domingo, 19 de agosto de 2018

BATALLA DE QUERONEA ENTRE SILA Y ARQUELAO (GENERAL DE MITRIDATES DEL PONTO)



Cuando habían tomado posiciones opuestas unos a otros, Arquelao saco a su ejercito en orden de combate, incitando en todo momento a la lucha, pero Sila tardeaba inspeccionando la naturaleza del lugar y el numero de los enemigos. Sin embargo, al retirarse Arquelao hacia Calcis, lo siguió muy de cerca buscando la oportunidad y el lugar. Y, tan pronto como vio que el acampaba cerca de Queronea en un lugar rocoso en el que no había posibilidad de escapatoria para los vencidos, tomo posesión, al punto, de una ancha llanura cercana y llevo sus tropas a ella con la idea de forzar a Arquelao a luchar, aun en contra de su voluntad. Allí la inclinación de la llanura les resultaba favorable para la persecución y la retirada, en tanto que Arquelao estaba rodeado de escarpaduras que imposibilitaban, de todo punto, la entrada en acción conjunta de todo el ejercito, porque no podía reunirlo, a causa de la desigualdad del terreno, y la huida era imposible, a causa de las escarpas, en el caso de que fuera puesto en fuga. Así pues, Sila, confiando, gracias a estos cálculos, en la mala posición del enemigo, avanzo convencido de que de nada serviria a Arquelao la superioridad numérica de sus fuerzas. Pero este ultimo no estaba resuelto en aquella ocasión a trabar combate con él y, por esta razón, tampoco se había tomado mucho cuidado en elegir el sitio para acampar, así que, cuando Sila estaba ya atacándolo, se dio cuenta demasiado tarde de su mala posición y envió un destacamento de caballería para impedírselo. Una vez que aquellos fueron puestos en fuga y arrojados a los precipicios, envió de nuevo sesenta carros por si podía hender y despedazar la falange enemiga con el ímpetu de estos. Sin embargo, los romanos abrieron filas y los carros, arrastrados hacia la ultima linea de combate por su propio movimiento y teniendo dificultad en dar la vuelta, fueron destruidos por los de retaguardia que los rodearon y descargaron sus dardos contra ellos.



Arquelao, aunque hubiera podido, incluso en su situación, defenderse con firmeza desde su campamento fortificado, puesto que tal vez las rocas hubieran coadyuvado a este menester, saco fuera con precipitación y desplegó con ahincó en orden de batalla a un gran numero de tropas que no se habían hecho a la idea de luchar en este lugar, y se encontró, sobre todo, en un paraje muy estrecho a causa de que Sila estaba ya próximo. Cargando en primer lugar con la caballería a galope tendido, escindió en dos a la formación romana y rodeo a ambas partes con facilidad a causa de su escaso numero. Pero estos se defendieron con denuedo haciendo frente al enemigo en todas partes; los que mas tuvieron que esforzarse fueron las tropas de Galba y Hortensio, contra las que dirigía personalmente el combate Arquelao, pues los bárbaros, en presencia de su general, se esforzaban en mostrar su valor. Finalmente, Sila se dirigió hacia ellos con muchos jinetes, y Arquelao, conjeturando que era Sila el que atacaba, pues vio las insignias del general y una gran nube de polvo, empezó a levantar el cerco y a replegarse a su linea de combate. Pero Sila, con la flor y nata de su caballería, a la que incorporo en el camino dos nuevas cohortes que habían quedado colocadas en reserva, ataco a los enemigos, cuando no habían terminado de ejecutar su maniobra ni de reintegrarse sólidamente a la linea frontal, y, tras sembrar la confusión entre ellos, rompió su formación y los persiguió cuando se daban a la fuga. Mientras que la victoria comenzaba por esta parte, tampoco permaneció inactivo Murena, que estaba colocado en el ala izquierda, sino que censurando a sus soldados por su pereza, cargo con valentía sobre el enemigo y lo puso en fuga.

 

Una vez que las alas del ejercito de Arquelao estuvieron en fuga, el centro no mantuvo ya por mas tiempo su posición, sino que huyeron todos en masa. Y, entonces precisamente, le sucedió a los enemigos todo cuanto había previsto Sila; pues, al no tener un espacio amplio para maniobrar ni campo abierto para la huida, fueron rechazados por sus perseguidores hacia los precipicios. Algunos de ellos cayeron en manos del enemigo al intentar escapar y otros, con una decisión más prudente, huyeron hacia el campamento. Pero Arquelao se situó ante ellos, cerro las puertas del campamento y les ordeno que se dieran la vuelta e hicieran frente a los enemigos, revelando con ello en esta ocasión la mas grande inexperiencia en los avalares de la guerra. Ellos se revolvieron con ardor, pero, como no estaban presentes ya ni sus generales ni sus oficiales, ni reconocían cada uno sus propias enseñas al estar diseminadas a causa de la higa desordenada, ni tenían espacio para huir o luchar, pues ahora, sobre todo, se encontraban mas constreñidos a causa de la persecución, eran muertos sin ofrecer resistencia; unos, por los enemigos sin tiempo para devolver los golpes y, otros, por ellos mismos dada la confusión reinante por causa del número y de la estrechez del lugar. De nuevo huyeron hacia las puertas del campamento y se apelotonaron en torno a ellas, haciendo objeto de sus reproches a los que les cerraban el paso, Les recordaban, a manera de censura, a los dioses patrios y los demás lazos de familiaridad que existían entre ellos, diciéndoles que perecían no tanto a manos de los enemigos, como por culpa de la indiferencia de sus amigos. Finalmente, Arquelao, a duras penas y más tarde de lo necesario, abrió las puertas y los acogió en el interior cuando corrían en pleno desorden. Los romanos, al ver esto y tras darse ánimos unos a otros, en esta ocasión sobre todo, se precipitaron a la carrera con los fugitivos en el interior del campamento y completaron hasta el final su victoria.


(Apiano, en "Sobre Mitridates")


sábado, 18 de agosto de 2018

TITO PETRONIO ÁRBITRO DICE SOBRE LOS ESCLAVOS



 Tal es el patrón, tal es el esclavo.



BARSINE



 
Barsine (363 a. C. (?) - 309 a. C.) fue una princesa persa, que fue amante de Alejandro Magno.

 
Barsine nació probablemente en el 363 a. C., hija de Artabazo II, sátrapa de la Frigia helespóntica. La dinastía farnácida comenzó con Farnaces, tío y personaje notable de la corte de Darío I. Desde ese momento todos sus descendientes estuvieron muy próximos al rey y ligados a este territorio. Barsine fue educada por los mejores profesores persas, pero también griegos.
 
En el 358 a. C. su padre Artabazo se rebeló contra el rey Artajerjes III, fue vencido y obligado a exiliarse. En el 353 a. C. la familia llegó a Pella, capital macedónica residiendo durante diez años en la corte del rey Filipo II, donde Barsine coincidió con el príncipe Alejandro Magno, que tenía 8 ó 9 años menos que ella, y con el filósofo Aristóteles. De hecho, la princesa aprendió a hablar perfectamente el griego. Con Artabazo viajaron sus mujeres, su hijo Farnabazo III, Barsine y Memnón de Rodas, hermano de Mentor, el marido de Barsine. En el 355 a. C. Artabazo se había casado con una hermana de estos dos rodios, mercenarios que había utilizado en su rebelión, y Mentor lo había hecho con Barsine, aunque el matrimonio no se había consumado por ser Barsine aún muy joven.
 
Artabazo se ganó su vuelta y su segunda carrera en el imperio aqueménida gracias a su yerno Mentor, quien se las había arreglado para obtener el perdón de Artajerjes III pasando a su servicio. Cuando el rey le preguntó qué podía darle como recompensa por sus actos, éste le pidió el regreso de su hermano, cuñado y esposa. El rey perdonó a los rebeldes, quienes volvieron a Asia en el 342 a. C. Así, Barsine y su marido se reencontraron aunque no pudieron disfrutar mucho de su matrimonio pues Mentor falleció dos años después. Por lo que sabemos, la pareja tuvo sólo una hija, que más tarde será la esposa de Nearco.
 
Casi inmediatamente, Barsine se casó con su cuñado Memnón, quien ya tenía varios hijos de un matrimonio anterior. En esos días Memnón vivía en la Tróade esperando ser nombrado comandante en jefe de las fuerzas persas en el oeste, cargo que ni Artajerjes III, ni Artajerjes IV ni Darío III se atrevieron a dar al exrebelde.
 
Alejandro Magno invadió el Asia Menor en mayo del 334 a. C. ocupando las ciudades griegas de la costa oeste. Memnón y sus hijos participaron en la defensa y a pesar de que los persas quedaron destrozados en la batalla del Gránico, las habilidades de Memnón eran grandes por lo que finalmente fue nombrado jefe en el oeste. Para mantenerlo leal, Barsine se quedó como rehén en la corte del rey.
 
Memnón y (después de su muerte en el 333 a. C. por causas naturales) el hermano de Barsine, Farnabazo, obtuvieron grandes éxitos con una flota de 300 navíos de guerra. Controlaron el Egeo, amenazaron las líneas de suministro macedónicas, intentaron que los espartiatas se rebelaran y llegaron al punto donde podían llevar la guerra a Macedonia. Desafortunadamente para ellos, Darío perdió en la batalla de Issos.
 
En primavera del 332 a. C., Alejandro sitió Tiro. Ochenta capitanes fenicios y ciento veinte chipriotas decidieron marcharse, con lo que la flota persa se desintegró. Barsine y las mujeres de Darío estaban con el rey cuando éste fue derrotado. Los hombres de Alejandro las tomaron cautivas.

 
Entonces Alejandro y Barsine continuaron su amistad de juventud, pocas semanas después de la muerte de Darío, Barsine y Alejandro estaban en Hircania cuando el padre de Barsine, Artabazo, se rindió al macedonio, convirtiéndose en hombre de confianza del conquistador. Barsine se convirtió en amante de Alejandro, y le acompañó en la conquista de Sogdiana.
 
En el 327 a. C., al finalizar la pacificación de Sogdiana, Barsine dio a luz un hijo, Heracles, que según ella era de Alejandro, aunques es más probable que no lo fuera, debido a las extrañas circunstancias de su embarazo y posterior aparición de ambos, luego de la muerte de Alejandro. Casi inmediatamente, Alejandro tomó por esposa a Roxana. Es comprensible que después de esto Barsine abandonara la corte, marchándose al oeste con su hijo a vivir en Pérgamo.
 
En el 309 a. C. después de la muerte de Alejandro, Poliperconte, uno de los diádocos, trató de defender los derechos de Heracles al trono, aunque Casandro lo impidió, convenciéndole de que debían ser eliminados. Barsine y Heracles fueron ejecutados.




PODER ECONÓMICO DEL FARAÓN EGIPCIO EN LOS TIEMPOS DE LA ROMA REPUBLICANA



En el Egipto de los Tolomeos, la principal fuente de los ingresos reales no era la capital Alejandría (la ciudad más grande del mundo, con tres millones de habitantes, cuando en Roma apenas no llegaba al millón), sino el propio Egipto interior del río Nilo. Allí, donde los soberanos habían existido desde quién sabía cuántos miles de años, todo pertenecía al faraón. La tierra, las cosechas, las bestias y las aves de los campos y las granjas, las abejas, los impuestos, tributos y tarifas. El faraón sólo compartía la producción de hilo, que era competencia de los sacerdotes; éstos recibían un tercio de los ingresos generados por este hilo, el mejor del mundo. Egipto era el único lugar del mundo donde se tejía un hilo tan tenue que quedaba diáfano como un cristal ligeramente empañado, solamente en Egipto se teñía de tan mágicos colores, y solamente en Egipto el hilo tenía una blancura tan extraordinaria.

 

Otra fuente de ingresos era tan única como lucrativa: Egipto producía papel a partir del papiro, que abundaba en el Delta, y el faraón también era dueño del papel. Por tanto las rentas del faraón antes de que Egipto pasara a dominio romano, ascendían a más de doce mil talentos de oro anuales, divididos en dos erarios: el privado y el público. Seis mil talentos en cada uno. Con el erario público el faraón pagaba a sus gobernadores de distrito, sus burócratas, su policía, la policía del río, su ejército, su armada, sus trabajadores, sus campesinos. Incluso cuando el Nilo no se desbordaba, esas rentas públicas bastaban para comprar grano a países extranjeros. Los fondos privados pertenecían plenamente al faraón y no podían destinarse a nada más que a las necesidades y deseos personales del faraón, como las construcciones de sus palacios y sus tumbas. En sus arcas se acumulaba la producción nacional de oro, piedras preciosas, porfirio, ébano, marfil, especias y perlas.

 

Las flotas que partían hacia el Cuerno de África en busca de la mayor parte de aquellas riquezas pertenecían al faraón. No era extraño, pues, que los Tolomeos como Auletes, privados del título de faraón, lo anhelaran, y a que Alejandría era una entidad por completo separada de Egipto. Si bien el rey y la reina ingresaban en forma de impuestos buena parte de los beneficios de la ciudad, no eran propietarios de ella ni de sus bienes, ya fueran los barcos, las fábricas de vidrio o las compañías de mercaderes. Tampoco tenían derecho a la tierra en que se hallaba la urbe. Alejandría había sido fundada por Alejandro Magno, que se las daba de griego pero era macedonio de la cabeza a los pies. El Intérprete, el Registrador y el Contable, principales funcionarios de la corte,  recaudaban todos los ingresos públicos de Alejandría y los utilizaban en gran medida en su propio interés, mediante un sistema de privilegios y prebendas que incluían el palacio.

 

Habiendo experimentado las dinastías asirias, kuchitas y persas antes de la llegada de Tolomeo, el mariscal de Alejandro Magno, los sacerdotes de Ptah en Menfis habían llegado a un acuerdo con él y le habían entregado el erario público egipcio a condición de que en el Egipto del Nilo se invirtiera la cantidad suficiente para mantener la prosperidad de su pueblo y sus templos. Si el Tolomeo era también faraón, disponía asimismo de los fondos privados. Sólo que éstos no saldrían de las cámaras del tesoro de Menfis a menos que el faraón en persona fuera a retirar la suma que necesitara.

 

 Así pues, cuando Cleopatra huyó de Alejandría no imitó a su padre zarpando del Gran Puerto sin dinero; fue a Menfis donde los sacerdotes la reconocían como la legítima faraona, y obtuvo el dinero necesario para contratar a un ejército de mercenarios con el que derrocar a su hermano el faraón Tolomeo XIII Teos Filopator, con la ayuda de Cayo Julio César que deseaba convertir a Egipto en el suministrador del grano que Roma necesitaba para cubrir sus necesidades alimenticias.


CAYO MARIO DICE SOBRE LOS DIOSES




Después de que los sacerdotes te hayan profetizado un determinado número de veces con oráculos favorables, no es bueno acosar a los dioses pidiéndole más revelaciones sobre el futuro, porque si así se hace, acaban por volverte la espalda. A mi ya me profetizaron que sería siete veces cónsul de Roma, y no veo recomendable solicitarles más sobre mi futuro, aunque lo que opino de los sacerdotes de cualquier templo que visito, es que son vanos charlatanes profesionales que esperan buenos donativos.




TALES DE MILETO DICE SOBRE LA ENVIDIA


 

 

Si la envidia es natural en los hombres, mejor que ocultes tu prosperidad y así evitarás provocar la envidia.

 

 



miércoles, 15 de agosto de 2018

CÉSAR DICE SOBRE LOS ALEJANDRINOS


 Los nativos son desagradables, muy desagradables. ¿Por qué? Porque tienen hambre, y con ello siempre están disgustados. Con una renta de doce mil talentos anuales, sus miserables gobernantes no les subvencionan los alimentos ni les proporcionan entradas para teatro y circo, como hacemos en Roma.