domingo, 23 de septiembre de 2018

CAYO MARCIO CENSORINO


 Gayo Marcio Censorinoa (m. 82 a. C.) fue un político y militar romano del siglo I a. C. parteneciente a la gens Marcia.
 
Es mencionado por primera vez cuando acusó de soborno a Sila tras su regreso de Asia, pues este había recibido de un rey una suma de dinero por encima de lo estipulado. Sin embargo, no se presentó el día del juicio y retiró la acusación.
 
Cuando estalló la primera guerra civil, se puso en el bando de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna contra Sila. Tras la toma de Roma del año 87 a. C., partcipó en la masacre de sus oponentes. Así, cuando se proscribió al cónsul Cneo Octavio, fue quién lo degolló y llevó su cabeza a Cinna, el cual la expuso en el Foro durante varios días.
 
En 83 a. C. Sila volvió a Italia con su ejército dispuesto a luchar contra los populares, quienes, muertos Mario y Cinna, estaban bajo el mando de Cneo Papirio Carbón y Cayo Mario el Joven. A mediados de 82 a. C. fue enviado contra Pompeyo, pero fue derrotado por éste en Sena Gálica y huyó ante Carbón. Como a Mario el Joven, que se hallaba sitiado en Preneste, comenzó a escasearle el alimento, fue enviado a socorrerle con ocho legiones, pero, emboscado por Pompeyo, fue nuevamente derrotado. Los sobrevivientes, refugiados en una colina, le culparon de la emboscada. Una legión marchó sin orden previa hacia Arímino, mientras que el resto desertó y Censorino tuvo que regresar al campamento de Carbón acompañado únicamente de algunos jinetes.
 
En septiembre, Carbón, desanimado por tantas derrotas, huyó a Sicilia y Censorino, junto a Cayo Carrinas y Marco Junio Bruto Damasipo se puso al mando de las legiones que había en Clusio. Pompeyo los atacó causándoles veinte mil muertos y, tras este desastre, huyeron al Samnio, donde el samnita Poncio Telesino había alistado setenta mil hombres para librar a Mario del asedio. Sin embargo, Sila cortó los caminos que iban hacia Preneste, impidiéndoles el paso. Ante esto, Telesino decidió marchar sobre Roma, no para reconquistarla, sino para saquearla cual una ciudad enemiga. Sila marchó tras él y, el 1 de noviembre de 82 a. C. entabló combate ante las puertas de la ciudad y, con la ayuda de Craso, aniquiló a los enemigos. Censorino, al igual que la mayoría de los suyos, fue capturado y degollado el 3 de noviembre, tras lo cual su cabeza fue enviada a Preneste para desanimar a las tropas de Mario, las cuales desertaron inmediatamente.

JUVENTAS, DIOSA DE LA JUVENTUD


Juventas o Juventus es, en la mitología romana, la diosa que personifica la juventud. Su función era especialmente la protección de los adolescentes en el momento de dejar atrás la infancia, rito que se llevaba a cabo al dejar de vestir la ropa propia de infantes y tomar la toga viril, en torno a los 16 ó 17 años. Relacionado con este momento, el joven que tomaba la toga viril depositaba una moneda como ofrenda a Juventus.
 
Si bien tenía una capilla dentro del templo dedicado a la llamada Tríada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva), en concreto en la parte consagrada a la diosa Minerva, diosa de la sabiduría, las artes, las técnicas de la guerra, además de la protectora de Roma y la patrona de los artesanos, esta capilla es anterior a la construcción del templo. Esto nos da una idea de la antigüedad e importancia de su culto, relacionada con otros cultos antiguos.
 
Más tarde, Juventus fue asimilada a Hebe, diosa de la juventud de la mitología griega, cuyo mito era mucho más elaborado y rico, si bien mantuvo sus rasgos romanos.
 
En el Imperio, Juventus presidía los «colegios de jóvenes», asociaciones premilitares que apoyaban la política imperial.
 
Juventas fue una ninfa, hermana de la diosa Libertas (según Higino) a la cual Júpiter transformó en fuente. Esta fuente mágica tenía aguas milagrosas, ya que podía rejuvenecer a las personas que en ellas se sumergían. Como divinidad, velaba por los púberes y los protegía de una oscura personificación, que es el dios Senectus (divinidad de la vejez, correspondiente al griego Geras).




















SILA DEFINE LA IDEA DE ROMA AL EMBAJADOR PARTO OROBAZUS



 

OROBAZUS.- ¿Cómo es que Roma se ha engrandecido tanto si no la gobierna un rey?. Es comprensible entre los griegos, que nunca fueron grandes por no tener un gran rey y se escindieron en una miriada de pequeños estados que se enfrentaron unos a otros. Roma, por el contrario, actúa como si tuviera un gran rey. ¿Cómo no teniendo rey habéis adquirido tanto poder, Lucio Cornelio?

 

LUCIO CORNELIO SILA.- Roma es nuestro rey, señor Orobazus, aunque la nombremos con una forma femenina y digamos «ella». Los griegos se supeditaban a un ideal, vosotros os subordináis todos a un hombre, vuestro rey, pero los romanos nos subordinamos a Roma y sólo a Roma. Nosotros no doblamos la rodilla ante ningún ser humano, señor Orobazus, del mismo modo que no nos doblegamos ante ningún ideal abstracto. Roma es nuestro dios, nuestro rey, nuestra vida. Y aunque todos los romanos se esfuerzan por acrecentar su reputación y ser más grandes ante sus compatriotas, en último extremo todo va dirigido a acrecentar Roma y a la grandeza de Roma. Nosotros, señor Orobazus, adoramos un lugar, no a un hombre. No un ideal. Los hombres pasan por la tierra en un vuelo, y los ideales se esfuman conforme soplan los vientos filosóficos, pero un lugar es eterno mientras los que viven en él lo amen, lo cuiden y lo engrandezcan. Yo, Lucio Cornelio Sila, soy un gran romano, pero al final de mi vida todo lo que haya hecho será para engrandecer el poder y la majestad de donde he nacido: Roma. Hoy estoy aquí, no por cuenta propia, ni por cuenta de otro hombre, sino por cuenta de ¡Roma! Si firmamos un tratado, quedará depositado en el templo de Júpiter Feretrius, el más antiguo de Roma, y allí se conservará sin que sea mío ni siquiera lleve mi nombre. Un legado para la grandeza de Roma. En mi calidad de enviado especial por encargo del Senado y Pueblo de Roma, aquí yo represento y yo soy Roma, señor Orobazus, igual que todo aquel que se llame romano. Roma es un cortejo que se remonta a mil años, en tiempos en que un huido de Troya llamado Eneas puso pie en las playas del Lacio, originando una raza que fundó hace seiscientos sesenta y dos años un lugar llamado Roma. Durante un tiempo, esa Roma fue gobernada por reyes, hasta que los romanos repudiaron el concepto de que un hombre pueda ser más poderoso que el lugar que le ha visto nacer. No hay ningún romano más grande que Roma. Roma es el crisol de los grandes hombres. Pero lo que son y lo que hacen es para gloria de ella, son su contribución a ese cortejo que continúa. Y yo os digo, señor Orobazus, que Roma perdurará mientras los romanos la quieran más que a sí mismos, más que a sus hijos y más que a su propia fama y triunfos. Mientras los romanos quieran más a Roma que a un ideal o a un solo hombre.

 

OROBAZUS.- Pero el rey es la encarnación de todo eso que decís, Lucio Cornelio.

 

LUCIO CORNELIO SILA.- Un rey no puede serlo. A un rey, lo primero que le importa es él mismo, y se cree más cerca de los dioses que ningún otro hombre. Hay reyes que se creen dioses. Simple egoísmo, señor Orobazus. Los reyes se aprovechan de sus países; Roma se engrandece con los romanos.



TITO PETRONIO ÁRBITRO DICE SOBRE LA BELLEZA


 

Es muy raro encontrar la sabiduría acompañada de la belleza.




CÉFIRO


En la mitología griega, Céfiro (en griego Ζέφυρος Zéphyros) era el dios del viento del oeste, hijo de Astreo y de Eos. Céfiro era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Se creía que vivía en una cueva de Tracia.
 
En diferentes historias se narraba que Céfiro tenía varias esposas. En una ocasión se representa como el marido de Iris, la diosa del arco iris con quien tuvieron a Poto. Raptó a otra de sus hermanas, la diosa Cloris, a la que dio el dominio de las flores. Con Cloris fue padre de Carpo (‘fruta’). Se decía que había competido por el amor de Cloris con su hermano Bóreas, a quien terminó ganando. También se cuenta de él que con otra de sus hermanas y amantes, la arpía Podarge, fue padre de Balio y Janto, los caballos de Aquiles.
 
Uno de los mitos conservados en los que Céfiro aparece más prominentemente es el de Jacinto, un hermoso y atlético príncipe espartano. Céfiro se enamoró de él y lo cortejó, al igual que Apolo. Ambos compitieron por el amor del muchacho, éste eligió a Apolo, y Céfiro enloqueció de celos. Más tarde, al sorprenderlos practicando el lanzamiento de disco, Céfiro les mandó una ráfaga de viento, y el disco, al caer, golpeó en la cabeza a Jacinto que murió. Con la sangre del muchacho muerto, Apolo haría la flor homónima.
 
En la historia de Cupido y Psique, fue Céfiro quien sirvió a Eros transportando a Psique hasta su cueva.
 
Se le representa como un hombre joven, con alas de mariposa o hada, sin barba, semidesnudo y descalzo, cubierto en parte por un manto sostenido entre sus manos, del cual lleva y va esparciendo una gran cantidad de flores.
 
Su equivalente en la mitología romana era Favonio (Favonius, ‘favorable’), quien ostentaba el dominio sobre las plantas y flores. Su nombre era muy común en la Antigua Roma.


CLEOPATRA DICE SOBRE CÉSAR



Es el padre que no tuve, el marido de mi corazón, el hombre perfecto. ¿Quién en todo el mundo podría compararse a él?. Ni siquiera Alejandro Magno, que fue un conquistador aventurero, poco interesado en los aspectos prácticos del buen gobierno o los estómagos vacíos de los pobres. Babilonia no atrae en absoluto a César. César nunca sustituiría a Roma por Alejandría. ¡Ojalá lo hiciera!.  Con César a mi lado, no sería Roma quien dominara el mundo sino Egipto.