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jueves, 19 de enero de 2023

PUBLIO VATINIO

 

Publio Vatinio (en latín, Publius Vatinius) fue un político y militar de la época final de la República romana. En su discurso contra Vatinio, Cicerón lo describe como uno de los más grandes bribones y villanos que han existido, y señala que su aspecto personal era poco atractivo, con su rostro y el cuello cubiertos con hinchazones, a los que Cicerón alude más de una vez, llamándolo struma civitatis.​

 Vatinio fue elegido cuestor en el 63 a. C., el año del consulado de Marco Tulio Cicerón y Cayo Antonio Híbrida. Cicerón lo envió a Puteoli para que impidiera que el oro y la plata salieran de la ciudad. Vatinio extorsionó de tal manera a los habitantes de la ciudad que estos se vieron obligados a quejarse de su conducta ante el cónsul. Vatinio fue posteriormente a Hispania como legado del procónsul Cayo Cosconio, y en esta provincia, de acuerdo a Cicerón, fue también culpable de abusos y robos. Cicerón pidió que se procesara a Vatinio por corrupción.

 

En el 59 a. C. fue elegido tribuno de la plebe y ofreció sus servicios a Julio César, el cónsul de ese año junto a Marco Calpurnio Bíbulo. Vatinio se convirtió en uno de los más fervientes seguidores de César. Llevó a la plebe las propuestas de conceder a César la Galia Cisalpina e Iliria como provincias proconsulares durante un lustro, provincias a las que posteriormente se añadió la Galia Transalpina. Cicerón le acusó de legislar ignorando los auspicios adversos, de amenazar al cónsul del año, Bíbulo, de llenar el Foro de soldados y de amenazar a los otros tribunos de la plebe para que no interpusieran su veto. Durante su tribunado, Vatinio sacó a la luz al espía Lucio Vetio, que acusó a muchos de los más distinguidos ciudadanos de Roma, entre ellos Cicerón de intentar asesinar a Cneo Pompeyo Magno.

 

Vatinio dejó Roma para servir como legado de César en la guerra de las Galias, pero pronto tuvo que regresar a Roma para proseguir su propia carrera política. Vatinio fracasó en su campaña para la pretura, y ni siquiera pudo obtener los votos de su propia tribu, la Sergia, que nunca había fallado previamente en votar a favor de alguien de su propia tribu. La enemistad entre Vatinio y Cicerón continuó y Vatinio en el 56 a. C. compareció como testigo contra Sestio y Milón, dos amigos de Cicerón, que habían tomado un papel importante en el regreso del exilio del orador. En el juicio de Sestio, Cicerón realizó un breve y feroz discurso deleznando el carácter de Vatinio. Sin embargo, Cicerón evitó cuidadosamente decir una palabra contra César, del cual Vatinio era sólo un instrumento. A finales del año 56 a. C. hubo serios disturbios en Roma que hicieron que los comicios para la elección de cónsules sólo pudieran ser realizados a comienzos del 55 a. C.

 

Tras la elección en el 55 a. C. de Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso para el consulado, los triunviros apoyaron la candidatura a pretor de Publio Vatinio, a fin de contrarrestar la candidatura de Marco Porcio Catón, apoyado por la facción aristocrática del Senado, los Optimates. La influencia y el dinero de Craso y Pompeyo aseguraron la elección de Vatinio. Para hacer el asunto más seguro, los cónsules obtuvieron un decreto del Senado, en virtud del cual aquellos que resultaran electos pretores debían asumir sus magistraturas de inmediato, lo que impedía de hecho que estos podrían ser procesados por soborno. Habiendo eliminado este obstáculo, emplearon su dinero con mayor libertad, y mediante el soborno Vatinio pudo derrotar la candidatura de Catón.

 

Tras su año en el cargo, en el 55 a. C. fue acusado por Cayo Licinio Calvo de aceptar sobornos. Calvo ya había acusado a Vatinio anteriormente, una vez en el 58 a. C.,​ y de nuevo en el 56 a. C.,4​ pero en esta ocasión utilizó tan refinada oratoria en el juicio que hizo que Vatinio le interrumpiera en medio del discurso exclamando "¡Jurados, os pregunto si he de ser condenado simplemente por la elocuencia de mi acusador!".​ Cicerón, a pesar de la animadversión que sentía hacia Vatinio, y para sorpresa de todos, le defendió en el juicio porque no quería enfadar a los triunviros y buscaba protección contra Publio Clodio Pulcro.​ Vatinio fue absuelto gracias al soborno más que a la desapasionada (dadas las circunstancias) oratoria de Cicerón.

 

Vatinio regresó a la Galia en el 51 a. C. como legado de Julio César. Vatinio se unió a César cuando estalló la segunda guerra civil. Cuando desembarcó en Grecia, en el 48 a. C., César lo envió de emisario a escuchar las propuestas de paz de Pompeyo. Vatinio no participó en la batalla de Farsalia porque tuvo que defender la ciudad de Brundisium que estaba siendo atacada por parte de la flota de Pompeyo comandada por Décimo Lelio.

 

Gracias a su éxito fue recompensado con el consulado en el 47 a. C., junto a Quinto Fufio Caleno. En el 46 a. C., fue enviado a Iliria donde derrotó a Marco Octavio, que dominaba la provincia con fuerzas considerables en nombre de los pompeyanos. Gracias a esta victoria fue saludado como imperator por sus soldados, y obtuvo el honor de una supplicatio del Senado en el año 45 a. C..​ Vatinio estaba aún en la provincia de Iliria cuando fue asesinado César y a principios del año siguiente, 43 a. C., fue obligado a rendir Dyrrhachium y ceder su ejército a Marco Junio Bruto, el cual se había apoderado de Macedonia, porque sus tropas se pasaron al bando de Bruto y de los republicanos.

 

Lo último que se sabe de Vatinio es que celebró un triunfo el 31 de diciembre del 43 a. C.


martes, 13 de noviembre de 2018

PLANES DEL DICTADOR CÉSAR PARA QUE MARCO ANTONIO CONQUISTE LA DACIA DE BUREBISTAS EN VÍSPERAS DE LOS IDUS DE MARZO


El año que viene serás cónsul, y luego te irás a Macedonia con seis buenas legiones. Publio Vatinio se quedará en Illyricum, y llevaréis a cabo una campaña conjunta hacia el norte, por las tierras del Danubio y Dacia. No tengo ningunas ganas de que en mi ausencia las fronteras de Roma se vean amenazadas por el rey Burebistas. Tú y Vatinio conquistaréis desde el Savus y el Dravus hasta el mar Euxino. Y tu parte del botín no será de legado, sino de general.
 
Ya sé que no será comparable con el botín parto, pero si las insignificantes campañas de los anteriores gobernadores de Macedonia indican algo, Antonio , predigo que saldrás de la campaña tan rico como Creso. Las tribus del Danubio tienen mucho oro.
 
Y no te quejes porque  ya sé que el botín lo tendrás que repartirlo con Vatinio, pero el botín de los partos habríais tenido que repartíroslo tú y dos docenas del mismo rango.
 
Además, ¿no te das cuenta de que como general te llevarás toda la recaudación de la venta de esclavos? ¡Calculo que aproximadamente treinta mil talentos!, Antonio. Ya veo que eres un caso flagrante de chico romano que nunca hacía los deberes, y que no ha llegado a dominar la aritmética. Aparte de eso, eres insaciable de nacimiento.


sábado, 20 de octubre de 2018

PUBLIO VATINIO DICE SOBRE LAS LEGIONES OCIOSAS



Siempre hay descontentos y pendencieros por naturaleza en cualquier ejército. La ociosidad les proporciona un terreno fértil para medrar, y con ello llegan las quejas para todos los descontentos que pueden dar lugar a los motines. Las legiones nunca pueden estar ociosas, y siempre hay que tenerlas ocupadas en algo productivo. Pero eso sí: siempre hay que repartir con ellos los botines de las campañas, y procurarles tierras cuando se licencian.




jueves, 24 de mayo de 2018

CAYO LICINIO CALVO



Cayo Licinio Calvo (en latín Gaius Licinius Macer Calvus) nació en Arpino, una diminuta ciudad del sur del Lacio el año 82 a. C. y falleció en Roma, en 47 a. C. Fue orador y poeta, situándose dentro de la poesía de la Roma antigua dentro de la corriente de los neotéricos, escribiendo epigramas, poemas sensuales, bucólicos, y una epopeya legendaria: Ío.
 
Hijo de Licinio Macer, y de ese modo, miembro del estirpe Licinia. Fue un amigo del poeta Catulo, de cuya modalidad y temáticas se hizo discípulo. Calvo era al parecer de baja estatura, puesto que Catulo se refiere a él como: disertum del salaputium (liliputiense elocuente).
 
A Licinio Calvo se le señalan veintiún discursos de su autoría, incluyendo varios contra Publio Vatinio. El estilo oratorio de Calvo se opuso, en tanto, a la escuela «asiática» en favor de un modelo, ático, más simple; por ello calificó a Cicerón, en sus argumentaciones, de palabrero y artificial.



domingo, 28 de junio de 2015

DISCURSO DE CAYO JULIO CÉSAR ANTE EL SENADO RENUNCIANDO A SUS PODERES DE DICTADOR AL AMOTINARSE LAS LEGIONES DÉCIMA Y DUODÉCIMA



Hace dos días ocuparon sus cargos Quinto Fufio Caleno y Publio Vatinio Representa un gran alivio ver que Roma está en manos de sus principales magistrados, los dos cónsules y ocho pretores. Los tribunales estarán en activo, los comitia se celebrarán de la manera prescrita. He convocado esta sesión para informaros, padres conscriptos, de que dos legiones amotinadas, la Décima y la Duodécima, marchan en estos momentos en dirección a Roma, según el Maestro del Caballo con intenciones asesinas.


Intenciones asesinas. Para asesinarme a mí, por lo visto. En vista de esto, deseo ser menos importante para Roma. Si el dictador muriera víctima de sus propias tropas, acaso nuestro país desapareciera. Nuestra querida Roma podría llenarse una vez más de ex gladiadores y otros rufianes. El comercio se hundiría drásticamente. Las obras públicas, tan necesarias para el pleno empleo y los contratistas, podrían interrumpirse, en especial aquellas que pago yo personalmente. Los juegos y festivales de Roma podrían desaparecer. Júpiter óptimo Máximo podría mostrar su desagrado lanzando un rayo para demoler su templo. Vulcano podría castigar a Roma con un terremoto. Juno Sospita podría descargar su ira en los niños aún no nacidos de Roma. El erario podría vaciarse de la noche a la mañana. El padre Tíber podría desbordarse y verter las aguas residuales en las calles. Pues el asesinato del dictador es un acontecimiento cataclísmico.


En cambio ,el asesinato de un privatus tiene poca trascendencia pública. Por tanto, padres conscriptos del viejo y sagrado Senado de Roma, renuncio en este momento a mi imperium maius y al cargo de dictador. Roma tiene dos cónsules legítimamente elegidos que han jurado sus cargos según los rituales prescritos, y ningún sacerdote ni augur ha puesto objeción alguna. Gustosamente dejo Roma en sus manos.


A mis lictores Fabio, Cornelio y todos los demás, os agradezco muy sinceramente vuestras atenciones a la persona del dictador y os aseguro que si vuelvo a ser elegido para un cargo público, solicitaré vuestros servicios. Toma de mi parte ese pequeño donativo, esa bolsa mía que te entrego con dinero, Fabio, que debéis repartiros en la proporción habitual. Ahora volved al colegio de lictores.


Senadores, mientras venía hacia aquí  he redactado una lex curiata para confirmar el hecho de que he renunciado a mis poderes dictatoriales. Roma ya tiene cónsules y pretores en el ejercicio de sus funciones. Ahora son ellos los responsables del bienestar de Roma.


Naturalmente, no espero que los cónsules me hagan el trabajo. Me reuniré con las dos legiones amotinadas en el Campo de Marte y descubriré por qué están tan resueltas a causar no sólo mi destrucción, sino también la suya. 



Pero me reuniré con ellos como privatus, como una persona no más importante que ellos. Y que el resto dependa de lo que allí ocurra. Ya he renunciado, con lex curiata incluida. Gracias.



 Por consiguiente, el dictador ha dimitido. A partir de ese momento, el cargo de Maestro del Caballo ejercido hasta el momento por Marco Antonio deja de existir también. Ahora Marco Antonio también es un privatus. Ahora ya podrás marcharte, Antonio. ¿Creiste que me podías engañar en mi ausencia ejerciendo de Maestro del Caballo de cualquier manera, primo?. No eres lo bastante inteligente para eso. Ahora sé ya lo suficiente para comprender que no eres digno de confianza, que no puede uno fiarse de ti, que eres de hecho lo que tu tío Lucio César dice de ti: un descontrolado. Nuestra relación política y profesional ha terminado, y nuestra relación de consanguinidad es una humillación, un motivo de vergüenza. Apártate de mi vista, Antonio. Y no vuelvas a presentarte ante mí. Eres un simple privatus, y privatus te quedarás. ¡Ah!, y si algún día te necesito, Antonio, te utilizaré. Pero siempre seré muy consciente de que no eres de fiar. Así que no vuelvas a darte demasiadas ínfulas. No estás a la altura de un hombre pensante. ¡Márchate ya, Antonio!.

martes, 26 de agosto de 2014

EL CÓNSUL QUINTO FUFIO CALENO



Quinto Fufio Caleno (en latín, Quintus Fufius P. f. C n. Calenus, muerto en el año 40 a. C.) fue un político y cónsul de la etapa final de la República Romana.


Elegido tribuno de la plebe en el año 61 a. C., fue uno de los defensores de Publio Clodio Pulcro en el juicio por profanar los misterios de la Bona Dea. Con el fin de evitar la condena de Clodio, propuso una ley para que fuera juzgado no por un tribunal especial sino por una corte ordinaria. La ley fue finalmente aprobada, gracias al patrocinio de Quinto Hortensio.


En 59 a. C. fue elegido pretor por influencia de Julio César, al que sirvió activamente en adelante, y elaboró una ley que dictaba que los senadores, caballeros y tribuni aerarii, que componían los jurados debían votar separadamente para que la votación fuera anónima.


El 52 a. C. apoyó al partido de Clodio después del asesinato de este en manos de Milón y combatió en la Guerra de las Galias en 51 a. C., a las órdenes de Cayo Julio César como legado. Cuando estalló la Segunda Guerra Civil de Roma, se unió a los cesarianos, apresurándose en el mes de marzo de reunirse con César en Brindusium; y en su camino se encontró con Cicerón en Villa Formian, ocasión en la que él llamó a Pompeyo criminal, y acusó al Senado de frivolidad y locura. Combatió en Hispania contra Lucio Afranio y Marco Petreyo junto a César como su legado.


Cuando César embarcó hacia Grecia en 48 a. C. para combatir a Cneo Pompeyo Magno, Caleno llevó a Epiro al resto de las tropas desde Italia. Durante su regreso, él y su flota fueron atacados por el almirante pompeyano, Marco Calpurnio Bíbulo que lo derrotó de tal manera que el propio Caleno escapó con dificultades hacia la costa italiana. Posteriormente regresó a Epiro con Marco Antonio.
Antes de la batalla de Farsalia, Julio César lo envió a la Acaya, y allí ocupó Delfos, Tebas y Orcómeno, y después Atenas, Megara y finalmente Patras.


En 47 a. C., fue elegido para el consulado junto a Publio Vatinio gracias a la influencia de César. Tras el asesinato del dictador, Caleno se unió a Marco Antonio, y durante las operaciones de la primera parte del 43 a. C., defendió a Antonio en el Senado contra los ataques de Cicerón.



En la guerra contra Bruto y Casio fue legado de Marco Antonio y mandó las legiones del norte de Italia. Cuando se acabó la guerra de Perusia, 40 a. C., Octaviano estaba ansioso por obtener la posesión de las legiones de Caleno, que estaban estacionadas al pie de los Alpes. Para suerte de Octavio, Caleno murió y su hijo, que era muy joven, entregó las legiones al futuro emperador sin luchar.


Apiano relata, que durante la proscripción del 43 a. C., Caleno le salvó la vida del gran Marco Terencio Varrón.