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domingo, 7 de octubre de 2018

ISLA DE FILAS SANTUARIO EGIPCIO-ROMANO, DENTRO DEL NILO


En cierta ocasión, cuando Cleopatra navegaba Nilo adentro para enseñar Egipto a César con su grandioso barco de lujo "Filopator" (que era lo más parecido a un palacio flotante), le dijo que el templo más hermoso era el de Isis en la isla de Filas. Le dijo al dictador de Roma, que sus antepasados los Ptolomeos le dieron un ligero estilo helénico a ese templo, y por eso se lo consideraba el más hermoso de todo Egipto. Lo mismo le dijo a Marco Antonio cuando la faraona le invitó a visitar el lugar. Pero conozcamos con más detalle esta isla del Egipto de adentro, y vayamos por la visita virtual desde esta entrada de mi blog:
 
Filas, File o Filé (en textos latinos: Philæ, Philae, Filae; en griego: Φιλαί ; en egipcio: pꜣ-ı͗w-rq) era el nombre de una isla situada en el río Nilo, a once kilómetros al sur de Asuán, en Egipto (24°01′15″N 32°53′22″E). Fue célebre por los templos erigidos durante los periodos ptolemaico y romano dedicados al culto a la diosa Isis que se propagó por todo el Mediterráneo, manteniéndose su veneración en el templo de File hasta que fue prohibido en tiempos de Justiniano I, el año 535 d. C.
 
 La isla de File quedó sumergida en el siglo XX bajo las aguas embalsadas por la presa de Asuán, aunque bajo patrocinio de la Unesco los templos fueron desmontados, trasladados y reconstruidos en el cercano islote de Agilkia.

 
Isis fue una de las diosas principales del panteón egipcio, pero sólo a partir de Nectanebo I, faraón de la dinastía XXX, comenzaron a erigirse edificaciones sacras de cierta importancia en la isla. Los lágidas continuaron ampliando el complejo y, posteriormente, algunos emperadores romanos como Augusto, Tiberio, Trajano y Adriano, ordenaron construir más edificaciones.
 
El culto a la diosa perduró hasta el siglo VI, cuando el emperador romano de oriente, Justiniano I lo proscribió. El conjunto se reconvirtió en iglesia cristiana dedicada a la advocación de San Esteban, hasta el siglo XII, época en que el credo islamista ya se había impuesto como religión mayoritaria de la población egipcia.
 
El conjunto de templos de Filé forma parte del Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979 con el nombre de Monumentos de Nubia de Abú Simbel a Filé.
 
El conjunto de templos de la isla de Filé no constituye un sistema aislado. Antes bien, está estrechamente vinculado a otros templos cercanos (Abatón) y a la serie de templos nubios que, desde Filé, jalonan las orillas de la Baja Nubia. Los faraones (casi de forma continuada en cada reinado) habían donado "los campos" (el Dodekaschoenos) a la diosa, lo que es lo mismo que decir: a sus sacerdotes.
 
En la isla, existe una clara gradación en los templos. El templo principal es el de Isis, que ocupa la posición axial principal, estando los otros templos (Arensnufis, Imhotep, etc.) subordinados al de la diosa, ubicándose transversalmente a dicho eje.
 
La decoración de los muros de los templos que constituyen el conjunto de Filé se realizó conforme a un sistema descrito por Eleni Vassilika (Ptolemaic Philae), según el cual los artistas, siguiendo las directrices de los teólogos, habrían elaborado una serie de cartones decorativos a partir de los cuales se habrían ido levantando las decoraciones murales, manteniendo estrictas normas regladas.
 
 LOS TEMPLOS LEVANTADOS EN LA ISLA DE FILÉ : EL CONJUNTO DEL TEMPLO DE ISIS DISPONE DE VARIAS EDIFICACIONES:

 El vestíbulo de Nectanebo I, con sillares de época de Taharqo

El templo de Arensnufis, divinidad meroítica, de tiempos de Ptolomeo IV Filópator y Arqamani II, rey de Meroe.

Las columnatas de época de Augusto y Tiberio.

La capilla de Mandulis, divinidad nubia.

El templo dedicado a Imhotep, sabio divinizado de la época de Dyeser.

La puerta de tiempos de Ptolomeo II Filadelfo.

El primer pilono, con los obeliscos de Ptolomeo VIII Evérgetes.

El patio con el mammisi, de Ptolomeo VIII, terminado por Tiberio.

El templo de Isis, decorado en época de Ptolomeo II, terminado por Augusto y Tiberio.

El templo de Hathor, de Ptolomeo VI Filómetor y Ptolomeo VIII Evérgetes.
 
Al oeste está la llamada puerta de Adriano, al pasar por la cual se llega a la capilla principal y al templo de la diosa Hathor, al este del templo de Isis. Los pilares están decorados con escenas de músicos, bailarines y dioses. Al sudeste está el quiosco de Trajano.
 
Estancias anexas: Entre las principales estancias que alberga el conjunto, cabe destacar:
 
La biblioteca. El templo contaba con una biblioteca de textos sagrados en papiro, para uso de los sacerdotes en su culto diario, así como para depósito de documentos.
 
La llamada "Estancia Meroítica". Una de las salas del templo acoge un interesante grupo de inscripciones y representaciones meroíticas, de extraordinario interés para la historia de la zona.
 
 Últimos vestigios de la antigua escritura egipcia : La última inscripción jeroglífica de la que tenemos evidencias fue grabada en los muros de la puerta llamada de Adriano, situada en el recinto del templo del Isis; se grabó el día 24 de agosto de 394, y consistía en una invocación al dios kushita Mandulis.
 
 El último texto escrito en egipcio demótico se fechó el día once de diciembre del año 452; se trata de una frase pintada en los muros del templo del Isis, en File.




























sábado, 18 de agosto de 2018

PODER ECONÓMICO DEL FARAÓN EGIPCIO EN LOS TIEMPOS DE LA ROMA REPUBLICANA



En el Egipto de los Tolomeos, la principal fuente de los ingresos reales no era la capital Alejandría (la ciudad más grande del mundo, con tres millones de habitantes, cuando en Roma apenas no llegaba al millón), sino el propio Egipto interior del río Nilo. Allí, donde los soberanos habían existido desde quién sabía cuántos miles de años, todo pertenecía al faraón. La tierra, las cosechas, las bestias y las aves de los campos y las granjas, las abejas, los impuestos, tributos y tarifas. El faraón sólo compartía la producción de hilo, que era competencia de los sacerdotes; éstos recibían un tercio de los ingresos generados por este hilo, el mejor del mundo. Egipto era el único lugar del mundo donde se tejía un hilo tan tenue que quedaba diáfano como un cristal ligeramente empañado, solamente en Egipto se teñía de tan mágicos colores, y solamente en Egipto el hilo tenía una blancura tan extraordinaria.

 

Otra fuente de ingresos era tan única como lucrativa: Egipto producía papel a partir del papiro, que abundaba en el Delta, y el faraón también era dueño del papel. Por tanto las rentas del faraón antes de que Egipto pasara a dominio romano, ascendían a más de doce mil talentos de oro anuales, divididos en dos erarios: el privado y el público. Seis mil talentos en cada uno. Con el erario público el faraón pagaba a sus gobernadores de distrito, sus burócratas, su policía, la policía del río, su ejército, su armada, sus trabajadores, sus campesinos. Incluso cuando el Nilo no se desbordaba, esas rentas públicas bastaban para comprar grano a países extranjeros. Los fondos privados pertenecían plenamente al faraón y no podían destinarse a nada más que a las necesidades y deseos personales del faraón, como las construcciones de sus palacios y sus tumbas. En sus arcas se acumulaba la producción nacional de oro, piedras preciosas, porfirio, ébano, marfil, especias y perlas.

 

Las flotas que partían hacia el Cuerno de África en busca de la mayor parte de aquellas riquezas pertenecían al faraón. No era extraño, pues, que los Tolomeos como Auletes, privados del título de faraón, lo anhelaran, y a que Alejandría era una entidad por completo separada de Egipto. Si bien el rey y la reina ingresaban en forma de impuestos buena parte de los beneficios de la ciudad, no eran propietarios de ella ni de sus bienes, ya fueran los barcos, las fábricas de vidrio o las compañías de mercaderes. Tampoco tenían derecho a la tierra en que se hallaba la urbe. Alejandría había sido fundada por Alejandro Magno, que se las daba de griego pero era macedonio de la cabeza a los pies. El Intérprete, el Registrador y el Contable, principales funcionarios de la corte,  recaudaban todos los ingresos públicos de Alejandría y los utilizaban en gran medida en su propio interés, mediante un sistema de privilegios y prebendas que incluían el palacio.

 

Habiendo experimentado las dinastías asirias, kuchitas y persas antes de la llegada de Tolomeo, el mariscal de Alejandro Magno, los sacerdotes de Ptah en Menfis habían llegado a un acuerdo con él y le habían entregado el erario público egipcio a condición de que en el Egipto del Nilo se invirtiera la cantidad suficiente para mantener la prosperidad de su pueblo y sus templos. Si el Tolomeo era también faraón, disponía asimismo de los fondos privados. Sólo que éstos no saldrían de las cámaras del tesoro de Menfis a menos que el faraón en persona fuera a retirar la suma que necesitara.

 

 Así pues, cuando Cleopatra huyó de Alejandría no imitó a su padre zarpando del Gran Puerto sin dinero; fue a Menfis donde los sacerdotes la reconocían como la legítima faraona, y obtuvo el dinero necesario para contratar a un ejército de mercenarios con el que derrocar a su hermano el faraón Tolomeo XIII Teos Filopator, con la ayuda de Cayo Julio César que deseaba convertir a Egipto en el suministrador del grano que Roma necesitaba para cubrir sus necesidades alimenticias.