domingo, 19 de febrero de 2017

CUARTA CARTA DE LUCIO PONCIO PILATOS AL EMPERADOR CLAUDIO TIBERIO


Lucio Poncio Pilatos a Claudio Tiberio César, salud.

 

Estoy de cuerdo contigo, César, en la necesidad de buscar alternativas a los príncipes herodianos, si queremos preservar la paz en estos territorios. Han surgido además nuevos acontecimientos, que hacen aconsejable revisar nuestra política frente a estos príncipes, los cuales paso a relatarte.

 

Johanan hijo de Judas y su séquito, cada vez más numeroso, han aparecido de nuevo en Galilea, esparciendo su doctrina antiherodiana y antirromana, la cuales te comenté ya anteriormente y paso ahora a ampliarte, tal y como lo solicitas, César.

 

Johanan predica la necesidad en que los judíos se encuentran de expiar los pecados de corrupción que han resultado del dominio de los ocupantes extranjeros (romanos y herodianos). Estos reproches son los mismos que desde hace tiempo reivindican los grupos denominados zelotes, sicarios, esenios o nazarenos, a los que ya me referí en cartas anteriores. Estos grupos disidentes se han apartado todavía más del templo de Jerusalén, descalificando a los sumos sacrificadores impuestos por los tetrarcas herodianos o por los prefectos romanos, a menudo mediante sobornos, según ellos, y rechazando que en el templo se reciban dádivas y se hagan sacrificios por la salud de los emperadores romanos o de los príncipes herodianos. Por estas razones el Templo es un lugar impuro, que debe, según predica Johanan, ser destruido y reconstruido (creo que esto lo dice en forma simbólica y espiritual, pero no se si todos los que le escuchan lo entienden de esta forma).

 

La corrupción del Templo, según Johanan, sería, sin embargo, más profunda que lo que hasta ahora han predicado otros opositores. Johanan declara que quienes controlan el culto (principalmente los saduceos) y la aplicación de la ley (principalmente los escribas fariseos) se han alejado en lo fundamental de la aplicación de la ley mosaica, dando mayor importancia al culto y sus interminables sacrificios de animales que al amor a dios y al prójimo. En este sentido, Johanan repite a menudo el comentario del rabí (maestro) Hillel, “No  hagas a tu vecino lo que no quieras para ti; ésta es toda la Ley”. También utiliza varias parábolas de la tradición rabínica judía, encaminadas a mostrar la necesidad de pedir a dios el pan de cada día, sin preocuparse del mañana, de dar prioridad a la atención de la salud del enfermo por encima de la observancia del Sabat o de retribuir con caridad el trabajo de los obreros de la viña (que en su lenguaje significa el reino de su dios Yahvé).

 

Aunque estas enseñanzas no son originales, pues otros maestros de la ley judía las han predicado antes, Johanan les da una fuerza todavía mayor, al relacionarlas con los temas políticos de la corrupción herodiana y el rechazo al Templo y a los grupos saduceos y fariseos que lo controlan.

 

Otro tema que distingue la doctrina de Johanan es la inminencia del fin de los tiempos. Para él la llegada del reino de dios (los judíos prefieren hablar del “reino de los cielos”, pues evitan pronunciar el nombre de dios) está tan próxima que no vale la pena preocuparse por atesorar riquezas o bienes materiales, pues ellos llegarán con abundancia una vez instaurado el “reino de dios”. No tengo claro, César, que es lo que él entiende por “reino de dios”, pero los judíos en el pasado entendieron como tal un periodo sin fin caracterizado por la restauración del reino de Israel, su predominio sobre las demás naciones, el retorno de los judíos dispersos por el mundo y el estricto cumplimiento de las leyes establecidas por su profeta Moisés.

 

Es posible que al anunciar la llegada inminente del reino de dios, prometido por los antiguos profetas de Israel, Johanan quiera decir que él mismo es el nuevo mesías, destinado a restaurar el reino independiente que los judíos tuvieron durante las dinastías Davídica y Macabea. Me informan al respecto que, en efecto, a menudo se refiere a sí mismo como rey, hijo de rey o hijo de dios, que es la forma en que los judíos denominaban a sus reyes. Ello no sería de extrañar, si recordamos que su padre, Judas, reinó en su territorio de Gamala, al este del lago de Kenaret, durante diez años, desde la muerte de Herodes hasta la deposición de Arquelao y el censo de Quirino y llegó incluso a acuñar moneda propia. También algunos seguidores le llaman el “mesías Bar José”, es decir hijo de José, que es también una antigua forma judía de denominar al mesías anunciado por los profetas, quién aportaría a Israel el medio de su salvación tal y como su patriarca José hizo con sus hermanos y con su pueblo

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En cualquier caso, estas ideas suscitan en los territorios de Antipas el odio contra el tetrarca y temo, César, que pueden contagiar a los judíos de los territorios que me has encomendado, sino hacemos antes algo para evitarlo. A diferencia de lo que ocurre en la tetrarquía de Antipas, en Judea los grupos sacerdotales mantienen hasta ahora el control de la población y, hasta donde he podido averiguar, siguen siendo fieles a Roma y no ven con buenos ojos las enseñanzas de Johanan que te he relatado. Sin embargo, con ocasión de las fiestas judías y especialmente durante la fiesta de la Pascua, en que celebran el inicio de su éxodo de Egipto (más concretamente la matanza cruel de los primogénitos de Egipto, que su dios habría llevado a cabo para facilitar su escape), Jerusalén se llena de judíos venidos de todas partes, lo que hace difícil el control de la ciudad y hace posible que unos grupos contagien a otros. Por el momento he tomado medidas para reforzar la seguridad durante estas fiestas, trasladando dos cohortes desde Cesarea a Jerusalén.

 

Te envió saludos cariñosos de tu nieta Claudia Prócula. Ella se encuentra en buena salud y se ha convertido para mí en una ayuda muy valiosa, pues sus conexiones con varios círculos judíos me permiten comprender los hechos que te he relatado.



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