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domingo, 11 de junio de 2017

DESVENTAJA DE SER MONARCA REINANTE O UNGIDO EN EL IMPERIO ROMANO O ALREDEDORES


El inconveniente de ser un soberano era que cuando deseaba ir de visita en Roma, era la única persona, por muy poderosa e importante que fuera, que no se podía cruzar el pomerium o limite sagrado, y por tanto debía de ser atendido o recibido fuera de las murallas de Roma.


























sábado, 15 de agosto de 2015

PRO (PROMAGISTRADO, PROCÓNSUL, PROPRETOR, PROCUESTOR)



Persona que ejercía con la categoría e imperium de estos cargos cuando su mandato había finalizado. En principio, la promagistratura debía durar un año como máximo. 


Asimismo, la función primera del procónsul o del propretor era el gobierno de una provincia, aunque en la práctica podía ejercer como legado mayor de un general. Perdía su imperium en el momento en el que cruzaba el pomerium y entraba en Roma.


jueves, 2 de julio de 2015

EL POMERIUM SAGRADO DE ROMA, Y LA VISITA DE REINA CLEOPATRA DE EGIPTO




El pomerium era el límite sagrado de la ciudad de Roma, marcado por unos mojones llamados cippi, cuya creación se atribuye al rey Servio Tulio; permaneció intacto hasta tiempos de Sila el dictador.


 El pomerium no seguía exactamente el perímetro de las murallas servianas, y uno de los motivos principales es que es dudoso que dichas murallas las construyera Servio Tulio, quien sin duda habría hecho que éstas siguieran el itinerario del pomerium. 


Toda la antigua ciudad palatina de Rómulo quedaba dentro del pomerium, pero no el Aventino ni el Capitolio. La tradición decía que el pomerium sólo podía ampliarlo aquel que aumentase considerablemente los territorios que poseía Roma, pues en términos religiosos, Roma sólo existía dentro del pomerium y todo lo que quedaba fuera de él eran posesiones.

 

El inconveniente de ser soberano ungido de visita en Roma era que no se podía cruzar el pomerium o límite sagrado, porque quien lo hacía, implicaba renunciar a todo tipo de poder con imperium.



Es decir, que dentro del pomerium romano, cualquier rey era simplemente como un visitante más, y allí dentro de nada le valían sus poderes ni podía tener tratamiento especial de rey.

 

Igual cualquier magistrado o militar romano con imperium, si lo cruzaba, perdía automáticamente su imperium. Por eso, cualquier dirigente militar que mereciera el desfile del triunfo, tenía que esperar afuera del pomerium para conservar sus poderes y mandatos, ya que una vez celebrado el triunfo dentro, como un acto de la mayor gloria y reconocimiento al que añadia prestigio a su dignitas, lo perdía ese mío día que era el de su triunfo. 


Por otra parte, cualquier militar o magistrado con imperium, si entraba dentro del límite sagrado del imperium, perdía su derecho a proclamarse candidato a las elecciones consulares.

 

En la película "Cleopatra" del director Joseph L. Mankiewicz, donde se ve visitando públicamente a Cayo Julio César, para que fuera posible, seguramente debía de ser en alguno de los barrios romanos de afuera del Pomerium. Ahora bien, igualmente para contemplar y seguir el desfile triunfal de Cayo Julio César (que igual en su condición de Dictador, era el único que podía conservar su imperium máximo dentro del pomerium), Cleopatra tuvo que hacerlo desde un lugar alto fuera del mismo Pomerium. 


Naturalmente la faraona se sintió indignada y ofendida ante ese trato tan denigrante para una reina tan importante como lo era de Egipto. Pero cuando César explicó a Cleopatra la aversión de Roma a los reyes y las reinas y el significado de cruzar el pomerium, la natural indignación de la reina de Egipto por no ser admitida en la ciudad se desvaneció.


 Cada lugar tenía sus tabúes, y los de Roma estaban todos ligados a la idea de la República, a un rechazo de la soberanía absoluta que rayaba en el fanatismo y, de hecho, engendraba fanáticos como Marco Porcio Catón el Uticense, cuyo horroroso suicidio era aún la comidilla de Roma.

 


Para Cleopatra, la soberanía absoluta era un hecho natural, pero si no podía entrar en la ciudad, no podía. Cuando lloró al pensar que no vería la celebración de los triunfos de César, él le dijo que un caballero amigo de su banquero Opio, un tal Sexto Perquitieno, le había propuesto que la reina compartiera su balcón con él.


 Como la casa de éste estaba construida en el monte del Capitolio con vistas al Campo de Marte, Cleopatra vería el comienzo del desfile, y lo seguiría hasta que doblara la curva del Capitolio para entrar en la ciudad por la Porta Triunfalis, una puerta especial abierta sólo para los triunfos.


jueves, 14 de mayo de 2015

¿ QUÉ ERAN LAS FASCES?





Palabra de donde deriva el vocablo "fascita".




Herencia de los etruscos. Las fasces eran haces cilíndricos de varas de abedul teñidas de rojo y atadas fuertemente en forma entrecruzada mediante correas de piel roja.




Las llevaban unos hombres llamados lictores quienes precedían a un magistrado curul como indicación de su imperium.




Dentro del pomerium de Roma, sólo las varas (probablemente treinta por haz, por los treinta curiae) componían el haz, pero fuera del pomerium se insertaba un hacha de una sola hoja para indicar que el magistrado no sólo tenía el poder de castigar, sino también el de ejecutar.





jueves, 30 de abril de 2015

ESPARTACO CRUCIFICADO




Ese es Espartaco crucificado, la pena a la que sometimos a los esclavos que se rebelaban. El quiso una utópica sociedad donde todo el género humano fuera libre y no esclavo, una fantasía que hubiera desmembrado completamente el Imperio Romano, y hubiera llevado todo a la anarquía. Marco Craso, que en aquel momento era el cónsul de Roma, tuvo que librar una guerra contra él, y yo me involucré con él desde la retaguardia procurando por el buen funcionamiento de la organización de los abastecimientos logísticos a las legiones de Craso, que por entonces se llamaban “las legiones de los cónsules”. Así que todo el mérito de la guerra fue para él, y yo apenas no tuve ningún protagonismo, pero si aproveché para aprender mucho sobre la guerra y las legiones que luego más adelante me serviría para la conquista de la Galia Comata. Ante el peligro que suponía para Roma el avance de las miles de tropas de esclavos de Espartaco (que había sido centurión y tribuno desertado del ejército romano, de origen noble, y por esa razón conocía la maquinaria de guerra romana, que aplicó a su ejército de esclavos, mal preparado y mal disciplinado), y que se parecían a cualquier otro ejército bárbaro. Ante ese peligro, el Senado mandó un mensaje de urgencia a Pompeyo con sus legiones hispánicas, para que acudiera en ayuda y socorro de “las legiones de los cónsules”, con lo cual el ejercito de Espartaco se vio rodeado en forma de tenaza por un lado con las legiones de Marco Craso y por el otro con las de Cneo Pompeyo, saliendo derrotados todo el ejército de Espartaco. Como sólo se salvaron unos 6000 supervivientes, desde cerca del lugar de la batalla, en la vía Apia, Marco Craso hizo dividir lo que quedaba del trayecto por los 6000 supervivientes, para poner en cada sitio una cruz donde se pudieran ver colgados y agonizando los 6000 esclavos, siendo el líder Espartaco el último en ser crucificado, para que la plebe de Roma lo pudiera ver más de cerca, ya fuera del sagrado pomerium de la ciudad, y de paso decretó que todo amo romano llevara de paseo a sus esclavos por la vía Apia, para que vieran el terrible destino que les esperaba a todo aquel esclavo que se rebelara contra el orden romano. Tal era el dolor y la agonía espantosa de los crucificados, que se quedaron allí hasta varios meses cuando ya estaban bien podridos, y el mal olor de los cadáveres se notó en Roma durante varios meses, que a pesar de las peticiones de los ciudadanos a Marco Craso para que los quitara, el entonces cónsul, inmisericorde, se negó. Pero el tormento de los malos olores durante meses trajo algo positivo para Roma: desde entonces nunca más volvió a haber otra rebelión de esclavos.