Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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sábado, 5 de septiembre de 2020
sábado, 11 de abril de 2020
CARTA DE CICERÓN A SU ESPOSA TERENCIA Y A SU HIJA TULIA
A
Terencia de su esposo Tulio, a Tulia de su padre ambas sus más queridas; y a su
amada madre y dulce hermana, de Cicerón hijo saludos afectuosos.
Minturna,
24 de enero (año 48 a. C.)
miércoles, 18 de julio de 2018
CAYO TREBONIO DICE A QUINTO CICERÓN SOBRE CÉSAR EN PLENA CAMPAÑA DE PACIFICACIÓN DE LA GALIA COMATA
Uno
de los secretos el éxito militar de César es la velocidad, y la importancia que
da a ello para adelantarse al enemigo en todos los sentidos. Otro es estar
preparado para cualquier eventualidad concebible.
Una
de sus mayores decepciones es que los galos todavía no le hayan dado la
oportunidad de hacer que el asedio de Numancia parezca una noche fácil en un
burdel. Si quieres hacerlo hablar, pregúntale por la forma de aproximarse de
Escipión Emiliano al asediar Cartago: te dirá exactamente lo que Emiliano hizo
mal.
domingo, 8 de julio de 2018
MENSAJE DE CÉSAR A QUINTO TULIO CICERÓN SITUADO POR LOS GALOS EN SAMAROBRIVA
RESPUESTA
DE QUINTO TULIO CICERÓN A CÉSAR:
Calculamos
que hay sesenta mil. La tribu entera está aquí, importante reunión. No todos
son nervios. Hemos visto muchos menapios y condrusos, por eso son tantos.
Resistiremos. Encuentra tu aquae sextiae. Los galos se están volviendo un poco
descuidados, se creían que nos tenían ya ardiendo vivos en sus jaulas de
mimbre. Observamos que beben más, que hay menos entusiasmo. Tu griego tampoco
está mal. Quinto Tulio Cicerón, legado superviviente.
sábado, 7 de julio de 2018
QUINTO TULIO CICERÓN DICE SOBRE LOS LEGIONARIOS
Las
tropas pueden vivir sintiendo respeto hacia el enemigo, pero no pueden vivir
con sentimientos de amor, ni siquiera de piedad. El odio es una emoción
preceptiva para llegar a ser un buen soldado.
domingo, 3 de junio de 2018
LUCIO AURUNCULEYO COTA
Lucio
Aurunculeyo Cota (en latín, Lucius Aurunculeius Cotta, m. 54 a. C.) fue un
oficial del ejército de las Galias de Cayo Julio César. Lo poco que se sabe sobre este Cota se encuentra en el Libro
V de la obra de César Comentarios a la guerra de las Galias. En el año 54 a.
C., cuando César regresó de su segunda expedición a Britania, encontró que
escaseaban las provisiones de manera que distribuyó sus ocho legiones entre un
gran número de estados galos de los cuales podrían conseguir su sustento a lo
largo del invierno. A la octava legión, que había levado recientemente del otro
lado del Po (trans Padum) añadió otras cinco cohortes. Al mando de esta legión
y las otras cohortes, puso a Quinto Titurio Sabino y Lucio Aurunculeyo Cota. Ambos fueron nombrados Legati.
Las
tropas de Sabino y Cota fueron enviadas por César al país de los eburones, en
la Galia Bélgica, cuya mayor parte queda entre los ríos Mosa y Rin donde ellos
establecieron el Fuerte Atuátuca en el que pasar el invierno. La tribu de los
eburones estaba regida por Ambíorix y Catuvolco. Estos dos, instigados por los tréveros, reunieron a sus hombres y
después de una quincena, cayeron sobre un destacamento de romanos que estaban
recogiendo leña. Los merodeantes eburones asaltaron el fuerte romano. La
infantería romana montó los terraplenes y despachó un escuadrón de caballería
hispana, cayendo sobre el flanco del enemigo y los derrotó de forma aplastante
en aquella ocasión.
Entonces,
Ambíorix parlamentó con los romanos y él admitió a César que habían tomado su
parte en ciertas disputas con otras tribus galas pero dijo que, a pesar de la
fuerza limitada de los eburones, se vio obligado a emprender acciones por la
presión de otras tribus que estaban decididas a ganar su libertad frente al
yugo romano. Señaló que una gran fuerza de germanos, muy enojados por los
éxitos de César estaban empezando a arrasarlo todo cruzando el Rin y se ofreció
a dar a los romanos un pase seguro al fuerte de cualquiera de las dos legiones
cercanas.
Los
representantes romanos, Quinto Junio,
un hispano y Gayo
Arpinio, llevaron
las noticias al fuerte. Se formó un consejo de guerra, al que acudieron los
oficiales más destacados. Durante este consejo, se plantearon dos opiniones
opuestas. Hablando primero, Cota arguyó que no debían moverse sin una orden de
César. Señaló que la experiencia había demostrado que podían resistirse a los
germanos desde detrás de las fortificaciones de un fuerte romano, que ellos
tenían muchas provisiones, tenían la ayuda a fácil alcance por parte de las
legiones vecinas y que no debían confiar ni en las noticias ni en los consejos
de un enemigo.
Sabino
asumió un punto de vista adusto. Negando que lo motivara el miedo, dijo que
creía que César estaba de camino a Italia, que los germanos iban a sumar al
número de los eburones que asediaban y que parecía que ellos se iban a
enfrentar a la ira combinada de los germanos y galos movidos por el rencor,
pues seguramente los eburones débiles militarmente no se atreverían a
enfrentarse a las legiones romanas en caso contrario. Más aún, dijo que sería
mejor intentar alcanzar a la legión más próxima y enfrentarse a los problemas
con sus camaradas que arriesgarse al hambre a través de un asedio prolongado.
Los oficiales dijeron a los comandantes que no era tan importante qué opinión
prevaleciera sino que la decisión fuese unánime. Forzaron finalmente a Cota a
dar su brazo a torcer y prevaleció la opinión de Sabino.
Los
romanos pasaron la noche en desorden, reuniendo sus pertenencias y preparándose
a salir del fuerte cuando llegase la mañana. El enemigo oyó el movimiento en el
fuerte y preparó una emboscada. Cuando vino la mañana, los romanos, en orden de
marcha, (largas columnas de soldados con cada unidad siguiendo una detrás de
otra), con mucha más carga de lo habitual, salieron del fuerte. Cuando la mayor
parte de la columna había entrado en un barranco, los galos los asaltaron desde
ambos lados y buscaron acosar a la retaguardia e impedir a la vanguardia que
dejase el barranco.
César
señala que Sabino enloqueció, corriendo de cohorte a cohorte y lanzando órdenes
inútiles. Cota, en contraste, mantuvo su frialdad y cumplió con su deber de
comandante en acción, su deber como un soldado. Debido a la longitud de la
columna, los comandantes no podían emitir órdenes con eficacia de manera que
pasaron la palabra a lo largo de la fila a las unidades que formaran un
cuadrado. Las tropas lucharon con valentía aunque con miedo y en los choques
tuvieron éxito. Así, Ambiórix ordenó a sus hombres que lanzaran las lanzas a
las tropas, que se retirasen si los superaban y que persiguieran a los romanos
cuando ellos intentaran colocarse en línea. Durante el enfrentamiento, Cota
recibió un golpe en la cara de una piedra lanzada con una honda.
Entonces
Sabino envió un mensaje a Ambiórix para tratar la rendición. Ambiórix accedió a
la petición. Cota rechazó entrar en negociaciones y permaneció firme en su
rechazo a rendirse. Sabino, sin embargo, siguió con su plan de rendirse. Sin
embargo, Ambíorix, después de prometer a Sabino su vida y la salvación de sus
tropas, hizo que se rindiera. Los galos entonces cargaron contra ellos en masa
donde mataron a Cota, aún peleando, y a la gran mayoría de las tropas. El resto
se retiraron al fuerte donde, desesperando de obtener ayuda, se mataron entre
sí. Sólo unos pocos hombres consiguieron escapar para informar a Tito Labieno, un teniente general de una legión
próxima, del desastre.
César
menciona a Cota otras veces en sus Comentarios. En el Libro II, cap. 11,
durante la campaña belga, César nombró a Cota y Quinto Pedio para comandar la caballería. En el
libro IV, cap. 22, César dejó a Cota y a Sabino al mando de las legiones en la
Galia para reprimir a los menapios y los mórinos si causaban problemas mientras
César llevaba a cabo su segunda invasión de Britania. En el Libro IV, cap. 38,
después de la invasión de Britania, César señala que mientras Labieno fue
enviado a apaciguar a los mórinos, Cota y Sabino regresaron de devastar los
territorios de los menapios, que huyeron hacia los densos bosques en su
territorio. César relata, en el libro V, cap. 52, cómo supo de la muerte de
Cota y Sabino por prisioneros capturados por la guarnición asediada de Quinto Tulio Cicerón, otro teniente-general, cuya fuerza
fue la siguiente en ser atacada después del desastre de Atuátuca. En el Libro
VI, cap. 32, César al pasar señala que el nombre del fuerte, en el que Cota y
Sabino habían acampado durante sus últimos días luchando contra los eburones,
era Atuátuca. En el Libro VI, 37, César relata cómo los soldados del fuerte de
Atuátuca, ellos mismos asediados por los germanos, fueron amedrentados en su
estación en el mismo fuerte en el que la legión de Cota y Sabino fue destruida.
domingo, 27 de mayo de 2018
QUINTO TULIO CICERÓN
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| QUINTO TULIO CICERÓN según un dibujo de Colleen McCullough |
No debe confundirse con su hermano mayor: Marco Tulio
Cicerón.
Quinto Tulio Cicerón (en latín, Quintus Tullius
Cicero; 102-43 a. C.) fue el hermano menor del célebre orador, filósofo y político
romano Marco Tulio Cicerón. Nació en el año 102 a. C. en una familia del orden
ecuestre, como el hijo de un rico terrateniente de Arpino, a unos 100
kilómetros al sureste de Roma.
Su pudiente padre hizo que fuera educado junto a su
hermano en Roma, Atenas y probablemente Rodas en 79-77 a. C. Se casó alrededor
del año 70 a. C. con Pomponia (hermana del amigo de su hermano, Ático), una
mujer dominante y de fuerte personalidad. Se divorció de ella después de un
largo y poco armonioso matrimonio, con muchas discusiones entre los esposos, a
finales del año 45 a. C. Su hermano,
Marco, intentó varias veces reconciliar a los esposos, pero sin éxito. La
pareja tuvo un hijo nacido en 66 a. C. que recibió el nombre de Quinto Tulio
Cicerón por su padre.
Fue edil en 66 a. C. y pretor en 62 a. C., propretor
de la provincia de Asia durante tres años (de 61 a 59 a. C.) y legado de Julio
César durante la guerra de las Galias, entre 54 a. C. y 52 a. C. Acompañó a
César en su segunda expedición a Britania en el año 54 a. C. y sobrevivió a un
asedio de la tribu de los nervios durante la revuelta de Ambiórix y de su
hermano en Cilicia en 51 a. C. Durante la segunda guerra civil apoyó a la
facción de Pompeyo, obteniendo posteriormente el perdón de César.
Durante el período en que el Segundo Triunvirato hizo
de la República romana de nuevo el escenario de la guerra civil, tanto Quinto
como su hermano y su hijo fueron todos proscritos. Huyó de Túsculo junto con su
hermano, Marco. Regresó a su casa para coger algo de dinero que costeara los
gastos del viaje. Su hijo Quinto el Menor escondió a su padre y no reveló el
escondite aunque fue torturado. Cuando Quinto oyó esto, se entregó para
intentar salvar a su hijo; pero, padre e hijo, y Marco, el famoso hermano de
Quinto, todos fueron muertos en el año 43 a. C., como personas proscritas.
Quinto fue un soldado valiente y un líder militar que
estimulaba a sus soldados. En un momento crítico de la guerra de las Galias,
recuperó a su legión y superó una posición aparentemente perdida; por esto fue
alabado por César, quien relata el hecho con las palabras Ciceronem pro eius
merito legionemque collaudat (Alabó a Cicerón y sus hombres muchísimo, como se
merecían) (Comentarios a la guerra de las Galias libro V, cap. 52).
Quinto tenía un temperamento impulsivo, con brotes de
crueldad durante las operaciones militares, algo que los romanos de la época
reprochaban. El ideal romano y estoico era controlar las emociones incluso
durante la batalla. Quinto Cicerón también gustaba de castigos anticuados y
duros, como poner a una persona condenada por parricidio en un saco y arrojarla
al agua. Este castigo lo impuso durante su propretura en Asia. (Para los
romanos, tanto el parricidio como el matricidio eran uno de los peores
crímenes). Su hermano confiesa en una de sus cartas a su amigo Ático, escrita
en el año 51 a. C., que mientras era procónsul de Cilicia y había llevado
consigo a Quinto como legado, no se atrevía a dejarle solo porque temía qué
clase de ideas repentinas se le podían ocurrir.
Pero visto por el lado bueno,
Quinto era profundamente honrado, incluso como gobernador de una provincia,
situación en la que muchos romanos amasaban sin el menor rubor considerables
fortunas privadas para ellos. También era un hombre culto, que leía tragedias
griegas y que escribió él mismo algunas de ellas.
La relación entre los hermanos fue en gran medida
afectuosa, excepto durante una época en que tuvieron un serio desacuerdo
durante la dictadura de César 49-44 a. C.10 Las muchas cartas de Marco ad Quintum
fratrem ("A su hermano Quinto") muestra cuán honda y afectuosa era
esa relación entre hermanos, aunque Marco Cicerón a menudo asumía el papel de
"más viejo y más experimentado", sermoneándole sobre lo que era
correcto que hiciera. Quinto pudo también sentir en ocasiones que el egoísta
Marco sólo pensaba en cómo su hermano podía estorbar o ayudar en la carrera de
Marco a lo largo del Cursus Honorum.
Como autor, escribió durante la guerra de las Galias
de César cuatro tragedias al estilo griego. Tres de ellas llevaban por título
Tiroas, Erigones y Electra; todas se han perdido. También escribió varios
poemas sobre la segunda expedición de César a Britania, tres epístolas a Tirón
(liberto de su hermano Marco, se conserva) y una cuarta a su hermano.
La larga
carta De petitione consulatus o Commentariolum Petitionis (breve manual de
campaña electoral) también se ha conservado; aunque su validez se ha
cuestionado grandemente. Es, en cualquier caso, una valiosa guía del
comportamiento político de la época de Cicerón.
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martes, 8 de mayo de 2018
CLIENTES EN LA ANTIGUA ROMA
Cliente (del latín cliens -plural clientes-, y este de cluere, "acatar", "obedecer"), en la sociedad de la antigua Roma, era el individuo de rango socioeconómico inferior que se ponía bajo el patrocinio (patrocinium) de un patrón (patronus) de rango socioeconómico superior.
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