domingo, 26 de julio de 2020

CAIFÁS DICE SOBRE JESUCRISTO



En 29 (782 A. U. C.), quizá, Jesús fue llevado a juicio ante Poncio Pilato, el sexto procurador que gobernó Judea desde la deposición de Arquelao. Había sido nombrado para ese cargo tres años antes. 


Según el relato bíblico, se mostró renuente a condenar a Jesús y sólo lo hizo bajo la presión de las autoridades religiosas judías, quienes pensaban que liberar a Jesús provocaría una rebelión nacionalista, seguida inevitablemente por una represión romana.

 

Se dice en la Biblia que el Sumo Sacerdote Caifás afirmó: «Es conveniente para nosotros que un hombre muera por el pueblo, y que no perezca toda la nación».




AÑO DE LOS CUATRO CÉSARES



El ultimo representante de la dinastía Julio-Claudia había muerto. Tras su desaparición, la situación se complicaba en extremo, pues los acontecimientos se iban a suceder con gran rapidez y todo hacia pensar que sobre Roma se volvía a cernir la sombra de una nueva guerra civil, semejante a la vivida por la ciudad un siglo antes, cuando se produjo el fracaso del conocido como Primer Triunvirato, que llevaría a César al momento de mayor apogeo de su poder.

 

Galba, a la sazon un anciano decrepito que rondaba los 65 o 66 anos, conoció de primera mano la desaparición de Nerón diez días después de ocurrida la muerte, por lo que creyó llegado el momento de marchar hacia Roma con sus legiones, acto que también había sido demandado con urgencia por el Senado. Por tanto, abandono la provincia en dirección a la capital, donde llego en octubre, y sin perdida de tiempo fue proclamado nuevo Cesar por el Senado. Servio Sulpicio Galba, el príncipe, tuvo que hacer frente a numerosos problemas.

 

Entre ellos se presentaba un inconveniente bastante peliagudo, pues no todos los gobernadores aceptaban y aclamaban como nuevo gobernante a un viejo que debía haber permanecido apartado en su provincia. Pero además existían otras dificultades, como volver a imponer la disciplina entre las legiones sublevadas, que él no supo llevar a buen termino, lo que se demostró en su primera actuación ya que, tras ocupar el gobierno, manifestó públicamente su intención de no entregar los premios y recompensas prometidos a ningún soldado, lo que creo gran desconcierto dentro de las legiones, que comenzaron a pensar si habían optado por el mejor candidato.

 

Otra de las cuestiones bastante problemáticas a las que había que hacer frente de forma urgente, eran los problemas financieros y la situación en la que se encontraba el erario publico, cuyo estado era bastante desesperado. Pero el nuevo Cesar no supo solucionar ninguno de estos problemas. Tampoco supo rodearse de asesores capaces, pues se dedico a practicar una política basada claramente en el nepotismo.

 

 Por ello, los que se encontraban bajo su dirección no se mostraron acordes con lo que se les demandaba; así, se vieron sobrepasados por las circunstancias y demostraron no hallarse a la altura que requería la situación, y en muchos casos buscaron exclusivamente su enriquecimiento personal.

 

Las medidas con las que se intentó hacer frente al problema financiero terminaron por sublevar al ejercito. Una de las soluciones que se promulgo fue la bajada del sueldo de las legiones, que unida a la anterior eliminación de las recompensas que en su momento se prometieron así como a la entrega de la cantidad prometida por el antiguo pretor del pretorio, Ninfidio Sabino, al que había dado de lado completamente, para la guardia pretoriana, de la que Galba dijo no hacerse cargo, llevo a que el príncipe fuera asesinado en el mismo centro de Roma por varios pretorianos. También se procedió a eliminar al sucesor que el viejo príncipe había designado.

 

La guardia pretoriana apoyo a Marco Salvio Otón, el antiguo amigo de Neron, mucho mas joven que Galba, al que había mandado como gobernador a Lusitania para poder apropiarse de su mujer. Era respetado por las inmensa mayoría de las tropas y fue proclamado, nuevo gobernante por el Senado.

 

Pero la elección, curiosamente, no fue apoyada por todas las provincias, pues las legiones acuarteladas en Germania se sublevaron en enero del 69, extendiéndose el amotinamiento a otras zonas del Imperio occidental, en concreto Hispania, la Galia y Britania, que proclamaron a Vitelio como nuevo César.

 

Vitelio, que quizás ni siquiera anhelaba ser el gobernante de todo el Imperio, marcho con sus tropas hacia Italia, lo que alarmo a Otón, que no contaba con fuerzas suficientes para hacerle frente y opto por mantener una ronda de negociaciones entre ambos, en donde el príncipe le ofrecía unirle como aliado al Imperio, pero Vitelio no acepto, pues necesitaba una victoria aplastante para hacerse respetar por todos los grupos de poder del Imperio.

 

Otón no tuvo mas remedio que movilizar a sus tropas y marchar hacia el norte, a campo abierto para hacer frente a su adversario, lo que ocurrió a finales de marzo, y aunque Otón intento hacer todo lo posible para que el choque no se produjera, sus intentos resultaron baldíos pues el ejercito de Vitelio, dirigido por Valente, se enfrento al príncipe en Cremona.

 

Derrotado el Cesar, Vitelio había manifestado ante los cadáveres que se amontonaban en el campo de batalla que huele muy bien el enemigo muerto, pero todavía mejor el ciudadano. Otón se retiro a la capital y a mediados de abril prefirió suicidarse, y con ello se produjo un nuevo cambio en el trono. Vitelio entra en Roma para ser proclamado nuevo príncipe; esta vez tenia el visto bueno de todas las facciones: el Senado, que busca la paz, las legiones, la totalidad de las provincias y por ultimo el pueblo, saturado con tanto enfrentamiento y luchas por el poder.

 

Vitelio se mantendrá en el poder hasta el verano de este mismo año, puesto que, en contra de lo que se esperaba, no realizo una política de conciliación con sus antiguos enemigos, sino que efectuó una administración encaminada a su represión, cosechando la consiguiente oposición por parte de las fuerzas que le habían apoyado, cansadas de tantos enfrentamientos civiles, fundamentalmente las tropas estacionadas en las provincias orientales.

 

 En esta situación, en el mes de julio las legiones proclamaron príncipe a Vespasiano, que poco a poco va ganando para su causa al resto de las tropas asentadas en las provincias, hasta que Vitelio pasa a contar únicamente con la fuerza de la guardia pretoriana, cuyos efectivos prepararon la resistencia en Roma.

 

Vespasiano desembarco en Italia, enfrentándose ambos contendientes en la localidad de Cremona en octubre del 69. El resultado de este encuentro llevo a que las riendas por fin recayeran en manos de una persona apoyada por todos los sectores de la sociedad sin ninguna fisura. Finalizo con todos los focos de sediciosos, tanto en Oriente como en las provincias occidentales.



Vespasiano murió en el ano 79, pero previendo la situación en que podía volver a quedar el Imperio tras su desaparición, se adelanto a los acontecimientos y puso en marcha una serie de medidas encaminadas a mantener la estabilidad en Roma, apoyo que asocio a sus hijos Tito y Domiciano al poder; con ello ya no surgirán los problemas sucesorios. La dinastia Flavia ha ocupado el principado.

( Hipólito Pecci Tenrero en "Nerón" )

 

PITÁGORAS DICE SOBRE LA VIDA




Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo.




CÉSAR DICE SOBRE LA EXPERIENCIA



 

La experiencia es la maestra de todas las cosas.




MACÓN DICE SOBRE LA GLOTONERÍA



Filóxeno de Citera pidió una vez a los dioses tener una garganta de tres codos de longitud. "Es para poder tragar el mayor tiempo posible", dijo, "y disfrutar de todo lo que como al mismo tiempo".




PLUTARCO DICE SOBRE EL FAVORITO DE LA FORTUNA ALEJANDRO MAGNO



Este es el discurso de la Fortuna que revela a Alejandro como obra suya y sólo suya. Pero es preciso hacer una réplica en favor de la filosofía o más bien en favor de Alejandro, quien se sentiría vejado e irritado si pareciera que ha adquirido gratuitamente de Fortuna su hegemonía, conseguida al precio de mucha sangre y de sucesivas heridas, pues pasaba muchas noches en vela y consumía días manchados de sangre luchando contra poderes irresistibles e innumerables tribus, contra ríos inaccesibles y rocas inexpugnables, asistido por buen consejo, fortaleza, valentía y sensatez. Pienso que Alejandro le diría a Fortuna si ésta tratase de inscribir su nombre en los éxitos de aquél: "No desacredites mi valor ni me desposeas de mi fama y me la quites".





PROVERBIO JUDÍO SOBRE ENVEJECER



Al envejecer, el ser humano ve peor pero más.



sábado, 25 de julio de 2020

LOS JUEGOS DEL EDIL CURUL CAYO JULIO CÉSAR



Los ludi megalenses eran los primeros juegos del año y los más solemnes desde el punto de vista religioso, quizás porque anunciaban la llegada de la primavera -en aquellos años en que el calendario coincidía con las estaciones- y tenían su origen en la segunda guerra que Roma había librado contra Cartago, cuando Aníbal recorrió Italia de arriba abajo. Fue entonces cuando el culto de Magna Mater, la gran Madre Tierra asiática, se introdujo en Roma, y se erigió en el Palatino un templo orientado directamente hacia el Vallis Murcia, en el cual se extendía el Circo Máximo. En muchos aspectos era un culto inapropiado para la conservadora Roma; los romanos aborrecían a los eunucos, los ritos flagelatorios, y todo lo que se consideraba un barbarismo religioso. No obstante, el hecho se había llevado a cabo en el momento en que Claudia, la virgen vestal, tiró milagrosamente de la barcaza que transportaba la piedra del ombligo de Magna Mater y consiguió llevarla río Tíber arriba, y ahora Roma tenía que sufrir las consecuencias y contemplar cómo unos sacerdotes castrados que sangraban por las heridas que ellos mismos se habían infligido recorrían, el cuarto día de abril, todo aquel camino sin dejar de gritar y de pregonar su paso por las calles al son de trompetas, mientras remolcaban la efigie de la Gran Madre y suplicaban limosnas a todos aquellos que acudían a mirar aquella presentación de los juegos.



Los juegos propiamente dichos eran más típicamente romanos, y duraban seis días, desde el cuarto hasta el décimo día de abril. El primer día se hacía la procesión, luego se celebraba una ceremonia en el templo de Magna Mater y, finalmente, algunos actos en el Circo Máximo. Los cuatro días siguientes se dedicaban a representaciones teatrales en distintas construcciones provisionales de madera que se instalaban con ese fin, mientras que el último día tenía lugar la procesión de los dioses desde el Capitolio hasta el circo, y muchas horas de carreras de carros en el circo.



Como edil curul senior, era César quien oficiaba en los actos del primer día y quien le ofrecía a la Gran Madre un sacrificio extrañamente incruento, considerando que Kubaba Cibeles era una señora sedienta de sangre; la ofrenda era un plato de hierbas.



Algunos los llamaban los juegos patricios, porque la primera noche las familias patricias se agasajaban unas a otras y en sus listas de invitados figuraban patricios exclusivamente. Siempre se consideraba un buen augurio para el patriciado que el edil curul que hacía el sacrificio fuera patricio, como lo era César. Bíbulo, desde luego, era plebeyo, y el día de la inauguración se sintió completamente ignorado; César había llenado de patricios los asientos especiales en las enormes y anchas gradas del templo, haciendo honor en particular a los Claudios Pulcher, tan íntimamente conectados con la presencia de Magna Mater en Roma.



Aunque aquel primer día los ediles celebrantes y la comitiva oficial no descendían al Circo Máximo, sino que más bien miraban desde los escalones del templo de Magna Mater, César había preferido poner un espectáculo brillante en el circo en lugar de tratar de entretener a la multitud que había seguido la sangrienta procesión de la diosa con la acostumbrada ración de peleas de boxeo y carreras pedestres. El tiempo de que se disponía no hacía imposibles las carreras de carros. César había instalado un sistema de conducción del agua desde el Tíber y había canalizado el agua, que atravesaba el Forum Boarium y creaba así un río dentro del circo, con la spina haciendo el papel de isla del Tíber y separando esta astuta corriente de agua. Mientras la extensa multitud lanzaba exclamaciones de admiración, César representó la proeza de fuerza de la vestal Claudia. Ésta llevó a rastras la barcaza desde el extremo del Forum Boarium, donde el último día instalarían las puertas de salida para las carreras de carros, dio una vuelta completa a la spina y luego la dejó descansando en el extremo de la puerta de Capena del estadio. La barcaza relucía engalanada con adornos dorados y tenía velas ondeantes bordadas de color púrpura; todos los sacerdotes eunucos iban reunidos en la cubierta alrededor de una bola negra y lustrosa que representaba la piedra ombligo, mientras en lo alto de la popa se alzaba la estatua de Magna Mater en una carroza tirada por un par de leones de apariencia absolutamente realista. César no utilizó un forzudo vestido de vestal para representar a Claudia, sino que usó una esbelta y hermosa mujer del tipo de Claudia, y disimuló la presencia de los hombres que tiraban de la barcaza sumergiéndolos en el agua hasta la cintura, con los hombros agachados y metidos bajo un falso casco de nave dorado que los ocultaba a la vista.



La multitud se fue a sus casas extasiada después de aquel espectáculo de tres horas. César se quedó allí, rodeado de patricios encantados, y aceptó los obsequiosos cumplidos que le dedicaron tanto por el buen gusto que había demostrado como por su imaginación. Bíbulo captó la indirecta y se marchó, muy ofendido porque nadie le había hecho caso.



Nada menos que diez teatros de madera habían sido levantados desde el Campo de Marte hasta la puerta de Capena, el mayor de los cuales tenía capacidad para diez mil personas y el más pequeño para quinientas. Y en lugar de contentarse con que parecieran lo que realmente eran, provisionales, César había insistido en que se pintaran, se decoraran y se dorasen. Farsas y mimos se pusieron en escena en los teatros mayores, Terencio, Plauto y Ennio en los medianos, y Sófocles y Esquilo en el auditorio más pequeño, que tenía un aspecto muy griego; se tuvieron en cuenta todos y cada uno de los gustos teatrales. Desde primera hora de la mañana hasta casi el crepúsculo, los diez teatros dieron representaciones durante los cuatro días, todo un festín. Y fue literalmente un festín, pues César sirvió refrigerios gratis en los entreactos.



El último día la procesión se reunió en el Capitolio y dirigió sus pasos a través del Foro Romano y la vía Triunfal hasta el Circo Máximo; desfilaron estatuas doradas de algunos dioses, como Marte y Apolo... y Cástor y Pólux. Como fue César quien había pagado para que las dorasen, a nadie le extrañó que Pólux fuera de un tamaño mucho menor que su gemelo Cástor. ¡Qué risa!.



Aunque se suponía que los juegos eran financiados con dinero público y lo que todos los espectadores preferían eran las carreras de carros, el hecho era que nunca había dinero del Estado para los entretenimientos propiamente dichos. Ello no había detenido a César, quien organizó más carreras de carros el último día de los ludi megalenses de lo que Roma había visto nunca. Era su deber como edil curul senior dar la salida a las carreras, en cada una de las cuales intervenían cuatro carros: uno rojo, otro azul, otro verde y otro blanco. La primera era de cuadrigas, carros tirados por cuatro caballos, pero otras carreras eran de carros tirados por dos caballos, o de dos o tres caballos dispuestos uno detrás de otro; César organizó incluso carreras de caballos desuncidos, que fueron montados sin ensillar por postillones.



La longitud de cada carrera era de cinco millas, distancia que se conseguía dando siete vueltas alrededor de la división central de la spina, un promontorio estrecho y alto adornado con muchas estatuas que exhibía siete delfines en uno de los extremos, y en el otro siete huevos dorados colocados en lo alto de grandes cálices; a medida que acababa cada una de las vueltas se tiraba del morro de un delfín y la cola se alzaba, y se quitaba un huevo dorado de un cáliz. Si las doce horas del día y las doce horas de la noche eran de igual longitud, entonces cada carrera tardaba en su recorrido un cuarto de hora, lo que significaba que el ritmo era veloz y furioso, un galope enloquecido. Cuando se producían vuelcos solían ocurrir al dar la vuelta a las metae, donde cada conductor, con las riendas enrolladas con muchas vueltas a la cintura y una daga metida entre las mismas para poder liberarse si chocaba, luchaba con destreza y valor por mantenerse en el lado interior, de manera que así el recorrido fuera más corto.



La multitud quedó encantada aquel día, pues en lugar de largos descansos después de cada carrera, César las hizo sucederse una detrás de otra sin apenas interrupción; los corredores de apuestas se apresuraban entre los excitados espectadores para recoger las apuestas en un continuo frenesí, pues no daban abasto. Ni un solo sitio en las gradas estaba vacío, y las mujeres se sentaban en las rodillas de sus maridos para ganar espacio. No se permitía la entrada a los niños, a los esclavos ni a los esclavos libertos, pero las mujeres se sentaban con los hombres. En los juegos de César más de doscientos mil romanos libres se apretujaron en el Circo Máximo, mientras que otros cuantos miles más los contemplaron desde puntos estratégicos en lo alto del Palatino y el Aventino.

( Colleen McCullough )