martes, 22 de enero de 2019

EL CÓNSUL LUCIO PINARIO MAMERCINO RUFO


Lucio Pinario Mamercino Rufoa fue un político y legislador romano del siglo V a. C. perteneciente a la gens Pinaria.
 
Pinario fue miembro de los patricios Pinarios Mamercinos, la más antigua rama familiar de la gens Pinaria. Fue probablemente hijo de Publio Pinario Mamercino Rufo y padre de Lucio Pinario Mamercino.
 
Alcanzó el consulado en el año 472 a. C., durante el cual el tribuno de la plebe Volerón Publilio trató de presentar una ley mediante la cual las magistraturas plebeyas se eligirían mediante las tribus. Una epidemia que azotó Roma en su año consular se cebó con las mujeres y los alumbramientos.
 
Según Varrón, fue el promotor, junto con su colega consular Publio Furio Medulino, de la Lex Furia Pinaria para intercalar un mes adicional los años en que fuera necesario.





EL CÓNSUL QUINTO PEDIO, SOBRINO DE CAYO JULIO CÉSAR


Quinto Pedio (en latín, Quintus Pedius; m. 43 a. C.) fue un político y general romano que vivió los últimos acontecimientos de la República Romana, era hijo de Quinto Pedio y sobrino nieto de Cayo Julio César. Según Suetonio Pedio era nieto de Julia la Menor, la hermana mayor de César, pero Glandorp ha conjeturado, no sin razón, que Pedio podría ser no el nieto sino el hijo de Julia la Menor, puesto que ejerció altos cargos en vida de César.
Pedio sirvió como legatus de su tío abuelo (o tío) durante la Guerra de las Galias de 57 a. C. a 55 a. C.,3 año en el que volvió a Roma para presentarse a la edilidad, junto con Cneo Planius y otros, elecciones en las que fue derrotado. En la Galia comandó con Lucio Aurunculeyo Cota la caballería de Julio César a la batalla de Áxona, en la que los belgas fueron vencidos.
Cuando estalló la guerra civil entre Cayo Julio César y Cneo Pompeyo Magno en 49 a. C., Pedio se unió a su tío-abuelo. En 48 a. C., Pedio obtuvo el cargo de pretor como un nombramiento personal de César, permaneciendo en Italia. Ese mismo año, Pedio derrotó a Tito Anio Milón cerca de Turios, en Lucania. En 45 a. C. sirvió como legado contra los pompeyanos en Hispania, y participó en la batalla de Munda. César recompensó a su pariente con un triunfo y le otorgó el título de procónsul.
César fue asesinado en Roma en marzo de 44 a. C. En el testamento de César, Pedio figuraba como uno de los herederos. Al igual que su primo Lucio Pinario recibió una octava parte de los bienes de César. El resto de los bienes de César fueron para su heredero Cayo Octavio, el futuro emperador Augusto. Pedio renunció a su parte de la herencia en beneficio de Octavio.
En abril de 43 a. C., tras la victoria en la Batalla de Mutina, y muertos los cónsules Aulo Hircio y Cayo Vibio Pansa, Octaviano marchó contra Roma a la cabeza de un ejército. En agosto de ese mismo año, Octaviano fue nombrado para el consulado, junto con Pedio.
Durante su consulado Pedio elaboró una ley, la Lex Pedia, que declaraba enemigos públicos a todos los asesinos de César y los condenaba a muerte. Pedio quedó como gobernador de Roma cuando su primo Octaviano marchó hacia el Norte de Italia. Cuando Octaviano se unió a Marco Antonio y Marco Emilio Lépido, Pedio propuso anular la sentencia de proscripción que tenían estos últimos. El Senado se vio obligado a aprobar esta ley. No mucho después de esto, Octaviano, Antonio y Lépido formaron el Segundo Triunvirato en Bononia.
Llegaron a Roma noticias de que los triunviros habían hecho listas de proscritos que estuvieron a punto de causar una revuelta en la ciudad puesto que no se sabía quiénes integraban estas listas. Pedio apenas pudo evitar una insurrección abierta, y al día siguiente, declaró, sin saber nada, que sólo 17 personas habían sido condenadas a muerte y dio garantías para los otros. La tensión vivida le causó tal fatiga física que murió a la noche siguiente (noviembre del 43 a. C.).
Pedio contrajo matrimonio con una mujer noble llamada Valeria, que era la hermana del cónsul, senador y orador romano, Marco Valerio Mesala Corvino. Pedio y Valeria tuvieron un único hijo llamado Quinto Pedio Publícola, senador romano conocido por su brillante oratoria.


ARENGA DEL JOVEN CNEO POMPEYO MAGNO A SUS TRES LEGIONES PARA ENFRENTARSE A LAS CUATRO DE CNEO PAPIRIO CARBÓN


¡Ni siquiera tendremos que salir de nuestras tierras para dar nuestra primera batalla!. ¡Carbón en persona viene desde Ariminum a enfrentarse a nosotros en un combate que tiene perdido de antemano!. ¿Por qué?. ¡Porque sabe que soy yo quien os manda!. A vosotros os respeta; pero a mi no. ¿Creéis que él piensa que el hijo del Carnicero sabe mondar huesos y cortar carne?. ¡Qué va, Carbón es tonto!. ¡Cree que el hijo del Carnicero es demasiado lindo y delicado para mancharse las manos en el oficio de su padre!. ¡Pues se equivoca!. Y lo sabéis igual que yo. ¡Vamos a demostrárselo!.





domingo, 20 de enero de 2019

CARTA DE LA FARAONA CLEOPTATRA SÉPTIMA AL CÓNSUL CÉSAR OCTAVIO



César, mi enhorabuena por tu elección como cónsul superior de Roma. Resulta maravilloso pensar que la sangre de César perdura en una persona tan incomparable como tú. Te recuerdo bien de cuando venías con tus padres a mis recepciones. Espero que tu madre y tu padrastro estén bien. ¡Qué orgullosos deben de sentirse!.

¿Qué noticias puedo darte que te sirvan de ayuda?. En Egipto atravesamos una época de hambruna, pero lo mismo ocurre, por lo visto, en el resto del mundo. Sin embargo acabo de recibir la buena nueva de que puedo comprar cebada al rey de Partia. Hay también una terrible epidemia en el Alto Egipto, pero Isis ha librado de ella al Bajo Egipto del Delta y Alejandría, ciudad desde la que te escribo en un hermoso día de sol y aire templado. Ruego porque el aire otoñal de Roma sea igualmente saludable.

Sabrás ya que Cayo Casio ha abandonado Siria en dirección a Anatolia, probablemente, pensamos, para unirse con su cómplice, Marco Bruto. Si en algo podemos contribuir a que se haga justicia con los asesinos, cuenta con ello.

Quizá cuando termine tu consulado elijas Siria como provincia para gobernar. Sería para mí un placer tener a tan encantador vecino. Egipto está cerca, y bien merece una visita. Sin duda César te habló de sus viajes por el Nilo, de los monumentos y prodigios únicos de Egipto. Querido César, considera la posibilidad de visitar Egipto en un futuro próximo. Todo lo que aquí hay está a tu disposición. Placeres inimaginables. Repito: todo lo que aquí hay está a tu disposición.

 





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RESPUESTA DEL JOVEN CÓNSUL OCTAVIANO DOS MESES DESPUÉS

 

Gracias por tus buenos deseos, reina de Egipto. Tal vez te complazca saber que el número de asesinos vivos disminuye. No descansaré hasta que acabe con el último.

Preveo ocuparme de Bruto y Casio en el próximo año.

Mi padrastro, Filipo, agoniza lentamente. No esperamos que viva más allá de este mes. Se le han podrido los dedos de los pies y el veneno ha llegado a su sangre. Lucio Piso también agoniza, a causa de una inflamación de los pulmones.

Te escribo desde Bononia en la Galia Cisalpina, donde el aire otoñal es frío y cae aguanieve. Estoy aquí para reunirme con Marco Antonio. Dado que no me gusta viajar, nunca visitaré Egipto por placer. Tu ofrecimiento es muy amable, pero debo declinarlo.

La perla es preciosa, la he engastado en oro y la colgaré del cuello de la Venus Genetrix en su templo del Foro de César.


ARETAS III



Aretas III (árabe: حارثة, transliterado Haritha) fue el rey de los nabateos desde 85 a 62 a. C. Aretas ascendió al trono tras la muerte de su padre, Obodas I, en 85 a. C. Durante su reinado expandió su reino sobre lo que ahora son la zona norte de Jordania, el sur de Siria y parte de Arabia Saudita. Probablemente la mayor de las conquistas de Aretas fue Damasco, que aseguró formalmente a su país como un poder político de su tiempo. Nabatea alcanzó su mayor extensión territorial gracias a su liderazgo.
 
Damasco era atravesada por la principal ruta comercial desde el mar Mediterráneo a la India y Oriente Medio. Con la toma de la ciudad al debilitado Imperio seléucida en 85 a. C., Aretas convirtió a los nabateos de una tribu nómada en una potencia menor en Eurasia. En un intento de dejar atrás su pasado nómada, Aretas se llamó a sí mismo Aretas III Filoheleno (amigo de los griegos).​ Ordenó que las cecas de Damasco produjeran las primeras monedas de plata nabateas en un estilo helénico y con su nombre en griego en lugar del árabe.​ Para reforzar aún más la nueva cultura de los nabateos, Aretas se esforzó para que la arquitectura griega y romana reformara la capital de su reino, Petra,​ y otros nuevos asentamientos, como Humayma, incluido además un acueducto de 26,8 kilómetros.​ El dominio nabateo de Damasco se interrumpió en 72 a. C. cuando el rey armenio Tigranes II tomó la ciudad. La posesión armenia de la ciudad concluyó en 69 a. C., cuando Tigranes sacó tropas para hacer frente a un ataque romano sobre su capital, lo que permitió a Aretas volver a tomar Damasco.
 
En 67 a. C., Hircano II ascendió al trono de Judea. Apenas tres meses más tarde, su hermano menor Aristóbulo II incitó una rebelión, y lideró exitosamente el levantamiento que derrocó a Hircano y le permitió tomar los cargos de rey y sumo sacerdote. Hircano fue confinado en Jerusalén, donde continuó recibiendo ingresos de su último cargo. Sin embargo, temía por su vida y huyó a Petra para aliarse con Aretas, al que prometió que las ciudades árabes tomadas por los asmoneos volverían a Nabatea serían devueltas por su consejero jefe, Antípatro de Idumea.
 
Aretas avanzó hacia Jerusalén a la cabeza de 50.000 hombres, asediándola durante varios meses. Finalmente, Aristóbulo sobornó a Marco Emilio Escauro, delegado del general Cneo Pompeyo Magno. Escauro ordenó a Aretas retirar su ejército, que sufrió una aplastante derrota a manos de Aristóbulo en el viaje de regreso a Nabatea.
 
A pesar de la sumisión de Aretas, en 62 a. C. Escauro marchó sobre Petra. Sin embargo, la combinación de los terrenos difíciles, pocos suministros y una oportunidad de hacerse con el Ponto tras el suicidio de Mitrídates VI, obligó a Escauro a enviar a Hircano, ahora sumo sacerdote y etnarca (pero no rey) de Judea, a firmar la paz con Aretas. 
El sitio se levantó a cambio de varios cientos de talentos de plata al mismo Escauro y el reconocimiento de la supremacía romana sobre Nabatea. Aretas conservaría los territorios y posesiones nabateos, pero se convirtió en un vasallo de la República romana.


CÉSAR OCTAVIO DICE SOBRE CAYO JULIO CÉSAR



Pues ¿qué es el hombre más grande de Roma sino la gloria de la propia Roma?. Hasta el día de su asesinato fue el más fiel servidor de Roma, le trajo riquezas, amplió el imperio, fue la viva personificación de Roma.









CÉSAR DICE SOBRE SERVILIA



Servilia es una mujer malvada. Alguna vez pensé que era hermosa, pero lo que me mantuvo atrapado en sus redes jamás fue su belleza. Es inteligente, interesante y taimada.