jueves, 1 de junio de 2023

LA LUCHA CONSTANTE DE LA VIDA, UNA LECCIÓN SOBRE LA CITA DEL EMPERADOR MARCO AURELIO

 

En su libro “Meditaciones”, el emperador romano Marco Aurelio escribió: “El arte de vivir se asemeja más a la lucha que a la danza en lo que se refiere a estar firmemente dispuesto a hacer frente a los accidentes incluso imprevistos”.

 

Esta cita significa que vivir es como una lucha constante en la que debemos estar preparados para enfrentar cualquier situación, incluso las imprevistas. La vida no es una danza divertida en la que todo fluye armoniosamente sin problemas, sino más bien una lucha constante que puede llegar a ser muy dura y desagradable, y en la que debemos estar preparados para enfrentar los desafíos con actitud firme y decidida, y superarlos en cualquier situación que se nos presente, con perseverancia y sin rendirnos incluso ante todo aquello que no podemos prever o anticipar, tratando de ir creciendo como personas a medida que vamos avanzando por la vida.

 

La danza puede ser una cosa hermosa y fluida, pero no requiere la misma determinación y fuerza que la lucha que acostumbra a ser algo muy duro y cansado. En la vida, a menudo nos enfrentamos a desafíos y obstáculos imprevistos, y debemos estar preparados con fuerza y ​​determinación, como si estuviéramos luchando en una batalla de resultado incierto y con el objetivo predeterminado de no perder ni dejarse vencer.

 

La idea detrás de esta cita es que la vida no siempre es fácil y puede ser impredecible. Sin embargo, si estamos firmemente dispuestos a enfrentar los desafíos que se nos presentan, podemos superarlos y crecer como personas. En lugar de rendirnos ante los obstáculos, debemos estar preparados para luchar y perseverar, incluso cuando las cosas se pongan difíciles o imposibles.

 

Esta enseñanza de un estoico como Marco Aurelio puede ser útil en nuestra vida diaria. Nos recuerda que, en lugar de buscar una existencia sin problemas, debemos aceptar que los contratiempos son inevitables, aprendiendo también a prevenirnos. A través de la perseverancia y la actitud adecuada, podemos enfrentar los desafíos con determinación y encontrar oportunidades para aprender y crecer.


miércoles, 31 de mayo de 2023

COMMONITORIO, por SAN VICENTE DE LERINS

 

Podéis acceder al libro desde la Biblioteca privada del Cónsul de Roma, clicleando encima del siguiente texto o imágenes adyacentes: 

COMMONITORIO, por  SAN VICENTE DE LERINS

 

 

El Commonitorio, escrito por San Vicente de Lerins en el año 434, es una obra cristiana que se enfoca en la importancia de la tradición en la Iglesia. En este tratado, San Vicente desarrolla las reglas principales que ha de seguir un cristiano para distinguir el contenido doctrinal del cristianismo original del planteado por las herejías.  El autor argumenta que la verdad de la fe cristiana debe ser transmitida de generación en generación a través de la tradición, y que esta tradición debe ser cuidadosamente preservada y protegida. San Vicente de Lerins también discute la importancia de la ortodoxia y la necesidad de mantener fiel a la enseñanza de la Iglesia. En resumen, el Commonitorio es una obra que defiende la importancia de la tradición y la ortodoxia en la fe cristiana.

 

 En su obra Commonitorio, San Vicente de Lerins refutaba la idea de que la verdad de la fe cristiana podía ser descubierta a través de nuevas revelaciones o interpretaciones. En lugar de eso, argumentaba que la verdad de la fe debía ser transmitida de generación en generación a través de la tradición, y que esta tradición debía ser cuidadosamente preservada y protegida. San Vicente de Lerins también refutaba la idea de que la ortodoxia era algo que podía ser cambiado o adaptado a las circunstancias del momento, y sostenía que la enseñanza de la Iglesia debía ser siempre fiel a la verdad revelada por Dios.

 

Para matizar más, en su obra "Commonitorio", San Vicente de Lerins refutaba diversas herejías y desviaciones doctrinales que surgieron en su época. Algunas de las principales herejías que abordó y criticó son las siguientes:

 

1.- Arrianismo: El arrianismo negaba la divinidad de Cristo y sostenía que Jesús era una criatura creada y no consustancial con Dios Padre. San Vicente de Lerins defendía la doctrina de la Trinidad y la divinidad de Cristo, argumentando que Jesús es verdaderamente Dios y uno con el Padre.

 

2.- Pelagianismo: El pelagianismo sostenía que la gracia divina no era necesaria para la salvación y que los seres humanos podían alcanzar la salvación solo a través de sus propios esfuerzos y obras. San Vicente de Lerins rechazaba esta idea y enfatizaba la necesidad de la gracia divina y la cooperación humana para la salvación.

 

3.- Semipelagianismo: El semipelagianismo era una posición intermedia entre el pelagianismo y la enseñanza ortodoxa. Sostenía que la gracia divina y los esfuerzos humanos eran necesarios para la salvación. San Vicente de Lerins argumentaba que el semipelagianismo también era incorrecto, ya que minimizaba la gracia divina y atribuía demasiado mérito a los esfuerzos humanos.

 

4.- Donatismo: El donatismo era una herejía que cuestionaba la validez de los sacramentos administrados por los clérigos que habían apostatado durante la persecución cristiana. San Vicente de Lerins defendía la posición de que la validez de los sacramentos no depende de la santidad personal del ministro, sino de la gracia de Dios y la fidelidad de la Iglesia.

 

Estas son solo algunas de las herejías y desviaciones doctrinales que San Vicente de Lerins abordó en su obra "Commonitorio". Su objetivo era preservar la fe ortodoxa y establecer una base sólida para discernir y refutar las enseñanzas erróneas, apelando a la tradición apostólica y al consenso de la Iglesia.


CLEMENTE DE ALEJANDRÍA: TEÓLOGO, FILÓSOFO CRISTIANO Y DEFENSOR DE LA JUSTICIA SOCIAL

San Clemente de Alejandría, un griego también conocido como Clemente de Alejandría, fue un destacado teólogo y filósofo cristiano que vivió en los siglos II y III d.C. Nació alrededor del año 150 en Atenas, Grecia, y se convirtió en uno de los principales exponentes del pensamiento cristiano en la prestigiosa ciudad de Alejandría.

 

Clemente recibió una educación exhaustiva en filosofía y literatura griega, y se familiarizó con las enseñanzas de los filósofos platónicos y estoicos. Aunque originalmente se sintió atraído por la filosofía y las enseñanzas paganas, su búsqueda de la verdad lo llevó finalmente a convertirse al cristianismo. En sus escritos, Clemente hizo hincapié en la idea de que la filosofía y la sabiduría paganas podían ser útiles para complementar la fe cristiana y enriquecer la comprensión de la verdad divina.

 

Se sabe que estudió filosofía en Atenas, y que posteriormente se convirtió al cristianismo. Viajó por varios lugares, incluyendo Siria, Palestina, Italia y Egipto. Cuando viajó a Egipto, se convirtió en discípulo del famoso teólogo Panteno de Alejandría, quien lo ordenó como presbítero. Aproximadamente en el año 180, Clemente se trasladó a Alejandría, una de las ciudades más importantes del mundo antiguo y un centro intelectual y cultural de renombre. Allí, se convirtió en el director de la famosa escuela catequética de Alejandría, conocida como la Escuela de Alejandría. Bajo su liderazgo, la escuela se convirtió en un centro de aprendizaje prominente y atrajo a estudiantes de toda la región, tanto cristianos como no cristianos.

 

Clemente fue un defensor del conocimiento y creía firmemente en la importancia de la educación y la formación intelectual para los cristianos. Su enfoque pedagógico se basaba en una combinación de la filosofía y la teología cristiana, con el objetivo de fortalecer la fe de sus alumnos y proporcionarles una base sólida para defender y propagar el cristianismo en un contexto intelectualmente desafiante.

 

Como teólogo, Clemente abordó una amplia gama de temas teológicos y éticos. En sus escritos, como la "Stromata" (Misceláneas) y el "Pedagogo", exploró temas como la relación entre la fe y la razón, la moralidad cristiana, el papel de la ley en la vida del creyente, la naturaleza de la salvación y la importancia de la caridad y la virtud en la vida cristiana. 

Para aclararlo, "Stromata" es un tratado teológico que se enfoca en la relación entre la filosofía y la fe cristiana. El libro está dividido en ocho partes y contiene reflexiones sobre temas como la creación, la providencia divina, la resurrección y la vida eterna⁴.  Por otro lado, "Pedagogo" es un tratado que se enfoca en la ética cristiana y cómo los cristianos deben vivir sus vidas. El libro está dividido en tres partes y contiene reflexiones sobre temas como el matrimonio, la educación de los niños y el papel de las mujeres en la sociedad.

 

Entre sus enseñanzas más importantes se encuentra la idea de que la filosofía y la fe cristiana no son incompatibles, sino que pueden complementarse mutuamente. También defendió la importancia de la caridad y la misericordia hacia los demás, y la necesidad de buscar la verdad y la sabiduría en todas las áreas de la vida.

 Clemente también fue conocido por su defensa de la verdad cristiana frente a las enseñanzas gnósticas y filosóficas erróneas de su tiempo. Combatió las ideas gnósticas que afirmaban que la salvación se alcanzaba a través del conocimiento secreto y defendió la idea de que la verdad se encuentra en Cristo y en la enseñanza de la Iglesia.

San Clemente de Alejandría refutó varias ideas gnósticas en sus escritos, incluyendo la creencia de que la salvación se alcanza a través del conocimiento secreto y la idea de que el mundo material es malo y debe ser rechazado. En su lugar, Clemente defendió la idea de que la verdad se encuentra en Cristo y en la enseñanza de la Iglesia. Uno de los argumentos sólidos que Clemente presentó en favor de la fe cristiana ortodoxa fue la importancia de la caridad y la misericordia hacia los demás. 

Enseñó que los cristianos deberían ayudar a los pobres y necesitados, y criticó duramente a aquellos que acumulaban riquezas mientras otros sufrían. Clemente también defendió la idea de que la filosofía y la fe cristiana no son incompatibles, sino que pueden complementarse condicionalmente. Además, Clemente argumentó que la verdad se encuentra en la enseñanza de la Iglesia y en la revelación divina, y no en el conocimiento secreto o en la sabiduría humana. También defendió la importancia de la caridad y la virtud en la vida cristiana, y la necesidad de buscar la verdad y la sabiduría en todas las áreas de la vida.

Las enseñanzas y escritos de Clemente de Alejandría ejercieron una gran influencia en el pensamiento cristiano posterior. Sus ideas sobre la relación entre la fe y la razón, la importancia de la educación y la virtud, y su defensa de la ortodoxia cristiana resonaron en muchos teólogos y filósofos cristianos posteriores.

 

Clemente se convirtió en el director de la Escuela Catequética de Alejandría, que se convirtió en uno de los centros más importantes de enseñanza teológica durante la época. Allí enseñó a muchos estudiantes destacados, incluyendo a Orígenes, quien más tarde se convertiría en uno de los teólogos más influyentes del cristianismo. Además de su trabajo como teólogo y maestro, Clemente también fue un defensor activo de la caridad y la justicia social. Enseñó que los cristianos debían ayudar a los pobres y necesitados, y criticó duramente a aquellos que acumulaban riquezas mientras otros sufrían.

A pesar de su importancia y contribuciones significativas al pensamiento cristiano, la figura de Clemente de Alejandría fue eclipsada en cierta medida por otros teólogos posteriores, como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. Sin embargo, en los últimos siglos, ha habido un renovado interés en su obra y se ha reconocido su valioso aporte al desarrollo del pensamiento cristiano primitivo.

San Clemente de Alejandría tuvo que enfrentarse a diversas persecuciones y dificultades debido a su fe cristiana durante la persecución de Septimio Severo en el año 202-203. En ese momento, el emperador romano clausuró las escuelas catequéticas y se desató una fuerte persecución en todo el imperio.

 Clemente se trasladó a Capadocia, al norte de la actual Turquía, donde falleció probablemente en el 215 durante el reinado del emperador Caracalla, mientras que otras mencionan que vivió hasta el año 220. Es venerado como un santo por la Iglesia Católica, Ortodoxa y Anglicana. Su legado como teólogo y defensor de la justicia social sigue siendo relevante para los cristianos de todo el mundo hoy en día.



martes, 30 de mayo de 2023

NERVA, EL EMPERADOR ADOPTIVO DE TRAJANO

Nerva, cuyo nombre completo era Marco Coceyo Nerva, fue un destacado político romano que gobernó el Imperio desde el año 96 hasta su muerte en enero del año 98. Nacido el 8 de noviembre del año 30 en Narni, una ciudad ubicada al norte de Roma, Nerva provenía de una familia con una larga tradición de servicio al Imperio. Sus ancestros habían ocupado importantes cargos durante la República y el Imperio romano, y Nerva continuó esta tradición al dedicar su vida al servicio del Imperio bajo los reinados de Nerón, Vespasiano, Tito y Domiciano. Nerva fue el primero de cinco emperadores que supervisaron los mejores días del Imperio Romano, ya que su liderazgo preparó el escenario para este período de gloria romana que duraría unos 80 años. Los otros cuatro "buenos emperadores" fueron Trajano (98-117), Adriano (117-138), Antonino Pío (138-161) y Marco Aurelio(161-180)."

 

Durante su juventud, Nerva se destacó por su lealtad y habilidades administrativas. Bajo el reinado de Nerón, formó parte del séquito imperial y jugó un papel importante en la revelación de una conspiración contra el emperador liderada por el senador Cayo Calpurnio Pisón. Por esta razón, Nerva recibió honores y estatuas en su honor. También acompañó a Vespasiano en la primera guerra judeo-romana, y luego cuidando del joven Tito Flavio Domiciano durante la ausencia de su padre.

 

Después de la muerte de Nerón en el año 68, Nerva permaneció leal a los Flavios durante el período conocido como el "Año de los cuatro emperadores", que fue una época de rápida sucesión de emperadores y guerra civil en el Imperio romano, conocido como el año de los cuatro emperadores (Los cuatro emperadores fueron Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano) . Fue recompensado por su lealtad con consulados y continuó sirviendo a los hijos de Vespasiano, Tito y Domiciano.

 

El 18 de septiembre del año 96, el emperador Domiciano fue asesinado en una conspiración palaciega, y el Senado nombró a Nerva como su sucesor. Aunque no está claro si Nerva estuvo involucrado en la conspiración, su ascenso al trono fue respaldado por el Senado y recibió el apoyo de la facción senatorial favorable a Domiciano. Como nuevo emperador, Nerva juró restaurar los derechos que habían sido abolidos durante el reinado de Domiciano y aliviar la opresión que había sufrido el Senado romano, volviendo a normalizar sus funciones.

 

Nerva implementó una serie de reformas para ganarse el apoyo de la plebe romana. Concedió pagos generosos tanto al pueblo como al ejército, alivió la carga de impuestos de los romanos más necesitados y realizó préstamos para los propietarios de tierras con el objetivo de ayudar a las familias necesitadas. Construyó acueductos, trabajó en el sistema de transporte con más carreteras y construyó más graneros de almacenaje para mejorar el suministro de alimentos para la plebe. También redujo los gastos innecesarios y estimuló la economía mediante la subasta de las propiedades confiscadas de Domiciano.

 

Aunque su reinado fue breve, Nerva logró restablecer la estabilidad en el Imperio romano y sentar las bases para sus sucesores. No obstante, también hubo algunos momentos en los que Nerva se encontraba en una posición difícil debido a la falta de apoyo militar y a las tensiones que surgieron entre él y la Guardia Pretoriana. En el año 97, estalló una rebelión en la guardia liderada por Casperio Eliano, el prefecto que Nerva había designado para apaciguarlos. Los pretorianos exigieron la ejecución de los asesinos de Domiciano y, al no obtener una respuesta satisfactoria, se rebelaron contra Nerva.

Las tensiones entre el emperador Nerva y la Guardia Pretoriana se originaron principalmente debido a la lealtad de la guardia a su predecesor, el emperador Domiciano. Domiciano había sido asesinado en un complot en el que Nerva fue proclamado emperador. La Guardia Pretoriana, que había disfrutado de un trato favorable bajo el gobierno de Domiciano, se mostró descontenta con el nuevo emperador, quien no les otorgó el mismo nivel de privilegios. La rebelión de la Guardia Pretoriana estalló en el año 97 dC, cuando los pretorianos exigieron que Nerva entregara a los conspiradores responsables del asesinato de Domiciano. Pero Nerva, comprometido con la justicia y la equidad, y haciendo prevalecer su autoridad como emperador legitimado por el Senado, se negó a ceder a sus demandas, lo que afectó un motín.

 

 Ante esta situación, Nerva se vio obligado a tomar medidas drásticas para asegurar su propia supervivencia política. Decidió adoptar como sucesor al popular y prestigioso general Trajano, quien en ese momento estaba al mando de las legiones romanas en la frontera del Rin. Esta elección fue un intento de ganarse el apoyo del ejército y asegurar una sucesión tranquila.

 

La adopción de Trajano como heredero fue un hecho sin precedentes en la historia romana, ya que era la primera vez que un emperador adoptaba a un sucesor fuera de su propia familia. Sin embargo, Nerva vio en Trajano a un líder militar muy competente, disciplinado, y respetado, y consideró que era la mejor opción para mantener la estabilidad del Imperio.

 

A pesar de la adopción de Trajano, Nerva continuó gobernando hasta su muerte en enero del año 98. Durante su breve reinado, se esforzó por mejorar la situación financiera del Imperio y por restablecer el equilibrio entre el Senado y el poder imperial, anteriormente alterado y restringido por Domiciano. Liberó a los senadores encarcelados, concedió amnistía a los exiliados y devolvió las propiedades confiscadas a sus respectivas familias. Estas medidas fueron vistas como un gesto de reconciliación y un intento de restablecer la confianza y el apoyo del Senado.

 

Sus reformas económicas incluyeron la reducción de los gastos superfluos y la implementación de medidas para aliviar la carga de los impuestos sobre los ciudadanos más necesitados. Además estableció un fondo de ayuda para los niños huérfanos y los ancianos necesitados, lo que mejoró significativamente la calidad de vida de los más vulnerables, y lo convirtió en un emperador muy popular y querido entre los ciudadanos de más baja condición.

 

En el ámbito militar, Nerva se enfocó en fortalecer las defensas del imperio construyendo fortificaciones y mejorando la infraestructura militar. También se estableció una política de no agresión hacia los pueblos vecinos, lo que ayudó a mantener la paz y la estabilidad en la región.

 

 Aunque su reinado fue breve y estuvo marcado por dificultades y tensiones, Nerva es recordado como un emperador sabio y moderado. Su decisión de adoptar a Trajano como sucesor sentó un precedente importante para las futuras dinastías imperiales, y los historiadores lo consideran como el primer emperador de los "Cinco Buenos Emperadores", un periodo de estabilidad y prosperidad para el Imperio Romano, bajo la dinastía de los Antoninos.

 

Tras la muerte de Nerva el 27 o 28 de enero del año 98 , Trajano ascendió al trono deificando al fallecido emperador y continuó su legado de gobierno eficiente, prosperidad económica, y expansión territorial. Bajo el reinado de Trajano, el Imperio Romano alcanzó su máxima extensión y se convirtió en una de las potencias más poderosas de la antigüedad. Finalmente puede decirse que Nerva fue considerado por los historiadores antiguos y modernos como un emperador sabio y moderado, que respetó al Senado y al pueblo romano. Su reinado fue breve, pero logró restablecer la estabilidad en el Imperio romano y sentar las bases para sus sucesores cogieran las cosas ya mejor hechas.  



SÉNECA Y LOS GLADIADORES, UNA VISIÓN ESTOICA DE LA MUERTE EN LA ARENA

“El combate gladiatorio enseña a no temer a la muerte, pues muestra a los gladiadores, que no la temen, lo cual es fortalecedor y relajante. “

 

( Lucio Anneo Séneca )

 

Ciertamente Séneca como estoico entendía la idea de aceptar la muerte como parte natural de la vida y no temerla, pues esta cita que menciono la escribió en su conocida “Epístolas morales a Lucilio”. Pero tampoco tenemos que olvidar que la época del Imperio Romano era una época constantemente marcada por la convulsión y violenta, donde la muerte era una realidad cotidiana, y todo tipo de guerras frecuentes y devastadoras estaban a la orden del día, que cuando se terminaba una guerra, ya pronto empezaba abruptamente otra en cualquier otro rincón del imperio.

 El espectáculo de la sangre, en el anfiteatro, reflejaba una realidad en la vida cotidiana de los ciudadanos romanos. Algunos gladiadores eran hombres libres que aceptaban participar en los combates, a pesar del riesgo para sus propias vidas, tanto para ganar grandes sumas de dinero, como por el placer que les proporcionaba esta actividad tan arriesgada, sangrienta, e incluso letal. Pero la inmensa mayoría de los gladiadores provenían de la esclavitud, obligados a ejercer de gladiadores y arriesgar sus miserables vidas de muy poco valor para el entretenimiento y diversión de otros seres humanos.

 

Y claro que en una sociedad como la romana, donde la esclavitud estaba muy arraigada, las personas endeudadas o que eran esclavos, para ser gladiadores  podían llegar a vivir en un ludus donde se les alimentaba bien, se les entrenaba bien con lo que incluso se sentían como dioses ( o al menos en la arena, donde experimentaban la mortal emoción del combate), y podían tener ciertas comodidades y privilegios como yacer con otra hermosa esclava que estaba destinada para sus placeres sexuales, según disponía su amo el lanista como una forma de recompensarle y animarle a mejorar como gladiador, siempre predispuesto a correr el riesgo de salir malherido o morir en combate, sin ningún miedo, pese a los sufrimientos atroces que podía conllevar.

 De modo que muchos esclavos comprados y criados por los lanistas aceptaban gustosamente su destino de gladiadores como carne de entretenimiento de la plebe en ese deporte cruel de sangre, violencia, y muerte, si se comparaban con las miserables vidas de otros esclavos, aunque finalmente eran muy pocos los esclavos gladiadores que sobrevivían, aparte de que en muchos casos de todos modos el destino del esclavo ya caduco y envejecido era también la muerte anticipada para evitar ser una carga para el amo.



EDICTO DE CARACALLA

El Edicto de Caracalla (en latín, Constitutio Antoniniana), promulgado por el emperador Caracalla el 11 de julio del año 212, fue un texto jurídico mediante el cual se llevó a cabo una importante reforma con repercusiones en el ius civile y en el ámbito fiscal del imperio. Las razones por las que fue promulgado siguen siendo objeto de discusión entre los historiadores modernos, pero la más aceptada es que la intención de Caracalla fue la de incrementar los ingresos fiscales del imperio al aumentar el número de personas que habrían de pagar impuestos sobre la manumisión de esclavos o sobre los derechos de sucesión. En cuanto a la finalidad, también existe un debate doctrinal, pero la mayoría coincide en afirmar que el motivo principal fue sufragar las costosas campañas militares del emperador en la frontera norte contra los germanos y en oriente contra los partos.

 

Hasta el año 212, Italia, que constituía la extensión metropolitana de la misma Roma,​ era el único territorio donde todos sus habitantes libres gozaban de plena ciudadanía romana, mientras, fuera de ella, en las provincias,​ la ciudadanía romana se limitaba a las ciudades provinciales con status de colonia romana y de municipia optimo iure, por eso la gran mayoría de los habitantes provinciales libres estaba compuesta por peregrini, es decir, no ciudadanos.

 

En el año 212, mediante la Constitutio Antoniniana, el emperador Caracalla extendió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio, siendo la mayoría de los no ciudadanos y beneficiarios del edicto el grueso de los habitantes de todas las provincias, las cuales se extendían desde Oriente Medio a Hispania, y desde Egipto a Britania. La ciudadanía romana implicaba una serie de derechos y privilegios, como el derecho a votar, a contraer matrimonio legal, a acceder a cargos públicos, a recibir protección legal y a no ser sometido a torturas o castigos crueles.

Se excluía a una minoría denominada dediticii o dediticios, éstos son los habitantes de ciudades derrotadas por Roma, y que habían opuesto especial resistencia a la conquista antes de capitular, o que simplemente no habían capitulado. Estas ciudades son las llamadas dediticias y sus habitantes, los dediticios, podían ser masacrados o vendidos como esclavos. No se hacía mención alguna a los esclavos de ningún tipo, pues en el derecho romano no eran considerados personas, en el sentido jurídico-civil, sino que jurídicamente tenían la consideración de cosas, por lo que se les aplicaban las reglas del ius ad rem o derecho sobre las cosas.

 

Desde la dinastía Flavia, el otorgamiento de la ciudadanía romana se había convertido en un medio de promoción jurídica, constituyendo un honor. La ciudadanía romana era un requisito indispensable para acceder a las magistraturas y cargos del cursus honorum, en especial para acceder al cargo de cónsul o senador. La decisión del emperador Caracalla no obtuvo una gran acogida por parte de las clases altas, tanto por parte de familiares y allegados del emperador, como por parte de autores, como el historiador Dión Casio. No obstante, ese edicto también tuvo consecuencias culturales y lingüísticas, ya que favoreció la difusión del latín y la romanización de las provincias

 

Extracto del Edicto: ( El texto se conserva en un papiro de la biblioteca de Gießen (Alemania) y fue publicado por P. M. Meyer en 1910 ) :

 

El emperador César Marco Aurelio Severo Antonino Augusto declara: [...] puedo manifestar mi agradecimiento a los dioses inmortales que me protegen [...] considero, pues, que puedo [...] servir a su grandeza [...] haciendo participar conmigo en el culto de los dioses a todos los que pertenecen a mi pueblo. Por ello concedo a todos los peregrinos que están sobre la tierra la ciudadanía romana [salvaguardando los derechos de las ciudades] con la excepción de los dediticios. Pues es legítimo que el mayor número no sólo esté sometido a todas las cargas, sino que también esté asociado a mi victoria. Este edicto será [...] la soberanía del pueblo romano.