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martes, 16 de octubre de 2018

ORACIÓN DE CLEOPATRA EN ROMA EN VÍSPERAS DE VISITAR A CÉSAR, TRAS LLEGAR A SU PALACIO ROMANO



Después de 25 días de viaje desde Alejandría por el Mar Nuestro de los romanos, y tras desembarcar en el puerto de Ostia, con su flota compuesta de diez naves de guerra y sesenta barcos de transporte, la faraona de Egipto Cleopatra VII, llegaba por fin a Roma, para alojarse en el palacio de las afueras de la propia Roma que Cayo Julio César había hecho construir para ella con los mejores materiales disponibles, y con todo lujo de detalles y comodidades (pagado por la propia reina de Egipto a través de un agente inmobiliario de César). Sería un palacio que luego la faraona daría como donación a Roma, para utilizarlo como edificio público. Ella era la reina más rica del mundo.

 

En la comitiva de la reina egipcia había esclavos, eunucos, niñeras, tutores, consejeros, secretarios, escribas, contables, médicos, herbolarios, hechiceras, sacerdotes, un sumo sacerdote, nobles menores, una guardia real de doscientos hombres, un filósofo o cuatro, incluido el gran Filostrato y el aún mayor Sosígenes, músicos, bailarines, actores, magos, cocineras, lavaplatos, lavanderas, modistas y varias sirvientas.

 

Naturalmente viajaba con todos sus muebles preferidos, su ropa blanca, sus vestidos, sus joyas, sus cofres de dinero, los instrumentos y aparatos de su peculiar culto religioso, telas para túnicas nuevas, abanicos y plumas, colchones, almohadas, cabezales, alfombras, cortinas, biombos, cosméticos, y su propia provisión de especias, esencias, bálsamos, resinas, inciensos y perfumes. Y eso sin contar sus libros, sus espejos, sus instrumentos astronómicos, y su propio adivino privado Caldeo.

 

Según se dice, su séquito asciende a más de mil personas, así que lógicamente no caben todas en el palacio. César les ha construido una aldea en la periferia del Transtiberim, y los transtiberinos están furiosos. Es una guerra a muerte entre los nativos y los intrusos, hasta el punto de que César ha promulgado un edicto según el cual todo transtiberino que alce un cuchillo para cortar la nariz o las orejas a un forastero detestado será enviado a una de las nuevas colonias, le guste o no.

 

Cleopatra se dirigió a su palacio de las afueras de Roma, pues no podía entrar en Roma por la aversión de los romanos a los reyes y reinas y el significado de cruzar el sagrado Pomerium con el que se quedaba despojado de todo imperium (excepto el dictador César).

 

Cada lugar tenía sus tabúes, y los de Roma estaban todos ligados a la idea de la República, y como reina visitante debía de respetarlos. Y lo primero que hizo fue encomendarse a sus dioses egipcios, rezando la siguiente oración:

 

Dios del Sol, portador de la luz y la vida, protégenos en este desalentador lugar al que hemos llevado tu culto. Estamos lejos de casa y de las aguas del Nilo, y hemos venido sólo para mantener la fe en ti, con todos nuestros dioses grandes y pequeños, del cielo y del río. Hemos viajado al oeste, al Reino de los Muertos, para ser fecundados otra vez, ya que Osiris reencarnado no puede venir a Egipto con nosotros. El Nilo inunda perfectamente, pero si queremos mantener la Inundación, es hora de que engendremos otro hijo. Ayúdanos, te lo ruego, prolonga nuestro exilio entre estos infieles, conserva indemne a nuestra divinidad, tensos nuestros nervios, fuerte nuestro corazón, fecundo nuestro útero. Permite que nuestro Hijo, Tolomeo César Horus, conozca a su divino padre, y concédenos una hermana para él a fin de que puedan casarse y mantener pura nuestra sangre. El Nilo debe inundar. La faraona debe volver a concebir, muchas veces.



domingo, 7 de octubre de 2018

CEMENTERIOS DE ROMA




Cubriendo casi totalmente el Campus Esquilinus tras traspasar la puerta Esquilina, fuera de la muralla serviana, se extendía la necrópolis de Roma, una auténtica ciudad de sepulturas, algunas humildes y otras suntuosas, aunque abundaba el término medio; allí se guardaban las cenizas de la población de Roma, ciudadanos y no ciudadanos, esclavos y hombres libres, nativos y extranjeros. No se podía enterrar a nadie dentro de los límites de la propia Roma (el pomerium).




lunes, 6 de agosto de 2018

LUCIO APULEYO SATURNINO DICE SOBRE EL EJÉRCITO ROMANO


 Jamás un ejército romano se ha arriesgado a entrar en Roma si no es para desfilar en triunfo y nadie que haya ordenado su entrada dentro del sagrado pomerium de la ciudad ha vivido para contarlo.







domingo, 11 de junio de 2017

DESVENTAJA DE SER MONARCA REINANTE O UNGIDO EN EL IMPERIO ROMANO O ALREDEDORES


El inconveniente de ser un soberano era que cuando deseaba ir de visita en Roma, era la única persona, por muy poderosa e importante que fuera, que no se podía cruzar el pomerium o limite sagrado, y por tanto debía de ser atendido o recibido fuera de las murallas de Roma.