viernes, 2 de diciembre de 2022

PLEGARIA A LOS DIOSES DEL REY DE PERSIA DARIO EN FAVOR DE ALEJANDRO MAGNO

“Dioses patrios tutelares del reino, dadme ante todas las cosas el que vuelva a ver en pie la fortuna de los Persas, y que la deje fortalecida con los bienes que la recibí, para que, vencedor, pueda retornar a Alejandro los favores que en tal adversidad ha dispensado a los objetos que me son más caros; y si es que se acerca el tiempo que la venganza del cielo tiene prefijado para el trastorno de las cosas de Persia, que ningún otro hombre que Alejandro se siente en el trono de Ciro.”

 ( Plutarco )













MARCO LICINIO CRASO DICE SOBRE LA RIQUEZA

Nadie puede considerarse rico si no tiene efectivo suficiente para reclutar su propio ejército.










CÉSAR DICE SOBRE LAS PASIONES

La gente no puede vivir sin eficiencia, pero no está dispuesta a morir por ella. Aunque, por otra parte, se hallan muy dispuestos a morir o arriesgar sus vidas por orgullo, ambición, envidia, avaricia u honor. La política, en verdad, debe adaptarse a las pasiones tanto como a los acontecimientos.








SÉNECA DICE SOBRE LOS PECADOS

Y no sé si hay alguien más difícil para dar el perdón que el que tuvo que pedirlo con frecuencia. Todos pecamos, unos grave, otros levemente, unos con deliberación, otros impulsados fuertemente o arrastrados por la maldad ajena; unos permanecimos con poca fortaleza en los buenos propósitos y perdimos la inocencia de mala gana y con resistencia; no solamente hemos delinquido, sino que delinquiremos hasta el fin de la vida. Aunque alguno haya purificado ya tan bien su ánimo, que nada pueda en adelante desviarle y engañarle, sólo pecando ha llegado a la inocencia.









ESTACIO DICE SOBRE EL INSOMNIO

Si no dormir es un castigo, debe haber una culpa ignorada que lo justifique, razona el sonámbulo, pero nadie sabe la deuda que está pagando con su desdicha.





 

 


martes, 29 de noviembre de 2022

BREVE DISCURSO DE CALÍGULA ANTE EL SENADO

 

«Venerables Padres, me dirijo hoy a vosotros para aclarar algunos malentendidos. En Roma se ha convertido en una costumbre calumniar el recuerdo de mi apreciado abuelo y antecesor, el emperador Tiberio Augusto. Al hacerlo, muchos se refirieron a mi propia crítica del emperador Tiberio, pero lo que un príncipe puede criticar, no les está permitido a sus súbditos. Por otra parte, hoy se sabe que La mayoría de los crímenes que se le achacan a él fueron cometidos por altos funcionarios y por senadores para imputárselos luego a Tiberio. Esto tiene que terminar. Quien siga enlodando la excelente y cuidadosa gestión de mi apreciado antecesor, será acusado de un delito de lesa  majestad. Yo mismo me ocuparé de que así sea, y no permitiré que ningún jurista se interfiera en mis decisiones. Por lo demás, y cumpliendo con la justicia, he dado orden de reanudar todos los procesos suspendidos tras la muerte de Tiberio.»








PLUTARCO MEDITA SOBRE LA GUERRA CIVIL ROMANA EN LA BATALLA DE FARSALIA ENTRE POMPEYO Y CÉSAR

 

Dada la señal de una y otra parte, cuando las trompetas comenzaron a excitar al encuentro, de los de la muchedumbre cada uno pensó sólo en sí mismo; pero unos cuantos romanos, lo mejor entre ellos, y algunos griegos que se hallaron presentes fuera de la batalla, al ver que se acercaba el momento terrible, se pusieron a meditar sobre el trance a que la codicia y ambición habían traído a la república. Armas de un mismo origen, ejércitos entre sí hermanos, las mismas insignias y el valor y poder de una misma ciudad iban a chocar consigo mismos, demostrando cuán ciega y loca es la condición humana en sus pasiones: porque si querían mandar y gozar tranquilamente de lo adquirido, la mayor y más apreciable parte del mar y de la tierra les estaba sujeta, y si todavía tenían ansia y sed de trofeos y triunfos podían saciarla en las Guerras Párticas y Germánicas. Quedaba además ancho campo a sus hazañas en la Escitia y en la India, pudiéndoles servir de pretexto el dar civilización a naciones bárbaras. Porque ¿qué caballería de los Escitas, qué saetas de los Partos, o qué riquezas de los Indios serían bastantes a contener setenta mil romanos que acometieran armados estas regiones bajo el mando de Pompeyo y de César, cuyos nombres habían llegado a sus oídos antes que supieran que había romanos?. ¡Tantas, tan varias y feroces eran las naciones hasta donde habían penetrado victoriosos!. Y entonces se habían buscado para hacerse uno a otro la guerra, sin que sirviera para contenerlos ni el celo de su propia gloria, por la que se habían olvidado hasta de la compasión que debían tener a la patria, habiéndose apellidado invictos hasta aquel día. Porque el parentesco antes contraído, las gracias de Julia y aquel enlace luego se vio que no habían sido más que unas prendas falaces y sospechosas de una sociedad formada en provecho común, sin que hubiera entrado en ella, ni por mínima parte, la verdadera amistad.