domingo, 26 de enero de 2020

EXEQUIAS DE LOS EMPERADORES ROMANOS


Es costumbre entre los romanos deificar a los emperadores que han muerto, dejando a sus hijos como sucesores. Esta ceremonia recibe el nombre de apoteosis. Por toda la ciudad aparecen muestras de luto en combinación con fiestas y ceremonias religiosas. Entierran el cuerpo del emperador muerto al modo del resto de los hombres, aunque con un funeral fastuoso. Pero luego modelan una imagen de cera, enteramente igual al muerto y la colocan sobre un enorme lecho de marfil cubierto con ropas doradas, que es expuesto en alto en el atrio de palacio. La imagen refleja la palidez de un hombre enfermo. El lecho está rodeado de gente la mayor parte del día. El senado en pleno se sitúa en el lado izquierdo, vestidos con mantos negros; en el derecho están todas las mujeres a quienes la dignidad de sus maridos o padres hace partícipes de este alto honor. Ninguna de ellas lleva oro ni luce collares, sino que, vestidas de blanco y sin adornos, ofrecen una imagen de dolor. Esta ceremonia se cumple durante siete días. Cada día los médicos acuden y se acercan al lecho, simulando que examinan al enfermo, y cada día anuncian que va peor. Luego, cuando ven que ha muerto, los miembros más nobles del orden ecuestre y jóvenes escogidos del orden senatorial levantan el lecho, lo llevan por la Vía Sacra, y lo exponen en el foro antiguo, en el sitio donde los magistrados romanos renuncian a sus cargos. A ambos lados se levantan unos estrados dispuestos en gradas; en un lado se encuentra un coro de niños de familias nobles y patricias, y en el opuesto hay uno de mujeres de elevado rango. Cada coro entona himnos y cantos en honor del muerto, interpretados en un ritmo solemne y lamentoso. A continuación vuelven a levantar en andas el fúnebre lecho y lo llevan fuera de la ciudad, al Campo de Marte, donde han erigido, en el lugar más abierto, una construcción cuadrada sin otro material que enormes maderos ensamblados en un armazón a modo de casa. En su interior está completamente llena de leña, y por fuera está decorada con tapices tejidos en oro, estatuillas de marfil y pinturas diversas. Sobre este cuerpo se levanta otro, semejante en forma y decoración, pero más pequeño y con ventanas y puertas abiertas. Luego hay, un tercero y un cuarto, siempre el de encima menor que el de debajo hasta que se llega al último, el más pequeño de todos. La forma de esta construcción es comparable a las torres de luces que hay en los puertos, cuyo fuego orienta de noche las naves hacia fondeaderos seguros; son las torres normalmente conocidas con el nombre de faros. Suben luego el féretro y lo colocan en el segundo compartimento. Esparcen entonces todo tipo de inciensos y perfumes de la tierra y vuelcan montones de frutos, hierbas y jugos aromáticos. No es posible encontrar ningún pueblo ni ciudad ni particular de cierta alcurnia y categoría que no envíe con afán de distinguirse estos dones postreros en honor del emperador. Cuando se ha apilado un enorme montón de productos aromáticos y todo el lugar se ha llenado de perfumes, tiene lugar una cabalgata en torno de la pira, y todo el orden ecuestre cabalga en círculo, en una formación que evoluciona siguiendo el ritmo de una danza pírrica. También giran unos carros en una formación semejante, con sus aurigas vestidos con togas bordadas en púrpura. En los carros van imágenes con las mascaras de ilustres generales y emperadores romanos. Cumplidas estas ceremonias, el sucesor del imperio coge una antorcha y la aplica a la torre, y los restantes encienden el fuego por todo el derredor de la pira. El fuego prende fácilmente y todo arde sin dificultad por la gran cantidad de leña y de productos aromáticos acumulados. Luego, desde el más pequeño y último de los pisos, como desde una almena, un águila es soltada para que se remonte hacia el cielo con el fuego. Los romanos creen que lleva el alma del emperador desde la tierra hasta el cielo. Y a partir de esta ceremonia es venerado con el resto de los dioses.

(  HERODIANO  en "Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio" )














CAYO CECILIO PLINIO EL JOVEN DICE SOBRE LA AUTORIDAD


No hay autoridad como la que se funda en la justicia y se ejerce por la virtud.



ESDRAS EL ESCRIBA


Esdras (hebreo: עזרא, Ezra;1 fl. 450-390 a. C.), también llamado Esdras el escriba (hebreo: עזרא הסופר, Ezra ha-Sofer) y Esdras el sacerdote en el Libro de Esdras. Según la Biblia hebrea, volvió del cautiverio de Babilonia y reintrodujo la Torá en Jerusalén (Esdras 7–10 y Neh 8). Según I Esdras, una traducción griega del Libro de Esdras, todavía en uso en la Iglesia ortodoxa, era también sumo sacerdote.
 
Su nombre puede ser una abreviación de Azaryahu, "Dios ayuda". En la Septuaginta Ezra se convierte en Esdras (Ἔσδρας), lo mismo que en latín.
 
El Libro de Esdras describe cómo condujo a un grupo judíos exiliados desde Babilonia hasta su hogar en Jerusalén (Esdras 8.2-14), donde se dice que les obligó a la observancia de la Torá, y a limpiar la comunidad de matrimonios mixtos.​
 
Esdras es una figura altamente respetada en el judaísmo
 
Los libros canónicos Libro de Esdras y Libro de Nehemías son las fuentes más antiguas sobre la actividad de Esdras, mientras que muchos de los otros libros escritos sobre Esdras son trabajos literarios posteriores, dependientes de los canónicos.
 
 Los libros de Esdras y Nehemías formaban originariamente un solo rollo.  Más tarde, los judíos dividieron este rollo y lo llamaron Esdras I y II. Las Biblias hebreas modernas llaman a los dos libros, «Esdras y Nehemías», como también lo hacen otras traducciones modernas de la Biblia. Algunas partes del Libro de Esdras (4:8 a 6:18 y 7:12-26) fueron escritas en arameo, pero la mayoría está en idioma hebreo. Esdras era experto en ambas lenguas. Esdras, un descendiente de Seraiah, el sumo sacerdote, estaba viviendo en Babilonia, cuando en el séptimo año de Artajerjes I (~ 457 a. C.), rey de Persia, el rey le envió a Jerusalén a enseñar las leyes de Dios a cualquiera que no las conociese. Esdras condujo a un gran número de exiliados, de vuelta a Jerusalén, donde descubrió que los judíos se habían casado con mujeres no-judías. 
Al ver esto, rompió sus vestiduras y confesó los pecados de Israel ante Dios, y luego se enfrentó a la oposición de algunos de sus compatriotas para purificar a la comunidad y disolver los matrimonios pecaminosos. Algunos años después, Artajerjes envió a Nehemías (un noble judío de su servicio personal) a Jerusalén, como gobernador, con la tarea de reedificar las murallas de la ciudad. Una vez que fue completada esta tarea, Esdras leyó la Ley de Moisés a la asamblea de los israelitas, y el pueblo y los sacerdotes entraron en un pacto para mantener la ley y separarse de los restantes pueblos.

 

LUXORIO DICE DEL HUERTO



El huerto es una parte del cielo, donde reinan los dioses, ya que las hierbas pueden vencer la muerte.



EL CÓNSUL LUCIO MANLIO TORCUATO



Lucio Manlio Torcuato (en latín clásico: Lucius Manlius Torquatus) fue un político romano de la era tardorrepublicana, cónsul en 65 a. C..

 

En las elecciones consulares del 66 a. C. para el año siguiente ganaron Publio Cornelio Sila y Publio Autronio Peto, pero fueron acusados de corrupción por un pariente suyo, también llamado Lucio Manlio Torcuato, y no pudieron asumir. En su lugar, él fue nombrado cónsul junto a Lucio Aurelio Cota. Muchos quedaron descontentos con esto, y, planearon asesinarlo junto a su colega consular el primer día de su consulado en la denominada primera conspiración de Catilina, pero el complot fracasó.


Aun así, Torcuato defendió a Catilina aquel mismo año cuando fue acusado de extorsión (de repetundis) en su provincia. Después de su consulado obtuvo la provincia de Macedonia y por sus supuestas victorias contra los bárbaros de la frontera, recibió del senado el título de imperator, a propuesta de Cicerón.


Durante el consulado de Cicerón, 63 a. C., tomó parte activa en la lucha contra los conspiradores catilinarios; también apoyó a Cicerón cuando éste fue desterrado (58 a. C.), e intercedió en vano en su nombre ante el cónsul Pisón. Probablemente murió poco después. ​Cicerón elogia​ su gravitas, sanciitas y constaiitia.


XENÓCRATES DICE SOBRE LOS DIPLOMÁTICOS



Un embajador debe estudiar el bienestar de su país, y no gastar su tiempo en fiestas y motines.





HERODIANO RELATA LOS JUEGOS DE ANTIOQUÍA OFRECIDO POR EL EMPERADOR USURPADOR PESCENIO NÍGER



Los sirios son por temperamento muy aficionados a las fiestas, en especial los habitantes de Antioquía, la ciudad más importante y próspera, que celebran fiestas casi durante todo el año, tanto en la misma ciudad como en su comarca. Níger les ofrecía continuamente espectáculos, por los que sentían especial predilección, y les daba permiso para fiestas y jolgorios, gracias a lo cual aumentaba su popularidad y, naturalmente, era respetado.












CLAUDIO RUTILIO NAMACIANO



Claudio Rutilio Namaciano fue un poeta galo de principios del siglo V. Proveniente del sur de la Galia, llegó a ser prefecto en las regiones italianas de Toscana y Umbría. Su única obra conocida es el poema De reditu suo libri duo del que sólo se conserva una parte. Fue escrito hacia el año 420. En él habla sobre la grandeza y el antiguo esplendor de Roma y, además, critica acerbamente el Cristianismo.

 

Rutilio Namaciano nació al sur de la Galia y, como Sidonio Apolinar, pertenecía a una de las grandes familias provinciales galas. Su padre Lacanius había sido gobernador de Tuscia (Etruria y Umbria), tesorero imperial (comes sacrarum largitionum) y prefecto de Roma (praefectus urbi). ​ Eran de origen celta, ya que el nombre Namaciano y su variante Namacio son antropónimos en esta lengua. Rutilio también realizó su carrera dentro de la administración imperial y llegó a ser secretario de estado (magister officiorum) y prefecto de Roma en el año 414. Sin embargo se conocen pocos detalles sobre su vida.

 

Durante los años centrales de su vida Roma y el imperio vivieron unos años especialmente convulsos: el dominio a la sombra de Estilicón, los ataques del visigodo Alarico I, el saqueo de Roma en 410... Aunque el paganismo (o politeísmo) hacía unos años que había sido prohibido oficialmente con el Edicto de Tesalónica (380), Namaciano era un pagano convencido que pertenecía al círculo del orador Quinto Aurelio Simmaco, con lo que se oponía a las políticas favorables al Cristianismo y a las alianzas con los pueblos germánicos que se iban haciendo con el poder en varias provincias del imperio. En este sentido, forma parte de la denominada «reacción pagana» de finales del siglo IV y principios del V.

 

La única obra conocida de Namaciano es el poema De Reditu Suo («Sobre su regreso»), también conocida como Iter Gallicum, escrito en dísticos elegíacos. Su importancia literaria e histórica se ha reconocido claramente en los últimos años, coincidiendo con los estudios historiográficos más profundos que se han hecho sobre la época del bajo imperio. Pese a que solamente nos ha llegado en forma fragmentaria, con setecientos versos, la mayor parte del segundo libro se ha perdido, excepto 68 versos, la calidad literaria del poema lo convierte en una de las últimas grandes muestras de literatura romana.

 

El poema describe un viaje costero por mar desde Roma, concretamente del puerto de Ostia, el 31 de octubre del 417, hasta la Galia, aun cuando los fragmentos conservados solamente llegan hasta el puerto de Luna, actual Luni, algo más al norte de Pisa, el 11 de noviembre del mismo año. Namaciano describe el viaje de retorno a sus tierras de la Galia, devastadas por la invasión de los vándalos. Es significativo que el viaje se haga por mar y no por las grandes vías consulares, en aquellos momentos impracticables y poco seguras a causa de los ataques de los bárbaros.

 

Tras un emocionante y famoso elogio de Roma y su ideal universalista, el autor describe los paisajes que ve y reflexiona, a menudo de forma melancólica, como buen representante de la «reacción pagana» del círculo de Símmaco, que añora la grandeza y rectitud del pasado romano. El poema logra sus momentos más emotivos cuando describe el clima de decadencia de las tierras del imperio, que Namaciano atribuye a los bárbaros, al Cristianismo, a los hebreos y a los monjes, cuyos conventos ya pueblan las islas y a los que llama lucifugi viri, «hombres que huyen de la luz»; al mismo tiempo, Namaciano confía en la recuperación de Roma y de sus tradiciones y proclama su misión histórica: Feciste patriam diversis gentibus unam, «Hiciste una sola patria para pueblos diversos» y Ordo renascendi et crescere posse malis, «La ley de tu renacimiento es poder crecer por medio de tus calamidades». Estas reflexiones se unen a violentas sátiras culturales y políticas. Estilísticamente Namaciano utiliza los dísticos elegíacos con gran habilidad y pureza formal, que delatan un estudio profundizado de la poesía de la era clásica de Augusto. Utiliza un latín sorprendentemente clásico para la época, tanto con respecto al vocabulario como a la gramática.