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jueves, 29 de diciembre de 2022

ZÓSIMO


Zósimo (en griego original, Ζώσιμος) fue un historiador griego pagano de finales del siglo V d. C. y primeros del VI, autor de una historia del Imperio romano desde Augusto hasta el saqueo de Roma por los visigodos al mando de Alarico el 410 d. C..

BIOGRAFÍA

Nacido verosímilmente en torno al año 460 d. de C., Zósimo vivió en Bizancio bajo los emperadores Zenón y Anastasio I. Fue advocatus fisci, esto es, el funcionario del tesoro imperial que defendía ante los tribunales los bienes del estado, y residió sin duda en la misma Bizancio. Poseía el rango de comes (esto es, miembro de la comitiva del emperador, lo que después se denominó "conde"). Algunos han querido identificarlo infructuosamente con los sofistas Zósimo de Ascalón o Zósimo de Gaza.

Se ha deducido que redactó en griego su Ιστορὶα νὲα ("Historia nueva") entre los años 500 y 520, muy probablemente 501, como defiende A. D. E. Cameron. Su narración prueba que fue un pagano convencido en una época en que el Cristianismo ya era protegido por los emperadores, por lo que su obra está cargada de ideología anticristiana. Zósimo nos muestra que la nueva religión no era aún algo asimilado del todo en el Imperio romano y que el Paganismo se mantuvo bastante tiempo aún en las ciudades antes de que se extinguiese en los pueblos. Por eso su obra es un testimonio valiosísimo sobre el fin de la Antigüedad romana y completa de forma inestimable la historia de Amiano Marcelino, también pagano y de origen griego. De hecho, atribuye el declive del Imperio al rechazo de los dioses paganos y da a la conversión de Constantino un año muy posterior al que ofrecen los historiadores cristianos, justificándola además de una forma psicológica, para hacerse perdonar el crimen de haber matado a su propio hijo Crispo y a su madre, Fausta.


NUEVA HISTORIA

La Ιστορὶα νὲα o Historia nueva de Zósimo se compone de seis libros; el estilo y la concepción historiográfica los toma de Polibio; su ideología es anticristiana, defensora de las tradiciones paganas; su fuente para el periodo del 238 al 270 es aparentemente Dexipo; para el que va del 270 al 404, Eunapio; y, para después del 407, Olimpiodoro. Probablemente el título "nueva" se debe a que quiere contrastarse con las historias que empiezan a escribir los cristianos.

El libro I, tras un rápido bosquejo de la historia de la Grecia antigua y del periodo republicano de Roma, comienza de hecho en Augusto, pero los emperadores de los dos primeros siglos son solamente enumerados; la narración no toma verdadero cuerpo más que a partir del siglo III, extendiéndose sobre todo en las invasiones germánicas y las campañas de Aureliano contra Palmira y su reina, Zenobia. Una amplia laguna interrumpe la narración en el reinado de Probo (276-282), dejándonos sin información sobre el reinado de Diocleciano, un gran perseguidor de cristianos, y en el libro II se retoma con una digresión sobre los juegos seculares (que viene de Flegón de Tralles) para seguirse desde la abdicación de Diocleciano (305) hasta la elevación de Juliano el Apóstata a la dignidad de césar.

El libro III narra el reinado de Juliano y el de Joviano (355-364). El IV se extiende entre los años 364 y 395 (Valentiniano I, Valente, Graciano, Valentiniano II, Teodosio I). El V pone en escena los acontecimientos de Oriente entre 395 y 404 y los de Occidente entre 407 y 409. El libro VI y último, muy breve e inacabado, engloba la narración de los sucedido en algunos meses, desde 409 hasta el verano de 410, y se interrumpe poco antes de la toma de Roma por Alarico.

El estilo de Zósimo es conciso, limpio y puro y gusta de introducir anécdotas. La difusión de la obra fue principalmente clandestina a causa de su contenido, de forma que sólo ha llegado a nosotros un testimonio, el codex vaticanus graecus 156, copiado entre los siglos X y XI, con numerosas marginalia airadas de lectores cristianos bizantinos. Las mejores ediciones son las de L. Mendelssohn (Leipzig, 1887) y la bilingüe de F. Paschoud (Histoire Nouvelle, París, 1971-1988). Una versión moderna en español, obra de José María Candáu Morón, ha sido publicada en Madrid: Editorial Gredos, 1992.


lunes, 29 de junio de 2015

DISCUSIÓN FILOSÓFICA EN VISPERAS DE LA MUERTE DE MARCO PORCIO CATÓN EN SU ALOJAMIENTO DE ÚTICA




La cómoda casa del prefecto en la plaza principal contenía un cuarto de baño como era debido. A media tarde Catón ordenó que llenaran la bañera y fue a disfrutar plácidamente del agua. Cuando salió, el comedor estaba preparado para la cena, y los otros dos comensales estaban allí reclinados, el joven Catón a la derecha, Estatilo a la izquierda, y el triclinio reservado a Catón se hallaba en medio. Cuando éste entró, su hijo y Estatilo lo contemplaron boquiabiertos: se había cortado la melena y se había afeitado la barba, y llevaba la túnica senatorial con la ancha banda púrpura del latus clavus cayendo desde el hombro derecho.

 


Ofrecía un aspecto magnífico, mucho más joven, pese a que en su cabello, peinado ahora como antiguamente, no se advertía ni un solo pelo rojo. Tras muchos meses absteniéndose del vino, sus ojos grises habían recuperado la luminosidad de otro tiempo, y las arrugas propias de la disipación habían desaparecido.

 


-¡Estoy muerto de hambre! -dijo, ocupando el lectus medius-. ¡Prognantes, la comida!

Era imposible mantener una actitud sombría; el ánimo alegre de Catón era demasiado contagioso. Cuando Prognantes sacó un vino tinto de una excelente cosecha, Catón lo paladeó atentamente, declaró que era bueno, y fue tomando un sorbo de vez en cuando.

 


Cuando sólo quedaban en la mesa el vino, dos excelentes quesos y unas uvas, y todos los criados excepto Prognantes se habían ido, Catón se acomodó en el triclinio apoyando el codo en un cabezal y exhaló un hondo suspiro de satisfacción.

 

-Echaré de menos a Atenodoro Cordilion -dijo-, pero tú tendrás que ocupar su lugar, Marco. ¿Qué era lo real en opinión de Zenón?

 


¡Vaya, estoy otra vez en la escuela!, pensó el hijo de Catón, y contestó de manera mecánica:

-Las cosas materiales. Las cosas que son sólidas.

-¿Es sólido mi triclinio?

-Sí, claro.

-¿Es sólido dios?

-Sí, claro.

-¿Y pensaba Zenón que el alma era sólida?

-Sí, claro.

-¿Cuál es la primera de todas las cosas sólidas?

-El fuego.

-¿Y después del fuego?

-El aire, luego el agua y luego la tierra.

-¿Qué debe ocurrir con el aire, el agua y la tierra?

-Deben regresar al fuego al final del ciclo.

-¿Es fuego el alma?

-Eso pensaba Zenón, pero Panecio no estaba de acuerdo.

-Además de en Zenón y Panecio, ¿dónde podemos buscar el alma?


Catón hijo vaciló, y buscó ayuda en Estatilo, quien contemplaba a Catón con creciente consternación.

 

-Podemos consultar a Sócrates a través de Platón -contestó Estatilo con voz trémula-. Aunque veía grandes defectos en Zenón, Sócrates era el perfecto estoico. Le traían sin cuidado el bienestar material, el frío y el calor, las pasiones de la carne.


-¿Buscamos el alma en el Fedro o en el Fedón?

Estatilo tomó aire y habló.

-En el Fedón. En este diálogo, Platón comenta lo que Sócrates dijo a sus amigos poco antes de tomarse la cicuta.

 


Catón se echó a reír y extendió las manos.


-Todos los hombres buenos son libres, todos los malos hombres son esclavos. Fijémonos en las Paradojas.

 

El tema del alma pareció quedar de lado cuando los tres se embarcaron en uno de los temas preferidos de Catón. Estatilo fue el encargado de adoptar el punto de vista epicúreo, el hijo de Catón el peripatético, y Catón, fiel a sí mismo, siguió siendo un estoico. Los razonamientos se desarrollaron entre risas, un rápido intercambio de premisas tan conocidas que todas las respuestas eran automáticas.
 


Se oyó a lo lejos un estruendoso trueno. Estatilo se levantó y fue a mirar por la ventana de la fachada sur en dirección a las montañas.


-Se acerca una terrible tormenta -anunció. Bajando la voz, repitió-: una terrible tormenta.


Volvió a reclinarse para hablar en defensa de la libertad y la esclavitud en nombre de los epicúreos.


El vino estaba haciendo mella en Catón, que no se había dado cuenta de su gradual efecto. De pronto, con violento ademán, lanzó su arra por la ventana del lado sur.

 

-¡No, no, no! -bramó-. Un hombre libre que consiente cualquier clase de esclavitud es un mal hombre, y no hay más que hablar. No me importa qué clase de esclavitud acepte, sean los placeres lascivos, la comida, el vino, la puntualidad, el dinero..., el hombre que se esclaviza es un mal hombre. Perverso. Malévolo. Su alma abandonará ese cuerpo tan sucia, tan cubierta de
inmundicia, que se hundirá en el Tártaro, y allí se quedará para siempre. Sólo el alma del hombre bueno ascenderá al éter, a los reinos de dios. No de los dioses, sino de dios. Y el hombre bueno nunca sucumbe a ninguna clase de esclavitud, a ninguna clase. A ninguna clase.

 

Durante este apasionado discurso, Estatilo se había puesto en pie y había ido a acurrucarse junto al joven Catón.


-Si tienes ocasión -susurró-, ve a su dormitorio y quítale la es pada.


Sobresaltado, el joven Catón miró con horror a Estatilo.


-¿Ésa es la razón de todo esto?

-Por supuesto. Va a matarse.


Catón fue perdiendo el brío y finalmente se quedó inmóvil, temblando y mirando fijamente a su público. Sin previo aviso, se puso en pie, y tambaleándose, se dirigió a su estudio, donde los otros dos lo oyeron revolver entre los libros y pergaminos.


¡Fedón, Fedón, Fedón!-gritaba, entre risitas.


El joven Catón miraba boquiabierto a Estatilo, quien de pronto le dio un empujón.


-¡Ve, Marco! ¡Quítale ahora la espada!

 

Catón hijo corrió hasta los amplios aposentos de su padre y se apoderó de la espada, colgada de su bridecú en un gancho de la pared. De regreso en el comedor, vio a Prognantes allí de pie con el jarrón de vino en la mano.


-Ten, llévate esto y escóndelo -ordenó, entregando la espada de Catón al mayordomo-. ¡De prisa! ¡Deprisa!


Prognantes se marchó justo a tiempo; Catón reapareció con un pergamino en la mano. Lo arrojó al lectus medius y se volvió hacia el atrio.


-Oscurece. Tengo que dar el santo y seña a los centinelas -anunció lacónicamente, y se fue, pidiendo a gritos un sagum impermeable; iba a llover.


La tormenta se acercaba; los rayos empezaban a bañar el comedor de un intermitente resplandor blanco azulado, ya que aún no habían encendido los candiles. Prognantes acudió con una vela.


-¿Está escondida la espada? -preguntó Catón hijo.


-Sí, domine. El señor no la encontrará, quédate tranquilo.


-¡Estatilo, no puede hacer una cosa así! ¡No debemos permitírselo!


-No se lo permitiremos. Esconde también tu espada.

 

Catón regresó al cabo de un rato, echó en un rincón su capote mojado y cogió el Fedón del triclinio. A continuación se acercó a Estatilo, lo abrazó y lo besó en las dos mejillas.


Luego hizo lo mismo con el joven Catón, a quien le resultó extraño notar los brazos de su padre a su alrededor, y aquellos labios secos en su cara y su boca. Sólo recordaba el día en que su padre los había llamado a él y a Porcia para anunciarles que se había divorciado de su madre por adulterio con César y que nunca volvería a verla. Ni siquiera un momento. Ni siquiera para despedirse. Catón hijo, aún niño, lloró desconsoladamente por su madre, y su padre le dijo que no debía acobardarse, que acobardarse por algo tan insignificante no era correcto. Tantos recuerdos de un padre severo, de un padre que imponía su despiadada ética a cuantos lo rodeaban, ¡y sin embargo qué orgulloso estaba de ser el hijo del gran Catón! Así que en ese momento se acobardó y lloró.

 


-Por favor, padre, no lo hagas.


-¿Qué? -preguntó Catón, abriendo los ojos de par en par, sorprendido-. ¿Retirarme a leer mi Fedón?



-No tiene importancia -gimió el joven Catón-. No tiene importancia.

( C. McC. )

martes, 16 de junio de 2015

CARTA DE MARCIA, A SU ESPOSO MARCO PORCIO CATÓN EN ÁFRICA, PERSEGUIDO POR CÉSAR


Cuando Cornelia Metela desafió las tradiciones y emprendió viaje para reunirse con Pompeyo Magno, yo deseé con toda mi alma seguir su ejemplo. Si no lo hice fue por culpa de Porcia. ¿Por qué habías de tener una hija tan fielmente cumplidora del mos maiorum como tú? Cuando me sorprendió empacando, se abalanzó sobre mí como una arpía y luego fue corriendo a ver a mi padre para exigirle que me prohibiera partir. Bueno, ya conoces a mi padre. Haría cualquier cosa para mantener la paz. Así que Porcia se salió con la suya y sigo aquí en Roma.


Marco, meum mel, mea vita, vivo sola en un vacío del espíritu, sumida en dudas y preocupaciones. ¿Estás bien? ¿Piensas alguna vez en mí? ¿Volveré a verte?


No es justo que haya pasado más tiempo casada con Quinto Hortensio que durante mis dos matrimonios contigo. Nunca hemos hablado de ese exilio al que me condenaste, aunque entendí inmediatamente por qué lo hacías. Lo hacías porque me amabas demasiado, y considerabas tu amor por mí una traición a esos principios estoicos más importantes para ti que tu propia vida, o que tu esposa. Así que cuando la pura senectud indujo a Hortensio a pedirme en matrimonio, tú te divorciaste de mí y me entregaste a él, por supuesto con la connivencia de mi padre. Me consta que no recibiste un solo sestercio del anciano, pero mi padre se embolsó diez millones. Tiene gustos caros.


Interpreté mi exilio con Hortensio como una prueba de la profundidad de tu amor por mí. ¡Cuatro largos y horrendos años! ¡Cuatro años! Sí, él estaba demasiado viejo y debilitado para imponerme sus atenciones, pero ¿imaginas cómo me sentía sentada a diario durante horas con Hortensio, mientras él arrullaba a su pez preferido, Paris? ¿Echándote de menos, anhelando tu presencia, padeciendo una y mil veces tu repudio?


Y luego, cuando él murió y tú me tomaste como esposa una segunda vez, disfruté de unos breves meses contigo antes de que abandonaras Roma e Italia para cumplir con uno de tus inexorables deberes. ¿Es eso justo, Marco? Tengo sólo veintiséis años, me he casado con dos hombres, con uno dos veces, y sin embargo aún sigo estéril. Al igual que Porfia y Calpurnia, no tengo hijos.


Sé lo mucho que detestas leer mis reproches, así que dejaré de quejarme. Si fueras otra clase de hombre, no te amaría como te amo. Somos tres las que lloramos por nuestros hombres ausentes: Porfia, Calpurnia y yo. ¿Porfia?, te oigo preguntar. ¿Porfia echa de menos al difunto Bibulo? No, no a Bibulo. Porfia echa de menos a su primo Bruto. Lo ama, creo, en igual medida que tú me amas a mí, ya que Porfia tiene tu misma naturaleza: la devoran las pasiones, pero todas ellas están paralizadas por su absurda devoción a las enseñanzas de Zenón. ¿Quién era Zenón al fin y al cabo? Un chipriota estúpido que se negaba a gozar de todas las cosas maravillosas que los dioses nos han proporcionado para nuestro disfrute, desde la risa hasta la buena comida. ¡Ya ves que a través de mí habla Epicuro! En cuanto a Calpurnia, echa de menos a César. Once años su esposa, y sin embargo sólo ha pasado unos cuantos meses con César, que mantuvo relaciones con tu horrenda hermana hasta que se marchó a la Galia. Desde entonces, nada. Las viudas y esposas estamos mal atendidas.


Alguien me ha dicho que no te has afeitado ni cortado el pelo desde que saliste de Italia, pero no imagino tu maravillosa y noble cara romana tan barbuda como la de un judío.


Dime por qué, Marco, se nos enseña a leer y escribir a las mujeres, si estamos condenadas a quedarnos en casa esperando. Ahora he de dejarlo, no puedo ver a causa de las lágrimas. Por favor, te lo ruego, escríbeme. Dame esperanza.



( C. McC. )


domingo, 19 de octubre de 2014

RÓMULO AUGÚSTULO, EL ÚLTIMO EMPERADOR DE ROMA




Flavio Rómulo Augusto, llamado despectivamente por sus detractores "Augústulo" (pequeño Augusto), nació en el año461/463 en Rávena, fue el último emperador romano de Occidente (475–476). Curiosamente, este último emperador llevaba el nombre del fundador y primer rey de Roma, Rómulo, y del primer emperador, Augusto.


Era hijo del general Flavio Orestes y fue ascendido a emperador por su padre con el nombre de Rómulo Augusto. Sin embargo, el emperador de Oriente Zenón no lo reconoció como tal. La presión de los hérulos reclamando la entrega de tierras en el centro de la península Itálica provocó la caída de Rómulo cuando contaba tan solo 15 años de edad. En su lugar, el general de los hérulos Odoacro reclamó el trono de Italia (476), confinando a Rómulo en Lucullanum, hoy Castel dell'Ovo, en la bahía de Nápoles. La fecha de su muerte es desconocida ya que, a pesar de que a partir de 476 se pierde su rastro histórico, existen algunos indicios que podrían testimoniar su supervivencia hasta por las décadas de 520 o 530.


Se considera que su deposición marca el fin del Imperio romano, aunque su parte oriental sobrevivió hasta 1453. Este hecho llevó a numerosos historiadores a considerarla como el comienzo de la Edad Media. De hecho aunque Odoacro reclamó el trono de Italia, no mostró interés en aspirar a la dignidad imperial y envió las insignias del poder a Constantinopla reconociendo a su monarca como único emperador. Este episodio sirvió como justificación jurídica a los emperadores de Bizancio para considerarse legítimos soberanos del Imperio Romano y, eventualmente, intentar la reconquista de los territorios occidentales ocupados por los reinos bárbaros.


SU VIDA

El padre de Rómulo, Orestes, era un ciudadano romano, proveniente de Pannonia, que había servido como secretario (notarius) de Atila el Huno y más tarde ascendió en el ejército romano. El futuro emperador fue llamado Rómulo en honor a su abuelo materno, un noble de Nórico, y apellidado Augusto que era el cognomen imperial. Muchos historiadores han destacado el hecho de que el último emperador occidental llevara los nombres del fundador de Roma y de su primer emperador.


El despectivo apodo por el cual se le conoce; Rómulo Augústulo, proviene del sufijo latino -ulus un diminutivo; de ahí que Augústulo literalmente signifique 'Pequeño Augusto'; en el sentido de insignificante o sin importancia. Algunos escritores griegos llegaron a transformar su nombre sarcásticamente en Momylos, 'pequeña desgracia'.


Orestes fue designado Magister militum por Julio Nepote en 475. Un poco después de su nombramiento, Orestes dirigió una rebelión el 28 de agosto de aquél año y capturó Rávena, la capital del Imperio de Occidente desde 402. Nepote escapó a Dalmacia, donde su tío había gobernado un estado semiautónomo hacia 460. Orestes, «por algún motivo secreto» rechazó proclamarse emperador, e instaló a su hijo sobre el trono el 31 de octubre de 475.

El Imperio occidental era una sombra de lo que había sido alguna vez. La autoridad imperial se había retirado a las fronteras italianas y parte del sur de Galia, y el emperador oriental trataba a su colega occidental como el soberano de un estado cliente. De hecho, León, que murió en 474, ya había designado a los emperadores occidentales Antemio y Julio Nepote. Sin embargo, Constantinopla tomó el golpe de estado de Orestes con indiferencia, y ni Zenón, ni Basilisco, los dos generales que luchaban por hacerse con el trono oriental en el momento del ascenso de Rómulo, lo aceptaron como autoridad legítima.

LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO DE OCCIDENTE

Como el poder era controlado por su padre, Rómulo no tomó ninguna decisión y no construyó monumentos, aunque las monedas que llevan su nombre fueron acuñadas en Roma, Milán, Rávena, y la Galia. Varios meses después de que Orestes asumiera el poder, una coalición de hérulos, esciros y torcilingios exigieron que se les otorgasen la tercera parte de las tierras de Italia para establecerse como federados. Cuando Orestes rechazó la exigencia, las tribus se rebelaron bajo el mando del jefe esciro Odoacro. Orestes fue capturado cerca de Piacenza el 28 de agosto de 476 y fue rápidamente ejecutado.


Odoacro avanzó hacia Rávena, capturando la ciudad y al joven emperador. Obligó a Rómulo a abdicar al trono el 4 de septiembre de 476. Esta acción es vista, tradicionalmente, como el final del Imperio romano de Occidente, pero la deposición de Rómulo no causó ninguna interrupción significativa entonces. Roma ya había perdido su hegemonía sobre las provincias, los germanos dominaban los ejércitos «romanos» y hacía ya mucho tiempo que generales 'bárbaros' como Odoacro eran el verdadero poder detrás del trono. Roma e Italia sufrieron mayores devastaciones durante el siguiente siglo, cuando el emperador Justiniano I envió sus tropas para reconquistarlas.


Después de la abdicación de Rómulo Augusto, el Senado romano, Odoacro y Julio Nepote enviaron representantes al emperador Zenón. El Senado reconoció a Zenón como único emperador, Odoacro presentó una solicitud para que se le otorgara la posición de regente imperial (una suerte de virrey) en Italia. mientras que Julio Nepote pidió su restauración en el trono. La solicitud de Odoacro fue aceptada con la condición de que él sería vicario de Italia del legítimo emperador de Occidente, Julio Nepote. Las monedas que llevan el nombre de Nepote fueron acuñadas en Italia y también en los dominios en Galia que estaban bajo el control del general romano Afranio Siagrio, hasta la muerte de Nepote en 480. Odoacro, con el rango formal de Patricio, se autotituló rex Italiae (Rey de Italia) y fue reconocido como tal por el emperador. No obstante, las relaciones con Constantinopla se deterioraron y en 489, con el apoyo del emperador Zenón, los ostrogodos al mando de Teodorico el Grande, invadieron el reino de Odoacro, destruyeron su ejército forzándole a rendirse en 493. Fue muerto por Teodorico quien asumió el poder sobre Italia.


DESPUÉS DE LA ABDICACIÓN

El destino final de Rómulo es desconocido. El Anónimo Valesiano escribió que Odoacro, «compadeciendo su juventud», perdonó la vida de Rómulo y le concedió una pensión anual de seis mil solidus antes de enviarlo a vivir con sus parientes enCampania. Jordanes y Marcellinus Comes, sin embargo, sólo indican el exilio campano sin mencionar ninguna suma de dinero.


Las fuentes coinciden en que Rómulo estuvo confinado en Villa Lucullana (el actual Castel dell'Ovo), un castillo antiguo construido en sus orígenes por la familia de los Escipiones en Nápoles, Campania. A partir de este punto los historiadores contemporáneos dejan de mencionarlo. En su Historia de la Decadencia y caída del Imperio romano, Edward Gibbon nota que los discípulos de San Severino de Nórico fueron invitados por una «dama napolitana», Barbaria, posiblemente la madre de Rómulo, a traer su cuerpo al castillo en 488, «al lugar de Augústulo, quien probablemente ya no estaba más allí». El mismo castillo fue convertido en un monasterio, hacia el año 500, para cobijar los restos del santo.


Casiodoro, entonces secretario del rey Teodorico el Grande, escribió una carta a un tal «Rómulo» en 507 confirmando el pago de una pensión. Thomas Hodgkin, traductor de las obras de Casiodoro, escribió en 1886 que era «seguramente posible» que el Rómulo de la carta fuera la misma persona que el último emperador occidental. La carta avalaría, en ese caso, la descripción del golpe de Odoacro dada por el Anónimo Valesiano, y Rómulo podría haber estado vivo todavía a principios del siglo VI. En Europa de la Alta Edad Media, Roger Collins también sugiere que Rómulo podría haber vivido en un retiro tranquilo hasta el año 510 más o menos. Sin embargo, Casiodoro no suministra ningún detalle sobre su corresponsal o el monto y naturaleza de su pensión, y Jordanes, cuya historia del período abrevia un trabajo más temprano de Casiodoro, no hace ninguna mención de la misma. La conexión entre el último emperador occidental y el «Rómulo» mencionado esta carta es, a lo más, incierta.

 

 EL ÚLTIMO EMPERADOR: ¿JULIO NEPOTE O RÓMULO AUGUSTO?


Como Rómulo era un usurpador, Julio Nepote legalmente sostuvo el título de emperador cuando Odoacro asumió el poder. Algunos historiadores han argumentado que Nepote, quien gobernó en Dalmacia hasta su asesinato en 480, debería ser reconocido como el último emperador romano occidental, haciendo notar que Odoacro acuñó monedas con el nombre de Nepote y no tomó el título imperial para sí. A pesar de su legalidad de los contemporáneos de Nepote en Italia (Dalmacia y Galia siempre fueron leales a Nepote) estuvieron dispuestos a apoyar su causa después de que él escapara de Rávena. Inmediatamente después del golpe de Odoacro, el Senado romano envió una carta a Zenón, diciendo que «la majestad de un monarca exclusivo es suficiente para llenar y proteger, al mismo tiempo, tanto el Este como el Oeste», pese a que Zenón respondió al Senado que Nepote era el legítimo emperador, no insistió en las consecuencias de esta declaración, de hecho, reconoció a Odoacro como representante imperial en Italia, y cuando éste le envió las insignias imperiales, las aceptó con gratitud.


RÓMULO AUGUSTO EN LA FICCIÓN

Rómulo Augústulo es el personaje principal de la obra teatral de Friedrich Dürrenmatt Romulus der Große  (Rómulo el Grande), que gira alrededor de los días anteriores de la caída del Imperio.

TUMBA DE RÓMULO AUGÚSTULO

También es uno de los personajes en la novela de Valerio Massimo Manfredi, La última legión, en la cual sobrevive a su deposición y se exilia a la lejana Britania, donde da origen a las leyendas del ciclo artúrico.