablar mal de alguien le definía como «más cretino que mi pobre Claudio».



Es difícil decir hasta qué punto aquel personaje, que después se reveló como un excelente emperador, era idiota o fingía serlo, para no pagar impuestos. Cierto que él fue, de tal suerte, el único de la familia que se salvó. Arrastrando las delgadas y anquilosadas piernas y escupiendo, al hablar, en la cara de todos; alto, barrigudo y de nariz colorada por el vino, había vivido hasta entonces sin hacer sombra a nadie, estudiando y componiendo historias, entre ellas su autobiografía.


 Hablaba griego y sabía mucho de Geometría y de Medicina. Y cuando se presentó al Senado para hacerse proclamar emperador, dijo: «Ya sé que me consideráis un pobre necio. Pero no lo soy. He fingido serlo. Y por esto hoy estoy aquí.» Después de lo cual, empero, lo echó todo a perder, dando una conferencia sobre la manera de curar las mordeduras de víbora.

 

Claudio debutó con una buena gratificación a los pretorianos que le habían elegido, mas, en cambio, se hizo entregar por ellos a los asesinos de Calígula y les exterminó, para instaurar, dijo, el principio de que no debe matarse a los emperadores. Luego anuló de un plumazo todas las leyes de su predecesor y se puso a reordenar la administración, mostrando una sensatez y un equilibrio que nadie sospechaba en él. Convencido de que entre los senadores no quedaba ya nada bueno, formó un ministerio de técnicos, escogiéndolos en la categoría de los libertos. Y se dio a proyectar y realizar con ellos obras públicas de largo alcance, divirtiéndose con hacer personalmente cálculos y proyectos. 


Lo que más le ocupó fue la desecación del lago Fucino. Empleó a treinta mil excavadores y once años en abrir un canal por donde hacer fluir las aguas. Cuando estuvo listo, ofreció a los romanos, como postrer espectáculo, antes de la desecación, una batalla naval entre dos flotas de veinte mil condenados a muerte, que le dirigieron el famoso grito: «¡Ave, César I ¡Los que van a morir te saludan!», se echaron a pique unos a otros y se ahogaron. El público, que llenaba las colinas circundantes, se divirtió muchísimo.

 

Todos se echaron a reír cuando, en 43, ese emperador tartajoso y de aspecto bobalicón y jocoso partió al frente de su ejército para conquistar Britania. No había sido nunca soldado porque le habrían declarado inútil en las quintas, y Roma estaba convencida de que huiría al primer encuentro. Mas cuando cundió la noticia de que había muerto, la congoja fue grande y general: los romanos habían cogido sincero afecto a aquel emperador que, con todas sus extravagancias, se mostró el mejor, o al menos el más humano, de los que sucedieron a Augusto.


Pero Claudio no sólo no había muerto, sino que conquistó de veras Britania y ahora volvía trayéndose consigo al rey, Caractaco, que fue el primero, de los reyes vencidos por Roma, en ser indultado.


 El mérito de aquella victoria, fue ciertamente, más que de Claudio, de sus generales. Mas los generales era él quien los nombraba, y en tales selecciones no solía engañarse. Fue bajo él que también se formó Vespasiano.



Desgraciadamente, aquel buen hombre tenía una debilidad: las mujeres. En este aspecto era incorregible.


 Había tenido ya, y engañado, a tres esposas, cuando, casi cincuentón, casó con la cuarta, Mesalina, que tenía dieciséis años.


 Mesalina ha pasado a la Historia como la más infame de todas las reinas y acaso no sea verdad. Acaso fue tan sólo la más desvergonzada.

 Como no era guapa, cuando algún jovenzuelo se le resistía, le hacía dar la orden por Claudio de ceder, transformando así el amor en un acto de patriotismo. Claudio se prestaba a ello con tal de que le dejase la mano libre con las criadas. 

Eran, en el fondo, una pareja bien avenida, pero lo malo estaba en que Claudio se había metido en la cabeza reformar las costumbres romanas basadas en la austeridad, y una mujer, de aquella calaña no constituía el mejor ejemplo.


 Un día, estando él ausente, se casó por las buenas con su amante de turno, Silio. Los ministros informaron de ello al emperador diciéndole que Silio quería sustituirle en el trono. 


Claudio volvió, le hizo matar y después mandó a dos preteríanos a llamar a Mesalina que se había ocultado en la casa materna. Temerosos de una venganza, los pretorianos la apuñalaron en brazos de su madre.


 Claudio les ordenó que le matasen también a él, caso de que mostrase intención de volverse a casar.




Volvió a casarse al año siguiente, y la quinta mujer. virtuosa, hizo añorar a la cuarta, desvergonzada. Agripina, hija de Agripina y de Germánico, era su sobrina, había tenido ya dos maridos, el primero de los cuales le había dejado un hijito llamado Nerón, cuya carrera fue su única pasión.


 En ella revivía una Livia empeorada. Con sus treinta años, le fue fácil tener dominado a aquel marido casi sesentón, enflaquecido por los abusos con las criadas.


 Le aisló de sus colaboradores, puso a su amigo Burro al frente de los pretorianos, e instauró un nuevo reinado de terror, del que senadores y caballeros hicieron el gasto. 


Las condenas capitales llevaban una firma de Claudio que, después de la muerte de éste, demostróse que era falsificada.


 El pobre hombre, si bien chocho, pareció notar en cierto momento lo que sucedía y se propuso remediarlo. 


Agripina se le adelantó administrándole un plato de setas venenosas. Nerón, que a su manera tenía cierto ingenio, dijo más tarde que las setas debían ser un yantar de dioses, visto que habían logrado transformar en dios a un pobre hombrecillo como Claudio.