"Lograda la alianza con Antonio y Lépido,
termino también en dos batallas la guerra Filipense, a pesar de
estar débil y enfermo. En la primera le tomaron su campamento,
consiguiendo escapar con gran esfuerzo, ganando el ala que
mandaba Antonio. No mostró moderación en la victoria,
enviando a Roma la cabeza de Bruto, para que la arrojaran a los pies de la
estatua de César, aumentado así con sangrientos ultrajes los castigos
que impuso a los prisioneros más ilustres. Se refiere que a uno de estos,
que le suplica le concediese sepultura, le contesto: “Que aquel favor pertenecía a los
buitres” . A
otros, padre e hijo, que le pedían la vida, les mando la jugasen
a la suerte o combatiesen entre si, prometiendo otorgar gracia al
vencedor; el padre se arrojo entonces contra la espada del hijo, y este,
al verle muerto, se quito la vida, mientras Octavio los veía morir
complacido. Por esta causa, cuando llevaron a los otros cautivos, con la
cadena al cuello, delante de los vencedores, todos, y especialmente Marco
Favonio, el emulo de Catón, convinieron, después de
saludarle con el nombre de Imperator, en dirigirle crueles injurias. En
la distribución que siguió a la victoria, quedo encargado
Antonio de constituir el Oriente, y Octavio de llevar los veteranos a
Italia para establecerlos en los territorios de las ciudades municipales;
pero solo consiguió disgustar a la vez a los antiguos poseedores
y a los veteranos, quejándose unos que se los despojaba y los
otros de que no se los recompensaba como tenían derecho
a esperar por sus servicios.
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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domingo, 1 de julio de 2018
lunes, 1 de septiembre de 2014
REFLEXIONES DE MARCO FAVONIO ACERCA DE CAYO JULIO CÉSAR, DESPUÉS DE HABER OBTENIDO SU CLEMENCIA
Favonio
salió a caballo para contemplar, esperaba que por última vez, la columna
plateada de las legiones romanas que avanzaban majestuosamente por una
carretera de construcción romana, recta en los tramos en que podía serlo, con
pendientes suaves, una carretera hecha para no agotar. Pero al final lo único
que vio Favonio fue a César montado en un brioso semental marrón con la
facilidad y la gracia de un hombre mucho más joven. Favonio sabía que apenas se
perdieran de vista los valles de Anfípolis, César desmontaría y seguiría
marchando a pie. Los caballos eran para las batallas, para los desfiles y para
los espectáculos. ¿Cómo podía un hombre tan seguro de su propia majestad tener
los pies tan firmemente apoyados en la tierra? Una mezcla curiosísima, Cayo
Julio César. El escaso cabello dorado revoloteando como cintas al penetrante
viento procedente del mar Egeo, la columna vertebral absolutamente recta, las
piernas colgando sin apoyo, tan poderosas y nervudas como siempre. Uno de los
hombres más apuestos de Roma, aunque nunca un niño bonito como Memmio ni un
hombre decadente como Silio. Descendiente de Venus y Rómulo. Bien, quién sabía.
Quizá fuera cierto que los dioses amaban a los mejores de los suyos. ¡Oh,
Catón, no sigas haciéndole frente! Nadie puede con él. Será rey de Roma... pero
sólo si quiere serlo.
TRAS SER PERDONADO POR CÉSAR EN FARSALIA, EL SENADOR POMPEYANO MARCO FAVONIO PREGUNTA POR LAS RAZONES DE SU CLEMENCIA, Y CÉSAR LE RESPONDE
A ti
también te perdono, Marco Favonio. No forma parte de mi política castigar a los
hombres decentes sólo porque tengan ideas equivocadas. Lo que espero es que
todos nos veamos en Roma algún día trabajando juntos por su bienestar. ¿Qué
quieres hacer? Te daré una carta para Vatinio, que está en Brundisium, y le
diré que te proporcione lo que desees.
MARCO FAVONIO
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