domingo, 14 de junio de 2015

CARTA DE CNEO POMPEYO DESDE LA ISLA DE CORCINA, A SU PADRE CNEO POMPEYO MAGNO, TRAS SER DERROTADO EN FARSALIA



Padre, he enviado esta misma carta a muchos lugares. Por favor, te lo ruego, ¡no te des por vencido! Por Cicerón me he enterado de los terribles sufrimientos que has pasado en la tienda de mando. Él ha estado aquí, pero ya se ha ido. ¡Ese Labieno! Cicerón me lo ha contado todo.


Llegó con Catón y mil soldados heridos que ya se habían recuperado. Luego Catón anunció que continuaría su viaje a Africa con los soldados, pero que no era propio que un simple pretor mandase, cuando un consular (se refería a Cicerón) estaba disponible para asumir el mando. Su propósito era ponerse él y poner a los hombres a las órdenes de Cicerón, pero tú conoces mejor que yo a esa vieja bolsa de viento, así que puedes imaginarte cuál fue la respuesta. No quería tener nada que ver con más resistencia, con más soldados ni con Catón. Cuando éste se dio cuenta de que en secreto Cicerón se inclinaba por volver a Italia, perdió los estribos y empezó a darle patadas y puñetazos. Tuve que tirar de él para separarlos. En cuanto pudo, Cicerón huyó a Patras y se llevó consigo a su hermano Quinto y a su sobrino del mismo nombre, que se habían alojado en mi casa. Supongo que los tres estarán ya en Patras, peleándose entre ellos.


Catón se llevó mis barcos de transporte (yo ya no los necesito) y puso rumbo a Africa. Por desgracia yo no podía proporcionarle ningún piloto, así que le dije que dirigiera las proas de los barcos hacia el sur y que se dejase llevar por los vientos y las corrientes. Es un consuelo que Africa cierre el Mare Nostrum por el sur, porque así Catón no tiene más remedio que ir a parar a algún lugar de Africa.


Lo que esto me dice es que la guerra contra César no ha terminado, ni mucho menos. La resistencia se cristalizará en la provincia de Africa, pues todos los refugiados Se dirigen allí Todavía seguimos vivitos y coleando, y seguimos siendo los amos del mar. Por favor, te lo ruego, querido padre, reúne cuantos barcos puedas y acude a mí o dirígete a Africa.

Tu hijo, CNEO POMPEYO


( C. McC. )

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