sábado, 7 de enero de 2017

LA LEYENDA DE LOS AMORES HOMOSEXUALES ENTRE JULIO CÉSAR Y EL REY DE BITINIA NICÓMEDES IV


(...) Todo lo que la Bitinia y el amante de César poseyó jamás.


Paso en silencio las acusaciones de Dolabella y Curión, padre, en las que Dolabella le llama "rival de la reina" y "espalda del lecho real", y Curión "establo de Nicomedes" y "mal lugar de Bitinia". Tampoco me detendré en los edictos de Bíbulo contra su colega, en los que le trata de "reina de Bitinia" y en los que le censura a la vez a su antigua afición por un rey y ahora por un reino. Refiere M. Bruto que por esta época, una tal Octavio, especie de loco que decía cuanto se le antojaba, dio a Pompeyo, delante de numerosa concurrencia, el título de rey y a César el de reina. C. Memio le acusa de haber servido a la mesa de Nicomedes con los eunucos de este monarca y de haberle presentado la copa y el vino de numerosos convidados, entre los que se encontraban muchos comerciantes romanos cuyos nombres cita. No contento Cicerón con haber escrito en algunas cartas que César fue llevado a la cámara real por soldados, que se acostó en ella cubierto de púrpura en un lecho de oro, y que aquel descendiente de Venus prostituyó en Bitinia la flor de su juventud, le dijo un día en pleno Senado, estando César defendiendo la causa de Nisa, hija de Nicomedes, y cuando recordaba los favores que debía a este rey: "Omite, te lo suplico, todo eso, porque demasiado sabido es lo que has recibido y lo que le has dado". En fin, al día de su triunfo sobre las Galias, los soldados, entre los versos con que acostumbraban celebrar la marcha del triunfador, cantaron los conocidísimos:

César sometió a las Galias y Nicomedes a César. He aquí César que triunfa porque sometió las Galias y Nicomedes no triunfa, habiendo sometido a César.

 ( Lucinio Calvo)











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