domingo, 22 de enero de 2017

LA MUERTE DE CLEOPATRA, PINTURA DEL ITALIANO GUIDO GAGNACCI




César Octavio (el futuro emperador Augusto) había acusado en el año 32 públicamente a Cleopatra de varios cargos muy graves: magia, incesto, lujuria, adoración de ídolos animales… poniendo de esta manera en su contra al senado romano y a toda la población. Se decía que la mala conducta de Marco Antonio se debía a los embrujos de esta reina. 

Los planes de Octavio eran coger a la reina como prisionera y llevarla a Roma para así demostrar su superioridad y su victoria, pero no fue posible pues viendo su futuro como esclava tal vez en su propio país donde había sido soberana, Cleopatra eligió morir y tomó la decisión de suicidarse. Pidió a sus criadas Iras y Charmion que le trajeran una cesta con frutas y que metieran dentro una cobra egipcia, el famoso áspid, responsable de su muerte. Antes de morir escribió una misiva a Octavio en que le comunicaba su deseo de ser enterrada junto a Marco Antonio.


GERMANI CORPORIS CUSTODES ( GUARDIA IMPERIAL GERMANA )


 
La Guardia Imperial Germánica (latín: Germani corporis custodes o Germani corpore custodes, en las fuentes literarias también llamada numerus Batavorum o cohors Germanorum ) era una de las guardias personales de los Emperadores Romanos pertenecientes a la dinastía Julia-Claudia.
 
 Se componía de soldados germanos de origen Bátavo los que a diferencia de los Pretorianos, eran reclutados en provincias distantes del Imperio y por ello no tuvieron conexiones políticas o personales con Roma.
 
Los miembros la guardia germánica eran reclutados de tribus en la fronteras de la provincia de Germania Inferior, frecuentemente entre la tribu de lo Bátavos, pero también de tribus vecinas como los Frisios.
 
 Poco es sabido sobre su organización; los 500 guardaespaldas estaban organizados en cinco centurias y a partir de las inscripciones sabemos que igualmente contaban con caballería lideradas por decuriones, aunque no se sabe exactamente cuantas unidades de Équites mantuvieron.
 
La Guardia Germanica estaba valorada como leal y fiable. Nerón confió en ellos ya que no eran de origen Romano.
 
Fue durante el gobierno de Nerón que muchas familias Bátavas ligadas al Corporis Custodes obtuvieron la ciudadanía romana.
 
La guardia fue desbandada después de la derrota en la Batalla del Teutoburgo, y finalmente fue disuelta por el emperador Galba en el 68 debido a su lealtad al derrocado Nerón.
 
Esta decisión causó una profunda ofensa al pueblo Bátavo, y contribuyo al estallido de la Rebelión de los bátavos en el año siguiente. Sus sucesores indirectos fueron las Equites singulares Augusti la cuál era, igualmente, reclutada entre Bárbaros.



CLEOPATRA: LA MUJER QUE HIZO ENLOQUECER DE AMOR A JULIO CÉSAR Y MARCO ANTONIO


Muchas han sido las historias de amor que se han hecho célebres a lo largo de los siglos, habiendo un buen número de ellas que han llegado hasta nosotros siendo mucho más populares que el propio relato de los acontecimientos históricos que les rodeaban.
 
Una de ellas es la que protagonizó Cleopatra, la más famosa de las faraonas de Egipto y que logró seducir y volver locos de amor a dos de los hombres más importantes de su época: Julio César y Marco Antonio.
 
Con el primero fue una historia de amor inacabada, una relación que nunca se sabrá si hubiese llegado más allá debido al asesinato de César.
 
Aunque muchos son los expertos que defienden que lo que hubo entre Cleopatra y Julio César no fue una verdadera historia de amor mutuo, sino un acto de seducción y aprovechamiento por parte de la egipcia, quien necesitaba de la ayuda y respaldo del general romano para poder seguir manteniéndose en el trono.
 
Por aquel entonces Cleopatra contaba con 21 años de edad y Julio César ya estaba en la plenitud de su madurez con 52 años cumplidos. Y célebre fue la forma en la que la egipcia se presentó ante el romano: escondida en una alfombra.
 
La astucia, aparte de las armas de seducción de la joven, lo hicieron caer rendido a sus pies prometiéndole que lucharía por devolverle el trono que su hermano (y a la misma vez marido)  Ptolomeo XIII quería para él solo. Tras su regreso a Roma, Julio César fue asesinado en los Idus de marzo del año 44 a.C.
 
Pero el otro romano que sucumbió a los encantos y enloqueció de amor por Cleopatra fue Marco Antonio, con la salvedad de que éste también consiguió enamorar perdidamente a la reina egipcia como ningún otro hombre lo había hecho hasta entonces.
 
 Una historia de amor que además terminó trágicamente, como bien gusta a los amantes de ese tipo de romances.
 
El hecho de que Marco Antonio hubiese sido uno de los hombres más cercanos y leales a César parece indicar que hizo que ella ya se hubiese fijado en el militar romano y se sintiese apasionadamente atraída por él desde hacía tiempo.
 
La de Cleopatra y Marco Antonio fue una historia de amor que duró trece años, aunque la relación pasó numerosos baches y periodos en los que estuvieron separados. Años de amor pasional y también enfados que padecían irreconciliables, pero al final él siempre volvía a los brazos de ella.
 
Marco Antonio dejó a su esposa para vivir el tórrido romance con la egipcia e incluso tuvo que volver a casarse de nuevo, esta vez con la hermana de Octavio (sucesor de Julio César) para evitar que éste iniciase una guerra contra Egipto.
 
Pero Marco Antonio estaba perdidamente enamorado de Cleopatra (con la que tuvo tres hijos) y decidió abandonar a su nueva esposa y hacer caso omiso a los consejos que le llegaban desde Roma de que Octavio acabaría con ellos. Y así fue. El abandono de su nueva esposa hizo encolerizar al líder romano quien les declaró la guerra.
 
Como os indicaba unos párrafos más arriba, la de Cleopatra y Marco Antonio fue una historia de amor que terminó trágicamente y, como si hubiese surgido de la pluma del mismísimo Shakespeare, el final estuvo envuelto del más puro dramatismo.
 
En plena guerra con el ejército de Octavio y con éste a las puertas de Alejandría, Marco Antonio fue informado del fallecimiento de Cleopatra, una noticia que era totalmente falsa pero que a él convulsionó de tal manera que decidió quitarse la vida con su propia espada. Según relatan las crónicas, herido de muerte fue llevado ante su amada muriendo en sus brazos.
 
Ante la muerte de su amado Marco Antonio y la humillación que suponía para ella ser hecha prisionera por el ejército de Octavio, que pretendía pasearla encadenada, Cleopatra decidió poner fin también a su vida y lo hizo de un modo ritual: haciéndose morder en un pecho por una serpiente venenosa (áspid).
 

De este modo llegó el trágico final para la mujer que hizo enloquecer de amor a dos de los hombres más famosos e importantes de la Antigua Roma.


EN CÉSAR SÓLO MANDA CÉSAR







































Dile a tu amo que en César sólo manda César.

( Cayo Julio César )



HISTORIA DE ROMA, por FE BAJO ÁLVAREZ, JAVIER CABRERO PIQUERO, y PILAR FERNÁNDEZ URIEL














EL JURAMENTO DE LOS BÁTAVOS, DEL HOLANDÉS REMBRANDT HARMENSZOON VAN RIJN




Los bátavos (en latín: batavi) fueron un pueblo germánico que vivía en la zona que en la actualidad ocupan los Países Bajos. Originalmente, eran parte del pueblo cato y fueron citados por Tácito como habitantes del delta del Rin (Tácito, Historiae iv). Esto llevó a llamar en latín Batavia a la región.

Durante algún tiempo, entre 1795 y 1806, los Países Bajos adoptaron el nombre de República Bátava. Incluso Yakarta, la capital de Indonesia, fue denominada Batavia entre 1619 y 1942, durante la colonización neerlandesa.


Julio César cita a los bátavos (Batavi) en su obra Comentarios a la guerra de las Galias, libro IV, 10.1, situándolos en una isla donde el Rin se separa en un brazo, el Waal. La posición estratégica del lugar fue aprovechada por los romanos para establecer fortificaciones.

Los descubrimientos arqueológicos evidencian que vivían en pequeñas poblaciones, de 6 a 12 casas, cultivando las fértiles tierras que se encuentran entre los dos ríos, viviendo de la agricultura y la cría del ganado. El mayor asentamiento romano en la zona fue un Oppidum Batavorum, destruido por completo durante las revueltas bátavas.

Tácito, en su obra De origine et situ Germanorum, cita a los bátavos como las más bravas tribus de la zona, endurecidos en las guerras, que tenían sus propias cohortes con sus jefes que combatieron en Britania. Afirma que mantenían relaciones amistosas con Roma, como aliados, sin necesidad de pagar tributos o tasa alguna. «Sólo suministraron al Imperio armas y hombres», remarcó Tácito. Estaban bien preparados, por su destreza con los caballos y su increíble capacidad para cruzar los ríos con sus fuerzas sin perder la formación y sin necesidad de usar puentes. Dión Casio describe esta sorprendente táctica empleada por Aulo Plaucio contra los bárbaros en la batalla del río Medway.

A pesar de la alianza con Roma, los bátavos se sublevaron en la Germania Inferior entre el 69 y el 70, liderados por Cayo Julio Civilis, dando cuenta de cuatro legiones en una humillante derrota del ejército romano. Después, un gran contingente al mando de Quinto Petilio Cerial derrotó a los bátavos. El origen se remonta a Galba, quien disolvió con deshonor los Corporis Custodes, guardia personal de los emperadores romanos compuesta por bátavos y ordenó la detención de sus dos príncipes: Cayo Julio Civilis y su hermano Claudio Paulo. Se desconocen las razones de Galba, pero parecen estar fundadas en la lealtad mostrada por los bátavos a Nerón en Germania. Cayo regresó a Batavia, pero su hermano fue ejecutado en el 68.

Han sido encontradas numerosas tumbas y altares de bátavos a lo largo del Muro de Adriano, en especial en Escocia, Alemania, Yugoslavia, Hungría, Rumania y Austria, datadas en los siglos II y III. Se cree que a partir de este último, los bátavos se fusionaron con otros pueblos, como los francos y los frisones.









ESCULTURAS DE MADERAS DEL ALEMÁN JÖRG SYRLIN EL VIEJO, REPRESENTANDO A LOS ROMANOS MARCO TULIO CICERÓN Y VIRGILIO

MARCO TULIO CICERÓN

Aunque no os lo creáis, esas esculturas de esos dos ilustres romanos fueron hechas para adornar la Catedral de Ulm durante el final de la Baja Edad Media, con esos sombreros señoriales característicos de la época.
VIRGILIO

Marco Tulio Cicerón está representado como un símbolo de la filosofía. En el epígrafe de la escultura vemos escrito lo siguiente: "Errac bic qui vicium vllum corporis aut fortune viciis anime grauius estimat". Traducido al español, viene a querer decir más o menos lo siguiente: "Quien estima más grave la desgracia del cuerpo o del destino que las desgracias del alma se equivoca".