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domingo, 28 de agosto de 2016

VALERIO MÁXIMO

(c. 15 a. de C. - c. 35 d. de C.) Escritor romano. Su obra capital es Hechos y dichos memorables, dedicada al emperador Tiberio. Compuesta por nueve libros, es una recopilación de anécdotas morales contenidas en las obras de los historiadores latinos y griegos que sería muy utilizada por filósofos y retóricos posteriores.


Se conoce muy poco sobre la vida de Valerio Máximo. Al parecer, vivió pobremente, y estuvo bajo la protección de Sexto Pompeyo, el cónsul del año 14, a quien Valerio acompañó al marchar a Asia como gobernador, en el año 27. Vuelto a Roma, Valerio escribió sus nueve libros de Hechos y dichos memorables, dedicados a Tiberio. La obra debió de quedar terminada después del 31, año en el cual murió el célebre prefecto del pretorio Seyano, a quien el autor ataca duramente en el último libro.


Hechos y dichos memorables es un rico repertorio de anécdotas que el autor compiló tomándolas de las más célebres narraciones históricas latinas y griegas y reagrupándolas en 95 categorías, subdivididas en ejemplos romanos y ejemplos extranjeros. Las diversas categorías abarcan vicios y virtudes, instituciones públicas o privadas, religión, patria, familia, etc. En tales categorías, bastante amplias, tienen entrada numerosas anécdotas, aunque de carácter bastante diverso. El criterio moralista es, por lo general, la base de la selección y de la organización de la obra; pero lo que ésta gana en valor ético, lo pierde en perspectiva histórica. Su unidad es toda la que se puede desear en una obra de este género, es decir, una unidad más bien mecánica.




También estilísticamente, al mudar de fuentes, el estilo de Valerio Máximo cambia y se compone diversamente. Sólo exteriormente Valerio consiguió dar a su estilo latino una pátina de pureza y claridad, no exentas de cierto tono declamatorio, que resulta adecuado a las máximas edificantes. El material empleado por Valerio Máximo se remonta, en su mayor parte, a Livio y Cicerón; pero, asimismo, a Varrón, Celio Antipatro, César, Salustio, Pompeyo Trogo y otros, griegos y romanos. A pesar de su modesto valor historiográfico, este cómodo y abundante repertorio fue muy utilizado por los escritores antiguos. Compendiado por Julio Paris hacia el siglo IV y por Januario Nepociano en torno al VI, conoció una extraordinaria fortuna durante la Edad Media por su fácil manejo y por su cómoda abundancia de erudición ajena. Petrarca lo tomó por modelo en la composición de su obra De las cosas memorables.




miércoles, 29 de abril de 2015

EL EMPERADOR TIBERIO


A sus 56 años, Tiberio era tímido y misántropo, culto y concienzudo, pero amargo y escéptico. Después de una ficción de querer restaurar la República, los senadores le pidieron como un favor "que asumiese él mismo tan penosa y pesada esclavitud".




En la crisis, rápidamente resuelta, se descubrió ya cual habría de ser una de las grandes lagunas del régimen imperial: Olvidando establecer una ley de sucesión fija, Augusto abrió el camino a los más graves abusos, generadores de sangrientas agitaciones.

Al comienzo, Tiberio reinó con prudencia, prosiguió la política de su suegro, consolidó la frontera del Rin, donde alcanzó celebridad su sobrino e hijo adoptivo, Germánico, el hijo de Druso.





Se esforzó por la moderación, pidiendo a los gobernadores de las provincias que "esquilaran las ovejas pero no las desollasen". Impulsó a los nobles al ahorro y disminuyó la frecuencia de los juegos circenses.



Prudente en política, Tiberio se mostró sanguinario en los asuntos de familia: En el año 14 d. de C. hizo matar a su esposa Julia y al último hijo que ésta había tenido con Agripa. Su hija, la segunda Julia, sufrió más tarde la misma suerte.



De los hijos de Augusto, solamente sobrevivió Agripina (la mayor), casada con Germánico. Cuando éste murió en el año 19 d. de C., su mujer acusó a Tiberio de haberlo envenenado, lo que sin duda era una calumnia.



En el año 33 d. de J.C., el emperador se libró de Agripina y del primogénito de Germánico. Cada vez más sospechoso, inquieto por la oposición senatorial, Tiberio dejó que su prefecto pretoriano, Sayano, instaurase un régimen de terror del que fue víctima la aristocracia romana. Sayano, un ambiciosos criminal, acechaba el trono y, denunciado al emperador, fue estrangulado.



Obsesionado por todos estos dramas, Tiberio pasó la mayor parte de su tiempo en el palacio de la isla de Capri. Pero el anciano continuó enviando órdenes de muerte desde su retiro.



Su único hijo había muerto, no quedándole más que su nieto, a quien designó como heredero, conjuntamente con el último hijo de Germánico y de Agripina, Cayo César, a quien los soldados de su padre habían dado el sobrenombre de Calígula ("pequeña cáliga": Sandalia que utilizaban los legionarios romanos).

Tiberio murió en el año 37 d. de J.C. como consecuencia de un síncope. En Roma, la multitud gritó: Tiberius ad Tiberim (¡Tiberio al Tíber!).




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ESCULTURAS DEL EMPERADOR TIBERIO: