Mostrando entradas con la etiqueta SILANO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SILANO. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de noviembre de 2016

CARTA DE CÁTULO LUTACIO A SILANO SOBRE CICERÓN



Seguro que por las noches, antes de acostarse, mira a ver si Catilina le ha puesto un león debajo de la cama. Yo aprecio mucho a Cicerón; pero esto me parece histérico, poco razonable e indigno de un hombre viril. Ya sabemos que Catilina está chiflado y que es un individuo cruel y degenerado, que odia a todo el mundo; pero tampoco es seguro que tenga ese poder que Cicerón le atribuye. El pueblo romano no haría caso a un tipo como Catilina. Aunque cuenta con fuerzas poderosas, no son una amenaza real para Roma. Hacer lo que Cicerón preconiza: vigilar los movimientos de los secuaces de Catilina en todo instante y ponerlos abiertamente fuera de la ley, no sólo provocaría carcajadas en Roma, sino que violaría la libertad individual, repercutiendo desastrosamente sobre la propia reputación de Cicerón. No es de creer que él desee ser llamado un violador de los derechos del hombre, un autócrata de opiniones extremadas y un acusador de todo lo que le disgusta.





domingo, 23 de octubre de 2016

LA PERDICIÓN DE SILANO


No había sospecha, por ligera que fuese, ni denuncia, por falsa, ante las cuales el temor no le indujese a precauciones excesivas y a la venganza. Un litigante, que había ido a saludarle, le dijo secretamente que había visto en sueños cómo le asesinaba un desconocido; pocos momentos después, al ver entrar a su adversario con un escrito, fingió reconocer en él al asesino que había visto en su sueño y lo mostró al emperador. Claudio mandó en el acto que le llevaran al suplicio como a un criminal. Se dice que también obraron así para perder a Apio Silano; Mesalina y Narciso, que habían urdido la trama, se repartieron los papeles. Narciso entró antes del amanecer, con aspecto agitado, en la cámara del emperador y le dijo que acababa de ver en sueños a Apio atentar contra su vida; Mesalina, fingiéndose sorprendida, dijo que también por su parte hacía muchas noches que soñaba lo mismo. Un momento después llegaba Apio, que la víspera había recibido orden terminante de presentarse a aquella hora, y Claudio, persuadido de que iba a realizar el sueño, le hizo detener y darle muerte en el acto. A la mañana siguiente hizo al Senado una relación de todo lo ocurrido y dio gracias a su liberto porque, incluso durmiendo, velaba por su vida.


( Suetonio)