Seguro que por las noches,
antes de acostarse, mira a ver si Catilina le ha puesto un león debajo de la
cama. Yo aprecio mucho a Cicerón; pero esto me parece histérico, poco razonable
e indigno de un hombre viril. Ya sabemos que Catilina está chiflado y que es un
individuo cruel y degenerado, que odia a todo el mundo; pero tampoco es seguro
que tenga ese poder que Cicerón le atribuye. El pueblo romano no haría caso a
un tipo como Catilina. Aunque cuenta con fuerzas poderosas, no son una amenaza
real para Roma. Hacer lo que Cicerón preconiza: vigilar los movimientos de los
secuaces de Catilina en todo instante y ponerlos abiertamente fuera de la ley,
no sólo provocaría carcajadas en Roma, sino que violaría la libertad
individual, repercutiendo desastrosamente sobre la propia reputación de
Cicerón. No es de creer que él desee ser llamado un violador de los derechos
del hombre, un autócrata de opiniones extremadas y un acusador de todo lo que
le disgusta.
Pasión por los romanos. Un blog de divulgación creado por Xavier Valderas que es un largo paseo por el vasto Imperio Romano y la Antigüedad, en especial el mundo greco-romano.
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sábado, 5 de noviembre de 2016
domingo, 23 de octubre de 2016
LA PERDICIÓN DE SILANO
No
había sospecha, por ligera que fuese, ni denuncia, por falsa, ante las cuales
el temor no le indujese a precauciones excesivas y a la venganza. Un litigante,
que había ido a saludarle, le dijo secretamente que había visto en sueños cómo
le asesinaba un desconocido; pocos momentos después, al ver entrar a su
adversario con un escrito, fingió reconocer en él al asesino que había visto en
su sueño y lo mostró al emperador. Claudio mandó en el acto que le llevaran al
suplicio como a un criminal. Se dice que también obraron así para perder a Apio
Silano; Mesalina y Narciso, que habían urdido la trama, se repartieron los
papeles. Narciso entró antes del amanecer, con aspecto agitado, en la cámara
del emperador y le dijo que acababa de ver en sueños a Apio atentar contra su
vida; Mesalina, fingiéndose sorprendida, dijo que también por su parte hacía
muchas noches que soñaba lo mismo. Un momento después llegaba Apio, que la víspera
había recibido orden terminante de presentarse a aquella hora, y Claudio,
persuadido de que iba a realizar el sueño, le hizo detener y darle muerte en el
acto. A la mañana siguiente hizo al Senado una relación de todo lo ocurrido y
dio gracias a su liberto porque, incluso durmiendo, velaba por su vida.
(
Suetonio)
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