jueves, 17 de enero de 2019

APICATA



 
Apicata era una mujer del siglo I dC en la antigua Roma . Estaba casada con Sejano , amigo y confidente del emperador romano Tiberio .
 
Después de que Apicata le dio tres hijos, Sejano se divorció de ella en el año 23 d. C., cuando parecía que necesitaba casarse con su amante y co-conspiradora Livila , la esposa de Druso Julio Cesar (hijo de Tiberio), y una mujer de mayor rango social que Apicata. Druso fue un retador a la búsqueda de poder de Sejano, pero murió en 23 de aparentes causas naturales.
 
Ocho años después, en 31, Sejano fue acusado de delitos lo suficientemente graves como para justificar su ejecución inmediata, y fue asesinado. Los tres hijos de Sejano con Apicata también debían morir, por lo que la línea de Sejano podría no tener más herederos. Su hijo mayor, Strabo, fue ejecutado seis días después, luego de lo cual Apicata escribió una carta a Tiberio acusando a Sejano y Livila de haber envenenado a Druso ocho años antes. Antes de las ejecuciones de sus dos hijos menores, Aelia Iunilla y Capito Eliano, Apicata se suicidó.
 
No se sabe cómo Apicata se dio cuenta del crimen de Sejano,  como si la acusación era cierta, pero su acusación fue tomada en serio. Tiberio hizo torturar al esclavo de Livila, Lygdus, y al médico de Livila, Eudemus , para obtener una confirmación de esta acusación.
 
Livila murió alrededor de esta época, aunque no se sabe cómo. Ella fue asesinada o se suicidó. Según el historiador Dión Casio, Livila fue entregada a su madre, Antonia Minor , quien había matado de hambre a Livila.
 
La narrativa moderna de Apicata a menudo la convierte en vengadora de un marido traicionero y de la mujer de mayor rango que rompió su matrimonio  y, posiblemente, tanto como su ex esposo, especialmente si sus acusaciones no eran ciertas;  la epigrafía contemporánea sugiere que en su época ella provocó una pequeña simpatía y fue vista como una traicionera y manchada por la asociación con Sejano.

viernes, 11 de enero de 2019

SILA, DICTADOR DE ROMA, DICE SOBRE LAS EJECUCIONES DE SUS ENEMIGOS SIN JUICIO PREVIO



Es decisión mía que mueran los proscritos. No voy a despilfarrar el dinero y el tiempo del Estado en juicios a personas que son evidentemente culpables y traidores. Sus propiedades pasaran a manos del Estado y se venderán en subasta. Y todo hombre o mujer que vea a uno de los que figuran en la lista, no sufrirá represalias si lo ejecuta, e incluso con ello se ganará dos talentos de plata a cargo del erario público.

 

Supongo que en mi ley Cornelia de Proscripciones he tenido en cuenta todas las eventualidades: las propiedades de la familia de todo proscrito pasaran a ser propiedad del Estado sin que pudieran transferirse a nombre de ningún vástago por inocente que fuese; quedaran invalidados los testamentos de los proscritos, y no podrán heredar las personas que se citen en ellos; los proscritos podrán legalmente ser asesinados por cualquier hombre o mujer que se cruce en su camino, fuese hombre o mujer libre, liberto o esclavo; la recompensa por asesinato o apresamiento de un proscrito será de dos talentos de plata, a pagar por el Tesoro con cargo a las propiedades confiscadas, habiendo de figurar este pago en los libros contables públicos; los esclavos quedaban libres como recompensa, los libertos se incorporaran a una de las tribus rurales, y todos los hombres -civiles o militares- que, con posterioridad a la ruptura de la tregua por Escipión Asiageno, hubiesen apoyado a Carbón o al hijo de Mario, serán declarados enemigos públicos; todos los que ofreciesen ayuda o su amistad a un proscrito quedaban despojados e interdictos de cargos curules, y se les prohibirá la compra de toda propiedad confiscada o llegar a apoderarse de ella por otros medios; los hijos y nietos de los que ya habían muerto serán castigados en la misma medida que los hijos y nietos de los que aún vivían. Ahora bien, ese proceso de proscripción cesará dentro de seis meses después, tiempo más que suficiente para limpiar a Roma de todos sus enemigos, y para que se recupere el Tesoro de Roma.


DISCURSO DE SILA EN EL SENADO SOLICITANDO PODERES DE DICTADOR POR ENCIMA DE LOS SEIS MESES, Y POR TIEMPO INDEFINIDO



Algunos no toleráis más de 6 meses de Dictadura, pero yo os digo que en seis meses no habré podido hacer nada. Créeme, padres conscriptos, no quiero el maldito cargo ni un solo día, y menos para toda la vida. Cuando considere que he culminado la tarea, lo dejaré. Pero en seis meses es imposible hacerla.

 

¿Por qué, os preguntáis, cuando los anteriores dictadores de Roma acostumbraban a devolver todos los poderes pasados los seis meses?. Por un sencillo motivo: la situación financiera de Roma es un caos. Para restablecerla debidamente se necesitará un año, quizá dos. Hay veintisiete legiones por licenciar, buscarles parcelas y pagarlas. Hay que hacer que los que apoyaron los regímenes ilegales de Mario, Cinna y Carbón no escapen al castigo. Las leyes de Roma están anticuadas, sobre todo en relación con los tribunales y los gobernadores de provincias. Sus servidores civiles están desorganizados e incurren en letargo y codicia. Se han robado tantos tesoros, dinero y lingotes de los templos, que nuestro Erario cuenta aún con doscientos ochenta talentos de oro y ciento veinte de plata, a pesar de los despilfarros de este año. El templo de Júpiter Optimus Maximus es una pavesa. ¿Continúo, senadores?.

 

No puedo tener poderes de dictador por seis meses y luego volver a solicitar el cargo otros seis meses más. Debo ser dictador para todo el tiempo que necesite. Si fuera para tan sólo seis meses, me encontraría con que tres de cada seis meses me los tendría que pasar contentando a las centurias. ¡ Rogando, dando explicaciones, excusándome, pintándolo todo de rosa, acariciando la bolsa de todos los caballeros comerciantes y convirtiéndome en la puta más vieja y detestable del mundo!. Pues no, senadores, ¡lo haré a mi manera o no lo haré!. ¿Me oís, miserable conjunto de tontos y cobardes hipócritas que se quedan en casa?. ¡Queréis que Roma se recupere, pero reclamáis el derecho inmerecido de hacer de la vida del que va a acometer la tarea lo más angustioso, penoso y servil posible!. Bien, padres conscriptos, decidíos ahora mismo, porque Lucio Cornelio Sila ha vuelto a Roma y si se lo propusiera podría sacudirla en sus cimientos hasta convertirla en ruinas. ¡Tengo en el campo del Lacio un ejército que hubiera podido hacer entrar en la ciudad para echarlo sobre vuestros despreciables pellejos como lobos sobre corderos!. No lo he hecho. He actuado conforme a vuestros intereses desde que llegué al Senado, y sigo haciéndolo. Pacíficamente; por las buenas. Pero estáis poniendo a prueba mi paciencia, os lo advierto con toda amabilidad. Seré dictador cuanto tiempo sea necesario. ¿Está claro? ¿Lo está, señores senadores?